Antes De nada, deciros que nos encontramos todos bien y sin problemas. Este último sábado teníamos una sencilla y plácida ruta desde la Cueta a Peña Orniz, con final en Torre de Babia, después de sobrepasar la Cervata, una pequeña tachuela que hace collada con Orniz.
Comenzamos a caminar con un día extraño, climatológicamente hablando, con algo de sol y algunas nubes en los alrededores. La temperatura agradable y la pista señalizada en todo el recorrido del Río Sil, hasta su nacimiento. El camino va ascendiendo lentamente y casi sin esfuerzo hasta las Praderas de Cebolleu en las que, en vez de seguir por el margen derecho del río, para alcanzar la majada de Covalancha, cruzamos al izquierdo dejando el río a nuestra izquierda, ascendiendo cómodamente a los Puertos de Covalancha primero y a los de Cuetalvo después. En una extensa pradera a los pies de la Peña Llana y al lado de un indicador de la ruta de las Fuentes del Sil, cruzamos lo que queda de río para dirigirnos a los derrumbes que bajan del Cuetalvo, siguiendo las indicaciones aún de la mencionada ruta y acercándonos a la ya próxima Peña Orniz. Abandonamos las indicaciones del PR de la Fuentes del Sil y continuamos a nuestra izquierda por un marcado sendero, en dirección a la peña.
El día parece complicarse y las nubes ya lo cubren todo. Un frío viento nos acompaña y nos trae algunas gotas de agua que no nos dan buenos augurios. Una nueva bifurcación antes de dar vista a Las Morteras en la Collada de Orniz, aún nos permite abandonar la ascensión si seguimos por la derecha a buscar el camino que va a los pies de la Cervata hacia los Prados de Troméu. Nosotros seguimos por la izquierda ascendiendo un canalizo herboso que nos sitúa a los pies de Orniz. Una canal entre dos peñas parece factible, pero no tenemos ganas de complicarnos la vida y seguimos por el sendero que nos lleva a los pies de la peña por su cara sur. Luego ascendemos poco a poco por la terrosa ladera, para alcanzar una estrecha canal que en fácil ascenso nos sitúa en lo alto de la Peña Orniz, 2.191 metros al decir de Adrados.
El viento es aún más frío y nos obliga a poner las prendas de abrigo que llevamos, Alguien se cuerda de los guantes. Pero todo es superfluo ante las vistas que se nos presentan. Al norte y en primer término, los Albos que visitamos no hace mucho. Con imaginación hasta podemos vislumbrar un poco del lago del Valle. A nuestros pies, el paisaje lunar de Las Morteras, por la que vemos pasar un grupo de motos. A la izquierda, oeste, el vértice inconfundible del Cornón y más cercana la mole de Penachana, rodeada de un sinfín de cumbres. Al este, Peña Ubiña trata de quitarse una nube que la cubre a nuestros ojos, mientras la Pequeña se ofrece rodeada por un extraño halo luminoso. A nuestro lado, la Torre de Orniz y algo más alejadas Muria Brava, el Pico Blanco, el Calabazosa y el Morro Negro, conocidos de anteriores andanzas.
Por el sur, por tierras leonesas, la cercana Cervata unida a Orniz por una amplia collada hoy casi cubierta de ovejas que nos vienen siguiendo desde la zona de Covalancha. Más a la derecha el impresionante murallón del Montihuero, las Coloradas y Peña Redonda, con la inconfundible laguna de Las Verdes a sus pies. Y detrás, el inicio de la extensa llanura de Castilla. En el valle, tratamos de vislumbrar la zona en la que se encuentra nuestro destino, Torre de Babia.
Cubierta la tarjeta y hechas las fotos de rigor, decidimos reanudar la marcha, ya que la climatología no ofrece nada bueno. Descendemos rumbo a la ancha collada que nos une a La Cervata y por ella, en pocos minutos alcanzamos la cumbre de esta sencilla montaña. ¡Sencilla montaña! Su cara sur es un abismo de muchos metros de altura. Las caídas son impresionantes. Abajo en el pedrero, descansa un grupo de rebecos que al sentir nuestras voces, escapan de la zona. Las vistas cambian y al norte vemos todo el cierre que nos separa de Asturias, con Orniz, Muria Brava y el Pico Blanco. Por el oeste, el Montihuero está más cercano y la Laguna Verde se ve mejor. Por el sur, salvado el abismo, dos pistas que se unen en el valle y se dirigen a Torre de Babia, que no vemos.
A pesar de las vertiginosas caídas que tenemos ante nosotros, nos decidimos a bajar por ellas, para no dar un rodeo por cualquiera de los dos lados de la peña. Como dice el otro: “para atrás, ni para coger impulso”. Y nosotros no lo queremos coger. Caminamos un poco al este buscando una collada más propicia para iniciar el descenso y con mucho cuidado para evitar resbalones, iniciamos la bajada por una zona de hierba y tierra, que al estar húmeda, nos ofrece buen agarre y evita los resbalones. Buscando siempre los mejores pasos, alcanzamos una pequeña terraza donde nos espera nuestro serpa Carrete, que trata de encontrar una salida a esta situación. “Seguidme”, grita imperturbable. Y nosotros nos deslizamos ladera abajo sin querer pensar que nos vamos a encontrar más allá. Un hombro a nuestra izquierda, nos da paso a la derecha a una deslizante zona herbosa. “¡Carrete!, ¿cómo está eso? Y Carrete nos miente y nos dice: “¡Bien!”. Nosotros seguimos, algunos con un pequeño despiste, y nos acercamos a donde él se encuentra y miramos y no vemos. “Mira, por allí se ve un regato por el que baja el agua”, dice Fernando. Si, por ese regato, afortunadamente seco, debemos descender nosotros. Nos acordamos de Adolfo y echamos mano del “freno hidráulico”. Culo al suelo y a descender poco a poco por el deslizante tobogán, amarrándonos unas veces a las rocas y otras a las hierbas que no eran tal si no pinchos que no hacían mella en nosotros concentrados como estábamos en lo que hacíamos.
“¡Aquí ya está bien!”, nos hace saber una ya alegre Tere, aunque lo de estar bien, es con referencia a lo que acabamos de pasar. Una desagradable pedrera nos espera. Ya no necesitamos asentar nuestras posaderas en el suelo, pero las posibilidades de que esto ocurra se hacen patentes. La pedrera es muy desagradable. No tiene la suficiente piedra para poder deslizarnos por ella y el descenso se hace lento. Buscamos la hierba de la izquierda y conseguimos algo más de rapidez.
Al fin se acaba el duro descenso. Miramos atrás y contemplamos boquiabiertos lo que acabamos de bajar y nos parece imposible. Al tiempo, comprobamos que era la única zona más o menos factible, ya que el resto eren caídas verticales imposibles. Después todo fue coser y cantar. Alcanzamos la amplia pista y por ella fuimos descendiendo lo que nos restaba para llegar a la ansiada meta de Torre de Babia, donde nos esperaban hambrientos el resto del grupo, ya que en el pueblo no hay bar y tuvimos que desplazarnos un poco hasta la recién remozada carretera, donde una fábrica de chorizos con bar adosado, nos sirvió para dar buena cuenta de los manjares que portábamos.
Hasta aquí el relato de esta preciosa ruta que hicimos a Peña Orniz. Pero no queda aquí la cosa. La próxima semana haremos el cuarto intento para la conquista del Cabezo Llerosos y esperamos que esta sea la vencida y logremos poner nuestros pies en tan ansiada cumbre. La ruta es:
Bufarrera (1.162 m) – Majada de Belbín (1.046 m) – Braña Redonda (1.050 m) – Vega Espines (1.075 m) – Collado La Muda (1.250 m) – Camplengo Viejo (1.290 m) – Collado Verancielles (1.450 m) – Majada de Beresna (1.590 m) – Horcada de Bueyes (1.696 m) – Cabezo Llerosos (1.792 m) – Collado de Beceña (1.490 m) – Majada de Beceña – Majada de Ondón (1.330 m) – Canal de la Bobia – Esmenadorio (950 m) – Camarmeña (490 m) – Poncebos (230 m)
Una espectacular ruta que si el tiempo acompaña podremos disfrutar, con maravillosas vistas de Picos y en especial del Urriellu. La salida para esta ruta la haremos de San Andrés a las 6,30 de la mañana, (no a las 7,30 como pone en el calendario). El plazo de inscripción está abierto y no quedan muchas plazas. El que llegue tarde, se puede quedar sin poder ir. Espero vuestras llamadas.
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