28
de septiembre de 2013
Se
acabó el verano. Bruscamente llegan sin avisar las primeras nubes. “Le bon
temps c’est passé”. Es hora de sacar del armario ropas de tormenta. Sin miedo
al agua subimos Tarna para acercarnos a La
Uña, en el Alto Esla. Llueve sin parar. Salimos igual.
Siguiendo el río Carcedo, paralelo a la
Sierra del mismo nombre. Pasamos los Campos de María. Vamos
subiendo de modo continuado. En el bosque hay más de un venado berrando aunque
la hora a es tardía para ellos. Potente bramido que retumba en el valle.
Pasamos
la cuadra de ganado. Hay opción a volverse por la pista que sale directa a
Polvoredo. Pero, inexplicablemente, a pesar del aire frío, del viento y la
lluvia la gente quiere seguir. Vamos subiendo las primeras revueltas del puerto
de la Fonfría. El cielo
está negro, cargado, muy amenazador. Nosotros a lo nuestro. Giramos hacía el
Este para subir al Collado Mascaredo. Un breve rayo de luz ilumina Peña Ten y
Pileñes y refulge sobre la caliza del Recuencu. Dura poco la luz está
espléndida. Saldrán buenas fotos.
El
viento intenso se ha convertido en un nuevo enemigo. Estamos en la falda de la Peña
Mora. Se empieza a subir a media ladera, subida penosa,
dificultada por las arandaneras tan densas que alguien llega a decir: “Espera,
que no hago pié”. ¡Hombre, ahorgarse entre arándanos!… Por lo menos estos
pequeños frutos endulzan la subida. Cuando ya cogemos la lomera la subida es
más liviana, aunque el fuerte viento ya ha causado la baja laboral de varios
paraguas.
Los
que llegaron primeros lograron ver hasta la ermita del Arcenorio. Pero dura
poco y la opaca niebla lo uniforma todo. No paramos mucho, el viento está
siendo desagradable. Bajamos por la cara que sigue en dirección contraria a la
subida.. La Peña Negra que pensábamos
subir quedará para otra ocasión. En la collada Valdemagán estamos algo más
resguardados. La tentación sería bajar por este amplio valle a los lejanos
pueblos de Pio y Vierdes en Sajambre. Pero como queremos bajar a Polvoredo,
tenemos que ascender algo para cruzar al valle del río. Volvemos a protegernos
en la Sierra Carcedo,
esta vez por su cara este. La bajada por el río es fácil y agradable. Estamos a
resguardo del viento y ha dejado de llover. Por la canal de la riega salimos a
la explanada donde está el Refugio. Aquí estuvimos en plena invernada intentando
entrar en calor.
El
camino serpentea entre piornedos. Hago una parada mingitoria y al incorporarme
a la senda estoy sólo. ¿Todos estos se habrán equivocado? Primera precaución
mirar la hora, segunda no desviarse del sendero. Un marcado camino sigue
adentrándose en el bosque El Jedo. Pero no baja apenas. Algo no va bien y se
impone rectificar. Busco una riega y me lanzo por ella espantando a un corzo
que tranquilo pastaba. El bosque es de una belleza apabullante. Llego a la
pista. Creo que me he adelantado. Ya sabes, te separas del grupo y enseguida
provocas una alarma. En mi reloj han pasado veinte minutos escasos. Para el
grupo que espera el tiempo se hace mucho más largo. Bien por el grupo: la
alarma funcionó. Por el móvil logramos aclararnos. Espero junto a una cabaña en
ruinas a que aparezca la tropa. Afortunadamente las reñidoras miradas se
convierten pronto en bromas. Esta vez la “viuda” se quedará sin cobrar. No pasó
nada, pero no te puedes parar ni a mear.
Seguimos
toda la pista hasta completar los 16,5 kms. Por fin la primera casa de
Polvoredo. El pueblo está solitario y silencioso. Nos cambiamos entre chubasco
y chubasco. Bajamos a comer a Casa Linares, nuestro segundo hogar. La mesa se
organiza en un momento, a pesar del gran número de vehículos aparcados. Será que
la hora es tardía, pues pasan de las cinco. Sobremesa montañera hablando de
calendarios, de posibilidades y de montañas de los Picos de Europa.
Terminamos
una jornada montañera que se prometía horrible y que luego se fue suavizando.
La constancia tuvo su premio. Llegamos a la Peña
Mora aunque no pudimos ver el espectáculo que brinda de
montañas. Al final satisfechos. Se ve que somos de buen conformar.
Para
la primera de octubre volvemos a Somiedo en ruta circular desde Torrestío. Esta
vez queremos hacer la Peña Calabazosa y el
Pico Solarco, con lo que habremos completado la cordillera que limita Somiedo y
La
Babia. Esta zona empieza a sernos muy
familiar. Y también nos suenan conocidos los chupitos de licor de ciruela del
bar de Torrestío. Saldremos en esta ocasión desde Oviedo. Inauguramos con esta
primera las rutas a través del bosque otoñal.
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