lunes, abril 13, 2009

AGUA, NIEBLA, NIEVE… MÁS DE LO MISMO

La climatología es implacable con nosotros y nos ataca cada fin de semana. Pero nuestra voluntad es insuperable y semana tras semana nos enfrentamos a los elementos como la Armada Invencible, pero en ocasiones, con más éxito.


Una vez más, los agoreros del tiempo en las cadenas televisivas nos deparaban un día aciago con agua al empezar, por la mitad y al final, pero sus malos deseos no llegaron del todo al cielo y este nos permitió hasta tomar el sol por unos momentos.


Después de un largo viaje, Larón se encuentra enclavado en el fin del mundo mundial, posamos nuestros pies en el suelo y comenzamos a caminar por la carreterita que une Larón con La Viliella, un pequeño pueblo muy cuidado con sus calles adoquinadas y hormigonadas, adornadas con los dibujos de las hojas de los árboles autóctonos. Las casas, todas con su nombre, se colocan a los lados de las calles, colgadas de la ladera. Tras atravesar el bonito pueblo, salimos por la parte alta por una pista bien marcada al principio y que más adelante se va cerrando por el abandono y la maleza. De todos modos se sigue bien y solo el agua que contienen las ramas que nos deja pintando a las primeras de cambio. Una menuda lluvia nos acompaña, pero sin mayores problemas, al igual que la niebla que tiene tendencia a levantar.


El camino se sigue perfectamente y solo tenemos que tener la precaución de seguir siempre en ascenso, dejando los cruces que nos salen por la izquierda, que se dirigen a la Braña de La Viliella, más abajo que nuestro destino. La primera parte de la pista asciende sin contemplaciones hacia el Alto Cochao, primer punto de descanso de la dura subida. Un pequeño hombro desde el que divisamos una buena parte del camino que debemos seguir, aunque no podemos ver nuestro destino por causa de la niebla.


Vamos caminando por una pista algo más limpia y atravesando un bosque de robles completamente pelado a estas alturas de la primavera, pero con la gracia de la blanca nieve caída por la noche, cubriendo sus peladas ramas. La subida es ahora menos dura y caminamos con tranquilidad. De vez en cuando la nieve cae sobre nuestras cabezas y ya llevamos un buen rato pisándola. A nuestra izquierda podemos ver los prados de la Braña de La Viliella cuando las ramas del bosque nos lo permiten. Y así, poco a poco, vamos ascendiendo hasta alcanzar la abierta collada de La Chana, completamente cubierta de un blanco manto y en la que el sol nos da la bienvenida.


El sol y la nieve, pues está nevando y haciendo sol al mismo tiempo. Son los mejores momentos de lo que llevamos andando y cuando las vistas se abren un poco a lo lejos. Algo más allá vemos el Fingudin o lo que nosotros entendemos que es nuestro destino y hacia él encaminamos nuestros pasos. Un sendero lo bordea por el sur hasta que desaparece y nos tenemos que meter en el escobal. Afortunadamente, las escobas están cubiertas de nieve y tumbadas, lo que nos permite caminar sobre ellas y alcanzar la cumbre del Fingudin o Altos de Bliella, como dice el topográfico.


Las nubes nos rodean y tan pronto vemos a lo lejos como se cierra y nos deja sin vistas. Sobre nuestras cabezas el sol nos permite hacer un pequeño alto en el camino para comer y beber algo y hacer la foto de rigor. No dejamos tarjeta por falta de lugar donde depositarla. La nieve lo cubre todo y bajo ella las matas de las escobas.

Por el lado contrario a nuestra llegada, este, iniciamos el descenso también sobre las tumbadas escobas, metiendo el pie de vez en cuando en las trampas que estas nos ponen. Alcanzamos nuevamente la collada L Chana y seguimos en la misma dirección recorriendo el cordal. Un sendero casi imperceptible guía nuestros primeros pasos. Luego se pierde y decidimos seguir por la cumbrera entre los arbolillos que la cubren. Se hace pesado el caminar teniendo que esquivar los árboles y la maleza, pero vamos encontrando paso. Las lomas se suceden una tras otra y el paso es cada vez más complicado. Estamos manteniéndonos en la altura de los 1500 metros y apenas descendemos un poco para volver a subir. Por fin el terreno se despeja y abajo a nuestra derecha vemos los negros tejados de Larón y la carretera y nuestro autocar. Lo que nos queda por caminar está más abierto y tras un descenso entre la maleza, alcanzamos terreno de mejor caminar para llegar al fin a una buena pista desde la que alcanzamos en pocos minutos la carretera en el alto del Puerto de Rañadoiro, donde ya nos está esperando Ana con el autocar.


Casi no nos da tiempo a cambiarnos las mojadas ropas cuando comienza a llover con cierta fuerza. De esta nos libramos.


Para el próximo sábado, día 18, si el tiempo lo permite, realizaremos una ruta en las inmediaciones de Soto de Sajambre. Subiremos a la Conia para rematar con la Senda del Arcediano hasta Amieva. La ruta que queremos hacer es:


Soto de Sajambre (925 m) – Portillera de Beza (1.498 m) – La Siella (1.573 m) – Pico La Conia (1.654 m) – Collada de Pasa (1.501 m) – Sahugu (1.145 m) – Monte Trasbustiello (1.100 m) – Vega La Llana (1.080 m) – Monte Valleyes (900 m) – Collado Angon (815 m) – Amieva (650 m)


Una ruta que promete y que realmente es una verdadera belleza aunque solo hagamos la Senda del Arcediano. Espero vuestras llamadas. Si os descuidáis, os quedareis sin plaza para esta bonita excursión.

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