Las previsiones meteorológicas tampoco acertaron y por tanto no nos fueron nada propicias. Anunciaban nubes y claro, pero estos brillaron por su ausencia. El cielo encapotado todo el día y una incesante llovizna nos acompañaron durante los 18 kilómetros que conseguimos cubrir de esta, ya digo, dura ruta. Era la última etapa de la circunvalación del Cuera y la más larga de todas, lo que ya nos ponía un handicap de antemano por la época en la que nos encontramos y las disminuidas horas de luz con las que contábamos.
Con estas premisas y con la lluvia ya en el inicio, comenzamos a caminar por la pista hormigonada que hay en la carretera de llegada a Purón, poco antes de alcanzar las primeras casas del centro del pueblo. La pista la tomamos a la izquierda y pronto comienza a ascender en moderadas rampas que nos ofrecen preciosas vistas del pueblo, adornado para la ocasión, con retazos de nubes que parecen desprenderse de sus tejados. La larga pista nos trasporta sobre una vallada cubierta de árboles y por encima de lo que debió ser el camino antiguo, hasta una bifurcación que por la izquierda termina rápidamente, mientras que por la izquierda nos lleva a las inmediaciones de Pruneda, con sus buenas cabañas o casas, que cualquiera de las dos cosas pueden ser.
Atravesamos una portilla y descendemos ligeramente a cruzar la riega del Tornu para iniciar nuestro calvario especial con el barro. Caminamos por un sendero negro y embarrado en el que nos clavamos una y otra vez. Si nos pasamos a los seudo pardos para evitar en parte el barro, estos se convierten entrampas resbaladizas que nos abocan a la caída o nuevamente al barro. Temo que el resto de esta crónica va a ser más de lo mismo, así que procuraré mencionar lo menos posible el barro de aquí en adelante, definiendo en todo caso solamente su color, ya que este variaba de una zona a la otra. Al principio era negro, de una negrura cercana al carbón, lo que hizo exclamar a alguien, que ¿cómo podía ser así, si no había minas?
Caminamos entre cabañas de buen porte en continuo sube y baja para tratar de evitar el barro en lo posible. Pasamos por Pelliscas, zona con varis cabañas diseminadas y comenzamos a encontrarnos marcas rojas en las piedras que jalonan el sendero. Abandonamos momentáneamente el barro para ascender por las praderas, Las Llamarcas, el nombre ya nos puede dar una idea, en busca de la Cotera donde nos reagrupamos y hacemos un pequeño descanso.
La Cotera nos ofrece dos opciones para alcanzar la Llosa Biango que es nuestro próximo objetivo. Por la izquierda vamos al Collado Raiz y desde él bajamos directamente a la llanura de la Llosa. Pero ante la posibilidad de que esta se encontrase completamente inundada, optamos por seguir a la derecha bordeando por las alturas un bonito valle en el que distinguen algunas cabañas. Entre cotoyas y barro alcanzamos una lomera por la que parece que hay un sendero y los rezagados del grupo lo seguimos mientras que el resto opta por caminar por la derecha de este promontorio, Las Berodia o los Picoretes, por donde se camina bien y por fortuna sin apenas barro. A nuestra izquierda contemplamos las primeras camperas de La Llosa Biango en un bonito escorzo desde las alturas. Seguimos toda la cuerda caminando entre caballos que nos miran extrañados y alcanzamos el punto culminante de esta pequeña sierra, posiblemente la parte más amena de toda la ruta. Desde Cuetu Altu (583 m) contemplamos en toda su extensión las verdes y encharcadas paraderas de la Llosa Biango y a nuestros compañeros en sus inmediaciones y esperándonos para hacer un nuevo reagrupamiento.
La bajada del Cuetu Alto es fácil aunque no exenta de algún resbalón de los múltiples que hubo a lo largo del día. Enseguida nos reunimos con el resto del grupo y volvemos a separarnos momentáneamente, ya que mientras algunos optaron por recorrer la Llosa Biango por la parte derecha a una cierta altura, otra parte decidimos chapotear en el agua y disfrutar de las bonitas praderas de este casi desconocido terreno. Cuando las praderas terminan cerradas por el arbolado, iniciamos un continuado ascenso por la derecha entre árboles y cabañas más o menos desvencijadas.
Ni que decir tiene que el barro lo ocupa todo y para “mejorar” las cosas, este se hace acompañar de rocas calizas bien pulidas para que los resbalones sean más seguros. Y lo fueron. Por el lado contrario al que nosotros transitábamos, comenzamos a sentir voces y el sonido de las esquilas y pronto pudimos descubrir un rebaño de cabras que descendía de las laderas del Cuera, arreado por cuatro o cinco pastores. No pasó mucho tiempo cuando se situaron a nuestra altura y nos rebasaron con gran velocidad. Previamente nos informamos que se dirigían a Corros, nuestro próximo paso, y decidimos seguir sus huellas, que ascendían verticalmente alcanzando una zona de jous y pequeñas cumbres que nos sobrecogieron un poco ya que no teníamos más referencia que la Peña Blanca por el suroeste y lo que suponíamos Peña Llabres y Brañueta al norte. Llegamos a una cabaña situada en una inclinada pradera con un buen cierre de piedra y dos caminos, uno por cada lado. Las huellas desaparecieron y ante la gran cantidad de barro que había en ambos caminos, decidimos por atravesar la portilla a la izquierda de la cabaña y descender por el prado para salir por otra portilla a un camino del ganado que con ligero descenso nos llevó a lo alto de Corros donde descubrimos lo que tanto anhelábamos: la hormigonada pista que desciende al Alto de la Tornería. Para cerciorarnos de que estábamos donde suponíamos, le preguntamos a un cazador, llevaba escopeta y perros, y nos confirmó que nos restaba un kilómetro para el Alto de la Tornería.
Ya sin barro y cómoda y alegremente descendimos el corto camino dando vista a la carretera y al Corona Cantiellu o Cuetu Llabre con sus antenas y lo que nos alegró mucho más: el autocar esperándonos en el Alto de la Tornería donde ya se encontraban nuestros compañeros. Se cumplían las siete horas y media desde que salimos de Purón.
Luego nos enteramos que parte del grupo hizo nuestro mismo recorrido y otros, la otra de las opciones posibles, que pasaban por seguir por el camino bajo que atraviesa entre las cabañas con dirección oeste para remontar después a la derecha por un embarrado y empedrado camino que asciende en múltiples revueltas hasta Corros.
Ya en el autocar y sobre todo, después de la comida-merienda, las cosas se veían de otra manera y la alegria volvió a reinar en el grupo. El barro estaba en las bolsas, pegado a las ropas que nos quitamos y a las botas y en nuestra cabeza comenzábamos a ver la ruta que realizamos desde el punto de vista de su hermosura. Hast el punto de que a la hora de puntuar la ruta, hubo más de un diez y varios nueves, acompañados de otras notas más bajas y un solo suspenso.
Para el próximo sábado tenemos una ruta didáctica ahora que tanto se habla de la memoria histórica. Nos vamos a las Sierras de Bufarán y del Pedroso, para hacer una cómoda ruta, espero que sin barro, contemplando algunas muestras de lo que fueron las fortificaciones de lo que se denominó el cerco a Oviedo en la pasada contienda. La ruta propuesta es:
La Reigada (451 m) – Alto los Cañones (527 m) – Alto La Degollada (603 m) – Pico La Degollada (624 m) – Área Recreativa de La Degollada (508 m) – Pico Pedrosu (614 m) – La Llanada (431 m) – La Escrita (386 m) – Puente Peñaflor (70 m)
La inscripción está abierta y espero vuestras llamadas. Nuevamente os ruego que lo hagáis antes del jueves ara evitar problemas de plazas. El que se duerma se quedará sin poder hacer la ruta.
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