martes, noviembre 26, 2013

LLEGAMOS A LA PEÑA BLANCA EN MEDIO DE LA PRIMERA NEVADA DE LA TEMPORADA



16-11-2013

Algo estamos aprendiendo: el ser constante tiene su premio. Cuando parecía que íbamos a soportar otro sábado imposible de lluvia y frío, a tenor de todo lo que cayó del cielo durante todo el viernes y la madrugada del día siguiente, todo cambió en cuestión de un par de horas. Incluso cuando nos acercamos a la vertical de Peña Mea, se ve de lejos nevadísima. Así que nos disponemos a una ruta nevada. Bien pertrechados de ropa de abrigo que, sin embargo, no hace mucha falta porque la temperatura aunque algo baja es muy buena para la segunda quincena de noviembre.

Bajamos en Covalles, exactamente junto al puente que cruza el río Caleao. El buen camino que va subiendo en varias revueltas está cubierto de hojas de castaño y roble. El otoño va avanzado desnudando los pocos árboles que todavía resisten. Muy bellos en su aparente muerte. Llegamos hasta la segunda de las cabañas. Abandonamos el sendero. Ahora la subida es pindia, pindia, a través del hayedo monte arriba. Empezamos a pisar escarcha en abundancia. Chasquea al pisarla. Remontamos toda la larga ladera hasta lo alto de la cresta cimera. Aquí ya es nieve. Cuatro dedos de espesor.

Seguimos esta cumbrera. Bajo arcos de ramas cubiertas de hielo. Un túnel de cristal como en un poema. Llueve bajo los árboles. Van descargando su peso bajo el primer sol del día. Los troncos chapeados de bolones de nieve. Hubo batalla campal en esta arboleda. Está todo cubierto. Las fotos de Pablo, de Miguel y de Javier Lavín son una declaración de intenciones: la belleza de la naturaleza, cuando muestra su rostro amable, es superior. Poesías en foto.

Al llegar a una gran peña el paso parece imposible. Una pequeña trepada para auparse y subimos a un corredor largo y estrecho, que bordea la peña. No tiene peligro porque la nieve caída es de calidad excelente. Salimos de este pasillo para seguir en la lomera cada vez más ancha. Intuimos la silueta de la Peña Blanca a la izquierda, borrosa en la neblina. Llegamos a la collada. La orientación hoy es fácil porque las huellas están marcadísimas en el bosque. Por cierto el track de Peña excelente, milimétrico. Luis reparte su bollo de “socorro” para dar vida a los hambrientos que somos muchos. ¡Qué rico este bollo, Don Luis!

Nuestros compañeros se han dado maña y están hace rato en el pico. Vamos despacio tras ellos. Hay que pasar un senderillo muy alto pero bien trazado que va sorteando toda la crestería. Pasamos por encima de dos precipicios que caen nevados sobre una angosta estrechura. En uno de ellos nos retiramos hace años al intentar atravesar una pala de nieve-hielo imposible. Pero hoy si que se puede. Avanzamos despacio pero seguido. Nuestros amigos de la cumbre ya están en la parte baja de la larga ladera. No nos extraña que se hayan marchado porque el cielo negro amenaza con una tormenta inmediata. Está descargando ya en la cordillera, y también hacia la costa.

Estamos muy poco tiempo en la cima. Lo justo para apreciar la silueta del Visu La Grande y el pico la Senda, y la Foz de Cueva Devoyu. Se ven varios pueblos: por supuesto Caso y La Felguerina. Salimos volando de la cumbre, bajamos volando la ladera, da gusto deslizarse en esta blanda nieve. En el pico unos 11º de temperatura.

Abajo en el bosque más de 17º. Atravesamos un bosquecillo bajo por el que culebrea un senderillo de ganado. Mal que bien salimos de él en dirección al Collado Bustiellu. Luego ya en una serie de revueltas vamos acertando con la bajada despreciando los evidentes caminos a La Felguerina. Breve alto en el caserío Pereu.

Y a bajar casi a la carrera por el buen camino de bosque que, embarrado y todo, nos saca a la carretera, unos doscientos metros antes de la Encruciyá. Junto a la Ermita, hay nada menos que dos bares para calmar nuestra sed. Tardamos en esta extraordinaria aventura cinco horas y media exactas los más tardones. Animados por los buenos paisajes que vimos, con el ramaje cubierto de hielo en la retina, nos vamos a comer a Casa Linares, nuestra segunda casa. Aunque parezca mentira el tiempo sigue aguantando.

Y así termina esta grandiosa jornada montañera, que esperábamos pasada por agua y resultó una de las mejores rutas de todo el año. El próximo día 23 tenemos una travesía que arrancando en el pueblo de Tarna y subiendo la Cerra de Altu Pasu llega a Ventaniella y termina en Sobrefoz. Terreno conocido. Promesa de buenos paisajes. Lo demás lo ponemos nosotros: la amistad, el buen hacer, la camaradería, y… los postres. 

Recordad que ya iniciamos la campaña de la lotería. También estamos apuntando para la Cena de Hermandad. Recordad también que esta semana tenemos organizadas las II Jornadas de Montaña del Grupo Las Xanas. Y es que nos atrevemos con todo. Por cierto se cambió el orden y el primer día intervendrá el piloto del grupo de Socorro del Principado, y los hermanos Madrera lo harán el segundo día metiéndonos por barrancones y cuevas. No nos lo vamos a perder. Para todos estos asuntos y para apuntarse a la próxima ruta podéis contar conmigo en el 692510114 o en el correo electrónico fresines@telecable.es

FRESINES

jueves, noviembre 14, 2013

CRÓNICA DE LA INMERSIÓN EN EL BOSQUE LA PUERCA



9-11-2013

Es la segunda vez que bajo por este bosque. Nevó en lo alto del puerto. Nos apresuramos a bajar. Mejor meternos al amparo de las viejas hayas, que crean su propia humedad y nos defienden del desapacible viento. Bajamos con alguna imprecisión sobre si coger la senda alta u otra más pegada al arroyo. Gana esta última que enfila por lo más profundo del bosque.

Algo se ensancha en nuestro corazón. En el bosque, con los rojos y los amarillos subidos, los ocres dominantes de los helechos, las últimas hojas que se resisten a morir. Todo se está preparando para la invernada que viene. Gocemos el veranillo de San Martín que nos regala días extraordinarios. El aire limpísimo, cargado de humedad, hundido por las nubes bajas que corren presurosas sobre nuestras cabezas. En el bosque el olor del suelo alfombrado de hoja caduca. En el bosque las mil formas en la que los árboles, agarrados a la tierra sobreviven sosteniendo a la misma tierra que los alimenta. En el bosque las cortezas de las enormes fayas son un mapa geográfico en sí mismo. No sabemos toda la vida que hay aquí. Los serbales rojos de fruto, desnudos de hoja ofrecen generosos su alimento a los animales del bosque. Al igual que los acebos, Cada detalle es un mundo, cada charca un mar de vida, cada mata de musgo un intrincado bosque en que la vida puja por brotar, contando que existe esa otra cruel y necesaria realidad de la muerte incesante. Para que todo brote, algo se tiene que pudrir, poco se tiene que mantener en suspensión, algo tiene que vivir.

Me fijo en las arquitecturas de las ramas. Son tan variadas que ninguna se parece a otra. Cada árbol es una entidad singular, un compendio de vida, una esperanza de continuidad. La incesante búsqueda de la luz retuerce la faya que compite por crecer a la sombra de aquella otra fayona tan imponente. ¿Y las raíces? ¿cómo se adapta el tronco en un terreno tan inclinado? Brotan ramas bajas, que se hunden profundamente en el suelo. ¿A qué llamo tronco y a cuál raíz? Lo que importa es la conexión con la tierra, de la que se alimenta y a la que vivifica. Esta es la lección que aprendo hoy del bosque. Fuera de la tierra, alejados de lo natural, saliendo del entorno del bosque, no somos prácticamente más que pequeños seres “agitados”. ¿Sobra el visitante? O ¿es el precio que hay que pagar para que el bosque resista a la tronzadora? Hay que volver al bosque para comprender la vida, para estudiar cada liquen parásito y humidificador de la faya. Las “barbas de capuchino” cuelgan incansables de multitud de ramajes. La luz del cielo se adapta a este entorno especial filtrándose entre hojas. Todo contribuye a que me sienta un ser superior, por la simple razón de haber podido disfrutar de un bosque antiguo, mantenido por la sabiduría de nuestros abuelos.

Un rodete de raíces arrumbado junto al camino. Tiene setas en su tronco. Una faya atravesada por el rayo y desguarnecida de tronco interior. En ella han brotado altas ramas que siguen vivas en aquella columna vaciada. En aquel otro el fuego hizo su labor pero el árbol sobrevivió. La vida está agarrada intensamente en cada rincón de este bosque La Puerca. Las setas brotan entre hojas, brotan en los troncos caídos, brotan en vaguadas descendentes, brotan entre el musgo. Las formas geométricas del musgo me impresionan, son dibujos de una enorme plasticidad. Las fayas crecen en comunidad compartiendo el mismo pié, dejan cuevas en su seno, ventanas útiles a las ardillas, oquedades-nido.

Salimos a un mayau abierto. Sigue siendo lugar de pasto veraniego. La presencia humana indudable en las cabañas más o menos arregladas. Los fresnos bien plantados frente a ellas dan un complemento de frescor y de alimento cuando la pación ya falla. Hay varias corras de piedra. Son muros de piedra circulares cerrados por arriba con lajas de piedra planas, que van formando una semiesfera sostenida por la gravedad. Sin asomo de cemento o clavos. Sabiduría muy antigua. Toda la tecnología conocida de la época. Están en estado de abandono. Cuando los paisanos las han querido arreglar, sólo para que no se caigan, la administración les ha impuesto un tributo por obras.  Total condena al ostracismo, en unos años todo por el suelo. Pero no es eso: aquí hablamos del hombre antiguo, sobreviviente en el entorno, moldeador del bosque, su principal mantenedor. La ladera opuesta al otro lado de la carretera está amenazada porque ha sido autorizada “la entresaca” de madera. Nos da miedo. Hemos visto la desgraciada realidad de estas explotaciones, el aceite de las maquinarias tirado, las latas por el suelo.

Abandono las corras de las Cadenas. Bajo hasta el regato que viene de los puertos. Hay que cruzarlo por donde se pueda. Las piedras de su lecho están lavadas en su incesante viaje al río principal. El agua es el alimento. Es muy simple y a la vez muy complejo: agua, suelo mineral, luz del sol. Bastan. Junto a mi están cogiendo boletus y lepiotas, algunas raras amanitas, algún coprinus.

Un paso estrecho del río entre dos grandes paredes cuarcíticas. Salimos del hayedo para entrar a un segundo bosque formado por el roble albar. Es totalmente distinto: altísimos y delgados troncos crecen verticales. Tremendo bosque digno del formador de altísimas bóvedas.  Las hiedras colonizan algunos troncos serpenteando sobre las columnas en arabescos romboidales. Es un bosque más apacible que el anterior, más hambriento de luz, de mayor proyección vertical. El sustrato de caliza de la parte alta del monte ahora está formado por conglomerados de pudinga cuarcitita. Distintos suelos distintos árboles, la presencia humana más cercana se nota en los avellanos (ablanos) que contornean el camino. Este da un amplio giro para caer sobre la Villa de Sub. Pueblo engalanado sobre las mejores y más conservadas tradiciones de lo rural, manteniendo su escuela, sus hórreos y corredores, y otras maravillas etnográficas que hacen las delicias del turista curioso. Final de recorrido con la bajada a Páramo por el camino antiguo. Todavía un pruno nos regala sus pacharanes en un último obsequio de los muchos que hemos recibido hoy al atravesar esta larga ladera.

El próximo sábado volvemos a la Peña Blanca, aquella que hicimos hace varios años y que no culminamos del todo por la cantidad de nieve que nos encontramos en la parte final. Salimos de Caboalles junto al pantano de Tanas, para salir a la Enruceyá cerca de Caleao.

Recordad tres cosas: encargar la lotería, La próxima Cena de Hermandad y las Jornadas de Montaña que organiza el Grupo los días 20, 21 y 22. Durante estos días nos veremos todos. Y tendremos mucho gusto en compartir un culín de buena sidra.

FRESINES

martes, noviembre 05, 2013

EL DILUVIO EN LAS ESTRIBACIONES DEL RETRIÑON



2 de noviembre de 2013

Día de Difuntos. El color del cielo está a juego con la celebración. Todo negro. Cae agua con  intensidad a las seis de la mañana. A pesar de todo salimos. La temperatura es alta para esta época del año.

Después de la correspondiente parada en el bar de las casadielles de Felechosa, emprendemos camino por la conocida senda de la Vegalencia. Llueve suavemente. El suelo está muy resbaladizo y el barro ya es una constante durante todo el camino. A pesar de todo, la moral está alta. Un cazador está de puesto en la primera majada. Nos deja pasar pero refunfuñando. El barro hace estragos. Los resbalones frecuentes. La marcha rápida, propiciada por la buena temperatura. Un primer grupo se descuelga para seguir directos a Soto de Agües por la collada Felguera.

Somos doce los que decidimos tirar para arriba. Arrecia la lluvia. Ahora cae con fuerza. La palabra “impermeable” deja de tener sentido. Parada muy breve en la Mayá L’Oteru. Camino hacia el Noreste, siguiendo la marcada riega. Ascenso seguido que no da respiro alguno. Van las tres horas de caminar. Seguir es la cuestión. Si te paras te ahogas. Más vale seguir a hacer cumbre. Por fin, tras la cuesta pindia, pindia, se ve el monolito de hormigón. Pero no hay quien pare. El viento huracanado y frío hace muy incómodo el permanecer allí. Nos esperan unos metros más abajo aunque tampoco nada guarnecidos del temporal. Menos de un minuto en la cumbre.

El descenso está despejado y se ve con claridad toda la bajada hasta la mayá Los Pandanes, que por cierto está lejísimos y sobre todo enclavada en lo profundo del valle. Pena de vista que deberíamos haber disfrutado. Las manos ateridas por el frío recomiendan perder altura. La bajada es pronunciadísima. A pesar de todo esta gente tira a muerte. Nos vamos quedando rezagados.

-“Gracias Miguel por irnos marcando el camino de bajada”. Sorteamos las primeras rampas en las que un patinazo nos haría volar. Las raíces mojadas de los arándanos y las de urcias, las piedras lavadas por el temporal, el barro omnipresente, todo son obstáculos para un descenso más rápido. En las zonas peladas de hierba los patinazos sobre la tierra suelta son históricos. Muy pocas caídas, frenando con tobillos, rodillas y bastones. Las rodillas empiezan a quejarse. Las botas son dos piscinas en las que el pié inestable juega con la pendiente.

Agotador. Nos esperan junto a los corros de piedra. Están helados, es visible. –“Gracias, pero tirad para adelante”. Nuevo y vertiginoso descenso por el valle. Ahora está bastante más practicable. El camino va descendiendo paulatinamente hasta desembocar en la Majada Los Pandanes. Aquí pedimos un respiro, por lo menos tiempo para sonarse la nariz. Nos da la risa, de verdad. La gente arranca pensando en la eternidad que todavía queda. Hasta el Retriñón le echamos tres horas y tres cuartos, no está mal. Hasta aquí otra hora y media. Nos deben quedar alrededor de dos horas y media más.-“Que está lejísimos oyes”.

Sin perder la moral. Vuelve a llover ya prácticamente todo el tiempo aunque la temperatura es suave. Entramos en Les Cuestes, por donde debe andar la mina Carmen que tuvo una importancia enorme en la zona, tanta que se trazó el tren de Laviana, La Campurria, para dar salida al mineral de hierro. Me gustaría ir a verlo, pero no desde luego hoy. Las rodillas cantan demasiado a estas alturas.

La travesía del bosque es muy hermosa pero me temo que hoy no la estamos apreciando mucho, la fatiga y el mal tiempo tendrán la culpa. Descendemos por la vueltona del camino que acaba en el recodo del arroyo Argamosu. Se cruza como se puede, es decir metiéndote en el río para más seguridad. El siguiente accidente es cruzar la riega Los Negros, crecida de aguas, resbaladiza, traidora.
¿Cuánto faltará todavía? Se está haciendo muy largo este pateo. Bajamos por el Cantu la Vega y salimos al puente sobre el río Alba. Que bien. Estamos cerca. Sólo cinco kilómetros más. Vamos dejando los desvíos que a nuestra izquierda nos llevarían al Corbelloso, al Cogollo y al Guanalón. El paso por la foz está cerca. Ya se huelen las truchas de la piscifactoría. La buena conversación es la que mantiene los ánimos. Olvidarse del dolor en las rodillas. Por fin el lavadero y las primeras casas. Son las seis de la tarde. Para nosotros tres la ruta duró ocho horas y pico. Los otros llegaron hace más de media hora. A pesar del temporal el aparcamiento está bastante lleno, incluidos dos autocares de locos montañeros. Comemos en uno de los bares de Soto. Reponemos fuerzas, que estuvo bien: 1259 metros para subir, mil quinientos setenta y ocho para bajar. Y Una travesía de 18,5 Km. ¡Puf!

A pesar de todo lo sufrido la valoración que hacen mis compañeros de la ruta es altísima, casi de 9. Yo en estas circunstancias he disfrutado poco, está claro, pero me prometo volver con mejor tiempo y algo más de luz.

El sábado que viene volvemos al bosque. Es un descenso que ya hizo el grupo en más de una ocasión: atravesar el monte de La Puerca, empezando en el puerto Ventana, pasar por los Corros de las Cadenas, y atravesando el hayedo y luego el robledal aterrizar en la Villa de Sub, y bajar luego a Páramo. Yo la recuerdo como una de las excursiones más bonitas que hice en mi vida.

Recordad que el día 4 empieza la Semana de Montaña de Oviedo, y que dentro de muy pocas fechas tendrán lugar las II Jornadas de Montaña del Grupo Las Xanas. Recordad también que es una norma del grupo aprobada en Asamblea, que se cobrará el precio del autocar cuando no haya una causa justificada de ausencia. Y otra cosa más estamos empezando a recaudar para comprar la lotería de Navidad. Os veo en Teverga.

FRESINES

domingo, noviembre 03, 2013

DESCUBRIMOS LA TEJEDA DEL MONTE LA CHOMBA BAJO EL CUETO NIDIO EN LA LACIANA.



26 de octubre de 2013

Un ya lejano día de verano en lo alto de la Ubiña nos habían hablado del bosque de Rioscuro en la lejana Laciana. Lo prometido se cumplió. Hicimos el viaje hasta cerca de Villablino,  entrando en Rioscuro por la LE-493 para parar a 2 km- aproximadamente en un desviadero de la carretera. De allí nace una pista. Luis, al que conocimos con nuestros amigos gallegos aquel día del homenaje a Jorge Pablo en la Ubiña,  nos estaba esperando y muy amablemente se prestó a acompañarnos durante todo el día.

Desde allí mismo sale una pista que nos conduce en directo a una cabaña que es en sí misma un pequeño tesoro botánico, con sus plantaciones de romero, menta y melisa entre otras muchas especies. Luis nos enseña el interior, un pequeño museo artesano con toda clase de objetos hechos a mano, cucharas, bastones, castañuelas, un archivo de plumas de rapaces, otro de plantas medicinales, licores de elaboración casera ( podeis ver un recetario en la página personal de Luis).

Estamos un buen rato dando vueltas por la cabaña, y sus alrededores. Luis y Gripi practican una nueva variedad de golf rural con resultado de más de una bola en arroyo Braña Ronda. Dejamos el buen camino para ascender levemente y encontrar un buen sendero que discurre por encima de la cabaña-refugio-museo. Nuestros próximos pasos, atravesando el bosque de fresnos y abedules, se dirige a las cascadas que forma el río. Fuerte caída de agua, en una sucesión de desniveles que bajan raudos de la lejana cordillera. Tengo la impresión de estar en una catedral natural. No conocíamos esta vertiente de Laciana. Luis nos está descubriendo su pequeño hogar natural. Si queréis seguir sus andanzas o calibrar las rutas que realiza por la zona buscarle en luisrioscurolaciana.blogspot.com.es Salimos de una pequeña cascada para entrar a otra mayor. Sin solución de continuidad estamos en la siguiente. Pasamos por la Poza La Cirvienza (el nombre nos suena mucho a bable). Caminamos muy despacio. El bosque es una maravilla. Se le podría llamar el monte de “Las amanitas muscarias” por la cantidad de ejemplares que estamos viendo. El suelo está teñido de manchas rojas. El otoño está mucho más avanzado que en Asturias. El bosque mixto sólo tiene un calificativo: Precioso, un tesoro a conservar.

Subimos por la ladera para reencontrar el sendero. El siguiente paraje pasa por el tejedal. Ejemplares grandes, de buen porte y formas caprichosas. Este árbol totémico, esencial para los druidas celtas, lugar de reunión de las tribus, abriga un soto bosque totalmente vivo. Los brotes jóvenes del tejo crecen circundando el tronco principal. Luis nos cuenta que en la cata que han efectuado se le calcula una edad superior a los dos mil años. Casi nada. Nada más precioso que las vetas oscuras de la madera en las zonas descortezadas.

Uno de los tejos está hueco, formando una caverna profunda. Otro tiene una enorme rama desgajada, pero está totalmente cubierta de nuevos brotes que crecen verticales. Las formas de estos arbolones son caprichosas, se doblan sobre sí mismas, nacen ramajes a media altura, que se convierten en raíces. Tejedal bellísimo. Abandonamos despacio para llegar a la Braña Las Murias, donde comemos algo. Probamos también un tierno queso de cabra, muy parecido en su textura a nuestro afuega el pitu.

Hasta aquí escasos cuatrocientos metros. Tenemos que apurarnos para coger altura de verdad. Seguimos cuesta arriba desviándonos del sendero que llevábamos. La subida es buena y tendida. A cierta altura abandonamos el monte bajo para entrar de nuevo en el bosque, ahora serbales y hayas. Gran variedad de setas. Estamos a unos mil quinientos. El sendero se prolonga durante varios kilómetros hacia el norte. Cierra el valle por el sur toda la Cuerda de San Justo, con el Pico Cabañas, la Peña Grande, el collado la Muesca y la Curriecha. Cumbres a los que algún día tendremos que ir a echar un vistazo, pues tienen muy buena pinta.

Varias paradas para fotografiar setas, sobretodo corras de amanitas y de micenas. Los servales tienen sus frutos rojos y las ramas envueltas en líquenes. El contraste es brutal. Por fin salimos a un claro desde el que se ve cerca el Cueto Nidio y sus antenas.  Hay que tomar una decisión: bajar para volver al bosque o subir los doscientos y pico metros que nos quedan para llegar a la cima. Finalmente todos optamos por subir. El pico es más bien feo, con sus antenas y su olor a gasoil, pero es un observatorio de primera de los montes de Somiedo y León: El Cornón. Los Muxivenes, el Pico Blanco, La Crespa, la Chana, e infinidad de cordales más hasta perderse en la lejanía. También es una gran vista de Villablino y del embalse de Las Rozas.

Villablino villa muy antigua fue dotada con tal título en su carta Puebla por Alfonso X, El Sabio. “Sepan quantos este privillegio vieren y oyeren como nos, don Alfonso por la gracia de Dios rey de Castilla, de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdova, de Murcia, de Jaem e del Algarbe, en uno con la reyna donna Violante mi muger e con nuestros fijos el infante don Fernando, primero e heredero, e con don Sancho e don Pedro e don Juan e don Jayme. Porque los omes de la tierra Laziana, se nos enviaron querellar muchas vezes que recibían muchos males e muchos tuertos de caballeros e de escuderos e de otros omes malfechores queles rovaban e tomavan lo suyo sin su plazer. E pidierom nos merced queles diésemos un lugar qual touviésemos por bien en que poblasen, e les otorgásemos los nuestros regalengos e los nuestros derechos que aviemos en esta tierra sobredicha e que nos darían lo que touviésemos por bien”

Bajamos pronto para cumplir el horario previsto. La bajada la hacemos por todo el cordal que desciende suavemente hasta la cabaña-refugio abierta y a disposición de cualquiera. Estamos en la majada Vilforcos. Todavía tenemos que tirar otra hora de descenso esta vez por un precioso robledal, joven a pesar de su aspecto añoso, con el suelo tapizado de suaves hojas. Salimos a una buena pista que desciende en suaves revueltas hasta la carretera junto a la central eléctrica del arroyo Zarambral. Que recibe el agua por dos enormes tuberías acostadas en la falda de enfrente. Son justo las cuatro. El horario nos ha salido de cine.

Luis nos lleva a Robles de Laciana, un guapísimo pueblo construido casi con un belén de montaña. La iglesia de San Xuliano, precioso ejemplar de románico rural, fue parte de un convento benedictino. Este pueblo salió en los periódicos de este verano porque un oso descontrolado mató a trece ovejas y despeñó a una vaca y a su ternero. Algo excepcional. Comemos en el hotel rural. Es un local muy agradable y pasamos un buen rato. Son las seis, hora de volver.

Nos despedimos de Luis cambiando direcciones y teléfonos. Prometemos volver a vernos. La Laciana ha sido para nosotros una sorpresa muy agradable, tenemos que hacer más montaña por aquí, ahora que tenemos un contacto. Volvemos en un suspiro oyendo cantar los goles del Barsa. A las siete y media entramos en Oviedo.

El dos de noviembre atacamos la cumbre más alta del Aller: El Retriñón, entrando por Felechosa y bajando luego a Soto de Agües, excursión larga y con potente desnivel. Si nos acompaña el tiempo podremos hacer una gran y montañera excursión, ruta de bosque incluida.

A partir de la próxima semana emepezamos a recoger el dinero de la campaña de lotería de navidad. Hay tiempo de sobrar así que tomarlo con calma.

Recordad que del 4 al ocho de noviembre es la SEMANA DE MONTAÑA DE OVIEDO,  en el Auditorio. Y que el Grupo ha organizado las Segundas Jornadas de Montañas en el Casino de Trubia los días 20-21-22. Ya visteis el cartel. También está puesto en Internet.

Para la ruta del sábado seguid llamándome a mi. Peña no está así que para apuntaros los que no lo hicisteis el sábado pasado llamarme al 692 510 114 o al correo fresines@telecable.es , en donde acusaré recibo de vuestros mensajes. Hasta el sábado.

FRESINES

miércoles, octubre 23, 2013

GUAPA ASCENSIÓN AL VÍZCARES, LA CUMBRE DE INFIESTO



19 de octubre de 2013
           
La pasada semana no hubo ruta, ya sabéis. Una montaña lejana y la gente con muchas ocupaciones no lograron suscitar la magia que nos atrae una y otra vez a la montaña. Pero esta semana nos desquitamos. Teníamos un grande, nada menos que el Vízcares, orgulloso monte enhiesto en la Sierra de Aves, vigilante atalaya de cuanto acontece en las tierras piloñesas y alrededores.

Así que, estrenando un autocar de 22 plazas de Jano, bien, pero con algunos problemas de maletero entramos por Ríofabar en el bosque de La Pesanca, misterioso y lleno de vida, como siempre. Queremos subir por Degoes en vez de por la conocida ruta del collado Traslafuente. Los exploradores no encuentran el paso del río. El GPS está acatarrado y nos señala senderos por el Campo San Francisco de Oviedo. Así que probamos a buscar el puente, que finalmente aparece tras la primera casa, tal como venía en la descripción de la ruta.

Empezamos la penosa y larga subida por el monte Degoes. Las primeras cabañas están al alcance de la mano. La naturaleza ha hecho su selección y hay numerosos árboles viejos tumbados en el suelo con el cepellón al aire. No aguantaron la última nevada. El hayedo sombrío y húmedo nos priva del sol de otoño. Un vientecillo constante nos refresca la subida haciendo que las paradas sean breves. Dos horas de pelea con la cuesta. No se termina nunca y eso que el camino está muy bien trazado para suavizar las pendientes. Recorremos de abajo arriba todo el Valle Luiña, espeso bosque que te hace sentir parte de la naturaleza. Finalmente acabamos por salir del hayedo. La larga y pelada cuesta es lo que nos queda por subir.

Con dedicación y adelante. Seguimos dale que dale por el monte subiendo la cuesta de Llebrada y descendiendo un poco llegamos a la escondida majada Llebrada. Lugar solitario como pocos, protegido de todos los vientos. Breve alto en el camino que tenemos que reponer fuerzas ante la escarpada cuesta que nos separa de la línea cumbrera. Por el camino o en transiberiano acabamos alcanzando El Canto Praón, antecima del gran Vízcares. Todavía hay que subir un poco más, superar el Fayasgal  para poder pisar la cumbre piloñeta. Hay una tarjeta del Ensidesa. Pablo y Alicia estuvieron aquí la semana pasada, pero no dejaron huella. Hasta aquí tres horas. Nos ganamos un descanso y una buena contemplación. Cualquiera diría que estamos en el centro del mundo. Todo está aquí a la vista, la lejana Peña Santa que Manuel y Miguel hollaron la pasada semana. Pero más cerca el Canto Cabronero, la Mota Cetín y el cercano Valverde, marcando la cabecera del río Color que algún día habrá que remontar. Más al sur está la inconfundible Llambria, el picudo Maoño, a cuya base norte llegamos un día un grupo de expedicionarios que no pudimos pasar por la impresionante ladera.   

Hacia el mar, a la izquierda del Sueve se ve un objeto grande y brillante entre las brumas marinas. Dicen que es un barco y algo así debe ser, porque Burdeos está más lejos. Peña Mayor, con el Múa, la Xamoca… Y cerrando la vista por el oeste la Sierra del Trayán que atravesamos por su pasada el día que subimos (dura, dura ascensión) desde la Foz de los Maserones. Desde este buen observatorio del Vízcares nos dedicamos a observar los senderos que se adivinan por el monte Moñacos, intentando trazar el camino por donde bajamos. Es una maravillosa sucesión de valles, pandas y foces que recrea la vista y expansiona el espíritu. Todavía no han empezado los colores del otoño a vestir el bosque. Vamos a bajar.

Una muy original bajada con destino final en La Fragua. Vamos deshaciendo el camino: Fasgayal, Cantu Praon, Llana Herbosu, Cueto Mermejo. El joven Francisco Javier, nuestro “Lavín”, los sube todos, ¡qué hambre de monte! En el Cueto Mermejo las guías aconsejan tomar el descenso por la izquierda para acabar en la preciosa collada Llanoriu. Rodeamos el Pico Collado. Nuestra meta es visible desde esta altura. Nos quedan 600 metros por bajar. Las rodillas se quejan, pero el camino es bueno y vamos penetrando en el Monte Marbán, donde predomina el roble y el acebo. Si te quedas en silencio un rato te sientes inundado por la luz que se filtra. Preciosa y larga bajada que va serpenteando por toda la ladera.

Al final de la senda un pequeño puente da acceso a las primeras casas del pueblo donde podemos cambiarnos rápidamente. Bajamos a comer al bar Vízcares de Espinaredo, como no podría ser menos. El tiempo es tan agradable que juntamos mesas en la terraza. Da tiempo para una buena sobremesa. Es otro momento mágico de la montañera excursión. Fueron seis horas para salvar un desnivel de 1.119 metros, que nos han llenado de satisfacción. Siempre hay que volver al Vízcares en otoño.

Para el día 26 tenemos una preciosa y fácil expedición con un desnivel de 400 metros de subida y setecientos de bajada. Lo interesante de esta ruta es que transcurre toda ella por el bosque leonés, cuyo otoño está más adelantado que el asturiano. Se parte cerca de Villablino en La Matona y terminaremos en Rioscuro. Peña no está así que para apuntaros los que no lo hicisteis el sábado pasado llamarme al 692 510 114 o al correo fresines@telecable.es , en donde acusaré recibo de vuestros mensajes. Hasta el sábado.

FRESINES

miércoles, octubre 09, 2013

LAS XANAS EN LA CALABAZOSA Y LA PEÑA SOLARCO



5 de octubre de 2013

-“¿A dónde fuisteis el sábado?”
-A Torrestío
-“¿Otra vez, ho?”
-Sí, es la tercera.
-“Pero os quedan picos que subir?”
-Sí, siempre hay algunos. En esta ocasión nos faltaba el Pico Calabazosa y la Peña Solarco para completar el cordal que arranca en la Peña Orniz.
-“¿Subisteis muchos?”
-Sí, todos hasta los Collados Quixeiro y Congosto.
-“¿Os hizo bueno?”
-Buenísimo. Hasta volvimos a quemar la nariz…
-“¿Y por dónde subisteis al Pico Calabazosa?”
-Fácil, desde el Collado, cada uno por donde pudo. Y para bajar está “sembrao” de precipicios pero encontramos una canaleta fácil que nos posó en la antecima.
-“¿Y como pasasteis a la Peña Solarco?”
-Pues buscamos un camino desde lo alto y no encontramos un buen paso, así que unos descendieron hasta un corredor herboso y aéreo y otros, más conservadores, bajamos un buen tramo para bordear el temible y vertical antepico por un pasillo elegante, pegado a la peña. Así salimos al collado Solarco. Desde allí sólo hay que darle fuerte para vencer la cuestona.
-“¿Y qué veíais desde allí?”
-Pues además del Morronegro que lo teníamos enfrente, el Ferreirua, Las Ubiñas y su grupo, los Fontanes, el Montihuero. Y en la bajada por el valle de Cualmarcé el perfecto cono del pico Vallera.
-“Y bajasteis luego…”
-Por el mismo valle de Cualmarcé para cerrar el circulo y volver de nuevo por el Valle Valverde.
-“Parece que os gustan Somiedo y la Babia…”
-Tienes razón son dos zonas que nos encantan y todavía quedan cosas por hacer, valles por explorar, riachuelos que cruzar. Para demostrar la solidaridad con esta tierra firmamos todos una petición para que no se lleven de Torrestío la farmacia de guardia evitándoles un viaje de 20 Kilómetros hasta San Emiliano.
-“Naturalmente comisteis en el bar de Torrestío”
Claro, hicimos una larga mesa única como si fuera una boda. Buen ambiente garantizado y con el solecito calentando la sobremesa.
-“¿Dónde vais la próxima semana?
-El día doce, que es fiesta, la gente aprovecha para ver a la familia. Así que ese día no tendremos actividad montañera. Nos volveremos a ver en el Vízcares. Y deja ya de preguntar tanto, ¡curiosón!

FRESINES

martes, octubre 01, 2013

EN LA PEÑA MORA, A PESAR DE LA BORRASCA



28 de septiembre de 2013

Se acabó el verano. Bruscamente llegan sin avisar las primeras nubes. “Le bon temps c’est passé”. Es hora de sacar del armario ropas de tormenta. Sin miedo al agua subimos Tarna para acercarnos a La Uña, en el Alto Esla. Llueve sin parar. Salimos igual. Siguiendo el río Carcedo, paralelo a la Sierra del mismo nombre. Pasamos los Campos de María. Vamos subiendo de modo continuado. En el bosque hay más de un venado berrando aunque la hora a es tardía para ellos. Potente bramido que retumba en el valle.

Pasamos la cuadra de ganado. Hay opción a volverse por la pista que sale directa a Polvoredo. Pero, inexplicablemente, a pesar del aire frío, del viento y la lluvia la gente quiere seguir. Vamos subiendo las primeras revueltas del puerto de la Fonfría. El cielo está negro, cargado, muy amenazador. Nosotros a lo nuestro. Giramos hacía el Este para subir al Collado Mascaredo. Un breve rayo de luz ilumina Peña Ten y Pileñes y refulge sobre la caliza del Recuencu. Dura poco la luz está espléndida. Saldrán buenas fotos.

El viento intenso se ha convertido en un nuevo enemigo. Estamos en la falda de la Peña Mora. Se empieza a subir a media ladera, subida penosa, dificultada por las arandaneras tan densas que alguien llega a decir: “Espera, que no hago pié”. ¡Hombre, ahorgarse entre arándanos!… Por lo menos estos pequeños frutos endulzan la subida. Cuando ya cogemos la lomera la subida es más liviana, aunque el fuerte viento ya ha causado la baja laboral de varios paraguas.

Los que llegaron primeros lograron ver hasta la ermita del Arcenorio. Pero dura poco y la opaca niebla lo uniforma todo. No paramos mucho, el viento está siendo desagradable. Bajamos por la cara que sigue en dirección contraria a la subida.. La Peña Negra que pensábamos subir quedará para otra ocasión. En la collada Valdemagán estamos algo más resguardados. La tentación sería bajar por este amplio valle a los lejanos pueblos de Pio y Vierdes en Sajambre. Pero como queremos bajar a Polvoredo, tenemos que ascender algo para cruzar al valle del río. Volvemos a protegernos en la Sierra Carcedo, esta vez por su cara este. La bajada por el río es fácil y agradable. Estamos a resguardo del viento y ha dejado de llover. Por la canal de la riega salimos a la explanada donde está el Refugio. Aquí estuvimos en plena invernada intentando entrar en calor.

El camino serpentea entre piornedos. Hago una parada mingitoria y al incorporarme a la senda estoy sólo. ¿Todos estos se habrán equivocado? Primera precaución mirar la hora, segunda no desviarse del sendero. Un marcado camino sigue adentrándose en el bosque El Jedo. Pero no baja apenas. Algo no va bien y se impone rectificar. Busco una riega y me lanzo por ella espantando a un corzo que tranquilo pastaba. El bosque es de una belleza apabullante. Llego a la pista. Creo que me he adelantado. Ya sabes, te separas del grupo y enseguida provocas una alarma. En mi reloj han pasado veinte minutos escasos. Para el grupo que espera el tiempo se hace mucho más largo. Bien por el grupo: la alarma funcionó. Por el móvil logramos aclararnos. Espero junto a una cabaña en ruinas a que aparezca la tropa. Afortunadamente las reñidoras miradas se convierten pronto en bromas. Esta vez la “viuda” se quedará sin cobrar. No pasó nada, pero no te puedes parar ni a mear.

Seguimos toda la pista hasta completar los 16,5 kms. Por fin la primera casa de Polvoredo. El pueblo está solitario y silencioso. Nos cambiamos entre chubasco y chubasco. Bajamos a comer a Casa Linares, nuestro segundo hogar. La mesa se organiza en un momento, a pesar del gran número de vehículos aparcados. Será que la hora es tardía, pues pasan de las cinco. Sobremesa montañera hablando de calendarios, de posibilidades y de montañas de los Picos de Europa.   

Terminamos una jornada montañera que se prometía horrible y que luego se fue suavizando. La constancia tuvo su premio. Llegamos a la Peña Mora aunque no pudimos ver el espectáculo que brinda de montañas. Al final satisfechos. Se ve que somos de buen conformar.

Para la primera de octubre volvemos a Somiedo en ruta circular desde Torrestío. Esta vez queremos hacer la Peña Calabazosa y el Pico Solarco, con lo que habremos completado la cordillera que limita Somiedo y La Babia. Esta zona empieza a sernos muy familiar. Y también nos suenan conocidos los chupitos de licor de ciruela del bar de Torrestío. Saldremos en esta ocasión desde Oviedo. Inauguramos con esta primera las rutas a través del bosque otoñal.

FRESINES

martes, septiembre 24, 2013

LAS XANAS EN LA PEÑA ORNIZ: SOMIEDO EN PERSECTIVA



21 de septiembre de 2013

Día de San Mateo, fiestas de Oviedo. Se nota porque van con nosotros varias personas de otros grupos que hoy no tienen actividad. Nosotros salimos como siempre. Vamos a La Cueta. No hay bares abiertos por la carretera hasta cerca de San Emiliano. Nos apañamos, faltaba más.

La llegada a La Cueta se hace esperar. Llegando hasta cerca de la plaza torcemos antes de la iglesia para entrar por el valle del Sil que es una maravilla de colores y formas. En determinado momento, en las praderas de Cebolleo, hay que cruzar el río para girar hacia las Fuentes del Sil. Todo el tiempo en ascenso, moderado pero continuo. Hacemos otro pequeño giro para seguir la graciosa estela del río Intermitente, afluente del Sil y que como su nombre indica aparece y se sume varias veces. Subimos a los puertos de Cuetalbo. Dejamos a la derecha Los Años y La Crespa, bonitas montañas. Ya desviados de las Fuentes del Sil faldeamos para encarar la base de la Orniz con buenas garantías de éxito. Hasta aquí dos horas. En poco más de media estaremos arriba. Es una bonita subida aunque de piedra suelta.

Lo mejor está arriba. Decía Neruda que “quien quiera admirar un paisaje que suba a la montaña”. Eso hicimos y estamos rodeados de cumbres por doquier. Los cercanos Albos, el Lago del Valle, del que sólo se ve el muro de cierre, La Mortera, Solarco, Calabazosa, Morronegro, Penouta, Muxivenes, Urro, Peña Manteca… La lista es larguísima. Hasta me enseñan los que de esto saben a ver el Caldoveiro y los puertos de Maravio. Muy impresionante. Y el reluciente verdor de la laguna La Verde, bajo el Montihuero.

Después de firmar la tarjeta, varios montañeros deciden seguir a la Torre de Orniz y la Muria Brava. El grupo los ha ascendido recientemente. Los que han seguido no parecen muy organizados porque acaban por preguntar a voces dónde está uno que les falta.  Inaudito en un grupo que se precie. Al llegar a Torrestío piden disculpas por la pequeña inquietud creada. Y es que en todo momento el grupo, y más sus responsables, tiene que saber donde está cada uno, y más si no son socios habituales. Empecemos a pensar un poco en la responsabilidad civil y las posibles reclamaciones por accidentes.

Seguimos bajando hasta la laguna Congosto que es un sitio con encanto. Caminamos despacio pero sin parar, rumbo a la Foz de Congosto. Al entrar en el Valle de Valverde un numeroso grupo de montañeros salmantinos pregunta por una fuente cercana. Si hay una cerca de la foz. Pero no se si llevará agua. Nos despedimos de ellos hasta Torrestío. Nos preguntan si yendo a esa velocidad “queremos salir en el telediario”. El Valle de Valverde es largo,  lleva un rato acercarse a las primeras casas del pueblo. Antes de entrar en el mismo nos para una pareja amiga: Fanjul y Luisa que hicieron la semana pasada la Torre de Cerrado y hoy vienen de la Fiesta de la Trashumancia de Somiedo.

Nuevo encuentro en el bar del pueblo: Nuestro amigo Victor de Turón aparece con su grupo que vienen de la Solarco y la Calabazosa. Nos seguimos nuestros respectivos reportajes fotográficos y así todos aprendemos de todos. Comemos en la terraza del bar. Buena sobremesa con  los chupitos artesanos de la casa. Hora del regreso. Pararemos por el camino donde Aladino para refrescarnos un poco que este septiembre está resultando caluroso.

La última salida de este mes es a la Peña Mora en la que estuvimos a punto de coronar en un día invernal como pocos. Hoy volvemos saliendo desde La Uña para ir hacia los Campos de María y la Peña Mora bajando luego a Polvoredo donde pondremos fin a esta interesante excursión. Esta zona del Noreste de León nos gusta siempre mucho.
           
FRESINES   

jueves, septiembre 19, 2013

MUCHAS GRACIAS

En nombre de la familia ARRIBAS GUTIERREZ quiero daros las gracias por vuestras condolencias tras el fallecimiento de la madre.
Así mismo agradecen de corazón, el ramo de rosas recibido del GRUPO DE MONTAÑA "LAS XANAS".
Muchas gracias a tod@s.
ROSI y JOSE

miércoles, septiembre 18, 2013

EL GRUPO LAS XANAS EN EL RECUENCU. POR LA FOZ DE LOS ARGAYOS



14 de septiembre de 2013

Lo tenemos todo a favor: hace bueno pero no calor. De madrugada un leve orbayo refresca la atmósfera encapotada de nubes. En Arriondas sigue cayendo mansamente. Pero en el horizonte lejano se va descubriendo una mancha azul que se extiende. Vamos a tener buen tiempo, un buen día de montear, sin duda. El minibús nos posa en les Bedules. Ahorramos una buena hora de esfuerzo. Bien. Lo aprovecharemos para estar más tiempo en la cumbre.

Caminando no muy deprisa llegamos al Collado Caldes en hora y media. Recibimos la llamada de Peña comunicando el fallecimiento de su suegra. Estábamos esperando este final, pero no dejamos de lamentarlo. Les mandamos desde la altura un gran abrazo solidario.

La subida se hace a velocidad de vértigo. Los primeros en unos treinta y cinco minutos. La senda muy marcada va dando lazadas por la falda. Una cuesta bastante empinada. Luego en el estrechamiento entre rocas hay que agarrarse con las manos en un pequeño tubo. Luego por pequeñas terrazas escalonadas se llega a la cumbre. Nos juntamos veintitrés en ella. Lo que se llega a ver desde aquí es mucho más de lo que se puede contar. El lejano Mampodre, el Lago, Ls Abedular, Pileñes, el Porrón de Viaño, El Maciédome, El Tiatordos, La Llambria, el Pierzu, Canto Cabronero, todo el Cornión…

Allí abajo está Sobrefoz. La cortada en forma de “cuenca” es impresionante. Este pico es guapísimo. Recogemos una tarjeta del ENSIDESA Gijón de hace dos días. Un buen rato en la cumbre premia nuestro esfuerzo. La montaña tiene sus exigencias pero también sus grandes recompensas. Encuentro en un reportaje del invierno pasado a un grupo que ascendió por aquí encontrando a un jabalí enorme agotado en la nieve cuando intentaba huir. La foto es muy curiosa.

Descenso rápido y por más de un camino nos introducimos en la vaguada de la vega Enol. Como hoy decidimos que iba a ser un día sin discusiones pues no discutimos. Los que van por lo alto, los que seguimos el track y los desconfiados que bajan por el fondo del valle. Una sección decide saltar por la collada Carambones y buscarse la vida por el monte La Cuesta para bajar a la pista de Ventaniella. Todo sin discusión. Un hito para el grupo.

La Foz de los Argayos es cada vez más imponente. Las calizas paredes se van cerrando como dos enormes muelas en torno al modesto río Vallizón. Al lado del riachuelo hay un marcado camino que va descendiendo por el bosque atravesando la foz. Para los barranquistas el descenso por el río y la cascada es de primera. Se necesitan siete rápeles para bajar toda la ladera. Cruzamos el río. Este da un giro cerrado por el que discurre una parte de la cascada. El bosque reluce de verdor. Las piedras del río resbalan en el verdín. La sección zamorana que hoy va con nosotros alucina con el paisaje y con el paisanaje. Al pasar junto a una cabaña el senderín se convierte en pista de ganado. Para la mayoría esta bajada por el bosque era desconocida. Ha dejado muy buenas sensaciones. Preciosa. Pasada la segunda cabaña que están arreglando para vivienda la pista ya es apta para todo terreno.

Pasamos con permiso del joven toro que nos mira con indiferencia. Salimos a la pista. La manguera de gran sección que hace rato nos viene acompañando continúa hasta el depósito de agua de Sofrefoz. Está tocada en varios puntos y parece que van a hacer obra para enterrarla. Dos kilómetros de pista nos separan de la apañada aldea. En el recodo volvemos la vista al Recuencu o Bargoli que por esta cara enseña otra fachada distinta de la pirámide que veíamos desde Les Bedules.

A la entrada de Sobrefoz hay que elegir entre dos bares: El de Severa arriba y el de Benigna en la plaza. No hay duda: nos quedamos con lo benigno y además en cuesta abajo. Allí comemos a la sombra rodeados de cumbreras de ensueño. A los postres la tele nos sirve una sensacional subida ciclista al Angliru con triunfo extranjero. Así la sobremesa se prolonga un poco más de la cuenta. No pasa nada. “Día sin discusiones” es el lema. Cuando termina el reportaje nos vamos. Los del bar encantados. Pararemos por el camino donde nuestro mexicano para probar ese tequila del que todas hablan. Gana la sidra por goleada. Empieza a llover. Es el momento de irse para casa. Una buena y sencilla jornada montañera-.

El día de San Mateo el grupo sale a pesar de todo. Nada menos que la Peña Orniz que oteamos el día que ascendimos a la Muria Brava. Empezaremos de manera clásica en la Cueta para bajar por el conocido camino de Torrestío. Seguro que será una gran excursión.

FRESINES