Volvemos una vez más a las orillas del Semeldón para casi repetir la ruta del año pasado al Pico Pondio, pero en esta ocasión la ascensión la realizaremos al Pico Macicón, con el fin de otear posibles rutas por la zona de Cuadramoño y Corina.
Con un bonito día de primavera y buenas perspectivas climatológicas, salimos de Sellaño por la carretera que se dirige a Sevares. A los pocos metros un indicador a la izquierda, nos anuncia el PR de la ruta entre Sellaño y Semeldón. Se trata de un sendero que une los dos lugares mencionados utilizando para ello, la caja de un antiguo ferrocarril maderero hoy desaparecido, en parte por la destrucción de los puentes que el río Semeldón se llevó por delante.
El indicador de la ruta se encuentra en el inicio de un camino que discurre entre árboles y prados. Alguna cabaña diseminada y el único inconveniente de la ruta, el cruce del arroyo de Los Lladeros, cuyo puente se encuentra en muy malas condiciones y nos obliga a cruzar por el río, cosa complicada en caso de que este venga crecido. Traspasada la casi única pega de todo el recorrido, debemos cruzar el cierre de una buena pradería, saltando por encima de los maderos que lo forman, para lo cual existe una saltadera que casi nadie utiliza.
Caminamos ahora sobre la hierba pero por la caja del ferrocarril mencionado, que en este punto se hace muy evidente. Al otro lado de la finca una nueva saltadera nos ayuda a pasar un nuevo cierra para volver al camino.
Si nos fijamos, por nuestra izquierda y más debajo de nuestro camino, veremos un puente de madera que cruza el Río Semeldón. Algo más allá, al dar una curva a la izquierda, encontraremos otro puente, Puente Cureño, con una portilla al final y por el que debemos seguir para pasar a la otra orilla.
El camino continúa ahora entre avellanos y a la altura del río. Por encima de nosotros, a la izquierda, veremos otro camino que más adelante se unirá al nuestro y que proviene de Tribierto, pueblo cercano a Sellaño y cuya carretera sale del centro de este último pueblo. Es una alternativa para evitar el cruce del Arroyo de Los Lladeros.
Llegaremos a una nueva bifurcación casi imperceptible, ya que el camino que nosotros seguiremos queda de frente, mientras que el otro gira a la derecha y se acerca al Puente de la Sota del Cándano, por el cual se vuelve a la otra orilla del Semeldón, para seguir la ruta marcada en el PR. Como digo, nosotros dejamos el puente a la derecha y seguimos por el sendero de enfrente, que se va cerrando y comienza a ascender entre matorrales y brezos. Está muy marcado y no tiene pérdida.
El ganar altura sobre el río nos permite poder contemplar la otra orilla por la que vemos el ancho camino que se dirige a Semeldón. También veremos el se le une procedente de Ambigüe, cuyas casas empezamos a contemplar.
Nosotros seguimos ascendiendo poco a poco teniendo siempre a nuestra izquierda las escarpadas laderas del Pico Pondio y a la derecha las caidas hacia el Río Semeldón que no las apreciamos gracias a la espesa maleza. Al otro lado vemos la franja herbosa que se descuelga de las alturas del Porru La Escrita. Es el Valle de Viores que tiene continuidad por nuestra orilla donde se forma el Valle del Cordal, al que pronto llegaremos.
Primero nos encontramos con la Casa Roque, una cabaña grande de buena factura, con el único pero de un par de uralitas que cierran su tejado. Algo más allá y con entrada desde la cabaña, un inclinado prado en el que hoy pacen unas vacas. El camino sigue por encima de la cabaña y del prado, adentrándose en el bosque. Vemos varios cierres de antiguas fincas que festonean el camino que comienza a marcar amplias curvas para vencer el desnivel del Valle del Cordal en cuyo comienzo nos encontramos.
Pasamos junto a algunas destartaladas cabañas que nos hablan de otros tiempos en los que estos, hoy desolados parajes, eran ollados por muchos pies y patas. Ahora solo el ganado, que creemos entra por el contiguo Valle de Tobaos y algunos pastores, son, junto a locos como nosotros, los únicos perturbadores de la paz que reina en estos lares.
El camino poco a poco se va difuminando entre el arbolado y la abundancia de piedras y maleza, nos lleva a buscar los limpios prados que tenemos a nuestra izquierda. Al llegar a la pradera amanece y vemos la cruda realidad de lo que aún nos falta por subir para alcanzar el Collado Llimes que adivinamos sobre nuestras cabezas. Nunca mejor expresado. El Prau de Roque es una inclinada franja verde que se extiende entre las agrestes caídas del Pondio y el bosque que acabamos de abandonar. A nuestras espaldas se adivina en el fondo, el río y al otro lado otro muro como el que nosotros tratamos de vencer, en el ya mencionado Valle de Viores.
Poco a poco, con cansino y empecinado caminar, vamos ganando altura y acercándonos a nuestro primer destino. Una buena cabaña nos da la bienvenida al alto Collado Llimes, formado por las rocosas paredes del Pondio por la izquierda y la ladera cubierta de brezo, del Macicón. Enfrente, altivo y sereno, el Pierzu nos saluda irguiendo sus formas sobre las verticales cortadas de La Huérfana. Un ramalazo de blancura a la izquierda del Pierzu, nos marca la posición de la Torre de Santa María. Y bajo nuestros pies, otra vertical pared, esta en descenso, formada por el Valla Tobaos, que desciende vertiginosamente al Río Ponga y a la carretera que une Sellaño con la capital del concejo, San Juan de Beleño.
Dos horas y media nos llevó llegar a este precioso y vistoso lugar. El día está estupendo y no hay prisas. Descansamos cómodamente esperando la llegada de todos los componentes del grupo. Nos hacemos fotos con distintos fondos y una vez recuperados del esfuerzo, iniciamos la ascensión a nuestra tachuela del día, el Pico Macicón.
Por detrás de la cabaña y junto a un árbol, adivinamos un sendero que se introduce entre el brezo. No hay mayores problemas. Todo es caminar por el mejor sitio posible. El sendero aparece y desaparece como el agua del Guadiana, pero la subida no tiene pérdida: siempre hacia arriba. Ganamos un primer hombro, el que veíamos desde el collado, y en poco tiempo alcanzamos la poco espaciosa cumbre del Macicón. Un poco más allá, descendiendo a un resalte de la ladera opuesta, podemos contemplar el Collado el Inobiu, la otra posible subida desde Semeldón a esta cumbre.
El Macicón, de tan solo 899 metros de altitud, nos proporciona unas estupendas vistas de la intrincada zona de Ponga en los alrededores del mítico Valle Moro, cuyas casas cimeras podemos contemplar desde nuestra atalaya. Partiendo del collado Llimes, con el Pondio al otro lado y girando en sentido de las agujas del reloj, vamos desgranando el rosario de cumbres que podemos abarcar. Peña Siña y su collado, la ya mencionada blanca y pura Torre de Santa Maria que trata de esconderse vergonzosa, tras la mole oscura del Pierzu; la Huérfana a su lado nos da pie para contemplar las también blancas laderas del Recuencu y Collao Zorro. Por detrás de ellos, el Pileñes y la mole blanca de Peña Ten. Saltando el valle por el que discurren el Río Ponga y la Carretera de Beleño, nos encontramos con otro grande de nuestras montañas, el Tiatordos que abre su copa en un brindis que esperamos compartir este año, ganando su cumbre. A su lado, majestuosa la Peña Taranes y la contigua Llambria, forman un muro inexpugnable sobre la suave loma del Collado Llues y Cuadramoñu. Siguiendo a la derecha y también con algo de nieve, Peña Crespa nos da paso a la inconfundible parda silueta del Maoñu. Bajo su cono, la Bolera los Moros y Vallemoro. Volviendo arriba, otro cono inconfundible, el Vízcares. Vemos la Cuesta de la Morena, el Porrón de los Lagos, el Cunio. Por delante de este último desciende el Valle de Viores y a su lado el Porru La Escrita. Siguiendo, allí abajo, vemos Ambigüe y cerrando el círculo, allá a lo lejos, la inconfundible silueta del Pienzu elevándose sobre la Sierra del Sueve.
Pocas veces 899 metros de desnivel nos pueden dar una imagen tan amplia. Eso solo mencionando las cumbres circundantes. No mencionamos para nada los cerrados valles y las profundas foces como la cercana y gratamente conocida riega de Les Cuerries. Al igual que el vecino Pondiu, el Macicón es una estupenda atalaya de esta zona virgen, y esperemos que por muchos años, de Ponga. No somos capaces de abandonar este estupendo balcón. Cubrimos tarjeta, hicimos fotos con fondos variados, contemplamos y enumeramos una a una todas las cumbres y los lugares más o menos conocidos, pero allí seguíamos. Por fin, alguien se movió y comenzamos el descenso. Ya queda poco de ruta y es temprano. Bajamos despacio apurando la visión de lo que nos rodea.
Una vez en el collado Llimes, nuevo descanso y más tertulia. Ya por fin nos decidimos a bajar por la amplia y serpenteante pista del Valle Tobaos, pero sin prisa. Comentando posibles rutas por la zona y contemplando las múltiples caras del Pierzu a medida que vamos perdiendo altura. Ya en la Sota Tobaos, en la carretera, podemos dar por concluida la ruta. Un par de kilómetros nos separan del alargado pueblo de Sellaño, que parece no acabarse nunca. Llegamos al autocar y cerramos la ruta que cinco hora y media antes, habíamos iniciado el mismo lugar. Cinco horas que ya digo empleamos con mucho tiempo de parada tanto en el Collado Llimes como en la cumbre del Macicón.
Para el próximo sábado volvemos a tierras de Cangas de Narcea, esta vez en los dominios del Puerto de Leitariegos. Nos vamos a Vallado para hacer otra ruta circular con ascensión a Peña Furada y al Pico Sieiro. La ruta a realizar es:
Vallado (1.000 m) – Foncaisera (1.240 m) – Collado Maticha (1.251 m) – Teisera (1.332 m) – Campu Muniechos (1.314 m) – Peña Furada (1.421 m) – Collado La Laguna (1.397 m) – El Forno (1.455 m) – Pico Sieiro (1.501 m) – Brañas de la Linde (1.160 m) – Brañas de Caldevilla (1.220 m) – Brañas del Otero (1.190 m) – Collado Maticha (1.251 m) – Foncaisera (1.240 m) – Vallado (1.000 m)
Os advierto que de momento tenemos asignado el autocar de 26 plazas, así que el que se duerma puede quedarse sin poder realizar esta ruta. Espero vuestras llamadas.
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