31
de agosto de 2013
Terminamos
de una manera gloriosa este completísimo mes montañero de agosto. Hicimos la
subida a La Muria Brava
en Somiedo. Luego al Cotalba y a la Canal Vaquera,
completamos la ruta de Hierbas Altas en Caín. Estuvimos en el Central haciendo
las ascensiones programadas al Pico San Carlos, a la Torre de la Collada
Ancha y a todo el macizo de las Peñas Cifuentes. Y para
cumplir nuestro calendario fuimos este
fin de semana a la Montaña Palentina,
en Fuentes Carrionas.
Está
muy lejos. Nos tocó madrugar. Afortunadamente, sin tráfico a tan tempranas
horas, el autobús volaba. En hora y cuarto en lo alto de Tarna. La parada la
hicimos en el hostal de Velilla. Allí nos hicimos con buen pan de Castilla. El
viaje nos duró todavía tres cuartos de hora más. A la altura de la localidad de
Triollo nos espera Pablo que nos hace unas misteriosas señales de que sigamos a
Vidrieros. Misteriosas porque cada uno las interpreta como le viene en gana y
organizamos una agitada discusión sobre si haber parado o no y sobre donde
aparcar el minibús.
Lo
que importa es la montaña y hacia ella vamos. El Curavacas, inmensa mole
verdinegra reluce en el primer sol de la mañana mostrando la dureza de lo que
nos espera. Son las diez menos diez. Luce el sol, pero no hace un calor
excesivo. Subimos la pedriza a ritmo la cuesta pendiente y polvorienta. Hay
otra posible subida por la llamada Canal Sur entre la cumbre principal y la
cima oeste (2493 m). Es una subida del III/ de unos 500m y 55º de inclinación.
Preferimos subir por el camino tradicional marcado por los hitos. Pasada una
hora hacemos un primer descanso, cuando empieza la falda propiamente dicha.
Revuelta va y viene, vamos ascendiendo poco a poco en esta inclinada cuesta.
Otra
hora más y llegamos a la altura del collado que separa las agujas de la cima
oriental de la central. Es un sitio muy bello en su desnudez. Entramos por el
Callejo Grande calificado como II/ 400 m,
de tubo y 45º de inclinación. Asequible porque hay un desfile de montañeros
yendo a la cumbre. A partir de aquí cada uno a su ritmo, en varias cordadas
según las fuerzas de cada cual. La subida es mucho más entretenida pues nos
enfrentamos a la roca, conglomerados grises cimentados de piedra negra. Hay que
agarrarse en varias ocasiones por la canal en semisombra. Ráfagas frescas
alivian el calor. Entramos en el tubo que tiene buena subida pegándose a la
pared.
Superado
este gran desnivel entramos a la cara norte de la peña y en cosa de diez
minutos hacemos cumbre. Los primeros tardaron menos de tres horas. Los demás
unos veinte minutos más. Está la tevergana Rosa en la cumbre. Su subida ha sido
un poco más larga, de cinco horas. El mirador es de impresión. Los tres macizos
de los Picos de Europa, incluido el teleférico. Pero mucho más cerca la montaña
leonesa con el Yordas, empequeñecido por el Espigüete, el Murcia, el Cuartas,
el Tres Provincias y Peña Prieta. A nuestros pies la inmensa caída al Pozón del
Curavacas, en un semicirco cerrado por el Tío Celestino y el Ves. Hay un grupo
de espeleólogos madrileños y holandeses explorando la recién descubierta sima
del Ves, en el llamado “Pozo de los Mierdas” (con perdón, claro)
Hacia
el este, y asesorados por los expertos Rosa y Toni, grandes conocedores de la
montaña palentina, tenemos larga crestería de Peña Sagra que tapa Reinosa,
seguida de la sierra del Cobre, con el Pico Tres Mares, donde nace el gran
Pisuerga. También se ve el Valdecebollas cercano a Brañosera. Muy al sureste
está la meseta de Las Tuerces, digna de una visita. Y todos los pantanos: el de
Aguilar, el de Compuerto y el de Camporredondo de Alba. El río Carrión nace
tímido entre neveros en el cercano circo de Fuentes Carrionas. Pero cuando ha
dado la vuelta por todo el valle de Pineda le tenemos al Sur, ya convertido en
un señor río que riega las vegas de Vidrieros. Dicen que desde esta atalaya se
ve el mar con nitidez, yo no lo pude ver, quizá porque estaba extasiado con
todas las panorámicas que tenía delante.
Dato
para la polémica. Sostiene Taboada que una de las ultimas cimas del central es
el Urriello y que el evidente desconchado que se ve en la torre es el
anfiteatro. Entramos en la discusión pero nadie tiene muy claro desde esta gran
distancia el acúmulo de cimas que sobresalen pegadas unas a otras. Una hora en
la cima. Hace rato llegó Isa que le ha echado arrestos para subir sola. Bien
por ella. Vamos a descender. Más o menos en grupo hasta la pedrera. Miguel
explora conmigo el paso por el macizo oriental para bajar a Vidrieros por la
cumbre del pico Hospital y luego la falda del Coruño que está encima del
pueblo. Pero pasamos una primera vallina inclinada, a una segunda aún más, con
una hierba que además de resbalar, corta la mano. Luego ya renunciamos pues hay
que bajar mucho para poder bordear esta agrupación de agujas verdinegras. El
color verde se debe a un líquen que nace en la misma piedra negra, alimentado
por la permanente humedad de los neveros.
Cuentan
en el pueblo que hace tres años se mataron en el Corredor Oblicuo dos
montañeros vascos, al pisar lo que se llama una capa de viento, nieve acumulada
que no está agarrada todavía al sustrato de roca. Y luego en verano se
encontraron con un compañero que fue a buscar algo de material de lo que podían
haber dejado los dos chavales. Encontró en el corredor un solitario crampón.
La
bajada por la pedrera es un vuelo sin motor, saltando de tacón sobre la piedra
suelta, con pequeñas nubes de polvo a nuestro alrededor. Algunos bajan en hora
y media. Llegamos a Vidrieros sobre las cuatro. Nos dividimos en dos bares por
cuestión de contentar a todo el mundo, a pesar de que el bar que había
apalabrado Pablo era el del fondo, el mesón Vidrieros. El bar Lago es muy
peculiar pues ofrece un chupito gratis al que le resuelva la adivinanza
matemática de la semana. Y todo esto en un pueblo de 58 habitantes en verano.
Instalados
en la terraza tenemos una comida de lo más agradable. Recibimos una llamada de
Gelu que se corta. Hoy ataca los Cuetos Albos. El “comedor de rosquillas” sube
del bar de la plaza por si quedan pastas que echarse a la boca. Celebramos el
cumple de Amador. “Que cumplas muchos más, compañero montaraz”. Nos vamos.
Cerramos el mes de agosto. La ascensión ha sido de las que dejan huella en la
memoria. El día acompañó. El único inconveniente el viaje de vuelta.
Se
impone una parada para descansar un poco y estirar las piernas. En Abantos, al
calor de las sidras que van cayendo, ya metidos en la noche, recuperamos los
cantiquitos y el buen humor colectivo que parece que habíamos perdido. Manolo,
nos falta un tenor de tu talla. Luego, ya cogido el ritmo, en el autocar sigue
la juerga que tal parece que esta gente no ha subido y vuelto a bajar los 1200 metros de desnivel. Hasta se
canta lo del “viejo bar, de húmedas paredes…”. Bien por Jorge, gritan por el fondo.
Estrenamos
el calendario de septiembre: El Jario, el Recuencu, La Orniz, y la Mora.
En agosto calculo que sumando todos los fines de semana hemos
superado un desnivel superior a los 5.251 metros. Ya estamos cerca
de superar el Aconcagua. El próximo día 7, víspera de Covadonga, volvemos al
Pico Jario subiendo desde Panderrueda para volver a la civilización por el
refugio de Vega Abaño y bajar por el bosque a Soto de Sajambre. Ya la hicimos
en su día en medio de una incesante tormenta y no somos conscientes de que
había en aquel pico. En esta ocasión tenemos la oportunidad de disfrutarlo con
más calma.
Cuando
estoy terminando estas líneas me llama Clemente. Me cuenta que José Manuel
González que estuvo con nosotros en el Curavacas ha sufrido un infarto cuando
estaba en el trabajo. Le deseamos todos que salga pronto de esta situación.
FRESINES
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