martes, septiembre 03, 2013

SOBRESALIENTE PARA LAS XANAS EN LA ASCENSIÓN AL CURAVACAS



31 de agosto de 2013

Terminamos de una manera gloriosa este completísimo mes montañero de agosto. Hicimos la subida a La Muria Brava en Somiedo. Luego al Cotalba y a la Canal Vaquera, completamos la ruta de Hierbas Altas en Caín. Estuvimos en el Central haciendo las ascensiones programadas al Pico San Carlos, a la Torre de la Collada Ancha y a todo el macizo de las Peñas Cifuentes. Y para cumplir nuestro calendario  fuimos este fin de semana a la Montaña Palentina, en Fuentes Carrionas.

Está muy lejos. Nos tocó madrugar. Afortunadamente, sin tráfico a tan tempranas horas, el autobús volaba. En hora y cuarto en lo alto de Tarna. La parada la hicimos en el hostal de Velilla. Allí nos hicimos con buen pan de Castilla. El viaje nos duró todavía tres cuartos de hora más. A la altura de la localidad de Triollo nos espera Pablo que nos hace unas misteriosas señales de que sigamos a Vidrieros. Misteriosas porque cada uno las interpreta como le viene en gana y organizamos una agitada discusión sobre si haber parado o no y sobre donde aparcar el minibús.

Lo que importa es la montaña y hacia ella vamos. El Curavacas, inmensa mole verdinegra reluce en el primer sol de la mañana mostrando la dureza de lo que nos espera. Son las diez menos diez. Luce el sol, pero no hace un calor excesivo. Subimos la pedriza a ritmo la cuesta pendiente y polvorienta. Hay otra posible subida por la llamada Canal Sur entre la cumbre principal y la cima oeste (2493 m). Es una subida del III/ de unos 500m y 55º de inclinación. Preferimos subir por el camino tradicional marcado por los hitos. Pasada una hora hacemos un primer descanso, cuando empieza la falda propiamente dicha. Revuelta va y viene, vamos ascendiendo poco a poco en esta inclinada cuesta.

Otra hora más y llegamos a la altura del collado que separa las agujas de la cima oriental de la central. Es un sitio muy bello en su desnudez. Entramos por el Callejo Grande calificado como II/ 400 m, de tubo y 45º de inclinación. Asequible porque hay un desfile de montañeros yendo a la cumbre. A partir de aquí cada uno a su ritmo, en varias cordadas según las fuerzas de cada cual. La subida es mucho más entretenida pues nos enfrentamos a la roca, conglomerados grises cimentados de piedra negra. Hay que agarrarse en varias ocasiones por la canal en semisombra. Ráfagas frescas alivian el calor. Entramos en el tubo que tiene buena subida pegándose a la pared.

Superado este gran desnivel entramos a la cara norte de la peña y en cosa de diez minutos hacemos cumbre. Los primeros tardaron menos de tres horas. Los demás unos veinte minutos más. Está la tevergana Rosa en la cumbre. Su subida ha sido un poco más larga, de cinco horas. El mirador es de impresión. Los tres macizos de los Picos de Europa, incluido el teleférico. Pero mucho más cerca la montaña leonesa con el Yordas, empequeñecido por el Espigüete, el Murcia, el Cuartas, el Tres Provincias y Peña Prieta. A nuestros pies la inmensa caída al Pozón del Curavacas, en un semicirco cerrado por el Tío Celestino y el Ves. Hay un grupo de espeleólogos madrileños y holandeses explorando la recién descubierta sima del Ves, en el llamado “Pozo de los Mierdas” (con perdón, claro)

Hacia el este, y asesorados por los expertos Rosa y Toni, grandes conocedores de la montaña palentina, tenemos larga crestería de Peña Sagra que tapa Reinosa, seguida de la sierra del Cobre, con el Pico Tres Mares, donde nace el gran Pisuerga. También se ve el Valdecebollas cercano a Brañosera. Muy al sureste está la meseta de Las Tuerces, digna de una visita. Y todos los pantanos: el de Aguilar, el de Compuerto y el de Camporredondo de Alba. El río Carrión nace tímido entre neveros en el cercano circo de Fuentes Carrionas. Pero cuando ha dado la vuelta por todo el valle de Pineda le tenemos al Sur, ya convertido en un señor río que riega las vegas de Vidrieros. Dicen que desde esta atalaya se ve el mar con nitidez, yo no lo pude ver, quizá porque estaba extasiado con todas las panorámicas que tenía delante.
Dato para la polémica. Sostiene Taboada que una de las ultimas cimas del central es el Urriello y que el evidente desconchado que se ve en la torre es el anfiteatro. Entramos en la discusión pero nadie tiene muy claro desde esta gran distancia el acúmulo de cimas que sobresalen pegadas unas a otras. Una hora en la cima. Hace rato llegó Isa que le ha echado arrestos para subir sola. Bien por ella. Vamos a descender. Más o menos en grupo hasta la pedrera. Miguel explora conmigo el paso por el macizo oriental para bajar a Vidrieros por la cumbre del pico Hospital y luego la falda del Coruño que está encima del pueblo. Pero pasamos una primera vallina inclinada, a una segunda aún más, con una hierba que además de resbalar, corta la mano. Luego ya renunciamos pues hay que bajar mucho para poder bordear esta agrupación de agujas verdinegras. El color verde se debe a un líquen que nace en la misma piedra negra, alimentado por la permanente humedad de los neveros.

Cuentan en el pueblo que hace tres años se mataron en el Corredor Oblicuo dos montañeros vascos, al pisar lo que se llama una capa de viento, nieve acumulada que no está agarrada todavía al sustrato de roca. Y luego en verano se encontraron con un compañero que fue a buscar algo de material de lo que podían haber dejado los dos chavales. Encontró en el corredor un solitario crampón.

La bajada por la pedrera es un vuelo sin motor, saltando de tacón sobre la piedra suelta, con pequeñas nubes de polvo a nuestro alrededor. Algunos bajan en hora y media. Llegamos a Vidrieros sobre las cuatro. Nos dividimos en dos bares por cuestión de contentar a todo el mundo, a pesar de que el bar que había apalabrado Pablo era el del fondo, el mesón Vidrieros. El bar Lago es muy peculiar pues ofrece un chupito gratis al que le resuelva la adivinanza matemática de la semana. Y todo esto en un pueblo de 58 habitantes en verano.

Instalados en la terraza tenemos una comida de lo más agradable. Recibimos una llamada de Gelu que se corta. Hoy ataca los Cuetos Albos. El “comedor de rosquillas” sube del bar de la plaza por si quedan pastas que echarse a la boca. Celebramos el cumple de Amador. “Que cumplas muchos más, compañero montaraz”. Nos vamos. Cerramos el mes de agosto. La ascensión ha sido de las que dejan huella en la memoria. El día acompañó. El único inconveniente el viaje de vuelta.

Se impone una parada para descansar un poco y estirar las piernas. En Abantos, al calor de las sidras que van cayendo, ya metidos en la noche, recuperamos los cantiquitos y el buen humor colectivo que parece que habíamos perdido. Manolo, nos falta un tenor de tu talla. Luego, ya cogido el ritmo, en el autocar sigue la juerga que tal parece que esta gente no ha subido y vuelto a bajar los 1200 metros de desnivel. Hasta se canta lo del “viejo bar, de húmedas paredes…”. Bien  por Jorge, gritan por el fondo.

Estrenamos el calendario de septiembre: El Jario, el Recuencu, La Orniz, y la Mora. En agosto calculo que sumando todos los fines de semana hemos superado un desnivel superior a los 5.251 metros. Ya estamos cerca de superar el Aconcagua. El próximo día 7, víspera de Covadonga, volvemos al Pico Jario subiendo desde Panderrueda para volver a la civilización por el refugio de Vega Abaño y bajar por el bosque a Soto de Sajambre. Ya la hicimos en su día en medio de una incesante tormenta y no somos conscientes de que había en aquel pico. En esta ocasión tenemos la oportunidad de disfrutarlo con más calma.

Cuando estoy terminando estas líneas me llama Clemente. Me cuenta que José Manuel González que estuvo con nosotros en el Curavacas ha sufrido un infarto cuando estaba en el trabajo. Le deseamos todos que salga pronto de esta situación.

FRESINES

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