miércoles, octubre 23, 2013

GUAPA ASCENSIÓN AL VÍZCARES, LA CUMBRE DE INFIESTO



19 de octubre de 2013
           
La pasada semana no hubo ruta, ya sabéis. Una montaña lejana y la gente con muchas ocupaciones no lograron suscitar la magia que nos atrae una y otra vez a la montaña. Pero esta semana nos desquitamos. Teníamos un grande, nada menos que el Vízcares, orgulloso monte enhiesto en la Sierra de Aves, vigilante atalaya de cuanto acontece en las tierras piloñesas y alrededores.

Así que, estrenando un autocar de 22 plazas de Jano, bien, pero con algunos problemas de maletero entramos por Ríofabar en el bosque de La Pesanca, misterioso y lleno de vida, como siempre. Queremos subir por Degoes en vez de por la conocida ruta del collado Traslafuente. Los exploradores no encuentran el paso del río. El GPS está acatarrado y nos señala senderos por el Campo San Francisco de Oviedo. Así que probamos a buscar el puente, que finalmente aparece tras la primera casa, tal como venía en la descripción de la ruta.

Empezamos la penosa y larga subida por el monte Degoes. Las primeras cabañas están al alcance de la mano. La naturaleza ha hecho su selección y hay numerosos árboles viejos tumbados en el suelo con el cepellón al aire. No aguantaron la última nevada. El hayedo sombrío y húmedo nos priva del sol de otoño. Un vientecillo constante nos refresca la subida haciendo que las paradas sean breves. Dos horas de pelea con la cuesta. No se termina nunca y eso que el camino está muy bien trazado para suavizar las pendientes. Recorremos de abajo arriba todo el Valle Luiña, espeso bosque que te hace sentir parte de la naturaleza. Finalmente acabamos por salir del hayedo. La larga y pelada cuesta es lo que nos queda por subir.

Con dedicación y adelante. Seguimos dale que dale por el monte subiendo la cuesta de Llebrada y descendiendo un poco llegamos a la escondida majada Llebrada. Lugar solitario como pocos, protegido de todos los vientos. Breve alto en el camino que tenemos que reponer fuerzas ante la escarpada cuesta que nos separa de la línea cumbrera. Por el camino o en transiberiano acabamos alcanzando El Canto Praón, antecima del gran Vízcares. Todavía hay que subir un poco más, superar el Fayasgal  para poder pisar la cumbre piloñeta. Hay una tarjeta del Ensidesa. Pablo y Alicia estuvieron aquí la semana pasada, pero no dejaron huella. Hasta aquí tres horas. Nos ganamos un descanso y una buena contemplación. Cualquiera diría que estamos en el centro del mundo. Todo está aquí a la vista, la lejana Peña Santa que Manuel y Miguel hollaron la pasada semana. Pero más cerca el Canto Cabronero, la Mota Cetín y el cercano Valverde, marcando la cabecera del río Color que algún día habrá que remontar. Más al sur está la inconfundible Llambria, el picudo Maoño, a cuya base norte llegamos un día un grupo de expedicionarios que no pudimos pasar por la impresionante ladera.   

Hacia el mar, a la izquierda del Sueve se ve un objeto grande y brillante entre las brumas marinas. Dicen que es un barco y algo así debe ser, porque Burdeos está más lejos. Peña Mayor, con el Múa, la Xamoca… Y cerrando la vista por el oeste la Sierra del Trayán que atravesamos por su pasada el día que subimos (dura, dura ascensión) desde la Foz de los Maserones. Desde este buen observatorio del Vízcares nos dedicamos a observar los senderos que se adivinan por el monte Moñacos, intentando trazar el camino por donde bajamos. Es una maravillosa sucesión de valles, pandas y foces que recrea la vista y expansiona el espíritu. Todavía no han empezado los colores del otoño a vestir el bosque. Vamos a bajar.

Una muy original bajada con destino final en La Fragua. Vamos deshaciendo el camino: Fasgayal, Cantu Praon, Llana Herbosu, Cueto Mermejo. El joven Francisco Javier, nuestro “Lavín”, los sube todos, ¡qué hambre de monte! En el Cueto Mermejo las guías aconsejan tomar el descenso por la izquierda para acabar en la preciosa collada Llanoriu. Rodeamos el Pico Collado. Nuestra meta es visible desde esta altura. Nos quedan 600 metros por bajar. Las rodillas se quejan, pero el camino es bueno y vamos penetrando en el Monte Marbán, donde predomina el roble y el acebo. Si te quedas en silencio un rato te sientes inundado por la luz que se filtra. Preciosa y larga bajada que va serpenteando por toda la ladera.

Al final de la senda un pequeño puente da acceso a las primeras casas del pueblo donde podemos cambiarnos rápidamente. Bajamos a comer al bar Vízcares de Espinaredo, como no podría ser menos. El tiempo es tan agradable que juntamos mesas en la terraza. Da tiempo para una buena sobremesa. Es otro momento mágico de la montañera excursión. Fueron seis horas para salvar un desnivel de 1.119 metros, que nos han llenado de satisfacción. Siempre hay que volver al Vízcares en otoño.

Para el día 26 tenemos una preciosa y fácil expedición con un desnivel de 400 metros de subida y setecientos de bajada. Lo interesante de esta ruta es que transcurre toda ella por el bosque leonés, cuyo otoño está más adelantado que el asturiano. Se parte cerca de Villablino en La Matona y terminaremos en Rioscuro. Peña no está así que para apuntaros los que no lo hicisteis el sábado pasado llamarme al 692 510 114 o al correo fresines@telecable.es , en donde acusaré recibo de vuestros mensajes. Hasta el sábado.

FRESINES

miércoles, octubre 09, 2013

LAS XANAS EN LA CALABAZOSA Y LA PEÑA SOLARCO



5 de octubre de 2013

-“¿A dónde fuisteis el sábado?”
-A Torrestío
-“¿Otra vez, ho?”
-Sí, es la tercera.
-“Pero os quedan picos que subir?”
-Sí, siempre hay algunos. En esta ocasión nos faltaba el Pico Calabazosa y la Peña Solarco para completar el cordal que arranca en la Peña Orniz.
-“¿Subisteis muchos?”
-Sí, todos hasta los Collados Quixeiro y Congosto.
-“¿Os hizo bueno?”
-Buenísimo. Hasta volvimos a quemar la nariz…
-“¿Y por dónde subisteis al Pico Calabazosa?”
-Fácil, desde el Collado, cada uno por donde pudo. Y para bajar está “sembrao” de precipicios pero encontramos una canaleta fácil que nos posó en la antecima.
-“¿Y como pasasteis a la Peña Solarco?”
-Pues buscamos un camino desde lo alto y no encontramos un buen paso, así que unos descendieron hasta un corredor herboso y aéreo y otros, más conservadores, bajamos un buen tramo para bordear el temible y vertical antepico por un pasillo elegante, pegado a la peña. Así salimos al collado Solarco. Desde allí sólo hay que darle fuerte para vencer la cuestona.
-“¿Y qué veíais desde allí?”
-Pues además del Morronegro que lo teníamos enfrente, el Ferreirua, Las Ubiñas y su grupo, los Fontanes, el Montihuero. Y en la bajada por el valle de Cualmarcé el perfecto cono del pico Vallera.
-“Y bajasteis luego…”
-Por el mismo valle de Cualmarcé para cerrar el circulo y volver de nuevo por el Valle Valverde.
-“Parece que os gustan Somiedo y la Babia…”
-Tienes razón son dos zonas que nos encantan y todavía quedan cosas por hacer, valles por explorar, riachuelos que cruzar. Para demostrar la solidaridad con esta tierra firmamos todos una petición para que no se lleven de Torrestío la farmacia de guardia evitándoles un viaje de 20 Kilómetros hasta San Emiliano.
-“Naturalmente comisteis en el bar de Torrestío”
Claro, hicimos una larga mesa única como si fuera una boda. Buen ambiente garantizado y con el solecito calentando la sobremesa.
-“¿Dónde vais la próxima semana?
-El día doce, que es fiesta, la gente aprovecha para ver a la familia. Así que ese día no tendremos actividad montañera. Nos volveremos a ver en el Vízcares. Y deja ya de preguntar tanto, ¡curiosón!

FRESINES

martes, octubre 01, 2013

EN LA PEÑA MORA, A PESAR DE LA BORRASCA



28 de septiembre de 2013

Se acabó el verano. Bruscamente llegan sin avisar las primeras nubes. “Le bon temps c’est passé”. Es hora de sacar del armario ropas de tormenta. Sin miedo al agua subimos Tarna para acercarnos a La Uña, en el Alto Esla. Llueve sin parar. Salimos igual. Siguiendo el río Carcedo, paralelo a la Sierra del mismo nombre. Pasamos los Campos de María. Vamos subiendo de modo continuado. En el bosque hay más de un venado berrando aunque la hora a es tardía para ellos. Potente bramido que retumba en el valle.

Pasamos la cuadra de ganado. Hay opción a volverse por la pista que sale directa a Polvoredo. Pero, inexplicablemente, a pesar del aire frío, del viento y la lluvia la gente quiere seguir. Vamos subiendo las primeras revueltas del puerto de la Fonfría. El cielo está negro, cargado, muy amenazador. Nosotros a lo nuestro. Giramos hacía el Este para subir al Collado Mascaredo. Un breve rayo de luz ilumina Peña Ten y Pileñes y refulge sobre la caliza del Recuencu. Dura poco la luz está espléndida. Saldrán buenas fotos.

El viento intenso se ha convertido en un nuevo enemigo. Estamos en la falda de la Peña Mora. Se empieza a subir a media ladera, subida penosa, dificultada por las arandaneras tan densas que alguien llega a decir: “Espera, que no hago pié”. ¡Hombre, ahorgarse entre arándanos!… Por lo menos estos pequeños frutos endulzan la subida. Cuando ya cogemos la lomera la subida es más liviana, aunque el fuerte viento ya ha causado la baja laboral de varios paraguas.

Los que llegaron primeros lograron ver hasta la ermita del Arcenorio. Pero dura poco y la opaca niebla lo uniforma todo. No paramos mucho, el viento está siendo desagradable. Bajamos por la cara que sigue en dirección contraria a la subida.. La Peña Negra que pensábamos subir quedará para otra ocasión. En la collada Valdemagán estamos algo más resguardados. La tentación sería bajar por este amplio valle a los lejanos pueblos de Pio y Vierdes en Sajambre. Pero como queremos bajar a Polvoredo, tenemos que ascender algo para cruzar al valle del río. Volvemos a protegernos en la Sierra Carcedo, esta vez por su cara este. La bajada por el río es fácil y agradable. Estamos a resguardo del viento y ha dejado de llover. Por la canal de la riega salimos a la explanada donde está el Refugio. Aquí estuvimos en plena invernada intentando entrar en calor.

El camino serpentea entre piornedos. Hago una parada mingitoria y al incorporarme a la senda estoy sólo. ¿Todos estos se habrán equivocado? Primera precaución mirar la hora, segunda no desviarse del sendero. Un marcado camino sigue adentrándose en el bosque El Jedo. Pero no baja apenas. Algo no va bien y se impone rectificar. Busco una riega y me lanzo por ella espantando a un corzo que tranquilo pastaba. El bosque es de una belleza apabullante. Llego a la pista. Creo que me he adelantado. Ya sabes, te separas del grupo y enseguida provocas una alarma. En mi reloj han pasado veinte minutos escasos. Para el grupo que espera el tiempo se hace mucho más largo. Bien por el grupo: la alarma funcionó. Por el móvil logramos aclararnos. Espero junto a una cabaña en ruinas a que aparezca la tropa. Afortunadamente las reñidoras miradas se convierten pronto en bromas. Esta vez la “viuda” se quedará sin cobrar. No pasó nada, pero no te puedes parar ni a mear.

Seguimos toda la pista hasta completar los 16,5 kms. Por fin la primera casa de Polvoredo. El pueblo está solitario y silencioso. Nos cambiamos entre chubasco y chubasco. Bajamos a comer a Casa Linares, nuestro segundo hogar. La mesa se organiza en un momento, a pesar del gran número de vehículos aparcados. Será que la hora es tardía, pues pasan de las cinco. Sobremesa montañera hablando de calendarios, de posibilidades y de montañas de los Picos de Europa.   

Terminamos una jornada montañera que se prometía horrible y que luego se fue suavizando. La constancia tuvo su premio. Llegamos a la Peña Mora aunque no pudimos ver el espectáculo que brinda de montañas. Al final satisfechos. Se ve que somos de buen conformar.

Para la primera de octubre volvemos a Somiedo en ruta circular desde Torrestío. Esta vez queremos hacer la Peña Calabazosa y el Pico Solarco, con lo que habremos completado la cordillera que limita Somiedo y La Babia. Esta zona empieza a sernos muy familiar. Y también nos suenan conocidos los chupitos de licor de ciruela del bar de Torrestío. Saldremos en esta ocasión desde Oviedo. Inauguramos con esta primera las rutas a través del bosque otoñal.

FRESINES

martes, septiembre 24, 2013

LAS XANAS EN LA PEÑA ORNIZ: SOMIEDO EN PERSECTIVA



21 de septiembre de 2013

Día de San Mateo, fiestas de Oviedo. Se nota porque van con nosotros varias personas de otros grupos que hoy no tienen actividad. Nosotros salimos como siempre. Vamos a La Cueta. No hay bares abiertos por la carretera hasta cerca de San Emiliano. Nos apañamos, faltaba más.

La llegada a La Cueta se hace esperar. Llegando hasta cerca de la plaza torcemos antes de la iglesia para entrar por el valle del Sil que es una maravilla de colores y formas. En determinado momento, en las praderas de Cebolleo, hay que cruzar el río para girar hacia las Fuentes del Sil. Todo el tiempo en ascenso, moderado pero continuo. Hacemos otro pequeño giro para seguir la graciosa estela del río Intermitente, afluente del Sil y que como su nombre indica aparece y se sume varias veces. Subimos a los puertos de Cuetalbo. Dejamos a la derecha Los Años y La Crespa, bonitas montañas. Ya desviados de las Fuentes del Sil faldeamos para encarar la base de la Orniz con buenas garantías de éxito. Hasta aquí dos horas. En poco más de media estaremos arriba. Es una bonita subida aunque de piedra suelta.

Lo mejor está arriba. Decía Neruda que “quien quiera admirar un paisaje que suba a la montaña”. Eso hicimos y estamos rodeados de cumbres por doquier. Los cercanos Albos, el Lago del Valle, del que sólo se ve el muro de cierre, La Mortera, Solarco, Calabazosa, Morronegro, Penouta, Muxivenes, Urro, Peña Manteca… La lista es larguísima. Hasta me enseñan los que de esto saben a ver el Caldoveiro y los puertos de Maravio. Muy impresionante. Y el reluciente verdor de la laguna La Verde, bajo el Montihuero.

Después de firmar la tarjeta, varios montañeros deciden seguir a la Torre de Orniz y la Muria Brava. El grupo los ha ascendido recientemente. Los que han seguido no parecen muy organizados porque acaban por preguntar a voces dónde está uno que les falta.  Inaudito en un grupo que se precie. Al llegar a Torrestío piden disculpas por la pequeña inquietud creada. Y es que en todo momento el grupo, y más sus responsables, tiene que saber donde está cada uno, y más si no son socios habituales. Empecemos a pensar un poco en la responsabilidad civil y las posibles reclamaciones por accidentes.

Seguimos bajando hasta la laguna Congosto que es un sitio con encanto. Caminamos despacio pero sin parar, rumbo a la Foz de Congosto. Al entrar en el Valle de Valverde un numeroso grupo de montañeros salmantinos pregunta por una fuente cercana. Si hay una cerca de la foz. Pero no se si llevará agua. Nos despedimos de ellos hasta Torrestío. Nos preguntan si yendo a esa velocidad “queremos salir en el telediario”. El Valle de Valverde es largo,  lleva un rato acercarse a las primeras casas del pueblo. Antes de entrar en el mismo nos para una pareja amiga: Fanjul y Luisa que hicieron la semana pasada la Torre de Cerrado y hoy vienen de la Fiesta de la Trashumancia de Somiedo.

Nuevo encuentro en el bar del pueblo: Nuestro amigo Victor de Turón aparece con su grupo que vienen de la Solarco y la Calabazosa. Nos seguimos nuestros respectivos reportajes fotográficos y así todos aprendemos de todos. Comemos en la terraza del bar. Buena sobremesa con  los chupitos artesanos de la casa. Hora del regreso. Pararemos por el camino donde Aladino para refrescarnos un poco que este septiembre está resultando caluroso.

La última salida de este mes es a la Peña Mora en la que estuvimos a punto de coronar en un día invernal como pocos. Hoy volvemos saliendo desde La Uña para ir hacia los Campos de María y la Peña Mora bajando luego a Polvoredo donde pondremos fin a esta interesante excursión. Esta zona del Noreste de León nos gusta siempre mucho.
           
FRESINES   

jueves, septiembre 19, 2013

MUCHAS GRACIAS

En nombre de la familia ARRIBAS GUTIERREZ quiero daros las gracias por vuestras condolencias tras el fallecimiento de la madre.
Así mismo agradecen de corazón, el ramo de rosas recibido del GRUPO DE MONTAÑA "LAS XANAS".
Muchas gracias a tod@s.
ROSI y JOSE

miércoles, septiembre 18, 2013

EL GRUPO LAS XANAS EN EL RECUENCU. POR LA FOZ DE LOS ARGAYOS



14 de septiembre de 2013

Lo tenemos todo a favor: hace bueno pero no calor. De madrugada un leve orbayo refresca la atmósfera encapotada de nubes. En Arriondas sigue cayendo mansamente. Pero en el horizonte lejano se va descubriendo una mancha azul que se extiende. Vamos a tener buen tiempo, un buen día de montear, sin duda. El minibús nos posa en les Bedules. Ahorramos una buena hora de esfuerzo. Bien. Lo aprovecharemos para estar más tiempo en la cumbre.

Caminando no muy deprisa llegamos al Collado Caldes en hora y media. Recibimos la llamada de Peña comunicando el fallecimiento de su suegra. Estábamos esperando este final, pero no dejamos de lamentarlo. Les mandamos desde la altura un gran abrazo solidario.

La subida se hace a velocidad de vértigo. Los primeros en unos treinta y cinco minutos. La senda muy marcada va dando lazadas por la falda. Una cuesta bastante empinada. Luego en el estrechamiento entre rocas hay que agarrarse con las manos en un pequeño tubo. Luego por pequeñas terrazas escalonadas se llega a la cumbre. Nos juntamos veintitrés en ella. Lo que se llega a ver desde aquí es mucho más de lo que se puede contar. El lejano Mampodre, el Lago, Ls Abedular, Pileñes, el Porrón de Viaño, El Maciédome, El Tiatordos, La Llambria, el Pierzu, Canto Cabronero, todo el Cornión…

Allí abajo está Sobrefoz. La cortada en forma de “cuenca” es impresionante. Este pico es guapísimo. Recogemos una tarjeta del ENSIDESA Gijón de hace dos días. Un buen rato en la cumbre premia nuestro esfuerzo. La montaña tiene sus exigencias pero también sus grandes recompensas. Encuentro en un reportaje del invierno pasado a un grupo que ascendió por aquí encontrando a un jabalí enorme agotado en la nieve cuando intentaba huir. La foto es muy curiosa.

Descenso rápido y por más de un camino nos introducimos en la vaguada de la vega Enol. Como hoy decidimos que iba a ser un día sin discusiones pues no discutimos. Los que van por lo alto, los que seguimos el track y los desconfiados que bajan por el fondo del valle. Una sección decide saltar por la collada Carambones y buscarse la vida por el monte La Cuesta para bajar a la pista de Ventaniella. Todo sin discusión. Un hito para el grupo.

La Foz de los Argayos es cada vez más imponente. Las calizas paredes se van cerrando como dos enormes muelas en torno al modesto río Vallizón. Al lado del riachuelo hay un marcado camino que va descendiendo por el bosque atravesando la foz. Para los barranquistas el descenso por el río y la cascada es de primera. Se necesitan siete rápeles para bajar toda la ladera. Cruzamos el río. Este da un giro cerrado por el que discurre una parte de la cascada. El bosque reluce de verdor. Las piedras del río resbalan en el verdín. La sección zamorana que hoy va con nosotros alucina con el paisaje y con el paisanaje. Al pasar junto a una cabaña el senderín se convierte en pista de ganado. Para la mayoría esta bajada por el bosque era desconocida. Ha dejado muy buenas sensaciones. Preciosa. Pasada la segunda cabaña que están arreglando para vivienda la pista ya es apta para todo terreno.

Pasamos con permiso del joven toro que nos mira con indiferencia. Salimos a la pista. La manguera de gran sección que hace rato nos viene acompañando continúa hasta el depósito de agua de Sofrefoz. Está tocada en varios puntos y parece que van a hacer obra para enterrarla. Dos kilómetros de pista nos separan de la apañada aldea. En el recodo volvemos la vista al Recuencu o Bargoli que por esta cara enseña otra fachada distinta de la pirámide que veíamos desde Les Bedules.

A la entrada de Sobrefoz hay que elegir entre dos bares: El de Severa arriba y el de Benigna en la plaza. No hay duda: nos quedamos con lo benigno y además en cuesta abajo. Allí comemos a la sombra rodeados de cumbreras de ensueño. A los postres la tele nos sirve una sensacional subida ciclista al Angliru con triunfo extranjero. Así la sobremesa se prolonga un poco más de la cuenta. No pasa nada. “Día sin discusiones” es el lema. Cuando termina el reportaje nos vamos. Los del bar encantados. Pararemos por el camino donde nuestro mexicano para probar ese tequila del que todas hablan. Gana la sidra por goleada. Empieza a llover. Es el momento de irse para casa. Una buena y sencilla jornada montañera-.

El día de San Mateo el grupo sale a pesar de todo. Nada menos que la Peña Orniz que oteamos el día que ascendimos a la Muria Brava. Empezaremos de manera clásica en la Cueta para bajar por el conocido camino de Torrestío. Seguro que será una gran excursión.

FRESINES

lunes, septiembre 09, 2013

EN EL JARIO Y SIN VISTAS

6 de septiembre de 2013

Cambiamos de mes y cambiamos de tiempo. El viernes llovió intensamente. Preparamos paraguas y chubasqueros, algo que teníamos casi olvidado. Pero no nos asustamos. Madrurgamos y, a pesar del fino orballo que cae casi todo el camino nos dirigimos a Sajambre, parajes encantados de bosque profundo y colores vivos. El camino de los Beyos ponguetos muy conocido. Pero luego el acercamiento hasta el puerto de Panderruedas se hace bastante largo. Ya sabéis que allí la línea discontinua indica nada más “el eje de la carretera”. Por fin llegamos al puerto. Vacío de coches. Diez y cuarto empezamos. La ruta promete buenos paisajes.

El cielo totalmente encapotado. No llueve, que ya es una ventaja. Fresca la mañana. Se camina a ritmo para entrar en calor. En diez minutos se llega al extraño y romboidal mirador de Piedrashitas que está a cien metros de altura sobre el puerto. Bordeamos por la izquierda sin enterarnos el Camborisco, de precioso nombre y dando un giro a la izquierda de 90º enfilamos la suave cuesta del Collado Viejo que es la puerta de entrada a las majadas de Piedrahita. No apreciamos más que el camino a nuestros pies y lo que se adivina a unos 30 metros. Breve alto. Atacamos la ladera de la Cerra Centenal cuya silueta se insinúa entre neblinas.  El buen camino continúa casi en horizontal, siempre al Norte bajo el Guadañas, que apenas vemos.

Llegamos a la collada Blanca. Vamos muy bien de tiempo. Tendría que distinguirse el color blanco de la piedra entre las paredes de pudinga cuarcítica verdosa. Atravesando al otro lado y dejando a la derecha el chozo Dobres, empezamos a subir por la falda del Samaya y bordeando los Collaínos de Valdelafuente y las dos cumbres de Valdelafuente que teníamos intención de hacer, entramos en los derrumbes del Jario.

Subiendo por el costillar apenas se nota el esfuerzo. El último tramo está escalonado y facilita un paso cómodo. Estamos todos arriba. Un intento de resol para hacer la estancia agradable. Al cuarto de hora las nubes vuelven a cerrarse. Segunda subida a esta cumbre que tiene que ser uno de los balcones más maravillosos del Cornión, pero a los que no logramos ni atisbar. Sopla aire frío. Es el momento de bajar.

Siguiendo en dirección oeste se va descendiendo para girar luego al norte y entrar el bosque de hayas. El bosque es una maravilla. Ya por ver esto merece la pena llegar hasta aquí. El bosque pone a prueba  nuestra sensibilidad porque la  maravillosa y serena belleza de estos bosques impacta. En poco tiempo embocamos la pista que baja a la vega Abaño. Cualquiera de los dos ramales que se abren a la altura de la cabaña Llareya te lleva sin problemas hacia la majada. Seguimos paralelos al río Truégano que pasa junto al refugio. Atajamos para no dar la vuelta completa y pasado el puente con el camino que viene de Dobres, entramos a la plácida extensión de terreno, ya pacida. El refugio muy bien como siempre. El guarda está ocupado pues tiene gente a comer. A pesar de todo nos atiende un momento con las cervezucas que va a buscar al río. Un grupo de montaña tiene que hacer algo de gasto para ayudar a mantener los refugios abiertos.

Luego bajamos rápidos a Soto de Sajambre, primero por la pista y luego atravesando el bosque. Tardamos una hora en llega al pueblo. Trece kilómetros escasos. Fue un paseo casi de manos en bolso. Tenemos que buscar el bus en el extremo del pueblo en el nuevo aparcamiento. Qué largo es este pueblo. Salvamos de la lluvia. Amago más de una vez pero no llegamos ni a sacar el paraguas. Ha sido un buen día, pena de vistas. Bajamos al bar del pueblo a comer. Es gente amabilísima. A los postres Dioni comparte unas moscovitas para que la gordura se reparta y no caiga en una sola. Y naturalmente Hugo lleva unas marañuelas de vicio. A su madre la proponemos como socia de honor y cualquier día de estos le damos el título.

Queda mucha vuelta. Así que para hacerlo más llevadero paramos en una sidrería que resulta estar disfrazada de “mexicana”. Los tequilas finales hacen estragos en la tropa. Lo siguiente es buen humor durante toda la vuelta. Un jabalí se cruza por delante del coche que nos precede. Es un bicho enorme y negrísimo. Viene huyendo de los cazadores que lo acechan. Este salvó. Lo dicho se saben la temporada de caza. Cada vez nacen mejor enseñados.

La semana que viene y dando mejor tiempo, tenemos el Recuencu, que hace tiempo que no hacemos. Volver a Ponga siempre es un placer y una garantía de excursión emocionante. El Recuencu, si tenemos suerte con el tiempo, es un pico perguapu. Peña y Rosi están en Valladolid pendientes de la enfermedad de la madre de Rosi que es grave. Les acompañamos en estos momentos difíciles.

Así que esta semana llamadme a mí al 692 510 114 o al correo de fresines@telecable.es. Por otro lado nos comunica María José que José Manuel está recuperando y bastante mejor. El martes empieza con las pruebas de esfuerzo. Una noticia buena.

FRESINES

martes, septiembre 03, 2013

SOBRESALIENTE PARA LAS XANAS EN LA ASCENSIÓN AL CURAVACAS



31 de agosto de 2013

Terminamos de una manera gloriosa este completísimo mes montañero de agosto. Hicimos la subida a La Muria Brava en Somiedo. Luego al Cotalba y a la Canal Vaquera, completamos la ruta de Hierbas Altas en Caín. Estuvimos en el Central haciendo las ascensiones programadas al Pico San Carlos, a la Torre de la Collada Ancha y a todo el macizo de las Peñas Cifuentes. Y para cumplir nuestro calendario  fuimos este fin de semana a la Montaña Palentina, en Fuentes Carrionas.

Está muy lejos. Nos tocó madrugar. Afortunadamente, sin tráfico a tan tempranas horas, el autobús volaba. En hora y cuarto en lo alto de Tarna. La parada la hicimos en el hostal de Velilla. Allí nos hicimos con buen pan de Castilla. El viaje nos duró todavía tres cuartos de hora más. A la altura de la localidad de Triollo nos espera Pablo que nos hace unas misteriosas señales de que sigamos a Vidrieros. Misteriosas porque cada uno las interpreta como le viene en gana y organizamos una agitada discusión sobre si haber parado o no y sobre donde aparcar el minibús.

Lo que importa es la montaña y hacia ella vamos. El Curavacas, inmensa mole verdinegra reluce en el primer sol de la mañana mostrando la dureza de lo que nos espera. Son las diez menos diez. Luce el sol, pero no hace un calor excesivo. Subimos la pedriza a ritmo la cuesta pendiente y polvorienta. Hay otra posible subida por la llamada Canal Sur entre la cumbre principal y la cima oeste (2493 m). Es una subida del III/ de unos 500m y 55º de inclinación. Preferimos subir por el camino tradicional marcado por los hitos. Pasada una hora hacemos un primer descanso, cuando empieza la falda propiamente dicha. Revuelta va y viene, vamos ascendiendo poco a poco en esta inclinada cuesta.

Otra hora más y llegamos a la altura del collado que separa las agujas de la cima oriental de la central. Es un sitio muy bello en su desnudez. Entramos por el Callejo Grande calificado como II/ 400 m, de tubo y 45º de inclinación. Asequible porque hay un desfile de montañeros yendo a la cumbre. A partir de aquí cada uno a su ritmo, en varias cordadas según las fuerzas de cada cual. La subida es mucho más entretenida pues nos enfrentamos a la roca, conglomerados grises cimentados de piedra negra. Hay que agarrarse en varias ocasiones por la canal en semisombra. Ráfagas frescas alivian el calor. Entramos en el tubo que tiene buena subida pegándose a la pared.

Superado este gran desnivel entramos a la cara norte de la peña y en cosa de diez minutos hacemos cumbre. Los primeros tardaron menos de tres horas. Los demás unos veinte minutos más. Está la tevergana Rosa en la cumbre. Su subida ha sido un poco más larga, de cinco horas. El mirador es de impresión. Los tres macizos de los Picos de Europa, incluido el teleférico. Pero mucho más cerca la montaña leonesa con el Yordas, empequeñecido por el Espigüete, el Murcia, el Cuartas, el Tres Provincias y Peña Prieta. A nuestros pies la inmensa caída al Pozón del Curavacas, en un semicirco cerrado por el Tío Celestino y el Ves. Hay un grupo de espeleólogos madrileños y holandeses explorando la recién descubierta sima del Ves, en el llamado “Pozo de los Mierdas” (con perdón, claro)

Hacia el este, y asesorados por los expertos Rosa y Toni, grandes conocedores de la montaña palentina, tenemos larga crestería de Peña Sagra que tapa Reinosa, seguida de la sierra del Cobre, con el Pico Tres Mares, donde nace el gran Pisuerga. También se ve el Valdecebollas cercano a Brañosera. Muy al sureste está la meseta de Las Tuerces, digna de una visita. Y todos los pantanos: el de Aguilar, el de Compuerto y el de Camporredondo de Alba. El río Carrión nace tímido entre neveros en el cercano circo de Fuentes Carrionas. Pero cuando ha dado la vuelta por todo el valle de Pineda le tenemos al Sur, ya convertido en un señor río que riega las vegas de Vidrieros. Dicen que desde esta atalaya se ve el mar con nitidez, yo no lo pude ver, quizá porque estaba extasiado con todas las panorámicas que tenía delante.
Dato para la polémica. Sostiene Taboada que una de las ultimas cimas del central es el Urriello y que el evidente desconchado que se ve en la torre es el anfiteatro. Entramos en la discusión pero nadie tiene muy claro desde esta gran distancia el acúmulo de cimas que sobresalen pegadas unas a otras. Una hora en la cima. Hace rato llegó Isa que le ha echado arrestos para subir sola. Bien por ella. Vamos a descender. Más o menos en grupo hasta la pedrera. Miguel explora conmigo el paso por el macizo oriental para bajar a Vidrieros por la cumbre del pico Hospital y luego la falda del Coruño que está encima del pueblo. Pero pasamos una primera vallina inclinada, a una segunda aún más, con una hierba que además de resbalar, corta la mano. Luego ya renunciamos pues hay que bajar mucho para poder bordear esta agrupación de agujas verdinegras. El color verde se debe a un líquen que nace en la misma piedra negra, alimentado por la permanente humedad de los neveros.

Cuentan en el pueblo que hace tres años se mataron en el Corredor Oblicuo dos montañeros vascos, al pisar lo que se llama una capa de viento, nieve acumulada que no está agarrada todavía al sustrato de roca. Y luego en verano se encontraron con un compañero que fue a buscar algo de material de lo que podían haber dejado los dos chavales. Encontró en el corredor un solitario crampón.

La bajada por la pedrera es un vuelo sin motor, saltando de tacón sobre la piedra suelta, con pequeñas nubes de polvo a nuestro alrededor. Algunos bajan en hora y media. Llegamos a Vidrieros sobre las cuatro. Nos dividimos en dos bares por cuestión de contentar a todo el mundo, a pesar de que el bar que había apalabrado Pablo era el del fondo, el mesón Vidrieros. El bar Lago es muy peculiar pues ofrece un chupito gratis al que le resuelva la adivinanza matemática de la semana. Y todo esto en un pueblo de 58 habitantes en verano.

Instalados en la terraza tenemos una comida de lo más agradable. Recibimos una llamada de Gelu que se corta. Hoy ataca los Cuetos Albos. El “comedor de rosquillas” sube del bar de la plaza por si quedan pastas que echarse a la boca. Celebramos el cumple de Amador. “Que cumplas muchos más, compañero montaraz”. Nos vamos. Cerramos el mes de agosto. La ascensión ha sido de las que dejan huella en la memoria. El día acompañó. El único inconveniente el viaje de vuelta.

Se impone una parada para descansar un poco y estirar las piernas. En Abantos, al calor de las sidras que van cayendo, ya metidos en la noche, recuperamos los cantiquitos y el buen humor colectivo que parece que habíamos perdido. Manolo, nos falta un tenor de tu talla. Luego, ya cogido el ritmo, en el autocar sigue la juerga que tal parece que esta gente no ha subido y vuelto a bajar los 1200 metros de desnivel. Hasta se canta lo del “viejo bar, de húmedas paredes…”. Bien  por Jorge, gritan por el fondo.

Estrenamos el calendario de septiembre: El Jario, el Recuencu, La Orniz, y la Mora. En agosto calculo que sumando todos los fines de semana hemos superado un desnivel superior a los 5.251 metros. Ya estamos cerca de superar el Aconcagua. El próximo día 7, víspera de Covadonga, volvemos al Pico Jario subiendo desde Panderrueda para volver a la civilización por el refugio de Vega Abaño y bajar por el bosque a Soto de Sajambre. Ya la hicimos en su día en medio de una incesante tormenta y no somos conscientes de que había en aquel pico. En esta ocasión tenemos la oportunidad de disfrutarlo con más calma.

Cuando estoy terminando estas líneas me llama Clemente. Me cuenta que José Manuel González que estuvo con nosotros en el Curavacas ha sufrido un infarto cuando estaba en el trabajo. Le deseamos todos que salga pronto de esta situación.

FRESINES

martes, agosto 27, 2013

NUESTRA VISITA AL REFUGIO DE COLLADO HERMOSO



24/25 de agosto de 2013

Volvemos a madrugar. Es la tónica del verano. A esas horas no hay bares abiertos. Así que, haciendo de tripas corazón, no paramos hasta Potes para tomar un breve refrigerio y afrontar la intensa jornada montañera que nos espera. Tardamos media hora más en llegar a la estación del Teleférico. Son las 10 y media. Ascendemos en dos viajes, mirando con enorme respeto el embudo de La Jenduda. Agrupados en el Cable a 1843 metros de altura, comenzamos a caminar hacia los Hoyos de la Lloroza, limpios de nieve, a pesar del larguísimo invierno. La ascensión por la Canal de San Luis se nos da bien con la fresca de la mañana. Sobra ya ropa. En un momento determinado separamos dos grupos: los que suben a la Padiorna y los que van a la Torre San Carlos. Podríamos haber seguido juntos hasta la Colladina de las Nieves. Ya en plena ascensión al San Carlos por los fuertes repechos alguien grita como un mantra continuo al otro grupo: “Vais mal. No es por ahí…” justo cuando están llegando al cartel con la flecha que marca la sencilla subida a La Padiorna.

Cuando logramos rodear por completo la base del torreón de Altaiz empieza la subida verdadera. Como no podía ser de otra manera, emprendemos la subida por la directísima olvidando que existe una buena aproximación por la cara noroeste. La subida se hace a base de cortas trepadas por las llambrias, agarrados a las aristas, con algún despiste, ayudándonos siempre y muy entretenidos en esta fabulosa escalada casi sin darnos cuenta estamos en la cima. Vemos en la distancia a nuestros compañeros en la Padierna. Estamos sesenta y un metros por encima. El San Carlos no deja de ser una cima modesta, poco frecuentada, pero tiene un perfil montañero indudable. Salimos pronto. Inexplicablemente nadie sugiere pasar bajando a la cercana y fácil arista de Altaiz. Bajamos, ahora por el camino más accesible que termina en el Hoyo Oscuro. Hacemos un alto en la Horcada Verde para reponer fuerzas. Este promontorio tiene algo de especial. El Hoyo Oscuro es la más profunda expresión de la soledad. Estamos rodeados de torres verticales. La del Hoyo Oscuro estaba programada y si no fuera por el constante nublo que va y viene la podríamos haber intentado. Es una subida fácil una vez que estás aquí. Sólo que tendríamos que llegar a la collada entre el Hoyo Oscuro y el Madejuno. Las chovas piquiamarillas están todas anilladas. Esperan las migajas de nuestra breve mesa.

La senda está bien marcada y nos lleva en directo por coladas y profundas simas a la Collada Ancha. La Torre de la Collada Ancha preside todo el amplio escenario. ¿Por qué no subirla? A por ella. No tiene subida por la ladera sino es trepando por la gran loma caliza. A estas alturas tenemos las manos ásperas del contacto con la piedra. La subida es francamente interesante. Mejor no pensar en la bajada. Todos acabamos subiendo. Eso sí, dejamos las mochilonas abajo y siempre es un alivio trepar así. En la cumbre estamos un buen rato. Es pronto. Hace sol que se agradece. Sus 2349 metros convierten  en un observatorio de primera. El cresterío es caótico. Predominan los blancos y ocres. Las pedrizas cubren todas las laderas. En las Colladinas está el resto de la expedición aprovechando el primer sol de la tarde. Se está cubriendo de nieblas. La bajada es un juego de chimeneas de lo más entretenido.

La senda sigue a media altura por la pedriza que cruza el Hoyo de los Llagos por encima del Cimero. Luego en ascenso llegamos a las Colladinas. Cerca de las cuatro y media de la tarde entramos en el refugio. Varias tiendas alrededor. El refugio tiene treinta y dos camas. Nosotros ocupamos veintisiete. La cerveza de barril buenísima. Desde nuestra última visita al refugio Diego Mella, este ha sufrido un notable arreglo. Tiene luz y servicios. El comedor y el dormitorio están revestidos de madera. La escalera de acceso sigue siendo un rompetechos. La gente del refugio nos atiende muy bien. Subimos luego a ver la puesta de sol a la Torre Jermosa, pero la niebla se ha agarrado fuerte a las cumbres y sólo se desvela en breves momentos para dejarnos entrever la Torre Peñalba, La Palanca o El Friero. Una pena porque todos recordábamos el atardecer sobre la Peña Santa como una de las ocho maravillas del mundo. La cena gusta a todo el mundo. Así que hacemos tertulia acompañados por un tal “Jamenson” que hace estragos en algún descontrolado. Luego algún breve cantiquín y a tumbarnos en las nuevas literas para descansar un poco. El que pueda dormir que aproveche. Los ligeros de próstata informan que la noche está totalmente estrellada.

A las siete arriba. Sustancioso desayuno para otro memorable. Ocho y cuarto y de nuevo en camino. Bajamos a la Vega Liordes, una mancha de verdor. Formamos tres grupos: Los que bajan directamente a Fuente Dé por los Tornos de Liordes, los que siguen la programación oficial para subir a la cumbre principal del Alcacero Este y los que tienen ganas de recorrer todo el cordal de las Peñas Cifuentes de punta a punta. Por cierto esto de Cifuentes quiere decir exactamente “cien fuentes”. Este último grupo sube la pendiente canal que separa la Regaliz de la Pedabejo subiendo estas dos cumbres para pasar luego por Alcacero 1 y Alcacero 2.

Mi grupo sube, bien dirigido por el experto Taboada, por una diagonal elegante que termina en una larga vira que nos deja casi al pie del Alcacero más alto. La cortada sobre el valle de Pido es muy impresionante. Pasamos a la cuarta cima Alcacera. La niebla tapa la Peña Remoña que nos hubiera gustado subir. Descendemos hacia una playa herbosa. Un senderillo la atraviesa y termina mucho más abajo en una tenada cercada en la Vega de Liordes. Avistamos al otro grupo que avanza rápido en nuestra dirección. Son unos fenómenos. El camino va desembocando primero en un embudo que hay que pasar en horizontal para destreparlo por el fondo. Luego sigue por varias coladas de piedra acabando en una chimenea repleta de piedras sueltas y rocas empotradas. Se baja bien apoyándose en las dos paredes. Taboada va jitándolo todo. El grupo que nos sigue continúa hasta la Remoña, a la que suben a pesar de nuestra recomendación. Cuando llegamos a los grandes neveros (más de tres metros de altura) de Liordes, el grupo perseguidor está bajando por nuestro mismo camino, pero a qué velocidad.

Bajamos los Tornos y luego la Canal del Embudo. Si no fuera tan inmensamente larga y tan dura de bajar sería otro sitio de ensueño con esas paredes verdes, cortadas por varias bocaminas. Pero se hace eterna. Alguien comenta algo de la senda del Butrón o del Achero para bajar desde el Cable. Pero me suena y la apunto aquí como interrogante. Llegados a Fuente Dé, aprovechamos la fuente junto al aparcamiento y lavados, refrescados y cambiados nos disponemos a comer en un bar de Espinama, que al principio desbordado, acaba atendiéndonos a todos. Nos espera una larga vuelta por la Hermida hasta casa y hacemos una parada en el camino para hacerla más llevadera.

Este intenta ser el resumen de dos intensísimas jornadas montañeras plagadas de vistas, ascensiones, cumbres, paredes, roca y compañerismo. La satisfacción es general. La zona de Jermoso es de lo más preciado del Central junto con la Collada Bonita y el Jou Negro de Cabrones. Queremos volver. Queda mucha cumbre por subir. Hay que dejar perder la mirada por esa línea cumbrera tan llamativa. Quien haya visto el primer rayo de sol iluminando las esbeltas paredes del Friero quedará prendado para siempre.

El último sábado de agosto nos queda pendiente otra grande: El Curavacas palentino, formidable castillo de cuarcita negra y verdosa, de 2524 metros de altura. Una parte desgajada del central, visible desde la Padiorna. Ya sabéis que hay que madrugar porque el viaje supone unas cuatro horas. Pero de verdad que el esfuerzo se va a ver recompensado por una cumbre que enamora. Por cierto, llamarme a mi para apuntaros que Peña seguramente que no podrá hacer la ruta.

FRESINES

viernes, agosto 23, 2013

LAS XANAS VUELVE A HIERBAS ALTAS Y COMPLETA LA RUTA



17 de agosto de 2013-08-22

Cuando una cosa se queda fija porque no se pudo lograr en su día la memoria colectiva del grupo la guarda en la carpeta de “pendientes”. Esto nos pasaba con Hierbas Altas. Muchas ganas de hacerla pero aquella vez se nos quedó en el medio camino. El año 2013 vuelve a recoger en su programación la subida a esta interesantísima zona de los Picos. Así que, madrugando, como todo el verano, vamos a Caín. Con la inmensa duda de si el autocar pasará o no.

Parada gastronómica en Arriondas. Queda una tirada para Caín. Pero acabamos llegando por los Beyos y Panderruedas. En Posada el paso no ofrece ninguna dificultad. En Cordiñanes la cosa se complica porque entre la carretera, las casas, cuatro árboles y un poste de la luz pasamos justo, justo. Un cartel prohíbe la entrada a vehículos de más de siete y medio metros de largo. Nuestro valiente conductor sigue inmutable. Vamos bajando por el Tombo. Algún coche sube y tenemos que esperarnos en la estrecha carretera. Por fin a kilómetro y pico de Caín, en un aparcamiento a la izquierda logramos meternos antes de que llegue todo el turismo.

Camino hasta Caín de buena mañana. Hace fresco. Son las diez y media. En Caín hay que subir por la empinada calzada que lleva, pasando las tres famosas escaleras a Las Boas, ciento diez metros más arriba. Pequeña discusión por donde seguir: los del camino alto y los de la generalidad del grupo. El track está claro y los que tenemos algo de memoria recordamos muy bien el camino. Una pareja que baja de Hierbas Altas nos dice que no hace falta inventar más caminos, que ya están bastante bien jitados. Llegamos a la ladera Táranos con su bosque de avellanos. De seguir rectos llegaríamos a la canal de la Jerrera, a la de Raíz y a los famosos sedos de Oliseda.

Atravesada en horizontal toda la ladera hay que subir por un llombo pedregoso sin ninguna dificultad para llegar al Posadoiro. Sin llegar a la horcada por la que fluye la riega de Hojas hay que desviarse a la derecha buscando el mejor camino posible por el bosque de avellanos. Hasta aquí tardamos una hora. La sombra de los ablanos se agradece, que ya aprieta Lorenzo. Estamos a 910 metros de altura. Ya Caín es un pequeño belén lejano en la distancia.

En poco tiempo llegamos a la base del cerro de Hierbas Altas, nuestra modesta cumbre de hoy de 1035 metros. Otra hora desde el Posadoiro. Subir a la cima es un juego de saltos para salvar los innumerables hoyos tapados por la vegetación. ). ¡Vaya vista! Parece mentira que un piquito tan humilde permita tener tal panorámica sobre todo el Central. Por detrás nuestro el Jultayu, al fondo del gran valle la canal de Mesones, más a la derecha el Picoluengo, junto al Boquete. Delante la subida a las puertas de Moeño. Las canales de Dobresengos, el sedo Mabro. Más allá la bifurcación junto al Horcado Turonero que lleva a Ría o a la canal del Agua por la izquierda y a Piedra Bellida por la derecha. Tiene razón Ballesteros cuando dice que este es el otro rincón del Cares, tras el Collado Cerreos.

Muy por debajo se ve la senda de la Tranvía, camino armado de Bulnes a Caín, hoy caído en desuso pero bravo como pocos. Nos proponemos recorrerlo pronto. Iniciamos el descenso. Hacia el norte es un camino claro. Hay que bajar un buen trecho de valle para remontarlo más arriba en el desconchado de color ocre, también armado por los pastores, y conocido como el Travieso de la Bersolina. El descenso es pronunciado e inclinado y con mucho patio. Es la canal de la Teja, practicable sólo para antiguos cainejos de los que no morían, sino que se despeñaban. Hay que bajar asegurando pero el grupo lo cruza sin grandes problemas. Saltado este hombro se desciende al siguiente valle. En un promontorio del mismo hay un nuevo posadoiro, el Collado Torno, con hermosas vistas a la senda y al río Cares. Hacemos numerosas fotos.
Hay que volver a subir por una chimenea fácil que requiere el uso de las manos. Superamos el nuevo obstáculo. Rodeamos la pared viendo en la ladera la gran cueva de Cuarroble. Cerca tiene que estar la fuente. Este camino estuvo muy frecuentado por los pastores para conectar con los pastos de Ario. ¿Bajarían por aquí con las vacas?

Entramos en un gran hayedo. Parece increíble esta explosión de verdor en un terreno tan árido como son los Picos de Europa, sobre todo el Central. Atravesamos el bosque en descenso después de superar por debajo las caídas del Cueto Arnio. Llegamos mucho más abajo a un camino-pedregal que nos acaba conectando con la Canal de Trea. Seguimos en descenso por el bosque Cabrerizas buscando con ganas las buenas sombras antes de salir a la solana que está pegando en el Cares.

Finalmente acabamos por salir en el Puente Bolín. La senda está petada de gente. Hay que andar con ojo para que no te empuje nadie en las caídas. Pero bueno un grupo organizado enseguida se hace espacio y volvemos disciplinadamente a Caín, a pesar del calor que ya va haciendo algún estrago.

El pueblo es toda una romería de paseantes. Hay gente por todas partes. Conseguimos instalarnos a la sombra de una amable terraza. Completamos nuestras cinco horas y media de ruta. Estuvo muy bien. Tenemos que subir hasta el autocar a por nuestras cosas y volver a bajar al primer bar del pueblo, donde nos dejan comer dentro. Se está muy bien y casi sin querer nos adueñamos de todo el espacio. En la puerta saludamos a un guardia de la guardería, pastor de Caín, que conoce todos aquellos andurriales hasta la última mata de hierba.

Sin prisa ninguna volvemos al autocar. La ruta aunque corta y sin pico ha sido de lo más placentero. El día acompañó. No se puede pedir más que una parada a la vuelta. Esta la hacemos por Riaño y el Puerto de Tarna. Se nos hace algo más corta, sobre todo, porque paramos en Rioseco a refrescar nuestra natural sed. Llergaremos a casa cerca de las once de la noche.

La semana que viene tenemos la salida de dos días a Collado Jermoso. Todo está organizado y esperamos que salga lo mejor posible. Intentaremos coger el teleférico primero de la mañana, aunque habrá que subir en dos. Desayuno y aseo si no hay otra opción por la carretera, se tendrá que hacer en el Bar del Mirador del Cable.

La ruta del primer día “oficial” es la siguiente: Horcadita de Covarrobles- La Lloroza- Canal de San Luis- La Padiorna (2.007 m) - bajada a Las Colladinas- Collado Jermoso (son unas seis horas en total).

La alternativa pasa por la Canal de San Luis- Collada de la Fuente Escondida- posible subida a la Torre de Altaiz (trepada del II+ fácil, luego paso fácil por arista aérea. Dificultad: Difícil. No es una ruta de senderismo, para subir a la Torre Altaiz hay que trepar, los pasos más complicados son unos canalizos casi verticales que hay arriba del canal, y una vira muy expuesta por la que hay que pasar para progresar hacia la cumbre principal y el San Carlos. Para quien quiera algo sencillo recomiendo subir a San Carlos y de ahí al Altaiz, Torre de San Carlos (posible) , bajada a la Collada Casares para subir a la Torre del Hoyo Oscuro de 2417 m - Luego por las Colladinas a Collado Jermoso. Unas nueve horas.

Estando en el refugio merece mucho la pena subir a la Torre Hermosa que está a unos diez minutos del refugio.

El domingo 25 madrugaremos para desayunar y partir inmediatamente a la Vega de Liordes donde el grueso del grupo intentará la Torre de Alcacero Este (2.219) Algunos querrán pasar al Pico Remoña de 2239 que requiere una trepada por una chimenea (II+ y una vira por la roca de unos tres metros, más otra trepadita final a la cumbre. Es factible para la mayoría). Luego volvemos a los Hoyos de Liordes por el mismo camino y bajamos (hora y cuarto por lo menos) los magníficos Tornos de Liordes por donde bajaban las caballerías el mineral. Ya en Fuente Dé, nos podremos lavar un poco comeremos en la terraza del bar del aparcamiento. Los que quieran hacer más tienen el Tiro Pedabejo y la Regaliz para entretenerse. Pero que tengan en cuenta que la hora de salida del autocar estará determinada de antemano.

Nada más que desearos a los que vais al Refugio que tengáis buenas montañas y una feliz estancia en este rincón superprivilegiado. NO OS OLVIDEIS EL CARNET DE FEDERADO LOS QUE SOIS DE LA FEDERACIÓN NACIONAL. Lo pedirán en el refugio, asi como el carné de identidad o una fotocopia. ¡Ah! Y llevar el buen humor puesto.

FRESINES