26
de octubre de 2013
Un
ya lejano día de verano en lo alto de la
Ubiña nos habían hablado del bosque de Rioscuro en la lejana
Laciana. Lo prometido se cumplió. Hicimos el viaje hasta cerca de
Villablino, entrando en Rioscuro por la LE-493 para parar a 2 km-
aproximadamente en un desviadero de la carretera. De allí nace una pista. Luis,
al que conocimos con nuestros amigos gallegos aquel día del homenaje a Jorge
Pablo en la Ubiña, nos estaba esperando y muy amablemente se
prestó a acompañarnos durante todo el día.
Desde
allí mismo sale una pista que nos conduce en directo a una cabaña que es en sí
misma un pequeño tesoro botánico, con sus plantaciones de romero, menta y
melisa entre otras muchas especies. Luis nos enseña el interior, un pequeño
museo artesano con toda clase de objetos hechos a mano, cucharas, bastones,
castañuelas, un archivo de plumas de rapaces, otro de plantas medicinales,
licores de elaboración casera ( podeis ver un recetario en la página personal
de Luis).
Estamos
un buen rato dando vueltas por la cabaña, y sus alrededores. Luis y Gripi
practican una nueva variedad de golf rural con resultado de más de una bola en
arroyo Braña Ronda. Dejamos el buen camino para ascender levemente y encontrar
un buen sendero que discurre por encima de la cabaña-refugio-museo. Nuestros
próximos pasos, atravesando el bosque de fresnos y abedules, se dirige a las
cascadas que forma el río. Fuerte caída de agua, en una sucesión de desniveles
que bajan raudos de la lejana cordillera. Tengo la impresión de estar en una
catedral natural. No conocíamos esta vertiente de Laciana. Luis nos está
descubriendo su pequeño hogar natural. Si queréis seguir sus andanzas o
calibrar las rutas que realiza por la zona buscarle en luisrioscurolaciana.blogspot.com.es
Salimos de una pequeña cascada para entrar a otra mayor. Sin solución de
continuidad estamos en la siguiente. Pasamos por la Poza
La Cirvienza (el nombre nos suena mucho a bable). Caminamos
muy despacio. El bosque es una maravilla. Se le podría llamar el monte de “Las
amanitas muscarias” por la cantidad de ejemplares que estamos viendo. El suelo
está teñido de manchas rojas. El otoño está mucho más avanzado que en Asturias.
El bosque mixto sólo tiene un calificativo: Precioso, un tesoro a conservar.
Subimos
por la ladera para reencontrar el sendero. El siguiente paraje pasa por el
tejedal. Ejemplares grandes, de buen porte y formas caprichosas. Este árbol
totémico, esencial para los druidas celtas, lugar de reunión de las tribus,
abriga un soto bosque totalmente vivo. Los brotes jóvenes del tejo crecen
circundando el tronco principal. Luis nos cuenta que en la cata que han
efectuado se le calcula una edad superior a los dos mil años. Casi nada. Nada
más precioso que las vetas oscuras de la madera en las zonas descortezadas.
Uno
de los tejos está hueco, formando una caverna profunda. Otro tiene una enorme
rama desgajada, pero está totalmente cubierta de nuevos brotes que crecen
verticales. Las formas de estos arbolones son caprichosas, se doblan sobre sí
mismas, nacen ramajes a media altura, que se convierten en raíces. Tejedal bellísimo.
Abandonamos despacio para llegar a la Braña Las Murias,
donde comemos algo. Probamos también un tierno queso de cabra, muy parecido en
su textura a nuestro afuega el pitu.
Hasta
aquí escasos cuatrocientos metros. Tenemos que apurarnos para coger altura de
verdad. Seguimos cuesta arriba desviándonos del sendero que llevábamos. La
subida es buena y tendida. A cierta altura abandonamos el monte bajo para
entrar de nuevo en el bosque, ahora serbales y hayas. Gran variedad de setas.
Estamos a unos mil quinientos. El sendero se prolonga durante varios kilómetros
hacia el norte. Cierra el valle por el sur toda la Cuerda de San Justo, con el Pico
Cabañas, la Peña Grande,
el collado la Muesca y la
Curriecha. Cumbres a los que algún día
tendremos que ir a echar un vistazo, pues tienen muy buena pinta.
Varias
paradas para fotografiar setas, sobretodo corras de amanitas y de micenas. Los
servales tienen sus frutos rojos y las ramas envueltas en líquenes. El
contraste es brutal. Por fin salimos a un claro desde el que se ve cerca el
Cueto Nidio y sus antenas. Hay que tomar
una decisión: bajar para volver al bosque o subir los doscientos y pico metros
que nos quedan para llegar a la cima. Finalmente todos optamos por subir. El
pico es más bien feo, con sus antenas y su olor a gasoil, pero es un
observatorio de primera de los montes de Somiedo y León: El Cornón. Los
Muxivenes, el Pico Blanco, La Crespa,
la Chana, e infinidad de
cordales más hasta perderse en la lejanía. También es una gran vista de
Villablino y del embalse de Las Rozas.
Villablino
villa muy antigua fue dotada con tal título en su carta Puebla por Alfonso X,
El Sabio. “Sepan quantos este privillegio
vieren y oyeren como nos, don Alfonso por la gracia de Dios rey de Castilla, de
Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdova, de Murcia, de Jaem e del
Algarbe, en uno con la reyna donna Violante mi muger e con nuestros fijos el
infante don Fernando, primero e heredero, e con don Sancho e don Pedro e don
Juan e don Jayme. Porque los omes de la tierra Laziana, se nos enviaron
querellar muchas vezes que recibían muchos males e muchos tuertos de caballeros
e de escuderos e de otros omes malfechores queles rovaban e tomavan lo suyo sin
su plazer. E pidierom nos merced queles diésemos un lugar qual touviésemos por
bien en que poblasen, e les otorgásemos los nuestros regalengos e los nuestros
derechos que aviemos en esta tierra sobredicha e que nos darían lo que
touviésemos por bien”
Bajamos
pronto para cumplir el horario previsto. La bajada la hacemos por todo el
cordal que desciende suavemente hasta la cabaña-refugio abierta y a disposición
de cualquiera. Estamos en la majada Vilforcos. Todavía tenemos que tirar otra
hora de descenso esta vez por un precioso robledal, joven a pesar de su aspecto
añoso, con el suelo tapizado de suaves hojas. Salimos a una buena pista que
desciende en suaves revueltas hasta la carretera junto a la central eléctrica
del arroyo Zarambral. Que recibe el agua por dos enormes tuberías acostadas en
la falda de enfrente. Son justo las cuatro. El horario nos ha salido de cine.
Luis
nos lleva a Robles de Laciana, un guapísimo pueblo construido casi con un belén
de montaña. La iglesia de San Xuliano, precioso ejemplar de románico rural, fue
parte de un convento benedictino. Este pueblo salió en los periódicos de este
verano porque un oso descontrolado mató a trece ovejas y despeñó a una vaca y a
su ternero. Algo excepcional. Comemos en el hotel rural. Es un local muy
agradable y pasamos un buen rato. Son las seis, hora de volver.
Nos
despedimos de Luis cambiando direcciones y teléfonos. Prometemos volver a
vernos. La Laciana ha
sido para nosotros una sorpresa muy agradable, tenemos que hacer más montaña
por aquí, ahora que tenemos un contacto. Volvemos en un suspiro oyendo cantar
los goles del Barsa. A las siete y media entramos en Oviedo.
El
dos de noviembre atacamos la cumbre más alta del Aller: El Retriñón, entrando
por Felechosa y bajando luego a Soto de Agües, excursión larga y con potente
desnivel. Si nos acompaña el tiempo podremos hacer una gran y montañera
excursión, ruta de bosque incluida.
A
partir de la próxima semana emepezamos a recoger el dinero de la campaña de
lotería de navidad. Hay tiempo de sobrar así que tomarlo con calma.
Recordad
que del 4 al ocho de noviembre es la
SEMANA DE MONTAÑA DE OVIEDO,
en el Auditorio. Y que el Grupo ha organizado las Segundas Jornadas de
Montañas en el Casino de Trubia los días 20-21-22. Ya visteis el cartel. También
está puesto en Internet.
Para
la ruta del sábado seguid llamándome a mi. Peña no está así que para apuntaros
los que no lo hicisteis el sábado pasado llamarme al 692 510 114 o al correo fresines@telecable.es , en donde
acusaré recibo de vuestros mensajes. Hasta el sábado.
FRESINES
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