lunes, julio 28, 2008

POR LAS CANALES DE LAS UBIÑAS

La ruta de esta semana la realizamos por las entrañas del Macizo de Ubiña, con una modesta(¿) cumbre, el Pico Colines (2.211 m) y una profunda y caótica canal, el Canalón Bajero. Nos movimos por pedregales inhóspitos rodeados de cumbres de más de 2000 metros, para alcanzar las placenteras praderías de los Puertos de Agüeria.

Comenzamos a caminar a las 9 y 20 minutos de la mañana, en el pueblo leonés de Torrebarrio. A esas horas, por efecto del sol, las Ubiñas son un paredón negro que vemos al final del pueblo en dirección noreste. Una muralla aparentemente infranqueable ya vista desde lejos y que no da la sensación de poder ser traspuesta tampoco cuando te acercas a sus muros.

Digo que salimos de Torrebarrio por la terrosa pista señalizada como “Ruta por el Entorno de Ubiña”, que nada más salir del pueblo comienza a empinarse y lo continúa haciendo hasta poco más arriba de Llandanay, que enllana un poco y donde se produce la bifurcación de la ruta normal a Peña Ubiña, a través del Collado del Ronzón, continuación de la “Ruta por el Entorno de Ubiña”.

Seguimos subiendo con un poco menos de inclinación, pero solo por un corto espacio de tiempo, ya que enseguida vuelve a empinarse la pista para pasar por La Cueña, donde casi tocamos a la Peña Ubiña y desde donde pasamos ya a los Llanos del Fontán. Una verde campera de la que brota una buena fuente, la última en este lado de las Ubiñas.

Aún seguimos durante un tiempo la pista, hasta un punto en el que un sendero sale por la derecha a remontar con rumbo a una zona terrosa de color oscuro que tenemos enfrente. El sendero e ganado camina con clara dirección norte y con el Colines puesto en el punto de mira. Poco más arriba el sendero se pierde o confunde con otros caminos de vacas pero nosotros no abandonamos la orientación en ningún momento.

Salvamos un pliegue del terreno, precisamente aquel terroso que veíamos antes de abandonar la pista y continuamos subiendo en oblicuo bajo las paredes de los Fontanes. Pasamos por debajo de la canal de acceso al Prau y la pedrera que se forma entre este y los antes mencionados Fontanes. No es necesario subir mucho. Vasta con continuar la línea que nos trazamos cuando veíamos la pica del Colines.

Pasamos bajo unas llambrias de caliza que se desprenden del Prau y comenzamos a ver la canal que baja de la Muezca del Colines, collado que se forma entre este y el Prau. Si nos paramos un poco podemos ver bajo nosotros y un poco al sur y al final de la pista, el Chozo, una cabaña situada en una pradera cerca de un bloque de piedra. Luego más a la derecha de este, un amplio collado perpendicular a las paredes de los Fontanes y poco más arriba el final de la pedrera que desciende de la Muezca del Colines. Pues bien, ese es otro de los itinerarios válidos para subir al Colines desde el lado leonés. Pero nosotros preferimos iniciar antes la subida para no tener que penar luego en la canal, compuesta de piedra suelta y fina.

Ya con la collada del Colines a la vista, vamos buscando el mejor terreno para acercarnos siempre con las miras puestas en la collada, a la pedregosa canal, que cuando nosotros la cogemos, se convierte en un repecho de hierbas y piedras fácil de superar.

Al otro lado se abre un mundo distinto. A nuestra izquierda la vertical pared del Prau y las agrestes caídas de este a los Joyos del Colines. Luego al fondo, la silueta medio cubierta por la niebla de Peña Rueda y los verdes campos de los Puertos de Agüeria a sus pies.

Pero no acaba aquí nuestro cometido de hoy y continuamos subiendo a la izquierda por la buena caliza del Colines, superando la cresta que se eleva desde la collada hasta el pico y que en ningún momento presenta dificultad alguna, salvo la derivada de la ascensión. Así conseguimos conquistar esta cumbre en la que un jito de piedras marca su cúspide.

Son estupendas las vista que tenemos desde este gran mirador. Al sur, la inmensa llanura de la Babia y las tierras leonesas. Al oeste contemplamos todo Somiedo y el sinfín de cumbres que lo cubren, Orníz, los Bígaros, Ferreirua, Ventana,... Por el norte, Los huertos del Diablo, el Ranchón, la Cigacha, Peña Rueda, los Puertos de Agüeria y Peña Arpín. Y cerrando el círculo, por el este el Prau, impresionante y en primer término, los dos Fontanes, los Foyos, el Pie Ferreru y el Fariñentu.

Nos mantenemos un buen rato contemplando el paisaje y aprovechando la buena temperatura que tenemos en esta bonita cumbre. Pero el camino que aún nos queda es largo. Cubrimos las tarjetas y realizamos las fotos de rigor y emprendemos el descenso por la cresta que desciende al noreste, dejando a nuestra derecha el profundo hueco de los Joyos del Colines. El descenso es sencillo, facilitado algún sendero del ganado que haciendo eses disminuye la fuerte inclinación. En poco tiempo nos ponemos en las praderas de la Vega del Rebezu, una explanada rodeada de altas cumbres en la que la paz y el sosiego nos invade a pesar del buen grupo de vacas que pastan en ella. Antes de llegar a la vega, giramos un poco a la derecha para ir en dirección al collado que se forma a los pies de la Cigacha, la mole rocosa que tenemos de frente y que es la última del cordal de los Huertos del Diablo. En ese lugar hay unas rocas y en ellas una mancha de pintura roja nos marca el inicio de la bajada al Canalón Bajero.

Solo tenemos que seguir los jitos para no encontrarnos con ninguna dificultad. El camino comienza en descenso girando a la izquierda y comenzando a subir un pequeño tramo. No hay problema si se quiere evitar esa subida siguiendo de frente a bajar por una factible cortada desde la que vemos el sendero que baja del punto al que los jitos nos enviaban. El sendero atraviesa un estrechamiento y continúa descendiendo bajo los paredones que se desprenden de los Joyos del Colines.

El camino está muy bien señalizado y aunque no es recomendable hacerlo si hay niebla, fijándose bien, tampoco tendría ningún problema. Al llegar a una pequeña hondonada el camino se pone vertical y debemos acometer una fuerte subida y una larga travesía entre profundas simas que se abren a ambos lados. Un sinfín de flores y plantas cubren las pedreras por las que caminamos, cubriendo el ambiente de múltiples fragancias. Hay muchas plantas de hinojo que al paso de nuestros pies se parten desprendiendo sus típicos aromas anisados, tornando el acre olor de la piedra con su dulzor.

Después de la larga travesía bajo las altas paredes de Colines y Prau, alcanzamos la parte final del Joyo Longo, profunda hondonada que se forma entre el Prau y los Fontanes y que es el abismo que contemplamos desde arriba, cuando cruzamos entre estos dos colosos. Aquí a nuestra izquierda se forma El Canalón Bajeru, profundo corte entre la Cigacha y Peña Redonda. Entre medias, al fondo del canalón y muchos metros más abajo ya vemos las verdes camperas de Agüeria.

El descenso del canalón es sencillo. Algunos lo complican ligeramente descendiendo una parte directamente deslizándose por la pedrera. Pero la bajada normal, por camino, se encuentra pegada a la pared de Peña Redonda y baja haciendo un sinfín de zigzag que parece que no se terminan nunca. Aunque se sigue sin dificultad, hay que fijarse bien, pues en algunos sitios la maleza vegetal y en otros los deslizamientos de grandes piedras, cubren tramos del sendero produciendo la confusión. Algunos jitos nos ayudan a seguirlo cuando las huellas del mismo se hacen menos patentes.

A pesar de que no es dura la bajada, se agradece llegar a las camperas. Mirando atrás podremos contemplar lo mucho que acabamos de descender.

Frente a nosotros se forma una zona más o menos cárstica que debemos evitar, pues se camina muy mal por ella. Es preferible dar un pequeño rodeo a la derecha, siguiendo los caminos empleados por el ganado y que va un poco más alta que esa zona pedregosa. Nuestro destino son las praderas que se ven al otro lado. Es conveniente no perder el camino ya que si esto ocurre es fácil que nos metamos en dificultades, pues la zona está llena de piornales que nos pueden obligar a grandes rodeos, ya que atravesarlos es muchas veces imposible.

Nuestro destino son las orillas del río que atraviesa todo Agüeria de oeste a este y que va recogiendo los múltiples arroyos que se forman a ambos lados, para convertirse primero en el Río de Foix Grande, Río Lindes posteriormente; luego Río Quirós, para finalizar siendo el Río Trubia que más tarde lleva sus aguas al Nalón.

Una vez en el río, solo resta seguir su curso por la orilla izquierda, adentrándonos ya fuera de los límites de Agüeria en un cañón donde debemos cruzar a la orilla derecha si el río va crecido, para continuar por ella hasta un nuevo cruce poco antes de que este se introduzca en la profunda Foz Grande. Como hoy el caudal es escaso, continuamos por la izquierda del río, siguiendo un marcado sendero hasta las cercanías de un bosque donde el sendero cruza el río y ya continua atravesando el bosque por el margen derecho hasta el mencionado cruce.

Una vez cruzado el río por última vez, iniciamos una subida que con lo que ya llevamos caminado, nos parece la más dura del mundo. También comenzamos a encontrar los primeros pasos embarrados. La cuesta finaliza en una pradera donde hay un indicador que señaliza el camino de Manín a nuestra izquierda y el de Lindes, de frente. Continuamos por donde nos indica y comenzamos a meternos en un continuo barrizal, en el que debemos poner todos los sentidos si no queremos perecer atrapados. Unas veces por un lado y otras por otro, vamos pasando de barrizal en barrizal. El camino se nos hace eterno y casi sentimos alivio cuando llegamos al Carrilón, lugar en el que se unen las sendas de Agüeria y Peña Rueda pasando por Manín. Se trata de un canalón de tierra, fuertemente horadado por el agua y el paso del tiempo, que desciende vertiginoso en busca de las primeras casas de Lindes. Cuando el camino enllana, pasamos junto al abrevadero y poco después alcanzamos el pueblo semi-abandonado de Lindes. Pasaba de las cinco de la tarde, con lo que ya se cumplían más de 7 horas y media de caminata.

Para la próxima semana, primer sábado de agosto, tenemos ruta por el Cornión. Nos vamos a Los Lagos parea subir a la Torre de Lueje, con bajada posterior a los Lagos por el Resecu. La ruta es:

Collado les Valeres (1.107 m) – Vega de Enól (1.100 m) – Pan de Carmen (1.087 m) – Vega el Huerto (1.050 m) – Vega la Piedra (1.145 m) – La Rondiella (1.370 m) – Collado Gamonal (1.481 m) – Vegarredonda (1.410 m) – Llampa Cimera (1.850 m) – Collado La Fragua (1.880 m) – Torre de Lueje (2.025 m) – Collado La Fragua (1.880 m) – Jou Sin Tierri (1.769 m) – Llampa Mala (1.710 m) – Canalón del Conjurtau – Joos de Resecu (1.500 m) – Resecu Cima (1.400 m) – Resecu Baju (1.320 m) – Jou la Gocha – Las Reblagas (1.240 m) – Bufarrera (1.063 m)

Ya tengo la lista preparada. El que no quiera quedarse en casa y perderse una bonita ruta por el Cornión, que llame lo antes posible. Después del miércoles no se garantiza que queden plazas libres.

lunes, julio 21, 2008

LA DURA CANAL DE JIDIELLO

Afrontamos la ruta prevista para este sábado, sabiendo que sería dura y que deberíamos esforzarnos para lograr alcanzar el Collado Valdominguero. Pero esta canal es casi más dura psicológica, que físicamente. Se trata de una canal en la que en todo momento estás viendo su final, si miras para arriba, y su principio si lo haces para abajo. Con lo que la cabeza trabaja más que las piernas pensando que uno no se mueve del sitio, cuando mira para arriba, aunque al mirar para abajo vemos como cada vez estamos más altos.

Para iniciar la ruta, nos fuimos hasta las inmediaciones de Sotres. El autocar nos dejó en La Curvona, un par de kilómetros antes de llegar a Sotres, en una cerrada curva de la que sale la pista que conduce a Aliva.

Comenzamos a caminar temprano, las 8,45 de la mañana, por la polvorienta pista de tierra, que cada día se encuentra en peores condiciones, al menos para los vehículos que por ella transitan. Dejamos a nuestra derecha el ramal que se dirige a los Invernales del Texu, cuyas cabañas vemos más abajo, y al Collado de Pandébano.Seguimos relajados por la pista con muy buenas perspectivas climatológicas. Hasta Poncebos el cielo estaba completamente cubierto, pero desde allí comenzamos a ver manchas de cielo azul, hasta que todas las nubes desaparecieron. Pasamos por las Vegas de Fresnidiello, donde algunos escaladores preparaban sus fierros quizá para conquistar las agrestes paredes de nuestra derecha, que se desprenden de la Peña Fresnidiello.

Poco más allá, después de pasar la Redonda el Texu, cruzamos la Riega de Onzón que es el arrollo que desciende, cuando tiene agua, por la Canal de Jidiello. Damos una pequeña curva a la izquierda y nos encontramos con una piedra grande a nuestra izquierda, con un jito encima de ella. Aquí, cota de los 1000 metros, es donde comienza la ascensión de la Canal de Jidiello.

Seguimos un incipiente sendero marcado con jitos y vamos ascendiendo las lomeras herbosas, previas a la canal. Pronto nos encontramos en la orilla derecha de la seca riega y continuamos por el sendero ahora más marcado y con abundantes jitos.

Como la descripción que de la ruta teníamos nos indicaba que nuestros pasos se debían dirigir a la izquierda de la canal, en una zona de piedras ancha, cruzamos la riega para continuar por la margen izquierda cubierta de hierba, aunque por la derecha el camino continúa bien marcado.

Vamos superando la ladera acercándonos a la orilla cogiendo altura sobre la canal. Después de pasar una zona de piedras por la que se camina con dificultad, encontramos un sendero en la hierba que nos ayuda a vencer lo pindio de la lomera.

Mantenemos nuestra marcha por el borde de las armaduras de roca que se desprenden a la riega, muchos metros más debajo de nosotros. En una especie de hombro seguimos el senderillo que a veces se pierde y casi en llano, alcanzamos el centro de la riega. Estamos en la cota de los 1.500 metros.

Continuamos nuestra andadura ahora por el margen derecho de la canal, siguiendo los jitos que vamos viendo y que nos ascienden haciendo zigzag. El camino se hace más duro por momentos. En algunos puntos nos tenemos que ayudar de las manos para dar algunos pasos casi en vertical. Volvemos a cruzar la riega y ya por el margen izquierdo continuaremos hasta el final.

Nos acercamos a una pared rocosa a nuestra izquierda, en parte buscando la sombra, por la que discurre el senderillo. La canal hace un pequeño giro a la derecha y ante nosotros vemos su final entre dos paredes rocosas. Ese es nuestro destino y hacia el dirigimos nuestros, cada vez, más debilitados pasos. Nos introducimos en el pasillo y por la izquierda de la pedregosa riega trepamos una pared de unos 4 o 5 metros en la que hay buenos agarres, para después arrimados a la piedra continuar a salir a la herbosa collada del Valdominguero. También se puede hacer este tramo por el centro de la canal, pero se encontraba húmeda y resbaladiza.

El Collado Valdominguero se encuentra entre los picos Valdominguero a la izquierda, norte y la Pica del Jierro a la derecha, sur. Al frente este, tenemos unos cuantos metros más abajo, el Jou Lleroso que forma un valle de piedras, enmarcado a ambos lados por altos picachos: Pico Soriano, Cueto de los Senderos, Cueto de la Cueva y Cueto de la Mazarrosa por la izquierda y los Picos del Grajal de Arriba y de Abajo y el Castillo del Grajal, por la derecha. Enfrente vemos la inconfundible silueta de la Pica Mancondiu, ya sobre la zona del Casetón de Andara, formando las Canales de la Vacas y la Jazuca.

Nos tomamos un merecido descanso mientras algunos más osados ascendían al cercano Pico Valdominguero, de sencilla ascensión al decir de quienes la hicieron.

Después de las fotos de rigor, reemprendimos la marcha siguiendo los jitos que marcan el sendero que desciende al sureste y que poco a poco se va convirtiendo en pista. El camino circula bajo los contrafuertes de los Grajales para desembocar luego en una amplia pista armada, perteneciente a las explotaciones mineras que sufrieron estos lares. A nuestra izquierda vamos viendo los restos de esas explotaciones y lo que fue el Lago de Andar, hoy desaparecido. Las pistas se entremezclan pero nosotros debemos descender siempre y dejar las que van subiendo.

Entre tanto, alcanzamos el Collado Aldea, bajo las estribaciones del Mancondiu y la pista sigue descendiendo con rumbo al Casetón de Andara, que dejamos a la derecha cuando tomamos una pista que se bifurca de la principal a la izquierda. Por esta pista descendemos directamente a la que desde el Casetón se dirige al Jito Escarandi y que al no tener pérdida, no merece mayor atención.

Para el próximo día 26 tenemos ruta por las inmediaciones de la ahora injustamente denostada Ubiña. Los accidentes no son nunca culpa de la montaña, por eso creo que sobran los reportajes periodísticos exagerados. Todos los que nos gusta esta actividad sabemos de los peligros que corremos en cada momento y somos conscientes de ellos y los asumimos. Luego podríamos discutir si realizar estas actividades de una o de otra forma es más o menos peligroso, pero seguramente que no llegaríamos a un acuerdo pleno. La mayoría de los accidentes son fortuitos e inesperados ya que no se puede concebir que nadie busque el accidente premeditadamente. Si que se pueden dar consejos para evitar una gran mayoría de esos percances, pero es la cabeza de cada uno la que tiene que estar en todo momento pendiente de lo que hace y cuando las condiciones no son las idóneas, saber abandonar.

Como digo, nuestra próxima salida es al as Ubiñas y más concretamente al Pico Colines, último bastión de la muralla que se desprende de La Ubiña hacia el oeste. La ruta propuesta es:

Torrebarrio (1.243 m) – Gamonal (1.330 m) – Llandanay (1.400 m) – La Cueña (1.650 m) – Llanos del Fontán (1.700 m) – El Chozo (1.730 m) – Muesca Colines (2.146 m) – Pico Colines (2.211 m) – Vega el Robezu (1.940 m) – Canalón Bajero – Vega Retuerto (1.550 m) – Llano la Cabra (1.450 m) – Los Cuadros (1.430 m) – La Foz Grande – Prados Sastre (1.100 m) – El Carrilón (1.000 m) – Lindes (930 m)

Ya está abierto el plazo de inscripción para esta bonita ruta de montaña. Si el tiempo acompaña, podremos disfrutar de los encantos de la caliza y de las verdes praderas en ese marco incomparable que son los Puertos de Agüeria. Espero vuestras llamadas.

lunes, julio 14, 2008

OTRA VEZ LA NIEBLA (POR CULPAR A ALGO)

Los partes meteorológicos no presagiaban nada bueno, pero tras el madrugón, parecía que el tiempo mejoraba y hasta algunas rayadas de sol desentumecieron nuestros cuerpos.

Decidimos hacer algunos cambios a la ruta que teníamos proyectada, con inicio en los Invernales de Porciles. Abandonamos el autocar en el alto del Puerto de Pan de Ruedas con algunos jirones de niebla cubriendo las cumbres adyacentes, pero parecía que con tendencia a despejar.

Comenzamos a caminar por una pista que sale a la derecha de la carretera y que se dirige a Posada de Valdeón. Es al camino antiguo que une el puerto con la capital de la comarca. La pista desciende a cruzar por un puente sobre el Río Cares y algunos metros más allá. Junto a unos indicadores de dirección, sale por la derecha una pista señalizada con un aspa de prohibición del PR que se dirige a Valdeón, pero que nosotros tomamos para ir subiendo entre un magnífico bosque de fayas y verdes praderas, hasta el Chozo de Freñana. En este lugar nace el Río Cares. Así es que estas hermosas praderas se encuentran regadas por un sinfín de arroyos que toman todos la misma dirección después de descender desde todos los puntos cardinales.

Hacia el este se extiende las camperas escalonadamente, mientras que al sur las cierra una muralla de cumbres que apenas vemos a causa de la niebla. Hacia ellas dirigimos nuestros pasos con el fin de alcanzar la cresta y continuar por ella hasta el Gildar. Después de dos horas de caminata alcanzamos la cota de 1860 metros, dando vista a la zona de Vegacerneja y creo que viendo el pueblo de Cuénabres y el inicio del embalse de Riaño.

A nuestra izquierda, este, solo veíamos el serrote de la cresta más cercano, ya que la niebla tapaba el resto. Por él continuamos nuestro camino, unas veces por la cresta y otras buscando mejores pasos por la vertiente sur. Después de un buen rato de caminar, alcanzamos una cumbre que algunos creyeron que se trataba del Gildar pero que parece que era el Cebolleda, de 2054 metros (a mí el altímetro me marcaba 2020 m).

Tras un corto descanso, ya que la temperatura había descendido considerablemente y comenzaba a llover, continuamos camino descendiendo por una pindia ladera hasta una hoya situada bajo el Collado Cebolleda a 1950 metros, para nuevamente ascender a las cercanías de nuestro destino, el Gildar, que por un breve momento nos presentó su picuda figura. Pero era tarde y aún nos faltaba mucho para alcanzar la cumbre, por lo que optamos por buscar un descenso factible.

Tras caminar un rato por la cresta, encontramos un sendero que descendía al norte y que en poco tiempo nos puso sobre un tapizado suelo de praderas con marcado camino tendente al este, por el que alcanzamos un chozo del que salía una buena pista, cruzando verdes praderas regadas por varios arroyos que a la postre formarían el Río de Cable, lugar por el que teníamos prevista nuestra subida. Luego de una buena caminata bajo la intermitente lluvia, nuestra pista confluye en la principal, el Camino Viejo de Valdeón, para abandonarlo a los pocos metros, saliendo por otra que desciende a nuestra izquierda. Varios zigzag más allá por un tupido bosque de fayas, alcanzamos la carretera del Puerto de Pan de Ruedas a Valdeón, pero 6 kilómetros más abajo del puerto y muy cerca de Caldevilla.

Una ascensión frustrada que deberemos dejar para el próximo año, pero una buena pateada por una zona que merece la pena caminar, a ser posible, con buen tiempo.Para el próximo sábado tenemos un duro reto en todos los sentidos, ya que a la dureza de la Canal de Jidiello, debemos agregar el madrugón que nos pegamos, pues para esta ruta, tenemos la salida a las 5,30 de la mañana, de San Andrés. La ruta propuesta es:

La Curvona de Sotres (950 m) – Invernales del Texu (880 m) – Vega Fresnidiello (920 m) – La Redonda el Texu (950 m) – Inicio Canal de Jidiello (1.000 m) – Majada Jidiello (1.280 m) – Collado Valdominguero (2.142 m) – (Optativo) Pico Valdominguero (2.265 m) – Traviesas del Grajal de Arriba (2.050 m) – Traviesas del Grajal de Abajo (1.980 m) – El Redondal (1.765 m) – Pozo de Andara (1.765 m) – Collado de Aldea (1.807 m) – Casetón de Andara (1.725 m) – Jito de Escarandi (1.291 m)

Esperemos que el tiempo acompañe y podamos disfrutar de una buena ruta en Picos de Europa. No dejéis para mañana lo que podáis hacer hoy. Quedan pocas plazas para esta ruta. El que no se dé prisa, se quedará en tierra.

lunes, julio 07, 2008

ALGUNAS NOTICIAS IMPORTANTES

El pasado sábado no pude ir a la ruta que el grupo hizo por tierras de Cangas, entre el Puerto de Leitariegos y Genestoso, con ascensión al Pico Chao los Bueyes. Por tanto, no puedo tampoco explicaros como es la ruta, aunque según los informes que me pasaron fue una bonita ruta fácil de realizar y muy entretenida.

Para el próximo sábado día 12 tenemos ruta en la zona de Baldeón. Nos vamos al puerto de Panderruedas, más concretamente a los Invernales de Porciles, para ascender al Pico Gildar de 2.078 metros de altitud y buen mirador de los Picos de Europa. La ruta es:

Invernales de Porciles (1.200 m) – Arroyo del Cable (1.290 m) – Valle de Cable – Collado de Cable (1.913 m) – Pico Gildar (2.078 m) – Chozo de Freñana (1.777 m) – La Llampaza (1.350 m) – Invernales de Porciles (1.200 m)

La ruta tiene una longitud de 13 kilómetros, un desnivel de 800 metros de subida y un tiempo estimado de 5 horas para su realización. La salida del autocar se realizará a las 6 de la mañana de San Andrés, media hora antes de lo que pone en el calendario y ya está abierto el plazo de inscripción. Espero vuestras llamadas.

También os comunico que aún quedan un par de plazas para la ruta que realizaremos de dos días a la Torre la Palanca, con pernocta en el Refugio de Collado Jermoso. Quienes estén interesados en esta ruta pueden llamar a los teléfonos habituales.

lunes, junio 30, 2008

ENTRE RUTAS IMPOSIBLES

Una vez más, al igual que la semana pasada, no pudimos realizar la ruta que teníamos propuesta por las vegas de Aliseda, debido al socavón que días atrás se produjo en la carretera CO-4 entre Covadonga y Los Lagos. Su reparación obligó a cerrar la mencionada carretera para el tránsito de camiones y autocares.
Ante este inconveniente buscamos una alternativa próxima y nos acordamos de la ruta por las Foces del Burdio con ascenso al Pico Coronas, que ya intentamos dos veces y nos fue imposible realizarla completa por la nula visibilidad producida por la espesa niebla. Por eso el título de esta entrada. Van dos veces que intentamos la ruta del Gustuteru y dos veces que lo hicimos con la del Coronas y en ambos casos fueron imposibles.
Pero en esta ocasión creemos que la cosa va a salir bien. Aunque hay niebla a nuestra llegada a Inguanzo, las previsiones meteorológicas son halagüeñas y se prevé que el tiempo va a ser bueno. Como digo, salimos de Inguanzo con niebla, cruzando entre las casas y pasando cerca de la curiosa iglesia del pueblo, para seguir una buena pista de hormigón entre huertos y praderas de siega, con dirección sur. La pista rodea el montículo de Los Llanos del Pando por la izquierda en la dirección de la marcha, aunque hay la posibilidad de hacerlo también por la derecha, pasando junto al cementerio del pueblo. Es un poco más larga pero al final confluyen las dos en La Trapiella, donde una pista sale con dirección sur hacia las paredes calizas de la Sierra Dobros, que ya vemos completamente, ya que la niebla se disipó, dejándonos un precioso cielo azul lleno de sol.
Esta nueva pista va subiendo para dar una curva a la derecha y ya convirtiéndose en camino llano, dirigirse a una cabaña que tapa la maleza y unos metros antes de la portilla sale un sendero a la izquierda entre felechos, hoy de gran altura. Caminamos sin apenas ver donde ponemos los pies debido a la abundante maleza. El sendero va haciendo amplios zigzags que nos aúpan poco a poco con ligera orientación suroeste, buscando una entalladura que se aprecia junto a un mogote de caliza que se desprende del Cueto Llovedo.
El camino se estrecha y se pega a la pared rocosa para entrar en la foz. Atravesamos una playa herbosa que se desliza ladera abajo a nuestra derecha y entramos propiamente en la foz, por un estrecho sedo tallado en la piedra. A nuestra derecha, en lo profundo del estrecho valle, circula el Río Burdio, culpable de la existencia de esta foz. El primer tramo es cuesta arriba y no ofrece mayores dificultades. Eso sí, es imprescindible prestar la máxima atención pues el terreno está húmedo y los resbalones pueden ser peligrosos. Después de pasar un hombro, el camino comienza a descender y es aquí donde se encuentra la parte más problemática, siempre debido a la humedad y la piedra. Cerca de un recodo hay que bajar una piedra casi lisa que debido al agua y el posible barro que llevemos en nuestras botas, puede ser resbalosa. Pero tenemos la ayuda de la pared rocosa de nuestra izquierda a la que debemos arrimarnos y siempre como último recurso, nos queda la posibilidad de echar culo a tierra para pasar con mayor seguridad. El sendero sigue bajando un poco más para volver a tomar la inclinación contraria nuevamente ya por terreno menos comprometido y con el río mucho más cercano. El sedo se convierte en camino de ganado y va ascendiendo hacia el collado que vemos frente a nosotros, por encima de la Fuente de Hombre Muerto, nacimiento del Río Burdio.
Alcanzado el collado, por la derecha vemos una amplia canal en la que se encuentra la majada de Ternas con las cabañas alineadas en la falda del Pico Mozqueta, a orillas de una bonita vega en la que pasta el ganado vacuno y caballar. Por la izquierda y siempre en ascenso, seguimos un sendero del ganado que recordamos de la última vez que estuvimos aquí. El sendero recorre la zona sur del pico Coronas por el Recuesto la Espina camino del collado la Maneda donde confluye con el sendero que baja del Cuetón por la cercana majada de Dubriello a nuestra derecha. Enfrente tenemos un profundo valle que desciende vertiginoso hasta el Cares y la carretera de Arenas a Poncebos. Por la izquierda el sendero continúa dando vuelta al Coronas y pasando por la majada de Cananda, apostada en un hombro herboso que se desprende del Cueto Cananda.
Nosotros tomamos dirección norte pero hacia arriba a buscar la cercana cumbre del Pico Coronas, que alcanzamos en pocos minutos. Esta cumbre es un espléndido mirador de la zona norte del Cornión. Por el sur la inconfundible silueta del Llerosos nos sirve de guía para reconocer la zona del Cuetón, al que nuestro compañero Tino subió mientras nosotros lo hacíamos al Coronas. Por el este, el valle del Cares con el río y la carretera en lo más profundo y por encima los agudos picachos del Ariscu Sonllanu, Cabeza Llanedo, Peña Crimenda y Peña Redonda, dando paso al Monte Caouro. Más al sur se asoma tímidamente Peña Castil. Por el norte y de este a oeste vemos la Pica Peñamellera y la Sierra de Juan Robre; Arenas de Cabrales, El Cuera, Asiego, Puertas, Berodia, Pandiello y Ortiguero, amén de las sierras de Cuaña, Ordiales y Benzua.
Después de más de una hora de estancia en la cumbre contemplando el precioso paisaje y disfrutando de la bonanza del día, comenzamos el descenso por la cara norte del pico, por la Cuesta del Mediodía, a buscar el collado verde en el que se ubican las cabañas de Cananda. Allí seguimos hacia le oeste por el marcado camino que recorre la zona sur de la Sierra de Dobros, hasta una hoya que se forma cerca de la caliza, la Vega Sal de la Piedra y que rodeamos para entrar en ella por la izquierda. Allí se encuentra el Portillo Busnuevu por el que pasamos a la cara norte de Dobros y al imponente abismo que se abre sobre los campos de Inguanzo. Aquí un senderillo que toma dirección este nos introduce en un nuevo sedo en el que un cierre de red metálica nos separa del abismo que se forma con las caidas de la Sierra Dobros hacia el Valle el Texu. El camino armado que sirvió de acceso a la mina allí existente, se retuerce en cerradas curvas en un prodigioso y cómo descenso. Después de un sinfín de vueltas y revueltas nos introducimos nuevamente en los felechos para seguir sin casi verlo, un sendero que nos sitúa nuevamente en la pista por la que ascendimos por la mañana, justo al lado del cierre de la cabaña tapada por la maleza. De aquí nuevamente a la pista y a Inguanzo, donde pusimos fin a una interesante y cómoda ruta.
Para el próximo sábado día 5 de julio, tenemos ruta por Cangas de Narcea. Nos vamos a Leitariegos para caminar hasta Genestoso. La propuesta es:
Leitariegos (1.513 m) – Pico Picarín (1.803 m) – Laguna Viveiro (1.675 m) – Vaitserona (1.595 m) – Collado Recuélabre (1.667 m) – Chao Los Bueyes (1.925 m) – Collado Tres Lagunas (1.726 m) – Genestoso (1.150 m)
Ya sabéis, las llamadas para reservar plaza, antes del próximo jueves o podéis quedaros sin hacer la ruta. La hora de salida para esta ruta es a las 7 de la mañana de San Andrés.

lunes, junio 23, 2008

EL HUMILDE Y GRANDIOSO PORRON DE VIAÑO

Para el pasado sábado día 21, teníamos programada una excursión por el Cornión, con salida y regreso a los Lagos de Covadonga, visitando las Vegas de Aliseda y ascendiendo al Gustuteru. Pero un blandón en la carretera de Covadonga a Los Lagos, frustró nuestras pretensiones, ya que esta fue cerrada para realizar la reparación, con lo que hubimos de cambiar de ruta y nos decidimos por realizar la que estaba prevista para el día 28 por tierras de Ponga.

Por ello transportamos nuestras personas y enseres al pueblo leonés de La Uña, punto de partida de gran número de rutas por tierras ponguetas. El autocar nos dejó un kilómetro antes del pueblo, concretamente en el Puente Las Vegas o de Martín por el que cruzamos el río Valdosín y continuamos por una buena pista a la izquierda siguiendo contracorriente, el cauce del río. Caminamos entre praderas con un precioso color verde y plagadas de flores de todos los colores. Vamos siguiendo las indicaciones del PR LE-20 PUERTO DE VENTANIELLA, pues es este puerto el que utilizaremos de entrada para alcanzar el Cordal de Collau Zorro.

Cruzamos una primera portilla poco antes de la Peña Castiellu y otra más antigua después, para alcanzar las concurridas camperas de la majada de Valdosín, hoy con abundante ganado bovino y caballar. Nuestro señalizado sendero transcurre por la parte trasera de una buena cabaña, para cruzar el Arroyo de La Castellana y comenzar a ganar altura, alcanzando las praderas del Puerto de Ventaniella, por las que continuamos nuestro camino hasta el momento de iniciar el descenso.

El camino normal, continúa bajando por la pista que se dirige a la casa y ermita de Ventaniella hasta la majada de El Xerru, donde se sigue a la derecha para ascender por las praderas de Mediome hasta la collada del mismo nombre. Justo antes de comenzar a bajar, observamos un sendero bien marcado a la derecha, que en varios zigzags asciende por la ladera. Con el fin de evitar perder altura decidimos continuar por ese sendero, que nos sube a una campera de la que salimos por una colladita a la derecha. Siguiendo el sendero cruzamos una canal que desciende de una alta collada también a nuestra derecha y comenzamos a bordear a media altura la pindia ladera, hasta alcanzar una zona en la que tras un corto descenso, volvemos a luchar con una dura cuesta que nos aúpa a lo alto de una pradera desde la que ya divisamos, frente a nosotros, la Collada Miedome, entre El Poyero a la izquierda y Les Pandes a la derecha. Desde las alturas contemplamos las alargadas praderas de Miedome y el camino que debíamos haber seguido para alcanzar la collada. Pero hemos ganado bastante altura y aunque debemos perder un poco, para cruzar una cortada, cosa que también se puede hacer por arriba, pero sin sendero, el cambio nos ha salido bien.

Desde la collada vemos a una vertiente toda la zona de Miedome y a la otra el bonito Valle de Viaño con las derruidas cabañas al fondo y un poco más allá el Porrón de Viaño, nuestra cumbre del día, aunque no el punto más alto por el que pasamos que es en el que ahora nos encontramos. Por la derecha cierra el valle la alta cumbre del Pileñes y desprendiéndose de ella, vemos el pindio sendero que hay que vencer para su conquista por este lado.

Un rápido descenso y estamos entre las cabañas de Viaño. Unos cuantos montones de piedras en los que aún se denotan vestigios de que en otro tiempo fueron cabañas. Hoy nos sirven de referencia para realizar las fotos al Maciedome y al Tiatordos que nos miran desde lejos. Una vez atravesada la majada de Viaño iniciamos un nuevo ascenso a una horcada desde la que un poco más allá contemplamos las verdes praderas de la Collada La Bobia a los pies del Porrón de Viaño. Descendemos a ella y en pocos minutos alcanzamos la cumbre del Porrón siguiendo cualquiera de los senderos que se nos ofrecen y que con facilidad nos ponen en la cima de esta modesta cumbre. Modesta en lo que se refiere a la altura, pero grande en las estupendas vistas que nos ofrece. Es un mirador extraordinario de toda la zona. Al noreste los Picos de Europa con la inconfundible silueta del Cornion de la que destaca la Peña Santa. Aquí, muy cerca de nosotros el Pileñes y más al sur la puntiaguda figura de Les Pandes llama nuestra atención. Luego vemos un buen número de cumbres de San Isidro, entre las que distinguimos claramente la Peña el Viento y el Canto del Oso. Siguiendo en la misma dirección, el Maciedome, el Tiatordos y el Collau Zorro cierran el círculo volviendo nuevamente al Cornión. La cara norte del Porrón de Viaño es una profunda cortada que cae sobre el Valle de Carbonedu por el que discurre el Río Tornerín que vierte sus aguas al Ponga, cerca de La Venta. Por este valle se ven entre la espesura del bosque, algunos caminos que pueden servir de descenso a la pista de Ventaniella a Sobrefoz.

Nuestro descenso de momento es a la Collada La Bobia para continuar por buen camino hasta la contigua Collada Obrango a los pies de La Peña, cuya ascensión por este lado se antoja muy dificultosa. Como tras ella se encuentran los Puertos de Sus, nuestro próximo paso, no nos queda más remedio que bordearla por la izquierda, siguiendo un marcado sendero que al final asciende entre las rocas que se desprenden de la montaña, hasta desembocar en las verdes camperas de Sus, a los pies de la alargada cuerda del Collau Zorro. Dejando a este a nuestra izquierda, descendemos a buscar el Valle del Antiguo que se descuelga del Zorro ganando profundidad hasta la mancha boscosa de Peloño. Cruza el valle el Camino les Oveyes que nos permite el paso bajo los derrumbes del Pico Lluengo y por el que accedemos a la Collada Pumerín, previa a l a Collada Caldes a los pies del altivo Recuencu.

Desde Caldes nos hacemos una idea de lo que aún nos resta por recorrer. Descubrimos allá enfrente el Pierzu a y a su lado el Carria y en el fondo un poco a la izquierda ya vemos San Juan de Beleño. Sin llegar a la collada en la que campean a sus anchas un buen número de caballos, seguimos el sendero más alto por la derecha, al borde del arbolado, hasta confluir en las praderas de Les Llampes con la pista que nos llevará a Les Bedules.

Al final de la campera la pista se bifurca en dos. Por cualquiera de los lados llegaremos a Les Bedules. Por la derecha la pista en ascenso, se dirige a la Curva de Pierva para continuar por la Biforcadera hasta Les Bedules. Nosotros preferimos descender por la izquierda a pasar por Les Foyaques y Biforcu, para ascender al final una corta cuesta que nos sitúa en Les Bedules donde un buen número de coches se encuentran estacionados, aprovechando la bonanza de la pista que nosotros seguimos para llegar después de 7 horas y media a la carretera que una San Juan de Beleño con Viego y Puente Vidosa, en el lugar conocido como El Cabañón, donde nos esperaba el autocar, dando fin a una preciosa y dura ruta, al decir de todos los participantes.

Para el próximo sábado día 28 vamos a realizar, si no hay más imponderables, la ruta del Gustuteru por las Vegas de Aliseda, con salida y llegada en las orillas del Lago Ercina. La ruta discurrirá de la siguiente forma:

Bufarrera (1.063 m) – Entrelagos (1.158 m) - Campo La Tiese (1.106 m) – Las Reblagas (1.125 m) – Vega el Paré (1.304 m) – El Tolleyu (1.398 m) – Camperas de Jaces (1.550 m) – Jorcadillin de Cueva Oscuro (1.600 m) – Las Carreteras (1.650 m) – Cilluenga (1.700 m) – Jou Los Porros (1.777 m) – Vegas de Aliseda (1.800 m) – Collado Jermoso (1.775 m) – Pico Gustuteru (1.810 m) – Ojos de Manada Vieya (1.730 m) – Forcau Valle (1.619 m) – Veguina de Pedro Crespo (1.530 m) – Vega Robles (1.400 m) – Las Fuentes (1.426 m) – Sedo el Cabrital - El Llaguiellu (1.300 m) – Las Bobias (1.200 m) – Belbín (1.046 m) – Campo La Tiese (1.106 m) – Bufarrera (1.063 m)

Los que estén interesados en hacer esta ruta, que llamen lo antes posible, pues prevemos que puede haber muchos interesados y si tardamos en solicitar el autocar, nos podemos quedar muy cortos de plazas. Aunque siempre os lo digo, en esta ocasión creo que va a ser así. De momento tenemos asignado el bus de 27 plazas, pero es posible que sean pocas. Cuanto primero os apuntéis mejor.

lunes, junio 16, 2008

NOS RECONCILIAMOS CON EL CUERA

Segunda semana consecutiva en la que utilizamos la Sierra del Cuera para nuestras andanzas y la primera vez en la que tengo vistas de Picos y de la costa desde este intrincado paraje. Por eso digo que nos reconciliamos con el Cuera. La semana pasada en el Turbina no tuvimos vistas, pero esta vez si que pudimos contemplar los tres macizos de Picos al completo.

Comenzamos a caminar en Alles saliendo por el barrio de San Roque, justo al lado de la bonita capilla del mismo santo, en la que estaban preparando el “ramu” para la puja de las fiestas. Como digo, salimos por una calle que se encuentra a la derecha de la capilla y pasamos junto a unas casas que dejamos a nuestra derecha para continuar por una pista hormigonada que comienza a ascender con buena inclinación. Vamos subiendo con rapidez y pronto vemos las casas de la capital de Peñamellera Alta a nuestros pies.

El día no parece augurar buenos presagios. Las nubes se mueven incansables sobre el Cuera y no ofrecen demasiada confianza. Prevemos un día como el sábado anterior en el Turbina y comenzamos a caminar con desgana. Sobre Picos, una gran cantidad de nubes nos impide su visión. Parece que el Cuera continúa con su maldición.

La pista se retuerce en múltiples revueltas dando vista siempre al valle en el que sobresale la peculiar figura de la Pica de Peñamellera y hasta cinco líneas de alta tensión paralelas unas a otras. Sin abandonar el hormigón y superando una dura pendiente, llegamos a las primeras cabañas de la Majada de Llabándames, donde destacan algunas ya remozadas y convertidas en casas. Aquí trocamos la pista por un camino que sube entre las cabañas hasta situarse por encima de estas. Continúa un tramo con dirección este y unos metros después de pasar una portilla metálica, lo abandonamos para seguir alguno de los senderos del ganado que parte a nuestra izquierda a subir a una collada que vemos por encima de nuestras cabezas. La ascensión la hacemos siguiendo los rastros del ganado que nos llevan por el mejor camino posible entre hierbas y rocas. Alcanzado el collado, nuestra dirección es al este y subiendo hasta llegar a una buena cabaña con un gran cercado de piedras donde se encuentra el ganado, vacas y ovejas, pastando. Dentro del cercado y al lado de la cabaña, hay un curioso depósito de agua con abrevadero, que aprovecha el agua que escurre por el tejado para llenarse.

Nos encontramos a los pies del Pico Liño. Mirando hacia arriba veremos nuestro destino. Aunque se puede endurecer la ruta subiendo prácticamente de frente a una canal que se encuentra al este del pico, nosotros vamos por la parte menos dura, es un decir, y continuando con dirección oeste, dirigiéndonos a un collado que vemos en dicha dirección y al que llega un camino bien marcado.

¡Por fin el Cuera nos ofrece sus vistas! Una mirada más a Picos y podemos contemplar la inconfundible silueta del Urriellu asomando entre la espesa capa de nubes. Pronto se abre una ventana que nos permite contemplar las cumbres más señeras del Central. El Picu, Cerredo, Cabrones, envueltos entre nubes pero se les ve claramente. Comenzamos a comprender el porque de la fama de esta sierra.

Alcanzado el collado, ya no tenemos más remedio que ascender toda la ladera en dirección norte hasta alcanzar la cumbre del Liño en la que encontramos una cruz con buzón montañero y el mojón del vértice geodésico, con un montón de piedras sobre él. Las nubes que veíamos al subir, continúan su danza y por momentos nos cubren mientras en otros se despeja. La costa se encuentra limpia y hacia ella se dirigen nuestras miradas. Vemos Llanes casi a nuestros pies y la gran mancha hoy verdosa de un calmado Cantábrico. Por el noreste la vista se pierde más allá de San Vicente de la Barquera, pero por el sur Picos vuelve a estar cubierto de nubes. De vez en cuando se abre un ventanuco que nos permite ver algo de caliza, pero por poco tiempo. Enseguida se vuelve a tapar.

Cubierta la tarjeta, hechas las fotos y recuperado las fuerzas gastadas en el ascenso, reemprendemos la marcha descendiendo al noreste por un collado que une el Liño con el cotero siguiente, para dejarlo a la izquierda y continuar atravesando la collada contigua en clara dirección este. Dejamos el Ubricario y La Muesca a la izquierda para descender lo menos posible al Collado Llanos de Morea, mientras contemplamos un embalse artificial de agua para el ganado. A media altura pasamos por la ladera sur del Pico Morea, para descender también al sur, a las inmediaciones de la cabaña con cierre de piedras de Llia. Un bonito entorno con la cabaña y los árboles, si no fuere por los plásticos que le pusieron en el tejado.

Emprendemos dirección este a introducirnos en un vallecito que se forma por el medio de la sierra. Estamos en Pejos de Hoyos Negros. Un intrincado laberinto de pequeñas cumbres y profundos jous. Debemos buscar el mejor camino y el más llano, siempre por el centro del valle. Descendemos y ascendemos varias veces preguntándonos si iremos en el buen camino. Lo importante es mantener la dirección este y pronto alcanzaremos una bonita vallada que el sábado estaba llena de vacas y en la que hay un lago artificial para el consumo del ganado. También nos encontraremos con una abrevadero con una buena fuente, al menos en esta ocasión. Quizá más adentrado el verano se encuentre seca. En esta ocasión nos hizo buen servicio, pues el calor aprieta y ya llevamos muchas horas de camino.

Aquí es donde debíamos haber girado a la derecha con dirección sur para ascender a la abandonada Majada de La Jayuela, reconocible por un cercado de piedras y una cabaña, ambos en estado ruinoso. Pero nosotros no lo hicimos. Confundimos la cabaña con otra que se veía más al este y hacia ella dirigimos nuestros ya cansadas piernas. Afortunadamente allí nos encontramos con un pastor que, además de señalarnos donde se encontraba La Jayuela, detrás nuestro y a la derecha, nos indicó donde teníamos un sendero muy poco usado, por el que podíamos bajar a Llonín.

Desde la cabaña de Ortigoso ascendimos con dirección sur hasta lo alto del collado en el que un cierre de alambre de espinos trata de evitar que el ganado descienda por la inclinada ladera. Traspasado el cierre, la vista no era de lo más tranquilizador. Una playa de hierba alta se despeñaba ladera abajo. Del camino mencionado casi ni rastro. Abajo veíamos Llonín a los pies de la Pica Peñamellera, pero ni idea de por donde bajar. Rápidamente los “serpas” comenzaron a estudiar el terreno y más con la imaginación que con la realidad, dieron con el sendero bajo el tupido manto de hierba. Después de varias dudas, vacilaciones, búsqueda de otros pasos y una buena dosis “psico-farmacológica”, emprendimos el descenso definitivo por el sendero, que realmente estaba allí. En premio a nuestra osadía, las nubes se apartaron y nos permitieron disfrutar, con muchas limitaciones por lo pindio del camino, de unas estupendas vistas de los tres Macizos de Picos de Europa.

El camino desciende primero verticalmente durante un tramo, para girar luego al oeste y comienza una serie de tornos hasta alcanzar una zona de piedras y algunos árboles, desde donde la inclinación disminuye y el sendero se hace más ostensible. Continúan los tornos y alcanzamos una nueva zona de arbolado más espeso, en el que el camino se pierde por momentos dentro del bosque. Una vez cruzado este, alcanzamos una buena pista de tierra en Canto Robao, que a la izquierda nos conduce hasta el anhelado pueblo de Llonín, tras 8 horas y media de pateo (los que llegamos los últimos).

Con esta ruta aparcamos el circuito de circunvalación del Cuera hasta el mes de Octubre que lo retomaremos con la ruta Llonín-Panes. Para el próximo sábado día 21, tenemos ruta en el Cornión. Se trata de la ruta que estaba prevista para el día 5 de julio y hubo que cambiarla. Os recuerdo que la salida es a las 6 de la mañana de San Andrés y la ruta es al Pico Gustuteru y la Vega de Aliseda. A continuación os detallo esta ruta:

Campo La Tiese (1.106 m) – Las Reblagas (1.125 m) – Vega el Paré (1.304 m) – El Tolleyu (1.398 m) – Camperas de Jaces (1.550 m) – Jorcadillin de Cueva Oscuro (1.600 m) – Las Carreteras (1.650 m) – Cilluenga (1.700 m) – Jou Los Porros (1.777 m) – Vegas de Aliseda (1.800 m) – Collado Jermoso (1.775 m) – Pico Gustuteru (1.810 m) – Ojos de Manada Vieya (1.730 m) – Forcau Valle (1.619 m) – Veguina de Pedro Crespo (1.530 m) – Vega Robles (1.400 m) – Las Fuentes (1.426 m) – Sedo el Cabrital - El Llaguiellu (1.300 m) – Las Bobias (1.200 m) – Belbín (1.046 m) – Campo La Tiese (1.106 m)

Una interesante ruta para contemplar la zona del Jultayu, La Verdilluenga, Peña Blanca y la Torre la Celada. No dejéis para el último día el tema de apuntarse, que os podéis quedar sin plaza.

lunes, junio 09, 2008

EL CUERA Y SUS VISTAS SOBRE PICOS (¿)

Una vez más, y van... las nubes nos han privado de las espectaculares vista que dicen, hay de los Picos, en esta emblemática sierra. Son varias las veces que asciendo a esta dura montaña con la ilusión de poder contemplar lo que otros me cuentan sobre sus vistas y aún no he tenido una vez la dicha de poder darme esa satisfacción. No queda más remedio que seguir intentándolo.

En esta ocasión la disculpa era subir al Turbina o Torvina, continuando con nuestra circunvalación del Cuera y para ello el sábado, el autocar nos dejó un kilómetro más allá de Arangas, camino de Alles, en las cercanías de la Majada de Pando, donde una carreterita asfaltada sale por la izquierda en fuerte subida.

Emprendimos la marcha cuesta arriba por las fuertes rampas del Picón, dejándolo a nuestra derecha, mientras que el asfalto se vuelve hormigón. El día esta nuboso pero no parece que pueda llover. Algunos claros nos dan la esperanza de que al llegar arriba podamos tener buenas vistas. La temperatura es buena para caminar y lo hacemos con brío. Vamos superando las revueltas de la pista hasta que se termina el hormigón, al lado de una marquesina de madera colocada por el Principado como si fuese una parada de autobús. Aquí la pista pasa a ser de tierra y unos cuantos metros más allá, a la altura de una cabaña y una finca cerrada de piedra, también la abandonamos para continuar subiendo por un sendero que sale por la izquierda a subir por encima de la cabaña.

El sendero se retuerce entre la maleza baja y seguimos cogiendo altura. Por la izquierda nos encontramos con el camino que viene de Arangas por Lodevega y Matacorta. Ahora caminamos con dirección este y nos encontramos con dos pastores que además de darnos algunos consejos, nos acompañan un buen tramo. El sendero se retuerce aún más subiendo en tornos verticalmente a buscar la caliza que se ve arriba y que marca la cumbrera de la sierra. Llevamos un ritmo fuerte: en 45 minutas ya superamos los 400 metros de desnivel. Cuando alcanzamos la Portilla de la Concha el Gobio (1.059 m), el desnivel superado es de 665 metros y llevamos una hora y quince minutos de camino.

En la Concha el Gobio, lo más duro ya quedó atrás. Un sendero muy marcado por el ganado, pasa por la falda sur del Pico Llacía, que a todos confunde creyendo que se trata del Turbina, y tras un hombro, alcanza la bonita majada de Piedra de Oso o Braña de Rozagas.

Se impone un merecido descanso antes de continuar con rumbo norte a buscar el collado que ya vemos bajo nuestro destino, el Pico Turbina, con su caseta en la cumbre. El camino o los caminos que son más de ganado que de personas, serpentea por entre un mar de caliza tratando de bordear los jous que se abren por todos lados. Desde el collado podemos contemplar ya toda la parte alta de la Sierra con dirección este y con las cumbres más significativas de esa zona: Cabeza Ledesma, el Haba, el Liño... y un sinfín de jous entre ellos. Aprovechando que la vista es buena, trazamos mentalmente la ruta que debamos seguir en el descenso, proveyendo lo que después ocurriría, que la niebla nos tapase parcialmente la zona.

Se impone subir al Turbina y así lo hacemos. Con dirección norte vamos siguiendo un sendero señalizado de vez en cuando con algunos jitos y que es fácil de seguir. Las rampas son duras en algunos momentos pero ya no lo sentimos después del entrenamiento realizado en la primera parte de la ruta. Alcanzamos la cumbre del Turbina, tras dos horas y veinte minutos de ascensión, coronada por un vértice geodésico y una caseta de madera y unos metros más al norte, la segunda cumbre de esta montaña con una cruz y buzón montañero.

Vistas..., ninguna para ninguna parte. Nada más llegar una nube nos cubrió todo el paisaje. La niebla era de quita y pon y pronto nos dejó ver lo más cercano. Toda la zona de Picos se encontraba tapada por las nubes. Por el norte, la niebla, más espesa, nonos dejó ver nada en el tiempo que estuvimos allí.

Tras un pequeño descanso para recuperar fuerzas y comer algo y luego de cubrir la tarjeta y hacer las fotos de rigor, llegó la hora de emprender el descenso, más pensando en las posibilidades de que nos tapase la niebla, que en la prisa por bajar. Algunos tenían la intención de subir al Cabeza Ledesma. Descendimos al collado desde el que habíamos subido y siguiendo en principio rumbo sur, bajamos a la izquierda a buscar una praderita desde la que, tras remontar un hombro, dimos vista a un muro de piedra junto al que hay un sendero que une las brañas del Cuera. El Cabeza Ledesma nos quedaba enfrente pero la niebla entraba y salía con lo que descartamos su ascensión. Descendimos hacia el muro cerca de la Majada de Mancornú de la que solo quedan un par de cabañas, y con dirección este continuamos por el sendero colgado sobre el vertical abismo hasta la majada de La Jorá. Un bonito remanso en el que las cabañas rodean una pradera en la que descansan las vacas. Nosotros también descansamos un poco, antes de continuar en la misma dirección para pasar junto a un cierre metálico de ganado de nueva factura, donde se inicia el camino de descenso. Pero de descenso vertiginoso. Un sendero resbaloso, baja entre la hierva haciendo algunos tornos y obligándonos a prestar la máxima atención para no dar con nuestras posaderas en el suelo. Abajo vemos dos pistas. La de la derecha baja a Rozagás, mientras que la de la izquierda, de color amarillo, baja a La Collada. Esta es la nuestra y para poder acceder a ella, al llegar a un hombro, debemos y así lo hacemos, girar a la izquierda a buscar un sendero entre la alta hierva que veíamos cuando bajábamos y que a hora nos lo tapan unos árboles. Antes de pasar junto a una cabaña este sendero se bifurca y por la parte de arriba continúa con la posibilidad de entroncar con la pista pero más alto y una vez que se produzca la bifurcación de la que luego hablaremos, para dirigirnos a Alles. Nosotros decidimos acortar la ruta y bajar a La Collada, con lo que tomamos el sendero que pasa por debajo de la cabaña y prácticamente se pierde. Por el prado descendemos directamente a la pista y continuamos por ella en dirección este y en descenso. Entonces llegamos a la bifurcación señalada y mientras que nuestro camino sigue hacia abajo, por la izquierda continúa otra pista en ascenso y que sigue a media ladera de la sierra a concluir en Alles enfrente de nosotros.

Nosotros seguimos en descenso y poco tiempo después alcanzamos el barrio de la Orteriza de la aldea de la Collada. Pocos metros más abajo alcanzamos la carretera donde ya nos espera el autocar.

El próximo sábado continuamos ruta saliendo desde Alles, para ascender al Pico Liño y continuar por la Sierra del Cuera bajo el Morea, a descender al Llonín. La ruta es:

Alles (261 m) – Llabándames (632 m) – El Coteruco (813 m) – Ustiello (994 m) – Pico Liño (1.116 m) – Joracón de Morea (880 m) – Llía (785 m) – Pejos de Hoyos Negros (781 m) – La Jayuela (738 m) – Canto Robao (309 m) – Llonín (186 m)

Ya está abierto el plazo de inscripción y no quedan muchas plazas libres. Tengo que deciros que hoy parece ser que comienza una huelga de transportes y no sabemos cuanto va a durar. Por ello os ruego que si ya estáis apuntados la ruta o lo vais a estar, salvo que la huelga se desconvoque, procuréis enteraros si la ruta se realiza o no, llamando a los teléfonos de costumbre en la tarde del viernes.

En otro orden de cosas os comunico que en Trubia estamos esta semana con la Semana Cultural y entre otros actos y charlas, dará una nuestro compañero de fatigas, aunque ahora nos acompaña poco, Manuel Antonio Huerta. La Charla versará sobre “Las construcciones de la Guerra Civil en Trubia y sus alrededores”. Esta charla será en el teatro del casino el jueves día 12 a las 20,30 horas. Así mismo y como continuación, el viernes 13 a las 16 horas se realizará una excursión gratuita, para visitar algunos ejemplos de esas construcciones. Los que estén interesados en la excursión deberán apuntarse de lunes a viernes en el teatro. Espero ver caras conocidas en la conferencia.

lunes, junio 02, 2008

LA NIEBLA NOS IMPIDIÓ HACER LA RUTA

Una espesa niebla poco más arriba del Puerto de Cono, no nos permitió hacer la ruta que teníamos programada para el sábado pasado entre el Cono y el Pozo de las Mujeres Muertas, con ascenso al Pico Cazarnoso.

La niebla y la ausencia de caminos definidos, nos hizo desistir en la realización de la ruta. Lo intentamos, subiendo por la pista que con dirección oeste se abre en el Puerto del Cono. Pero los senderos estaban tapados de maleza, brezo en su mayoría y muy alto y la escasa visibilidad por culpa de la niebla, hizo que nos planteásemos abandonar. No merecía la pena ya que no tenía visos de que las cosas cambiasen con el tiempo.

Decidimos continuar en el autocar hasta Cecos y allí realizar la Senda del Oro. Una entretenida ruta entre Cecos, San Antolín de Ibias y regreso a Cecos.

En Cecos cruzamos el puente y nos acercamos a su iglesia, pasando junto a las obras del hotel rural que se está construyendo. Las marcas blancas y rojas y blancas y amarillas de dos rutas se unen en una columna al lado de la iglesia. Seguimos las indicaciones y salimos del pueblo por un buen camino en el que pronto encontramos un cartel indicador de la Senda del Oro y un cruce. Se trata de la misma senda que es circular. Nosotros nos decidimos por empezar subiendo y seguimos por la amplia pista de la derecha y en ascenso, que se adentra en un bosque de pinos y castaños. A lo largo de todo el recorrido iremos encontrando paneles en los que se nos describe distintos trabajos que se realizaban para obtención del oro, así como los lugares en los que se hicieron estos trabajos. La pista asciende dando vueltas ajustándose a la ladera del monte hasta que comienza a llanear ofreciéndonos unas buenas vistas de la zona Cecos y los pequeños pueblos que lo rodean. Podemos ver el estrecho valle por el que hicimos nuestra llegada y la carretera que se dirige a Degaña, además de toda la pelada y roma sierra que cierra el Valle del Ibias por el oeste.

En poco tiempo alcanzamos las primeras casas del pueblo de Villamayor. Los indicadores de la ruta nos llevan por la parte baja del pueblo pero merece la pena caminar por sus calles apreciando las formas de los edificios con tejado de pizarra, así como los pequeños y bonitos hórreos. Una pequeña ermita dedicada a San Martín, nos abre el paso a la carreterita hormigonada que desciende a San Antolín. Si seguimos por ella, en pocos metros debemos coger un sendero que sale por la izquierda y que retrocede hasta desembocar en la senda que traíamos y en la que hay un indicador que nos dice por donde continúa el camino. Y este es en claro descenso entre praderas. Caminamos por el Monte el Trigal y en sucesivas curvas nos acercamos a La Pena, lugar en el que se visita un cortín con algunas colmenas o truébanos. Los cortines, hay muchos en el concejo, se empleaban antiguamente para evitar que los osos se comiesen la miel y destrozasen las colmenas. Son edificaciones de piedras en círculo, de altura suficiente para que el oso no pueda saltar y dentro se reunían los truébanos, casi siempre construidos de un tronco vaciado y con una laja encima.

El sendero continúa y al final tenemos un pequeño mirador armado con unas barandillas de madera desde donde podemos contemplar unas bonitas vistas de la capital del concejo. Volviendo sobre nuestros pasos, continuamos el descenso por el camino debidamente señalizado. El sendero se hace más estrecho y cerrado. Los madroños y otras especies se ciernen sobre nosotros. Un conjunto de altos y derechos pinos nos miran desde el cielo. Cuando el paisaje se abre, nos encontramos con un terreno plantado de vides con los verdes y tiernos sarmientos mecidos por la brisa. Caminamos al lado del viñedo hasta un nuevo cruce. Por la derecha seguiríamos hasta San Antolín, concretamente a un área de descanso e interpretación, con acceso al pueblo cruzando un puente sobre el Río Ibias. Por la izquierda regresamos a Cecos. Este es el camino que nosotros escogimos y por debajo del viñedo y con el río a nuestra derecha y más abajo, pasamos por una pasarela con varal de gruesa soga para evitar caídas al abierto vacío.

La senda camina ahora a la orilla del río, unas veces más bajas y otras más alta, conformándose a los accidentes del terreno. Los avellanos nos acompañan colgados de la ladera del monte hasta que el espacio se abre al llegar a un antiguo molino y al Caserío Peña del Cuervo. Se trata de un edificio habilitado como vivienda, un hórreo en el centro, una capilla y la cuadra, con lavadero adosado en el exterior, tofo ello cerrado en cuadro. Por fuera, la huerta y se adivina que antiguamente, aprovechando la ladera, había viñas plantadas. Un bonito y tranquilo lugar, solo interrumpido por el monótono sonido del agua al correr.

Ya estamos en el último tramo de la ruta y enseguida vemos las primeras casas de Cecos cuando alcanzamos el lugar en el que unas dos horas y media antes habíamos visto el panel anunciador de la ruta. Por una vez y sin que sirva de precedente, comimos a una hora prudencial.

Para el próximo sábado día 7, tenemos ruta por el Cuera. Continuamos con la circunvalación por etapas de esta sierra y para ello nos desplazamos al pueblo de Arangas, donde terminamos la última ruta de esta serie y desde allí subiremos por Piedradosu hasta el Turbina, para finalizar ruta en Alles, capital del concejo de Peñamellera Alta. La ruta propuesta es:

Arangas (342 m) – Lodevega (489 m) – Matacorta (637 m) – La Concha (1.059 m) – Piedradosu (1.086 m) – Pico Turbina (1.316 m) – Mancornú (1.077 m) – La Jorá (1.043 m) – Canal de La Jorá – El Collau (616 m) – La Collada (243 m) – Alles (261 m)

La ruta tiene un fuerte desnivel y una longitud aproximada de unos 20 kilómetros. El tiempo previsto para su realización es de 7 hora y media y lo que sí os aseguro es que si el tiempo acompaña, las vistas sobre Picos y de la costa, son inmejorables. Y creo que en esta ocasión el tiempo va a ser bueno. Confiemos en que la niebla no nos obligue a abandonar.

Quedo a la espera de vuestras llamadas. No lo dejéis para muy tarde que os podéis quedar sin plaza.

lunes, mayo 26, 2008

SALERAS Y BARRISCAL. ATRAVESANDO EL CORDAL DE LA SOBIA

Una dura ruta la que realizamos el pasado sábado. Dura, no precisamente por la ascensión, que fue a la postre lo más liviano, sino por el descenso a Coañana. Pero vallamos por partes.

El día amaneció con algunas nubes y extensos claros que no presagiaban lo que los meteorólogos vaticinaban de fuertes chubascos tormentosos. De todos modos, como la tónica de los días precedentes era la de fuertes tormentas al atardecer, ya nos preparábamos para recibirlas al final de la ruta.

Comenzamos a caminar en el Puerto de Ventana por la amplia pista que sale a la izquierda según se va hacia la provincia de León. Pasamos junto a la buena fuente de Ventana y por buen camino casi en llano vamos dejando a derecha e izquierda otras pistas unas en ascenso y otras en descenso, hasta llegar a las inmediaciones de la Ermita del Trobaniellu, que se encuentra a nuestra izquierda en una hondonada cerca del camino. Seguimos por la pista como un kilómetro en descenso y en una cerrada curva a derechas, debemos abandonarla por un sendero que baja a una pequeña pradera, Collado Garrafe, de la que sale con la misma dirección un sendero ascendente. La verdad es que nosotros vimos ese sendero gracias a la limpieza que hace poco se hizo de este tramo de la ruta, cortando las abundantes escobas que lo cubrían. Por este collado cruza el camino antiguo que une la Villa del Sub y Entrago con Ricabo, a donde también se dirige la pista que acabamos de abandonar.

Nos queda una buena caminata por las laderas del Garrafe y Grandamullida, hasta alcanzar el Collado Bosbigre, donde el escobal se torna pradera y en el día que nos ocupa, llena de vacas pastando.

Cruzamos las praderas y comenzamos a subir por la ladera oeste de La Tacha el Fierru. La ruta normal casi pasa por la cumbre, pero nosotros no hicimos la ruta normal. Al frente teníamos una muralla de piedra que nos separaba del Barriscal, primero y del Saleras más allá y en la muralla se veía una canal por la que parecía que se podía traspasar, con lo que hacia allí dirigimos nuestros pasos. Atravesamos a media altura una ancha canal herbosa que desciende del collado que se forma entre La Tacha el Fierru y el Sobre Bosbigre, aprovechando un sendero que se abría camino por la parte baja de la muralla y poco a poco fuimos ascendiendo hasta alcanzar la parte alta. Desde este punto pudimos contemplar todo el recorrido realizado hasta el momento y lo que aún nos restaba para alcanzar la cima del Saleras, que ya contemplábamos frente a nosotros identificada por el mojón del vértice geodésico que lo corona. A nuestra izquierda y algo más cerca, el Barriscal nos llamaba para hoyar su cumbre. Sobre ella también veíamos una especie de mojón y hacia él encaminamos nuestros pasos, buscando las praderas por los senderos del ganado. Una vez a sus pies, no queda más remedio que comenzar a subir por la piedra, de buen agarre, hasta alcanzar la cumbre en la que hay un mojón. Un pequeño descanso para hacer la foto de rigor y vuelta a caminar rumbo al Saleras donde ya nos esperaba el resto del grupo. Las amenazantes nubes se convirtieron en lluvia y en granizo, afortunadamente poco abundantes ambos, mientras nos dirigíamos a la cumbre del Saleras, coronada como dijimos, por el vértice geodésico.

Tras las fotos y después de cubrir la tarjeta, iniciamos el descenso hacia el noroeste, gracias a las indicaciones de un pastor. Al este abajo, se veía una baliza a la que debíamos ir para seguir camino por Vega de Duernas hasta Canchongo, pero en vez de eso, bajamos primero al norte para derivar suavemente al oeste a buscar un sendero muy marcado, que proveniente de Fresnedo, pasa por el Valle Canderin y llega rápidamente a la concurrida y bonita braña de Canchongo. Las cabañas se encuentran alrededor de la pradera y por el este sale una buena pista que se dirige a Villamarcel. Nosotros cruzamos la braña con dirección norte hasta las inmediaciones de la laguna, rodeada de árboles y casi cubierta de vegetación. Aquí volvimos a cambiar la ruta que teníamos fijada. En vez de seguir al oeste donde la laguna, para pasar por el Collado Piedrafita y descender por el largo valle del Reguero de Coañana, continuamos dejando a la izquierda la laguna hasta un lugar en el que hay dos viejas cruces de madera y a su vera, un ancho camino casi cubierto de hierva, pero bien marcado y de buen caminar a pesar de la humedad. El camino desciende vertiginosamente entre árboles, cruzando pequeñas praderas y pasando junto algunas cabañas, hasta cruzar el arroyo y unirse al que baja de Piedrafita, a la altura de las diseminadas cabañas de L’Altar. Aquí empezaron nuestros mayores sufrimientos. Al barro que ya veníamos pisando, se unió la piedra, lisa y bien mojada, en perfectas condiciones para deslizarse y darse una buena culada. No en vano a este camino lo llaman Mazaculos.

El último tramo, hasta llegar a Coañana, se hizo eterno. La piedra parecía no tener fin y donde no había piedra, el barro nos obligaba a caminar despacio buscando los mejores pasos, so pena de quedar para siempre clavados en la pegajosa arcilla. Para completar el panorama, una fina y constante lluvia nos acompañó durante un buen rato en el descenso, aunque nuestras preocupaciones eran bien distintas a las de mojarnos.

Por fin alcanzamos las primeras casas de Coañana y con ellas el hormigón que nos devolvió a la tranquilidad en el caminar. Nunca pensé que podría echar tanto de menos la civilización. Para remate final, un perro que permanecía inmóvil a la vera del camino, ya en Coañana, quiso probar mi pierna y me tiró una dentellada al pasar junto a él. Afortunadamente el mordisco fue a parar a la parte alta de la bota y no sufrí ningún daño. Ya en el amplio aparcamiento del pueblo y cuando nos estábamos cambiando, comenzamos a escuchar los truenos que se acercaban, provenientes de la zona por la que habíamos bajado. Fue cuando comíamos cuando la esperada tormenta descargó su furia sobre el concejo de Quirós. Al final la ruta duró casi siete horas desde que comenzáramos a caminar en Ventana.

El próximo sábado día 31 tenemos ruta por Cangas de Narcea. Caminaremos entre los Puertos del Conio y de Las Mujeres Muertas. Podremos contemplar desde las alturas el inmenso bosque de Muniellos. Caminaremos sobre las Sierras de Cazarnoso y Cansacaballos. La ruta propuesta es:

Puerto del Conio (1.316 m) – Braña Cimera (1.400 m) – Pico La Carcabina (1.501 m) – Llano los Cepos (1.419 m) – Pico Cazarnoso (1.473 m) – La Carcabina (1.464 m) – Llano de la Laguna (1.215 m) – El Tabulón (1.307 m) – Chao del Pozo (1.428 m) – Brañas de Folgueiras (1.300 m) – Braña de Valvaler (1.246 m) – Campalonga (1.205 m) – Pozo de las Mujeres Muertas (1.097 m)

Ya está abierto el plazo de inscripción para esta bonita ruta por el occidente. Como podéis ver, el desnivel es pequeño y la única salvedad es su longitud. Pero no tiene mayores problemas. Espero vuestras noticias. Os diré que tenemos el autocar de 27 plazas solamente, ya que los otros están ocupados. Esto quiere decir, que si tardáis mucho en apuntaros, os podéis encontrar sin plaza.