19 de noviembre de 2011
En plena jornada de reflexión salimos de nuevo al monte. Rehuimos el tema político ¿por hartazgo? Mañana votaciones y para nosotros lo mejor es poder salir al monte a gozar con la naturaleza, el aire puro, la brisa marina, las maravillosas vistas y la amistad de un fiel grupo de amigos. Y de eso tuvimos en abundancia en esta inolvidable jornada tan reflexiva.
Entrando por la costa (¡benditas autopistas!), paramos a tomar algún cafelito en Colunga. No tenemos mucha prisa hoy. El camarero va como una moto y en un momento estamos atendidos. Salimos hacia el Fito. Nuestra referencia es el caserío de Pie de Potro o mejor todavía la restaurada Casa Julia en donde además existe un cómodo apartadero para el autocar. Con las estribaciones del Sueve a la vista tenemos muy claro el objetivo a subir y el importante desnivel que hay que salvar. Junto a la casa una amplia pista que recorremos pasando junto a unos hermosos marranos que cultivan sus jamones con esmerada gula. Casi enseguida nos desviamos a la derecha para empezar a ascender poco a poco a través del bosque de eucaliptos. El sendero se va desdibujando y en un determinado punto estamos bajo la falda de la ladera que hay que subir con paciencia y buen ánimo. A ello nos dedicamos por senderillos que trepan de terraza en terraza en un terreno no demasiado incómodo. Recorremos todo el monte de La Cabaniella siempre subiendo por la dorsal que nos permite alcanzar una zona más plana repleta de espineras, tejos y acebos. (¿recordáis nuestra fantasmagórica bajada por la tejeda entre nieblas y claros?). El bosque de tejos es uno de los mayores de España. Algún día iremos a visitar la Tejeda que está debajo de Cervera en las Fuentes Carrionas palentinas.
Nosotros superamos esta meseta con dedicación. Logramos pasar junto algunos negros asturcones pequeños y de grandes crines. Un gozo ver estos animales en libertad. Superamos Los Foyos de los Picos, llenos de oquedades y alguna que otra cueva. Sólo queda una pequeña cuesta y estamos en el simpático pico Babú de 929 metros y tan gracioso y “oriental” nombre. Lo que alcanzamos a ver es una sucesión de vistas que podríamos publicar en cualquier folleto turístico con gran éxito: Las playas de La Isla, la Espasa con su ancho río, La Beciella y el Arenal de Morís. El mar plano cuando llegamos empieza a encresparse con lentitud en blancas sucesiones de olas que acotan el borde del mar. El arroyo de la Cueva marca una interesante divisoria del cordal del pico Gobia por donde bajamos el año pasado. Una serie de montículos prácticamente iguales de tamaño forman una serpiente parda de siete jorobas pardas. A pesar de la sequía se aprecia mucho monte verde. Más hacia el sur la sierra de Cagüetos, impresionante y afilada crestería entre dos valles escondidos, con su pico Coronas. Por detrás Arriondas y muy lejanos las blancas cumbres del Cornión.
A pesar nuestro tenemos que continuar pues más maravillas nos esperan. De momento y en continuidad con toda la cordal del Sueve, el Sellón con su interesante cruz de fierro. Empezamos a descender hacia la majada de Bustacu mientras algunos con motor “diesel” suben como si nada la larga cuesta del Pienzu a 1160 metros por encima del cercanísimo mar. Hasta aquí la excursión un lujo. Pero ahora nos queda casi lo mejor.
Bajando a la majada de Bustacu, por el camino por el que se accede normalmente al Pienzu desde el Fitu, nos desviamos casi enseguida a la izquierda para entrar por el barranco formado por el arroyo la Toya. El ecosistema que se forma es un bosque mixto de ribera en el que se mezclan robles, abedules, avellanos, acebos y tilos. Las inmensas fayas toman mil formas distintas, escultura natural imposible de dibujar.
Algunas crecen verticales, altísimas buscando desesperadas la luz que es vida. El suelo es una sucesión de hojas caídas que alimentan el sustrato. El árbol vive de sus propios restos. Destacan las hiedras de un verde intenso. Los musgos que tapizan los troncos están más apagados. Y si les tocas con la mano están bastante secos. La lluvia anunciada hoy todavía no llegó. Hay que esperar a la semana entrante. El agua es pura vida en un bosque aletargado y sediento. Se oye el ladrido de un corzo. Hay varias “coronas” por el suelo: raíces de fayas que podadas dejan un objeto digno de coronar a los reyes de esta añosa naturaleza.
Encontramos las ruinas de la antigua mina de La Teya. Es curioso que la naturaleza reclama sus derechos. Las tapias están vestidas de musgo, integradas en el medio natural. La boca mina asoma detrás de un árbol caído. ¡Qué lugar más especial! El bosque más bajo de Europa. Y en que estado de conservación.
Ya estamos a la altura de los depósitos de agua de Colunga. Hoy están cerrados. No siempre fue así. Un momento más tarde estamos junto a Casa Julia. Felices.
Fue una excursión muy completa. La subida entretenida, la caliza de muy buen agarre. La cima el mejor observatorio. La vuelta por el bosque un placer, en ambiente silencioso y recogido que invita a la buena conversación. No nos importaría nada repetir en próximos años. Hala, la jornada de reflexión nos dio de sí para pensar en la fuerza de la pujante naturaleza con un poco de suelo, mucho aire, algo de sol y abundante agua puede crear espacios maravillosos como este.
Próxima ruta: 26.– La Collaona (862 m) – BURRA BLANCA (1.160 m) – REVOLTONA (1.086 m) – TRES CONCEJOS (1.095 m) – P. LA VARA (947 m) – Pola de Laviana (301 m).
FRESINES


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