miércoles, marzo 07, 2012

CON UNA PERSPECTIVA DEL CASAÑO A VISTA DE PÁJARO DESDE CABEZA DUBIA

3 de marzo de 2012

La mañana está algo revuelta. Y eso que la temperatura es bastante buena para esta época del año. Saliendo por el camping “Picos de Europa” que está en Avín, nos lanzamos por la inclinada pista de cemento que llega hasta Cueva Dubia. Podríamos haber echado un vistazo a la Cueva Avín que cuenta con tres cavidades naturales sostenidas por unas amplias arcadas, en cuyo interior apareció el esqueleto fosilizado de lo que se creyó un oso y resultó ser un coleodeonte que traducido viene a ser un rinoceronte lanudo. Esta cueva, abrigo del hombre en la prehistoria, se utilizó luego como posta, posada y hasta fragua. Hoy es el Museo de la Fauna Glacial. Con esto de las cuevas y simas recordamos que estamos entrando en un auténtico paraíso subterráneo de simas y cavidades que forman parte del maravilloso karst de los Picos de Europa.

Continuando pista arriba a fuerte ritmo llegamos junto a una cabaña y atravesando su cerco nos desviamos del PR. Llovizna débilmente. Subimos al Collado Los Buitres. La pista nos hubiera dejado en Cueva Dubia. La están acondicionando para maduración de queso, me dijeron. El río Dubia se insinúa en el fondo del valle. Pero con poco agua, las llamargas prácticamente secas.

En lo alto de la Collada vuelve a caer un fuerte aguacero que nos hace dudar sobre si es oportuno subir a la Sierra de Gustaselvín, cuyas prominencias estamos viendo en este momento. Nos dividimos en tres grupos de menos a más osados. Los primeros buscan la pista que nos devolverá a Benia, los segundos suben el pico intermedio El Cabezu de Los Herreros de 903 m. Y el tercer grupo empeñado en ser fiel a lo programado, trepa por altas hierbas al Cabezu Xateru. Es una cumbre modesta pero elegante, un anticipo de los desventíos que caen sobre el Casaño. La margen derecha de este río encajonado entre la sierra que ahora recorremos y la gran mole de la Peña Ruana. Se puede ver, a pesar de la bruma, la Canal del Picho, terrible subida, sólo apta para humanos con garduñas delanteras. Esta canal desemboca en la canal de Lerva que también se ve marcada en uno de los pliegues de la Peña.

Bajamos para volver a subir al Cabezu Los Herreros, un extra fuera de programa que nos pide el cuerpo. Ya reagrupados tiramos al Cabezu Saldania, que no deja de ser más que una pandona de fuerte desnivel. Pero que tiene su misterio porque al girar levemente al suroeste nos deja ver la maravilla del roquedo que cae casi vertical sobre el río Casaño formando un murallón que no tiene mucho que envidiar al de Amuesa en el Central. Bajada fácil pero al volver a subir a la elevación que hay más al Norte hay que sortear vericuetos de puntas afiladas y aristas cortantes, llenos de pequeñas simas tapadas por la alta hierba. Tenemos que hacer pequeñas trepadas de poca dificultad y cuando llegamos a la cumbre esta resulta ser el Cabeza Dubia de 946, cuando nosotros lo que queríamos era ir al Porru Salón de 918. Los mapas no están muy claros y cada uno marca una posición levemente distinta. Pero los altímetros y el GPS clarifican la cuestión con incuestionable resolución técnica y ¡a ver quién va a discutir con un Global Positioning System, ¿eh?!

El ratito en la cumbre lo pasamos con la mirada en Llerosos y el Jascal, y con lo que se logra ver del Cornión hoy tapado por la nieve. También destaca la casi inaccesible punta de Pandescura. Buscamos el Cabezu Texeu al que trepamos en un lejano día memorable por el mal tiempo. Desde muy arriba destaca la obra de la canal tallada del Casaño, que no se llegó a utilizar para una central eléctrica. Por ahí pasaremos en octubre si hay suerte y los puentes Llamero y de los Mineros aguantan la riada que baja imperiosa desde el Hoyo La Madre, en el corazón más salvaje y solitario de todos los Picos de Europa. Pocas esquinas de los Picos reúnen en un solo golpe de vista tal cúmulo de cumbres y valles, pocas muestran tanto poderío como estas inmensas paredes que parecen sostener todo el entramado del Cornión ellas solas.

Ya en el sendero no somos conscientes de cuanto habíamos subido. La bajada es larga. Hacemos un alto en un gracioso ojo que deja ver la vallina que hay debajo. Retornamos al sendero. Pronto se convierte en pista, recuperamos el PR que habíamos dejado y dando un amplio giro al oeste bajamos a Benia por la ancha pista hormigonada que al final se acaba haciendo pesada. En Benia de Onís vamos a comer a Casa Morán en un patio muy agradable. Como una boda, ¡oye!

La vuelta muy agitada y con gran animación. Aprendimos cómo se puede fabricar “gusiluces” brillantes en la oscuridad, y los consejos que da el poeta para lograr esta proeza. Todo muy didáctico hasta que tuvimos que pedir que por favor cesaran las risotadas, porque ¡aquí no hay quién duerma! ¿Será que seis horas de ruta son pocas y el personal acaba muy liviano? Un misterio a resolver. Seguro que tienen algo que ver las burbujas de la gaseosa.

El sábado que viene una ruta bien interesante: Por el monte Grande de Teverga subiremos hasta la cascada del Xiblo, que si lleva agua bastante nos resultará un buen espectáculo. Luego camino de La Focella, subiremos a la única dificultad del día: La Peña Vigueras. Bajaremos después por senda y pista hasta San Salvador de Alesga, donde nos esperará el autocar. La subida acumulada son unos 252 metros. Y de bajada 767. Últimamente las plazas vuelan así que apuntaros pronto.

FRESINES

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