martes, noviembre 05, 2013

EL DILUVIO EN LAS ESTRIBACIONES DEL RETRIÑON



2 de noviembre de 2013

Día de Difuntos. El color del cielo está a juego con la celebración. Todo negro. Cae agua con  intensidad a las seis de la mañana. A pesar de todo salimos. La temperatura es alta para esta época del año.

Después de la correspondiente parada en el bar de las casadielles de Felechosa, emprendemos camino por la conocida senda de la Vegalencia. Llueve suavemente. El suelo está muy resbaladizo y el barro ya es una constante durante todo el camino. A pesar de todo, la moral está alta. Un cazador está de puesto en la primera majada. Nos deja pasar pero refunfuñando. El barro hace estragos. Los resbalones frecuentes. La marcha rápida, propiciada por la buena temperatura. Un primer grupo se descuelga para seguir directos a Soto de Agües por la collada Felguera.

Somos doce los que decidimos tirar para arriba. Arrecia la lluvia. Ahora cae con fuerza. La palabra “impermeable” deja de tener sentido. Parada muy breve en la Mayá L’Oteru. Camino hacia el Noreste, siguiendo la marcada riega. Ascenso seguido que no da respiro alguno. Van las tres horas de caminar. Seguir es la cuestión. Si te paras te ahogas. Más vale seguir a hacer cumbre. Por fin, tras la cuesta pindia, pindia, se ve el monolito de hormigón. Pero no hay quien pare. El viento huracanado y frío hace muy incómodo el permanecer allí. Nos esperan unos metros más abajo aunque tampoco nada guarnecidos del temporal. Menos de un minuto en la cumbre.

El descenso está despejado y se ve con claridad toda la bajada hasta la mayá Los Pandanes, que por cierto está lejísimos y sobre todo enclavada en lo profundo del valle. Pena de vista que deberíamos haber disfrutado. Las manos ateridas por el frío recomiendan perder altura. La bajada es pronunciadísima. A pesar de todo esta gente tira a muerte. Nos vamos quedando rezagados.

-“Gracias Miguel por irnos marcando el camino de bajada”. Sorteamos las primeras rampas en las que un patinazo nos haría volar. Las raíces mojadas de los arándanos y las de urcias, las piedras lavadas por el temporal, el barro omnipresente, todo son obstáculos para un descenso más rápido. En las zonas peladas de hierba los patinazos sobre la tierra suelta son históricos. Muy pocas caídas, frenando con tobillos, rodillas y bastones. Las rodillas empiezan a quejarse. Las botas son dos piscinas en las que el pié inestable juega con la pendiente.

Agotador. Nos esperan junto a los corros de piedra. Están helados, es visible. –“Gracias, pero tirad para adelante”. Nuevo y vertiginoso descenso por el valle. Ahora está bastante más practicable. El camino va descendiendo paulatinamente hasta desembocar en la Majada Los Pandanes. Aquí pedimos un respiro, por lo menos tiempo para sonarse la nariz. Nos da la risa, de verdad. La gente arranca pensando en la eternidad que todavía queda. Hasta el Retriñón le echamos tres horas y tres cuartos, no está mal. Hasta aquí otra hora y media. Nos deben quedar alrededor de dos horas y media más.-“Que está lejísimos oyes”.

Sin perder la moral. Vuelve a llover ya prácticamente todo el tiempo aunque la temperatura es suave. Entramos en Les Cuestes, por donde debe andar la mina Carmen que tuvo una importancia enorme en la zona, tanta que se trazó el tren de Laviana, La Campurria, para dar salida al mineral de hierro. Me gustaría ir a verlo, pero no desde luego hoy. Las rodillas cantan demasiado a estas alturas.

La travesía del bosque es muy hermosa pero me temo que hoy no la estamos apreciando mucho, la fatiga y el mal tiempo tendrán la culpa. Descendemos por la vueltona del camino que acaba en el recodo del arroyo Argamosu. Se cruza como se puede, es decir metiéndote en el río para más seguridad. El siguiente accidente es cruzar la riega Los Negros, crecida de aguas, resbaladiza, traidora.
¿Cuánto faltará todavía? Se está haciendo muy largo este pateo. Bajamos por el Cantu la Vega y salimos al puente sobre el río Alba. Que bien. Estamos cerca. Sólo cinco kilómetros más. Vamos dejando los desvíos que a nuestra izquierda nos llevarían al Corbelloso, al Cogollo y al Guanalón. El paso por la foz está cerca. Ya se huelen las truchas de la piscifactoría. La buena conversación es la que mantiene los ánimos. Olvidarse del dolor en las rodillas. Por fin el lavadero y las primeras casas. Son las seis de la tarde. Para nosotros tres la ruta duró ocho horas y pico. Los otros llegaron hace más de media hora. A pesar del temporal el aparcamiento está bastante lleno, incluidos dos autocares de locos montañeros. Comemos en uno de los bares de Soto. Reponemos fuerzas, que estuvo bien: 1259 metros para subir, mil quinientos setenta y ocho para bajar. Y Una travesía de 18,5 Km. ¡Puf!

A pesar de todo lo sufrido la valoración que hacen mis compañeros de la ruta es altísima, casi de 9. Yo en estas circunstancias he disfrutado poco, está claro, pero me prometo volver con mejor tiempo y algo más de luz.

El sábado que viene volvemos al bosque. Es un descenso que ya hizo el grupo en más de una ocasión: atravesar el monte de La Puerca, empezando en el puerto Ventana, pasar por los Corros de las Cadenas, y atravesando el hayedo y luego el robledal aterrizar en la Villa de Sub, y bajar luego a Páramo. Yo la recuerdo como una de las excursiones más bonitas que hice en mi vida.

Recordad que el día 4 empieza la Semana de Montaña de Oviedo, y que dentro de muy pocas fechas tendrán lugar las II Jornadas de Montaña del Grupo Las Xanas. Recordad también que es una norma del grupo aprobada en Asamblea, que se cobrará el precio del autocar cuando no haya una causa justificada de ausencia. Y otra cosa más estamos empezando a recaudar para comprar la lotería de Navidad. Os veo en Teverga.

FRESINES

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