martes, marzo 27, 2012

ESPLÉNDIDO DIA EN EL CAMINO REAL DE LA MESA

24 de marzo de 2012

Día esplendoroso de sol. Todo despejado. Desayuno en el Hotel Cela de Belmonte. Buen día para practicar la vieja y desusada manía de caminar. El Autocar sube hasta Llamoso. Mejor dicho una revuelta antes junto a las ruinas del molino. Dos kilómetros menos que andar; por la tarde lo agradeceremos bastante. En Llamoso viven veinticinco personas. En sus alrededores se descubrió hace poco una necrópolis tumular y una extraña imagen femenina de cultos astures muy antiguos. También es curioso un gran agujero de 25 metros que hay en las inmediaciones: El Pozo Las Glayas.

Al atravesar el pueblo contamos hórreos y paneras. La cuenta sube a once. La fuente es bien antigua: está fechada en 1898. Por la parte alta del pueblo sale un camino empedrado a la derecha, en muy buen estado de conservación. Unos árboles caídos nos impiden seguir por la calzada y la solución a la “xana” es tirar monte arriba. Pasado el arrebato volvemos disciplinados al buen camino que poco a poco tira para arriba sin margen para el respiro.

Varias revueltas amplias nos acercan a una balconada desde la que vemos la aldea allá abajo rodeada de todos los verdes de la primavera. Al oeste está la Sierra Manteca y el pueblo de Carricedo, ruta 19 de la senda que recorre Asturias de punta a punta. También se distingue con claridad La Penouta y la Pica Montovio con su airosa antena. Superando la cuesta llegamos hasta el poste indicador que señala el PR- 101, la bajada a Dolia y la subida a Villamayor, distante cinco kilómetros y medio. Hemos superado la cuestona. Hace calor pero por lo menos corre el aire.

Llegar a Porcabezas es un juego de niños porque no deja de ser una pandona entre otras muchas que ondean suavemente el terreno. Tardamos dos horas hasta aquí subiendo setecientos treinta y ocho metros. Este es un buen observatorio de cumbres. Desde la desembocadura del Nalón hasta El Barriscal del Aramo, todas las cumbres nevadas a golpe de vista: El Cornón, el Puerto de San Lorenzo, El Ferreirúa, La Ubiña... y tantos y tantos más. Arde un gran fuego detrás de la Sierra de Begega. Se ven unos cuantos penachos de humo más. Dos avionetas sobrevuelan los fuegos. Por la tarde nos cruzaríamos con una dotación completa de bomberos corriendo hacia alguno de los muchos focos vivos. Por delante de la Sierra de Begega se aprecia con toda nitidez el sendero de gran recorrido que sube a Boinás por Carricedo.

Dejamos la tarjeta en el modesto buzón de la modesta cumbre. Bajamos al Camín Real de la Mesa. No hay otro paso en Asturias con más historia que este. Los romanos ya lo utilizaron en cuanto supieron que por los alrededores había trazas de oro en los ríos. Alguien tiene la tentación de bajar a Grao andando desde aquí. Que le aproveche, aunque para Las Xanas todo es ponerse. Si siguiéramos hacia el Sur acabaríamos en la Bagaragaña y la Berza.

Total que estamos en el valle. Para volver a subir al Alto del Mouro desde el que se ven los alrededores de Grau. Descendemos de nuevo. El valle está cruzado de pistas ganaderas. Todo está muy plácido en la distancia. Nueva panda que subir: Espinapata de 1008. Tenemos al Oeste el Caldoveiro y el Lobiu. Bajamos a la pista que comparte el Camino de la Mesa y la etapa 18 de la Gran Ruta “Asturias Interior”. Continuo sube y baja. Ahora con premio. Nos acercamos a Dolia. Aprieta el calor y el bar umbrío nos regala con un refrigerio. Estamos un buen rato de cháchara. Son las dos y veinte y hay que pensar en bajar a Belmonte de Miranda, un vertiginoso descenso. Renunciamos al pico Serranta o Matacaleao porque se echo el tiempo encima. Sin embargo, ¡oh contradicción! unos cuántos nos animamos y, agradeciendo la constante brisa tiramos hacia el pico Cervera de 886. Pero una cumbre se interpone en el camino. Es el Alto de la Cueva del Torno de 984.

Es una cresta recortada y con poca continuidad en su recorrido. Perfecta para un montañero. Allá vamos. Trepadas breves, siempre asegurando. Cumbre sin buzón. Vista privilegiada de Belmonte en escorzo. Volvemos al collado. Todavía hay moral para subir al Cervera que no ofrece ninguna dificultad. Muy buena vista de todo el valle del Pigüeña. Una curiosidad: El 20 de junio de 2011 fue avistada aquí una osa con dos esbardos que probablemente huían de un macho celosón. Los esbardos tenían entonces unos cinco meses. El instinto del macho es matarlos para que la hembra se ponga en celo. Hubiéramos dado algo por verlos. También hubo aquí una fortificación medieval para vigilar la entrada al profundo tajo del Pigüeña.

Se impone bajar rápidamente. Bajamos por la derecha hacia el Llanón. (la bajada oficial era por la izquierda, ¡punto para Manuel!). Buscamos el camino que tiene que bajar por el bosque hasta el arroyo Covasil. Este nos acerca a Tibós y Tablado. Por cierto es un camino precioso, tapizado de hierba, sombrío, rumoroso por el arroyo cantarín. Hora y cuarto hasta Belmonte.

Salimos a la margen derecha del Pigüeña. Aquí estuvo el Convento de Santa María de Lapedo (“La villa Lapideum). Debió imponer a los aldeanos férrea disciplina, que incluía el permiso del abad para poder casarse. El caso es que no quedó ni una sola piedra de la edificación original. No debía gustarles mucho tanta servidumbre. Cruzamos el puente. Nos esperan en el Hotel. Todo ha ido muy bien. Son las cinco y cuarto. La ruta fácil en principio ha sido del tipo sube-baja continuo, lo que requiere gran esfuerzo. Pero el día ha estado simplemente genial. Estamos en jornada de reflexión. Y ni siquiera eso logrará empañar nuestra alegría.

Sábado 31: Vega Sebarga- Espinu. Collada Trebandi. Cormelón- Cogolla. Pico Ciprón- Cangas de Onís. Terreno conocido y con muchas posibilidades. Que el tiempo y los amigos nos acompañen.

FRESINES

lunes, marzo 19, 2012

LA XAMOCA ENVUELTA EN NIEBLA. PERO LLEGAMOS HASTA ARRIBA

17 de marzo de 2012

Ya estábamos al tanto de que este fin de semana la sequía, por lo menos en el Norte, se terminaba. Pero te lo lees y no te lo acabas de creer porque amaneció con sol y temperatura alta.

Subimos desde El Condado tal como venía marcado en el calendario de ruta. Hasta L’Aldea por un camino tradicional evitando la siempre monótona carretera. Al final salimos a ella. En la Aldea pasamos delante de la Casona de los Menéndez, del siglo XVI que es Monumento Histórico Artístico. Tiene una inscripción solemne: “Por la Ley y por el Rey”.

En lugar de seguir por la margen derecha del río en la pista que nace junto a la iglesia de San Esteban (PR-59), elegimos una buena senda que en continua y muy llevadera subida nos dejaría en la pista de la margen izquierda del arroyo de la Arganosa. Una hora y media más tarde y habiendo subido ya 496 metros, cruzamos por encima de la tubería de los Arrudos que abastece a la sedienta Gijón. A lo mejor sus habitantes ignoran que esfuerzo se tubo que realizar para aportar agua de calidad a esta aldea de la costa. Pocos minutos después nos situamos en la braña Carrascal por la riega del mismo nombre en la que hay muy buenas cabañas.

Ahora, torciendo a la derecha nos metemos bajo la falda inferior de la Peña Blanca y del Bustellín. El clima está cambiando a gran velocidad. El viento cada vez es más frío. Subimos por la Campa La Braña y buscando un sendero superior entre cotoyas a la Collada Saús. Han pasado dos horas y cuarto desde que empezamos. Se subió con comodidad y ritmo. Este último tramo ha resultado más duro por lo empinado.

En la Collada hay que abrigarse. La niebla al llegar nosotros es ligera. Pero se va espesando por momentos. El pico completamente cubierto. En una ráfaga de aire vemos el canal de subida. Decisión: ¡Hay que seguir! Y allá vamos. Entrando por la canaliza que resulta ser tramposa con las gotas de agua que empiezan a caer. Hay una curva muy marcada a la izquierda para esquivar el farallón. El terreno obliga a trepar, a agarrarse a la hierba dura. Hay que tener cuidado con la piedra suelta. Alguna vuela. Pasamos un primer patio muy inclinado hacia el abismo. Afortunadamente ahora dejó de llover.

La orientación funciona en estos casos a base de voces. Se ve muy poco. Un segundo patio muy pronunciado aunque hay buen paso por la roca viva. “Angel ¿tenemos que volver por aquí?”. “Claro que no, respirai tranqui”. Llovizna. La hierba muy resbaladiza. Asegurándonos bien en una hora estamos en la cima. Todo tapado. El día no está para bromas. Es mejor bajar pronto. Y seguimos el PR-123, marcadísimo en cada vericueto. Nunca habíamos pasado por una ruta tan señalada. Es imposible perderse aunque confluyen varías sendas. Atravesamos el fayedo que cuenta con enormes ejemplares.

Bajamos por el camino más directo posible. Llueve intensamente. Bajo la línea de alta tensión entramos por la senda que lleva a Llagos. Haciendo honor a su nombre la charca está repleta. El bosque ahora es un robledal reciente, entremezclado con castaño. Bajamos a buena velocidad. Los tramos hormigonados sirven de peralte para nuestras mojadas botas. A pesar de todo, la buena conversación entretiene el paso acompasándolo al del compañero de al lado.

A la vista Campiello. Parece abandonado bajo el aguacero. Su capilla dedicada a San Nicolás de Tolentino es de 1673. No da mucho el tiempo para hacer turismo. Así que a la carretera, a salvar el kilómetro y medio que queda para llegar a Rioseco. El asfalto se acomoda poco a nuestras botas. Pero en fin, dura poco. Salimos por la parte alta del pueblo, en camino que lleva a Espinos y que nos hubiera servido para llegar hasta ahí de haber contado con un día más propicio.

Nuestro único comentario al llegar empapados a cambiarnos es que hay que volver a poner esta ruta para el año próximo porque tienen que verse unas extraordinarias panorámicas, que hoy nos han estado prohibidas. Ya secos vamos al bar a mojarnos algo por dentro. Y de ahí a la Pumarada con un ambiente muy agradable en la comida.

Y cosa notable. Volvemos en el bus y cada grupo a lo suyo. No hay esa batahola habitual. ¿No será que faltaba una pareja de Trubia que lo lía todo? ¿O son nuestros jóvenes irlandeses, esos inventores de los gusiluz que brillan en la alcoba? Nos estaremos volviendo unos sosos...

Para animarse a viajar con las Xanas, el periódico del domingo afirma que hay que reivindicar (“Walk 21”) el viejo arte de caminar sin rumbo, como protesta ante las máquinas que lo invaden todo con su soberbia. Pues nosotros tenemos el culo pelao de caminar como para quejarnos de que todo está repleto. Y además dicen que eso es la modernidad. ¿Pues va a resultar ahora que de tanto patear somos unos modernos de tomo y lomo?

Para seguir con nuestra protesta caminando, pero con rumbo: el que tenemos el próximo día nos llevará al Pico Porcabezas, pasando por las Peñas Negras y los Picos Espinapata y Serranta. Desde ahí bajaremos a Belmonte, ochocientos catorce metros más abajo, después de haber seguido varios tramos del Camín Real de la Mesa en la zona de Dolia. Puede ser una interesante “reivindicación”.

FRESINES

viernes, marzo 16, 2012

INTERESANTE RUTA LA ASCENSIÓN A LA PEÑA VIGUERAS

10 de marzo de 2012

Ambiente más que primaveral. El madrugar tiene su recompensa. Hacia el puerto Ventana está totalmente despejado. Sube el autocar los 4 kilómetros que separan Páramo de la braña La Puerca, antigua venta. Ahora existe un buen aparcamiento. Hace dos años te pasabas con toda facilidad esta entrada y había que ir pendiente de que el cuentakilómetros marcara exactamente 4,2.

Hoy La Puerca es la grandiosa entrada de una ruta para escolinos en lo que han dado en llamar “Aula Didáctica de Monte Grande”. La excursión tiene todos los atractivos posibles. Lo que no entendemos es esa horrible construcción de madera de unos trescientos metros para que puedan pasar sillas de ruedas. Pero bueno ¿y los cinco kilómetros siguientes ya no deben hacerlos los minusválidos? ¿A quién se le ocurrió semejante idea? Podrían, siguiendo con la cultura del despilfarro, haber prolongado este acceso hecho de tablones tratados, hasta las mismas Navariegas. Qué fácil es gastar el dinero de todos en chorradas y montajes. .

Con estas cosas vamos conversando, mientras atravesamos el magnifico hayedo de Monte Grande. En los claros del bosque al fondo la Foz de La Estrechura entre la Peña Vigueras y el Monte Candepuerca, calizas horadadas por el río Páramo, que dejan grandes hondonadas y muy poca vegetación arbórea a la vista. Desde la distancia parece imposible hacer pasar por allí ni un simple camino carretero. En la fuente de Las Vallinas nos informa el panel allí colocado que allí acudían los leprosos de alguna malatería cercana a beber a la fuente. En las poblaciones no les dejaban hacerlo. Por aquí pasó también Jovellanos en 1794 camino del puerto Ventana cuando buscaba caminos accesibles a la meseta. Otro panel enseña a los nenos que el abedul, tan abundante antes en Asturias era utilizado para combatir las fiebres.

Por la fácil y agradable pista que además va en descenso llegamos a enfrentarnos al río La Verde, un sitio totalmente mágico. Ahora han colocado un puente de troncos. Antes cruzábamos como podíamos. Nos encontramos en un lugar llamado La Firbiencia, antiguo puesto de acecho de los cazadores de osos. En la vaguada se juntan el Monte Grande y el Monte Braniella mucho más fracturado que desciende desde la Peña El Aguil.

El nombre es de Xiblo no ha sido puesto por casualidad. El ruido de la cascada se come todos los demás sonidos del bosque. Entrando por la margen contraria del río, tras cruzar el rústico puente, y a unos trescientos metros hacia arriba está la cascada, en realidad su segundo y tercer tramo de caída. Para ver el desplome de agua entero hay que subir todavía más. El fragor del agua lo llena todo, el agua hierve entre las rocas y cayendo en polvo nos deja helados. Creíamos que con la falta de lluvia el río tendría un hilillo de agua, pero el deshielo primaveral es un acontecimiento en uno de los tres saltos de agua más grandes de Asturias. Esta cola de caballo y salva un desnivel de unos 200 metros. Una maravilla de la naturaleza. Qué rincones más bellos conserva Asturias. Qué fuerza de atracción tienen los paisajes teverganos.
Volvemos sobre nuestros pasos para seguir la pista que baja a La Focella. A 1092 m. de altitud. En realidad hasta aquí no hemos hecho más que descender. Han pasado hora y tres cuartos desde que empezamos en La Puerca. Paramos un ratito junto al notable texo de La Focella. La fuente del pueblo está dedicada a D. Tomás Alonso y está datada en 1948. Es una buena cantería de piedra. Esta fuente brota tan fría que a alguno se le olvida que llevaba mochila. Salimos por el lado opuesto del pueblo. La pista está muy bien señalada.

Páramo, Villa de Sub y La Focella integraban el Privilegio, concedido por Bermudo III en 1033, por el cual toda persona nacida en este territorio debía ser considerada noble y libre de tributo, con la condición de mandar celebrar una misa todos los años por el alma de Alfonso V. Este Privilegio duro hasta el siglo XIX. Mientras tanto toda la comarca fue un concejo independiente con ayuntamiento y escudo propios, incluso con su cárcel comarcal.

Salimos de La Focella. Nos topamos con una laguna glaciar bien antigua. Aquí el terreno es cuarcita ordovícica que forma suelo con conglomerados de cantos verdes por los líquenes (esta es la prueba para distinguir la cuarcita de la caliza). La laguna fue desecada a principios del XX para “sanear” el terreno. Una auténtica pena que nadie se plantee cerrar el desaguadero y construir un pequeño aliviadero. Sería una fuente formidable de vida. Y un atractivo turístico parecido a los lagos de Somiedo. Afortunadamente unos patos se han adelantado a la idea y ya están criando entre cañaverales.

Las charcas del camino están repletas de huevos de la puesta de las ranas, madurando al sol. Bulle la vida por todas partes. El buitre nos sobrevuela. Subimos por la pista hasta las antenas de telefonía. Luego sigue una cota de escobas y gorbizos. Por la senda de la cumbrera pasamos a la antecima. Trepando por las calizas y subiendo los escalones estamos arriba. ¡Qué maravillosa vista! La Plaza, San Martín, Marabio, Alesga, Carrea, el Santuario de Cébrano y la Siella por el norte. Cantidad de cimas en las que las Xanas ha posado su bota. Por el sur es para quedarse horas mirando: La Sobia, la pista de Trobaniello, El Campu Faya y todo el grupo de los Huertos y las Ubiñas. El Ferreirúa y Pico El Ágil, qué gozada de día, qué bien situada está esta cumbre.

Bajamos por el mismo camino hasta la pista camino de Torce, para abandonar la pista en una ramificación a la derecha. Ahora tratamos de seguir por todo el cordal hasta San Salvador de Alesga. Al principio el sendero está muy marcado, luego se va perdiendo por el bosque. Cuando llegamos a la cumbre final del cordal, se puede ver Fresnedo. No está clara ninguna posibilidad de bajada. Pero confiamos en los guías que se tienen la ruta muy estudiada. Así que destrepamos por la derecha en unos curiosos roquedos. Les rodeamos casi completamente para empezar a bajar por el bosque hasta dar con un camino que hicieron para la construcción de los depósitos de agua. Se ven los tejados de San Salvador de Alesga. Hay un carril bici dibujado en la carretera. La fuente de fresquísima agua alivia nuestra sed.

Para llegar al autocar todavía tenemos que seguir otro medio kilómetro más hasta el museo de la Prehistoria, donde está aparcado. El bunker de hierro puede ser prehistórico pero más me parece de la primera guerra mundial. Acabamos la ruta. En San Martín están con las jornadas de invierno y el jolgorio carnavalero. Un día muy placentero.

Para el sábado 17 seguiremos el itinerario siguiente: El Condau- L’Aldea- Collada Saus- Pico La Xamoca- Collada Ricau- Collada El Arcu- Campiellos- Riosecu , con salida a las 7,30 de San Andrés. Ojalá sea un día tan fantástico como este en el que subimos al Pico Vigueras.

FRESINES

miércoles, marzo 07, 2012

CON UNA PERSPECTIVA DEL CASAÑO A VISTA DE PÁJARO DESDE CABEZA DUBIA

3 de marzo de 2012

La mañana está algo revuelta. Y eso que la temperatura es bastante buena para esta época del año. Saliendo por el camping “Picos de Europa” que está en Avín, nos lanzamos por la inclinada pista de cemento que llega hasta Cueva Dubia. Podríamos haber echado un vistazo a la Cueva Avín que cuenta con tres cavidades naturales sostenidas por unas amplias arcadas, en cuyo interior apareció el esqueleto fosilizado de lo que se creyó un oso y resultó ser un coleodeonte que traducido viene a ser un rinoceronte lanudo. Esta cueva, abrigo del hombre en la prehistoria, se utilizó luego como posta, posada y hasta fragua. Hoy es el Museo de la Fauna Glacial. Con esto de las cuevas y simas recordamos que estamos entrando en un auténtico paraíso subterráneo de simas y cavidades que forman parte del maravilloso karst de los Picos de Europa.

Continuando pista arriba a fuerte ritmo llegamos junto a una cabaña y atravesando su cerco nos desviamos del PR. Llovizna débilmente. Subimos al Collado Los Buitres. La pista nos hubiera dejado en Cueva Dubia. La están acondicionando para maduración de queso, me dijeron. El río Dubia se insinúa en el fondo del valle. Pero con poco agua, las llamargas prácticamente secas.

En lo alto de la Collada vuelve a caer un fuerte aguacero que nos hace dudar sobre si es oportuno subir a la Sierra de Gustaselvín, cuyas prominencias estamos viendo en este momento. Nos dividimos en tres grupos de menos a más osados. Los primeros buscan la pista que nos devolverá a Benia, los segundos suben el pico intermedio El Cabezu de Los Herreros de 903 m. Y el tercer grupo empeñado en ser fiel a lo programado, trepa por altas hierbas al Cabezu Xateru. Es una cumbre modesta pero elegante, un anticipo de los desventíos que caen sobre el Casaño. La margen derecha de este río encajonado entre la sierra que ahora recorremos y la gran mole de la Peña Ruana. Se puede ver, a pesar de la bruma, la Canal del Picho, terrible subida, sólo apta para humanos con garduñas delanteras. Esta canal desemboca en la canal de Lerva que también se ve marcada en uno de los pliegues de la Peña.

Bajamos para volver a subir al Cabezu Los Herreros, un extra fuera de programa que nos pide el cuerpo. Ya reagrupados tiramos al Cabezu Saldania, que no deja de ser más que una pandona de fuerte desnivel. Pero que tiene su misterio porque al girar levemente al suroeste nos deja ver la maravilla del roquedo que cae casi vertical sobre el río Casaño formando un murallón que no tiene mucho que envidiar al de Amuesa en el Central. Bajada fácil pero al volver a subir a la elevación que hay más al Norte hay que sortear vericuetos de puntas afiladas y aristas cortantes, llenos de pequeñas simas tapadas por la alta hierba. Tenemos que hacer pequeñas trepadas de poca dificultad y cuando llegamos a la cumbre esta resulta ser el Cabeza Dubia de 946, cuando nosotros lo que queríamos era ir al Porru Salón de 918. Los mapas no están muy claros y cada uno marca una posición levemente distinta. Pero los altímetros y el GPS clarifican la cuestión con incuestionable resolución técnica y ¡a ver quién va a discutir con un Global Positioning System, ¿eh?!

El ratito en la cumbre lo pasamos con la mirada en Llerosos y el Jascal, y con lo que se logra ver del Cornión hoy tapado por la nieve. También destaca la casi inaccesible punta de Pandescura. Buscamos el Cabezu Texeu al que trepamos en un lejano día memorable por el mal tiempo. Desde muy arriba destaca la obra de la canal tallada del Casaño, que no se llegó a utilizar para una central eléctrica. Por ahí pasaremos en octubre si hay suerte y los puentes Llamero y de los Mineros aguantan la riada que baja imperiosa desde el Hoyo La Madre, en el corazón más salvaje y solitario de todos los Picos de Europa. Pocas esquinas de los Picos reúnen en un solo golpe de vista tal cúmulo de cumbres y valles, pocas muestran tanto poderío como estas inmensas paredes que parecen sostener todo el entramado del Cornión ellas solas.

Ya en el sendero no somos conscientes de cuanto habíamos subido. La bajada es larga. Hacemos un alto en un gracioso ojo que deja ver la vallina que hay debajo. Retornamos al sendero. Pronto se convierte en pista, recuperamos el PR que habíamos dejado y dando un amplio giro al oeste bajamos a Benia por la ancha pista hormigonada que al final se acaba haciendo pesada. En Benia de Onís vamos a comer a Casa Morán en un patio muy agradable. Como una boda, ¡oye!

La vuelta muy agitada y con gran animación. Aprendimos cómo se puede fabricar “gusiluces” brillantes en la oscuridad, y los consejos que da el poeta para lograr esta proeza. Todo muy didáctico hasta que tuvimos que pedir que por favor cesaran las risotadas, porque ¡aquí no hay quién duerma! ¿Será que seis horas de ruta son pocas y el personal acaba muy liviano? Un misterio a resolver. Seguro que tienen algo que ver las burbujas de la gaseosa.

El sábado que viene una ruta bien interesante: Por el monte Grande de Teverga subiremos hasta la cascada del Xiblo, que si lleva agua bastante nos resultará un buen espectáculo. Luego camino de La Focella, subiremos a la única dificultad del día: La Peña Vigueras. Bajaremos después por senda y pista hasta San Salvador de Alesga, donde nos esperará el autocar. La subida acumulada son unos 252 metros. Y de bajada 767. Últimamente las plazas vuelan así que apuntaros pronto.

FRESINES

JORNADAS GASTRONOMICAS DE PRIMAVERA EN TEVERGA

LOS PRÓXIMOS DÍAS 10 Y 11 DE MARZO, SE CELEBRAN EN TEVERGA, LAS XV JORNADAS GASTRONOMICAS DE PRIMAVERA.

Para el día 10 tenemos ruta a la Cascada del Xiblo y a Peña Vigueras, con final en San Salvador de Alesga y por tanto bajaremos a comer a San Martín de Teverga.

Los que estén interesados en participar de dichas jornadas, que lo comuniquen a la hora de hacer su inscripción para la ruta. Aquellos que ya se inscribieron previamente, deben hacer la solicitud a los teléfonos de contacto.

PEÑA: 985 78 51 10
FERNANDO: 692 51 01 14
LITO: 985 78 67 75 - 669 18 95 69

miércoles, febrero 29, 2012

LA COSTA ORIENTAL: DE CUEVAS DE MAR A RIBADESELLA

25 de febrero de 2012

La primavera ya se huele en el aire. Desde Nueva por la carretera subimos a los acantilados occidentales de la playa de Cuevas de Mar. El Cantábrico siempre vivo golpea contra las rocas de la punta San Antonio. Encima está la ermita del mismo nombre. Se ven cuatro puntas penetrando en el mar. En la playa, bellísima, hay varios arcos y cuevas tallados por el agua del río Ereba. Últimamente se ha instalado aquí la escuela de escalada de costa. Practican el psicobloc, nada menos.

Nuestra intención es recorrer la costa lo más cerca posible del borde, alejándonos del camino, mucho más cómodo, del PR-57. Así pues, nos metemos a los Bajos del Norte y las Canales. Al Sur está la punta Ronciello que subimos hace unos años, hermosa cumbre, mirador de lujo. Buscando senderos poco visibles nos acercamos a los acantilados de Rotelles, es un gran entrante en el mar. Desde aquí se divisan un montón de entrantes. (Hay hasta dieciocho desde Cuevas a Guadamía)

Nos acercamos a la playa de Villanueva. Desemboca en ella el río Millares. No habrá en todo el occidente una playa más tranquila, pequeña y recogida. Aquí el oleaje llega con sordina.

En la Punta Rotelles llevamos tres kilómetros recorridos. Estamos delante del islote de Horcado de Cuevas. Vimos desde arriba una sucesión de entrantes, pasillos de mar, depresiones, dolinas, arcos... todo un despliegue de elementos geológicos en los que el agua ha tallado los terrenos más blandos. Avanzamos muy despacio. Nos paramos muchísimas veces. Hoy hemos cambiado la montaña por el mar, y de verdad que es interesante.

Estamos en los terrenos de El Pando. En la Punta Espines es impresionante el “ojo de buey” que permite ver el otro lado del acantilado. El mar está relativamente tranquilo, aunque la espuma salta con fuerza tras el golpeteo de la roca. El acantilado tiene unos cuarenta metros de altura. Hay sitios en los que no nos atrevemos a posar para una foto. La roca tiene numerosos voladizos. En algunas fotos durante el temporal la espuma llega a esta altura.

Siguen los entrantes de mar. En uno de ellos está el Pozo de las Grallas de 50 metros de ancho y ciento cincuenta de largo, dividido en dos partes por un sólido puente natural de piedra. El agua corre libre por el fondo. En uno de los acantilados hay un bramador que suelta chorros de vapor al ritmo de la marea que le va llenado. El espectáculo nos deja maravillados. Ahora encontramos muchos pequeños agujeros por los que respira el mar. Entramos en el Altu de la Atalaya en la Punta Aguamía.

Inmediatamente encontramos dos grandes depresiones o cenotes, que son continuación natural del pozo de Las Grallas. El que está más al sur es el llamado “Pozu Seco”, que a pesar del nombre tiene agua. Crecen aquí unas plantas enanas pero fortísimas: los hinojos de mar que se alimentan de la misma agua salada. Agua, caliza, verde, siluetas de montañas, costa recortada: esto es sin dudar Asturias.

Unos pasos más y entramos en El Bramadoiro repleto de bocas grandes, pequeñas e incluso microscópicas por las que brota el mar. Una de ellas está viva. El aire silba con fuerza moviendo los papelillos que descuidadamente cayeron en la trampa. El bramador más grande es el Pozu de Pria de 20 metros de boca. El mar brota con tal fuerza durante las marejadas que las nidias piedras de su lado este están “mordidas” por la arena que poco a poco va ensanchando su boca. Aquí hubo hace varios años un accidente de un curioso excesivo que acabó atrapado en el imparable chorro.

Impresiona la cantidad de suciedad que “reposa” en un paraje tan bello. El aparcamiento de coches está prácticamente metido en la última línea de los “bramadores”. Había unas cadenas que impedían el paso. Fueron arrancadas en enero de 2011. Que le costaría a la gente caminar los setecientos metros que separan la costa del pueblo de Llames de Pria. Los bufones están seriamente amenazados. Todo el suelo está minado de galerías y la presión del turismo compacta todo el suelo impidiéndole respirar. Estos bufones han sido declarados junto con los de Santiuste en la Franca, y los de Arenillas en Vidiago, Monumentos Naturales de Asturias. En un museo no nos atreveríamos a tirar un papel. Aquí ¿está consentido? ¿dónde tiene la gente un poco de sensibilidad ante la belleza?

Bajamos a la playa de Guadamía, límite entre los dos concejos de Llanes y Ribadesella. Bañada por el río Guadamía, que tenemos que atravesar sin mojarnos. Con más o menos fortuna todos pasamos y trepando por el acantilado pasamos al mejor “karst” de costa de todo el mar Cantábrico. Es una trepidante sucesión de agujas contra el cielo, cortantes, en formas de oreja de elefante, con pequeños lapiaces en los laterales, y continuos joyos entre puntas. Si no se oyera el mar tan cercano parecería que estamos en la Buferrera. Nos falta todavía un montón de kilómetros de recorrido. Así que paramos muy poco en esta maravilla de maravillas. Estamos en las puntas de Tuzarrizu.

Buscando un sendero que vuelve a ser el PR-57, o a veces el llamado E-9, para mayor confusión, nos vamos alejando de nuevo por el Castro Arenas hacia la costa, siempre en la rasa. Todavía faltan nueve kilómetros a Ribadesella. Llegamos al área recreativa del Infierno. Aquí se cruzan varios caminos y cada grupo interpreta el que puede. El grupo más numeroso sale a una caleya asfaltada que está señalada como el camino de Santiago por la costa. Bordeamos varias fincas buscando un paso por la derecha. Cuando lo encontramos el grupo que seguía la costa nos hace volver a la carretera local, porque el camino por la playa de Arra no tiene paso al estar tomado por las cotollas.

Ahora queda poco pero el final de la caminata por la carretera se hace pesado. Primeras casas de la villa. En una de ellas hay un curioso azulejo con esta inscripción: “RIVADESELLA. Concejo del mismo. PARTº de CANGAS DE ONIS. PROVª DE OVIEDO”.

Cruzamos el puente. Hay varios cormoranes practicando pesca submarina. Sopla el aire. La tarde cae. Hemos empleado seis horas y media. Teníamos que haber estado más tiempo en cada sitio, pero la ruta era bastante larga y el tiempo no da para todo. Algunos nos prometemos volver a los bufones cuando el mar se ponga bravo.

Estrenamos el mes de marzo con la subida a la Cabeza Xatera y a la Cabeza Dubia entrando por Avín y saliendo a Benia de Onís. Es una excursión fácil y entretenida.

FRESINES

miércoles, febrero 22, 2012

ASCENSIÓN AL PICO CASCORBAL DESDE ACIERA

18 de febrero de 2012

Amanece despejado. Aunque el día está frío y la xelá blanquea los prados. Nos acercamos a Valdemurio. El embalse refleja todos los colores de las casas y el cielo en sus tranquilas aguas. La presa fue construida en 1968 y tiene un salto de 138 metros de caída. Este rincón quirosano es bien tranquilo y se prestaría a la contemplación si tuviéramos más tiempo. Pero no lo tenemos porque nuestra ruta de hoy empieza en Las Agüeras. Y queremos subir al pico Cascorbal, un desnivel importante de 770 metros. Subimos rápido a Aciera para entrar en calor, dejando el camino directo tomado por los artos, y nos desviamos a la izquierda por el conocido camino de El Llano que cuenta con escuela de escalada, albergue para los escaladores y una pared que se ha ganado fama en España como lugar de aprendizaje del arriesgado arte del mosquetón y el cordino. Hacia el sur destaca solemne el triángulo del Alba desde donde Senén contempla los valles que tantas veces recorrió.

Algo más arriba está el término de Pirueño por el que discurre el empedrado camino que pasa junto a los restos de la ermita de Santa Eulalia. Ya estamos metidos entre las fuertes paredes del Pico la Hoya a la izquierda y en frente el Castiellu. A ninguno de los dos aspiramos a subir hoy. El Pico La Verde y la Forcá nos traen buenos recuerdos. Fotos de concurso aquel día con los rayos de luz jugando entre la niebla. Tras pasar el bosque de fresnos estamos en lo alto de la Collá, sitio de grandes majadas y amplios horizontes. Vamos subiendo por la pista minera que sólo dejó cantos sueltos. Era una explotación de espato de flúor con varias bocaminas en esta ladera. Quedan pocos restos, algún cable oxidado. La zona de explotación tiene peligro de derrumbe por lo suelto de los conglomerados. Se encuentran por aquí buenos ejemplares de cuarzo cristalizado. Bordeamos la zona de explotación. Algunos siguen por la senda de la izquierda. La mayoría seguimos la Senda El Huertu, sendero de ganado que bordea la Peña Casavalles.

Poco a poco el senderín se va desdibujando a medida que se coge altura. Ahora ya se trata de buscar el mejor paso y con más o menos fortuna y algunas breves trepadas por la sorprendentemente buena caliza salimos a lo alto de la meseta, al final de la cual está el Pico Cascorbal con sus 1.074 metros de altura. Los más lentos hemos empleado unas cinco horas. La vista desde aquí es inmejorable. Está al oeste toda la Sierra del Gorrión, el monte más querido por Senén, luego la Sierra de Caranga con la Hoya destacando por arriba. Hacia el noroeste La Sobia por su parte trasera y la Lloral y el Buey Muerto hoy ligeramente nevados. Amplias vistas de los valles de Trubia. Cierra el círculo la Sierra de Tene bastante nevada, portentosas paredes en estratos.

Un grupo de ocho decide seguir ruta al Airúa Naval, que se alcanza rápido en un golpe de vista. Los más optimistas les garantizan una hora como mínimo de ascensión. El resto del grupo desciendo por el oeste hacia el hayedo bordeando los bloques de roca hasta llegar a la Majada Meanes. Luego hay dos atajos para evitar las odiosas pistas. El primero de ellos es camino y río a la vez. Resbala bastante y obliga a buscar las piedras menos nidias o que caen inclinadas contra el camino. Luego junto a una buena cabaña sale el segundo camino este todo él empedrado con aquel arte antiguo de conservar los caminos, vitales para las haciendas. Así hasta Tene, bonito pueblo. Todavía hay que bajar trescientos metros más por la carretera. Tomarlo con calma que los de arriba tardarán en volver.

Mientras los ocho escapados del pelotón se adentran por la collada de La Mortera d’Abaxu buscando la ascensión más cómoda al Airúa Naval. Nombre bien traído porque toda la sierra parece el espolón de un barco invertido y en el Airúa se sitúa el puesto de mando. Desde aquí la cuesta es un paredón inmenso y bastante nevado. El sol refulge en la nieve. Empezamos a subir siguiendo la misma huella. Duro trabajo del de abridor de caminos. Señales de corzo en la nieve en polvo. Hoy el hielo está ideal para hacer montañismo. Nuestro miedo es que hubiera por debajo capas de hielo que nos hubieran hecho desistir. Pero la verdad es que la nieve sujeta bastante el pie y nos aventuramos a pasar varias palas con bastante patio sin sentir miedo porque el suelo agarra. El bastón en algunas vaguadas entra hasta la empuñadura. Poco a poco vamos librando varios resaltes. Hoy son parte de nuestra cordada dos bravas chicas del Torreblanca. Salimos a la línea cimera y enseguida hacemos cumbre. El viento es helador. Totalmente complacidos con las panorámicas y con la bondad del día. Vemos Bermiego y el Pelitrón en la primera línea del nevadísimo Aramo. Dos grandes montes detrás que pueden ser El Moncuevo y el Vallongo. No nos quedamos mucho a contemplar que nos queda la tira de bajada.

Salimos por el Oeste buscando un regato que baja a la majada de Icharos. Luego sólo tenemos que seguir por el camino por el que paso el grupo hace un par de horas. Cuando llegamos a Tene pedimos auxilio: ¡Que nos manden el autocar, por favor! La verdad es que todavía nos queda otra buena hora de caminata y son ya las cinco. El pico nos ha llevado dos horas de subida y otra hora y pico de bajada. Pensamos en la gente que estará harta de esperar e impaciente por comer algo. Nos tranquilizan porque se han quedado a comer en Casa Juanín, al borde mismo del embalse. Agradecemos mucho la llegada del bus que nos quita estos cuatro kilómetros y medio de carretera. Ha sido una ruta fabulosa en su primera cumbre y la segunda nos ha llenado plenamente. La gente está en forma y eso es de agradecer en un grupo tan osado como Las Xanas. Además el día acompañó, no podemos pedir más. La vuelta con mucho cachondeo que hoy la “cobertura” se ha acercado mucho al fondo del autocar.

El sábado que viene volvemos a la costa. Empezaremos en Cuevas de Mar, magnífica playa natural. Pasaremos por los Bufones de Pría confiando que la marea nos deje ver funcionar este curiosísimo fenómeno. Acabaremos en Ribadesella. Las plazas están muy solicitadas. Vamos a pasar un buen día, seguro.

FRESINES

miércoles, febrero 15, 2012

EN LA SIERRA DEL CRESPÓN, BUENAS PANORÁMICAS DESDE EL PICO FUEYO

11 de febrero de 2012

Bella, bellísima nuestra ruta del sábado. Sobrescobio es en sí mismo una naturaleza privilegiada, abierta a multitud de horizontes, fácil de caminar por sus suaves laderas. Iniciamos esta andadura en Soto de Agües, dispuestos a hacer una ruta casi circular. Habríamos completado la vuelta si al llegar a nuestro destino volvemos de nuevo al aparcamiento de Reres, en Soto de Agües, un kilómetro y medio más.

Las casas de Soto ya merecen una visita. Que buen gusto en los arreglos de los patios y las caleyas. El pueblo espera al visitante con impaciencia, pues buena parte de su industria le llega de fuera. Entramos por la ruta del rio Alba. Para seguir correctamente esta senda, la PR-121, hay que pasar completamente la piscifactoría y, una vez superada, torcer a la derecha. Las marcas amarillas y blancas nos guiarán a lo largo de todo el trayecto. Seguimos por la pista que luego se hace sendero, superando la Collá La Espina, hasta las majadas de Navalín y Prieya. Hace mucho frío y después de subir 374 metros ya vamos más rodados. Aunque se agradece el solecillo matinal. Empezamos a tener buenas perspectivas. El pico Collargayos es una referencia obligada para situarnos en el concejo. Ahora todo está claro: el Peñón de Llagos separa las precipitadas foces del Nozalín y del Alba. Otra tajadura más pequeña es la que formó en el tiempo el río Les Bories, paso obligado para ascender al Cogollu a través de la collada Huella Les Oveyes (¡precioso nombre!).

En la huella la Fondúa los techos de las cabañas están cubiertos por una pequeña capa de nieve. Subimos al pico La Piedra, pequeña elevación que nos pilla de camino. Hemos subido 550 metros en una hora y tres cuartos sin forzar nada el ritmo. El embalse de Rusecu está turbio después de las últimas lluvias. Todavía cabe bastante más agua, aunque los responsables de la Confederación están soltando agua para evitar presión en la presa. El pueblo se refleja en su pantano. Presiden el horizonte La Xamoca, La Carba y la Collaína. Por unos estuvimos hace poco y por el primero iremos antes de que acabe el invierno.

Hace rato que nuestro andar tiene el mejor paso por encima de la tubería de agua de la Fuentona que da de beber a los sedientos gijoneses. El año pasado argayó la tubería formando una espléndida cascada. Es una impresionante obra de ingeniería que salva desniveles importantes desde el desfiladero de Los Arrudos. Llegamos a La Escrita, majada con buenas cabañas. En Rearcu el paso de la tubería se estrecha contra un saliente rocoso. Están bien fijadas las clavijas de sujeción, pero no hay cuerda alguna. Seguro que hay ganado atado con buen cordino montañero. Con precaución el paso es fácil aunque hay que evitar resbalones. Por encima nuestro sobrevuela imponente la sierra del Crespón. Recorrimos un tramo hace tres años subiendo desde Laviana. Es un terreno muy fragmentado y no se le puede perder el respeto. Estamos por fin en Llampaces. La ladera está tapizada de una fina capa de nieve.

Ahora un grupo numeroso decide subir al Fueyu o Llampaces. Sus altivos 1145 metros merecen una visita. La roca está resbaladiza y en esta ladera a la sombra se imponen los guantes. A la una y cuarto en la cima. Tres horas y media hasta aquí. Saludos al Retriñón, al Torres, al Valmartín y al Cascayón. Todas las siluetas de la cordillera relucen en su blancura. Hoy hay aquí una luz especial. Todo luce esplendente. Nos recreamos con la mirada profunda y callada del montañero. ¿Os habéis fijado en el suelo? Son minúsculos cristalitos de hielo formando puntiagudas formas, la belleza helada. Al oeste todos los valles de Laviana. Cuánto nos costó el día de la Peña Lloríu y Les Pericuetes. Este año volvemos por detrás del primer pico a las foces del Raigosu.

Dos esforzados buscan bajada directa a Llampaces. Tienen seguidores, faltaría más. Nos encontramos todos de nuevo junto a las cabañas. En descenso, cruzado el arroyuelo, entramos en un bosque de fresnos, la mayá Fresnéu. En este lugar era una actividad importante la fabricación de carbón vegetal a partir de la combustión incompleta de la madera. Subiendo el pequeño roquedo que hay detrás de la casilla, tenemos la mejor vista del Torreón medieval de Villamorey, ruina del antiguo castillo. Dicen los cronistas que esta fortificación era de origen romano, aunque fue reconstruido por Alfonso I en el siglo VIII. El airoso torreón destaca su silueta sobre el embalse, la presa y la estación depuradora de aguas. Villamorey a la vista. Todavía tardaremos un rato en llegar. Algunos bajan al Torreón por el “Mexaeru La Madalena”. Los más seguimos el pronunciado descenso que todavía quedan por bajar 373 metros. Van a dar las tres. El sendero entre fresnus y cabornos (¿visteis que algunos añosos ejemplares de hayas tenían una plaquita blanca adherida? Hay que fijarse amigos, que Peña no lo va a hacer todo).

Casi una hora después entramos en Villamorey, la aldea de las casas con corredores de madera. Nuestro premio particular a esta bien cuidada población. Seis horas de andadura, seis horas al agradable sol y al estimulante frío, seis horas respirando naturaleza. No necesitamos nada más. (Esto... sí, más felices si logramos encontrar un sitio donde nos dejen comer a los veintinueve que firmamos hoy. Nos dejan en Casa Tino, en Pola de Laviana, que anotamos para futuras visitas).

El día 18 una ruta humilde pero redonda (sobre todo porque es circular): Las Agüeras, la Collada Aciera y el Pico Cascorbal, para volver por Tene, al punto de inicio. Salimos a las 8 de Oviedo. Hay que apuntarse pronto pues últimamente nos quedamos sin plazas casi todos los sábados.

FRESINES

MAGNÍFICO DÍA EN LAS BRAÑAS DE TEVERGA

14 de enero de 2012

Ruta invernal, soleado día. Parece una contradicción pero algunos eneros asturianos son perfectos para caminar por las praderías heladas, para ver brillar el sol en el hielo de los regatos, para respirar naturaleza en un cielo limpio como pocos. Ya vendrá el invierno.

Pues eso, que amaneciendo pronto, abrigados para los dos grados de temperatura que marcaba el mercurio, empezamos la marcha en la aldea de Taja. Este lugar está enclavado en uno de los tres valles que del concejo de Teverga: Valdesantibanes por el que discurren las aguas de los arroyos de Taja, Riomayor y Estopo. Cierra este valle por el noroeste el Pico Redondo, nuestro objetivo para hoy.

Subimos todo el tiempo por pista, con ritmo marcado que está frío y hay que caminar fuerte para mantener el calor. En poco más de una hora estamos en la Vega de Cueiro. Hoy tiene amplias manchas blancas de escarcha. Llegamos hasta el panel informativo. No aparece en él nuestra meta. Surge alguna duda sobre el pico que hay enfrente y que resulta ser el Altu la Casa de 1445 m. Como nuestros compañeros vienen con más calma decidimos subir por el airoso canto. Otro grupo sigue hacia el sur por el Camín de la Mesa que viene del puerto San Lorenzo. Luego dan la vuelta y suben también al Picu La Casa con lo que medio grupo se ha marcado un extra a este gran mirador de Somiedo y las Ubiñas. Tiene buzón en forma de piolet, colocado por los Moscones de Grado. Luego bajamos rápido porque el grueso de la tropa ya está a media ladera del Pico La Berza. Es una ascensión cómoda. No deja de ser una gran pandona con la que comienza el Cordal de Porcabezas.

Allí en lo alto conviene abrigarse. La brisa que corre por las alturas es fría. Hacemos las fotos de ritual. Y salimos por el noroeste en descenso suave al valle que recoge aguas para el río Cubia que riega los altos prados de Marabio. Empieza la larga cuesta que hay que tomar con calma. Rodeamos por la derecha y en subida la Peña el Sumideru que nos tapaba el Redondo. Ahora la silueta del pico es evidente y la subida bastante fácil. Nos juntamos veintiocho personas en la cima. Desde el lejano Cornón hasta el cercano Caldoveiro en un sinfín de siluetas inabarcable. Vemos San Martín de Ondes colgado de la ladera, avanzando el profundo tajo del Pigüeña. Toda la sierra de La Manteca. ¿Os acordáis de dos excursiones que nos complicó la niebla el año pasado? El Pico Urro y el Picu L’Obiu. Con sol y claridad estamos hoy muchísimo más a gusto, y, desde luego, más secos. El horizonte tevergano está cerrado por el Oeste por la Peña Gradura y por la sierra de La Sobia, peñas que son un poco la historia misma de Las Xanas.

Bajamos con calma a las brañas de Vicenturu. Pronto encontramos el camino que nos llevará hasta Campiellu. Tenemos seiscientos metros que tirar para abajo. Es una extraordinaria senda de uña que bordeando El Cogollu va descendiendo lentamente en lazadas a la braña de Valmuerto. Un poco antes de llegar encontramos a un ojeador de la cacería. Hoy no cayó más que un jabalí, pues los lobos hacen su trabajo. La cadena de los depredadores es implacable. Son curiosos los mecanismos por los que la naturaleza se regula a sí misma. En la braña esperamos a dos tardones fotógrafos. Hablamos con Clemente de nuestro compañero y socio Jesús, y de su estado delicado de salud y de cómo lucha con tesón contra su enfermedad.

El resto de la bajada es un camino precioso, a veces metido en la ladera de la sombra, tapizado todo él de fueya caída. El sol brilla en la ladera contraria del valle, el pueblo de Riomayor refleja la cálida luz invernal. El camino entra por un bosque que en su día ardió. Quedan gruesas fayas que aguantaron el fuego como pudieron y que en la actualidad hacen cabornos o tueros huecos. Y sin embargo brotan escaños llenos de vida de su tronco vacío y quemado.

Dos revueltas más y alcanzamos Campiello. Nada más entrar hay una quinta con dos corredores, perfectamente restaurada. Detrás una preciosa casa de aldea. El pueblo está limpio. Huele a leña, las casas cuidadísimas. Hay mucho foráneo y buena plática en las caleyas. Son las cuatro y media. Vamos a San Martín a comer algo, que hay que hacer por la vida.

Para la próxima semana la ruta del programa es la siguiente: Les Cueves- Campa Llamarga- Les Haces- Pico La Collaina- Anzo y Rioseco.

Cuando estoy redactando estas líneas me avisan de que acaba de fallecer Jesús. Mi recuerdo más emocionado a mi compañero de mil aventuras. ¿Os acordáis de sus bromas y pullas constantes, el jaleo en el autocar que armaba un día sí y otro también? Como me acaban de decir por teléfono se nos ha ido un gran hombre, una buena persona y un entusiasta de la naturaleza. Cierro los ojos y veo los cabornos de la ruta del sábado: en el centro de lo quemado surge con fuerza nueva vida. Jesús, tu también has dado nueva vida, has sido generoso con todo, te has acordado de todos, has preguntado por todos. Tu grupo, Las Xanas, del que hablabas con orgullo, del que admirabas sus gotas de anarquía organizada, te recuerda hoy con un mudo homenaje a tu forma de ser tan picona, a tu alegría contagiosa, a la gran dignidad que mostraste en la larga enfermedad. Estoy seguro de que nos volveremos a ver por alguna de esas montañas del paraíso astur. Un gran abrazo Chus.

FRESINES

jueves, febrero 09, 2012

PRIMERAS NIEVES EN LA MOSTAYAL

04 de FEBRERO de 2.012

Con amenaza de temporal, como en otras ocasiones, salimos de Oviedo con termómetros bajo cero y dispuestos a disfrutar de una agradable ruta de montaña, por una de las zonas montañosas más próximas a Oviedo: El Aramo y más concretamente, La Mostayal.

Desayuno en Argame y rumbo a Campo, al lado de Peñerudes, para iniciar la travesía. La climatología, aparte de fría, parece que se mantiene con nubes y claros. En el ambiente, muchos ánimos. Al menos no llueve.

Dejamos el autocar al lado del monumento al caminante y comenzamos a caminar por la carretera que se dirige a La Boza. Caminamos entre casas y praderas y a la derecha vemos el único lienzo inhiesto de lo que fue el Torrexón de Peñerudes. Esa imagen nos acompañará por una buena parte del camino, a nada que giremos la vista atrás.

Se acaba la carretera y continuamos por una buena pista. Comienzan a caer algunos tímidos copos de nieve. Todo fue un atisbo. Duró muy poco. Al encontrar una primera portilla, seguimos por la pista que asciende, dejando otra a la derecha.

Por la derecha vemos la carretera que se dirige a Dosango y las casas de El Artoxu. En una segunda portilla, abandonamos la pista para ascender por un sendero que sale también a la derecha y se dirige a un peñón que tenemos enfrente. El sendero bien marcado y fácil de seguir, discurre paralelo al peñón hasta que realiza un giro a la izquierda alcanzando así el Llanu Cimeru. Ya comenzamos a pisar nieve.

Mirando atrás podemos ver todo el camino recorrido y el espejo del embalse de Los Alfilorios, que aplaca la sed de los habitantes de Oviedo. Ante nosotros, una horcadota al final del pindio repecho. Allí nos espera una yegua sin inmutarse ante nuestra presencia. Hay otros dos caballos con ella y ni siquiera levantan la cabeza a nuestro paso.

Enseguida llegamos a la Vega Campo donde podemos ya vislumbrar nuestra cumbre de hoy, la Mostayal. Un caballero, por lo de ir subido a un caballo, nos pregunta si vimos unas yeguas y afirmativamente le contestamos. Luego es Carrete, que raro, el que conversa con él tras llamarle por su nombre. Amistades que tiene en todas partes. Unas cabañas cubiertas de nieve, campan en la pradera hoy blanca.

Analizamos un poco el camino que nos queda por recorrer y optamos por ascender por las praderas hasta el comienzo de una pequeña canal que asciende a la izquierda alcanzando la cresta de la montaña. Así lo hacemos y por ella alcanzamos la vertiente este de la sierra, dando vistas a el Monsacro y las tierras de Morcín.

Buscamos los mejores pasos siguiendo la cresta, ya que el sendero desapareció bajo la nieve. Vemos a nuestra izquierda los restos de las cabañas de la braña La Vara y tras pasar el cantu La Vara, accedemos a la cumbre del Pico La Vara, ya a pocos metros de a Mostayal, a la que llegamos a continuación.

Dos buzones de cumbres, uno de ellos con una cruz y una hornacina con verjas y cerrada por un candado, guarda una imagen de la Virgen de Covadonga.

Las vistas son espléndidas hacia todas partes, a pesar de que casi son las mismas de las que venimos disfrutando durante la subida. Al norte tenemos el Naranco y Oviedo, donde distinguimos perfectamente la silueta del Centollu y del nuevo hospital. Más cerca nuestro, la Central Térmica de Soto de Rivera con su eterno penacho humeante. Y a nuestros pies las tierras de Morcin. A la derecha, este, el Aramo se despereza de entre las nubes, dejándonos ver la caseta y antena de la Gamonal, Por el oeste, el tajo del Foz de la Covayada, Las Xanas, nos espera y a su lado vigilante, Dosango y muy cerca Pedroveya. Más a lo lejos, la silueta blanca de nieve de La Loral destaca sobre el resto de cumbres. A su lado el Buey Muertu que parece más montaña desde esta posición. Y otros muchos lugares que ya conocen de nuestras botas.

Hace frío y ya llevamos un buen rato en la cumbre. Es hora de iniciar el descenso y lo hacemos hacia la vertiente opuesta a la que llegamos, descendiendo siguiendo las marcas del PR que nos llevan al bonito Collado de Pan de la Forca.

Con dirección suroeste se abre una foz por la que discurre el arroyo Solombria. Encontramos las trazas de un buen sendero cubierto por la nieve pero que nos facilita el tránsito por la estrecha y pendiente foz. Un bonito recorrido entre árboles cubiertos de nieve que nos conduce a las Cabañas de Acebal y de aquí, ahora ya con barro, a la braña de Gameu, donde cogemos una pista hormigonada que nos conduce directamente, en un fuerte descenso, a Pedroveya.

Un pequeño descanso y unas sidras en Casa Generosa, donde nos despedimos de Luisa y Banjul que volvían a Peñerudes donde habían dejado el coche. Abandonamos el pueblo por la carretera que se dirige a La Rebollada y junto a la Iglesia de San Antonio, con su viejo tejo, tomamos el camino que desciende por el empinado prado, dirigiéndonos al inicio de la ruta de la foz de la Covayada, también conocida como ruta de Las Xanas.

Tras introducirnos en el bosque, descendiendo los altos escalones desgastados de pasar por ellos, cruzamos un pequeño puente de madera y pasamos junto a los restos del Molino de Secundino, que cada día tiene menos estructura en pie y más basura en su interior. Seguimos la marcada vereda, en este tramo con algo de barro. Cruzamos otro puente también de madera y poco después salimos de bosque y comenzamos la zona de los altos muros de piedra, que nos recuerdan el desfiladero del Cares. Grandes profundidades en las que ruge el Arroyo de las Xanas que apenas podemos ver dada la altura y lo espeso de la maleza del fondo del barranco.

El camino es bien conocido por los asturianos y más por nuestro grupo, que no en vano tiene el mismo nombre: Las Xanas. Una placa colocada en la pétrea pared, recuerda la fecha de la fundación de nuestro grupo. Luego, ya en poco tiempo, alcanzamos la carretera de Tenebredo y Cotomonteros y a continuación el Área Recreativa de las Xanas, al lado de un antiguo molino hoy rehabilitado como vivienda. Aquí ponemos punto final a una estupenda ruta, gracias sobre todo a la nieve y a que la climatología nos respetó.

Para el próximo sábado tenemos ruta por Sobrescobio. Saldremos de Soto de Agues, para recorrer la Xerra`l Crespón, por el Camín de La Canal. Pasaremos por Les Bories, Prieta, La Piedra, Llampaces, L'Arganosa, Fresneu, El Torrexón, La Vallimaor y final en Villamorei.

JAFPA