Comenzamos a caminar en La Borbolla después de desayunar en el bar del pueblo, donde nos habían preparado algunos pinchos. Por carretera tomamos dirección oeste con rumbo al cercano pueblo de Prado. Al poco de pasar Prado, la carretera hace una curva a derechas tomando dirección norte y donde sale una pista transitable de frente. Por ella llegamos a La Cotera, lugar en el que hay unas cabañas.
Abandonamos la pista y seguimos de frente por un camino dejando a nuestra derecha las cabañas. Comienza el barro. La lluvia nos empieza a hacer la puñeta. El camino, en pendiente hacia abajo, tiene bastante agua y las piedras que lo forman están resbalosas.
Llegamos al borde de un arroyo en el que hay menos agua que en el camino. Seguimos por el valle que forma, entre árboles de distintas especies. El entorno es bonito, pero la lluvia y el barro no nos permiten apreciarlo. Llegamos a un punto en el que debemos dejar los márgenes del arroyo para iniciar una subida en amplios zigzag, por una zona en la que el agua de una torrentera, orada el terreno produciendo profundos surcos que nos vemos obligados a cruzar buscando los mejores pasos.
Llegamos a la altura de un bosque de ocalitos y lo atravesamos siempre en ascenso, hasta llegar a lo más alto, donde termina y se despeja la vista. Estamos en una plataforma más o menos llana, cubierta de hierba y completamente encharcada.
Según la vamos atravesando con dirección noroeste, comienza a diluviar con viento racheado que se lleva los paraguas y todo lo que encuentra por delante. Un poco perdidos por la falta de referencias válidas y por el atolondramiento que nos produce la lluvia, ascendemos por un marcado camino a una lomera que se nos presenta enfrente. Por la izquierda de dicha lomera va una pista a media altura, que pensamos que era la que debíamos seguir, pero tampoco debía ser esa. Nuestro camino era por más al norte, a media altura evitando subir a lo alto de la lomera. Pero ya digo que caminábamos un poco atolondrados.
Alcanzado el punto más alto del recorrido, innecesario, iniciamos el descenso hacia el otro lado, con intención de llegar a la explanada que se veía a la derecha, norte. Bajamos como pudimos por la resbaladiza pendiente herbosa y cruzamos la riega para volver a subir ligeramente la ladera que nos separaba de nuestro destino. Una vez en la parte llena, volvimos a encontrar la pista y por ella, con dirección norte, llegamos al borde de la llanura desde donde contemplamos el valle y hacia el oeste nuestro destino Purón.
Solo quedaba descender por la pista hasta las cabañas de Perestrella, que las dejamos a la derecha para desembocar en la central eléctrica de Bau la Presa, donde cruzamos el puente sobre el río Purón y seguimos hasta desembocar en la carretera LL-5, continuando por la izquierda hasta el ya cercano pueblo de Purón.
La ruta, que estaba marcada como de 4 horas y media, la hicimos en 3 horas, con lo que cuando llegamos a Purón el autocar no estaba, pues Puri se había quedado a comer en La Borbolla. Intentamos ponernos en contacto con ella telefónicamente, pero o bien no teníamos nosotros cobertura o no la tenía ella. Con la mojadura que teníamos no era cosa de quedarnos a esperar y seguir cogiendo frío, con lo que optamos por seguir por la carretera hasta encontrarnos con el autocar. Cosa que ocurrió cerca de la confluencia con la N-630. Ya a cubierto en el autocar, volvimos a La Borbolla para comer en el coqueto bar de esa población.
Para el próximo sábado no hay ruta programada, pues celebramos la anual Cena de Hermandad, en la que tras dar buena cuenta del menú, premiaremos a la persona del grupo que se haya distinguido de alguna manera según el parecer de la mayoría de los socios. Luego cerraremos la velada arrancándonos en vueltas y cabriolas a los sones de la música. Según algunos, es la ruta más dura de todo el año. Que lo paséis muy bien.
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