No pudo ser. No falla la voluntad. Allí estábamos a pie de pista observando la que estaba cayendo. Las previsiones decían
que nevaría a partir de los 1.400 metros. No nos desanimamos por un detalle tan nimio. Nada, a San Isidro a ver cómo está aquello.
Y aquello estaba mal. Llovía aunque no parecía nada muy grave. Salimos por el valle del Pinzón. La niebla muy baja deja entrever el San Justo. Lo bordeamos por tres caras y cuando encaramos el norte el agua nieve empieza a cubrir el suelo. Los arroyos bajan revueltos y crecidos. El viento racheado da vuelta a los paraguas. El ritmo de marcha no es muy rápido porque la pelea contra la nieve que azota de lado no deja margen a más velocidad. Agruparse que no es cosa de perder
a nadie en un día así.
Cuando comenzamos la cuesta Bruga la cosa se pone seria. Nieve ya cuajada lo cubre todo. La primera nevada del otoño que tanto tardó en llegar. Los arces y las hayas son un espectáculo de contrastes rojos y amarillos contra un suelo blanco un cielo totalmente gris. Si no fuera por el frío... Aun así el espectáculo es admirable.
En la parte alta de la cuesta, expuestos a los cambiantes vientos de la loma nuestra situación es más bien pobre. Saltar la cordillera penando para e
ncontrar por el otro lado una dificultosa y resbaladiza bajada. Desde el autocarín nos avisan que se han vuelto del Puerto de las Señales porque no esta practicable el paso. Tomamos rápidamente la decisión de volvernos y que nos esperen en Isoba. La vuelta es muy rápida, los caminos son avenidas de agua. Más de uno se acuerda de las prendas técnicas que ha dejado en el armario. Hay que equiparse más para estas invernadas.
Volvemos veloces para cambiarnos en el porche del bar de Isoba. El local está lleno de “xanos” que gracias al albariño “templado” van mejorando de ánimo y entrando en calor. El día montañero ya ha vencido. Dejaremos la Veg
a Pociellu para un día más amable. Escapamos del alto de San Isidro por lo que pueda pasar con la carretera, que ya está subiendo un quitanieves. Bajamos hasta el Pino, donde en el bar de “El Pino” nos acogen muy bien. Y hoy no era fácil porque todo está lleno de cazadores y montañeros escapando de la chubascada.
Y este es un breve resumen de un día montañero que se quedó a la mitad y en el que nos pusimos a prueba contra los elementos. Una ventaja es que ya tenemos una ruta preparada para el año que viene. Una menos que poner, Jorge. El sábado próximo tenemos otra salida por un gran bosque: Pasaremos por Pandellanza saliendo de Pendones y llegando a Sobrefoz. Sólo hace falta que esta vez el tiempo acompañe un poquito.
FRESINES
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