martes, noviembre 05, 2013

EL DILUVIO EN LAS ESTRIBACIONES DEL RETRIÑON



2 de noviembre de 2013

Día de Difuntos. El color del cielo está a juego con la celebración. Todo negro. Cae agua con  intensidad a las seis de la mañana. A pesar de todo salimos. La temperatura es alta para esta época del año.

Después de la correspondiente parada en el bar de las casadielles de Felechosa, emprendemos camino por la conocida senda de la Vegalencia. Llueve suavemente. El suelo está muy resbaladizo y el barro ya es una constante durante todo el camino. A pesar de todo, la moral está alta. Un cazador está de puesto en la primera majada. Nos deja pasar pero refunfuñando. El barro hace estragos. Los resbalones frecuentes. La marcha rápida, propiciada por la buena temperatura. Un primer grupo se descuelga para seguir directos a Soto de Agües por la collada Felguera.

Somos doce los que decidimos tirar para arriba. Arrecia la lluvia. Ahora cae con fuerza. La palabra “impermeable” deja de tener sentido. Parada muy breve en la Mayá L’Oteru. Camino hacia el Noreste, siguiendo la marcada riega. Ascenso seguido que no da respiro alguno. Van las tres horas de caminar. Seguir es la cuestión. Si te paras te ahogas. Más vale seguir a hacer cumbre. Por fin, tras la cuesta pindia, pindia, se ve el monolito de hormigón. Pero no hay quien pare. El viento huracanado y frío hace muy incómodo el permanecer allí. Nos esperan unos metros más abajo aunque tampoco nada guarnecidos del temporal. Menos de un minuto en la cumbre.

El descenso está despejado y se ve con claridad toda la bajada hasta la mayá Los Pandanes, que por cierto está lejísimos y sobre todo enclavada en lo profundo del valle. Pena de vista que deberíamos haber disfrutado. Las manos ateridas por el frío recomiendan perder altura. La bajada es pronunciadísima. A pesar de todo esta gente tira a muerte. Nos vamos quedando rezagados.

-“Gracias Miguel por irnos marcando el camino de bajada”. Sorteamos las primeras rampas en las que un patinazo nos haría volar. Las raíces mojadas de los arándanos y las de urcias, las piedras lavadas por el temporal, el barro omnipresente, todo son obstáculos para un descenso más rápido. En las zonas peladas de hierba los patinazos sobre la tierra suelta son históricos. Muy pocas caídas, frenando con tobillos, rodillas y bastones. Las rodillas empiezan a quejarse. Las botas son dos piscinas en las que el pié inestable juega con la pendiente.

Agotador. Nos esperan junto a los corros de piedra. Están helados, es visible. –“Gracias, pero tirad para adelante”. Nuevo y vertiginoso descenso por el valle. Ahora está bastante más practicable. El camino va descendiendo paulatinamente hasta desembocar en la Majada Los Pandanes. Aquí pedimos un respiro, por lo menos tiempo para sonarse la nariz. Nos da la risa, de verdad. La gente arranca pensando en la eternidad que todavía queda. Hasta el Retriñón le echamos tres horas y tres cuartos, no está mal. Hasta aquí otra hora y media. Nos deben quedar alrededor de dos horas y media más.-“Que está lejísimos oyes”.

Sin perder la moral. Vuelve a llover ya prácticamente todo el tiempo aunque la temperatura es suave. Entramos en Les Cuestes, por donde debe andar la mina Carmen que tuvo una importancia enorme en la zona, tanta que se trazó el tren de Laviana, La Campurria, para dar salida al mineral de hierro. Me gustaría ir a verlo, pero no desde luego hoy. Las rodillas cantan demasiado a estas alturas.

La travesía del bosque es muy hermosa pero me temo que hoy no la estamos apreciando mucho, la fatiga y el mal tiempo tendrán la culpa. Descendemos por la vueltona del camino que acaba en el recodo del arroyo Argamosu. Se cruza como se puede, es decir metiéndote en el río para más seguridad. El siguiente accidente es cruzar la riega Los Negros, crecida de aguas, resbaladiza, traidora.
¿Cuánto faltará todavía? Se está haciendo muy largo este pateo. Bajamos por el Cantu la Vega y salimos al puente sobre el río Alba. Que bien. Estamos cerca. Sólo cinco kilómetros más. Vamos dejando los desvíos que a nuestra izquierda nos llevarían al Corbelloso, al Cogollo y al Guanalón. El paso por la foz está cerca. Ya se huelen las truchas de la piscifactoría. La buena conversación es la que mantiene los ánimos. Olvidarse del dolor en las rodillas. Por fin el lavadero y las primeras casas. Son las seis de la tarde. Para nosotros tres la ruta duró ocho horas y pico. Los otros llegaron hace más de media hora. A pesar del temporal el aparcamiento está bastante lleno, incluidos dos autocares de locos montañeros. Comemos en uno de los bares de Soto. Reponemos fuerzas, que estuvo bien: 1259 metros para subir, mil quinientos setenta y ocho para bajar. Y Una travesía de 18,5 Km. ¡Puf!

A pesar de todo lo sufrido la valoración que hacen mis compañeros de la ruta es altísima, casi de 9. Yo en estas circunstancias he disfrutado poco, está claro, pero me prometo volver con mejor tiempo y algo más de luz.

El sábado que viene volvemos al bosque. Es un descenso que ya hizo el grupo en más de una ocasión: atravesar el monte de La Puerca, empezando en el puerto Ventana, pasar por los Corros de las Cadenas, y atravesando el hayedo y luego el robledal aterrizar en la Villa de Sub, y bajar luego a Páramo. Yo la recuerdo como una de las excursiones más bonitas que hice en mi vida.

Recordad que el día 4 empieza la Semana de Montaña de Oviedo, y que dentro de muy pocas fechas tendrán lugar las II Jornadas de Montaña del Grupo Las Xanas. Recordad también que es una norma del grupo aprobada en Asamblea, que se cobrará el precio del autocar cuando no haya una causa justificada de ausencia. Y otra cosa más estamos empezando a recaudar para comprar la lotería de Navidad. Os veo en Teverga.

FRESINES

domingo, noviembre 03, 2013

DESCUBRIMOS LA TEJEDA DEL MONTE LA CHOMBA BAJO EL CUETO NIDIO EN LA LACIANA.



26 de octubre de 2013

Un ya lejano día de verano en lo alto de la Ubiña nos habían hablado del bosque de Rioscuro en la lejana Laciana. Lo prometido se cumplió. Hicimos el viaje hasta cerca de Villablino,  entrando en Rioscuro por la LE-493 para parar a 2 km- aproximadamente en un desviadero de la carretera. De allí nace una pista. Luis, al que conocimos con nuestros amigos gallegos aquel día del homenaje a Jorge Pablo en la Ubiña,  nos estaba esperando y muy amablemente se prestó a acompañarnos durante todo el día.

Desde allí mismo sale una pista que nos conduce en directo a una cabaña que es en sí misma un pequeño tesoro botánico, con sus plantaciones de romero, menta y melisa entre otras muchas especies. Luis nos enseña el interior, un pequeño museo artesano con toda clase de objetos hechos a mano, cucharas, bastones, castañuelas, un archivo de plumas de rapaces, otro de plantas medicinales, licores de elaboración casera ( podeis ver un recetario en la página personal de Luis).

Estamos un buen rato dando vueltas por la cabaña, y sus alrededores. Luis y Gripi practican una nueva variedad de golf rural con resultado de más de una bola en arroyo Braña Ronda. Dejamos el buen camino para ascender levemente y encontrar un buen sendero que discurre por encima de la cabaña-refugio-museo. Nuestros próximos pasos, atravesando el bosque de fresnos y abedules, se dirige a las cascadas que forma el río. Fuerte caída de agua, en una sucesión de desniveles que bajan raudos de la lejana cordillera. Tengo la impresión de estar en una catedral natural. No conocíamos esta vertiente de Laciana. Luis nos está descubriendo su pequeño hogar natural. Si queréis seguir sus andanzas o calibrar las rutas que realiza por la zona buscarle en luisrioscurolaciana.blogspot.com.es Salimos de una pequeña cascada para entrar a otra mayor. Sin solución de continuidad estamos en la siguiente. Pasamos por la Poza La Cirvienza (el nombre nos suena mucho a bable). Caminamos muy despacio. El bosque es una maravilla. Se le podría llamar el monte de “Las amanitas muscarias” por la cantidad de ejemplares que estamos viendo. El suelo está teñido de manchas rojas. El otoño está mucho más avanzado que en Asturias. El bosque mixto sólo tiene un calificativo: Precioso, un tesoro a conservar.

Subimos por la ladera para reencontrar el sendero. El siguiente paraje pasa por el tejedal. Ejemplares grandes, de buen porte y formas caprichosas. Este árbol totémico, esencial para los druidas celtas, lugar de reunión de las tribus, abriga un soto bosque totalmente vivo. Los brotes jóvenes del tejo crecen circundando el tronco principal. Luis nos cuenta que en la cata que han efectuado se le calcula una edad superior a los dos mil años. Casi nada. Nada más precioso que las vetas oscuras de la madera en las zonas descortezadas.

Uno de los tejos está hueco, formando una caverna profunda. Otro tiene una enorme rama desgajada, pero está totalmente cubierta de nuevos brotes que crecen verticales. Las formas de estos arbolones son caprichosas, se doblan sobre sí mismas, nacen ramajes a media altura, que se convierten en raíces. Tejedal bellísimo. Abandonamos despacio para llegar a la Braña Las Murias, donde comemos algo. Probamos también un tierno queso de cabra, muy parecido en su textura a nuestro afuega el pitu.

Hasta aquí escasos cuatrocientos metros. Tenemos que apurarnos para coger altura de verdad. Seguimos cuesta arriba desviándonos del sendero que llevábamos. La subida es buena y tendida. A cierta altura abandonamos el monte bajo para entrar de nuevo en el bosque, ahora serbales y hayas. Gran variedad de setas. Estamos a unos mil quinientos. El sendero se prolonga durante varios kilómetros hacia el norte. Cierra el valle por el sur toda la Cuerda de San Justo, con el Pico Cabañas, la Peña Grande, el collado la Muesca y la Curriecha. Cumbres a los que algún día tendremos que ir a echar un vistazo, pues tienen muy buena pinta.

Varias paradas para fotografiar setas, sobretodo corras de amanitas y de micenas. Los servales tienen sus frutos rojos y las ramas envueltas en líquenes. El contraste es brutal. Por fin salimos a un claro desde el que se ve cerca el Cueto Nidio y sus antenas.  Hay que tomar una decisión: bajar para volver al bosque o subir los doscientos y pico metros que nos quedan para llegar a la cima. Finalmente todos optamos por subir. El pico es más bien feo, con sus antenas y su olor a gasoil, pero es un observatorio de primera de los montes de Somiedo y León: El Cornón. Los Muxivenes, el Pico Blanco, La Crespa, la Chana, e infinidad de cordales más hasta perderse en la lejanía. También es una gran vista de Villablino y del embalse de Las Rozas.

Villablino villa muy antigua fue dotada con tal título en su carta Puebla por Alfonso X, El Sabio. “Sepan quantos este privillegio vieren y oyeren como nos, don Alfonso por la gracia de Dios rey de Castilla, de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdova, de Murcia, de Jaem e del Algarbe, en uno con la reyna donna Violante mi muger e con nuestros fijos el infante don Fernando, primero e heredero, e con don Sancho e don Pedro e don Juan e don Jayme. Porque los omes de la tierra Laziana, se nos enviaron querellar muchas vezes que recibían muchos males e muchos tuertos de caballeros e de escuderos e de otros omes malfechores queles rovaban e tomavan lo suyo sin su plazer. E pidierom nos merced queles diésemos un lugar qual touviésemos por bien en que poblasen, e les otorgásemos los nuestros regalengos e los nuestros derechos que aviemos en esta tierra sobredicha e que nos darían lo que touviésemos por bien”

Bajamos pronto para cumplir el horario previsto. La bajada la hacemos por todo el cordal que desciende suavemente hasta la cabaña-refugio abierta y a disposición de cualquiera. Estamos en la majada Vilforcos. Todavía tenemos que tirar otra hora de descenso esta vez por un precioso robledal, joven a pesar de su aspecto añoso, con el suelo tapizado de suaves hojas. Salimos a una buena pista que desciende en suaves revueltas hasta la carretera junto a la central eléctrica del arroyo Zarambral. Que recibe el agua por dos enormes tuberías acostadas en la falda de enfrente. Son justo las cuatro. El horario nos ha salido de cine.

Luis nos lleva a Robles de Laciana, un guapísimo pueblo construido casi con un belén de montaña. La iglesia de San Xuliano, precioso ejemplar de románico rural, fue parte de un convento benedictino. Este pueblo salió en los periódicos de este verano porque un oso descontrolado mató a trece ovejas y despeñó a una vaca y a su ternero. Algo excepcional. Comemos en el hotel rural. Es un local muy agradable y pasamos un buen rato. Son las seis, hora de volver.

Nos despedimos de Luis cambiando direcciones y teléfonos. Prometemos volver a vernos. La Laciana ha sido para nosotros una sorpresa muy agradable, tenemos que hacer más montaña por aquí, ahora que tenemos un contacto. Volvemos en un suspiro oyendo cantar los goles del Barsa. A las siete y media entramos en Oviedo.

El dos de noviembre atacamos la cumbre más alta del Aller: El Retriñón, entrando por Felechosa y bajando luego a Soto de Agües, excursión larga y con potente desnivel. Si nos acompaña el tiempo podremos hacer una gran y montañera excursión, ruta de bosque incluida.

A partir de la próxima semana emepezamos a recoger el dinero de la campaña de lotería de navidad. Hay tiempo de sobrar así que tomarlo con calma.

Recordad que del 4 al ocho de noviembre es la SEMANA DE MONTAÑA DE OVIEDO,  en el Auditorio. Y que el Grupo ha organizado las Segundas Jornadas de Montañas en el Casino de Trubia los días 20-21-22. Ya visteis el cartel. También está puesto en Internet.

Para la ruta del sábado seguid llamándome a mi. Peña no está así que para apuntaros los que no lo hicisteis el sábado pasado llamarme al 692 510 114 o al correo fresines@telecable.es , en donde acusaré recibo de vuestros mensajes. Hasta el sábado.

FRESINES

miércoles, octubre 23, 2013

GUAPA ASCENSIÓN AL VÍZCARES, LA CUMBRE DE INFIESTO



19 de octubre de 2013
           
La pasada semana no hubo ruta, ya sabéis. Una montaña lejana y la gente con muchas ocupaciones no lograron suscitar la magia que nos atrae una y otra vez a la montaña. Pero esta semana nos desquitamos. Teníamos un grande, nada menos que el Vízcares, orgulloso monte enhiesto en la Sierra de Aves, vigilante atalaya de cuanto acontece en las tierras piloñesas y alrededores.

Así que, estrenando un autocar de 22 plazas de Jano, bien, pero con algunos problemas de maletero entramos por Ríofabar en el bosque de La Pesanca, misterioso y lleno de vida, como siempre. Queremos subir por Degoes en vez de por la conocida ruta del collado Traslafuente. Los exploradores no encuentran el paso del río. El GPS está acatarrado y nos señala senderos por el Campo San Francisco de Oviedo. Así que probamos a buscar el puente, que finalmente aparece tras la primera casa, tal como venía en la descripción de la ruta.

Empezamos la penosa y larga subida por el monte Degoes. Las primeras cabañas están al alcance de la mano. La naturaleza ha hecho su selección y hay numerosos árboles viejos tumbados en el suelo con el cepellón al aire. No aguantaron la última nevada. El hayedo sombrío y húmedo nos priva del sol de otoño. Un vientecillo constante nos refresca la subida haciendo que las paradas sean breves. Dos horas de pelea con la cuesta. No se termina nunca y eso que el camino está muy bien trazado para suavizar las pendientes. Recorremos de abajo arriba todo el Valle Luiña, espeso bosque que te hace sentir parte de la naturaleza. Finalmente acabamos por salir del hayedo. La larga y pelada cuesta es lo que nos queda por subir.

Con dedicación y adelante. Seguimos dale que dale por el monte subiendo la cuesta de Llebrada y descendiendo un poco llegamos a la escondida majada Llebrada. Lugar solitario como pocos, protegido de todos los vientos. Breve alto en el camino que tenemos que reponer fuerzas ante la escarpada cuesta que nos separa de la línea cumbrera. Por el camino o en transiberiano acabamos alcanzando El Canto Praón, antecima del gran Vízcares. Todavía hay que subir un poco más, superar el Fayasgal  para poder pisar la cumbre piloñeta. Hay una tarjeta del Ensidesa. Pablo y Alicia estuvieron aquí la semana pasada, pero no dejaron huella. Hasta aquí tres horas. Nos ganamos un descanso y una buena contemplación. Cualquiera diría que estamos en el centro del mundo. Todo está aquí a la vista, la lejana Peña Santa que Manuel y Miguel hollaron la pasada semana. Pero más cerca el Canto Cabronero, la Mota Cetín y el cercano Valverde, marcando la cabecera del río Color que algún día habrá que remontar. Más al sur está la inconfundible Llambria, el picudo Maoño, a cuya base norte llegamos un día un grupo de expedicionarios que no pudimos pasar por la impresionante ladera.   

Hacia el mar, a la izquierda del Sueve se ve un objeto grande y brillante entre las brumas marinas. Dicen que es un barco y algo así debe ser, porque Burdeos está más lejos. Peña Mayor, con el Múa, la Xamoca… Y cerrando la vista por el oeste la Sierra del Trayán que atravesamos por su pasada el día que subimos (dura, dura ascensión) desde la Foz de los Maserones. Desde este buen observatorio del Vízcares nos dedicamos a observar los senderos que se adivinan por el monte Moñacos, intentando trazar el camino por donde bajamos. Es una maravillosa sucesión de valles, pandas y foces que recrea la vista y expansiona el espíritu. Todavía no han empezado los colores del otoño a vestir el bosque. Vamos a bajar.

Una muy original bajada con destino final en La Fragua. Vamos deshaciendo el camino: Fasgayal, Cantu Praon, Llana Herbosu, Cueto Mermejo. El joven Francisco Javier, nuestro “Lavín”, los sube todos, ¡qué hambre de monte! En el Cueto Mermejo las guías aconsejan tomar el descenso por la izquierda para acabar en la preciosa collada Llanoriu. Rodeamos el Pico Collado. Nuestra meta es visible desde esta altura. Nos quedan 600 metros por bajar. Las rodillas se quejan, pero el camino es bueno y vamos penetrando en el Monte Marbán, donde predomina el roble y el acebo. Si te quedas en silencio un rato te sientes inundado por la luz que se filtra. Preciosa y larga bajada que va serpenteando por toda la ladera.

Al final de la senda un pequeño puente da acceso a las primeras casas del pueblo donde podemos cambiarnos rápidamente. Bajamos a comer al bar Vízcares de Espinaredo, como no podría ser menos. El tiempo es tan agradable que juntamos mesas en la terraza. Da tiempo para una buena sobremesa. Es otro momento mágico de la montañera excursión. Fueron seis horas para salvar un desnivel de 1.119 metros, que nos han llenado de satisfacción. Siempre hay que volver al Vízcares en otoño.

Para el día 26 tenemos una preciosa y fácil expedición con un desnivel de 400 metros de subida y setecientos de bajada. Lo interesante de esta ruta es que transcurre toda ella por el bosque leonés, cuyo otoño está más adelantado que el asturiano. Se parte cerca de Villablino en La Matona y terminaremos en Rioscuro. Peña no está así que para apuntaros los que no lo hicisteis el sábado pasado llamarme al 692 510 114 o al correo fresines@telecable.es , en donde acusaré recibo de vuestros mensajes. Hasta el sábado.

FRESINES

miércoles, octubre 09, 2013

LAS XANAS EN LA CALABAZOSA Y LA PEÑA SOLARCO



5 de octubre de 2013

-“¿A dónde fuisteis el sábado?”
-A Torrestío
-“¿Otra vez, ho?”
-Sí, es la tercera.
-“Pero os quedan picos que subir?”
-Sí, siempre hay algunos. En esta ocasión nos faltaba el Pico Calabazosa y la Peña Solarco para completar el cordal que arranca en la Peña Orniz.
-“¿Subisteis muchos?”
-Sí, todos hasta los Collados Quixeiro y Congosto.
-“¿Os hizo bueno?”
-Buenísimo. Hasta volvimos a quemar la nariz…
-“¿Y por dónde subisteis al Pico Calabazosa?”
-Fácil, desde el Collado, cada uno por donde pudo. Y para bajar está “sembrao” de precipicios pero encontramos una canaleta fácil que nos posó en la antecima.
-“¿Y como pasasteis a la Peña Solarco?”
-Pues buscamos un camino desde lo alto y no encontramos un buen paso, así que unos descendieron hasta un corredor herboso y aéreo y otros, más conservadores, bajamos un buen tramo para bordear el temible y vertical antepico por un pasillo elegante, pegado a la peña. Así salimos al collado Solarco. Desde allí sólo hay que darle fuerte para vencer la cuestona.
-“¿Y qué veíais desde allí?”
-Pues además del Morronegro que lo teníamos enfrente, el Ferreirua, Las Ubiñas y su grupo, los Fontanes, el Montihuero. Y en la bajada por el valle de Cualmarcé el perfecto cono del pico Vallera.
-“Y bajasteis luego…”
-Por el mismo valle de Cualmarcé para cerrar el circulo y volver de nuevo por el Valle Valverde.
-“Parece que os gustan Somiedo y la Babia…”
-Tienes razón son dos zonas que nos encantan y todavía quedan cosas por hacer, valles por explorar, riachuelos que cruzar. Para demostrar la solidaridad con esta tierra firmamos todos una petición para que no se lleven de Torrestío la farmacia de guardia evitándoles un viaje de 20 Kilómetros hasta San Emiliano.
-“Naturalmente comisteis en el bar de Torrestío”
Claro, hicimos una larga mesa única como si fuera una boda. Buen ambiente garantizado y con el solecito calentando la sobremesa.
-“¿Dónde vais la próxima semana?
-El día doce, que es fiesta, la gente aprovecha para ver a la familia. Así que ese día no tendremos actividad montañera. Nos volveremos a ver en el Vízcares. Y deja ya de preguntar tanto, ¡curiosón!

FRESINES

martes, octubre 01, 2013

EN LA PEÑA MORA, A PESAR DE LA BORRASCA



28 de septiembre de 2013

Se acabó el verano. Bruscamente llegan sin avisar las primeras nubes. “Le bon temps c’est passé”. Es hora de sacar del armario ropas de tormenta. Sin miedo al agua subimos Tarna para acercarnos a La Uña, en el Alto Esla. Llueve sin parar. Salimos igual. Siguiendo el río Carcedo, paralelo a la Sierra del mismo nombre. Pasamos los Campos de María. Vamos subiendo de modo continuado. En el bosque hay más de un venado berrando aunque la hora a es tardía para ellos. Potente bramido que retumba en el valle.

Pasamos la cuadra de ganado. Hay opción a volverse por la pista que sale directa a Polvoredo. Pero, inexplicablemente, a pesar del aire frío, del viento y la lluvia la gente quiere seguir. Vamos subiendo las primeras revueltas del puerto de la Fonfría. El cielo está negro, cargado, muy amenazador. Nosotros a lo nuestro. Giramos hacía el Este para subir al Collado Mascaredo. Un breve rayo de luz ilumina Peña Ten y Pileñes y refulge sobre la caliza del Recuencu. Dura poco la luz está espléndida. Saldrán buenas fotos.

El viento intenso se ha convertido en un nuevo enemigo. Estamos en la falda de la Peña Mora. Se empieza a subir a media ladera, subida penosa, dificultada por las arandaneras tan densas que alguien llega a decir: “Espera, que no hago pié”. ¡Hombre, ahorgarse entre arándanos!… Por lo menos estos pequeños frutos endulzan la subida. Cuando ya cogemos la lomera la subida es más liviana, aunque el fuerte viento ya ha causado la baja laboral de varios paraguas.

Los que llegaron primeros lograron ver hasta la ermita del Arcenorio. Pero dura poco y la opaca niebla lo uniforma todo. No paramos mucho, el viento está siendo desagradable. Bajamos por la cara que sigue en dirección contraria a la subida.. La Peña Negra que pensábamos subir quedará para otra ocasión. En la collada Valdemagán estamos algo más resguardados. La tentación sería bajar por este amplio valle a los lejanos pueblos de Pio y Vierdes en Sajambre. Pero como queremos bajar a Polvoredo, tenemos que ascender algo para cruzar al valle del río. Volvemos a protegernos en la Sierra Carcedo, esta vez por su cara este. La bajada por el río es fácil y agradable. Estamos a resguardo del viento y ha dejado de llover. Por la canal de la riega salimos a la explanada donde está el Refugio. Aquí estuvimos en plena invernada intentando entrar en calor.

El camino serpentea entre piornedos. Hago una parada mingitoria y al incorporarme a la senda estoy sólo. ¿Todos estos se habrán equivocado? Primera precaución mirar la hora, segunda no desviarse del sendero. Un marcado camino sigue adentrándose en el bosque El Jedo. Pero no baja apenas. Algo no va bien y se impone rectificar. Busco una riega y me lanzo por ella espantando a un corzo que tranquilo pastaba. El bosque es de una belleza apabullante. Llego a la pista. Creo que me he adelantado. Ya sabes, te separas del grupo y enseguida provocas una alarma. En mi reloj han pasado veinte minutos escasos. Para el grupo que espera el tiempo se hace mucho más largo. Bien por el grupo: la alarma funcionó. Por el móvil logramos aclararnos. Espero junto a una cabaña en ruinas a que aparezca la tropa. Afortunadamente las reñidoras miradas se convierten pronto en bromas. Esta vez la “viuda” se quedará sin cobrar. No pasó nada, pero no te puedes parar ni a mear.

Seguimos toda la pista hasta completar los 16,5 kms. Por fin la primera casa de Polvoredo. El pueblo está solitario y silencioso. Nos cambiamos entre chubasco y chubasco. Bajamos a comer a Casa Linares, nuestro segundo hogar. La mesa se organiza en un momento, a pesar del gran número de vehículos aparcados. Será que la hora es tardía, pues pasan de las cinco. Sobremesa montañera hablando de calendarios, de posibilidades y de montañas de los Picos de Europa.   

Terminamos una jornada montañera que se prometía horrible y que luego se fue suavizando. La constancia tuvo su premio. Llegamos a la Peña Mora aunque no pudimos ver el espectáculo que brinda de montañas. Al final satisfechos. Se ve que somos de buen conformar.

Para la primera de octubre volvemos a Somiedo en ruta circular desde Torrestío. Esta vez queremos hacer la Peña Calabazosa y el Pico Solarco, con lo que habremos completado la cordillera que limita Somiedo y La Babia. Esta zona empieza a sernos muy familiar. Y también nos suenan conocidos los chupitos de licor de ciruela del bar de Torrestío. Saldremos en esta ocasión desde Oviedo. Inauguramos con esta primera las rutas a través del bosque otoñal.

FRESINES

martes, septiembre 24, 2013

LAS XANAS EN LA PEÑA ORNIZ: SOMIEDO EN PERSECTIVA



21 de septiembre de 2013

Día de San Mateo, fiestas de Oviedo. Se nota porque van con nosotros varias personas de otros grupos que hoy no tienen actividad. Nosotros salimos como siempre. Vamos a La Cueta. No hay bares abiertos por la carretera hasta cerca de San Emiliano. Nos apañamos, faltaba más.

La llegada a La Cueta se hace esperar. Llegando hasta cerca de la plaza torcemos antes de la iglesia para entrar por el valle del Sil que es una maravilla de colores y formas. En determinado momento, en las praderas de Cebolleo, hay que cruzar el río para girar hacia las Fuentes del Sil. Todo el tiempo en ascenso, moderado pero continuo. Hacemos otro pequeño giro para seguir la graciosa estela del río Intermitente, afluente del Sil y que como su nombre indica aparece y se sume varias veces. Subimos a los puertos de Cuetalbo. Dejamos a la derecha Los Años y La Crespa, bonitas montañas. Ya desviados de las Fuentes del Sil faldeamos para encarar la base de la Orniz con buenas garantías de éxito. Hasta aquí dos horas. En poco más de media estaremos arriba. Es una bonita subida aunque de piedra suelta.

Lo mejor está arriba. Decía Neruda que “quien quiera admirar un paisaje que suba a la montaña”. Eso hicimos y estamos rodeados de cumbres por doquier. Los cercanos Albos, el Lago del Valle, del que sólo se ve el muro de cierre, La Mortera, Solarco, Calabazosa, Morronegro, Penouta, Muxivenes, Urro, Peña Manteca… La lista es larguísima. Hasta me enseñan los que de esto saben a ver el Caldoveiro y los puertos de Maravio. Muy impresionante. Y el reluciente verdor de la laguna La Verde, bajo el Montihuero.

Después de firmar la tarjeta, varios montañeros deciden seguir a la Torre de Orniz y la Muria Brava. El grupo los ha ascendido recientemente. Los que han seguido no parecen muy organizados porque acaban por preguntar a voces dónde está uno que les falta.  Inaudito en un grupo que se precie. Al llegar a Torrestío piden disculpas por la pequeña inquietud creada. Y es que en todo momento el grupo, y más sus responsables, tiene que saber donde está cada uno, y más si no son socios habituales. Empecemos a pensar un poco en la responsabilidad civil y las posibles reclamaciones por accidentes.

Seguimos bajando hasta la laguna Congosto que es un sitio con encanto. Caminamos despacio pero sin parar, rumbo a la Foz de Congosto. Al entrar en el Valle de Valverde un numeroso grupo de montañeros salmantinos pregunta por una fuente cercana. Si hay una cerca de la foz. Pero no se si llevará agua. Nos despedimos de ellos hasta Torrestío. Nos preguntan si yendo a esa velocidad “queremos salir en el telediario”. El Valle de Valverde es largo,  lleva un rato acercarse a las primeras casas del pueblo. Antes de entrar en el mismo nos para una pareja amiga: Fanjul y Luisa que hicieron la semana pasada la Torre de Cerrado y hoy vienen de la Fiesta de la Trashumancia de Somiedo.

Nuevo encuentro en el bar del pueblo: Nuestro amigo Victor de Turón aparece con su grupo que vienen de la Solarco y la Calabazosa. Nos seguimos nuestros respectivos reportajes fotográficos y así todos aprendemos de todos. Comemos en la terraza del bar. Buena sobremesa con  los chupitos artesanos de la casa. Hora del regreso. Pararemos por el camino donde Aladino para refrescarnos un poco que este septiembre está resultando caluroso.

La última salida de este mes es a la Peña Mora en la que estuvimos a punto de coronar en un día invernal como pocos. Hoy volvemos saliendo desde La Uña para ir hacia los Campos de María y la Peña Mora bajando luego a Polvoredo donde pondremos fin a esta interesante excursión. Esta zona del Noreste de León nos gusta siempre mucho.
           
FRESINES   

jueves, septiembre 19, 2013

MUCHAS GRACIAS

En nombre de la familia ARRIBAS GUTIERREZ quiero daros las gracias por vuestras condolencias tras el fallecimiento de la madre.
Así mismo agradecen de corazón, el ramo de rosas recibido del GRUPO DE MONTAÑA "LAS XANAS".
Muchas gracias a tod@s.
ROSI y JOSE

miércoles, septiembre 18, 2013

EL GRUPO LAS XANAS EN EL RECUENCU. POR LA FOZ DE LOS ARGAYOS



14 de septiembre de 2013

Lo tenemos todo a favor: hace bueno pero no calor. De madrugada un leve orbayo refresca la atmósfera encapotada de nubes. En Arriondas sigue cayendo mansamente. Pero en el horizonte lejano se va descubriendo una mancha azul que se extiende. Vamos a tener buen tiempo, un buen día de montear, sin duda. El minibús nos posa en les Bedules. Ahorramos una buena hora de esfuerzo. Bien. Lo aprovecharemos para estar más tiempo en la cumbre.

Caminando no muy deprisa llegamos al Collado Caldes en hora y media. Recibimos la llamada de Peña comunicando el fallecimiento de su suegra. Estábamos esperando este final, pero no dejamos de lamentarlo. Les mandamos desde la altura un gran abrazo solidario.

La subida se hace a velocidad de vértigo. Los primeros en unos treinta y cinco minutos. La senda muy marcada va dando lazadas por la falda. Una cuesta bastante empinada. Luego en el estrechamiento entre rocas hay que agarrarse con las manos en un pequeño tubo. Luego por pequeñas terrazas escalonadas se llega a la cumbre. Nos juntamos veintitrés en ella. Lo que se llega a ver desde aquí es mucho más de lo que se puede contar. El lejano Mampodre, el Lago, Ls Abedular, Pileñes, el Porrón de Viaño, El Maciédome, El Tiatordos, La Llambria, el Pierzu, Canto Cabronero, todo el Cornión…

Allí abajo está Sobrefoz. La cortada en forma de “cuenca” es impresionante. Este pico es guapísimo. Recogemos una tarjeta del ENSIDESA Gijón de hace dos días. Un buen rato en la cumbre premia nuestro esfuerzo. La montaña tiene sus exigencias pero también sus grandes recompensas. Encuentro en un reportaje del invierno pasado a un grupo que ascendió por aquí encontrando a un jabalí enorme agotado en la nieve cuando intentaba huir. La foto es muy curiosa.

Descenso rápido y por más de un camino nos introducimos en la vaguada de la vega Enol. Como hoy decidimos que iba a ser un día sin discusiones pues no discutimos. Los que van por lo alto, los que seguimos el track y los desconfiados que bajan por el fondo del valle. Una sección decide saltar por la collada Carambones y buscarse la vida por el monte La Cuesta para bajar a la pista de Ventaniella. Todo sin discusión. Un hito para el grupo.

La Foz de los Argayos es cada vez más imponente. Las calizas paredes se van cerrando como dos enormes muelas en torno al modesto río Vallizón. Al lado del riachuelo hay un marcado camino que va descendiendo por el bosque atravesando la foz. Para los barranquistas el descenso por el río y la cascada es de primera. Se necesitan siete rápeles para bajar toda la ladera. Cruzamos el río. Este da un giro cerrado por el que discurre una parte de la cascada. El bosque reluce de verdor. Las piedras del río resbalan en el verdín. La sección zamorana que hoy va con nosotros alucina con el paisaje y con el paisanaje. Al pasar junto a una cabaña el senderín se convierte en pista de ganado. Para la mayoría esta bajada por el bosque era desconocida. Ha dejado muy buenas sensaciones. Preciosa. Pasada la segunda cabaña que están arreglando para vivienda la pista ya es apta para todo terreno.

Pasamos con permiso del joven toro que nos mira con indiferencia. Salimos a la pista. La manguera de gran sección que hace rato nos viene acompañando continúa hasta el depósito de agua de Sofrefoz. Está tocada en varios puntos y parece que van a hacer obra para enterrarla. Dos kilómetros de pista nos separan de la apañada aldea. En el recodo volvemos la vista al Recuencu o Bargoli que por esta cara enseña otra fachada distinta de la pirámide que veíamos desde Les Bedules.

A la entrada de Sobrefoz hay que elegir entre dos bares: El de Severa arriba y el de Benigna en la plaza. No hay duda: nos quedamos con lo benigno y además en cuesta abajo. Allí comemos a la sombra rodeados de cumbreras de ensueño. A los postres la tele nos sirve una sensacional subida ciclista al Angliru con triunfo extranjero. Así la sobremesa se prolonga un poco más de la cuenta. No pasa nada. “Día sin discusiones” es el lema. Cuando termina el reportaje nos vamos. Los del bar encantados. Pararemos por el camino donde nuestro mexicano para probar ese tequila del que todas hablan. Gana la sidra por goleada. Empieza a llover. Es el momento de irse para casa. Una buena y sencilla jornada montañera-.

El día de San Mateo el grupo sale a pesar de todo. Nada menos que la Peña Orniz que oteamos el día que ascendimos a la Muria Brava. Empezaremos de manera clásica en la Cueta para bajar por el conocido camino de Torrestío. Seguro que será una gran excursión.

FRESINES

lunes, septiembre 09, 2013

EN EL JARIO Y SIN VISTAS

6 de septiembre de 2013

Cambiamos de mes y cambiamos de tiempo. El viernes llovió intensamente. Preparamos paraguas y chubasqueros, algo que teníamos casi olvidado. Pero no nos asustamos. Madrurgamos y, a pesar del fino orballo que cae casi todo el camino nos dirigimos a Sajambre, parajes encantados de bosque profundo y colores vivos. El camino de los Beyos ponguetos muy conocido. Pero luego el acercamiento hasta el puerto de Panderruedas se hace bastante largo. Ya sabéis que allí la línea discontinua indica nada más “el eje de la carretera”. Por fin llegamos al puerto. Vacío de coches. Diez y cuarto empezamos. La ruta promete buenos paisajes.

El cielo totalmente encapotado. No llueve, que ya es una ventaja. Fresca la mañana. Se camina a ritmo para entrar en calor. En diez minutos se llega al extraño y romboidal mirador de Piedrashitas que está a cien metros de altura sobre el puerto. Bordeamos por la izquierda sin enterarnos el Camborisco, de precioso nombre y dando un giro a la izquierda de 90º enfilamos la suave cuesta del Collado Viejo que es la puerta de entrada a las majadas de Piedrahita. No apreciamos más que el camino a nuestros pies y lo que se adivina a unos 30 metros. Breve alto. Atacamos la ladera de la Cerra Centenal cuya silueta se insinúa entre neblinas.  El buen camino continúa casi en horizontal, siempre al Norte bajo el Guadañas, que apenas vemos.

Llegamos a la collada Blanca. Vamos muy bien de tiempo. Tendría que distinguirse el color blanco de la piedra entre las paredes de pudinga cuarcítica verdosa. Atravesando al otro lado y dejando a la derecha el chozo Dobres, empezamos a subir por la falda del Samaya y bordeando los Collaínos de Valdelafuente y las dos cumbres de Valdelafuente que teníamos intención de hacer, entramos en los derrumbes del Jario.

Subiendo por el costillar apenas se nota el esfuerzo. El último tramo está escalonado y facilita un paso cómodo. Estamos todos arriba. Un intento de resol para hacer la estancia agradable. Al cuarto de hora las nubes vuelven a cerrarse. Segunda subida a esta cumbre que tiene que ser uno de los balcones más maravillosos del Cornión, pero a los que no logramos ni atisbar. Sopla aire frío. Es el momento de bajar.

Siguiendo en dirección oeste se va descendiendo para girar luego al norte y entrar el bosque de hayas. El bosque es una maravilla. Ya por ver esto merece la pena llegar hasta aquí. El bosque pone a prueba  nuestra sensibilidad porque la  maravillosa y serena belleza de estos bosques impacta. En poco tiempo embocamos la pista que baja a la vega Abaño. Cualquiera de los dos ramales que se abren a la altura de la cabaña Llareya te lleva sin problemas hacia la majada. Seguimos paralelos al río Truégano que pasa junto al refugio. Atajamos para no dar la vuelta completa y pasado el puente con el camino que viene de Dobres, entramos a la plácida extensión de terreno, ya pacida. El refugio muy bien como siempre. El guarda está ocupado pues tiene gente a comer. A pesar de todo nos atiende un momento con las cervezucas que va a buscar al río. Un grupo de montaña tiene que hacer algo de gasto para ayudar a mantener los refugios abiertos.

Luego bajamos rápidos a Soto de Sajambre, primero por la pista y luego atravesando el bosque. Tardamos una hora en llega al pueblo. Trece kilómetros escasos. Fue un paseo casi de manos en bolso. Tenemos que buscar el bus en el extremo del pueblo en el nuevo aparcamiento. Qué largo es este pueblo. Salvamos de la lluvia. Amago más de una vez pero no llegamos ni a sacar el paraguas. Ha sido un buen día, pena de vistas. Bajamos al bar del pueblo a comer. Es gente amabilísima. A los postres Dioni comparte unas moscovitas para que la gordura se reparta y no caiga en una sola. Y naturalmente Hugo lleva unas marañuelas de vicio. A su madre la proponemos como socia de honor y cualquier día de estos le damos el título.

Queda mucha vuelta. Así que para hacerlo más llevadero paramos en una sidrería que resulta estar disfrazada de “mexicana”. Los tequilas finales hacen estragos en la tropa. Lo siguiente es buen humor durante toda la vuelta. Un jabalí se cruza por delante del coche que nos precede. Es un bicho enorme y negrísimo. Viene huyendo de los cazadores que lo acechan. Este salvó. Lo dicho se saben la temporada de caza. Cada vez nacen mejor enseñados.

La semana que viene y dando mejor tiempo, tenemos el Recuencu, que hace tiempo que no hacemos. Volver a Ponga siempre es un placer y una garantía de excursión emocionante. El Recuencu, si tenemos suerte con el tiempo, es un pico perguapu. Peña y Rosi están en Valladolid pendientes de la enfermedad de la madre de Rosi que es grave. Les acompañamos en estos momentos difíciles.

Así que esta semana llamadme a mí al 692 510 114 o al correo de fresines@telecable.es. Por otro lado nos comunica María José que José Manuel está recuperando y bastante mejor. El martes empieza con las pruebas de esfuerzo. Una noticia buena.

FRESINES

martes, septiembre 03, 2013

SOBRESALIENTE PARA LAS XANAS EN LA ASCENSIÓN AL CURAVACAS



31 de agosto de 2013

Terminamos de una manera gloriosa este completísimo mes montañero de agosto. Hicimos la subida a La Muria Brava en Somiedo. Luego al Cotalba y a la Canal Vaquera, completamos la ruta de Hierbas Altas en Caín. Estuvimos en el Central haciendo las ascensiones programadas al Pico San Carlos, a la Torre de la Collada Ancha y a todo el macizo de las Peñas Cifuentes. Y para cumplir nuestro calendario  fuimos este fin de semana a la Montaña Palentina, en Fuentes Carrionas.

Está muy lejos. Nos tocó madrugar. Afortunadamente, sin tráfico a tan tempranas horas, el autobús volaba. En hora y cuarto en lo alto de Tarna. La parada la hicimos en el hostal de Velilla. Allí nos hicimos con buen pan de Castilla. El viaje nos duró todavía tres cuartos de hora más. A la altura de la localidad de Triollo nos espera Pablo que nos hace unas misteriosas señales de que sigamos a Vidrieros. Misteriosas porque cada uno las interpreta como le viene en gana y organizamos una agitada discusión sobre si haber parado o no y sobre donde aparcar el minibús.

Lo que importa es la montaña y hacia ella vamos. El Curavacas, inmensa mole verdinegra reluce en el primer sol de la mañana mostrando la dureza de lo que nos espera. Son las diez menos diez. Luce el sol, pero no hace un calor excesivo. Subimos la pedriza a ritmo la cuesta pendiente y polvorienta. Hay otra posible subida por la llamada Canal Sur entre la cumbre principal y la cima oeste (2493 m). Es una subida del III/ de unos 500m y 55º de inclinación. Preferimos subir por el camino tradicional marcado por los hitos. Pasada una hora hacemos un primer descanso, cuando empieza la falda propiamente dicha. Revuelta va y viene, vamos ascendiendo poco a poco en esta inclinada cuesta.

Otra hora más y llegamos a la altura del collado que separa las agujas de la cima oriental de la central. Es un sitio muy bello en su desnudez. Entramos por el Callejo Grande calificado como II/ 400 m, de tubo y 45º de inclinación. Asequible porque hay un desfile de montañeros yendo a la cumbre. A partir de aquí cada uno a su ritmo, en varias cordadas según las fuerzas de cada cual. La subida es mucho más entretenida pues nos enfrentamos a la roca, conglomerados grises cimentados de piedra negra. Hay que agarrarse en varias ocasiones por la canal en semisombra. Ráfagas frescas alivian el calor. Entramos en el tubo que tiene buena subida pegándose a la pared.

Superado este gran desnivel entramos a la cara norte de la peña y en cosa de diez minutos hacemos cumbre. Los primeros tardaron menos de tres horas. Los demás unos veinte minutos más. Está la tevergana Rosa en la cumbre. Su subida ha sido un poco más larga, de cinco horas. El mirador es de impresión. Los tres macizos de los Picos de Europa, incluido el teleférico. Pero mucho más cerca la montaña leonesa con el Yordas, empequeñecido por el Espigüete, el Murcia, el Cuartas, el Tres Provincias y Peña Prieta. A nuestros pies la inmensa caída al Pozón del Curavacas, en un semicirco cerrado por el Tío Celestino y el Ves. Hay un grupo de espeleólogos madrileños y holandeses explorando la recién descubierta sima del Ves, en el llamado “Pozo de los Mierdas” (con perdón, claro)

Hacia el este, y asesorados por los expertos Rosa y Toni, grandes conocedores de la montaña palentina, tenemos larga crestería de Peña Sagra que tapa Reinosa, seguida de la sierra del Cobre, con el Pico Tres Mares, donde nace el gran Pisuerga. También se ve el Valdecebollas cercano a Brañosera. Muy al sureste está la meseta de Las Tuerces, digna de una visita. Y todos los pantanos: el de Aguilar, el de Compuerto y el de Camporredondo de Alba. El río Carrión nace tímido entre neveros en el cercano circo de Fuentes Carrionas. Pero cuando ha dado la vuelta por todo el valle de Pineda le tenemos al Sur, ya convertido en un señor río que riega las vegas de Vidrieros. Dicen que desde esta atalaya se ve el mar con nitidez, yo no lo pude ver, quizá porque estaba extasiado con todas las panorámicas que tenía delante.
Dato para la polémica. Sostiene Taboada que una de las ultimas cimas del central es el Urriello y que el evidente desconchado que se ve en la torre es el anfiteatro. Entramos en la discusión pero nadie tiene muy claro desde esta gran distancia el acúmulo de cimas que sobresalen pegadas unas a otras. Una hora en la cima. Hace rato llegó Isa que le ha echado arrestos para subir sola. Bien por ella. Vamos a descender. Más o menos en grupo hasta la pedrera. Miguel explora conmigo el paso por el macizo oriental para bajar a Vidrieros por la cumbre del pico Hospital y luego la falda del Coruño que está encima del pueblo. Pero pasamos una primera vallina inclinada, a una segunda aún más, con una hierba que además de resbalar, corta la mano. Luego ya renunciamos pues hay que bajar mucho para poder bordear esta agrupación de agujas verdinegras. El color verde se debe a un líquen que nace en la misma piedra negra, alimentado por la permanente humedad de los neveros.

Cuentan en el pueblo que hace tres años se mataron en el Corredor Oblicuo dos montañeros vascos, al pisar lo que se llama una capa de viento, nieve acumulada que no está agarrada todavía al sustrato de roca. Y luego en verano se encontraron con un compañero que fue a buscar algo de material de lo que podían haber dejado los dos chavales. Encontró en el corredor un solitario crampón.

La bajada por la pedrera es un vuelo sin motor, saltando de tacón sobre la piedra suelta, con pequeñas nubes de polvo a nuestro alrededor. Algunos bajan en hora y media. Llegamos a Vidrieros sobre las cuatro. Nos dividimos en dos bares por cuestión de contentar a todo el mundo, a pesar de que el bar que había apalabrado Pablo era el del fondo, el mesón Vidrieros. El bar Lago es muy peculiar pues ofrece un chupito gratis al que le resuelva la adivinanza matemática de la semana. Y todo esto en un pueblo de 58 habitantes en verano.

Instalados en la terraza tenemos una comida de lo más agradable. Recibimos una llamada de Gelu que se corta. Hoy ataca los Cuetos Albos. El “comedor de rosquillas” sube del bar de la plaza por si quedan pastas que echarse a la boca. Celebramos el cumple de Amador. “Que cumplas muchos más, compañero montaraz”. Nos vamos. Cerramos el mes de agosto. La ascensión ha sido de las que dejan huella en la memoria. El día acompañó. El único inconveniente el viaje de vuelta.

Se impone una parada para descansar un poco y estirar las piernas. En Abantos, al calor de las sidras que van cayendo, ya metidos en la noche, recuperamos los cantiquitos y el buen humor colectivo que parece que habíamos perdido. Manolo, nos falta un tenor de tu talla. Luego, ya cogido el ritmo, en el autocar sigue la juerga que tal parece que esta gente no ha subido y vuelto a bajar los 1200 metros de desnivel. Hasta se canta lo del “viejo bar, de húmedas paredes…”. Bien  por Jorge, gritan por el fondo.

Estrenamos el calendario de septiembre: El Jario, el Recuencu, La Orniz, y la Mora. En agosto calculo que sumando todos los fines de semana hemos superado un desnivel superior a los 5.251 metros. Ya estamos cerca de superar el Aconcagua. El próximo día 7, víspera de Covadonga, volvemos al Pico Jario subiendo desde Panderrueda para volver a la civilización por el refugio de Vega Abaño y bajar por el bosque a Soto de Sajambre. Ya la hicimos en su día en medio de una incesante tormenta y no somos conscientes de que había en aquel pico. En esta ocasión tenemos la oportunidad de disfrutarlo con más calma.

Cuando estoy terminando estas líneas me llama Clemente. Me cuenta que José Manuel González que estuvo con nosotros en el Curavacas ha sufrido un infarto cuando estaba en el trabajo. Le deseamos todos que salga pronto de esta situación.

FRESINES