lunes, octubre 29, 2007

UNA RUTA PARA GOZAR DEL PAISAJE

La ruta del sábado por los límites entre Asturias y León, resultó, a la par que un poco larga, de lo más gratificante, gracias a la bonanza del día y a las estupendas vistas de las que pudimos disfrutar.

Para muchos el pensar en hacer una ruta por San Isidro sin coronar alguna de sus conocidas cumbres, puede parecer un paseo sin más alicientes que el de caminar, pero no es así. Salimos de Isoba con una mañana despejada pero fría. Además el camino estaba en una buena parte en sombra y hasta que no alcanzamos el Collado Pinzón, no pudimos deshacernos de las prendas de abrigo. Ya por el precioso Valle Pinzón, el sol nos comenzó a calentar, al tiempo que hacía brillar las otoñales hojas de los árboles, comenzando así, con el juego de luz y color que nos acompañaría gran parte de la ruta.

Atravesado el Valle Pizón por su límite oeste, iniciamos la ascensión hacia la marcada Muesca Brugu, un pliegue que se forma en la muralla que tenemos ante nosotros, y en el que se aprecia un indicador de zona de caza. La subida no es muy dura y el sendero se puede perder en algunos momentos, mientras que de vez en cuando, podemos apreciar algunos jitos que nos indican el mejor camino a seguir. Coronada la Muezca, un magnífico paisaje se abre a nuestros ojos. Un paisaje que nos seguirá durante el resto de la ruta.

Abajo a nuestros pies, la mancha verde de la Vega Pociellu rodeada de los bosques con su reluciente manto otoñal, cubriendo las laderas que bajan de los contrafuertes del Cantu del Oso, aún poco visible. Al norte y frente a nosotros, la poderosa muralla caliza del Tiatordos acompañada por la no menos agreste figura del Maciedome. Más al fondo y un poco a la derecha, la inconfundible silueta de la Peña Santa aparece con su caliza brillante, dando paso al resto de los Picos que se extienden más allá de los límites de nuestro marco.

Con pocas ganas de hacerlo, abandonamos este balcón tomando la cuerda que en ascenso se nos ofrece con rumbo este y coronamos la cumbre del Pico los Abedulosos. Tras dejar la tarjeta y hacer la foto, seguimos la arista pasando por varios picachos sobre una zona plagada de pequeñas lagunas, hasta alcanzar el Collado de las Lagunillas desde el que en un escorzo hacia el sur, dirigimos nuestros pasos hacia la cumbre del Pico las Cuerdas. Un pequeño descanso y retomamos dirección nordeste para aproximarnos al collado Zampuerna, una depresión desde la que es posible descender a la carretera de Las Señales, finalizando la ruta en el Sestil del Páramo.

Nuestro camino continúa ascendiendo la dura ladera del Pico la Bardera donde nuevamente las vistas de Tiatordos y el Cornión aparecen a nuestros ojos. La Vega Pociellu queda ya más al oeste y por el contrario, las vistas sobre el Cantu el Oso mejoran notablemente y apreciamos el porqué de su nombre. Una puntiaguda aguja se alza mirando al cielo, dejando en su cara norte un tremendo abismo.

Tras un corto descenso una nueva subida, esta vez al Mongallu desde el que podemos vislumbrar la vallada por la que desciende la corriente de agua que forma el Tabayón de Mongallu. Ya casi sin tarjetas para dejar en el resto de picachos, Moneu, Porrones, pasamos a media altura, para acceder a la base del Remelende y alcanzar su coronada cumbre en pocos minutos. La placidez del día, y lo poco que nos queda para finalizar la ruta, nos permite en esta cumbre apurar las últimas vistas, muy buenas las del Mampodre, y descansar arrimados al monolito del vértice geodésico. Luego, en un complicado descenso por lo pindio de la ladera y la humedad, que nos hacía resbalar a cada paso, completamos esta agradable ruta al alcanzar la carretera en lo alto del Puerto de Tarna.

Para el próximo sábado nos quedamos en nuestro territorio y realizaremos un bonito recorrido por la pequeña y agreste Sierra de la Verde, en tierras de Proaza. La ruta propuesta es:

Aciera (185 m) – Collada de Aciera (681 m) – Pico Cuetu Mar (1.194 m) – Pico La Verde (1.179 m) – Pico La Forcada (1.108 m) – Collada de Aciera (681 m) – Llindelafaya (600 m) – Villamejin (400 m) – Proaza (185 m).

Cómoda ruta sin grandes pretensiones, pero en una zona muy bonita y, si el tiempo acompaña, desde la que tendremos preciosas vistas del valle del Río Trubia. Si no la conoces, no te la pierdas. Espero vuestras llamadas y ojo, que si tardáis en llamar, es posible que os quedéis sin plaza. Os espero.

jueves, octubre 25, 2007

DE VUELTA A LA MONTAÑA

Tras el periplo vacacional, regreso a la montaña en la cumbre del Brañacaballo. Poderosa cumbre de la cordillera central en las inmediaciones del puerto de Pajares.

Partimos del pueblo leonés de Millaró, a un par de kilómetros de la carretera nacional que va del Puerto a Villamanín, tomando un desvío a la izquierda poco antes de Villanueva de la Tercia. El autocar de 27 plazas nos subió hasta el pueblo, un autocar mayor podría tener problemas para dar vuelta, lo que nos facilitó un poco la ruta que tampoco tiene grandes dificultades.

Del centro del pueblo parte hacia el oeste una amplia pista que en múltiples revueltas nos acerca a la cara sur del redondeado Brañacaballo o Pico Millaró. Dejamos las bifurcaciones que vemos a izquierda y derecha y ascendemos por la pista hasta que esta comienza a llanear para luego iniciar el descenso. Entonces nos salimos de ella para seguir campo a través en fuerte ascensión entre las escobas. Podemos seguir los restos de un sendero que se pierde a tramos y en el que de vez en cuando iremos viendo algunos jitos que nos indican el camino a seguir. De todos modos, no tiene pérdida, ya que no hay otro sitio a donde ir. Tras pasar una zona rocosa, alcanzamos la precumbre desde la que en poco tiempo llegaremos a una zona más llana desde la que ya divisamos el vértice geodésico que corona el Brañacaballo.

Esta alomada cumbre de 2.130 metros de altitud, nos ofrece unas maravillosas vistas de toda la montaña asturiana. Las Ubiñas, el cercano Esturbin, los Picos de Europa con la inconfundible Peña Santa, toda la zona de San Isidro y hasta el lejano y puntiagudo Espigüete, todos ellos se presentan a nuestros ojos junto a un sinfín de otras cumbres.

Tras las fotos de rigor, seguimos ruta por la cuerda norteña descendiendo a la Collada Cuajaura para ascender luego a la Carba, descendiendo nuevamente al collado Lambeta, para coronar finalmente la cumbre de la Peña Guazones o Celleros o Corralón, que los tres nombres pertenecen a este penacho calizo de 2.121 metros de altura. Casi tenemos las mismas vistas que desde el Brañacaballo aunque aquí vemos mejor la zona de los Puertos de Piedrafita con el Pico la Laguna en su parte oriental.

El descenso lo realizamos volviendo al collado Lambeta para coger la canal que se dirige al oeste y a cuyos pies contemplamos una buena pista a la que deberemos acceder para completar nuestro recorrido de hoy. Precisamente esta pista nos conduce ya siempre en descenso, al Valle del Cuadro, donde entroncaremos con la pista que se dirige hacia el norte a Braña Fría, lugar desde el que se inicia la dura ascensión al Esturbin. Nosotros seguiremos en descenso a la izquierda, para finalizar la ruta en Tonin de Arbás.

Para el próximo sábado tenemos ruta por la zona del Puerto de Tarna, visitando entre otras, la cumbre del Remelende. La ruta propuesta es:

Isoba (675 m) – Collado Pinzón (1.525 m) – Muesca Brugu (1.798 m) – Los Abedulosos (1.844 m) – Collada Lagunillas (1.764 m) – Pico Las Cuerdas (1.814 m) – Collado Zampuerna (1.712 m) – Pico La Bardera (1.872 m) – Pico Mongallo (1.849 m) – Pico Remelende (1.888 m) – Puerto de Tarna (1.486 m)

Una ruta por toda la Sierra de Mongallo en la divisoria entre Asturias y León. Una bonita ruta para los más osados. Espero que tu seas uno de ellos.

lunes, septiembre 17, 2007

EL TAPINON Y... CARRETE

Las tierras de Lena nos acogieron con un día espléndido. El sol brillaba con una preciosa luz sobre la caliza de las Ubiñas, cuando llegamos a Tuiza de Arriba. A pesar de ser solo las 9,30 de la mañana, ya había varios coches en el nuevo aparcamiento, al lado de lo que dicen va a ser algún día el centro de interpretación de las Ubiñas. Decir antes que nada, que el tema principal en el autocar, fue el de la reciente operación de nuestro compañero Adolfo al que deseamos una pronta recuperación, para poder sentir su compañía lo antes posible.

¡¡ Animo, Dolfo, y a por ellos !!

Salimos del aparcamiento por el camino que pasa sobre él, con dirección este y enseguida dejamos a nuestra izquierda la fuente que tanto agradecemos en los retornos a Tuiza. Seguimos el marcado camino que atraviesa los prados, cruzando hasta tres portillas que encontramos cerradas y dejamos de igual manera, y bajo las amenazantes y pindias laderas que descienden del Siegalavá. El camino se convierte en sendero y comienza a subir con dirección inequívoca, hacia el collado El Visu, a los pies de la Peña el Castiello, y desde donde tenemos unas estupendas vistas del valle que acoge a Tuiza y asciende hasta las vegas del Meicin para auparse a la emblemática Peña Ubiña. Alcanzado este punto, dejamos el camino que sigue de frente, por los Puertos de la Cruz en dirección a la Vega La Forcá y tomamos el que más a la izquierda, continúa en suave ascenso, dirigiéndose a la Peña Foxón, inconfundible con sus penachos de caliza amenazando con clavarse en el cielo. Por un antiguo camino, La Calear, sobre la falda de la Peña Foxón, vamos rodeándola hasta desembocar en un apacible valle, la Vega el Forcau. Aquí volvemos a dar vista a la amenazante ladera del Tapinón y nos hacemos una idea del camino que tenemos por delante.

Cruzamos el valle en el que vemos un lago artificial y con dirección noroeste, comenzamos la dura ascensión al Tapinón por los Camparones. Diremos que no hay un camino definido para la subida y por ello iremos buscando los mejores pasos, muchas veces los del ganado que pasta en estos lares. No es difícil la ascensión, aunque si que es dura. Todo es cogérlo con paciencia y poco a poco vemos como vamos ganando altura. Nuestra cumbre es la que se encuentra más a la izquierda de las dos que vemos, por lo que dirigiremos nuestros pasos al pequeño collado que se forma entre ellas.

Después de unas cuantas patadas, alcanzamos nuestro objetivo y nos situamos junto al buzón de cumbres del Tapinón. Su cara noroeste es una espeluznante caída en vertical sobre las Hoyas de Siegalavá. Una preciosa vista del Chegu y de los Puertos de Agüeria nos compensa del esfuerzo realizado. El día es estupendo y las vistas majestuosas. Cerca de nosotros, continuando por la sierra en dirección oeste, se encuentra el Siegalavá y mientras que llega el resto del grupo, nos acercamos a ver sus desventíos. Las cortadas a nuestra derecha son espectaculares y acongojantes. En un punto determinado en el descenso hacia la cresta de unión con el Siegalavá, una inscripción nos advierte de los peligros que podemos encontrarnos. No vamos más allá. Contemplamos la redondeada cumbre tan cerca pero tan lejos y disfrutamos por unos minutos de las vistas de todo el Macizo de Ubiña: Rueda, Huertos del Diblo, Prau, Fontanes, Castillines y las inconfundibles siluetas de Ubiña la Grande y Ubiña la Pequeña.

Es un deleite este mirador y no apetece nada iniciar el descenso, pero aún nos quedaba ruta y tras más de una hora de permanencia en la cumbre, comenzamos a bajar, haciéndolo por la cresta en dirección norte, hacia la Collada del Trave, poco antes de un pequeño lago que se ve más abajo.

Ahora es cuando entenderéis el título de esta crónica. El descenso es sencillo aunque empinado, pero cosas bastante peores ya anduvimos. Mientras los más rápidos descendían, Carrete buscó un paso un poco más a la izquierda para seguir por la cresta y llegar un poco más cerca del collado señalado. La ladera, igual que por la que habíamos subido, es de hierba y piedras sueltas. Entre la inclinación, la confianza y las piedras sueltas, Carrete tropezó y bajó rodando hasta que una piedra impactó con su cabeza parándolo. Creo que no hace falta que os explique la tensión de ese momento. Yo que le seguía no era capaz ni siquiera a gritar. Cuando vi que se paraba corrí a su encuentro para comprobar las lesiones que tenía. Un hilo de sangre bajaba de la coronilla. El impacto con la piedra le produjo una pequeña herida en la cabeza y varios rozones y magulladuras. Pero se encontraba bien. Asustado pero bien. María, que bajaba un poco más atrás, se hizo cargo del herido, dando muestras de su gran profesionalidad. Rápidamente se montó el “quirófano” y dos puntos de sutura evitaron que la solitaria neurona de Carrete escapase del abierto recipiente. Unas gasas y esparadrapos, estuvieron a punto de convertirlo en una momia. Después de unos instantes de nerviosismo contenido, se fue relajando y enseguida comenzó a ser el Carrete de siempre: hablaba y comenzaba a despotricar. Carrete ya está curado.

Por la manera que empleo en el relato, os podéis dar cuenta que aunque el susto fue muy grande, las consecuencias fueron pocas. Ayer hablé con Carrete por la tarde y me dijo que se encontraba bien y sin problemas tras la visita que hizo al servicio médico cuando llegó a Oviedo el sábado. Todo quedó en una anécdota sin más, aunque realmente pudo haber sido mucho más grave. Lo que nos hace comprender que no debemos relajarnos en ningún momento. En el lugar más insospechado podemos tener un tropezón que nos causa un accidente importante.

Pese a la notable recuperación del herido y haciendo caso omiso de su empeño en continuar la ruta, decidimos volver por el mismo camino por el que habíamos subido y retornar a Tuiza, dejando para otra vez, el resto de la ruta que teníamos prevista. Avisamos telefónicamente el resto del grupo que no se habían enterado del percance y también ellos decidieron dar la vuelta y todos juntos llegamos a Tuiza, donde comimos, en el emblemático bar del pueblo y pudimos constatar más firmemente la mejoría del herido al comprobar que en ningún momento había perdido el apetito y vimos como daba buena cuenta de las viandas que portaba y de las que pululaban por encima de la mesa.

Una ruta con anécdota para contar a nuestros nietos tras un magnífico día en el que a pesar de todo, pudimos disfrutar de un rincón incomparable.

Bueno, como muchos ya sabéis, estoy a punto de coger las vacaciones, por lo que durante unas cuantas semanas no saldré de monte y tampoco haré ninguna crónica. Seguramente que el blog quedará paralizado durante este tiempo, salvo que Jorge se decida y comience a mandarnos alguna cosa. Tampoco estaré para tomar nota de quien esté interesado en hacer las próximas rutas, por lo que para apuntarse a partir de hoy, debéis llamar a Lito a los teléfonos 985 78 67 75 ó 669 18 95 69 o bien a Jorge al teléfono 680 35 84 04. La ruta para el próximo sábado es:

Torrestío (1.360 m) – Collado la Corona (1.816 m) – Pico Ferreirua (1.976 m) – Collado Las Navariegas (1.753 m) – Braña de las Navariegas (1.590 m) – Cascada del Xiblo – La Focella (1.070 m) – Páramo (830 m)

La ruta es muy bonita y sencilla y parece que el tiempo va a acompañar. No dejéis de hacerla. Espero que lo paséis muy bien estas próximas rutas y hasta la vuelta.

lunes, septiembre 10, 2007

UN PASEO POR LAS FOCES DE SAOLLA

Las tierras de Caso y Ponga fueron nuestro objetivo este último sábado. De un tiempo a esta parte, los alrededores de Vallemoro son presa codiciada para el Grupo de Montaña LAS XANAS. Desde nuestra primera visita al antiguo pueblo, desde La Pesanca por Curueñu y Traslafuente, son varias las rutas que hicimos por estas tierras hasta la realizada el año pasado desde Sellaño, por el Sedo del Sameldón, a la majada del mismo nombre, para subir por la Cuesta La Morena y continuar hasta Vallemoro, con descenso por el Río Les Cuerries nuevamente a Sellaño.

Esta vez no alcanzamos Vallemoro, pero sí sus aledaños. Partimos de Orlé con un magnífico día de sol, buscando el valle del Río del Medio, para ascender a su lado por Vallu Baxu, Vallu Mediu y Vallu Altu, hasta la Felguera. Aquí variamos un poco la ruta por indicación de unos pastores y en vez de seguir a la derecha por Los Duernos, continuamos la ascensión hasta la Majada de Piedrafita, a los pies del Cuetón de Les Travieses y de La Crespa. Nos damos un pequeño descanso para recuperarnos de la dura subida y poder contemplar las estupendas vistas que este paraje nos depara, con la Llambria en primer término y el Cornión al fondo. Aprovechamos para situar nuestro itinerario y continuamos camino hasta el Collado Incós o de Piedrafita, un bonito lugar con cabañas en medio del Monte Purupintu. Aquí iniciamos un rápido descenso al fondo del valle a buscar primero la seca riega Purumendi que en un principio confundimos con el Río Saolla y ya muy próximos a la foz que se forma entre la Llambria y la Peña Toral. Con nuestra confusión y viendo un sendero que bajaba orillas del reguero, atravesamos por él la foz para darnos cuenta que nuestro camino debería haber pasado algo más a la derecha, este, al comprobar como el Purumendi se unía al Saolla después de la estrechura de la foz. Subiendo un poco por el Río Saolla alcanzamos el camino que viene de Rebollau y por donde en un principio teníamos previsto pasar.

Continuamos el descenso acompañando al río y siguiendo unas marcas verdes en las rocas, hasta un ensanchamiento en el que las perdimos. Sabíamos que había que subir a buscar el Collado Valleyu y comenzamos a caminar por el Monte la Llambria en busca de la pista que nos llevaría a él. Después de caminar un poco campo a través, nos topamos con una pista que nos condujo al camino. Duro camino. La amplia pista sube derecha en duras pendientes, hasta el collado a los pies de La Llambria. Un largo recorrido al este, atravesando el frondoso bosque la Llambria, nos conduciría al fin, a la despejado Collado Llués, en el que volvimos a hacer un alto para recuperarnos del continuado esfuerzo realizado.

Aquí ya se nos abrieron los espacios y recuperamos la visión de lo conocido. No en vano ya pasamos varias veces por estos lugares. Lo que resta ya es coser y cantar. Buscamos la Collada Cuadramoño para bajar al fondo del valle por el que discurre, cuando hay agua, el Río les Cuerries y ya por terreno conocido, atravesamos un sinfín de veces el seco lecho del río, hasta desembocar en el Escaleru, un descenso vertiginoso hasta el Puente Les Cuerries, donde un simpático cartel anuncia la ruta turística. Nos gustaría saber cuantos turistas se aventuran por esa ruta.

Finiquitada la ruta de las Foces de Saolla, podemos dar por concluidas las rutas duras de este año. No es que lo que queda sean paseos ya que aún hay cosas importantes, pero la dureza del verano comienza a descender y para el próximo sábado tenemos ruta por las Ubiñas. Nos vamos a Tuiza de Arriba para ascender al Tapinón. La ruta a realizar es:

Tuiza de Arriba (1.230 m) – Llamera (1.350 m) – Collada el Viso (1.538 m) – Foxón (1.600 m) – La Calear (1.650 m) – La Caliarona – El Tapinón (2.118 m) – Collado del Trave (1.845 m) – Braña de Corros (1.650 m) – Cheturbio (1.860 m) – El Bocarón (1.886 m) – La Plana (1.600 m) – Tuiza de Arriba (1.230 m)

Los valientes que aún tengan fuerzas a estas alturas de la temporada, tienen la oportunidad de realizar una de las cumbres emblemáticas del Macizo de Ubiña. Ruta muy alpina y a la que los más valientes pueden acoplarle la ascensión al Fariñentu. La inscripción está abierta. Os recuerdo que tenemos pedido el bus de 21 plazas y una vez cubiertas estas, los que lleguen tarde se perderán la ruta. La salida es a las 7 de la mañana de San Andrés. No dejes para mañana lo que puedas disfrutar hoy.

martes, septiembre 04, 2007

A LA CUARTA FUE LA VENCIDA

Si, era el cuarto intento que hacíamos para conquistar la cumbre del Cabezo Llerosos y finalmente lo hemos conseguido. Amaneció un magnífico día, completamente despejado, a excepción de la zona entre Infiesto y Arriondas, que se encontraba, como siempre, con niebla. Pero el resto del cielo mostraba un azul limpio, sin nubes por ninguna parte.

El autocar nos dejó en las inmediaciones del Centro de Interpretación de Los Lagos de Covadonga y allí comenzamos la marcha. Por la pista nos acercamos a Belbín, atravesando toda la pradera, para girar a la derecha al encontrarnos con el Cantón de Texeu. El sendero se sigue bastante bien y va atravesando pequeños regatos en los que la piedra desnuda es nuestro camino. La orientación es claramente este y con ligera subida, por lo que no debemos seguir ningún camino en descenso. Dejamos a nuestra izquierda la Majada de Brañarredonda para acercarnos a la de Parres, dando un pequeño rodeo por un intrincado y marcado camino hasta llegar al Collado la Muda y al poco a Camplengo Viejo, donde las cabañas cada día se encuentran más y más deterioradas. Por las praderas de Camplengo ascendimos al Collado Mediu que es el que vemos frente a nuestros pasos y se encuentra más cercano al imponente Jascal. Algunos valientes, Clemente, Silvio y Mariano, ascendieron de paso, a esta altiva cima.

En el collado abandonamos el camino principal para seguir otro secundario y más alto por la izquierda, norte, pero siempre con dirección este y bordeando los Jondones para alcanzar la preciosa Majada de Beresna desde el Collado la Cistra. Beresna se encuentra arropada en un hoyo y al lado de una inmensa cueva. Sus pequeñas cabañas, muchas ya destrozadas, le dan apariencia de poblado de diminutos. Pero las trazas del antiguo camino que aún se conservan, dicen bien a las claras de su importancia en tiempos pasados. Unas preciosas vistas del Cornión completan la estampa. Es una pena que se deje desaparecer esta y tantas otras majadas que pueblan nuestros Picos de Europa, la enseña de nuestro logotipo de Paraíso Natural. Los paraísos, para que lo sean, han de cuidarse y el cuidado no va solamente por sacar un provecho económico gracias a sus visitantes, hay que mantener lo que le da identidad y ente caso pasa por mantener lo que en otros tiempos sirvió para que este espacio natural llegase a nosotros en buenas condiciones. La prueba está en que aquellas majadas totalmente abandonadas, son pasto de la maleza que provoca su desaparición.

Pero no es este el momento de filosofar. Os estaba contando nuestras peripecias camino de Llerosos, al que ya sentimos mucho más próximo. Salimos de Beresna ascendiendo a la Horcada los Bueyes que es la collada que se forma junto al Joracao de Beresna y que nos dará paso al Llerosos, cuya mole ya tenemos ante nosotros. Una inmensa canal desciende por nuestra derecha. Es la Canal de Fuentes de Rama que baja hasta el Cares. La subida al Cabezo Llerosos la hacemos sin mayores problemas, siguiendo los jitos que van orlando el sendero que se dibuja en zigzag por la cara occidental de la montaña. La amplia cumbre nos recibe con un pequeño belén, un piole a modo de buzón montañero, y el monolito cilíndrico del vértice geodésico. Las vistas son asombrosas. Todo parece estar cercano desde esta cumbre. El Central, al este, nos muestra casi todas las cumbres. Echamos en falta el emblemático Urriellu, pero sabemos que poco más adelante podremos disfrutar de su inequívoca imagen. La profunda hendidura del Cares nos separa del pastel de cumbres de los Urrieles. Al sur, como un grandioso montón de piedras, el Cornión nos muestra su cara más abrupta. Un paisaje lunar forma la inmensa ladera plagada de picos que vamos desgranando como si de un racimo de uvas se tratase. Al oeste el cercano Jascal y adivinamos más que vemos, el tortuoso camino que hicimos para llegar aquí. Por el norte... nada. Las nubes lo cubren todo y amenaza con taparnos también a nosotros, lo que pone nerviosa a la expedición. Antes de partir de este maravilloso mirador, debemos situar nuestro próximo objetivo, que no es otro que el colladín verde que vemos a nuestros pies con ligera dirección noreste y por debajo de otra franja más alargada y también del mismo color. Debemos orientarnos desde la cumbre, ya que cuando empecemos a bajar lo perderemos de vista. Es fácil de distinguir si conseguimos situar el Cuetón, ya que se encuentra entra media distancia entre los dos. Fijado el punto al que debemos llegar, descendemos nuevamente a la Horcada los Bueyes y vamos fijándonos en los jitos que nos ayudan a seguir el casi imperceptible sendero por una zona muy caótica en la que se entremezcla la piedra y la maleza. Subimos y bajamos bordeando, cuando podemos, los jous, o descendiendo hasta lo más profundo cuando no queda otro remedio. Después de un interminable sube y baja, vemos nuestro destino, el collado que nos da paso a la Majada de Beceña. Es una alargada pradera con dos cabañas. La vemos a nuestros pies en una hondonada. Una mirada al este y aparece el Urriellu. Descendemos a Beceña y recorremos la pradera en toda su longitud para salir por la parte opuesta, un collado que nos transporta a una sucesión de valladas paralelas unas a otras. La imagen del Urriellu nos acompaña. Vemos las cabañas de Ondón y comprendemos que tenemos que cambiar de valle para acceder a él. El paso al otro valle lo podemos hacer en varios puntos. Nosotros lo realizamos por un canalón casi vertical pero con buenos agarres y de fácil descenso. Llegamos a una zona de pradera por la que vamos bajando hasta que se cierra por las rocas. Giramos a la izquierda y pasamos a una zona de piedras sueltas por la que vemos algunos jitos. Los seguimos en ligero ascenso con dirección noreste y tras cruzar un pequeño collado, descendemos a la fuente de Ondón, en muy mal estado, y a continuación alcanzamos las cabañas de esta preciosa majada, desde la que deberíamos tener unas estupendas vistas del Urriellu, pero la niebla no nos lo permite. Un pequeño descanso para recuperar fuerzas y ya entre la niebla iniciamos la bajada de la Canal de las Bobias. Es fácil dar con ella. Solamente seguir el sendero marcado en la hierba que con dirección este y en descenso, nos sitúa en el inicio de la canal Luego todo es seguir el camino que serpentea en múltiples revueltas. Por cierto que lo encontramos muy diferente a nuestra última visita, allá por el mes de junio. Se nota que las tormentas y el agua hicieron un buen trabajo. Pasamos por la cabaña de Esmenadorio, dejando a la derecha el sendero que se dirige a Pregüeles. Más abajo pasamos cerca de otra cabaña, es La Rasuca. Abajo ya vemos los tejados de Camarmeña y poco después, caminamos por sus hormigonadas calles. Descansamos del fatigoso descenso, refrescándonos un poco en uno de los dos bares del pueblo, para continuar, ya por la carretera, el kilómetro largo que nos separa de Poncebos, donde nos espera el autocar.

Una preciosa y dura ruta de montaña. Dura por su longitud y por la gran cantidad de jous que se han de pasar. Es una ruta complicada y que demanda concentración para poder seguir el buen camino. Yo debo confesar que lo pasé mal y no la disfruté lo que hubiera querido. Una mala noche y algunos problemas estomacales, mermaron mis fuerzas. Pero quiero desde estas líneas, dar las gracias a todos los participantes en la ruta, por su preocupación por mi estado y en particular a los que estuvieron más cerca de mí y me animaron para poder concluirla con éxito. A todos, muchas gracias.

La próxima semana tenemos otra de las rutas que cambiaron de fecha. Nos vamos a Orlé, para por Vallu Baju, Vallu Mediu y Vallu Altu pasar por Purupintu y alcanzar la Foz de Saolla en las cercanías de la Llambria y seguir hasta la pista que une Vallemoro con Taranes para descender al Río les Cuerries y siguiendo su cauce, concluir en la carretera que une Sellaño con Beleño, en el lugar conocido como Puente Les Cuerries. La ruta es:

Orlé (660 m) – La Felguera (1.210 m) – Collau Friera (1.334 m) – Collá Los Duernos (1.423 m) – Pasada Mosquiton (1.428 m) – Mayada el Covallón (1.450 m) – Foz de Saolla (1.000 m) – La Huera (760 m) – Collau Valleyu (1.050 m) – Collado Llués (1.130 m) – Río les Cuerries (600 m) – El Escaleru (356 m) – Puente les Cuerries (300 m)

Tenemos pedido el autocar de 21 plazas. No dejéis para muy tarde el apuntaros que os podéis quedar sin plazas, como pasó la semana pasada. Espero vuestras llamadas.

lunes, agosto 27, 2007

ASCENSION A PEÑA ORNIZ Y... DESCENSO DE LA CERVATA

Antes De nada, deciros que nos encontramos todos bien y sin problemas. Este último sábado teníamos una sencilla y plácida ruta desde la Cueta a Peña Orniz, con final en Torre de Babia, después de sobrepasar la Cervata, una pequeña tachuela que hace collada con Orniz.

Comenzamos a caminar con un día extraño, climatológicamente hablando, con algo de sol y algunas nubes en los alrededores. La temperatura agradable y la pista señalizada en todo el recorrido del Río Sil, hasta su nacimiento. El camino va ascendiendo lentamente y casi sin esfuerzo hasta las Praderas de Cebolleu en las que, en vez de seguir por el margen derecho del río, para alcanzar la majada de Covalancha, cruzamos al izquierdo dejando el río a nuestra izquierda, ascendiendo cómodamente a los Puertos de Covalancha primero y a los de Cuetalvo después. En una extensa pradera a los pies de la Peña Llana y al lado de un indicador de la ruta de las Fuentes del Sil, cruzamos lo que queda de río para dirigirnos a los derrumbes que bajan del Cuetalvo, siguiendo las indicaciones aún de la mencionada ruta y acercándonos a la ya próxima Peña Orniz. Abandonamos las indicaciones del PR de la Fuentes del Sil y continuamos a nuestra izquierda por un marcado sendero, en dirección a la peña.

El día parece complicarse y las nubes ya lo cubren todo. Un frío viento nos acompaña y nos trae algunas gotas de agua que no nos dan buenos augurios. Una nueva bifurcación antes de dar vista a Las Morteras en la Collada de Orniz, aún nos permite abandonar la ascensión si seguimos por la derecha a buscar el camino que va a los pies de la Cervata hacia los Prados de Troméu. Nosotros seguimos por la izquierda ascendiendo un canalizo herboso que nos sitúa a los pies de Orniz. Una canal entre dos peñas parece factible, pero no tenemos ganas de complicarnos la vida y seguimos por el sendero que nos lleva a los pies de la peña por su cara sur. Luego ascendemos poco a poco por la terrosa ladera, para alcanzar una estrecha canal que en fácil ascenso nos sitúa en lo alto de la Peña Orniz, 2.191 metros al decir de Adrados.

El viento es aún más frío y nos obliga a poner las prendas de abrigo que llevamos, Alguien se cuerda de los guantes. Pero todo es superfluo ante las vistas que se nos presentan. Al norte y en primer término, los Albos que visitamos no hace mucho. Con imaginación hasta podemos vislumbrar un poco del lago del Valle. A nuestros pies, el paisaje lunar de Las Morteras, por la que vemos pasar un grupo de motos. A la izquierda, oeste, el vértice inconfundible del Cornón y más cercana la mole de Penachana, rodeada de un sinfín de cumbres. Al este, Peña Ubiña trata de quitarse una nube que la cubre a nuestros ojos, mientras la Pequeña se ofrece rodeada por un extraño halo luminoso. A nuestro lado, la Torre de Orniz y algo más alejadas Muria Brava, el Pico Blanco, el Calabazosa y el Morro Negro, conocidos de anteriores andanzas.

Por el sur, por tierras leonesas, la cercana Cervata unida a Orniz por una amplia collada hoy casi cubierta de ovejas que nos vienen siguiendo desde la zona de Covalancha. Más a la derecha el impresionante murallón del Montihuero, las Coloradas y Peña Redonda, con la inconfundible laguna de Las Verdes a sus pies. Y detrás, el inicio de la extensa llanura de Castilla. En el valle, tratamos de vislumbrar la zona en la que se encuentra nuestro destino, Torre de Babia.

Cubierta la tarjeta y hechas las fotos de rigor, decidimos reanudar la marcha, ya que la climatología no ofrece nada bueno. Descendemos rumbo a la ancha collada que nos une a La Cervata y por ella, en pocos minutos alcanzamos la cumbre de esta sencilla montaña. ¡Sencilla montaña! Su cara sur es un abismo de muchos metros de altura. Las caídas son impresionantes. Abajo en el pedrero, descansa un grupo de rebecos que al sentir nuestras voces, escapan de la zona. Las vistas cambian y al norte vemos todo el cierre que nos separa de Asturias, con Orniz, Muria Brava y el Pico Blanco. Por el oeste, el Montihuero está más cercano y la Laguna Verde se ve mejor. Por el sur, salvado el abismo, dos pistas que se unen en el valle y se dirigen a Torre de Babia, que no vemos.

A pesar de las vertiginosas caídas que tenemos ante nosotros, nos decidimos a bajar por ellas, para no dar un rodeo por cualquiera de los dos lados de la peña. Como dice el otro: “para atrás, ni para coger impulso”. Y nosotros no lo queremos coger. Caminamos un poco al este buscando una collada más propicia para iniciar el descenso y con mucho cuidado para evitar resbalones, iniciamos la bajada por una zona de hierba y tierra, que al estar húmeda, nos ofrece buen agarre y evita los resbalones. Buscando siempre los mejores pasos, alcanzamos una pequeña terraza donde nos espera nuestro serpa Carrete, que trata de encontrar una salida a esta situación. “Seguidme”, grita imperturbable. Y nosotros nos deslizamos ladera abajo sin querer pensar que nos vamos a encontrar más allá. Un hombro a nuestra izquierda, nos da paso a la derecha a una deslizante zona herbosa. “¡Carrete!, ¿cómo está eso? Y Carrete nos miente y nos dice: “¡Bien!”. Nosotros seguimos, algunos con un pequeño despiste, y nos acercamos a donde él se encuentra y miramos y no vemos. “Mira, por allí se ve un regato por el que baja el agua”, dice Fernando. Si, por ese regato, afortunadamente seco, debemos descender nosotros. Nos acordamos de Adolfo y echamos mano del “freno hidráulico”. Culo al suelo y a descender poco a poco por el deslizante tobogán, amarrándonos unas veces a las rocas y otras a las hierbas que no eran tal si no pinchos que no hacían mella en nosotros concentrados como estábamos en lo que hacíamos.

“¡Aquí ya está bien!”, nos hace saber una ya alegre Tere, aunque lo de estar bien, es con referencia a lo que acabamos de pasar. Una desagradable pedrera nos espera. Ya no necesitamos asentar nuestras posaderas en el suelo, pero las posibilidades de que esto ocurra se hacen patentes. La pedrera es muy desagradable. No tiene la suficiente piedra para poder deslizarnos por ella y el descenso se hace lento. Buscamos la hierba de la izquierda y conseguimos algo más de rapidez.

Al fin se acaba el duro descenso. Miramos atrás y contemplamos boquiabiertos lo que acabamos de bajar y nos parece imposible. Al tiempo, comprobamos que era la única zona más o menos factible, ya que el resto eren caídas verticales imposibles. Después todo fue coser y cantar. Alcanzamos la amplia pista y por ella fuimos descendiendo lo que nos restaba para llegar a la ansiada meta de Torre de Babia, donde nos esperaban hambrientos el resto del grupo, ya que en el pueblo no hay bar y tuvimos que desplazarnos un poco hasta la recién remozada carretera, donde una fábrica de chorizos con bar adosado, nos sirvió para dar buena cuenta de los manjares que portábamos.

Hasta aquí el relato de esta preciosa ruta que hicimos a Peña Orniz. Pero no queda aquí la cosa. La próxima semana haremos el cuarto intento para la conquista del Cabezo Llerosos y esperamos que esta sea la vencida y logremos poner nuestros pies en tan ansiada cumbre. La ruta es:

Bufarrera (1.162 m) – Majada de Belbín (1.046 m) – Braña Redonda (1.050 m) – Vega Espines (1.075 m) – Collado La Muda (1.250 m) – Camplengo Viejo (1.290 m) – Collado Verancielles (1.450 m) – Majada de Beresna (1.590 m) – Horcada de Bueyes (1.696 m) – Cabezo Llerosos (1.792 m) – Collado de Beceña (1.490 m) – Majada de Beceña – Majada de Ondón (1.330 m) – Canal de la Bobia – Esmenadorio (950 m) – Camarmeña (490 m) – Poncebos (230 m)

Una espectacular ruta que si el tiempo acompaña podremos disfrutar, con maravillosas vistas de Picos y en especial del Urriellu. La salida para esta ruta la haremos de San Andrés a las 6,30 de la mañana, (no a las 7,30 como pone en el calendario). El plazo de inscripción está abierto y no quedan muchas plazas. El que llegue tarde, se puede quedar sin poder ir. Espero vuestras llamadas.

lunes, agosto 20, 2007

LA TORRE DE ENMEDIO, EL TECHO DE ESTE AÑO

La Torre de Enmedio, en el corazón de las Peñasantas, ha caído. Fue una dura ruta, pero conseguimos colocar a 13 valientes en la cumbre.

La mañana en Los Lagos se mostraba estupenda. El cielo azul y ni una nube. La Torre de Santa María estaba radiante y como nunca la había visto. A las nueve de la mañana comenzamos a caminar animadamente por la pista que atraviesa la Vega de Enól, mientras las vacas desayunaban plácidamente. En el aparcamiento de Pan de Carmen había bastantes coches. Cruzamos Vega la Piedra al mismo tiempo que un grupo de pastores que pronto perdimos de vista. Me fijé en su calzado. La mayoría usaba escarpines y chanclos. El ya conocido camino no nos deparaba sorpresa alguna y simplemente caminábamos haciendo algunas fotos a la Torre de Santa María recortada sobre nuestras cabezas en el cielo azul. Vega Canraso, Cuenye los Pavos, La Rondiella, La Cabeza el Pare, Collada Gamonal y Vegarredonda. Un pequeño descanso para agruparnos y coger agua de la fuente y charlar un poco con Javier Malo, guarda del refugio, aprovechando para agradecerle una vez más, la ayuda que nos prestó el día que hicimos la ruta a Vega de Ario. Luego continuamos camino hacia el Refugio Viejo, donde otra fuente nos sirve para llenar las cantimploras.

Comenzamos la fuerte subida de la Cuesta la Asunciana hasta Llampa Cimera, donde los caminos se separan. Por la izquierda, continua hacia el Collado la Fragua y las Barrastrosas. Nosotros seguimos por la derecha a pasar bajo las inquietantes paredes calizas del Porru Bolu. Al poco cruzamos las camperas de Vega los Pozos donde cogemos un empedrado camino con una serie de tornos, por el que ganamos altura. Salimos a las verdes praderas de les Merines, donde el sendero serpentea en duro ascenso entre la hierba. Si miramos atrás, allá en lo más hondo vemos las azules aguas del Lago Ercina y nos damos cuenta de lo que llevamos subido. Continuamos por el marcado camino, hasta alcanzar el Collado La Mazada, bajo la atenta mirada de la mole calcárea del Requexón. En la Mazada se nos abre una magnífica ventana a la montaña de Ponga y a la de toda Asturias. El Mampodre, Ten y Pileñes, Collau Zorru, El Recuencu, la montaña de San Isidro, Maciedome, Tiatordos, Campigüeños, Peña Taranes, La Llambria, las Ubiñas y el Aramo. Toda Asturias se encuentra a nuestros pies y se pueden distinguir todas sus cumbres. Una profunda depresión, el Jou Lluengu, nos separa de La Torrezuela, mientras que por la izquierda una dura cuesta herbosa asciende a las Torres de Cebolleda.

Un marcado sendero bordea por la izquierda el Jou Lluengu pegándose a las aplomadas paredes de las Cebolledas. El sendero describe un semicírculo para perderse tras unas rocas. Pasada esta esquina contemplamos con pavor lo que nos falta por cubrir para alcanzar la anaranjada collada de la Horcada de Santa María. Pero antes pasamos por Fuente Prieta. Una diminuta tienda de campaña duerme sobre la pequeña mancha verde entre las blancas piedras. El sendero comienza a trepar por la pedrera que desciende de la horcada. Vuelta tras vuelta vamos ganando altura. A mitad de la subida esta se hace más y más penosa. El sendero casi desaparece para formar una mancha de los pasos de quienes nos precedieron, pero el camino se hace resbaladizo y casi damos más pasos hacia atrás que adelante. Nos pegamos a las paredes que por la derecha descienden de la Torre de La Horcada y ya cerca del collado, comenzamos a trepar por las rocas aprovechando un corto canalizo por el que alcanzamos lo más alto del paso.

La mirada a la cara este de la horcada nos estremece. Hace tiempo que alcancé este punto para subir a la Torre Santa, pero no era ese el recuerdo que tenía del descenso al Jou Santu. Un terreno destrozado y pendiente, lleno de piedras y tierra, por el que apenas se distingue un sendero. Con las indicaciones que nos dieron, fuimos descendiendo pegados a las paredes de la Torre Santa tratando de no resbalar en las torrenteras de piedras. Realmente teníamos que haber descendido muy poco para luego atravesar la canal en horizontal, con el fin de buscar el sendero que bajo los desplomes este, de la Torre de la Horcada, se dirige al collado que se forma entre esta y la Torre de En medio. Pero el resto del grupo se encontraba mas abajo, en una repisa a los pies de ambas torres y hacia allí dirigimos nuestros pasos tras atravesar el mermado nevero de la canal. Dejamos las mochilas y comenzamos a trepar por los canalizos en los que el único problema es la caída de piedras de los que van delante, ya que la trepada es sencilla y con múltiples asideros. Dos rebecos sobre nuestras cabezas nos observaban con interés y a escasos metros. Alcanzada la collada que se forma entre las dos cumbres, solo resta ascender a la Torre de En medio, sur, con otra sencilla trepada.

Magníficas vistas de la Peña Santa, el Central, La Torre de la Canal Parda, Peña Santa de Enól o Torre de Santa María, las Torres de Cebolleda y la cercana Torre de la Horcada, amén de toda la montaña descrita anteriormente. Las vistas son estupendas y apetece quedarse allí, pero el tiempo apremia. La ascensión nos llevó cerca de las 6 horas y luego vienen los problemas con los conductores. Descansamos un poco, cubrimos la tarjeta, hicimos las fotos de rigor y comenzamos el descenso. Más o menos utilizamos las mismas canales de subida, teniendo más precaución si cave. Dado que teníamos el precipicio frente a nosotros, pero la piedra es buena y su adherencia aún mejor y lo único que debíamos evitar eran las piedras sueltas que, además de hacernos resbalar, las podíamos echar sobre los compañeros que nos preceden.

Recuperadas las mochilas, continuamos el descenso siguiendo el sendero jitado que fácilmente nos sitúa en el Camino del Parque en la Boca del Jou Santu. Un mar de niebla cubría ya toda Asturias, mientras que nosotros seguíamos disfrutando del sol acompañado de una fría brisa que nos evitaba el pasar calor. En el Jou de los Asturianos nos paramos media hora a comer algo delas viandas que portábamos y luego continuamos por el camino de Las Barrastrosas, bajo los desplomes de los Argaos, hasta el Collado de la Fragua y poco después Llampa Cimera. Nuevamente nos encontrábamos en el camino que hicimos en la subida. El descenso a Vegarredonda fue rápido y a la altura del Refugio Viejo la niebla nos cubrió. Tomamos una cerveza en el Refugio nuevo y continuamos camino bajo la humedad de la niebla que lo empapaba todo. Siguiendo las marcas amarillas recién pintadas en las piedras que orlan el camino, pudimos realizar este descenso, ya que la visibilidad era prácticamente nula. Poco más debajo de Vega la Piedra salimos de la niebla y ya con buena visibilidad acometimos el resto de la pista por la que después de 10 horas y media, alcanzamos el punto de partida en Les Valeres.

Cansados y mojados pero felices por haber concluido una preciosa ruta por lo más intrincado del corazón del Cornión y conquistar la cumbre más alta de las programadas para este año, emprendimos el viaje de regreso a casa.

Pero esto continúa. Ya estamos pensando en la ruta del próximo sábado que tampoco es manca. Orniz es un hueso duro y más desde La Cueta, y eso es lo que tenemos. La ruta es:

La Cueta (1.442 m) – Praderas de Cebolleda (1.580 m) – Puertos de Covalancha - Puertos de Cuetalbo (1.920 m) – Peña Orniz (2.194 m) – Collado Cuetalbo (2.050 m) – Pico La Cervata (2.089 m) – Collado Cuetalbo (2.050 m) – Prados de Tremeo (1.680 m) – Torre de Babia (1.284 m)

Ya está abierto el plazo de inscripción para poder realizar esta ruta por tierras entre León y Somiedo. No deberías perdértela. Es una muy bonita ruta. Llamarme antes del jueves u os podéis quedar sin plaza.

lunes, agosto 13, 2007

CONOCIMOS OTRA CANAL DE PICOS

Este sábado, con un día estupendo, nos fuimos a conocer otra de las múltiples canales de Picos: la de Las Arredondas, en el Macizo Oriental o de Andara.

Una Vez más hubimos de ascender por la denigrada pista del Casetón de Andara para acceder al Collado de Aldea, donde variamos el rumbo de la ruta anterior al Sagrado corazón, continuando a la derecha por la indicada ruta de la Morra de Lechugales.

Pasamos bajo la impresionante Torre del Grajal, dejándola a la izquierda para acometer la ascensión por la canal del Callejón, que en continuados zigzag nos aúpa a lo alto de la Canal del Mojón, a los pies de La Rasa y del Grajal de Abajo. Es una cómoda ascensión gracias a los restos de las pistas que sirvieron de acceso a las minas que se explotaron en esta zona: Mazarrasa, Providencia, Arredondas, Evangelista...

En pocos minutos podemos alcanzar la cercana cumbre del Grajal de Abajo (2.248 m) que nos queda a la derecha (oeste) o ascender por la pedregosa ladera de la derecha hasta el punto culminante de La Rasa de la Inagotable (2.284 m). No nos será posible ir más allá, pues el abismo que encontramos en la cumbre, haciendo de magnífico mirador de la Liébana, nos lo impide. Una impresionante cortada vertical nos separa de la cercana La Junciana o Llambriales Amarillos, que se encuentra unida a su vez, con la ya conocida cumbre del Sagrado Corazón.

Volviendo la vista hacia el Collado del Mojón, una extraordinaria ventana se abre entre el Grajal de Abajo y el Grajal de Arriba. Las emblemáticas cumbres del Macizo Central hacen su aparición. Castíl, el Picu, Tiro del Oso, La Morra, Los Cuetos del Trave, El Neverón, La Párdida, Cabrones y el inconfundible cono truncado del Torrecerredo. Un abigarrado manojo de cumbres que se muestran ante nuestros ojos. Más a la izquierda, las más cercanas (¿) del Jierro, Lechugales y la Silla del Caballo Cimero y como separación, la profunda Canal de las Arredondas.

Después de un merecido y gratificante descanso, con una temperatura de lo más agradable, iniciamos el descenso hacia el vecino collado del Mojón, para, por la izquierda, acceder a los comienzos de la pista que en su día sirvió de acceso a las minas desde el lado de La Liébana. Si nos fijamos, el camino armado se dirige a nuestra izquierda, dando vista a la canal, para pronto girar a la derecha. Luego debemos abandonar el ramal que continúa con ligera ascensión y que sirve para vadear la mole rocosa del Grajal de Abajo para poder continuar el camino hacia la Pica del Jierro y la Morra de Lechugales. Aquí la zona está muy derruida a causa de las piedras y el camino casi se pierde. Algunos jitos nos dirigen al centro de la canal, pero nosotros optamos por ir un poco a la izquierda saltando entre las rocas, hasta encontrar un sendero que poco a poco nos va descubriendo los restos del ancestral camino dela mina. Este camino, poco transitado, es fácil de seguir a poco que nos fijemos, ya que baja en continuos zigzag, buscando siempre los mejores pasos. Por la derecha y casi en el centro de la canal, vemos el sendero más transitado que desciende casi vertical. El nuestro por el contrario, lo hace más en horizontal lo que evita forzar las rodillas. Quizá sea un poco más largo, pero merece la pena, entre otras cosas, por servir para que no desaparezca esta ingente obra de nuestros antepasados. Bien es verdad que se precisa atención para no perderlo en las zonas en las que se encuentra más deteriorado, pero al principio se hace más sencillo gracias a los restos de antiguas edificaciones que nos indican del paso del sendero.

Como digo, el comienzo del camino va por la parte izquierda de la canal, en el sentido del descenso, hasta que en un momento dado vira a la derecha a unirse al que decimos baja más vertical. Luego alterna los dos márgenes hasta que en la pedrera se decanta por el lado derecho, volviendo nuevamente al izquierdo al finalizar esta y convirtiéndose en un muy marcado camino cuando iniciamos la zona de las praderas ya al final de la canal, en la zona de las Cabañas de Lon.

Luego debemos cruzar el hoy cauce seco del Arroyo de la Vega que baja del Collado de Untuje de Lon, para enseguida alcanzar la pista en la que un cartel nos indica la dirección en una bifurcación. A la izquierda iríamos a Lon y por la derecha, dirección que tomamos, nos queda una hora (escasa) hasta Brez. La ahora amplia pista, asciende ligeramente para superar un hombro del Castro Las Cerras, que nos separa del pueblo montañés de Brez. Desde este hombro ya divisamos abajo en la carretera entre Brez y Tanarrio, la ansiada figura de nuestro autocar que nos está esperando. Bajamos entre las acondicionadas casas de Brez para alcanzar la carretera y en pocos minutos alcanzamos el final de esta ruta, que bien se puede realizar en 7 horas, aunque los más lentos del grupo lo hicimos en 7 y media.

La canal en cuestión, es preciosa. Es larga y muy abierta, aunque no tanto como Dobresengos, pero preciosa. No sé si lo será tanto subiéndola, pero el descenso es muy agradable y no se hace demasiado sura si se realiza como comento más arriba, por el antiguo camino de la mina o lo que queda de él.

Para el próximo sábado tenemos la que podemos denominar como ruta cumbre de este año, en lo que a altitud se refiere, ya que pretendemos ascender a la Torre de Enmedio en el Cornión, de 2.467 metros y es por tanto, la máxima cota que tenemos en el calendario de este año. Promete ser una ruta inolvidable, por la zona en la que transcurre y como observatorio de esas dos cumbres señeras del Macizo Occidental, que son la Torre de Santa María y la Peña Santa. El recorrido propuesto es:

Collado Les Valeres (1.107 m) – Pozo del Alemán (1.040 m) – Vega La Piedra (1.100 m) – Vegarredonda (1.470 m) – Llampa Cimera (1.810 m) – Llano Los Pozos (1.850 m) – Collado Les Merines (2.041 m) – Fuente Prieta (2.150 m) – Horcada de Santa María (2.354 m) – Torre de Enmedio (2.467 m) – Horcada de Santa María (2.354 m) – Boca del Jou Santu (2.095 m) – Jou de los Asturianos (2.041 m) – Las Barrastrosas – Collado La Fragua (1.913 m) – Llampa Cimera (1.810 m) – Vegarredonda (1.470 m) – Lago Enól (1.063 m)

Realmente no quedan muchas plazas para completar el autocar, así que el que no se dé prisa, se quedará sin asiento y no podrá disfrutar de esta ruta.

También os tengo que decir, que tendremos que comer en Vegarredonda a la vuelta, pues la ruta se va a hacer larga y luego no podremos hacer paradas.

También os quiero confirmar el cambio que hacemos en el calendario. Definitivamente, el día 1 de Setiembre vamos a hacer la ruta de Llerosos y el Ferreirúa lo dejamos para el día 22 del mismo mes. Ya, cuando al final de este mes, publique las próximas rutas, veréis estos cambios

lunes, agosto 06, 2007

CONTEMPLANDO LOS LAGOS DE SALIENCIA A VISTA DE PÁJARO

Coincidiendo con el anunciado día de más calor de todo el verano, el sábado pasado hicimos una bonita ruta montañera por tierras somedanas, a unos estupendos miradores, como son los Picos Albos. Modestas cumbres que nos deparan unas inmejorables vistas de los lagos de Saliencia, tal como los verían los buitres que nos acompañaron cerca de la cumbre.

El punto de partida y de llegada era el mismo: Torrestío, con lo que los que no quisieran hacer la ruta completa, solo tenían que volver por donde subieron sin problemas de orientación y sin posibilidad de perdida.

Salimos del montañero pueblo leonés, por la calle en la que la típica señal de tráfico nos indica del peligro de las gallinas y tras cruzar el puente sobre el Río la Carrera y, tras dejar a la izquierda la pista hormigonada que en duro ascenso, se dirige al Valle de Valverde, continuamos por la pedregosa pista que sube por el Valle de Sañedo, hasta su punto culminante en el Alto de la Farrapona o Collada Balbarán. EL principal entretenimiento en esta subida de aproximadamente una hora, radica en girarse en dirección a Torrestío y contemplar la imponente silueta de Ubiña y las cumbres que la acompañan.

Alcanzado el collado, vemos que con dirección este desciende una pista, hoy de tierra de un impactante color rojo, debido a las obras de acondicionamiento, que baja al pueblo de Saliencia. Nosotros seguimos, también en descenso, por la otra pista que un poco a la izquierda, sureste, sale del collado. Por ella alcanzamos el primero de los lagos del día, el Lago de La Cueva. Un bonito lago enmarcado en un terreno muy deteriorado por el uso minero que se dio a esta zona. Hoy en día se trabaja en la recuperación del entorno.

Siguiendo a la orilla del lago, la pista continúa iniciando una zigzagueante ascensión con clara orientación sur y señalizada con marcas blancas y amarillas de una ruta de pequeño recorrido. P.R. AS-15 Ruta de los Lagos de Saliencia. Bonitas vista del lago de la Cueva que va quedando en el fondo de la depresión. Poco antes de coronar en las Vegas de Cerveriz, dejaremos a la izquierda una depresión, vacía en verano, pero que en la primavera e invierno, alberga el Lago de la Mina. Luego sus aguas se sumen o evaporan dejando las marcas donde primero hubo agua. Las vegas de Cerveriz son un alargado pastizal que recorremos con la vista desde el alto al que nos lleva la pista. Aquí tenemos al frente, sur, el paredón que forman los Picos Albos, como muro de contención de las aguas del Cerveriz a nuestros pies. A la izquierda, tapado por los muros pétreos que lo contienen, se encuentra el Lago de Calabazosa. Los carteles que hay en la zona, nos dirigen a uno u otro. Nosotros seguimos por la pista que se introduce en las praderas, buscando la pequeña caseta que se ve a los pies de los Albos a la derecha del lago.

Desde el chozo de pastores, son varios los senderos que nos permiten ascender por el murallón que nos corta el paso. Uno de los más recomendables pasa sobre la zona amarronada de los excrementos de las ovejas que allí se guardan en temporadas, caminando entre las piedras hasta encontrar los primeros jitos que nos direcciónan hasta alcanzar una depresión en la que en otros tiempos también se almacenó agua, pero que hoy se encuentra seca. Son Los Pozos, una bonita vega entre calizas. La mejor opción es continuar por la derecha a buscar un incipiente sendero que nos trasporta bajo los contrafuertes que se precipitan del Albo, a superar un hombro que da paso a una nueva depresión. La cruzamos a buscar el paso, perdiendo algo de altura, por el muro de caliza que vemos enfrente, oeste, y que una vez superado alcanzaremos un sendero que retorna a la orientación lógica en dirección al collado que vemos arriba a nuestra derecha, sur. En el collado se unen las distintas posibles subidas que tiene este recorrido. Seguimos subiendo por la hierba y un poco a la derecha a buscar una horcada que por el sur, tiene el Albo Occidental y por la que la subida es más cómoda. Desde la horcada tenemos una estupenda vista del Lago del Valle con su pequeña isla en el centro. A la derecha de la horcada se descubre el sendero que trepa por la roca hasta alcanzar la cumbre del primer Albo del día, el Occidental de 1.071 metros de altitud y un estupendo mirador de la montaña de Somiedo. A nuestros pies el Lago del Valle y toda la vallada que se extiende hasta Valle de Lago y enfrente Peña Chana y más lejos el Cornón. Por el sur destacan sobre un campo lunar, los paredones de Peña Orniz, que visitaremos a finales de mes, mientras que por el este la próxima cumbre a ganar, el Albo Oriental, y tras él, las calizas murallas de Ubiña.

Descansamos contemplando este inmenso paisaje y después de un buen rato iniciamos el descenso por el mismo sitio por el que subimos, pero al poco de pasar junto a la horcada, seguimos con dirección sur para acercarnos al monolito de color terroso que tenemos enfrente que se denomina Albo Central o Pico Rubio. Debemos alcanzar una collada que mira por el oeste al Lago del Valle y por el este a una profunda sima. La atravesamos y seguimos en la misma dirección por la zona herbosa que tiene el Rubio por su ladera oeste, hasta llegar a una zona en la que entre las rocas se adivina un pasadizo que nos conduce a la cara norte del pico, por la que progresamos en sencillas trepadas hasta la cumbre del Pico Rubio, 2.052 metros. Permanecemos poco tiempo en esta cima que nos depara las mismas vistas que el anterior, pero previamente hacemos una composición de lugar para poder cruzar el caótico paisaje que tenemos a nuestro pies en dirección al Albo Oriental.

Descendemos primero por el mismo canalizo por el que subimos, para después buscar por la derecha un paso que nos lleve a un colladín desde el que también a la derecha, sur, debemos descender ligeramente para después ganar una repisa al este desde la que alcanzar con dirección primero norte y luego este, la rampa que sube a nuestro siguiente objetivo.

Caminamos penosamente por la inclinada ladera. El sol comienza a calentar y solo las tímidas ráfagas de aire nos refrescan del día de más calor al decir de los meteorólogos. Rodeando el peñón que se nos presenta enfrente, alcanzamos la cima del Albo Oriental de 1.109 metros, colgado sobre las negras aguas del lago más profundo de esta zona, el Lago Calabazosa.

Aquí vemos a tiro de piedra las Ubiñas y el resto de la montaña que ya habíamos contemplado desde las dos cumbres anteriores. De todos modos, es un buen lugar para el descanso y lo aprovechamos bien.

El descenso lo hacemos por toda la ladera por la que subimos, buscando el inicio del embudo que se ve más abajo, Una vez alcanzado, rodeamos la depresión por la derecha siguiendo un sendero, hasta alcanzar el collado norte por el que baja el camino. A nuestros pies iremos viendo agrandarse el cuenco del Lago Cerveriz, a medida que descendemos. Los jitos nos marcan nuevamente el camino a seguir y alcanzamos una pradera en la que se ve un camino a la izquierda mientras que los jitos siguen por el medio. Es más recomendable seguir los jitos de piedras aunque por cualquiera de los dos lugares se llega al mismo sitio. Un sendero zigzaguea con tendencia oeste y sin mayores problemas, alcanzamos la Vega de Cerveriz. Lo más cómodo es seguir las praderas al Oeste buscando las inmediaciones del Chozo desde el que iniciamos la ascensión, para ahorrarse primero el descenso a las orillas del lago y luego la dura subida hasta la pista del P.R. que recorrimos a la ida. Luego descendemos por el mismo camino hasta finalizar la ruta en Torrestío, ya con el calor apretando fuertemente.

El próximo sábado volvemos a Picos a su Macizo Oriental o de Andara, para ganar una sencilla cumbre, La Rasa de la Inagotable, desde la que esperamos poder contemplar unas bonitas vistas del Macizo Central, amén de las cumbres que la rodean. Pero la ruta está puesta para conocer la Canal de las Arredondas por la que descenderemos para llegar a Tanarrio. El recorrido es:

Jito de Escarandi (1.290 m) – Casetón de Andara (1.725 m) – Collada de la Aldea (1.807 m) – Castillo del Grajal (2.091 m) – Collado del Mojón (2.208 m) – La Rasa de la Inagotable (2.284 m) – Canal de las Arredondas – Cabañas de Lon (1.300 m) – Brez (730 m) – Tanarrio (650 m)

La salida la efectuamos a las 6,30 de San Andrés y ya tengo el autocar medio lleno. El que se descuide se quedará sin plaza y no podrá disfrutar de esta estupenda ruta. Además parece que vamos a tener buen tiempo.

lunes, julio 30, 2007

LA LARGA PISTA, LO UNICO MALO

La vuelta después de varios años al Esturbin del Valverde, se convirtió en una larga y penosa ruta a causa de la gran longitud de la pista de descenso a Santibáñez de Murias.

Por lo demás, la cosa fue bien y entretenida. La subida al Esturbin desde el leonés pueblo de Tonín, no tiene ninguna dificultad, salvo los 850 metros de desnivel que hay que vencer. Pero es una subida cómoda hasta la base del pico, acompañados siempre por el cantarín arroyo Tonín, primero y el del Cuadro después.

El valle estaba precioso para esta época. Otras veces que subimos por él a estas alturas del verano ya estaba completamente quemado. Hoy las flores salpicaban el verde de los prados.

El día era bueno, el sol brillaba pero la temperatura no agobiaba, ya que una suave brisa nos refrescaba. Los primeros, como casi siempre, pusieron un ritmo duro para la primera ascensión y llegaron a sacar media hora a los que subimos más pausados.

Al llegar al Collado Estrella de Cuanya, comprobamos como al otro lado, en Asturias, aún no había “amanecido”, las nubes lo cubrían todo y amenazaban con taparnos a nosotros. Por momentos, pudimos ver toda la cordalera que teníamos como cometido para el día, mientras subíamos poco a poco a la cumbre del Esturbin, en la que ya se encontraban nuestros compañeros de ruta. Por la parte de Piedrafita, este, no se veía nada. La niebla que subía a retazos, lo cubría todo por completo.

Se estaba a gusto en la cumbre y allí permanecimos un buen rato recuperando fuerzas. Cuando nos pusimos en marcha, ya comprobamos que el grueso del grupo no estaba por la labor de hacer más picos y buscaban el sendero que soslaya la cresta en toda su longitud. Solo un apretado ramillete de intrépidos caminantes tomamos la cuerda de tachuelas que teníamos enfrente. Descendimos al alargado Collado Valverde, para acometer las sucesivas cota que nos llevarían a la redondeada cumbre del Pub, como reza el letrero de su alta cruz, o el Rañaoriu, como dice en los mapas. Continuamos en dirección norte a buscar la cumbre de la Peña Cuaña, coronada por un vértice geodésico, para traspasarla y seguir camino en busca de la cuarta cumbre del día, el Cotón, anterior a los cuatro picos de La Liebre, que fuimos coronando uno a uno y dejando nuestras tarjetas de cumbres en ellos, amén de dejar constancia de nuestro paso, con las consabidas fotografías.

Coronado uno a uno, los ocho picos con nombre conocido y algunos otros de los que desconocíamos su filiación, pasamos a lo peor del día: el descenso por la interminable pista minera. Primero rodeamos por la derecha, como mandan los cánones, la tachuela de la Quemaona, para, campo a través, ir buscando la pequeña pradera verde que sobre un hombro, se desgaja por la izquierda, oeste. Aquí hay que buscar la mejor forma de descender a la marcada pista que se ve más abajo y que parte de otra verde pradera, unos cuantos metros hacia el valle de Las Mestas. Hay que tener la precaución de evitar las escobas que se ven en la dirección natural, norte, ya que bajo ellas el terreno está cortado. Debemos ir con ligera orientación sur a buscar el pequeño prado que se ve más abajo y del que sale, ya con dirección norte, el comienzo de la pista.

Una vez en ella, hay que armarse de paciencia y comenzar el descenso por la polvorienta pista. La cur4vas a derecha e izquierda se suceden, así como las ramificaciones que unas veces se dirigen al los prados y otros a los distintos chamizos de la Mina la Carmina.

Entretanto, el día mejoró y las nubes desparecieron. Lo que no fue motivo de alegría, ya que el sol caía a plomo sobre nuestras cabezas, para hacer un poco más duro el descenso. Hay que prestar mucha atención, ya que las ramificaciones son continuas. En un momento determinado llegamos a una especie de rotonda, de la que parten tres pistas. Debemos seguir por la que en descenso, sale a la izquierda en dirección sur, dejando la que también desciende al norte y otra en ascenso un poco al este. Pasamos junto a las instalaciones de la mina, descendiendo por la pista con una gran cantidad de polvo de carbón. Artos ya de tantas vueltas y revueltas, nos situamos por fin a la altura del río, después de pasar junto a un depósito de agua, cuando damos vista a una especie de barracones con aspecto de abandonados. Un poco más abajo hay una bifurcación, Puente el Beyu, en la que la pista se convierte en carretera. Dejamos el puente a la izquierda y seguimos de frente. Unos dos kilómetros nos separan de Santibáñez de Murias. La carretera asciende ligeramente, mucho para nuestras cansadas piernas. Comienzan a aparecer las primeras casas de Santibáñez. Dejamos la carretera que desciende entre las primeras casas a la izquierda y continuamos por la más ancha a rodear el alargado pueblo. Pasamos sobre la iglesia y bajo la nueva construcción del hotel Estrella de Cuaña y las antiguas escuelas, convertidas hoy en El Nido del Urogallo, un pequeño museo de esta emblemática ave. La vista del autocar nos hace enormemente felices, la ruta ha terminado después de cerca de nueve horas. Solamente está el chofer, ya que el resto del grupo ya se encuentra en Murias pues en Santibáñez no hay bar y con la hora que nos sacaron, no aguantaron más espera.

Para el próximo sábado, primero del mes de agosto, tenemos una bonita ruta por Somiedo. Nos vamos a Torrestío para subir por la Farrapona a los Lagos de Saliencia y de allí a Los Albos. El regreso nuevamente a Torrestío, con lo que el que no quiera hacer los tres albos, siempre tiene la oportunidad de esperar o dar la vuelta. La ruta es:

Torrestío (1.360 m) – Alto la Farrapona (1.707 m) – Lago la Cueva (1.614 m) – Lago la Mina (1.742 m) – Chozo de merinas (1.740 m) – Vega los Pozos (1.808 m) – Albo Occidental (2.071 m) – Pico Rubio (2.052 m) – Albo Oriental (2.109 m) – Vega de Cerveriz (1.700 m) – Lago la Cueva (1.614 m) – Alto la Farrapona (1.707 m) – Torrestío (1.360 m)

Ya estoy esperando vuestras llamadas. El que se retrase puede quedarse con las ganas de hacer esta bonita ruta.

Os comunico que está previsto hacer un cambio en las rutas del mes de setiembre. La ruta al Cabezo Llerosos, se realizaría el día 1, pasando la de Ferreirua al día 22. Próximamente se confirmarán estos cambios.