martes, octubre 01, 2013

EN LA PEÑA MORA, A PESAR DE LA BORRASCA



28 de septiembre de 2013

Se acabó el verano. Bruscamente llegan sin avisar las primeras nubes. “Le bon temps c’est passé”. Es hora de sacar del armario ropas de tormenta. Sin miedo al agua subimos Tarna para acercarnos a La Uña, en el Alto Esla. Llueve sin parar. Salimos igual. Siguiendo el río Carcedo, paralelo a la Sierra del mismo nombre. Pasamos los Campos de María. Vamos subiendo de modo continuado. En el bosque hay más de un venado berrando aunque la hora a es tardía para ellos. Potente bramido que retumba en el valle.

Pasamos la cuadra de ganado. Hay opción a volverse por la pista que sale directa a Polvoredo. Pero, inexplicablemente, a pesar del aire frío, del viento y la lluvia la gente quiere seguir. Vamos subiendo las primeras revueltas del puerto de la Fonfría. El cielo está negro, cargado, muy amenazador. Nosotros a lo nuestro. Giramos hacía el Este para subir al Collado Mascaredo. Un breve rayo de luz ilumina Peña Ten y Pileñes y refulge sobre la caliza del Recuencu. Dura poco la luz está espléndida. Saldrán buenas fotos.

El viento intenso se ha convertido en un nuevo enemigo. Estamos en la falda de la Peña Mora. Se empieza a subir a media ladera, subida penosa, dificultada por las arandaneras tan densas que alguien llega a decir: “Espera, que no hago pié”. ¡Hombre, ahorgarse entre arándanos!… Por lo menos estos pequeños frutos endulzan la subida. Cuando ya cogemos la lomera la subida es más liviana, aunque el fuerte viento ya ha causado la baja laboral de varios paraguas.

Los que llegaron primeros lograron ver hasta la ermita del Arcenorio. Pero dura poco y la opaca niebla lo uniforma todo. No paramos mucho, el viento está siendo desagradable. Bajamos por la cara que sigue en dirección contraria a la subida.. La Peña Negra que pensábamos subir quedará para otra ocasión. En la collada Valdemagán estamos algo más resguardados. La tentación sería bajar por este amplio valle a los lejanos pueblos de Pio y Vierdes en Sajambre. Pero como queremos bajar a Polvoredo, tenemos que ascender algo para cruzar al valle del río. Volvemos a protegernos en la Sierra Carcedo, esta vez por su cara este. La bajada por el río es fácil y agradable. Estamos a resguardo del viento y ha dejado de llover. Por la canal de la riega salimos a la explanada donde está el Refugio. Aquí estuvimos en plena invernada intentando entrar en calor.

El camino serpentea entre piornedos. Hago una parada mingitoria y al incorporarme a la senda estoy sólo. ¿Todos estos se habrán equivocado? Primera precaución mirar la hora, segunda no desviarse del sendero. Un marcado camino sigue adentrándose en el bosque El Jedo. Pero no baja apenas. Algo no va bien y se impone rectificar. Busco una riega y me lanzo por ella espantando a un corzo que tranquilo pastaba. El bosque es de una belleza apabullante. Llego a la pista. Creo que me he adelantado. Ya sabes, te separas del grupo y enseguida provocas una alarma. En mi reloj han pasado veinte minutos escasos. Para el grupo que espera el tiempo se hace mucho más largo. Bien por el grupo: la alarma funcionó. Por el móvil logramos aclararnos. Espero junto a una cabaña en ruinas a que aparezca la tropa. Afortunadamente las reñidoras miradas se convierten pronto en bromas. Esta vez la “viuda” se quedará sin cobrar. No pasó nada, pero no te puedes parar ni a mear.

Seguimos toda la pista hasta completar los 16,5 kms. Por fin la primera casa de Polvoredo. El pueblo está solitario y silencioso. Nos cambiamos entre chubasco y chubasco. Bajamos a comer a Casa Linares, nuestro segundo hogar. La mesa se organiza en un momento, a pesar del gran número de vehículos aparcados. Será que la hora es tardía, pues pasan de las cinco. Sobremesa montañera hablando de calendarios, de posibilidades y de montañas de los Picos de Europa.   

Terminamos una jornada montañera que se prometía horrible y que luego se fue suavizando. La constancia tuvo su premio. Llegamos a la Peña Mora aunque no pudimos ver el espectáculo que brinda de montañas. Al final satisfechos. Se ve que somos de buen conformar.

Para la primera de octubre volvemos a Somiedo en ruta circular desde Torrestío. Esta vez queremos hacer la Peña Calabazosa y el Pico Solarco, con lo que habremos completado la cordillera que limita Somiedo y La Babia. Esta zona empieza a sernos muy familiar. Y también nos suenan conocidos los chupitos de licor de ciruela del bar de Torrestío. Saldremos en esta ocasión desde Oviedo. Inauguramos con esta primera las rutas a través del bosque otoñal.

FRESINES

No hay comentarios: