Una dura ruta la que realizamos el pasado sábado. Dura, no precisamente por la ascensión, que fue a la postre lo más liviano, sino por el descenso a Coañana. Pero vallamos por partes.
El día amaneció con algunas nubes y extensos claros que no presagiaban lo que los meteorólogos vaticinaban de fuertes chubascos tormentosos. De todos modos, como la tónica de los días precedentes era la de fuertes tormentas al atardecer, ya nos preparábamos para recibirlas al final de la ruta.
Comenzamos a caminar en el Puerto de Ventana por la amplia pista que sale a la izquierda según se va hacia la provincia de León. Pasamos junto a la buena fuente de Ventana y por buen camino casi en llano vamos dejando a derecha e izquierda otras pistas unas en ascenso y otras en descenso, hasta llegar a las inmediaciones de la Ermita del Trobaniellu, que se encuentra a nuestra izquierda en una hondonada cerca del camino. Seguimos por la pista como un kilómetro en descenso y en una cerrada curva a derechas, debemos abandonarla por un sendero que baja a una pequeña pradera, Collado Garrafe, de la que sale con la misma dirección un sendero ascendente. La verdad es que nosotros vimos ese sendero gracias a la limpieza que hace poco se hizo de este tramo de la ruta, cortando las abundantes escobas que lo cubrían. Por este collado cruza el camino antiguo que une la Villa del Sub y Entrago con Ricabo, a donde también se dirige la pista que acabamos de abandonar.
Nos queda una buena caminata por las laderas del Garrafe y Grandamullida, hasta alcanzar el Collado Bosbigre, donde el escobal se torna pradera y en el día que nos ocupa, llena de vacas pastando.
Cruzamos las praderas y comenzamos a subir por la ladera oeste de La Tacha el Fierru. La ruta normal casi pasa por la cumbre, pero nosotros no hicimos la ruta normal. Al frente teníamos una muralla de piedra que nos separaba del Barriscal, primero y del Saleras más allá y en la muralla se veía una canal por la que parecía que se podía traspasar, con lo que hacia allí dirigimos nuestros pasos. Atravesamos a media altura una ancha canal herbosa que desciende del collado que se forma entre La Tacha el Fierru y el Sobre Bosbigre, aprovechando un sendero que se abría camino por la parte baja de la muralla y poco a poco fuimos ascendiendo hasta alcanzar la parte alta. Desde este punto pudimos contemplar todo el recorrido realizado hasta el momento y lo que aún nos restaba para alcanzar la cima del Saleras, que ya contemplábamos frente a nosotros identificada por el mojón del vértice geodésico que lo corona. A nuestra izquierda y algo más cerca, el Barriscal nos llamaba para hoyar su cumbre. Sobre ella también veíamos una especie de mojón y hacia él encaminamos nuestros pasos, buscando las praderas por los senderos del ganado. Una vez a sus pies, no queda más remedio que comenzar a subir por la piedra, de buen agarre, hasta alcanzar la cumbre en la que hay un mojón. Un pequeño descanso para hacer la foto de rigor y vuelta a caminar rumbo al Saleras donde ya nos esperaba el resto del grupo. Las amenazantes nubes se convirtieron en lluvia y en granizo, afortunadamente poco abundantes ambos, mientras nos dirigíamos a la cumbre del Saleras, coronada como dijimos, por el vértice geodésico.
Tras las fotos y después de cubrir la tarjeta, iniciamos el descenso hacia el noroeste, gracias a las indicaciones de un pastor. Al este abajo, se veía una baliza a la que debíamos ir para seguir camino por Vega de Duernas hasta Canchongo, pero en vez de eso, bajamos primero al norte para derivar suavemente al oeste a buscar un sendero muy marcado, que proveniente de Fresnedo, pasa por el Valle Canderin y llega rápidamente a la concurrida y bonita braña de Canchongo. Las cabañas se encuentran alrededor de la pradera y por el este sale una buena pista que se dirige a Villamarcel. Nosotros cruzamos la braña con dirección norte hasta las inmediaciones de la laguna, rodeada de árboles y casi cubierta de vegetación. Aquí volvimos a cambiar la ruta que teníamos fijada. En vez de seguir al oeste donde la laguna, para pasar por el Collado Piedrafita y descender por el largo valle del Reguero de Coañana, continuamos dejando a la izquierda la laguna hasta un lugar en el que hay dos viejas cruces de madera y a su vera, un ancho camino casi cubierto de hierva, pero bien marcado y de buen caminar a pesar de la humedad. El camino desciende vertiginosamente entre árboles, cruzando pequeñas praderas y pasando junto algunas cabañas, hasta cruzar el arroyo y unirse al que baja de Piedrafita, a la altura de las diseminadas cabañas de L’Altar. Aquí empezaron nuestros mayores sufrimientos. Al barro que ya veníamos pisando, se unió la piedra, lisa y bien mojada, en perfectas condiciones para deslizarse y darse una buena culada. No en vano a este camino lo llaman Mazaculos.
El último tramo, hasta llegar a Coañana, se hizo eterno. La piedra parecía no tener fin y donde no había piedra, el barro nos obligaba a caminar despacio buscando los mejores pasos, so pena de quedar para siempre clavados en la pegajosa arcilla. Para completar el panorama, una fina y constante lluvia nos acompañó durante un buen rato en el descenso, aunque nuestras preocupaciones eran bien distintas a las de mojarnos.
Por fin alcanzamos las primeras casas de Coañana y con ellas el hormigón que nos devolvió a la tranquilidad en el caminar. Nunca pensé que podría echar tanto de menos la civilización. Para remate final, un perro que permanecía inmóvil a la vera del camino, ya en Coañana, quiso probar mi pierna y me tiró una dentellada al pasar junto a él. Afortunadamente el mordisco fue a parar a la parte alta de la bota y no sufrí ningún daño. Ya en el amplio aparcamiento del pueblo y cuando nos estábamos cambiando, comenzamos a escuchar los truenos que se acercaban, provenientes de la zona por la que habíamos bajado. Fue cuando comíamos cuando la esperada tormenta descargó su furia sobre el concejo de Quirós. Al final la ruta duró casi siete horas desde que comenzáramos a caminar en Ventana.
El próximo sábado día 31 tenemos ruta por Cangas de Narcea. Caminaremos entre los Puertos del Conio y de Las Mujeres Muertas. Podremos contemplar desde las alturas el inmenso bosque de Muniellos. Caminaremos sobre las Sierras de Cazarnoso y Cansacaballos. La ruta propuesta es:
Puerto del Conio (1.316 m) – Braña Cimera (1.400 m) – Pico La Carcabina (1.501 m) – Llano los Cepos (1.419 m) – Pico Cazarnoso (1.473 m) – La Carcabina (1.464 m) – Llano de la Laguna (1.215 m) – El Tabulón (1.307 m) – Chao del Pozo (1.428 m) – Brañas de Folgueiras (1.300 m) – Braña de Valvaler (1.246 m) – Campalonga (1.205 m) – Pozo de las Mujeres Muertas (1.097 m)
Ya está abierto el plazo de inscripción para esta bonita ruta por el occidente. Como podéis ver, el desnivel es pequeño y la única salvedad es su longitud. Pero no tiene mayores problemas. Espero vuestras noticias. Os diré que tenemos el autocar de 27 plazas solamente, ya que los otros están ocupados. Esto quiere decir, que si tardáis mucho en apuntaros, os podéis encontrar sin plaza.
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