16-11-2013
Algo
estamos aprendiendo: el ser constante tiene su premio. Cuando parecía que
íbamos a soportar otro sábado imposible de lluvia y frío, a tenor de todo lo
que cayó del cielo durante todo el viernes y la madrugada del día siguiente,
todo cambió en cuestión de un par de horas. Incluso cuando nos acercamos a la
vertical de Peña Mea, se ve de lejos nevadísima. Así que nos disponemos a una
ruta nevada. Bien pertrechados de ropa de abrigo que, sin embargo, no hace
mucha falta porque la temperatura aunque algo baja es muy buena para la segunda
quincena de noviembre.
Bajamos
en Covalles, exactamente junto al puente que cruza el río Caleao. El buen
camino que va subiendo en varias revueltas está cubierto de hojas de castaño y
roble. El otoño va avanzado desnudando los pocos árboles que todavía resisten.
Muy bellos en su aparente muerte. Llegamos hasta la segunda de las cabañas.
Abandonamos el sendero. Ahora la subida es pindia, pindia, a través del hayedo
monte arriba. Empezamos a pisar escarcha en abundancia. Chasquea al pisarla.
Remontamos toda la larga ladera hasta lo alto de la cresta cimera. Aquí ya es
nieve. Cuatro dedos de espesor.
Seguimos
esta cumbrera. Bajo arcos de ramas cubiertas de hielo. Un túnel de cristal como
en un poema. Llueve bajo los árboles. Van descargando su peso bajo el primer
sol del día. Los troncos chapeados de bolones de nieve. Hubo batalla campal en
esta arboleda. Está todo cubierto. Las fotos de Pablo, de Miguel y de Javier
Lavín son una declaración de intenciones: la belleza de la naturaleza, cuando
muestra su rostro amable, es superior. Poesías en foto.
Al
llegar a una gran peña el paso parece imposible. Una pequeña trepada para
auparse y subimos a un corredor largo y estrecho, que bordea la peña. No tiene
peligro porque la nieve caída es de calidad excelente. Salimos de este pasillo
para seguir en la lomera cada vez más ancha. Intuimos la silueta de la Peña
Blanca a la izquierda, borrosa en la neblina. Llegamos a la collada. La
orientación hoy es fácil porque las huellas están marcadísimas en el bosque.
Por cierto el track de Peña excelente, milimétrico. Luis reparte su bollo de
“socorro” para dar vida a los hambrientos que somos muchos. ¡Qué rico este
bollo, Don Luis!
Nuestros
compañeros se han dado maña y están hace rato en el pico. Vamos despacio tras
ellos. Hay que pasar un senderillo muy alto pero bien trazado que va sorteando
toda la crestería. Pasamos por encima de dos precipicios que caen nevados sobre
una angosta estrechura. En uno de ellos nos retiramos hace años al intentar
atravesar una pala de nieve-hielo imposible. Pero hoy si que se puede.
Avanzamos despacio pero seguido. Nuestros amigos de la cumbre ya están en la
parte baja de la larga ladera. No nos extraña que se hayan marchado porque el
cielo negro amenaza con una tormenta inmediata. Está descargando ya en la
cordillera, y también hacia la costa.
Estamos
muy poco tiempo en la cima. Lo justo para apreciar la silueta del Visu La Grande
y el pico la Senda, y la Foz de Cueva Devoyu. Se ven varios pueblos: por
supuesto Caso y La Felguerina. Salimos volando de la cumbre, bajamos volando la
ladera, da gusto deslizarse en esta blanda nieve. En el pico unos 11º de
temperatura.
Abajo
en el bosque más de 17º. Atravesamos un bosquecillo bajo por el que culebrea un
senderillo de ganado. Mal que bien salimos de él en dirección al Collado
Bustiellu. Luego ya en una serie de revueltas vamos acertando con la bajada
despreciando los evidentes caminos a La Felguerina. Breve alto en el caserío
Pereu.
Y a
bajar casi a la carrera por el buen camino de bosque que, embarrado y todo, nos
saca a la carretera, unos doscientos metros antes de la Encruciyá. Junto a la
Ermita, hay nada menos que dos bares para calmar nuestra sed. Tardamos en esta
extraordinaria aventura cinco horas y media exactas los más tardones. Animados
por los buenos paisajes que vimos, con el ramaje cubierto de hielo en la
retina, nos vamos a comer a Casa Linares, nuestra segunda casa. Aunque parezca
mentira el tiempo sigue aguantando.
Y
así termina esta grandiosa jornada montañera, que esperábamos pasada por agua y
resultó una de las mejores rutas de todo el año. El próximo día 23 tenemos una
travesía que arrancando en el pueblo de Tarna y subiendo la Cerra de Altu Pasu
llega a Ventaniella y termina en Sobrefoz. Terreno conocido. Promesa de buenos
paisajes. Lo demás lo ponemos nosotros: la amistad, el buen hacer, la
camaradería, y… los postres.
Recordad
que ya iniciamos la campaña de la lotería. También estamos apuntando para la
Cena de Hermandad. Recordad también que esta semana tenemos organizadas las II
Jornadas de Montaña del Grupo Las Xanas. Y es que nos atrevemos con todo. Por
cierto se cambió el orden y el primer día intervendrá el piloto del grupo de
Socorro del Principado, y los hermanos Madrera lo harán el segundo día
metiéndonos por barrancones y cuevas. No nos lo vamos a perder. Para todos
estos asuntos y para apuntarse a la próxima ruta podéis contar conmigo en el
692510114 o en el correo electrónico fresines@telecable.es
FRESINES
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