martes, septiembre 09, 2008

EN EL SANTUARIO DE BALLESTEROS

Nuestro recorrido en esta ocasión, pasa por los intrincados vericuetos por los que se introdujeron, según don Claudio Sánchez Albornoz, los retos del ejército árabe tras la derrota de la batalla de Covadonga, en su huída hacia Cosgaya donde finalmente fueron aniquilados. La canal de Piedra Bellida fue de mucho tiempo, paso de los pastores de la zona para alcanzar las praderías de Amuesa. Nosotros hoy, lo recorrimos en descenso después de llegar a Amuesa por Bulnes, tras ascender la siempre dura Canal de Amuesa.

El día no presagiaba tranquilidad, climatológicamente hablando. Las nubes se adueñaban de las altas cumbres del Central y los pequeños claros que se abrían por el Cornión, no parecían suficientes para tranquilizarnos. De todos modos al llegar a Poncebos, la cosa parecía querer aclarar y nos embarcamos en la aventura propuesta.

Mientras algunos del grupo cruzaban el Puente de Torbanes para subir a Bulnes con el engendro mecánico del funicular, el resto descendimos a orillas del Cares, para cruzarlo por el Puente La Jaya e iniciar el ancestral camino de Las Salidas, que asciende por la Canal de Tejo y que fuera el único nexo de unión de los bulniegos con la civilización, por esta parte de Picos. Enseguida cruzamos por un nuevo puente, el del Jardu, pero en esta ocasión sobre las bravas aguas del Río Bulnes que bajan a unirse al Cares.

Abandonamos el río y comienza la subida por buen camino labrado en la piedra en muchos tramos y armado en otros. Las vueltas y revueltas se suceden casi sin darnos tregua y poco a poco vamos dejando el Río Bulnes en el fondo del valle a muchos metros de distancia. A nuestras espaldas, por la abertura que dejan el Murallón de Amuesa por un lado, y las estribaciones de Peña Maín por el otro, vemos la serpenteante carretera que se retuerce para alcanzar las casas de Camarmeña.

Paso a paso vamos tomando altura y cuando nos queremos dar cuenta arribamos al Puente Colines donde la senda enllana, para bifurcarse siguiendo, sin cruzarlo, hacia Bulnes La Villa y traspasando el puente volver a ascender por un senderillo casi cubierto de maleza, hasta Bulnes El Castillo, barrio de arriba de este renombrado pueblo de Picos.

En El Castillo dejamos la cuidada casa de piedra con una pequeña ventana medieval a nuestra izquierda y continuamos por un buen camino que se dirige sin pérdida a los Llanos del Torno, una especie de pradería prácticamente abandonada y cerrada por la izquierda por el Monte del Acebuco y por la derecha por el Murallón de Amuesa y como única salida la dura pendiente de la Canal de Amuesa que tenemos enfrente. Una buena fuente nos servirá para avituallarnos, pues es la última que encontraremos hasta Pando Culiembro. Hay otra fuente cerca del final de la canal pero suele estar seca. Caminamos por esta zona más o menos llana y nos acercamos al inicio de la canal. Un marcado sendero asciende con múltiples vueltas dejando a la derecha una pedrera y ascendiendo por el centro hasta su parte intermedia, en la que el sendero se acerca a las paredes del Murallón para retornar nuevamente al centro. Si nos giramos contemplaremos el desnivel ganado y en el fondo del bonito valle, los tejados del pueblo de Bulnes. Por encima de este, las verdes praderas de Pandebano y entre ambos, las cabañas de los Invernales de Arnandes.

Tras pasar junto a una fuente seca, enseguida coronamos en el Collado Cima, con la majada de Amuesa a la derecha. A nuestra izquierda se yerguen los Traves y la temible Cuesta del Trave en el camino del refugio de Cabrones. Se impone un merecido descanso esperando por los más rezagados, antes de reemprender la marcha siguiendo un senderillo que recorre las praderas hacia le oeste, en busca del borde de la meseta que se precipita hacia el Cares. Un conjunto de árboles pertenecientes a lo más alto del Monte Acebuco nos marca el camino. Atravesamos esta pequeña mancha boscosa y el panorama comienza a abrirse. Alcanzamos así, lo que dimos en denominar el Santuario de Ballesteros, el Collado Cerredo.

Aquí se acaba la tierra y comienza el abismo. Al otro lado, en el fondo de la terrible cortada, está el Cares sin que lo podamos ver. En la orilla contraria el Cornión con la insigne Peña Santa y las múltiples canales que se rinden en la Garganta Divina. Una inmensa muralla con un sinfín de cumbres y de nombres, por andados, conocidos: Mesones, Caín, Jultayu, Hierbas Altas, Ario, Canal de Trea, Ostón, Canal de Culiembro, Canal de la Raya, Jascal, Llerosos, Ondón... y tantos y tantos nombres que la cabeza ya no retiene.

Nuestras miradas estaba fijas en el Cornión, pero de vez en cuando se nos escapaban en busca de un paso que nos condujese al inicio de la canal que intuíamos pegada a las paredes rocosas de nuestra izquierda. Pero ese paso no aparecía. La ladera a nuestros pies era bien inclinada y de mal piso. Piedras sueltas y tierra deslizante y un abismo muchos metros más abajo. Algunos se decidieron a dar los primeros pasos y alguien gritó que había un sendero. Nuestros tímidos pasos se encaminaron por aquel mal terreno hacia donde indicaban la existencia del sendero. Caminamos hacia la izquierda descendiendo poco a poco siguiendo los mejores pasos. Cuando nos sentíamos un poco más seguros, descendíamos algo más, hasta dar con el seudo sendero anunciado. Este se dirigía sin dilación hacia las paredes de la izquierda, transformándose en un camino de tierra algo resbaladizo después de atravesar una pedrera. Dicho sendero desciende ahora adentrándose en la canal que cada vez se hace más evidente. Altas paredes a ambos lados y agudos cuetos a nuestras espaldas nos abocan a deslizarnos por la pindia canal. Después de varios metros de descenso por la terrosa senda, alcanzamos una pedrera que nos relaja un poco. El camino se hace algo más cómodo y descendemos más rápido. Por debajo de la pedrera vemos una amplia mancha verde. Es Pando Culiembro y cerca de una única cabaña visible, vemos a los más adelantados del grupo que nos observan. Poco antes de llegar a ellos alcanzamos una fuente abrevadero en la que manaba un fino hilo de agua que sirvió para saciar momentáneamente nuestra sed. Estando allí, mirando hacia atrás, pudimos contemplar la Cueva Negra o Cuañegra que menciona Ballesteros.

Después del descanso proseguimos nuestro camino atravesando hacia la derecha por la alta hierba para descender a las inmediaciones de la destartalada cabaña de Pando Culiembro donde digo que nos esperaban el resto del grupo. Hicimos unas fotos con la canal al fondo y proseguimos el descenso casi campo a través, ya que las altas hierbas no nos permitían ver el sendero. Recuperado este, nos adentramos en una zona boscosa buscando el paso por la derecha y pasando entre las ruinas de algunas cabañas con la maleza muy alta y con el sendero que se pierde por momentos. Poco más abajo lo recuperamos y ya por una pindia pradera de alta hierba fuimos descendiendo en tornos interrumpidos a veces por algunos árboles caídos pero sin pérdida ninguna, hasta embocar en un canalizo de resbaladizas llambrias, en el que El Parque tuvo a bien instalar un “pasamanos” de cuerda que da confianza en este peligroso tramo que desciende casi vertical hacia la Puente Vieya o Puente Culiembro, también remozado, y por el que cruzamos el Cares para emprender la dura subida hasta la senda que cubre la distancia entre Caín y Poncebos, justo donde finaliza la Canal de Culiembro.

Solo nos resta, nada menos, que seguir la Senda de Cares, hoy con abundante clientela, sufriendo una vez más las rampas de Los Collaos, que hacen mella en nuestras castigadas piernas, para alcanzar el paraíso en La Trapa, a donde llegamos después de 8 horas y media de caminata.

Ayer lunes, Día de Asturias y festividad de Nuestra Señora de Covadonga, realizamos la anunciada excursión en honor de los socios del Grupo de Montaña, haciendo una visita al complejo de las minas de oro de Las Médulas, donde los romanos deshicieron las montañas para extraer el preciado mineral. Paseamos un par de horas por los marcados senderos que conducen hasta La Cuevona y La Encantada, dos cuevas, la segunda visitable, por las que hacían descender el agua que al deshacer la tierra desprendía el mineral precioso. Luego retornamos la pueblo de Las médulas y nos fuimos a Astorga para degustar el típico Cocido Maragato que como ya todo el mundo debe saber, se come al revés, comenzando por el compango compuesto de costillas, oreja, tocino, lacón, morros, chorizo, carne, todo ello de cerdo, para continuar luego con los garbanzos acompañados de patatas y verdura y terminar con la sopa, en esta ocasión de dos formas distinta: una de pan y otra de fideos. De postre natillas con bizcocho y para digerirlo todo, un café con chupito. Tras la comida dimos una vuelta por la bonita ciudad de Astorga para hacer algunas compras y contemplar su espléndida catedral y el cercano Palacio Arzobispal realizado por la magnífica imaginación del insigne Antoni Gaudí. Desde aquí retornamos a Trubia con una parada antes en Mieres para despedirnos tomando unas sidras, de nuestros compañeros de la Felguera que se quedaban allí.

Para el próximo sábado proponemos una ruta ya realizada hace unos años, pero con muy mal tiempo. Nos vamos a tierra de Ponga para ascender el Collau Zorro desde el Cabañón y con descenso a Sobrefoz por el Monte Recabada y La Faeda. La ruta a seguir es:

El Cabañón (915 m) – Les Bedules (1.083 m) – El Biforcu (1.180 m) – Les Llampes (1.387 m) – Collada Caldes (1.415 m) – Collado Pumerin (1.515 m) – Valle del Antiguo (1.500 m) – Collado Les Barboli (1.730 m) – Pico Zorro (1.844 m) – Collado Piesco (1.750 m) – Las Fuentes (1.500 m) – La Bustariega (1100 m) – La Faeda (990 m) – Sobrefoz (330 m)

Los interesados pueden empezar a llamar para poder hacer esta ruta. Espero vuestras llamadas.

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