jueves, febrero 09, 2012

PRIMERAS NIEVES EN LA MOSTAYAL

04 de FEBRERO de 2.012

Con amenaza de temporal, como en otras ocasiones, salimos de Oviedo con termómetros bajo cero y dispuestos a disfrutar de una agradable ruta de montaña, por una de las zonas montañosas más próximas a Oviedo: El Aramo y más concretamente, La Mostayal.

Desayuno en Argame y rumbo a Campo, al lado de Peñerudes, para iniciar la travesía. La climatología, aparte de fría, parece que se mantiene con nubes y claros. En el ambiente, muchos ánimos. Al menos no llueve.

Dejamos el autocar al lado del monumento al caminante y comenzamos a caminar por la carretera que se dirige a La Boza. Caminamos entre casas y praderas y a la derecha vemos el único lienzo inhiesto de lo que fue el Torrexón de Peñerudes. Esa imagen nos acompañará por una buena parte del camino, a nada que giremos la vista atrás.

Se acaba la carretera y continuamos por una buena pista. Comienzan a caer algunos tímidos copos de nieve. Todo fue un atisbo. Duró muy poco. Al encontrar una primera portilla, seguimos por la pista que asciende, dejando otra a la derecha.

Por la derecha vemos la carretera que se dirige a Dosango y las casas de El Artoxu. En una segunda portilla, abandonamos la pista para ascender por un sendero que sale también a la derecha y se dirige a un peñón que tenemos enfrente. El sendero bien marcado y fácil de seguir, discurre paralelo al peñón hasta que realiza un giro a la izquierda alcanzando así el Llanu Cimeru. Ya comenzamos a pisar nieve.

Mirando atrás podemos ver todo el camino recorrido y el espejo del embalse de Los Alfilorios, que aplaca la sed de los habitantes de Oviedo. Ante nosotros, una horcadota al final del pindio repecho. Allí nos espera una yegua sin inmutarse ante nuestra presencia. Hay otros dos caballos con ella y ni siquiera levantan la cabeza a nuestro paso.

Enseguida llegamos a la Vega Campo donde podemos ya vislumbrar nuestra cumbre de hoy, la Mostayal. Un caballero, por lo de ir subido a un caballo, nos pregunta si vimos unas yeguas y afirmativamente le contestamos. Luego es Carrete, que raro, el que conversa con él tras llamarle por su nombre. Amistades que tiene en todas partes. Unas cabañas cubiertas de nieve, campan en la pradera hoy blanca.

Analizamos un poco el camino que nos queda por recorrer y optamos por ascender por las praderas hasta el comienzo de una pequeña canal que asciende a la izquierda alcanzando la cresta de la montaña. Así lo hacemos y por ella alcanzamos la vertiente este de la sierra, dando vistas a el Monsacro y las tierras de Morcín.

Buscamos los mejores pasos siguiendo la cresta, ya que el sendero desapareció bajo la nieve. Vemos a nuestra izquierda los restos de las cabañas de la braña La Vara y tras pasar el cantu La Vara, accedemos a la cumbre del Pico La Vara, ya a pocos metros de a Mostayal, a la que llegamos a continuación.

Dos buzones de cumbres, uno de ellos con una cruz y una hornacina con verjas y cerrada por un candado, guarda una imagen de la Virgen de Covadonga.

Las vistas son espléndidas hacia todas partes, a pesar de que casi son las mismas de las que venimos disfrutando durante la subida. Al norte tenemos el Naranco y Oviedo, donde distinguimos perfectamente la silueta del Centollu y del nuevo hospital. Más cerca nuestro, la Central Térmica de Soto de Rivera con su eterno penacho humeante. Y a nuestros pies las tierras de Morcin. A la derecha, este, el Aramo se despereza de entre las nubes, dejándonos ver la caseta y antena de la Gamonal, Por el oeste, el tajo del Foz de la Covayada, Las Xanas, nos espera y a su lado vigilante, Dosango y muy cerca Pedroveya. Más a lo lejos, la silueta blanca de nieve de La Loral destaca sobre el resto de cumbres. A su lado el Buey Muertu que parece más montaña desde esta posición. Y otros muchos lugares que ya conocen de nuestras botas.

Hace frío y ya llevamos un buen rato en la cumbre. Es hora de iniciar el descenso y lo hacemos hacia la vertiente opuesta a la que llegamos, descendiendo siguiendo las marcas del PR que nos llevan al bonito Collado de Pan de la Forca.

Con dirección suroeste se abre una foz por la que discurre el arroyo Solombria. Encontramos las trazas de un buen sendero cubierto por la nieve pero que nos facilita el tránsito por la estrecha y pendiente foz. Un bonito recorrido entre árboles cubiertos de nieve que nos conduce a las Cabañas de Acebal y de aquí, ahora ya con barro, a la braña de Gameu, donde cogemos una pista hormigonada que nos conduce directamente, en un fuerte descenso, a Pedroveya.

Un pequeño descanso y unas sidras en Casa Generosa, donde nos despedimos de Luisa y Banjul que volvían a Peñerudes donde habían dejado el coche. Abandonamos el pueblo por la carretera que se dirige a La Rebollada y junto a la Iglesia de San Antonio, con su viejo tejo, tomamos el camino que desciende por el empinado prado, dirigiéndonos al inicio de la ruta de la foz de la Covayada, también conocida como ruta de Las Xanas.

Tras introducirnos en el bosque, descendiendo los altos escalones desgastados de pasar por ellos, cruzamos un pequeño puente de madera y pasamos junto a los restos del Molino de Secundino, que cada día tiene menos estructura en pie y más basura en su interior. Seguimos la marcada vereda, en este tramo con algo de barro. Cruzamos otro puente también de madera y poco después salimos de bosque y comenzamos la zona de los altos muros de piedra, que nos recuerdan el desfiladero del Cares. Grandes profundidades en las que ruge el Arroyo de las Xanas que apenas podemos ver dada la altura y lo espeso de la maleza del fondo del barranco.

El camino es bien conocido por los asturianos y más por nuestro grupo, que no en vano tiene el mismo nombre: Las Xanas. Una placa colocada en la pétrea pared, recuerda la fecha de la fundación de nuestro grupo. Luego, ya en poco tiempo, alcanzamos la carretera de Tenebredo y Cotomonteros y a continuación el Área Recreativa de las Xanas, al lado de un antiguo molino hoy rehabilitado como vivienda. Aquí ponemos punto final a una estupenda ruta, gracias sobre todo a la nieve y a que la climatología nos respetó.

Para el próximo sábado tenemos ruta por Sobrescobio. Saldremos de Soto de Agues, para recorrer la Xerra`l Crespón, por el Camín de La Canal. Pasaremos por Les Bories, Prieta, La Piedra, Llampaces, L'Arganosa, Fresneu, El Torrexón, La Vallimaor y final en Villamorei.

JAFPA

miércoles, febrero 01, 2012

LAS XANAS COMPLETA EL RECORRIDO EN LOS ALREDEDORES DE CUDILLERO

28 de enero de 2012

Otra jornada para fastidio de agoreros. A pesar de lo anunciado la meteorología nos respetó bastante e incluso nos envío tímidos rayos de sol cuando teníamos la mejor vista de la costa. Agradecidos pues. Vayamos por orden.

Nuestra primera parada el puerto de Cudillero. Siempre grande, siempre en obras. Hoy está muy tranquilo, hay poca actividad. El mar prácticamente plano nos ha contagiado su calma. Subimos por la carretera que los acantilados laterales son potentes y verticales. Luego nos metemos por la vía del FEVE unos diez minutos más tarde. La caja del tren se va empinando y no nos gusta demasiado caminar por un paso con tan poca salida. Encontramos una salida por la derecha. Parece la pista de mantenimiento. Nos dura poco la alegría porque enseguida se va convirtiendo en un sendero más bien estrecho y este acaba dando a una profunda barranca.

Diez minutos dando vueltas por el eucaliptal siguiendo sendas de animales y volvemos a encontrar la vía. ¿Cómo es posible que la perdiéramos de vista? Al pasar al otro lado nos damos cuenta: hemos cruzado por encima de un túnel en semicurva . Volvemos a buscar sendero en la arboleda. ¡Sorpresa! Se ve el polideportivo de Cudillero. Si van ochenta minutos desde que arrancamos del puerto. No hemos hecho más que lazadas. Ahora a la vera de la instalación deportiva hay una buena pista que desemboca por la parte de atrás de una factoría de hormigón. Trabajan con bentonita, esa arcilla porosa que se usa para la cimentación y el sellado.

Seguimos el recorrido por el descampado que hay detrás de la industria. Dos horas después de salir nos asomamos de nuevo a la carretera y el cartel indicador nos deja planchados: Cudillero está a 500 metros desde aquí. Mejor miramos hacia delante y nos vamos a la Concha de Artedo, a dos kilómetros nada más. Nuestro camino discurre por la imponente construcción del viaducto de Artedo. Especulamos sobre cómo se pudo realizar tan espectacular obra. Bajamos a la playa por el húmedo hormigón, después de dejar atrás el Hotel Mariño y la contigua estación del FEVE.

En la playa se impone un breve descanso. Todos los establecimientos hoteleros están cerrados. ¿Será verdad que las playas son sólo para el verano? Pues no saben lo que se pierden, de verdad. Pero seguimos que aún nos queda lo mejor del día. Por senderos señalados que atraviesan el pinar de pino gallego, salimos a Lamuño. Pueblecito cuidado como pocos, con sabor asturiano y casas más bien escondidas entre altos cipreses. Atravesado el pueblo de nuevo estamos rodeados de pinos. Cruzada una estructura con aires de la gran muralla china damos encima de una cala de paredes cortadas y de canto rodado. La costa occidental es una sucesión de recortes entre altas paredes y de islas. Por lo menos distinguimos la de Deva y la Herbosa, frente al cabo Peñas. Todo lo de más son aguijones, aquí llamados “puntas” apuntado al bravo Cantábrico.

Superada la punta de El Cabo, en el que hay un vértice geodésico, nos quedamos extasiados con la amplísima visión de la playa de Oleiros, una de las intocadas playas salvajes del Occidente. Es una rueda en semicírculo cerrada por altas paredes. La espuma llega en sucesivas oleadas blanca, suaves, en un mar intensamente azul. El sol lanza rayos misteriosos sobre la Punta Malperro. Todo es relajante en esta idílica visión de la naturaleza. Hermosa Asturias, “quién pudiera cantarte”...

Salimos al pinar en lo que parece ser un camping de cabañas. Este pinar es el monte Valsera y cuenta con una buena área recreativa. Cuando llegamos a Salamir nos sentimos decepcionados: está invadido de monótonas construcciones en una urbanización “fantasma” por lo vacío, innecesariamente uniformada, fea en definitiva. Huimos casi corriendo. La siguiente obra en el recodo de la carretera es otro altísimo puente en la autovía, monumento a la ingeniería civil, útil pero algo mamotreto también.

Tenemos San Pedro de la Ribera a la vista. Sólo hay que bajar por la larga y amplia bajada.. El valle en forma de anfiteatro está regado por el río Esqueiro. Aquí termina nuestra andadura. Cinco horas y cuarto. No está mal. El invierno fue hoy benigno con nosotros y nos ponemos ha hacer planes para continuar la aventura costera hacia el Cabo Busto. Nos dejan comer en el bar del pueblo: unos dentro, otros más valientes fuera, que está anocheciendo y se nota el relente. Fue una buena jornada sin cima, pero gozada a tope.

El primer sábado de febrero una clásica para los grupos ovetenses: Peñerudes- La Vara- La Mostayal- Pandelaforca- Pedroveya- la Foz de la Covayada- Las Xanas.

Un pico modesto, pero de una belleza escondida sencillamente admirable.

FRESINES

lunes, enero 16, 2012

OTRA TRISTE DESPEDIDA

Acabo de llegar de despedir a otro amigo. Y van… demasiadas despedidas en pocos meses. Se nos ha ido Jesús. No por esperado es menos duro y triste este adiós.

Jesús no estuvo mucho tiempo en el grupo pero si lo suficiente para dejar en nosotros una profunda huella gracias a su forma de ser y de ver la vida. Eso fue lo que le dio la fuerza con la que durante muchos años luchó contra una enfermedad que terminó por vencerle. Pero no le fue fácil a la Parca.

Recuerdo su primera salida con nosotros. Hicimos aquel día la Ruta del Cares. Recorrimos la Garganta Divina en un precioso día de sol del mes de marzo de 2006. Le acompañaban Mabel y uno de sus hijos. Creo que no cruzamos ni una sola palabra. Luego siguió saliendo con el grupo y un buen día, dando muestras de su fuerte voluntad, venció el vértigo que padecía y caminó por el Sedo de Vibolines en ruta de descenso de peña Salón.

Mis recuerdos de Peña Ten, la segunda y última vez que la ascendí, son tristes. Ya de salida comenzamos a comentar sobre nuestra común afición: la fotografía. Hicimos todo el acercamiento comentando temas de fotografía y de nuestras cámaras. Cuando comenzábamos con las primeras rampas de la peña, fue cuando me lo dijo. Nos dejaba, no seguiría saliendo con el Grupo. Un cáncer le obligaba a pasar al dique seco.

No me lo podía creer. O no quería creerlo. Las lágrimas inundaron mis ojos y el corazón se me encogió. Sin embargo él continuaba con su buen humor. Ese humor que nos contagiaba a todos y el que le dio las fuerza suficientes para aguantar la enfermedad por tantos años.

Jesús fue un luchador y murió luchando. Nos ha dejado otro buen amigo y compañero. Ya son demasiados los que velan desde el otro lado nuestros pasos. No necesitamos más. Ya son suficientes. No queremos volver a encontrarnos en esas circunstancias. Ya está bien.

Adiós Jesús. Nos dejas otra vez tristes. Con una tristeza ya continua. Trataremos de recordar alguna de tus chanzas para volver a recuperar la sonrisa. Adiós Jesús. También a ti te recordaremos cuando los precipicios se abran a nuestros pies y las flores se ofrezcan para ser inmortalizada por la cámara.

Caminarás con nosotros en nuestros pensamientos.

JAFPA

jueves, enero 12, 2012

LAS XANAS INAGURA EL AÑO MONTAÑERO EN LA PEÑA CARESES

7 de enero de 2012

Paramos en Lugones para completar el autocar que hoy va prácticamente lleno. Se ve que la gente tiene ganas de monte, de salir de casa y de quemar los excesos de calorías que la sucesión de fiestas nos dejan. Nos saludamos con la emoción del reencuentro felicitándonos el año. Ya en Pola de Siero, en la zona del Rebollar, próxima a la Piscina Municipal empezamos esta ruta que nos tomamos como un amable paseo. Subimos hasta el barrio de La Cuesta donde un panel informativo marca la ruta AS-216.

Una vez que llegamos al primer cruce nos metemos a la derecha por un camino que baja hacia el Lugarín, grupo de casas en medio de praderías muy cuidadas. Subimos hasta Samartino. Seguiremos caminando hasta El Tochal, una zona de arbolado, y tras pasarlo, salimos a la carretera que a su vez va a salir a la llamada AS-248, pero nosotros no saldremos de ésta, sino que nos desviaremos por un camino a la derecha para llegar hasta La Ería, que cuenta con una buena área recreativa.

Giramos a la izquierda en el siguiente cruce, en el que empieza una pequeña ascensión. Dejamos a un lado una pequeña plantación de árboles autóctonos y seguimos subiendo hasta culminar un pequeño repecho, tras el cual ya se podemos divisar el Picu Castiellu y nuestro objetivo de hoy: la Peña Careses. La sucesión de intercesiones es interminable pero afortunadamente la ruta está muy bien señalizada y en pocos puntos dudamos por donde seguir.

Después de caminar un rato en llano tiramos por una de las dos bifurcaciones, en este caso la más larga para dar un poco de empaque a esta sencilla excursión . Cruzamos el arroyo de Villanueva y atravesamos un bosque de castaños. Estamos en Careses que cuenta con fincas cuidadísimas con antiguos aperos de labranza engalanados. Bien por los vecinos del pueblo. Ahora girando al Oeste tenemos delante el largo peñón en forma de barco invertido. Hay que acertar con el sendero de subida. Nos aproximamos para ello hasta la boca del túnel. Túnel que nunca conoció ferrocarril alguno en sus entrañas, pero que sirve de guarida “casi natural” a una familia de murciélagos. Las chicas no se animan a entrar por su oscura boca, por si acaso.

Comenzamos la ascensión al principio suave, pero poco a poco más pindiosa. El día está espléndido y sobra ropa. Si a esto unimos el deslizante barro durante casi toda la subida la consecuencia es que sudamos copiosamente. El intenso olor de los eucaliptos nos reconforta. El fuego traidor dio buena cuenta de la ladera y a pesar de todo sobrevivieron unos cuantos pinos con la corteza negra. Hoy las terribles procesionarias del pino son la mayor amenaza de estos árboles. La subida es más larga de lo que pensábamos pero por fin hacemos cumbre. La vista es muy buena hacia Siero porque la cordillera esta velada por una densa nube. Al este el pico Fario en el que estuvimos hace un año pisando abundante nieve. Media hora en el pico, las fotos de rigor (hoy contamos con una super-cámara, mayúscula de verdad). Bajamos entre cotoyas por el mismo itinerario para retomar por la Fuente de les Xanes el camino de vuelta.

Algo cansadillos de tanta vuelta y revuelta agradecemos por fin un tramín de llanada. Falsa impresión: el camino empieza a subir de manera continua pillándonos a traición cuando ya nos veíamos a punto de llegar. Pasamos junto al cartel que indica “el mirador de Ordiales”. Pasada La Cerra y sus amables canes seguimos con más o menos fortuna las continuas señales de Gran Recorrido. Algunos con menos porque se equivocan e intentan atajar por las praderías, unos auténticos “pisapraos”.

Con buena conversación se hace más corto el camino y casi enseguida estamos junto al panel informativo y bajando por las caleyas de Les Casuques (llaman la atención el número de casas abandonadas) Bajamos por la carretera conocida, admiramos los corredores labrados de El Rebollar, y cruzando la carretera de Santander estamos en el mercado de ganado con más hambre que Carpanta. Bajamos a comer junto a la estación del Feve en Lugones, que poco a poco se está convirtiendo en nuestra segunda sede. Sólo hace falta que los de Lugones y Lugo de Llanera pongan más montañas alrededor.

Ya inaugurada la temporada, estrenando el nuevo y flamante calendario color verde esperanza, queremos mandar a Manolo un mensaje de ánimo y superación pues queremos contar pronto con él.

La ruta de la semana que viene es la de Taxa – Cueiro – Picu Redondu- Vicenturu- Campiello en el concejo de Teverga.

Recordar que estos días estamos tramitando la licencia federativa de este año. Daros prisa para poder presentar todas juntas.

FRESINES

martes, diciembre 13, 2011

MI QUERIDO AMIGO JORGE...

Hace muchos años tuve un profesor de literatura, salesiano, que padecía una ligera cojera que le impedía practicar una de sus grandes aficiones: la montaña. Por ello nos contaba, imbuido de su condición religiosa, que para él el cielo, sería un lugar en el que podría realizar esa afición, libre de la lesión terrenal que se lo impedía.

Yo confío como él, que el más allá nos depare un estado especial en el que poder disfrutar de lo que nos gusta y poder hacerlo durante el tiempo que se te apetezca. Esa es la imagen que ahora tengo de ti, Jordi. Estoy seguro que estas ya encaramado en la Schiffer de las montañas, La Ubiña, como tú nos decías hace ya unos cuantos años, cuando esta modelo era lo más afamado de ese mundillo y nuestras rutas se movían regularmente por las inmediaciones de Somiedo y las Ubiñas.

No había vez que pasásemos por el Puerto Ventana, que no nos parásemos en “el mirador de las Ubiñas”, para contemplarla y hacerle una vez más, un sinfín de fotos que ya teníamos muy repetidas en nuestros, por entonces álbumes. Ni que decir tiene que cuando comenzamos a manejar cámaras digitales, ese número de fotos aumentó considerablemente.

Otra de tus cumbres señeras era el Tiatordos. Un día me subiste junto a Adolfo, por un camino imposible y con un viento endemoniado que apenas nos dejaba contemplar el paisaje si no era tumbados en el suelo. Otra montaña que también llenaba nuestros recuerdos y nuestros muestrarios fotográficos, aunque un poco más recatada, dada su manía de estar medio tapada por las nubes cuando la visitábamos desde la perspectiva de El Cabañón.

Luego, el Grupo de Montaña Las Xanas, tu grupo, gracias a tus calendarios, se fue agrandando, lo que nos permitía conocer otras montañas y otros macizos. ¿Te acuerdas? Les decías a Gelu y a Toño: ¡Escoge Macizo! Y nos íbamos a por las cumbres de Picos y como no, a por sus rincones. Enamorado del Occidental, siempre buscando una pasada distinta, una majada especial, la unión del verde de la hierba y el gris plata de la caliza. Esas rutas inverosímiles que puestas sobre el papel, no parecían nada del otro mundo, pero que una vez realizadas nos llenaban el corazón de alegría y felicidad.


Recuerdo muy bien la primera vez que atravesamos el Central, desde Fuente De a Poncebos, pasando junto al Urriellu. Tu rostro brillaba. Creo que hasta una lagrima pendía de la comisura de tus ojos. Estabas radiante ante El Picu. Luego, para rematar, descendimos todo el grupo por la Canal de Camburero. Eso fue apoteósico para todos. Las travesías eran lo tuyo. Y que razón tenías.

Así fue como me ganaste para el bando de los que piensan que muchas montañas es mejor verlas que subirlas. No lo veía yo así al principio. Luego, poco a poco, lo fui comprendiendo. No quiere esto decir que no fuese emocionante la ascensión a muchas de ellas, que lo era. Pero su belleza real reside en la contemplación de su figura, desde distintos ángulos.

Como aquella foto. ¿Te acuerdas? ¡Cuántas veces me dijiste que nunca volvería a hacer otra foto mejor! Y ahora va a ser verdad. Fue la primera vez que el grupo hizo la Collada Bonita. Nos quedamos solos contemplando la cara sur del Picu, ensimismados, absortos y sin hablar. Luego, poco a poco, seguimos camino descendiendo al Jou Tras el Picu para subir al Collado la Celada, en un día caluroso al límite. Y allí estabas tú, contemplando una vez más al Urriellu, con aquel sombrero de paja. Parecías un cubano recortado sobre el cielo azul, con la cabeza levantada, en un escorzo desde abajo y por la espalda, con la cara sur del Urriellu haciendo de gigante frente a ti.

Otro de tantos días maravillosos de montaña que compartimos, disfrutando del paisaje y de la palabra. Menguada palabra, pues ni tú ni yo somos de mucho hablar, pero nos entendíamos en monosílabos. Igual que en internet. Hasta a mí me llegó a exasperar alguna de nuestras conversaciones. Parco en palabras, pero las justas. Muchas veces son innecesarios los grandes discursos. Un si o un no pueden ser suficientes.

Y ¿ahora? No tendré ni siquiera eso. Jordi, me dejas solo. Nos dejas huérfanos. Vamos a ir a Llue. Tenemos que ir a Llue por ti. Te lo debemos. Seguramente que nos vas a acompañar. Nos acompañarás, junto al Guaje en todo este calendario que nos dejaste pocos días antes de tu marcha. Tenemos el año próximo completo: Vuestra compañía en las rutas, guiándonos por los intrincados caminos y luego, en el autocar, escucharemos un solo de guitarra emulando a Los Stukas en su interpretación de Hazañas Bélicas.

Jorge Pablo, siempre caminarás entre nosotros.

JAFPA

lunes, diciembre 12, 2011

LAS XANAS CELEBRA SU BELEN DE CUMBRES EN EL GORFOLI: ALEGRIA DE FIESTA Y DOLOR POR EL AMIGO AUSENTE

10 de diciembre de 2011

Era el tiempo de nuestro rito navideño. Es lo que tienen las costumbres: se convierten en imperativa ley. Hoy tocaba Belén de cumbres en el Gorfolí. A tierras avilesinas nos fuimos. Nos acercamos por Barredo a la amplia pista que sube a las antenas. Al poco de empezar el primer nubarrón crecía imparable en el horizonte: nuestro amigo y compañero Jorge estaba ingresado de urgencia en Cabueñes. Alguien quién propone posponer la ruta y la celebración. Otros, la mayoría, que conocemos cómo piensa Jorge pensamos que no, que lo mejor es seguir con la actividad y celebrar el año que se acaba.

La mayoría sube al vecino Monte de Vilayo mientras otros más conservadores seguimos por la pista hacia las altivas antenas. La panorámica es soberbia. Nunca dejaremos de admirar esta Asturias que tu nos has ayudado a ver desde lo alto, Jorge.

Cuando nos reunimos todos María, nuestra jovencísima socia, y otras expertas manos femeninas preparan el Belén de Cumbres. Descorchamos sidra El Gaitero, famosa en el mundo entero, y otras viandas navideñas y siempre con humor, y siempre con buen diente damos cuenta de nuestra intendencia. Pronto con el calor de la celebración surge un coro improvisado de villancicos. Bien las tiples, los tenores tienen que ensayar más. Hasta que cambiamos de tercio y empiezan cancios más de nuestro registro. Con una cosa y otra el rato se ha pasado y hay que bajar. Hacia la ermita de Taborneda que es terruño de algunos de los presentes.

De camino nos desviamos a la cascada de Friera, sutil rincón entre eucaliptos y robles. Cantarina la caída, fuerte el desnivel de bajada. Sutil la protección de un cordín delgadín y provisional que alguna mano bienintencionada a colocado para evitar desgraciados resbalones.

En la ermita de Taborneda nos agrupamos todos. Bajamos por la pradería cuajada de setas rojas algo pasadas ya. En el asador El Blimal nos tienen preparada una larga mesa. El ambiente bien, pero hay algo en el ambiente que nos tiene constreñidos. Y una vez más, las fatídicas predicciones se cumplen. Cruel e inexorable destino. Nos acaban de comunicar tu fallecimiento.

El golpe es importante. Esperado pero difícil de asumir. Te vimos la semana pasada en nuestra cena del año aguantando como un campeón porque estabas entre amigos. Ahora pensamos que era tu forma educada y cordial de despedirte. Te fuiste y quedamos francamente preocupados, pero siempre hay mecanismos para engañarnos. Ahora quiero aprovechar esta crónica improvisada para saludar a quién un día me llamó amigo. ¡Qué difícil es cultivar este tesoro de la amistad! Y te digo Jorge, que tu lo hacías bastante bien, siempre pensando en hacer grupo, en construir más grupo, en que las Xanas, tu grupo, el de Lito, Peña y Jorge, los de Trubia y San Andrés, vaya.

Tus calendarios los conocemos bien, los hemos pateado a base de bien. Pocos y recónditos lugares nos quedan por ver. Todavía tuviste moral para dejarnos encauzados para la próxima temporada. Recuerdo especialmente como me enseñaste a conocer el bosque de Puripinto, la Foz de Saolla y los caminos de Vallemoro, terrenos de los que estabas especialmente enamorado. Se puede amar a un paisaje como se ama a una mujer: con respeto, cercanía y posesión. Siempre discutíamos estas cosas. Discutir se nos daba bastante bien. Cuántas veces hemos arreglado el mundo, y eso que no tiene mucho apaño. Una de las cosas que más vívidamente recuerdo es tu sentir la montaña, no como una conquista sino como un premio. La frase de Gaston Rebuffat lo expresa muy bien: “De cualquier manera, la llegada a una cumbre jamás representa una victoria sobre la montaña sino sobre uno mismo”.

Hoy en el día de tu ausencia pienso que también has vencido. A lo mejor podemos cantar “victoria”. Otra vez más tu grupo ha llegado, dónde tu te lo propusiste. Alguna vez prepararás otras trabajosas rutas, más lejos, más arriba... Ten la seguridad que Las Xanas de Trubia te seguirán otra vez más.

Revivo tu insistente mirada. Es una parte de tu personalidad. Pido prestadas las palabras a la poetisa María J de la Vega para esta elegía que lo expresa todo con sutileza:

Cerremos esta puerta.
Lentas, despacio, que nuestras ropas caigan
como de sí mismos se desnudan los dioses.
Y nosotros lo somos, aunque humanos.
Es nada lo que nos ha sido dado.
No hablemos pues, sólo suspiremos
Porque el tiempo nos mira.
Alguien habrá creado antes de ti el sol,
Y la luna, y el cometa, el espacio negro,
Las estrellas infinitas.
Ahora juntos, ¿qué haremos?. Sea el mundo
como barco en el mar, o pan en la mesa,
O el rumoroso lecho.
No se alejó el tiempo, no se fue. Asiste y quiere.
Su mirada aguda ya era una pregunta
A la primera palabra que decimos:
Todo

FRESINES

lunes, noviembre 28, 2011

RUTA ABORTADA POR CULPA DE LA FERIONA

11 de NOVIEMBRE de 2.011

Que las inclemencias meteorológicas nos arruinen alguna ruta, aunque raro, es factible. Pero que una feria de ganado lo haga… se sale de lo previsible.

Pues eso es lo que nos ocurrió este último sábado. Nuestra ruta pos la Burra Blanca y el Tres Concejos, partía del alto de La Colladona, en la carretera entre Cabañaquinta y Pola de Laviana. Por tanto hicimos el desayuno como es costumbre por esta zona, en Casa Menéndez y tras ello continuamos hacia Cabañaquinta. Entonces fue cuando Lito se acordó de que era la Feriona en este lugar. Una feria de ganado de cierta importancia que pudimos constatar según nos acercábamos al lugar, ya que el tráfico crecía de buen grado. Ya atravesando el pueblo, las paradas eran constantes y cual sería nuestra sorpresa cuando al llegar a la altura de la bifurcación en la que nosotros teníamos que girar a la izquierda, un guardia nos invita amablemente a seguir de frente, ya que la carretera que teníamos que tomar, se encontraba totalmente atascada de coches y sin posibilidad de transitar en dirección contraria.

En esta tesitura y muy lejos de poder iniciar la ruta desde otro lugar, optamos por continuar carretera adelante hasta el Puerto de San Isidro y ver que podíamos hacer allí. Y lo que hicimos fue una ruta por el Lago Ausente que paso a relataros.

Ya en San Isidro, el autocar nos dejó en el aparcamiento del telesilla de la estación de esquí, en sombra y con un frío que pelaba. El terreno se encontraba totalmente helado en aquellos lugares en los que en algún momento hubo agua, con lo que tuvimos que prestar atención en nuestros primeros pasos por la pista que se dirige al Lago Ausente, para no terminar con nuestras posaderas en el suelo.

Pero pronto abandonamos las sobras que la ladera del Requexines proyectaba sobre nosotros y ya dando vista a la amplia meseta del puerto y a sus más destacadas montañas, el sol comenzó a calentarnos hasta el punto de que hubimos de abandonar las prendas de abrigo que ya notábamos de más sobre nuestros ya sudorosos cuerpos.

Alcanzado el lago, que estaba precioso, de un suave color azul con el sol reflejándose en sus cristalinas aguas. Cosa que nos estropeó en parte las fotos del lugar. Al no tener una ruta prefijada de antemano, comenzaron aquí las dudas de que hacer, pero pronto decidimos que lo normal era subir a Requexines y al Ausente y desde allí decidir el resto de la ruta. Así que siguiendo los indicadores del PR y dejando el lago a nuestra izquierda, comenzamos a subir por la ladera del Requexines hasta auparnos a su coronada cumbre, mediante un buzón montañero.

Las vistas al norte, casi las que traíamos durante la ascensión. A lo lejos el Cornión completamente despejado, nos mostraba sus cumbres principales sin apenas nieve pero perfectamente enmarcadas sobre el cielo azul. Más adelante toda la sierra que nos separa del Parque de Redes con la Rapaina y la Rapaona, la Rialcada. La Muesca Brugu, por donde no pudimos pasar hace tres de semanas debido a la nieve; algo más cercano el San Justo y enmarcando lo todo, por la izquierda la inconfundible y puntiaguda figura del Pico Torres y por la derecha el Macizo del Mampodre. Pero también disfrutamos de la conocida imagen de nuestro buen amigo el Tiatordos y de la grandiosidad de Peña Ten acompañada de la esbelta figura del Pileñes. Y como no, a nuestros pies el Lago Ausente. A nuestras espaldas nos ahorramos la mirada para no contemplar la dañina mano del hombre. La fea cicatriz de una antigua cantera nos muestra las entrañas de la tierra, hoy a Dios gracias, algo más restañada, tras el abandono de su utilización.

Pero ya digo que nuestros ojos estaban más pendientes del norte y de la preciosa imagen de Picos que el día nos mostraba. Siguiendo nuestros propios deseos, fuimos bordeando por las alturas el contorno del lago, para alcanzar en un santiamén, como no, la cumbre del Pico Ausente, también con buzones de cumbre, que había dos. Las vistas las mismas, pues nos movimos muy poco. Y menos cuando alcanzamos el pico, ya que la temperatura era estupenda y el sol nos animaba a permanecer tranquilos allí. Transcurrido un buen rato, decidimos que teníamos que continuar y lo hicimos dirigiéndonos al sur, hacia un grupo de piedras que simulaban una fortaleza.

Era temprano y no había prisa ni otra cosa mejor que hacer, así que nos metimos entre aquel laberinto de rocas desgajadas, descendiendo siguiendo el perímetro de la sierra. Ya para entonces nuestra intención era llegar a Isoba para poner allí el fin a esta atípica ruta. Así que algunos, comenzamos a prever por donde dirigir nuestros pasos, sin meternos en berenjenales mayores, muy típicos de nuestro grupo.

Mientras que tres o cuatro, descendían por el camino normal, cerca del borde que da al Lago Ausente, y otros cinco lo hacían siguiendo toda la cresta sur, el resto nos decidimos para descender por el medio, a buscar lo que parecía un sendero entre las escobas. Al menos estaba más despejado que el resto, y procurando evitar descender demasiado, dado que luego lo habría que subir. Así que pusimos rumbo norte a nuestros pasos y bajamos cómodamente por la pedregosa ladera, hasta alcanzar las escobas que de momento eran de escaso porte y no nos daban ningún problema.

Frente a nosotros veíamos a los que siguieron por el camino normal, un poco más altos; mientras que los que optaron por seguir hacia La Respina, comenzaban a descender por un escobal de buen porte y se dirigían a la Laguna Robledo. Nosotros remontamos una lomera y dimos al camino de los primeros para descender siguiendo un sendero que se perdía a veces entre las escobas, ahora de mejor porte y más espesas. Pero el paso era franco. Alcanzamos una zona de tierra que veíamos frente a nosotros y decidimos luego seguir por una pequeña vallada al este a buscar una pista que se veía al final, llegando enseguida al Lago Isoba, donde hicimos un nuevo descanso, antes de tomar la carretera que en descenso y tras un par de kilómetros nos depositó en nuestro destino, Isoba.

Allí tuvimos que esperar la llegada del pelotón de los esforzados que siguiendo su instinto de aventura y dando muestras de mayor fortaleza que el resto, realizaron una pasada por las mejores escobas de la zona abriendo sendas que posiblemente ahora pueda utilizar e jabalí, ya que hasta el momento no se había atrevido a pasar por allí. Un poco rasguñados alcanzaron por fin sus cuarteles de invierno y nos hicieron compañía para tomar el autocar y dirigirnos unos cuantos metros más adelante, donde disfrutamos de las viandas que traíamos en amigable y muy bulliciosa compañía.

El próximo sábado tenemos la conocida como la ruta más dura de toda la temporada: LA CENA DE HERMANDAD. Espero que todos los asistentes hagan los oportunos estiramientos y preparación muscular para poder afrontar semejante desafío. Que luego nadie que llame a andana y comience con los consabidos dolores de rodillas, tirones, contracturas etc., etc. Todos y todas a prepararse para estar en buena forma para esta ruta especial.

Estar atentos al correo del grupo, ya que en él pondré próximamente los horarios y los puntos de recogida del autocar para esa próxima ruta. Que lo pasemos todos muy bien.

JAFPA

miércoles, noviembre 23, 2011

EN EL PICO BABÚ CON VISTAS DE POSTAL


19 de noviembre de 2011
En plena jornada de reflexión salimos de nuevo al monte. Rehuimos el tema político ¿por hartazgo? Mañana votaciones y para nosotros lo mejor es poder salir al monte a gozar con la naturaleza, el aire puro, la brisa marina, las maravillosas vistas y la amistad de un fiel grupo de amigos. Y de eso tuvimos en abundancia en esta inolvidable jornada tan reflexiva.

Entrando por la costa (¡benditas autopistas!), paramos a tomar algún cafelito en Colunga. No tenemos mucha prisa hoy. El camarero va como una moto y en un momento estamos atendidos. Salimos hacia el Fito. Nuestra referencia es el caserío de Pie de Potro o mejor todavía la restaurada Casa Julia en donde además existe un cómodo apartadero para el autocar. Con las estribaciones del Sueve a la vista tenemos muy claro el objetivo a subir y el importante desnivel que hay que salvar. Junto a la casa una amplia pista que recorremos pasando junto a unos hermosos marranos que cultivan sus jamones con esmerada gula. Casi enseguida nos desviamos a la derecha para empezar a ascender poco a poco a través del bosque de eucaliptos. El sendero se va desdibujando y en un determinado punto estamos bajo la falda de la ladera que hay que subir con paciencia y buen ánimo. A ello nos dedicamos por senderillos que trepan de terraza en terraza en un terreno no demasiado incómodo. Recorremos todo el monte de La Cabaniella siempre subiendo por la dorsal que nos permite alcanzar una zona más plana repleta de espineras, tejos y acebos. (¿recordáis nuestra fantasmagórica bajada por la tejeda entre nieblas y claros?). El bosque de tejos es uno de los mayores de España. Algún día iremos a visitar la Tejeda que está debajo de Cervera en las Fuentes Carrionas palentinas.
 
Nosotros superamos esta meseta con dedicación. Logramos pasar junto algunos negros asturcones pequeños y de grandes crines. Un gozo ver estos animales en libertad. Superamos Los Foyos de los Picos, llenos de oquedades y alguna que otra cueva. Sólo queda una pequeña cuesta y estamos en el simpático pico Babú de 929 metros y tan gracioso y “oriental” nombre. Lo que alcanzamos a ver es una sucesión de vistas que podríamos publicar en cualquier folleto turístico con gran éxito: Las playas de La Isla, la Espasa con su ancho río, La Beciella y el Arenal de Morís. El mar plano cuando llegamos empieza a encresparse con lentitud en blancas sucesiones de olas que acotan el borde del mar. El arroyo de la Cueva marca una interesante divisoria del cordal del pico Gobia por donde bajamos el año pasado. Una serie de montículos prácticamente iguales de tamaño forman una serpiente parda de siete jorobas pardas. A pesar de la sequía se aprecia mucho monte verde. Más hacia el sur la sierra de Cagüetos, impresionante y afilada crestería entre dos valles escondidos, con su pico Coronas. Por detrás Arriondas y muy lejanos las blancas cumbres del Cornión.
 
A pesar nuestro tenemos que continuar pues más maravillas nos esperan. De momento y en continuidad con toda la cordal del Sueve, el Sellón con su interesante cruz de fierro. Empezamos a descender hacia la majada de Bustacu mientras algunos con motor “diesel” suben como si nada la larga cuesta del Pienzu a 1160 metros por encima del cercanísimo mar. Hasta aquí la excursión un lujo. Pero ahora nos queda casi lo mejor.
Bajando a la majada de Bustacu, por el camino por el que se accede normalmente al Pienzu desde el Fitu, nos desviamos casi enseguida a la izquierda para entrar por el barranco formado por el arroyo la Toya. El ecosistema que se forma es un bosque mixto de ribera en el que se mezclan robles, abedules, avellanos, acebos y tilos. Las inmensas fayas toman mil formas distintas, escultura natural imposible de dibujar.

Algunas crecen verticales, altísimas buscando desesperadas la luz que es vida. El suelo es una sucesión de hojas caídas que alimentan el sustrato. El árbol vive de sus propios restos. Destacan las hiedras de un verde intenso. Los musgos que tapizan los troncos están más apagados. Y si les tocas con la mano están bastante secos. La lluvia anunciada hoy todavía no llegó. Hay que esperar a la semana entrante. El agua es pura vida en un bosque aletargado y sediento. Se oye el ladrido de un corzo. Hay varias “coronas” por el suelo: raíces de fayas que podadas dejan un objeto digno de coronar a los reyes de esta añosa naturaleza.

Encontramos las ruinas de la antigua mina de La Teya. Es curioso que la naturaleza reclama sus derechos. Las tapias están vestidas de musgo, integradas en el medio natural. La boca mina asoma detrás de un árbol caído. ¡Qué lugar más especial! El bosque más bajo de Europa. Y en que estado de conservación.

Ya estamos a la altura de los depósitos de agua de Colunga. Hoy están cerrados. No siempre fue así. Un momento más tarde estamos junto a Casa Julia. Felices.

Fue una excursión muy completa. La subida entretenida, la caliza de muy buen agarre. La cima el mejor observatorio. La vuelta por el bosque un placer, en ambiente silencioso y recogido que invita a la buena conversación. No nos importaría nada repetir en próximos años. Hala, la jornada de reflexión nos dio de sí para pensar en la fuerza de la pujante naturaleza con un poco de suelo, mucho aire, algo de sol y abundante agua puede crear espacios maravillosos como este.

Próxima ruta: 26.– La Collaona (862 m) – BURRA BLANCA (1.160 m) REVOLTONA (1.086 m) – TRES CONCEJOS (1.095 m) – P. LA VARA (947 m) – Pola de Laviana (301 m).

FRESINES

martes, noviembre 08, 2011

LAS XANAS INTENTA BAJAR A VEGA POCIELLU

5 de noviembre de 2011

No pudo ser. No falla la voluntad. Allí estábamos a pie de pista observando la que estaba cayendo. Las previsiones decían que nevaría a partir de los 1.400 metros. No nos desanimamos por un detalle tan nimio. Nada, a San Isidro a ver cómo está aquello.

Y aquello estaba mal. Llovía aunque no parecía nada muy grave. Salimos por el valle del Pinzón. La niebla muy baja deja entrever el San Justo. Lo bordeamos por tres caras y cuando encaramos el norte el agua nieve empieza a cubrir el suelo. Los arroyos bajan revueltos y crecidos. El viento racheado da vuelta a los paraguas. El ritmo de marcha no es muy rápido porque la pelea contra la nieve que azota de lado no deja margen a más velocidad. Agruparse que no es cosa de perder a nadie en un día así.

Cuando comenzamos la cuesta Bruga la cosa se pone seria. Nieve ya cuajada lo cubre todo. La primera nevada del otoño que tanto tardó en llegar. Los arces y las hayas son un espectáculo de contrastes rojos y amarillos contra un suelo blanco un cielo totalmente gris. Si no fuera por el frío... Aun así el espectáculo es admirable.

En la parte alta de la cuesta, expuestos a los cambiantes vientos de la loma nuestra situación es más bien pobre. Saltar la cordillera penando para encontrar por el otro lado una dificultosa y resbaladiza bajada. Desde el autocarín nos avisan que se han vuelto del Puerto de las Señales porque no esta practicable el paso. Tomamos rápidamente la decisión de volvernos y que nos esperen en Isoba. La vuelta es muy rápida, los caminos son avenidas de agua. Más de uno se acuerda de las prendas técnicas que ha dejado en el armario. Hay que equiparse más para estas invernadas.

Volvemos veloces para cambiarnos en el porche del bar de Isoba. El local está lleno de “xanos” que gracias al albariño “templado” van mejorando de ánimo y entrando en calor. El día montañero ya ha vencido. Dejaremos la Vega Pociellu para un día más amable. Escapamos del alto de San Isidro por lo que pueda pasar con la carretera, que ya está subiendo un quitanieves. Bajamos hasta el Pino, donde en el bar de “El Pino” nos acogen muy bien. Y hoy no era fácil porque todo está lleno de cazadores y montañeros escapando de la chubascada.

Y este es un breve resumen de un día montañero que se quedó a la mitad y en el que nos pusimos a prueba contra los elementos. Una ventaja es que ya tenemos una ruta preparada para el año que viene. Una menos que poner, Jorge. El sábado próximo tenemos otra salida por un gran bosque: Pasaremos por Pandellanza saliendo de Pendones y llegando a Sobrefoz. Sólo hace falta que esta vez el tiempo acompañe un poquito.

FRESINES

lunes, octubre 31, 2011

EL TARAMBICU Y EL MONTE LA CHAMERA, UN PLACER PARA LOS SENTIDOS

29 de octubre de 2011

Rematando el mes de octubre emprendemos una nueva trazada por el siempre sorprendente concejo de Somiedo. Hay un cordal que hemos observado mil veces entre la Vega de Camayor y las del rio Saliencia y que siempre nos llamo la atención. Hoy nuestra curiosidad montañil se va a ver recompensada pues nos proponemos atravesar de este a oeste este cordal, que limita continuamente con una de las zonas más restringidas del Parque. Cuando humanos y osos queremos compartir un mismo territorio, y visto que somos una especie depredadora por naturaleza, es bueno que por una vez en la historia nos gane el oso. Así que bordearemos todo el canto del área restringida teniendo mucho cuidado de no molestar a Don Oso.

Al pasar por Veigas ojos atentos nos señalan la “escultura” de fierro que a la derecha de la carretera nos despista de la embriagadora belleza del entorno. Lo gracioso es la pintada gamberra que pide literalmente desde su oxidada chapa un grito de socorro: “sacaíme de aquí”.

A pesar de levantarnos bastante antes del alba hasta las diez no empieza nuestra andadura y mejor que sea así porque el aire helado baja rápido nuestras ínfulas montañeras. Eso sí, gracias a la organización (y a la Vuelta Ciclista, todo hay que decirlo) empezamos a caminar en el alto de la Farrapona, con lo que nos hemos quitado la pesada pista de Torrestío. Desde la Collada Balbarán en cosa de quince minutos tenemos la visual del Lago de la Cueva, maravillosa cubeta glaciar, a la que hoy le falta algo de agua por la tacañería de la lluvia en estos pasados tres meses. Quedan restos de la mina Santa Rita que extraía oligisto hasta el año 1978. Muchos hemos visto los arruinados edificios antes de que se decidiera quitarlos. Aunque siempre quedará la inmensa costra rojiza del lago de la mina y alrededores con sus cegadas bocaminas. Se llegaron a extraer 70.000 toneladas al año.

Subimos jadeando la pista de la mina para dar vista al lago de La Almagrera o La Mina, hoy vacío de aguas, esperando sediento una beneficiosa chubascada. Un poco más altos ya y tenemos una buena vista sobre el lago Cerveriz que nos regala unos encantadores reflejos del primer Albo.

La amplia vega de Camayor es un largo valle glaciar, sembrado de sumideros y hoy salpicado de manchas blancas de nieve reciente. Pasear por su fondo es una delicia. La silueta del Tarambicu es una inconfundible señal de la ruta que queremos seguir. Para hacer algo de pierna ascendemos primero al Concrespu (1873 m. 1h 45 min.) La dominancia sobre Saliencia, el Michu, la Peña Negra es total. Pero también del Cornón y la Penouta, Los Bígaros, las dos Ubiñas, el Morronegro, los dos Albos, la Peña Orniz, majestuosa, las morteras, el Pico Blanco y la Peña Chana y la Salgada por donde pasamos hace bien poco.

Con una pequeña pérdida de altura y una nueva ascensión para salvar la vallina subimos al Tarambicu. Ahora tenemos más cerca los asombrosos pliegues de los estratos a la entrada de la SD 1, junto al túnel que abre el paso a Saliencia. Mirando al este llama poderosamente la atención el desfiladero de Los Arroxos, uno de los sitios más espectaculares de Somiedo y me atrevo a afirmar que de toda Asturias. Y qué poco conocido es. Sólo se fomenta el turismo por las sendas trilladas. Mejor para nosotros los montañeros porque nuestro espacio natural queda virgen de esa especie de “gran vía” de los madrileños en la que se llega a convertir nuestro querido Cares.

Bajamos relativamente pronto. Alucinados por la vista panorámica. Un pico tan modesto y es tan buen balcón. Seguimos desviándonos hacia el norte a la altura de los Campos de Gobia donde quedan cabañas en buen estado, a pesar de las feas uralitas. Justo enfrente hay un picacho soberbio bautizado por la costumbre de los lugareños con el curioso nombre de “Los Pozos de la Nieve”. Nos asomamos al cantil que cae bruscamente a la altura de Arbeñales. Estamos en la raya de la zona osera. No se ve ni uno, pero si varios corzos que cruzan presurosos cuando ya ha pasado la mayoría del grupo.

Ahora la senda que estaba más o menos clara nos introduce por el fondo de una vallina que ahora dobla al Noroeste. Algunos subimos al pico la Divisa o al Llasecu que no se muy bien cuál es cuál. Nos encontramos con la sorpresa de las afiladas agujas que apuntan al cielo y marcan canales de bajada no aptas para humanos. Bellísimo espectáculo. “Vamos, que el resto del grupo nos está esperando”.

Ahora si que empezamos a bajar en serio hacia la braña de La Llamera. Los lugareños se dedicaron durante siglos, me parece a mí, a amontonar piedras para formar inmensas murias. El camino se convierte en caleya, la caleya atraviesa el fayedo. El otoño se luce con todos los colores del mundo. Pena de sombra en la ladera que no permite buenas fotos. El ojo percibe mejor que la máquina. Topamos en el camino con tres teitos en diverso estado de conservación. Se ve que por aquí no hay turismo que promocionar.

Ahora nuestra caleya es un señalado camino preparado para forcaos y sembrado de hojas de ablano. La tormenta ha hecho su labor. Tenemos la ladera del monte Tibleos a la altura de los ojos. Tibleos, donde el diablo dijo “¡Miedo!” En La Llamera charlamos con dos paisanos con ganas de palique. Nevó bastante. Aquí se organiza el río Bobias que empieza en humilde regato y acaba siendo un señor torrente. El paseo es muy agradable aunque la pista de hormigón machuca nuestros pies. En una revuelta de la larga bajada está el cementerio del pueblo. Es época de difuntos y tenorios. Las paisanas suben con ramos de flores rozagantes.

Cuando estamos cerca del puente un extraño parque industrial asoma como un “aparecido”. Extraño, porque hay valla (“y vaya valla”), luz, desagües... pero ni una sola nave. Parece que iba a entrar en servicio a principios de este año. El alcalde de la Pola de Somiedo se queja de que antes todo era vivir de la ganadería y ahora todo vivir del turismo. Quince establecimientos hoteleros en la zona. Hay que diversificar hombre. Pero de momento nada de nada. Y un tal Feito cura de La Pola diciendo que “mi pueblo ya no es mi pueblo”. Cuatro ganaderos contados y una gran presión urbanística para convertir todo en una miniciudad de servicios.

Entre una cosa y otra el autocar está junto al puente. Y hemos terminado la ruta de hoy. A partir de ahora es ya historia y un buen, buen recuerdo.

Con la misma nostalgia del tiempo que viene no podéis perderos la de la próxima semana porque arrancando en Isoba vamos a bajar a la Vega Pociellu que, con la plena madurez del otoño, puede ser la gran ruta de este otoño. Nos veremos.

FRESINES