lunes, noviembre 28, 2011

RUTA ABORTADA POR CULPA DE LA FERIONA

11 de NOVIEMBRE de 2.011

Que las inclemencias meteorológicas nos arruinen alguna ruta, aunque raro, es factible. Pero que una feria de ganado lo haga… se sale de lo previsible.

Pues eso es lo que nos ocurrió este último sábado. Nuestra ruta pos la Burra Blanca y el Tres Concejos, partía del alto de La Colladona, en la carretera entre Cabañaquinta y Pola de Laviana. Por tanto hicimos el desayuno como es costumbre por esta zona, en Casa Menéndez y tras ello continuamos hacia Cabañaquinta. Entonces fue cuando Lito se acordó de que era la Feriona en este lugar. Una feria de ganado de cierta importancia que pudimos constatar según nos acercábamos al lugar, ya que el tráfico crecía de buen grado. Ya atravesando el pueblo, las paradas eran constantes y cual sería nuestra sorpresa cuando al llegar a la altura de la bifurcación en la que nosotros teníamos que girar a la izquierda, un guardia nos invita amablemente a seguir de frente, ya que la carretera que teníamos que tomar, se encontraba totalmente atascada de coches y sin posibilidad de transitar en dirección contraria.

En esta tesitura y muy lejos de poder iniciar la ruta desde otro lugar, optamos por continuar carretera adelante hasta el Puerto de San Isidro y ver que podíamos hacer allí. Y lo que hicimos fue una ruta por el Lago Ausente que paso a relataros.

Ya en San Isidro, el autocar nos dejó en el aparcamiento del telesilla de la estación de esquí, en sombra y con un frío que pelaba. El terreno se encontraba totalmente helado en aquellos lugares en los que en algún momento hubo agua, con lo que tuvimos que prestar atención en nuestros primeros pasos por la pista que se dirige al Lago Ausente, para no terminar con nuestras posaderas en el suelo.

Pero pronto abandonamos las sobras que la ladera del Requexines proyectaba sobre nosotros y ya dando vista a la amplia meseta del puerto y a sus más destacadas montañas, el sol comenzó a calentarnos hasta el punto de que hubimos de abandonar las prendas de abrigo que ya notábamos de más sobre nuestros ya sudorosos cuerpos.

Alcanzado el lago, que estaba precioso, de un suave color azul con el sol reflejándose en sus cristalinas aguas. Cosa que nos estropeó en parte las fotos del lugar. Al no tener una ruta prefijada de antemano, comenzaron aquí las dudas de que hacer, pero pronto decidimos que lo normal era subir a Requexines y al Ausente y desde allí decidir el resto de la ruta. Así que siguiendo los indicadores del PR y dejando el lago a nuestra izquierda, comenzamos a subir por la ladera del Requexines hasta auparnos a su coronada cumbre, mediante un buzón montañero.

Las vistas al norte, casi las que traíamos durante la ascensión. A lo lejos el Cornión completamente despejado, nos mostraba sus cumbres principales sin apenas nieve pero perfectamente enmarcadas sobre el cielo azul. Más adelante toda la sierra que nos separa del Parque de Redes con la Rapaina y la Rapaona, la Rialcada. La Muesca Brugu, por donde no pudimos pasar hace tres de semanas debido a la nieve; algo más cercano el San Justo y enmarcando lo todo, por la izquierda la inconfundible y puntiaguda figura del Pico Torres y por la derecha el Macizo del Mampodre. Pero también disfrutamos de la conocida imagen de nuestro buen amigo el Tiatordos y de la grandiosidad de Peña Ten acompañada de la esbelta figura del Pileñes. Y como no, a nuestros pies el Lago Ausente. A nuestras espaldas nos ahorramos la mirada para no contemplar la dañina mano del hombre. La fea cicatriz de una antigua cantera nos muestra las entrañas de la tierra, hoy a Dios gracias, algo más restañada, tras el abandono de su utilización.

Pero ya digo que nuestros ojos estaban más pendientes del norte y de la preciosa imagen de Picos que el día nos mostraba. Siguiendo nuestros propios deseos, fuimos bordeando por las alturas el contorno del lago, para alcanzar en un santiamén, como no, la cumbre del Pico Ausente, también con buzones de cumbre, que había dos. Las vistas las mismas, pues nos movimos muy poco. Y menos cuando alcanzamos el pico, ya que la temperatura era estupenda y el sol nos animaba a permanecer tranquilos allí. Transcurrido un buen rato, decidimos que teníamos que continuar y lo hicimos dirigiéndonos al sur, hacia un grupo de piedras que simulaban una fortaleza.

Era temprano y no había prisa ni otra cosa mejor que hacer, así que nos metimos entre aquel laberinto de rocas desgajadas, descendiendo siguiendo el perímetro de la sierra. Ya para entonces nuestra intención era llegar a Isoba para poner allí el fin a esta atípica ruta. Así que algunos, comenzamos a prever por donde dirigir nuestros pasos, sin meternos en berenjenales mayores, muy típicos de nuestro grupo.

Mientras que tres o cuatro, descendían por el camino normal, cerca del borde que da al Lago Ausente, y otros cinco lo hacían siguiendo toda la cresta sur, el resto nos decidimos para descender por el medio, a buscar lo que parecía un sendero entre las escobas. Al menos estaba más despejado que el resto, y procurando evitar descender demasiado, dado que luego lo habría que subir. Así que pusimos rumbo norte a nuestros pasos y bajamos cómodamente por la pedregosa ladera, hasta alcanzar las escobas que de momento eran de escaso porte y no nos daban ningún problema.

Frente a nosotros veíamos a los que siguieron por el camino normal, un poco más altos; mientras que los que optaron por seguir hacia La Respina, comenzaban a descender por un escobal de buen porte y se dirigían a la Laguna Robledo. Nosotros remontamos una lomera y dimos al camino de los primeros para descender siguiendo un sendero que se perdía a veces entre las escobas, ahora de mejor porte y más espesas. Pero el paso era franco. Alcanzamos una zona de tierra que veíamos frente a nosotros y decidimos luego seguir por una pequeña vallada al este a buscar una pista que se veía al final, llegando enseguida al Lago Isoba, donde hicimos un nuevo descanso, antes de tomar la carretera que en descenso y tras un par de kilómetros nos depositó en nuestro destino, Isoba.

Allí tuvimos que esperar la llegada del pelotón de los esforzados que siguiendo su instinto de aventura y dando muestras de mayor fortaleza que el resto, realizaron una pasada por las mejores escobas de la zona abriendo sendas que posiblemente ahora pueda utilizar e jabalí, ya que hasta el momento no se había atrevido a pasar por allí. Un poco rasguñados alcanzaron por fin sus cuarteles de invierno y nos hicieron compañía para tomar el autocar y dirigirnos unos cuantos metros más adelante, donde disfrutamos de las viandas que traíamos en amigable y muy bulliciosa compañía.

El próximo sábado tenemos la conocida como la ruta más dura de toda la temporada: LA CENA DE HERMANDAD. Espero que todos los asistentes hagan los oportunos estiramientos y preparación muscular para poder afrontar semejante desafío. Que luego nadie que llame a andana y comience con los consabidos dolores de rodillas, tirones, contracturas etc., etc. Todos y todas a prepararse para estar en buena forma para esta ruta especial.

Estar atentos al correo del grupo, ya que en él pondré próximamente los horarios y los puntos de recogida del autocar para esa próxima ruta. Que lo pasemos todos muy bien.

JAFPA

1 comentario:

Pablo dijo...

Siéntolo muncho, pero m'alegro que nun saliera esta ruta. Nun pude dir por tar costipau, y bien que m'acordé de vosotros, subiendo la collaona y dando la vuelta al sombreru, como diz el cantar.
Una ruta más pal añu que vien!!
Pablo.