lunes, marzo 19, 2012

LA XAMOCA ENVUELTA EN NIEBLA. PERO LLEGAMOS HASTA ARRIBA

17 de marzo de 2012

Ya estábamos al tanto de que este fin de semana la sequía, por lo menos en el Norte, se terminaba. Pero te lo lees y no te lo acabas de creer porque amaneció con sol y temperatura alta.

Subimos desde El Condado tal como venía marcado en el calendario de ruta. Hasta L’Aldea por un camino tradicional evitando la siempre monótona carretera. Al final salimos a ella. En la Aldea pasamos delante de la Casona de los Menéndez, del siglo XVI que es Monumento Histórico Artístico. Tiene una inscripción solemne: “Por la Ley y por el Rey”.

En lugar de seguir por la margen derecha del río en la pista que nace junto a la iglesia de San Esteban (PR-59), elegimos una buena senda que en continua y muy llevadera subida nos dejaría en la pista de la margen izquierda del arroyo de la Arganosa. Una hora y media más tarde y habiendo subido ya 496 metros, cruzamos por encima de la tubería de los Arrudos que abastece a la sedienta Gijón. A lo mejor sus habitantes ignoran que esfuerzo se tubo que realizar para aportar agua de calidad a esta aldea de la costa. Pocos minutos después nos situamos en la braña Carrascal por la riega del mismo nombre en la que hay muy buenas cabañas.

Ahora, torciendo a la derecha nos metemos bajo la falda inferior de la Peña Blanca y del Bustellín. El clima está cambiando a gran velocidad. El viento cada vez es más frío. Subimos por la Campa La Braña y buscando un sendero superior entre cotoyas a la Collada Saús. Han pasado dos horas y cuarto desde que empezamos. Se subió con comodidad y ritmo. Este último tramo ha resultado más duro por lo empinado.

En la Collada hay que abrigarse. La niebla al llegar nosotros es ligera. Pero se va espesando por momentos. El pico completamente cubierto. En una ráfaga de aire vemos el canal de subida. Decisión: ¡Hay que seguir! Y allá vamos. Entrando por la canaliza que resulta ser tramposa con las gotas de agua que empiezan a caer. Hay una curva muy marcada a la izquierda para esquivar el farallón. El terreno obliga a trepar, a agarrarse a la hierba dura. Hay que tener cuidado con la piedra suelta. Alguna vuela. Pasamos un primer patio muy inclinado hacia el abismo. Afortunadamente ahora dejó de llover.

La orientación funciona en estos casos a base de voces. Se ve muy poco. Un segundo patio muy pronunciado aunque hay buen paso por la roca viva. “Angel ¿tenemos que volver por aquí?”. “Claro que no, respirai tranqui”. Llovizna. La hierba muy resbaladiza. Asegurándonos bien en una hora estamos en la cima. Todo tapado. El día no está para bromas. Es mejor bajar pronto. Y seguimos el PR-123, marcadísimo en cada vericueto. Nunca habíamos pasado por una ruta tan señalada. Es imposible perderse aunque confluyen varías sendas. Atravesamos el fayedo que cuenta con enormes ejemplares.

Bajamos por el camino más directo posible. Llueve intensamente. Bajo la línea de alta tensión entramos por la senda que lleva a Llagos. Haciendo honor a su nombre la charca está repleta. El bosque ahora es un robledal reciente, entremezclado con castaño. Bajamos a buena velocidad. Los tramos hormigonados sirven de peralte para nuestras mojadas botas. A pesar de todo, la buena conversación entretiene el paso acompasándolo al del compañero de al lado.

A la vista Campiello. Parece abandonado bajo el aguacero. Su capilla dedicada a San Nicolás de Tolentino es de 1673. No da mucho el tiempo para hacer turismo. Así que a la carretera, a salvar el kilómetro y medio que queda para llegar a Rioseco. El asfalto se acomoda poco a nuestras botas. Pero en fin, dura poco. Salimos por la parte alta del pueblo, en camino que lleva a Espinos y que nos hubiera servido para llegar hasta ahí de haber contado con un día más propicio.

Nuestro único comentario al llegar empapados a cambiarnos es que hay que volver a poner esta ruta para el año próximo porque tienen que verse unas extraordinarias panorámicas, que hoy nos han estado prohibidas. Ya secos vamos al bar a mojarnos algo por dentro. Y de ahí a la Pumarada con un ambiente muy agradable en la comida.

Y cosa notable. Volvemos en el bus y cada grupo a lo suyo. No hay esa batahola habitual. ¿No será que faltaba una pareja de Trubia que lo lía todo? ¿O son nuestros jóvenes irlandeses, esos inventores de los gusiluz que brillan en la alcoba? Nos estaremos volviendo unos sosos...

Para animarse a viajar con las Xanas, el periódico del domingo afirma que hay que reivindicar (“Walk 21”) el viejo arte de caminar sin rumbo, como protesta ante las máquinas que lo invaden todo con su soberbia. Pues nosotros tenemos el culo pelao de caminar como para quejarnos de que todo está repleto. Y además dicen que eso es la modernidad. ¿Pues va a resultar ahora que de tanto patear somos unos modernos de tomo y lomo?

Para seguir con nuestra protesta caminando, pero con rumbo: el que tenemos el próximo día nos llevará al Pico Porcabezas, pasando por las Peñas Negras y los Picos Espinapata y Serranta. Desde ahí bajaremos a Belmonte, ochocientos catorce metros más abajo, después de haber seguido varios tramos del Camín Real de la Mesa en la zona de Dolia. Puede ser una interesante “reivindicación”.

FRESINES

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