lunes, septiembre 09, 2013

EN EL JARIO Y SIN VISTAS

6 de septiembre de 2013

Cambiamos de mes y cambiamos de tiempo. El viernes llovió intensamente. Preparamos paraguas y chubasqueros, algo que teníamos casi olvidado. Pero no nos asustamos. Madrurgamos y, a pesar del fino orballo que cae casi todo el camino nos dirigimos a Sajambre, parajes encantados de bosque profundo y colores vivos. El camino de los Beyos ponguetos muy conocido. Pero luego el acercamiento hasta el puerto de Panderruedas se hace bastante largo. Ya sabéis que allí la línea discontinua indica nada más “el eje de la carretera”. Por fin llegamos al puerto. Vacío de coches. Diez y cuarto empezamos. La ruta promete buenos paisajes.

El cielo totalmente encapotado. No llueve, que ya es una ventaja. Fresca la mañana. Se camina a ritmo para entrar en calor. En diez minutos se llega al extraño y romboidal mirador de Piedrashitas que está a cien metros de altura sobre el puerto. Bordeamos por la izquierda sin enterarnos el Camborisco, de precioso nombre y dando un giro a la izquierda de 90º enfilamos la suave cuesta del Collado Viejo que es la puerta de entrada a las majadas de Piedrahita. No apreciamos más que el camino a nuestros pies y lo que se adivina a unos 30 metros. Breve alto. Atacamos la ladera de la Cerra Centenal cuya silueta se insinúa entre neblinas.  El buen camino continúa casi en horizontal, siempre al Norte bajo el Guadañas, que apenas vemos.

Llegamos a la collada Blanca. Vamos muy bien de tiempo. Tendría que distinguirse el color blanco de la piedra entre las paredes de pudinga cuarcítica verdosa. Atravesando al otro lado y dejando a la derecha el chozo Dobres, empezamos a subir por la falda del Samaya y bordeando los Collaínos de Valdelafuente y las dos cumbres de Valdelafuente que teníamos intención de hacer, entramos en los derrumbes del Jario.

Subiendo por el costillar apenas se nota el esfuerzo. El último tramo está escalonado y facilita un paso cómodo. Estamos todos arriba. Un intento de resol para hacer la estancia agradable. Al cuarto de hora las nubes vuelven a cerrarse. Segunda subida a esta cumbre que tiene que ser uno de los balcones más maravillosos del Cornión, pero a los que no logramos ni atisbar. Sopla aire frío. Es el momento de bajar.

Siguiendo en dirección oeste se va descendiendo para girar luego al norte y entrar el bosque de hayas. El bosque es una maravilla. Ya por ver esto merece la pena llegar hasta aquí. El bosque pone a prueba  nuestra sensibilidad porque la  maravillosa y serena belleza de estos bosques impacta. En poco tiempo embocamos la pista que baja a la vega Abaño. Cualquiera de los dos ramales que se abren a la altura de la cabaña Llareya te lleva sin problemas hacia la majada. Seguimos paralelos al río Truégano que pasa junto al refugio. Atajamos para no dar la vuelta completa y pasado el puente con el camino que viene de Dobres, entramos a la plácida extensión de terreno, ya pacida. El refugio muy bien como siempre. El guarda está ocupado pues tiene gente a comer. A pesar de todo nos atiende un momento con las cervezucas que va a buscar al río. Un grupo de montaña tiene que hacer algo de gasto para ayudar a mantener los refugios abiertos.

Luego bajamos rápidos a Soto de Sajambre, primero por la pista y luego atravesando el bosque. Tardamos una hora en llega al pueblo. Trece kilómetros escasos. Fue un paseo casi de manos en bolso. Tenemos que buscar el bus en el extremo del pueblo en el nuevo aparcamiento. Qué largo es este pueblo. Salvamos de la lluvia. Amago más de una vez pero no llegamos ni a sacar el paraguas. Ha sido un buen día, pena de vistas. Bajamos al bar del pueblo a comer. Es gente amabilísima. A los postres Dioni comparte unas moscovitas para que la gordura se reparta y no caiga en una sola. Y naturalmente Hugo lleva unas marañuelas de vicio. A su madre la proponemos como socia de honor y cualquier día de estos le damos el título.

Queda mucha vuelta. Así que para hacerlo más llevadero paramos en una sidrería que resulta estar disfrazada de “mexicana”. Los tequilas finales hacen estragos en la tropa. Lo siguiente es buen humor durante toda la vuelta. Un jabalí se cruza por delante del coche que nos precede. Es un bicho enorme y negrísimo. Viene huyendo de los cazadores que lo acechan. Este salvó. Lo dicho se saben la temporada de caza. Cada vez nacen mejor enseñados.

La semana que viene y dando mejor tiempo, tenemos el Recuencu, que hace tiempo que no hacemos. Volver a Ponga siempre es un placer y una garantía de excursión emocionante. El Recuencu, si tenemos suerte con el tiempo, es un pico perguapu. Peña y Rosi están en Valladolid pendientes de la enfermedad de la madre de Rosi que es grave. Les acompañamos en estos momentos difíciles.

Así que esta semana llamadme a mí al 692 510 114 o al correo de fresines@telecable.es. Por otro lado nos comunica María José que José Manuel está recuperando y bastante mejor. El martes empieza con las pruebas de esfuerzo. Una noticia buena.

FRESINES

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