Finalizadas las vacaciones, comienza el nuevo curso. No se si me echaríais de menos en estas semanas pasadas, no lo creo. De otro modo sería muy presuntuoso por mi parte. Pero si no lo hicisteis, podéis prepararos nuevamente a soportar mis pesados relatos. Y sin más dilación, comenzamos con la ruta de este último sábado, por tierras de Peñamellera.
Nos fuimos hasta Oceño, un pueblecito colgado sobre el Cares y a buena altura. Para llegar a él, debemos pasar Arenas de Cabrales en dirección a Panes y a unos cinco kilómetros, a la altura de Mildón, tomar una carretera de buen firme que sale a la derecha y se va retorciendo por las laderas hasta alcanzar la abigarrada aldea, cuatro kilómetros y medio más arriba. Aquí abandonamos el autocar y continuamos por la pista que sigue subiendo y va pasando entre prados y cabañas diseminadas, hasta alcanzar la Majada de Jaces. Seguimos por la pista al contiguo Collado de Trespando donde finaliza y en el que también veremos un conjunto de cabañas.
Este collado se encuentra colgado sobre la Foz del Río Rubó, dando vista al Cuera hacia el norte. Nuestros pasos continúan por un sendero que con dirección sureste se acerca al borde de la garganta, descendiendo decidido, ya con dirección sur, paralelos al río y a unos 50 metros sobre su nivel. El camino al principio está bien marcado, pero luego se va desdibujando a causa de la maleza. Si el río está seco, se puede seguir por su cauce sin mayores problemas. Nosotros fuimos por las pindias laderas dejando el río a nuestra izquierda, buscando los mejores (¿) pasos que no siempre eran todo lo buenos que deseábamos. Se impone un sube y baja para salvar los distintos escollos que se nos presentan hasta que al fin descendemos definitivamente al río, en un bonito lugar, presidido por una cascada que arroja sus aguas en una pequeña poza.
En este bonito y sombreado lugar, hicimos una parada táctica para reagruparnos y comenzar a libar el rojo y fermentado néctar de la vid, que contenían las múltiples botas que en el día se juntaron para alegría de la mayoría. Tras el descanso y haciendo caso a la descripción de la ruta, cruzamos el río para continuar por un sendero que vislumbramos en la ladera contraria ascendiendo por encima de la cascada. Nuestros guías continuaron ascendiendo por la ladera, cuando aparentemente el camino continuaba por el fondo a la orilla del río y también, tal como veíamos desde nuestra posición, por la orilla contraria. Pero nosotros caminamos paralelos al río a media altura haciendo camino entre las cotoyas, para desesperación de los y las que llevaban pantalón corto.
Vamos viendo nuestro destino que es el bosque de fayas que tenemos enfrente y al que también se dirige el menguado caudal del río, o mejor, de el proviene. Volvemos nuevamente a la altura del Rubó y por su cauce recorremos los últimos para nosotros, y primeros pasos para el río, ya que nos encontramos en su nacimiento. Cruzando a la orilla izquierda, geográficamente, alcanzamos unas praderas que nos acercan a las cabañas de la Majada de Tamandón, donde volvemos a hacer un nuevo descanso.
Ascendemos con dirección oeste dejando el bosque a nuestra izquierda y alcanzando el Collado de Llamea que nos abre una nueva perspectiva del paisaje hasta ahora encajonado en el cauce del Rubó y a partir de aquí, abierto hacia Picos de Europa por el sur y frente a nosotros, al final del empinado valle, el caserío de Arenas de Cabrales. Al norte se alzan tres porros rocosos que identificamos al más cercano como Carraspión, sabiendo que en el mapa topográfico lo denomina Cabeza Legua y en el que ponemos nuestras miradas como siguiente hito a conquistar.
Desde el collado seguimos un marcado sendero que toma dirección norte dirigiéndose hacia la horcada anterior a las cabezas calizas. En esta horcada aparece el camino de retorno a Oceño. Un corte en el terreno da paso a una bonita vallada en la que se ve una cabaña y un cierre para el ganado. Se trata de Cabaña Verde y por allí discurre la pista que baja al pueblo. Parte del grupo opta por esta opción, mientras que el resto continuamos hacia las verdes laderas de lo que suponemos es el Pico Carraspión.
El sendero inicia la ascensión por las praderas del pico hasta alcanzar las primeras paredes calizas. Luego debemos intuirlo ya que la hierba y la maleza lo engullen. Buscando los pasos más accesibles vamos ascendiendo arrimados a las pétreas paredes y con dirección al bosque de hayas que vemos en la ladera norte del pico. Alcanzamos así un muro de cortantes rocas que nos separan de los árboles y realizamos un giro a la izquierda para salir casi en vertical, a la búsqueda de una plataforma que vemos sobre nuestras cabezas. A la derecha hay una vira de verde hierba que nos tentaba, pero avisados por los que ya habían alcanzado la cumbre, desechamos transitar por ella, ya que al final se cerraba en una pared vertical de difícil trepada. Optamos por seguir de frente hasta alcanzar un estrecho canalizo que nos permitió acceder a la cubre tras una fácil y corta trepada.
La cumbre del Carraspión no es un dechado de virtudes y quizás su ascensión por este lado por el que nosotros la hicimos no tenga el premio que el esfuerzo realizado merecería, pero tiene unas bonitas vistas del Urriellu que en esta ocasión no se vieron favorecidas por la climatología, ya que las nubes estaban cubriéndolo todo. De todos modos y aunque en principio no le dimos una buena calificación, si que es un buen mirador. Picos y la Sierra del Cocón, con el Obesón por el sur, Peña Vigueras por el Este y poco más, ya que las vistas quedan cubiertas por el norte por el bosque de hayas y por el este por los otros dos porros contiguos.
Cubiertas las tarjetas y hechas las fotos iniciamos la huida antes de que la plaga de mosquitos acabase con nosotros. Decidimos adentrarnos en el bosque de fayas y por él comenzamos a descender campo a través al principio, hasta dar con un sendero que nos fue llevando entre los árboles haciendo que el descenso fuese uno de los mejores momentos de la ruta y sin duda el que aumento un poco la escasa calificación de la ruta de hoy. Una vez que salimos del bosque, nos encontramos nuevamente con la civilización (¿) en forma de pistas. Siguiendo las indicaciones de Marimar fuimos descendiendo por los restos del antiguo camino que va paralelo a la pista, cruzándola en varios puntos hasta que al final casi se pierde. Reencontrándolo junto a una cabaña con abrevadero al lado de la pista y siguiendo por él el resto del camino hasta la entrada al pueblo de Oceño, donde dimos por finalizada la ruta del día, después de unas seis horas de caminata.
Para el próximo sábado día 18, tenemos ruta por el norte de León. Nos vamos a Puebla de Lillo para ascender al Pico Mahón. La ruta que proponemos es:
Puebla de Lillo (1.220 m) – Las Colladillas (1.235 m) – Caserío Bombea (1.250 m) – Collada Ferreras (1.504 m) – Collada Tolibia (1.744 m) – Pico Mahón 1.819 m) - Collada Tolibia (1.744 m) – La Madera (1.700 m) – Tolibia de Arriba (1.256 m)
Los teléfonos ya están abierto y esperando vuestras llamadas. El que se retrase se puede quedar sin plaza y últimamente hay mucha demanda. No dejes para mañana lo que no quieras perderte. Os espero.
Nos fuimos hasta Oceño, un pueblecito colgado sobre el Cares y a buena altura. Para llegar a él, debemos pasar Arenas de Cabrales en dirección a Panes y a unos cinco kilómetros, a la altura de Mildón, tomar una carretera de buen firme que sale a la derecha y se va retorciendo por las laderas hasta alcanzar la abigarrada aldea, cuatro kilómetros y medio más arriba. Aquí abandonamos el autocar y continuamos por la pista que sigue subiendo y va pasando entre prados y cabañas diseminadas, hasta alcanzar la Majada de Jaces. Seguimos por la pista al contiguo Collado de Trespando donde finaliza y en el que también veremos un conjunto de cabañas.
Este collado se encuentra colgado sobre la Foz del Río Rubó, dando vista al Cuera hacia el norte. Nuestros pasos continúan por un sendero que con dirección sureste se acerca al borde de la garganta, descendiendo decidido, ya con dirección sur, paralelos al río y a unos 50 metros sobre su nivel. El camino al principio está bien marcado, pero luego se va desdibujando a causa de la maleza. Si el río está seco, se puede seguir por su cauce sin mayores problemas. Nosotros fuimos por las pindias laderas dejando el río a nuestra izquierda, buscando los mejores (¿) pasos que no siempre eran todo lo buenos que deseábamos. Se impone un sube y baja para salvar los distintos escollos que se nos presentan hasta que al fin descendemos definitivamente al río, en un bonito lugar, presidido por una cascada que arroja sus aguas en una pequeña poza.
En este bonito y sombreado lugar, hicimos una parada táctica para reagruparnos y comenzar a libar el rojo y fermentado néctar de la vid, que contenían las múltiples botas que en el día se juntaron para alegría de la mayoría. Tras el descanso y haciendo caso a la descripción de la ruta, cruzamos el río para continuar por un sendero que vislumbramos en la ladera contraria ascendiendo por encima de la cascada. Nuestros guías continuaron ascendiendo por la ladera, cuando aparentemente el camino continuaba por el fondo a la orilla del río y también, tal como veíamos desde nuestra posición, por la orilla contraria. Pero nosotros caminamos paralelos al río a media altura haciendo camino entre las cotoyas, para desesperación de los y las que llevaban pantalón corto.
Vamos viendo nuestro destino que es el bosque de fayas que tenemos enfrente y al que también se dirige el menguado caudal del río, o mejor, de el proviene. Volvemos nuevamente a la altura del Rubó y por su cauce recorremos los últimos para nosotros, y primeros pasos para el río, ya que nos encontramos en su nacimiento. Cruzando a la orilla izquierda, geográficamente, alcanzamos unas praderas que nos acercan a las cabañas de la Majada de Tamandón, donde volvemos a hacer un nuevo descanso.
Ascendemos con dirección oeste dejando el bosque a nuestra izquierda y alcanzando el Collado de Llamea que nos abre una nueva perspectiva del paisaje hasta ahora encajonado en el cauce del Rubó y a partir de aquí, abierto hacia Picos de Europa por el sur y frente a nosotros, al final del empinado valle, el caserío de Arenas de Cabrales. Al norte se alzan tres porros rocosos que identificamos al más cercano como Carraspión, sabiendo que en el mapa topográfico lo denomina Cabeza Legua y en el que ponemos nuestras miradas como siguiente hito a conquistar.
Desde el collado seguimos un marcado sendero que toma dirección norte dirigiéndose hacia la horcada anterior a las cabezas calizas. En esta horcada aparece el camino de retorno a Oceño. Un corte en el terreno da paso a una bonita vallada en la que se ve una cabaña y un cierre para el ganado. Se trata de Cabaña Verde y por allí discurre la pista que baja al pueblo. Parte del grupo opta por esta opción, mientras que el resto continuamos hacia las verdes laderas de lo que suponemos es el Pico Carraspión.
El sendero inicia la ascensión por las praderas del pico hasta alcanzar las primeras paredes calizas. Luego debemos intuirlo ya que la hierba y la maleza lo engullen. Buscando los pasos más accesibles vamos ascendiendo arrimados a las pétreas paredes y con dirección al bosque de hayas que vemos en la ladera norte del pico. Alcanzamos así un muro de cortantes rocas que nos separan de los árboles y realizamos un giro a la izquierda para salir casi en vertical, a la búsqueda de una plataforma que vemos sobre nuestras cabezas. A la derecha hay una vira de verde hierba que nos tentaba, pero avisados por los que ya habían alcanzado la cumbre, desechamos transitar por ella, ya que al final se cerraba en una pared vertical de difícil trepada. Optamos por seguir de frente hasta alcanzar un estrecho canalizo que nos permitió acceder a la cubre tras una fácil y corta trepada.
La cumbre del Carraspión no es un dechado de virtudes y quizás su ascensión por este lado por el que nosotros la hicimos no tenga el premio que el esfuerzo realizado merecería, pero tiene unas bonitas vistas del Urriellu que en esta ocasión no se vieron favorecidas por la climatología, ya que las nubes estaban cubriéndolo todo. De todos modos y aunque en principio no le dimos una buena calificación, si que es un buen mirador. Picos y la Sierra del Cocón, con el Obesón por el sur, Peña Vigueras por el Este y poco más, ya que las vistas quedan cubiertas por el norte por el bosque de hayas y por el este por los otros dos porros contiguos.
Cubiertas las tarjetas y hechas las fotos iniciamos la huida antes de que la plaga de mosquitos acabase con nosotros. Decidimos adentrarnos en el bosque de fayas y por él comenzamos a descender campo a través al principio, hasta dar con un sendero que nos fue llevando entre los árboles haciendo que el descenso fuese uno de los mejores momentos de la ruta y sin duda el que aumento un poco la escasa calificación de la ruta de hoy. Una vez que salimos del bosque, nos encontramos nuevamente con la civilización (¿) en forma de pistas. Siguiendo las indicaciones de Marimar fuimos descendiendo por los restos del antiguo camino que va paralelo a la pista, cruzándola en varios puntos hasta que al final casi se pierde. Reencontrándolo junto a una cabaña con abrevadero al lado de la pista y siguiendo por él el resto del camino hasta la entrada al pueblo de Oceño, donde dimos por finalizada la ruta del día, después de unas seis horas de caminata.
Para el próximo sábado día 18, tenemos ruta por el norte de León. Nos vamos a Puebla de Lillo para ascender al Pico Mahón. La ruta que proponemos es:
Puebla de Lillo (1.220 m) – Las Colladillas (1.235 m) – Caserío Bombea (1.250 m) – Collada Ferreras (1.504 m) – Collada Tolibia (1.744 m) – Pico Mahón 1.819 m) - Collada Tolibia (1.744 m) – La Madera (1.700 m) – Tolibia de Arriba (1.256 m)
Los teléfonos ya están abierto y esperando vuestras llamadas. El que se retrase se puede quedar sin plaza y últimamente hay mucha demanda. No dejes para mañana lo que no quieras perderte. Os espero.
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