lunes, mayo 25, 2009

YA ESTOY DE VUELTA

De regreso de la Ciudad de la Luz, contacto nuevamente con vosotros pero sin comentarios a la última ruta realiza por tierras de Cangas de Narcea, para coronar el Rabo de Asno.


En estos momentos desconozco todo lo concerniente a esa ruta, ya que no he contactado con nadie y no sé si siquiera la pudieron hacer, pues creo que las condiciones meteorológicas no fueron buenas en este pasado fin de semana.


Pero como ya hay que preparar la ruta del próximo sábado día 30, aquí estoy para comentaros que iremos a Inguanzo para subir al Cuetón de Llerosos o Alto la Peña, pasando por la las Foces del Burdio y con descenso por Ondón y Camarmeña a Poncebos. La ruta que proponemos es:


Inguanzo (310 m) – Foces del Burdio (650 m) – Majada de Maneda (1.136 m) – Dubriello (1.170 m) - Ostandi (1.408 m) – El Cuetón (1.651 m) – Ondón (1.340 m) – La Rasuca (1.000 m) – Camarmeña (426 m) – Poncebos (218 m)


Se trata de una ruta exigente con un desnivel a salvar de unos 1.340 m de subida y 1.430 m de bajada, para lo que emplearemos unas 8 horas. Por lo que dicen los meteorólogos, vamos a tener buen tiempo, pues se acerca un anticiclón que despejará las nubes que ahora nos cubren. Para entrar en Inguanzo tenemos que llevar el autocar de 29 plazas, lo que quiere decir que el que no se dé prisa en apuntarse, se quedará en casa. Espero vuestras llamadas.

martes, mayo 19, 2009

LA NIEBLA UNA VEZ MÁS

En estos momentos me encuentro sobrevolando la zona de Somiedo. Abajo veo los lagos de Saliencia y a su alrededor un sinfín de montañas con penachos de nieve aún. Todo lo contrario de lo que nos ocurrió el pasado sábado por tierras de Amieva. Por segunda vez se nos puso gafa la ruta del Bescoba y Priniellu y ya fueron muchas las voces que se oyeron clamando por un nuevo intento.


El autocar nos dejó en Vega de Pervis después de atravesar media Asturias lloviendo. Al menos aquí no llovía. Pero las n uves muy bajas, comenzaban a cubrir toda la parte alta, tapando hasta La Fresneda. Iniciamos la caminata subiendo por la carretera de Vís hasta este bonito pueblo colgado sobre la Hoya de San Vicente. Aquí algunos indicadores verticales nos marcan el camino a seguir que no es otro que la Senda del Arcediano en su parte final.


La pista, fácil de seguir si no nos equivocamos en alguno de los cruces a la salida de Vis, nos conduce en ascenso a la zona oeste de la sierra, dando vista a la carretera en la que hace poco hemos dejado el autocar. Abajo podemos ver, a pesar de la niebla, las casas de Pervis. A partir de este lugar, las cabañas de Posadoiro, dejamos de ver a ambos lados. La niebla lo cubría todo. Solo el camino bordeado de árboles y cabañas diseminadas. Así, casi sin darnos cuenta, llegamos a lo que el GPS nos marcaba como el Collado Sañín. Punto en el que debíamos iniciar la ascensión al Porru Bescoba o Porru Cantu la Cueva.


Se imponía tomar una decisión ante las condiciones climatológicas. Algunos optaban por continuar por la pista hasta Amieva, mientras que otros eran reacios a abandonar, manteniendo la esperanza de una apertura de claros que nos permitiera hacer la ruta propuesta. Así las cosas, el grupo terminó dividiendo se en dos bandos: Unos siguieron por la pista y el resto iniciamos, sin ver nada, la ascensión al Bescoba.


En la misma collada y guiados por el GPS, tomamos un sendero que comenzaba a subir en diagonal con dirección sureste hasta un hombro que apareció ante nosotros como un fantasma y en el que comenzamos a derivar primero ascendiendo al norte, y luego más al noroeste. El sendero se hacía cada vez menos patente y solo los rastros del ganado nos indicaban los mejores pasos. En un momento determinado, decidimos iniciar lo que creíamos la ascensión final al Bescoba, girando a la derecha y subiendo de forma más vertical. Alcanzamos así una plataforma desde la que un nuevo cambio de rumbo, noreste, nos encumbró en el Porru Altu la Cueva, como reza la placa de su buzón de cumbres.


Las vistas… cero patatero. Si nos separábamos un poco unos de otros, solo veíamos sombras en movimiento. Además hacía frio y solo al resguardo del aire pudimos descansar un poco mientras cubríamos la tarjeta de cumbres y nos hacíamos la foto de rigor. Poco tiempo estuvimos allí. Reemprendimos la marcha, una vez más guiados por el GPS, para seguir con rumbo este por la sierra, en busca de un lugar donde iniciar el descenso nuevamente a la pista.


No sabemos exactamente por donde pasamos, pero creo que hicimos el Viscoba después de recorrer les Boleres de Bescoba por una especie de sendero entre la piedra. Descendimos a Voz de Pozu Reondu y más tarde a Voz de Parriellu, donde hubo una nueva asamblea decisoria. Algunos continuaron ruta hacia el Priniellu, entre la niebla, mientras que el resto decidíamos descender a la pista a la altura de la Collada de Amieva, para desde allí seguir a Amieva donde poner fin a esta ruta, no sin antes recibir una pequeña mojadura, ya que desde Voz de Parriellu no dejó de llover hasta que nos metimos en el bar de Amieva a dar buena cuenta de nuestras viandas. Como media hora después, llegó el resto de la expedición, luego de hacer cumbre en el Priniellu.


Mal día para caminar por el monte, pero una ruta más a nuestras espaldas. Creo que las magníficas vistas que esta ruta nos puede ofrecer, bien merecen un nuevo intento.


Ya en pleno vuelo rumbo a París, Os animo a realizar la ruta del próximo sábado. Nuevamente por tierras de Cangas de Narcea, para en esta ocasión caminar desde el Santuario de Nuestra Señora del Acebo, hasta Genestoso, pasando previamente por el Rabo de Asno. Ra ruta que yo me pierdo es:


El Acebo (1.205 m ) - Cabornín (1.200 m) – Collada Trabanco (1.400 m) – Collada Turria (1.590 m) – Rabo de Asno (1.894 m) – Collada la Bobia (1.684 m) – Xenestoso (1.160 m)


Una bonita ruta para disfrutar de estupendas vistas de toda la sierra del Acebo y de la sierra de Genestoso. También se podrán contemplar parte de las vistas que hace quince días tuvimos en la ruta del Sieiro.


Para esta ruta los teléfonos de contacto son los de LITO: Hasta las 4 de la tarde al número 985786775 y después de esa hora al número 985220027. También podéis llamar a Jorge al teléfono 680358404.


Espero que os lo paséis muy bien. Yo me acordaré de vosotros pateando la Ciudad de la Luz.

lunes, mayo 11, 2009

LA FE MUEVE LAS NUBES

Como siempre, predicciones para el sábado: inestabilidad; chubascos aislados; muy nublado... Es nuestro sino. No nos dan una alegría ni por equivocación.

Así emprendimos el largo viaje a Vallado, en las cercanías del Puerto de Leitariegos. Y cuando llegamos, no llovía pero las nubes eran dueñas y señoras de todo el ambiente.

Comenzamos a caminar sin ver nada a causa de la niebla, a la entrada del pueblo, junto al muro de un antiguo caserón, por una carretera de tierra con el indicador de Sieiro. La ancha pista, válida para cualquier tipo de automóvil, comienza con una ligera ascensión, con plantaciones de cerezos a ambos lados, hasta llegar una cerrada curva a la derecha. Poco más allá, sale un sendero a la izquierda, medio cubierto por la maleza, que es el que debíamos coger para subir al Collado Maticha, pero ante la imposibilidad de saber a ciencia cierta donde nos encontrábamos, optamos por continuar por la carretera a la espera de que levantase la niebla.

Sin posibilidad de pérdida alguna y sin ver nada, alcanzamos la Ermita de San Francisco a la entrada del pueblo de Sieiro. Poco antes dejamos a nuestra derecha una pista señalizada por el sendero PR-AS 112, RUTA DEL VALLE DE CIBEA, que veníamos siguiendo desde Vallado. Cruzamos un arrollo en el que vimos un antiguo molino y un poco más allá, cogimos la pista que sale a la izquierda, con la intención de subir al Collado La Laguna en la esperanza de que el día abriese y nos permitiera hacer al menos parte de la ruta propuesta.

La pista va subiendo entre buenas praderas de pasto muriadas con llábanas con unos cierra de tablas de madera encajadas en los surcos practicados a dos llábanas, una a cada lado. Según subíamos comenzamos a notar el calor del sol que luchaba por filtrase entre la espesa capa de nubes. Cuando después de cincuenta minutos de subida por la nueva pista, alcanzamos el Collado La Laguna, ser abrió el cielo y los espesos nubarrones se convirtieron en manchas azules que cada vez ocupaban mayor extensión.

El Collado La Laguna, llamado así por la lagunilla que la preside, es una pradera surcada por un par de pistas, desde la que se tiene unas estupendas vistas del valle por el que circula la carretera de Leitariegos y de toda la cordillera de esa zona, presidida por la inconfundible silueta del Cuetu Arbás. A la izquierda, este, tenemos Peña Furada que desde este lugar no es más que una loma de escasa altura. Por el oeste se extiende una pradera que nosotros atravesamos para llegar a una caseta con antena. Estamos en El Forno y poco más allá vemos el cuerno que forma la cumbre del Pico Sieiro, cubierto de escobas por todas partes.

Por la izquierda de la caseta encontramos un sendero que se adentra entre las escobas y que va dando vuelta al cuerno del Sieiro por el oeste, para después subir casi de frente a la cumbre, sin mayores dificultades. La cumbre es un pequeño espacio volado, desde el que se obtienen unas estupendas vistas de toda la cordillera y del valle, a la vez que se contempla toda la Sierra de Sieiro que nosotros pretendíamos caminar desde Vallado. Por el este vemos al Sierra de Genestoso con el Rabo de Asno, que intentaremos dentro de quince días. Al sur, el Cuetu Arbás se muestra imponente con su gran corpulencia. Por el oeste tenemos la Sierra de Caniellas, con las figuras inconfundibles del Cueto Roguero, Caniechas y el Cueto del Fraile.

Para el descenso seguimos un sendero que por el este del pico desciende y se adentra entre las escobas, para despejarse poco más abajo y llegar así a la parte trasera de la caseta de la antena. Una vez en la campera de El Forno, descendimos al sur, por una buena pista, dando vista a la abigarrada Braña de la Linde, a nuestra derecha abajo. En una cerrada curva de la pista, dejamos atrás un sendero que nos debería conducir a la Braña de Caldevilla. Cuando nos dimos cuenta, nos encontrábamos bajando a la carretera, así que enmendamos el error siguiendo a campo través por entre prados abandonados, para alcanzar los cierras de las antiguas huertas de la braña, y ascender a la pista que veíamos más arriba. Alcanzada la pista algo más al este de las cabañas de la Braña de Caldevilla, caminamos por ella hasta casi en llano, hasta que esta comienza a descender. Una antigua pista sale a la izquierda, dirigiéndose a una cuadra de tejado nuevo y posteriormente a la Braña del Otero. Nuevamente la tendencia es descender, pero nosotros continuamos subiendo al cercano collado Matiecha a los pies de una loma en la que hay una antena. Por la derecha del collado y en llano, sale una nueva pista que va faldeando el Pico Matiecha. Dejamos la pista que sale a la derecha y desciende rápidamente, para continuar de frente hasta alcanzar una alambrada que cierra un bosque de escobas. Cruzamos la alambrada y entre las escobas pronto encontramos un buen sendero que comienza a descender con dirección a Vallado. El sendero nos lleva a la carretera de tierra por la que comenzamos la ruta por la mañana y siguiendo a la derecha, pronto llegamos al punto de partida donde nos espera el autocar. Al poco de coger la carretera, hay un camino a la izquierda que también nos lleva al mismo sitio.

Para el Sábado día 16 de mayo, tenemos ruta por tierras de Amieva. Pretendemos realizar una ruta que hace años no pudimos hacer por causa de la nieve y la niebla. Queremos recorrer la parte occidental de la Sierra del Amieva, partiendo de Pervís. La ruta propuesta es:

Pervís (130 m) – Vis (320 m) – Posadorio (500 m) – El Balagar (590 m) – Collado de la Cueva (630 m) – Collada de Sañin (710 m) – Peña Bescoba (1.073 m) – Voz de Pozo Redondo (1.036 m) – Porrón de San Román (1.077 m) – Voz de Parriellu (1.041 m) – Pico Priniellu (1.230 m) – Voz de Parriellu (1.041 m) – Collada de Amieva (801 m) – La Bauga (680 m) – Amieva (580 m)

Una bonita ruta con posibilidad de alternativas varias para un recorrido de unos 13 kilómetros contemplando fantásticos paisajes de Amieva, Ponga y Picos. Así que todos a apuntarse. Si lo dejáis para tarde os quedareis sin sitio. Espero vuestras llamadas.

martes, mayo 05, 2009

EL MACICON COMO ATALAYA

Volvemos una vez más a las orillas del Semeldón para casi repetir la ruta del año pasado al Pico Pondio, pero en esta ocasión la ascensión la realizaremos al Pico Macicón, con el fin de otear posibles rutas por la zona de Cuadramoño y Corina.


Con un bonito día de primavera y buenas perspectivas climatológicas, salimos de Sellaño por la carretera que se dirige a Sevares. A los pocos metros un indicador a la izquierda, nos anuncia el PR de la ruta entre Sellaño y Semeldón. Se trata de un sendero que une los dos lugares mencionados utilizando para ello, la caja de un antiguo ferrocarril maderero hoy desaparecido, en parte por la destrucción de los puentes que el río Semeldón se llevó por delante.


El indicador de la ruta se encuentra en el inicio de un camino que discurre entre árboles y prados. Alguna cabaña diseminada y el único inconveniente de la ruta, el cruce del arroyo de Los Lladeros, cuyo puente se encuentra en muy malas condiciones y nos obliga a cruzar por el río, cosa complicada en caso de que este venga crecido. Traspasada la casi única pega de todo el recorrido, debemos cruzar el cierre de una buena pradería, saltando por encima de los maderos que lo forman, para lo cual existe una saltadera que casi nadie utiliza.


Caminamos ahora sobre la hierba pero por la caja del ferrocarril mencionado, que en este punto se hace muy evidente. Al otro lado de la finca una nueva saltadera nos ayuda a pasar un nuevo cierra para volver al camino.

Si nos fijamos, por nuestra izquierda y más debajo de nuestro camino, veremos un puente de madera que cruza el Río Semeldón. Algo más allá, al dar una curva a la izquierda, encontraremos otro puente, Puente Cureño, con una portilla al final y por el que debemos seguir para pasar a la otra orilla.


El camino continúa ahora entre avellanos y a la altura del río. Por encima de nosotros, a la izquierda, veremos otro camino que más adelante se unirá al nuestro y que proviene de Tribierto, pueblo cercano a Sellaño y cuya carretera sale del centro de este último pueblo. Es una alternativa para evitar el cruce del Arroyo de Los Lladeros.


Llegaremos a una nueva bifurcación casi imperceptible, ya que el camino que nosotros seguiremos queda de frente, mientras que el otro gira a la derecha y se acerca al Puente de la Sota del Cándano, por el cual se vuelve a la otra orilla del Semeldón, para seguir la ruta marcada en el PR. Como digo, nosotros dejamos el puente a la derecha y seguimos por el sendero de enfrente, que se va cerrando y comienza a ascender entre matorrales y brezos. Está muy marcado y no tiene pérdida.


El ganar altura sobre el río nos permite poder contemplar la otra orilla por la que vemos el ancho camino que se dirige a Semeldón. También veremos el se le une procedente de Ambigüe, cuyas casas empezamos a contemplar.


Nosotros seguimos ascendiendo poco a poco teniendo siempre a nuestra izquierda las escarpadas laderas del Pico Pondio y a la derecha las caidas hacia el Río Semeldón que no las apreciamos gracias a la espesa maleza. Al otro lado vemos la franja herbosa que se descuelga de las alturas del Porru La Escrita. Es el Valle de Viores que tiene continuidad por nuestra orilla donde se forma el Valle del Cordal, al que pronto llegaremos.


Primero nos encontramos con la Casa Roque, una cabaña grande de buena factura, con el único pero de un par de uralitas que cierran su tejado. Algo más allá y con entrada desde la cabaña, un inclinado prado en el que hoy pacen unas vacas. El camino sigue por encima de la cabaña y del prado, adentrándose en el bosque. Vemos varios cierres de antiguas fincas que festonean el camino que comienza a marcar amplias curvas para vencer el desnivel del Valle del Cordal en cuyo comienzo nos encontramos.


Pasamos junto a algunas destartaladas cabañas que nos hablan de otros tiempos en los que estos, hoy desolados parajes, eran ollados por muchos pies y patas. Ahora solo el ganado, que creemos entra por el contiguo Valle de Tobaos y algunos pastores, son, junto a locos como nosotros, los únicos perturbadores de la paz que reina en estos lares.


El camino poco a poco se va difuminando entre el arbolado y la abundancia de piedras y maleza, nos lleva a buscar los limpios prados que tenemos a nuestra izquierda. Al llegar a la pradera amanece y vemos la cruda realidad de lo que aún nos falta por subir para alcanzar el Collado Llimes que adivinamos sobre nuestras cabezas. Nunca mejor expresado. El Prau de Roque es una inclinada franja verde que se extiende entre las agrestes caídas del Pondio y el bosque que acabamos de abandonar. A nuestras espaldas se adivina en el fondo, el río y al otro lado otro muro como el que nosotros tratamos de vencer, en el ya mencionado Valle de Viores.


Poco a poco, con cansino y empecinado caminar, vamos ganando altura y acercándonos a nuestro primer destino. Una buena cabaña nos da la bienvenida al alto Collado Llimes, formado por las rocosas paredes del Pondio por la izquierda y la ladera cubierta de brezo, del Macicón. Enfrente, altivo y sereno, el Pierzu nos saluda irguiendo sus formas sobre las verticales cortadas de La Huérfana. Un ramalazo de blancura a la izquierda del Pierzu, nos marca la posición de la Torre de Santa María. Y bajo nuestros pies, otra vertical pared, esta en descenso, formada por el Valla Tobaos, que desciende vertiginosamente al Río Ponga y a la carretera que une Sellaño con la capital del concejo, San Juan de Beleño.


Dos horas y media nos llevó llegar a este precioso y vistoso lugar. El día está estupendo y no hay prisas. Descansamos cómodamente esperando la llegada de todos los componentes del grupo. Nos hacemos fotos con distintos fondos y una vez recuperados del esfuerzo, iniciamos la ascensión a nuestra tachuela del día, el Pico Macicón.


Por detrás de la cabaña y junto a un árbol, adivinamos un sendero que se introduce entre el brezo. No hay mayores problemas. Todo es caminar por el mejor sitio posible. El sendero aparece y desaparece como el agua del Guadiana, pero la subida no tiene pérdida: siempre hacia arriba. Ganamos un primer hombro, el que veíamos desde el collado, y en poco tiempo alcanzamos la poco espaciosa cumbre del Macicón. Un poco más allá, descendiendo a un resalte de la ladera opuesta, podemos contemplar el Collado el Inobiu, la otra posible subida desde Semeldón a esta cumbre.


El Macicón, de tan solo 899 metros de altitud, nos proporciona unas estupendas vistas de la intrincada zona de Ponga en los alrededores del mítico Valle Moro, cuyas casas cimeras podemos contemplar desde nuestra atalaya. Partiendo del collado Llimes, con el Pondio al otro lado y girando en sentido de las agujas del reloj, vamos desgranando el rosario de cumbres que podemos abarcar. Peña Siña y su collado, la ya mencionada blanca y pura Torre de Santa Maria que trata de esconderse vergonzosa, tras la mole oscura del Pierzu; la Huérfana a su lado nos da pie para contemplar las también blancas laderas del Recuencu y Collao Zorro. Por detrás de ellos, el Pileñes y la mole blanca de Peña Ten. Saltando el valle por el que discurren el Río Ponga y la Carretera de Beleño, nos encontramos con otro grande de nuestras montañas, el Tiatordos que abre su copa en un brindis que esperamos compartir este año, ganando su cumbre. A su lado, majestuosa la Peña Taranes y la contigua Llambria, forman un muro inexpugnable sobre la suave loma del Collado Llues y Cuadramoñu. Siguiendo a la derecha y también con algo de nieve, Peña Crespa nos da paso a la inconfundible parda silueta del Maoñu. Bajo su cono, la Bolera los Moros y Vallemoro. Volviendo arriba, otro cono inconfundible, el Vízcares. Vemos la Cuesta de la Morena, el Porrón de los Lagos, el Cunio. Por delante de este último desciende el Valle de Viores y a su lado el Porru La Escrita. Siguiendo, allí abajo, vemos Ambigüe y cerrando el círculo, allá a lo lejos, la inconfundible silueta del Pienzu elevándose sobre la Sierra del Sueve.


Pocas veces 899 metros de desnivel nos pueden dar una imagen tan amplia. Eso solo mencionando las cumbres circundantes. No mencionamos para nada los cerrados valles y las profundas foces como la cercana y gratamente conocida riega de Les Cuerries. Al igual que el vecino Pondiu, el Macicón es una estupenda atalaya de esta zona virgen, y esperemos que por muchos años, de Ponga. No somos capaces de abandonar este estupendo balcón. Cubrimos tarjeta, hicimos fotos con fondos variados, contemplamos y enumeramos una a una todas las cumbres y los lugares más o menos conocidos, pero allí seguíamos. Por fin, alguien se movió y comenzamos el descenso. Ya queda poco de ruta y es temprano. Bajamos despacio apurando la visión de lo que nos rodea.


Una vez en el collado Llimes, nuevo descanso y más tertulia. Ya por fin nos decidimos a bajar por la amplia y serpenteante pista del Valle Tobaos, pero sin prisa. Comentando posibles rutas por la zona y contemplando las múltiples caras del Pierzu a medida que vamos perdiendo altura. Ya en la Sota Tobaos, en la carretera, podemos dar por concluida la ruta. Un par de kilómetros nos separan del alargado pueblo de Sellaño, que parece no acabarse nunca. Llegamos al autocar y cerramos la ruta que cinco hora y media antes, habíamos iniciado el mismo lugar. Cinco horas que ya digo empleamos con mucho tiempo de parada tanto en el Collado Llimes como en la cumbre del Macicón.


Para el próximo sábado volvemos a tierras de Cangas de Narcea, esta vez en los dominios del Puerto de Leitariegos. Nos vamos a Vallado para hacer otra ruta circular con ascensión a Peña Furada y al Pico Sieiro. La ruta a realizar es:


Vallado (1.000 m) – Foncaisera (1.240 m) – Collado Maticha (1.251 m) – Teisera (1.332 m) – Campu Muniechos (1.314 m) – Peña Furada (1.421 m) – Collado La Laguna (1.397 m) – El Forno (1.455 m) – Pico Sieiro (1.501 m) – Brañas de la Linde (1.160 m) – Brañas de Caldevilla (1.220 m) – Brañas del Otero (1.190 m) – Collado Maticha (1.251 m) – Foncaisera (1.240 m) – Vallado (1.000 m)


Os advierto que de momento tenemos asignado el autocar de 26 plazas, así que el que se duerma puede quedarse sin poder realizar esta ruta. Espero vuestras llamadas.

martes, abril 28, 2009

UNA TRAVESIA DEL ARAMO

A pesar de los malos augurios que los inefables hombres y mujeres del tiempo, nos daban para la jornada del pasado sábado día 25, conseguimos realizar sin problemas la ruta que teníamos prevista en el Aramo. La disculpa era hacer cumbre en el Barriscal, pero para ello pretendíamos hacer una travesía de este a oeste, de la muchas veces olvidada por cercana, Sierra del Aramo.


Con muchas nubes por todas partes pero sin agua, iniciamos el corto viaje hasta el alto de la Cobertoria, comenzando a bajar hacia Pola de Lena, hasta enlazar con la carretera que sube al repetidor de TV instalado en el Gamoniteiro. Abandonamos el cobijo del autocar y pertrechados para sufrir las inclemencias del tiempo, iniciamos la ruta carretera arriba.


La primera parte se nos hace monótona al no tener vistas a causa de las nubes que lo tapaban todo. De vez en cuando sobre nuestras cabezas se abrían pequeños claros de un intenso azul y algunos rayos de sol nos calentaban en la fría mañana. Ni para Lena ni para Quirós teníamos vistas. Solo la base de Peña Rueda y los pueblos del valle, Muriellos, Llanuces, se nos hacen visibles.


Llegando a la altura de la laguna de Veneros, comenzamos a ver manchas de nieve a la orilla de la carretera. Las praderas de Veneros están salpicadas de blancos cercos. Algo más arriba notamos la tenue capa de nieve caída por la noche. Y más arriba aún, la nieve se hace más ostensible. Aparecen las coloreadas columnas del repetidor de televisión. Aún nos falta mucho para llegar. Tras de nosotros las nubes, negras y anunciando lluvia.


Por fin llegamos al repetidor de TV. No es necesario subir hasta las instalaciones, salvo para contemplar el resto de la ruta.. Poco antes una pista completamente llena de nieve, sale en descenso por la izquierda y en varias eses, va perdiendo altura hasta las inmediaciones de una antigua majada, La Bola, con las cabañas ya derruidas. Aquí se nos presentan dos opciones: seguir el camino que se dirige al Angliru y que pasa por la base sur del Barriscal, o tirar de frente a la cumbre de este, por un sendero menos marcado pero fácil de seguir, por la zona sur de la montaña.


Nosotros optamos por la segunda opción y nos introdujimos en la vallada a la izquierda de la sierra que finaliza en el Barriscal, siguiendo un marcado sendero que ese día se perdía a causa de la nieve, por lo que después de un tramo, decidimos faldear y ganar el collado anterior al Pico Robles, para continuar unas veces por la izquierda y otras por la derecha, hasta alcanzar el collado entre el Barriscal y el Robles, desde el que accedimos cómodamente a nuestro objetivo del día, el Barriscal (1.719 m).


Su centrada posición nos permite gozar de unas estupendas vistas de casi toda la Sierra del Aramo, desde el Gamoniteiro a La Gamonal. Lástima que las nubes no nos permiten ver más allá de los confines de la sierra. Cercano a nosotros por el oeste, el Moncuevu y el camino que más tarde debemos seguir; más a la derecha la inconfundible silueta del La Gamonal con su antena y caseta. A nuestras espaldas este, muy cerca, el Robles y más allá La Xistras y el Gamoniteiro. Y poco más. La niebla avanza y ya cubre la cima del Gamoniteiro. Pronto nos tapará a nosotros. A toda prisa cubrimos la tarjeta de cumbres y hacemos las fotos de rigor, para seguir camino por la ladera opuesta a nuestra llegada, descendiendo al valle que por la izquierda desciende al Alba por las Morteras de Salcedo. Nuestro camino, que ya vimos desde la cumbre, muy marcado, comienza en los prados bajo la cumbre del Moncuevu y con dirección suroeste, para poco después hacer un brusco giro al norte, ganando el collado que se forma a la derecha del Moncuevu.. La pista continúa hacia el norte, para dirigirse al Angliru, pero como se encontraba completamente tapada por la nieve, decidimos abandonarla cortando al oeste y bajar directamente por la ladera, hasta alcanzar el camino que por la derecha llega al aparcamiento del Angliru y por la izquierda, por donde nosotros continuamos, se dirige a tierras de Quirós.


Aún estando tapado el sendero por la nieve, es fácil de seguir ya que se encuentra cerrado dentro del valle, con pocas posibilidades de salirse de él. Pasamos junto a una cueva de boca grande pero sin profundidad alguna y tras atravesar una pradera con un porro en el medio, alcanzamos los límites quirosanos de la sierra, dando vista al embalse de Valdemurio, la sierra del Cuetu Mar y la Forcada y a la Airua Naval o Peña Tene, separado todo ello de nosotros, por un gran abismo en cuyo fondo vemos las diseminadas cabañas de Bramonte, Airuga, Linares, Mollendo... que se desparraman valle abajo hasta las inmediaciones de Bermiego, nuestro próximo objetivo.


El camino sigue a la derecha, norte, a buscar la collada de Pando de la Mortera, pero nosotros oímos decir que se podía bajar de frente y así lo hacemos. La inclinación de la ladera es grande pero el descenso se hace sin problemas, gracias a las terracillas que se forman y que a modo de sendero, nos permiten perder altura cómodamente. Abajo vemos la Ermita de la Merced, pero nuestro camino va a terminar más a la derecha de su situación. Cuando ya bajo nuestros pies tenemos terreno algo más llano, aparece un marcado sendero que nos lleva a una cabaña, no sin antes obligarnos a pisar barro casi por primera vez en el día. Pasada la cabaña, el camino desciende entre matorrales y con mucho barro y agua, lo que nos obliga a pasar al prado que tenemos a nuestra derecha, continuando por él hasta alcanzar el cierre por el que salimos ya a la pista que baja de Pando de La Mortera y que ya sin pérdida nos conduce al bonito pueblo de Bermiego, conocido por su afamado texu y por el roblón que con su gran corpulencia, languidece junto a la capilla de San Antonio, en el medio del pueblo.


Así ponemos punto y final a una bonita ruta después de 7 horas de haber comenzado en el ya lejano Alto de la Cobertoria. El tiempo nos respetó y hasta nos permitió cambiarnos de ropa antes de ponerse a llover, como viene siendo costumbre en los últimos días.


Para el próximo sábado día 2 de mayo, tenemos ruta por tierras de Sellaño. Nos vamos a este pueblo de Ponga para ascender al Pico Macicón por las orillas del Sameldón y el Collado Llimes, regresando nuevamente a Sellaño. La ruta que queremos hacer es:


Sellaño (235 m) – Puente Cureño (250 m) – Puente Sota del Cándano (250 m) – Prau de Roque (400 m) – Valle del Cordal – Collado Llimes (750 m) – Pico Macicón (899 m) – Collado Llimes (750 m) – Valle Tobaos – Sota Tobaos (290 m) – Sellaño (235 m)


Una bonita ruta por terreno ya conocido pero que merece siempre la pena: estaremos en Ponga, con lo que esto significa. Ya estoy esperando vuestras llamadas para reservar plaza. No dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy. Igual llegas tarde.

martes, abril 21, 2009

UN BALCON SOBRE PONGA

Me he dado un día de asueto antes de ponerme a relataros la ruta del pasado sábado, con el fin de pacificar las neuronas que estaban un poco alteradas de las estupendas vista que tuvimos los privilegiados que subimos el sábado pasado a La Conia.

Ahora, con el tiempo como mediador, me dispongo a relataros la ruta, una de las mejor calificadas hasta el momento, que creo que fue de la satisfacción de todos. Tanto los que subimos al pico como de los que solo hicieron la Senda del Arcediano.

El tiempo que nos esperaba era incierto. Toda la semana estuvo lloviendo por las tardes y para ese día no se auguraba mejores condiciones. Pero por lo pronto, cuando el autocar nos dejó en Soto de Sajambre, las condiciones eran ideales. El sol brillaba y un cielo azul, enmarcado de algodonosas nubes blancas, era un marco incomparable para las primeras fotos del día, en las que la protagonista era la Peña Santa cubierta de nieve.

La ruta no tiene pérdida, ya que se trata de un GR bien señalizado y con indicadores de dirección. Salimos por la parte alta del pueblo, junto al bar-tienda que nos quedará a la derecha. La pista en buenas condiciones, va ascendiendo cómodamente, marcando grandes curvas. Las vistas hacia los Moledizos y Peña Santa, aunque de vez en cuando cubiertos por las nubes, animan para soportar el esfuerzo. Enseguida aparece en toda su majestuosidad la gran mole de Peña Beza, que como un gigante inexpugnable se muestra ante nosotros.

Un árbol caído en medio de la pista, nos obliga a seguir por entre la maleza, pero enseguida volemos a la pista unos cuanto metros más arriba. Poco más allá, las praderas hoy cubiertas de nieve de Pandamones, nos proporcionan nuevas vistas. Por el oeste aparecen todas las grandes cumbres de Ponga y también nuestro objetivo del día, La Conia, como vértice final de la muralla que nos cierra el paso por el norte.

Rodeamos el Jurcuetu y nos adentramos en la vallada del Candal, cerrada por la derecha por el Jurcueto y por la izquierda por la muralla de La Silla y La Conia, hasta alcanzar los Puertos de Beza. Una gran cantidad de nieve cubre el camino y solo los postes verticales quedan a la vista. Aparece el Cantu Cabronero. Llegamos a la fuente de Beza y subiendo por la izquierda, alcanzamos la Portillera de Beza, límite entre las provincias de León y Asturias.

Aquí nos dividimos en dos grupos. Unos seguirían de frente en descenso por la Senda del Arcediano hasta Amieva, mientras que el resto continuábamos subiendo a la izquierda por el límite provincial, para alcanzar la cumbre de La Conia, tras pasar por La Silla y de bordear el Pozo Las Grajas. Según subíamos, un pequeño grupo de rebecos se asustó ligeramente por nuestra presencia. Los vimos como se hundían en la nieve en el lado contrario del Pozo de Las Grajas, para seguir su camino, lejos del contacto humano.

Alcanzada la cumbre de La Conia, se abre todo un mundo nuevo. Un abismo lleno de picachos, valles, foces y hasta carreteras. Allí abajo, casi a nuestros pies, vemos el bar de Puente Huera u pequeño trozo de la Carretera de los Beyos. Por encima, las diminutas casas de Casielles, reconocible por la cinta plegada de su carretera. Mas a la derecha llegamos a distinguir Biamón y por encima Peña Salón y después Biboli, con la cerrada cicatriz de la Foz de los Andamios dándole salida.

Pero al otro lado, más a la izquierda, otra estrecha foz, la del Río Mojizo que recoge las aguas de Peloño y por donde pasaremos próximamente. Casi llegamos a ver Tolivia y Llué, dos de nuestros objetivos y tratábamos de adivinar el sedo que desde Tolivia conduce al Puente Vaguardo.

Bajo nuestros pies, subiendo desde Puente Huera, una estrecha y píndia canal plagada de picachos a modo de tótenes. Y ya al fondo, todas las grande cumbres de la Cordillera cubiertas de nieve: El Mampodre, Ten y Pileñes; Tiatordos, Collao Zorro, Pierzu, Carria... Y en el lado contrario: Cantu Carbonero, Beza, Valdepino... ¡Para quedarse allí para siempre!

Pero el tiempo se nos echa encima y aún nos queda una buena pateada hasta Amieva. Así que nos olvidamos con pena de las vistas y tras hacer la foto de rigor y cubrir la tarjeta de cumbres, emprendemos la marcha con rumbo norte hacia el Collado de Pasa, a los pies del Valdepino. Hay mucha nieve y se nos antoja que tardaremos más subiendo y bajando las múltiples tachuelas que nos separan del collado, que bajando directamente a Toneyo, tratando de esquivar el Pozo Los Parapetos, muy cargado de nieve. De todos modos el descenso es bastante lento debido a las condiciones del terreno y a la nieve que está blanda y propicia los resbalones.

Casi hora y media tardamos en bajar a Toneyo y ya desde aquí, disparados, por la Senda del Arcediano agobiados por las prisas de la hora y de la amenaza de lluvia que se cierne sobre nuestras cabezas. Poco después de pasar por Sahugo, una preciosa majada con bastantes cabañas arregladas, comenzamos a oír truenos y al poco empezó a granizar. Más adelante el granizo se trocó en agua para dejarnos bien pulidas las piedras de la senda. El cielo se cerró de forma total y la lluvia a buen ritmo, nos fue empapando a todos. Poco pudimos disfrutar ya del Arcediano. Es la segunda vez que lo hago y casi en las mismas condiciones. Así que solo puedo contaros que el piso es de piedras y que si llueve estas se ponen como de cera, provocando los resbalones, por lo que hay que tener mucho cuidado. Con esto, estábamos deseando que llegase el hormigón. Y así fue. En el Collado de Angón abandonamos el piso empedrado para cambiarlo por hormigón que al menos no resbala.

En media hora alcanzamos las primeras casas de Amieva. Recorriendo sus empinadas calles, alcanzamos la iglesia y junto a ella se encontraba nuestro autocar. El porche de la iglesia nos sirvió de improvisado cambiador, donde quitarnos las empapadas vestimentas antes de dar buena cuenta de nuestras provisiones en el acogedor bar del pueblo.

Para el próximo sábado, en el que esperamos que el mal tiempo nos de una tregua, tenemos ruta por el Aramo. Partiremos del Alto de la Cobertoria para subir al Gamoniteiro y desde allí alcanzar la cumbre del Barriscal, desde donde descenderemos a Bermiego tras pasar junto a la Ermita de la Merced. La ruta que pretendemos hacer es:

Alto de la Cobertoria (1.140 m) – Collado del Fresno (1.221 m) – Collado del Medio (1.275 m) – Los Veneros (1.335 m) – Gamoniteiro (1.791 m) – La Bola (1.529 m) – Pico del Barriscal (1.719 m) –Collado Tamparón (1.483 m) – Anglero (1.550 m) – Xosmenin (1.500 m) – Ermita de la Merced (1.080 m) – Bermiego (760 m) – Las Agüeras (360 m)

La semana pasada tuvimos que dejar gente en tierra por falta de plazas. Si no quieres que esto te ocurra, reserva tu plaza lo antes posible. Espero vuestras llamadas.

lunes, abril 13, 2009

AGUA, NIEBLA, NIEVE… MÁS DE LO MISMO

La climatología es implacable con nosotros y nos ataca cada fin de semana. Pero nuestra voluntad es insuperable y semana tras semana nos enfrentamos a los elementos como la Armada Invencible, pero en ocasiones, con más éxito.


Una vez más, los agoreros del tiempo en las cadenas televisivas nos deparaban un día aciago con agua al empezar, por la mitad y al final, pero sus malos deseos no llegaron del todo al cielo y este nos permitió hasta tomar el sol por unos momentos.


Después de un largo viaje, Larón se encuentra enclavado en el fin del mundo mundial, posamos nuestros pies en el suelo y comenzamos a caminar por la carreterita que une Larón con La Viliella, un pequeño pueblo muy cuidado con sus calles adoquinadas y hormigonadas, adornadas con los dibujos de las hojas de los árboles autóctonos. Las casas, todas con su nombre, se colocan a los lados de las calles, colgadas de la ladera. Tras atravesar el bonito pueblo, salimos por la parte alta por una pista bien marcada al principio y que más adelante se va cerrando por el abandono y la maleza. De todos modos se sigue bien y solo el agua que contienen las ramas que nos deja pintando a las primeras de cambio. Una menuda lluvia nos acompaña, pero sin mayores problemas, al igual que la niebla que tiene tendencia a levantar.


El camino se sigue perfectamente y solo tenemos que tener la precaución de seguir siempre en ascenso, dejando los cruces que nos salen por la izquierda, que se dirigen a la Braña de La Viliella, más abajo que nuestro destino. La primera parte de la pista asciende sin contemplaciones hacia el Alto Cochao, primer punto de descanso de la dura subida. Un pequeño hombro desde el que divisamos una buena parte del camino que debemos seguir, aunque no podemos ver nuestro destino por causa de la niebla.


Vamos caminando por una pista algo más limpia y atravesando un bosque de robles completamente pelado a estas alturas de la primavera, pero con la gracia de la blanca nieve caída por la noche, cubriendo sus peladas ramas. La subida es ahora menos dura y caminamos con tranquilidad. De vez en cuando la nieve cae sobre nuestras cabezas y ya llevamos un buen rato pisándola. A nuestra izquierda podemos ver los prados de la Braña de La Viliella cuando las ramas del bosque nos lo permiten. Y así, poco a poco, vamos ascendiendo hasta alcanzar la abierta collada de La Chana, completamente cubierta de un blanco manto y en la que el sol nos da la bienvenida.


El sol y la nieve, pues está nevando y haciendo sol al mismo tiempo. Son los mejores momentos de lo que llevamos andando y cuando las vistas se abren un poco a lo lejos. Algo más allá vemos el Fingudin o lo que nosotros entendemos que es nuestro destino y hacia él encaminamos nuestros pasos. Un sendero lo bordea por el sur hasta que desaparece y nos tenemos que meter en el escobal. Afortunadamente, las escobas están cubiertas de nieve y tumbadas, lo que nos permite caminar sobre ellas y alcanzar la cumbre del Fingudin o Altos de Bliella, como dice el topográfico.


Las nubes nos rodean y tan pronto vemos a lo lejos como se cierra y nos deja sin vistas. Sobre nuestras cabezas el sol nos permite hacer un pequeño alto en el camino para comer y beber algo y hacer la foto de rigor. No dejamos tarjeta por falta de lugar donde depositarla. La nieve lo cubre todo y bajo ella las matas de las escobas.

Por el lado contrario a nuestra llegada, este, iniciamos el descenso también sobre las tumbadas escobas, metiendo el pie de vez en cuando en las trampas que estas nos ponen. Alcanzamos nuevamente la collada L Chana y seguimos en la misma dirección recorriendo el cordal. Un sendero casi imperceptible guía nuestros primeros pasos. Luego se pierde y decidimos seguir por la cumbrera entre los arbolillos que la cubren. Se hace pesado el caminar teniendo que esquivar los árboles y la maleza, pero vamos encontrando paso. Las lomas se suceden una tras otra y el paso es cada vez más complicado. Estamos manteniéndonos en la altura de los 1500 metros y apenas descendemos un poco para volver a subir. Por fin el terreno se despeja y abajo a nuestra derecha vemos los negros tejados de Larón y la carretera y nuestro autocar. Lo que nos queda por caminar está más abierto y tras un descenso entre la maleza, alcanzamos terreno de mejor caminar para llegar al fin a una buena pista desde la que alcanzamos en pocos minutos la carretera en el alto del Puerto de Rañadoiro, donde ya nos está esperando Ana con el autocar.


Casi no nos da tiempo a cambiarnos las mojadas ropas cuando comienza a llover con cierta fuerza. De esta nos libramos.


Para el próximo sábado, día 18, si el tiempo lo permite, realizaremos una ruta en las inmediaciones de Soto de Sajambre. Subiremos a la Conia para rematar con la Senda del Arcediano hasta Amieva. La ruta que queremos hacer es:


Soto de Sajambre (925 m) – Portillera de Beza (1.498 m) – La Siella (1.573 m) – Pico La Conia (1.654 m) – Collada de Pasa (1.501 m) – Sahugu (1.145 m) – Monte Trasbustiello (1.100 m) – Vega La Llana (1.080 m) – Monte Valleyes (900 m) – Collado Angon (815 m) – Amieva (650 m)


Una ruta que promete y que realmente es una verdadera belleza aunque solo hagamos la Senda del Arcediano. Espero vuestras llamadas. Si os descuidáis, os quedareis sin plaza para esta bonita excursión.

lunes, abril 06, 2009

MONOTONIA EN EL PAISAJE: LA NIEBLA

Una vez más, el tiempo no nos acompañó a la ruta del pasado sábado. Nuestra intención era hacer el recorrido de la antigua calzada romana del Sellón, con ascensión a la Sierra del Faceu, para dejar nuestra tarjeta en ese pico, terminando la ruta en Infiesto. Pero el tiempo no quiso ser nuestro aliado en esta empresa y desde el primer momento, cuando el autocar nos dejó abandonados a nuestra suerte en la Collada de Arnicio.


La niebla cubría la parte alta y cuando iniciamos nuestro caminar por las praderas de la derecha en dura subida hacia La Muezca, un nuevo ramalazo de niebla entrando desde abajo, terminó de taparnos las pocas vista que aún teníamos. Seguimos adelante guiados por el GPS de Tino, pero cuando este se cansó de llevarnos tras de sí, nuestro destino no fue otro que terminar perdiéndonos al no saber donde nos encontrábamos.


Entonces fue cuando nuestra buena preparación, serenidad y saber hacer entró en liza. Tirando de brújula, que no es una brujóbula con escóbula, si no un artilugio para orientarse, y haciendo buen uso del plano que llevábamos de la ruta, intentamos buscar la antigua calzada romana que desde Tarna se dirige a la costa, pasando por el Sellón. Dándole muchas vueltas a la brújula y al mapa, conseguimos encontrar un marcado sendero que nos fue bajando de la cresta en la que nos encontrábamos, hasta unas praderas desde las que aprovechando un momento que la niebla se esparció, pudimos vislumbrar el ancho piso de la ansiada calzada.


Lo primero que hicimos al llegar a ella, fue celebrarlo libando el puro néctar de las uvas, acompañado de higos pasos, maní, galletas, chocolate y cualquier cosa comestible que pasaba ante nuestro ojos. El avituallamiento suele ser bueno en el grupo y nunca escaso.


Aplacados los nervios con el vino y las vituallas, seguimos camino con los ojos puestos en el “camino”, no por miedo a perderlo, si no más bien por no tener otro sitio donde mirar, ya que la niebla seguía rodeándonos y al mismo tiempo empapando nuestros ropajes. Por otro lado, las losas de la calzada, que los romanos colocaron según cuentan, no era el mejor piso para pisar en esas condiciones de humedad y los resbalones estaban a la orden del día. Por eso mirábamos para el suelo.


Pateando sin ver nada a diestra y siniestra y con una buena mojadura, alcanzamos el Sellón, la collada Llamosa, donde entroncamos con la pista que viene del Moro y donde pudimos contemplar los restos del viejo y seco tronco que servía de indicación del GR y que recordábamos de otros paso por este lugar. Más viejo que nunca se encontraba partido por el centro y entregándose como abono en el final de su vida. Le dijimos adiós con la certeza de que no lo volveríamos a ver más y continuamos ruta tomando el sendero medio cubierto por la hierva, el que parte a nuestra izquierda, bajo los contrafuertes del Pico La Ceniza que hoy suponíamos se encontraba sobre nuestras cabezas, si es que no se había ido a pasear, aprovechando que nadie le veía.


Más de lo mismo. Niebla, agua, barro, piedras resbalosas y nuestras cabezas mirando al suelo. Al fin después de una buena caminata, aparecen las primeras vistas. Estamos a la altura del Roblosa y podemos ver las casas de San Martina y Arenas. Delante nuestro, una bonita composición con el Pico los Espinos rodeado de árboles con hojas nuevas y una cabaña que nos sirve de referencia, pues junto a ella pasa nuestro camino, ahora medio cubierto por la maleza y completamente embarrado. Dejamos la cabaña atrás y alcanzamos de nuevo la pista, ya en mejor estado, por la que llegamos a San Vicente. Cruzamos el pueblo por entre sus abigarradas casas y ya por pista de hormigón alcanzamos el asfalto junto a la ermita del Santo del mismo nombre.


Ya carretera adelanta bajo la insistente lluvia, bajamos atravesando pueblos: La Parada, Lozana, Otero,... Hasta que a las afueras de este último nos recoge el autocar, evitándonos tener que hacer los tres kilómetros que aún nos separan de Infiesto.


Un mal día para caminar. Sobre todo teniendo en cuenta que toda la semana hizo bueno y que precisamente fue el sábado cuando comenzó a llover. Otra ruta que deberemos repetir para poder saber por donde estuvimos caminando.


Pero no hay descanso. Ya estamos pensando en la próxima ruta. En esta ocasión cambiamos de zona y nos vamos a tierras de Cangas de Narcea, en las inmediaciones del Bosque de Muniellos, para intentar la ascensión del Fingudin. La ruta propuesta es:


Larón (840 m) – La Viliella (812 m) – Collada Chana (1.443 m) – Altos de Bliella (1.502 m) – Pico Fingudin (1.457 m) – Collada Mozo de Piedra (1.237 m) – Puerto de Rañadoiro (1.176 m)


La inscripción para esta ruta ya está abierta y os ruego que os apuntéis lo antes posible, pues con las fiestas de Semana Santa, Tenemos que concertar el autocar antes del jueves, ya que jueves y viernes es fiesta y no se trabaja. Espero vuestras llamadas.

lunes, marzo 30, 2009

EL SAN JUSTO Y ¿LA ÚLTIMA NEVADA?

Parece que la ruta del San Justo no la teníamos que realizar. No se nos presentaron más que impedimentos. La teníamos programada para 7 de marzo y hubo que suspenderla a causa de la nieve y el temporal que nos acompañó en esas fechas. El pasado sábado casi tampoco podemos salir, primero a causa de la huelga del transporte, y desconvocada esta, a causa de la meteorología una vez más.


Pero la huelga se desconvocó y nosotros partimos con rumbo al Puerto de San Isidro. Por la zona de Felechosa ya comenzamos a ver la nieve bastante baja y nos temíamos lo peor. Junto a nosotros subía para el puerto una máquina quita- nieves, pero la carretera estaba completamente limpia. Por ello, la llegada a nuestro punto de partida, Isoba, no tuvo ningún inconveniente.


El día estaba raro y en Isoba había mucha nieve en los caminos. Abandonamos el resguardo del autocar y comenzamos a caminar por detrás del primer bar que se encuentra según se llega de La Raya. Fijándose bien, podemos seguir con la vista lo que debía de ser una pista, pero que estaba completamente tapada por una buena capa de nieve. Tanto es así, que al clavar el bastón para hacer apoyo, este se hunde hasta la empuñadura.


Seguimos las trazas de la pista ascendiendo cómodamente, pisando el blanco manto caído hace unas horas, durante la noche. Se camina bien, en algunos lugares nos hundimos más de lo normal, pero no hay mayores problemas. Delante nuestro adivinamos la silueta del San Justo, casi cubierto por la niebla.


Después de atravesar el arroyo Pinzón, alcanzamos el valle del Pinzón y vamos siguiendo las estacas de un PR, que se encuentran casi tapada por la nieve. A nuestra derecha, un reguero nos separa de la mole del San Justo, cuya cumbre no vemos. Estamos en el camino de la Collada del Pinzón, pero antes de alcanzarla, lo abandonamos para comenzar a subir por la, en muchos puntos, helada ladera del San Justo.


Vamos buscando los mejores pasos evitando el hielo y ayudándonos por las fallas del terreno. De otro modo, la ascensión se hace muy dura. El día comienza a cambiar y un fuerte viento de costado, acompañado por la nieve nos azota, haciéndonos perder el equilibrio en algunos momentos.


Ya casi no vemos a los que van algo más adelantados, a causa de la niebla y la ventisca. Las condiciones van empeorando poco a poco y el frío nos atenaza. La ascensión se hace más y más dura.


Con estas condiciones los ánimos van decayendo y se comienza a pensar en la retirada. La cosa parece que va a peor y al fin, el grupo más retrasado decidimos abandonar la subida y regresar sobre nuestros pasos. Carrete sigue subiendo para avisar a los de arriba y el resto comenzamos a bajar, tratando de seguir por la misma huella de la subida, pero prácticamente ha desaparecido por la ventisca.


Entre la niebla y la ventisca las condiciones visuales son malas, y más para mi que se me tapan los cristales de las gafas con la nieve. Medio a trompicones y buscando los mejores pasos vamos descendiendo hacia el valle, evitando las placas de hielo que van apareciendo en nuestro camino.


Por fin alcanzamos el valle y vemos una de las estacas del PR. Estamos en el buen camino. Tratando de seguir por el mismo camino por el que hacía poco habíamos llegado, vamos recorriendo metros en busca de las huellas de subida, pero es muy difícil verlas. Prácticamente fueron borradas por el aire. Mejora un poco la visibilidad y podemos seguir las estacas de PR ya sin problemas. Así alcanzamos una pequeña loma y debajo, vemos los tejados de Isoba. Un poco más allá el camino de subida es distingue perfectamente. Una vez en Isoba, como es muy temprano y tenemos que esperar por los que siguieron subiendo, cogemos la carretera con dirección León y nos acercamos al Lago de Isoba.


Gracias al indicador y a haber estado en otras ocasiones en el lugar, podemos distinguir donde debía de estar el lago, pues este se encuentra completamente cubierto por el hielo y la nieve y solamente se ve una llanura blanca. Nos hacemos unas fotos y regresamos por donde habíamos venido, al encuentro del resto de la expedición.

Un segundo grupo abandonó también la ascensión después de llegar al collado que se forma a 1734 metros, al oeste del pico. Parece que aún se recuerda lo ocurrido en Maravio. Nos contaron que las condiciones empeoraban según iban ganando altura y decidieron bajar.


El resto, ocho aguerridos montañeros, continuaron en su empeño y lograron hacer cumbre, un poco gracias a la leve mejoría que tuvieron. Hicieron cumbre y tomaron las de Villadiego, pues la cosa no estaba para más florituras.


Damos por cubierta esta ruta que parecía que se nos negaba y ya estamos pensando en la próxima: El camín Real del Sellón. Una bonita ruta entre Caso y Piloña, sin muchas dificultades aunque un poco larga. Cambiamos el desnivel por la longitud. La ruta que queremos realizar es:


Collada de Arniciu (916 m) – Collada La Muezca (1.088 m) – Altu la Biseca (1.160 m) – Collado La Parada (1.111 m) – Negros de Colladiella (1.156 m) – La Colladiella (1.104 m) – Negros de Faceu (1.222 m) – Pico Faceu (1.228 m) – El Forcau (947 m) – Cerro Braña o Cuguruta (975 m) – El Sellón – Collada Llamosa (805 m) – Pico La Ceniza (889 m) – Muezca Blanca (831 m) – Cantu Les Cadenes (847 m) – La Venta Viñero (438 m) – San Vicente (370 m) – Lozana (335 m) – Otero (335 m) – Santianes (274 m) – Infiesto (176 m)


El que esté dispuesto a realizar este camino con historia, que me llame lo antes posible. Luego puede ser tarde.


Desde hoy tenéis en la página del blog, RELATOS DE MONTAÑA, un escrito que encontré por internet sobre esta ruta. Así sabréis por donde os vais a mover el próximo sábado.


También están ya publicados los relatos correspondientes a las rutas del próximo mes de abril, en la página NUESTRAS PRÓXIMAS RUTAS.


Pues nada más por hoy. Quedo a la espera de vuestras llamadas.

lunes, marzo 23, 2009

¿FRUSTRACIÓN?

Es posible que eso sea lo que teníamos al final de la ruta del pasado sábado día 21: frustración de no haber hecho cumbre.


Pero hay un dicho en la montaña que asevera que lo más importante es saber renunciar. Y eso es lo que hicimos. No abandonamos, lo dejamos para mejor ocasión.


Es cierto que el tiempo era inmejorable y que la ocasión parecía única, sobre todo después del abandono del pasado año a causa de la lluvia y la nieve. Pero en este caso fueron otros los imponderables que nos obligaron a tomar esa decisión. Pero vayamos por partes.


La mañana despertó húmeda. Un fino orvallo nos acompañó durante los primeros kilómetros, pero pronto desistió y el sol se adueño del cielo azul. A lo lejos pudimos contemplar la preciosa silueta del Cornión cubierto de azúcar glasé, al decir de alguno. El día prometía.


El autocar nos dejó en el medio del pueblo de La Hermida, repleto de coches debido al puente de San José, del que gozaron algunas de las autonomías colindantes. Caminando unos metros por la carretera, hacia Panes, casi al final del pueblo, un camino hormigonado que sube a una casa, es nuestro punto de partida. Luego de la casa el hormigón desaparece y un buen camino que pronto se cubre de piedra, comienza a ascender en dura pendiente, marcando apretadas curvas. Un bosquecillo de avellanos, alisos y zarzas nos acompaña por la Canal de Osina, proporcionándonos una agradable sombra, que agradecemos, pues la subida es dura y el sol ya comienza a apretar.


En una de las revueltas nos aproximamos a la peña y podemos contemplar el agujero que forma el Joraco de Tresorao. Por encima de este, el Cueto de Trecerreu y más arriba, las empinadas paredes del Cueto Dave.


En otra curva nos topamos con la lisa pared de la roca en la que vemos los restos de una especie de estalactita. Caminamos un tiempo junto a la muralla que se desprende del Cueto Dave. El camino enconchado se convierte por unos momentos en pedrera, pero pronto volvemos al característico piso de los caminos que conocemos como romanos. Lisas piedras asentadas unas junto a otras que van formando una buena calzada.


Más arriba el camino se bifurca. Nosotros seguimos de frente en fuerte subida, siguiendo unos jitos y dejando el de la izquierda que se dirige a una cabaña en ruinas. Estamos en El Fresno. El camino se convierte en sendero ancho y recibe por la izquierda otro que viene de la cabaña anterior. Sobre nosotros y a la izquierda, comenzamos a ver algunas cabañas al tiempo que la vegetación disminuye y el espacio comienza a abrirse.


Unas cuantas revueltas más y al fin desembocamos en una bonita campera: La Collada de Osina, enmarcada por la derecha por la imponente mole del Cuetu Dave. Frente a nosotros, al otro lado del valle por el que discurre el Río Urdón, la cántabra aldea de Tresviso parece colgada de la ladera de la montaña. Poco antes, el zigzagueante camino por el Balcón de Pilatos, casi único nexo de unión con Cantabria, ya que la carretera que le da acceso rodado, pertenece y circula por Asturias. Por la izquierda las nevadas cumbres de La Samelar y el Mancondiu, nos recuerdan otras rutas realizadas.


Descanso, foto y agrupamiento en la Collada de Osina, antes de atacar las pedreras que se descuelgan del Cuetu Dave. No lo comenté antes, pero no está de más hacerlo ahora. Para esta excursión hemos batido el record de participación. Treinta y seis aguerridos montañeros formamos la expedición. De ellos, 23 nos preparamos para atacar nuestro objetivo. ¿Qué porqué hago esta mención matemática? Más adelante lo comprobaremos.


Tras el descanso y después de dejar las mochilas a buen recaudo para que las ovejas no se entretuviesen en revolverlas, iniciamos decididos, pero sin demasiadas referencias, la subida al Cuetu Dave. Puedo decir que la subida se realiza por un senderillo que primero parte de la pradera, junto a unos árboles a la izquierda, para pronto volver a la derecha subiendo a un pequeño bosquecillo que se ve sobre nuestras cabezas. Debemos ascender hasta alcanzar la pared y es entonces cuando se debe seguir a la izquierda hacia un hombro que se desgaja de la peña. Así lo hicieron nuestros serpas pero al llegar allí comprobaron que no había posibilidad de seguir subiendo. Una cortada lo impedía. Entonces decidimos seguir un sendero de las cabras, que continuaba ascendiendo hacia un circo en el que decidimos esperar una nueva investigación de la avanzadilla.


Hasta este punto, la subida se hace lenta, ya que la ladera es bastante vertical y los pasos no son firmes. Un piso de gravilla suelta y piedra, que no da seguridad. Además hay que tener cuidado con los agarres, pues las piedras en muchas ocasiones se nos quedaban en las manos.


Tras las pesquisas realizadas por nuestras tropas más avanzadas, comprendimos que tampoco era este el camino del Sendero Bermejo. Había posibilidades de acceder a la cresta con una más o menos fácil, pero expuesta trepada, pero decidimos dejarlo. En el descenso se volvió a comprobar el primer lugar de nuestras pesquisas, el hombro y si que, tras un delicado descenso de unos cuatro metros por un canalizo, nuestro serpa alcanzó el Sendero Bermejo. Un estrecho pasillo pegado a la pared por la derecha y con caída libre por la izquierda. Al final del sendero, se abre una playa de maleza de la que parte una canal por la que se accede a una horcada en la que más tarde vimos un pequeño árbol. Ese es el paso hacia la cara norte del pico, donde se contacta con la subida que viene de Urdón y por la que ya más cómodamente se alcanza la cumbre del Cuetu Dave.


Pero para nosotros ya se había hecho un poco tarde para intentarlo. La hora no era la más propicia y tras la descripción del camino comprendimos que éramos demasiados para intentarlo en esta ocasión. Por eso, de común acuerdo, decidimos abortar la subida y dejarla para otro día, ya con más datos de por donde debemos acometerla.


En el descenso no podíamos despistarnos. Ya dije que el terreno no era bueno para caminar y éramos muchos, lo que propiciaba la posible caída de piedras. Por eso, lentamente, fuimos descendiendo evitando soltar nada sobre los que nos precedían. Alcanzada la collada, un sentimiento de fracaso se quiso apoderar de nosotros. Pero poco a poco fuimos comprendiendo que la montaña seguiría en su sitio y nos daría más oportunidades para lograr su conquista.


El resto de la ruta es coser y cantar. Atravesamos la pradera a ganar la cresta de la Sierra de Beges, que es el serrote que sale de la collada con dirección suroeste y está cubierta de árboles. Desde la mencionada cresta parte un sendero que se pierde en algunos momentos. Alcanzamos una primera cabaña y siguiendo el cordal, pasaremos junto a unas cuantas más. El camino se sigue fácilmente y casi no hay pérdida si no abandonamos la cresta hasta llegar al Collado de Hoja, un importante nudo de comunicación de esta zona. Aquí alcanzamos un cruce de pistas en el que la que sigue ascendiendo hacia el suroeste se dirige a Andara y la que desciende al este baja a Beges, cuyos tejados podemos ver a nuestros pies.


Al poco de empezar a bajar por la pista la abandonamos para descender más rápidamente por un sendero al borde de los prados. El sendero se encuentra casi tapado más abajo, lo que nos obliga a salir a la pradera para poder llegar a Beges.


En Beges nos dijeron que el camino de la Canal de Pebe estaba muy cerrado y que no podríamos bajar por ella, con lo que dada la hora que era y los malos informes del camino, nos decidimos a bajar por la pista-carretera, contemplando el profundo cañón que forma el Río Corvera. Entre tanto, hubo un pequeño grupo que descendió por la Canal de Pebe y que posteriormente nos comento que si que era practicable, aunque en algunos puntos se encontraba perdido el camino. Por fin alcanzamos nuevamente la carretera en la Hermida, donde pusimos el punto y final a la ruta de la Canal de Osina.


Para el próximo sábado día 28, último del mes de marzo, tenemos ruta por San Isidro. Haremos la ruta del Pico San Justo, que nos vimos obligados a cambiar a causa de las fuertes nevadas que se dieron en la primer semana del mes. Como digo, haremos el Pico San Justo desde Isoba y el itinerario no puede ser más sencillo:


Isoba (1.370 m) – Pico San Justo (1.956 m) – Isoba (1.370 m)


Dependiendo de las condiciones climáticas y una vez situados en la zona, trataremos de alargar un poco la ruta, bien buscando paso hacia el Lago Isoba, o bien bajando al Collado Pinzón en busca del camino que rodeando el Pico Pinzón por el norte, nos devuelve a Isoba tras pasar por Las Hazas


Los que estén dispuestos a realizar el paseo que menciono más arriba, que me llamen a los teléfonos de costumbre. Queda abierto el plazo de inscripción. Espero vuestras llamadas.