2 de
noviembre de 2013
Día
de Difuntos. El color del cielo está a juego con la celebración. Todo negro. Cae
agua con intensidad a las seis de la
mañana. A pesar de todo salimos. La temperatura es alta para esta época del
año.
Después
de la correspondiente parada en el bar de las casadielles de Felechosa,
emprendemos camino por la conocida senda de la
Vegalencia. Llueve suavemente. El suelo
está muy resbaladizo y el barro ya es una constante durante todo el camino. A
pesar de todo, la moral está alta. Un cazador está de puesto en la primera
majada. Nos deja pasar pero refunfuñando. El barro hace estragos. Los
resbalones frecuentes. La marcha rápida, propiciada por la buena temperatura.
Un primer grupo se descuelga para seguir directos a Soto de Agües por la
collada Felguera.
Somos
doce los que decidimos tirar para arriba. Arrecia la lluvia. Ahora cae con
fuerza. La palabra “impermeable” deja de tener sentido. Parada muy breve en la Mayá
L’Oteru. Camino hacia el Noreste, siguiendo la marcada riega.
Ascenso seguido que no da respiro alguno. Van las tres horas de caminar. Seguir
es la cuestión. Si te paras te ahogas. Más vale seguir a hacer cumbre. Por fin,
tras la cuesta pindia, pindia, se ve el monolito de hormigón. Pero no hay quien
pare. El viento huracanado y frío hace muy incómodo el permanecer allí. Nos
esperan unos metros más abajo aunque tampoco nada guarnecidos del temporal.
Menos de un minuto en la cumbre.
El
descenso está despejado y se ve con claridad toda la bajada hasta la mayá Los
Pandanes, que por cierto está lejísimos y sobre todo enclavada en lo profundo
del valle. Pena de vista que deberíamos haber disfrutado. Las manos ateridas
por el frío recomiendan perder altura. La bajada es pronunciadísima. A pesar de
todo esta gente tira a muerte. Nos vamos quedando rezagados.
-“Gracias
Miguel por irnos marcando el camino de bajada”. Sorteamos las primeras rampas
en las que un patinazo nos haría volar. Las raíces mojadas de los arándanos y
las de urcias, las piedras lavadas por el temporal, el barro omnipresente, todo
son obstáculos para un descenso más rápido. En las zonas peladas de hierba los
patinazos sobre la tierra suelta son históricos. Muy pocas caídas, frenando con
tobillos, rodillas y bastones. Las rodillas empiezan a quejarse. Las botas son
dos piscinas en las que el pié inestable juega con la pendiente.
Agotador.
Nos esperan junto a los corros de piedra. Están helados, es visible. –“Gracias,
pero tirad para adelante”. Nuevo y vertiginoso descenso por el valle. Ahora
está bastante más practicable. El camino va descendiendo paulatinamente hasta
desembocar en la Majada Los
Pandanes. Aquí pedimos un respiro, por lo menos tiempo para sonarse la nariz.
Nos da la risa, de verdad. La gente arranca pensando en la eternidad que
todavía queda. Hasta el Retriñón le echamos tres horas y tres cuartos, no está
mal. Hasta aquí otra hora y media. Nos deben quedar alrededor de dos horas y
media más.-“Que está lejísimos oyes”.
Sin
perder la moral. Vuelve a llover ya prácticamente todo el tiempo aunque la
temperatura es suave. Entramos en Les Cuestes, por donde debe andar la mina
Carmen que tuvo una importancia enorme en la zona, tanta que se trazó el tren
de Laviana, La Campurria,
para dar salida al mineral de hierro. Me gustaría ir a verlo, pero no desde
luego hoy. Las rodillas cantan demasiado a estas alturas.
La
travesía del bosque es muy hermosa pero me temo que hoy no la estamos
apreciando mucho, la fatiga y el mal tiempo tendrán la culpa. Descendemos por la
vueltona del camino que acaba en el recodo del arroyo Argamosu. Se cruza como
se puede, es decir metiéndote en el río para más seguridad. El siguiente
accidente es cruzar la riega Los Negros, crecida de aguas, resbaladiza,
traidora.
¿Cuánto
faltará todavía? Se está haciendo muy largo este pateo. Bajamos por el Cantu la Vega y salimos al puente sobre el río
Alba. Que bien. Estamos cerca. Sólo cinco kilómetros más. Vamos dejando los
desvíos que a nuestra izquierda nos llevarían al Corbelloso, al Cogollo y al
Guanalón. El paso por la foz está cerca. Ya se huelen las truchas de la
piscifactoría. La buena conversación es la que mantiene los ánimos. Olvidarse
del dolor en las rodillas. Por fin el lavadero y las primeras casas. Son las
seis de la tarde. Para nosotros tres la ruta duró ocho horas y pico. Los otros
llegaron hace más de media hora. A pesar del temporal el aparcamiento está
bastante lleno, incluidos dos autocares de locos montañeros. Comemos en uno de
los bares de Soto. Reponemos fuerzas, que estuvo bien: 1259 metros para subir, mil
quinientos setenta y ocho para bajar. Y Una travesía de 18,5 Km. ¡Puf!
A
pesar de todo lo sufrido la valoración que hacen mis compañeros de la ruta es
altísima, casi de 9. Yo en estas circunstancias he disfrutado poco, está claro,
pero me prometo volver con mejor tiempo y algo más de luz.
El
sábado que viene volvemos al bosque. Es un descenso que ya hizo el grupo en más
de una ocasión: atravesar el monte de La
Puerca, empezando en el puerto Ventana, pasar por los Corros
de las Cadenas, y atravesando el hayedo y luego el robledal aterrizar en la Villa de Sub, y bajar luego a Páramo.
Yo la recuerdo como una de las excursiones más bonitas que hice en mi vida.
Recordad
que el día 4 empieza la Semana
de Montaña de Oviedo, y que dentro de muy pocas fechas tendrán lugar las II
Jornadas de Montaña del Grupo Las Xanas. Recordad también que es una norma del
grupo aprobada en Asamblea, que se cobrará el precio del autocar cuando no haya
una causa justificada de ausencia. Y otra cosa más estamos empezando a recaudar
para comprar la lotería de Navidad. Os veo en Teverga.
FRESINES
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