lunes, noviembre 08, 2010

EN EL CORAZÓN DEL MONTEGRANDE DE TEVERGA

6 de noviembre de 2010

Comenzamos a caminar en el Puerto Ventana. Luce el Sol, la mañana está fresca y limpia. En muy poco tiempo entramos en el corazón del bosque. El hayedo está ya adelantado en su muda de color. El suelo es un tapiz de hojas marrones y tostadas. Vamos bajando lentamente hasta la majada Las Cadenas. Aquí la presencia humana fue muy importante y nos quedan algunas buenas cabañas y los corros, un ejemplo prodigioso de construcción popular. Con los elementos que ofrece el entorno sobre todo la piedra caliza, y una vieja sabiduría adquirida a base de pruebas y de errores, alzaron estas pequeñas edificaciones camufladas con el paisaje de tal manera que el techo es una cubierta vegetal viva. Además en estas majadas teverganas los techos se hacían con piedras redondas, no con lajas como en las Navariegas, y se tapaban con tapines para sellarlos. Un prodigio de construcción que nos viene heredado nada menos que de las culturas castreñas. ¡Y qué abandono en el tiempo! Parece mentira que estas construcciones sobrevivan a su albur...

Continuamos bajando. Ahora acompañamos al río Páramo en su eterna bajada al valle. El riachuelo canta, la sinfonía es total. Este rumor del bosque adormecido al sol nos reserva la sorpresa de la vida que anida por todas partes. Antes de desnudarse, el bosque se viste de dorado para admiración de sí mismo. Nosotros nos sentimos los intrusos. Caminamos tranquilos entre fayas que se retuercen en escorzos imposibles. Aquí una faya centenaria, allí tres troncos que se abrazan en una promesa de fidelidad eterna... En efecto el bosque es intemporal y se nos ha dado la oportunidad de sumergirnos en él.

Por un momento abandonamos el río. Subimos brevemente en busca de la senda que baja hacia la Villa de Sub. Una vez que nos metemos en ella cambia el panorama totalmente: entramos en un inmenso robledal de altísimos ejemplares de roble albar. La mayor mancha forestal de este tipo en Europa. Un ecosistema total que vive en equilibrio permanente con el suelo, el agua, los animales que lo habitan, los impresionantes líquenes que cuelgan como luengas barbas, las setas y hongos.

En algún momento caminamos junto a la estrechura del río encajonado entre rocas. El murmullo del agua es toda una sinfonía. Nos acordamos con pena de gente que conocemos condenada a vivir en el estrés de la gran ciudad. Aquí todo es tranquilo. La armonía es fundamental. Todo está en equilibrio. Hay que respirar a pleno pulmón. Los árboles brotan de los pequeños huecos del roquedo. La vida se agarra al terreno con fuerza. Todo contribuye a este canto coral. Hasta las viejas fayas caídas bajo el peso de la nieve alimentan el suelo en su decadencia final.

Las setas merecen en especial nuestra atención. Poco a poco nos vamos contagiando todos. Miramos atentamente el terreno. Aquí una amanita muscaria, allá un corro de lactarius, un poco más allá el carnoso boletus, los pleurotus eryngii, agrocybe aegerita, lentinula edode, pleurotus ostreatus,... y un montón de latinajos más que todos acabamos chapurreando. En Asturias se conocen más de 400 variedades de macromicetos. En el bosque observamos unos ejemplares muy variados. Este monte es muy generoso para el que sabe mirar de una determinada manera, mirar donde otros no miran, apreciar sus tesoros tan olorosos. Ha llovido a tiempo. Los troncos de los árboles caídos son un abono excelente y una reserva permanente de humedad para que crezcan estos rizomas.

El camino se ha ido convirtiendo en senda, la senda ha llegado a ser pista. Bajamos alegres por la cañada. Los sentidos llenos de esta explosión de luz. Los rayos del sol tamizados por las hojas tostadas en su otoñal ciclo. Aparece el inevitable hormigón. La revuelta en la que nos encontramos ahora nos permite ver caprichosas agujas desafiantes al cielo. Toda la bajada del puerto está serpenteando por debajo de nosotros. Los matices del color son muy delicados. Al fondo se adivina la braña de las Navariegas enmarcada en el bosque de La Puerca. Por delante de nosotros la Villa de Sub colgada en la ladera bajo el farallón de caliza blanca. Bajamos despacio. Sólo nos queda entrar por el antiguo camino de Páramo donde nos espera el autocar que vemos desde La Collada setecientos metros más arriba. Llegamos a Páramo después de cuatro horas y media de gozoso camino. Hoy hemos disfrutado de manera total. Para redondear el día bajamos a las Jornadas Gastronómicas de Teverga en Casa Aladino, que nos ofrece picadillo de dos clases, pote de berzas y callos. Luego para aligerar la digestión arroz con leche, borrachinos y la tarta en honor de nuestro querido Senén, otro roble del grupo Las Xanas. Desde estas líneas queremos agradecer a los dueños del restaurante la amabilidad con la que nos tratan y decir que la tarta fue obsequio de la casa.

Nos cuentan que hace tres días termino la filmación de la película “¿Para qué vale un oso?”, en la que intervienen unos cuantos extras de la zona. Lo mejor de todo es que esta película divulgará por el mundo la magnificencia de los paisajes teverganos, el paraíso de los últimos osos y urogallos... Ojalá todo valga para la mejor promoción de estos valles tapizados por la faya y el roble.

Nos queda un magnífico recuerdo del día. Sólo hay que avisar aquí que el día 13 queremos ir al Pico Gua y al coto de la Buena Madre. Pasaremos antes por la Braña Mumián lugar de esbeltos teitos. La subida al pico es sencilla y allí vamos a encontrar otro mirador de primer orden, ¡Y ya van unos cuantos! Recordaros que para esta ruta hay que llamar al teléfono de Jorge 680 35 84 04.

FRESINES

INTENTAMOS LA PEÑA MORA

(Hay días en los que uno no está en lo que celebra. Creia haber puesto ya la crónica de Peña Mora y hoy me di cuenta de que estaba sin publicar. Espero que Fernando y todos los lectores, sepan perdonarme este decuido.)

30 de octubre de 2010.

Nos habían avisado de que estaba preparada una cortina de agua para nosotros.

Efectivamente la lluvia nos estaba esperando ya nada más bajar del autocar. A las 10 estábamos en La Uña. El cielo cerrado y comenzando un ligero aguacero que poco a poco fue a más. El bosque increíble vestido de todos los colores del otoño. Poco a poco subimos por la pista hasta el Collado Mascaredo. Pingábamos agua. Los paraguas dejaron de ser útiles porque las rachas de viento eran fuertes. Nevaba a ratos. Nos quedábamos helados al esperarnos para agruparnos. En medio de aquella ventisca había que tomar una decisión. Lo sensato era volver. Pues, no. La tercera de las “aventuras arriesgadas”. La primera ya estaba hecha: no quedarnos en casa. La segunda también: no salir del autocar. Íbamos a por la tercera: seguir subiendo, primero a los Puertos de la Funfría y luego por la cresta, alcanzando nada menos que los 1882 metros, para bajar a posteriori al Collado de Valdemagán, a 1.737 metros de altura, por un sendero con trazas de nieve, con una ventisca que nos azotaba la cara y unas ráfagas de viento racheado que literalmente nos movían del camino. La cuesta comenzó a empinarse y todo lo teníamos en contra. Nos acordábamos de Amundsen en su solitario viaje por el Polo Norte. Dejamos la cumbre para mejor ocasión.

En fin, logramos bajar aquella pendiente tan resbaladiza, con las manos heladas a pesar de los guantes y seguimos por todo el valle de Villahormas. Al coger de nuevo la pista ¡un refugio de montaña!. Bien por el que pensó que allí era algo necesario. Nos refugiamos allí un buen rato para entrar de nuevo en calor, ayudados por algunos caldos generosos.

Luego ya sólo hubo que continuar pista abajo hasta Polvoredo donde pudimos ponernos ropa seca en el atrio de la iglesia. Cinco horas y media de ruta y no dejó de llover ni un momento. Bien por la calefacción del autocar que por la mañana nos sobraba. Bajamos Tarna, entre hayedos encendidos. Encima y para recochineo en Asturias no había caído ni gota de agua e incluso había ráfagas de Sol. Y luego dicen que en Asturias llueve mucho. Hasta Casa Linares donde nos acogieron bien como siempre, y donde pudimos comer callos calientes y picantones que nos devolvieron la temperatura.

El próximo sábado visitamos la majada Las Cadenas entrando por el puerto Ventana y atravesando el bosque en su momento de mayor esplendor. Acabaremos en Páramos y luego con las Jornadas Gastronómicas en Casa Aladino, terminaremos con buenos alimentos y “tarta” una gloriosa jornada montañero. Por favor que son ochenta y dos... ¡Ah! Y los encargados de la ruta ponerla esta vez por donde no llueva ¡por favor!.

FRESINES

miércoles, octubre 27, 2010

TRAVESIA DE TUIZA A XOMEZANA, CON EL MIRADOR DEL PICO FOXÓN EN MEDIO

23 de octubre de 2010.

Con algunas dudas en la meteorología al final el día fue abriendo. El valle de Tuiza despertó prácticamente con nosotros y fue levantando la cortina de nubes bajas tras las que se ocultaba. Fantástico amanecer con las siluetas de los picos recortándose a contraluz. Con toda la calma del mundo empezamos a subir hasta el Collado del Visu. Decidimos que el mejor camino para salvar el desnivel de Peña Foxón era darle la vuelta por detrás siguiendo el marcado sendero de acceso a la Vega el Forcau, que sube a media altura. Acertamos, pues por las otras vertientes el desnivel era muy marcado.

Dos rebecos en una canal hicieron nuestra delicia con su delicado y rápido trotar peña arriba. Hacia el oeste todo el roquedo de las Ubiñas y los Fontanes fue el telón de fondo de esta subida sencilla y agradable. Una vez en el pico ¡qué vista, señores! Vaya mirador hemos escogido. Bajo el Tapinón, el pico Foxón no se amilana y nos reserva unas magníficas perspectivas, incluida en el fondo por el este La Peña Santa. Debajo de nosotros la Braña de Foxón, junto a la que hemos pasado un montón de veces sin verla porque esta pegada a la peña. Todas las vistas están enmarcadas por agujas calizas que despuntan alto en la Peña Foxón. Estamos flotando encima de las nubes. Por debajo de nosotros vuelan los cuervos y algunas águilas. Es un placer verles evolucionar en las corrientes ascendentes sin hacer apenas esfuerzos.

Hora y media en el pico, se está muy a gusto. Las máquinas de fotos están recalentadas. Foto de grupo y a bajar hacia la Braña de Pidival camino de Xomezana. Efectivamente hay una enorme losa apoyada contra un muro de lo que queda de la cabaña. El bosque empieza a tener todos los colores del mundo, mientras que los abundantes acebos conservan su verde intenso sazonado con los frutos rojos del otoño. Qué bien se está aquí. El día está resultando grandioso. El sol empieza a apretar y hay que quitarse abrigo. Bajamos por el camino antiguo, en vez de por la moderna pista, mucho más larga.

Nos espera una sorpresa en forma de pegajoso barro que, removido por las vacas primero y por las ruedas después, cubre prácticamente tramos enteros del camino. El bosque es precioso y el río baja cantando a nuestra izquierda. Pero sólo vemos barro, y más barro. Encima alguna vaca algo suelta ha ido dejando una estela que enturbia más este camino. Optimistas algunos lavamos las botas en el primero cruce de un riachuelo. Al fin este camino va a dar a las cabañas de las Bobias y acaba desembocando en la pista que en poco tiempo nos baja a Xomezana d’Arriba. ¿Por qué dejaran esos enormes desmontes tan feos junto a las pistas? Con un poco de esfuerzo se volvía a dejar todo tapado.

Comemos en el mismo bar de Xomezana, contemplando la autopista del Huerna como una hendidura en medio del monte. Pero como dice Manolo, mejor una gran carretera que seis carreteras pequeñas por el mismo valle. Como vamos muy bien de tiempo tenemos que parar en Mieres a tomar unas sidras de La Viuda de Angelón. El día invita a ello. Al salir de la sidrería nos fijamos en una cita de José Hierro, el poeta: “Hay tres lugares en el mundo donde uno puede encontrarse realmente a gusto porque supieron no perder su sabor a pueblo: las isla de Maniatan en Nueva York, el barrio romano del Trastévere y la Plaza de Requexu de Mieres”. No se puede decir mejor, no se puede sentir más.

El sábado que viene, día 30, (no 31 como pone en el calendario de rutas) a perdernos por los terrenos de Ponga, la comarca de ensueño, para subir a la Peña Mora por la que pasamos cerca este año un par de veces, y acabar en Polvoredo. Ruta muy interesante: el bosque otoñal de Sajambre se va a desplegar ante nuestros ojos para que lo guardemos en nuestra memoria. Nos vemos chic@s.

FRESINES

jueves, octubre 21, 2010

BIEN ESTÁ LO QUE BIEN ACABA

Este título de una comedia se acopla perfectamente a nuestra ruta del pasado día 16 al Pico María Santinos en las inmediaciones de Caliao. Pero aunque me tachen de aguafiestas, ya que como un grato y entretenido acontecimiento lo celebramos al terminar, el descenso que realizamos de dicha cumbre fue imprudente y nada meditado.

Si en el transcurso del descenso se pone a llover, algo nada extraño tal y como estaba el día climatológicamente hablando, los problemas se nos hubiesen multiplicado y las posibilidades de un accidente también. Tampoco meditamos con que personal realizábamos la acción y pudimos tener un importante inconveniente si alguien sufre cualquier contratiempo de índole físico, como una torcedura o un tirón. La dificultad que de por sí ofrecía el camino seria aún mayor.

Estoy de acuerdo que es un poco nuestra forma de ser, digo de nuestro grupo. Pero no pensamos muchas veces que también nos acompañan otras personas que no tienen nuestros mismos gusto o nuestras mismas ganas de aventura o nuestro mismo ritmo. Pienso que estas cosas las debemos dejar para cuando no hay más remedio. Aquellas ocasiones, que las hay, en las que por un error o equivocación en el trayecto, cambiamos la ruta prevista y no nos queda otro remedio que apechar con lo que nos encontramos en el camino. Pero nunca buscarlo alegremente. Es jugar con fuego. Y en este caso pareció que lo que se pretendía era ahorrar tiempo y distancia. El tiempo desde luego, no lo ahorramos.

Todo terminó bien y nuestro espíritu se siente alegre por el desafío cumplido y por el consumo de adrenalina. El descenso fue interesante y muy, muy entretenido. No nos quedó tiempo para pensar en ninguna otra cosa. Las llambrias se sucedían unas a otras y cuando la piedra se acababa, la sustituían las hiervas y las gorbizas. Los canalizos por los que suele bajar el agua en torrentera, los ocupamos nosotros para descender la pindia ladera, agarrados a las escobas y a las punzantes cotoyas si hacía falta y utilizando las posaderas a modo de freno eléctrico. No es de extrañar que los lugareños nos mirasen con cara extraña cuando se enteraban por donde habíamos descendido del María Santinos. Todos decían que el descenso directo a La Fontona era imposible y se quedaban meditando si les decíamos o no, la verdad. Al final, todos estamos contentos tras la “hazaña” y dispuestos para lo que sea. Pero no por ello debemos bajar la guardia y dejarnos llevar por nuestros sueños de aventura.

Una vez más, es mi sino, me toca hacer de Pepito Grillo dentro del grupo. Yo también disfruté y también soy culpable de lo realizado. En mi caso por permitirlo. Pero me gustaría que no tomemos esto como algo natural y que pensemos antes de emprender una aventura de este estilo. Es suficiente cuando ocurre sin buscarlo. Los accidentes están detrás de cualquier árbol o cualquier piedra. Seamos conscientes.

JAFPA

miércoles, octubre 20, 2010

FUIMOS AL MARIA SANTINOS

16 de octubre de 2010.

Un pico que no nos sonaba a muchos. Hubo que buscarlo en el mapa. Justo encima de la Fontona de los Arrudos. La ruta marcada no parecía muy complicada. El día frío pero estable en la madrugada. Aviso de chubascos. A ver cómo se nos da el día.

Aparcamos en Caleao casi a las diez de la mañana. Arrancamos enseguida, el fresco de la madrugada invita a caminar. Al llegar a Sucos Les Campes nos desviamos a la izquierda, por las cabañas de Fresneo para seguir algo más altos, por buena pista por el valle Artayo. Al llegar al regato doblamos totalmente a nuestra derecha para seguir la empinada senda que sube a través del bosque de hayas. Entramos en un bosque profundo y limpio como sólo se ven en estas tierras. Todo el tiempo hacia arriba. La ruta exige esfuerzo. Volvemos a torcernos a la derecha para enfilar la sierra de Contorgán. Las setas abundan, los expertos nos enseñan sus nombres. Algunos hacen buena provisión. ¡Que aproveche!

Poco a poco estamos en la collada Coipo. Hemos subido unos quinientos metros. Faltan trescientos más. La ladera se hace mucho más empinada. A esta altura los árboles empiezan a otoñar. Hay que subir agarrándose a los gorbizos. La cuesta se nos hace eterna. Vamos siguiendo una especie de senda que sin duda utilizan los jabalíes. Pasamos junto a varios revolcaderos. Por fin logramos llegar a lo alto de la loma. Nos ha costado lo nuestro. Ahora cresteamos doblando hacia la derecha en busca de la cresta más a la orilla de esta sierra. En cada bifurcación o paso complicado alguien del grupo espera. Hay gestos que unen mucho más que las palabras. Llegamos al pico. Somos dieciocho. Alguien exclama: ¡Este es el pico de María Santísima, lo que nos ha costado!

La visión de Caso desde arriba es de ensueño. El otoño ha empezado y hay que disfrutarlo con toda la calma del mundo. Corteguerón, Cascayon, nuestros conocidos Tabierna y Retriñón, La Vegalencia, el Torres, La Puerta L’Arco…

Dominamos también la senda de los Arrudos. Hasta aquí hemos seguido fielmente las indicaciones de los GPS. Pero ¿por qué vamos a retroceder hacia atrás teniendo justo enfrente La Fontona de los Arrudos? A bajar en directo. Los dos nuevos que han venido con nosotros alucinan. “¿siempre hacéis esto?” Pues la verdad es que llevábamos una temporada muy comedidos. Pero este es el Grupo Las Xanas. Nada, bajada en directo, algunos usando las llambrias como toboganes. Larga y entretenida bajada.

Cruzamos el río Roxecu. La ruta prevista parecía un paseo de seis horas. Pero estamos llegando cuando falta un cuarto de hora para cumplir las ocho horas. Este pico ha sido exigente y la gente ha respondido como siempre. Hemos disfrutado y nos hemos ganado una buena comida. Bajamos a Abantro, a Casa Linares y cumplimos como campeones. El día ha resultado muy satisfactorio y hemos acabado bien cansados pero contentos como buenos masoquistas.

El día 23 volvemos a los queridos parajes de las Ubiñas para hacer el P. Foxón saliendo de Tuiza para pasar a Xomenzana, con quinientos sesenta y seis metros de subida y mil ochenta y cuatro de bajada. Una ruta sencilla y agradable para disfrutarla.

FRESINES

miércoles, octubre 13, 2010

INTENTAMOS LA PEÑA CRIMENDA

9 de octubre de 2010.

Llegamos pronto a Tielve. Todo estaba a punto menos el tiempo atmosférico. La Peña Crimenda ahí., plantada encima de la aldea asturiana. Peña eterna que nos llama desde sus 1.346 metros. Muchas dudas con el tiempo. ¿Podremos subir? Alguien nos amenaza con una ciclogénesis “explosiva”. Ahí queda eso. Si fuera una ciclogénesis normal vale. ¿Pero quien se arriesga a subir con un explosivo encima?

Bueno, a lo que vamos. Repito: muchas dudas al llegar. ¿Podremos hacer pico? Miradas y más miradas a la canal de Crimenda. Son seiscientos cincuenta metros de subida. Se impone buscar una alternativa no tan arriesgada. Va a llover fuerte a lo largo de la mañana. La ruta va a convertirse en un barrizal resbaladizo y peligroso. Es mejor, visto como está el día, seguir el viejo camino de Caoro, ya conocido por el grupo.

Salimos de Tielve por la derecha de la plaza. Es un camino bien señalizado que comunica con Sotres y la majada de La Caballar. Poco antes de una gran valla electrificada con nada menos que seis líneas de alambre, nos desviamos hacia arriba siguiendo el camino de Valfrío. Vamos subiendo por la derecha del valle hasta encontrar la pista que lo atraviesa. Pasamos la majada. Seguimos subiendo ahora abandonando la pista para seguir hacia el collado Posadoiro . El camino está jitado. Siguiendo estas marcas llegamos a la calzada de Caoro. Ruta antigua, tendida y bien empedrada. Por aquí vamos subiendo poco a poco hasta el collado Fuente de Mina, ya en lo alto de Portudera.

El cielo amenaza cada vez más. Saltamos al valle siguiente después de admirar la extraña piedra grabada que preside aquellas alturas y que nos habla de un pasado romano. Cuando las nubes nos lo permiten vemos inmenso el monolito del Urriello tan bien plantado. Al fondo hacia Camarmeña, el aliviadero de la canal del Cares suelta su cascada, un hilo de plata entre el gris de la caliza. Pronto llegamos a la majada Tordín, muy bien ubicada, rodeada de praos, con su cortin y su buena fuente que desborda por un sumidero. Zona kárstica presidida por una gran cueva.

Por estos valles kársticos continuamos en suaves subidas y bajadas hacia el oeste, hasta más allá del abrevadero. Aquí comienza a llover fuerte. La niebla que antes entraba a jirones por el valle, está ahora encima de nosotros. No vemos ningún pico. Quedan unos doscientos metros de subida. Pero no podemos avanzar. Se impone dar la vuelta no sin antes intentar ver la silueta de la Peña. Queda pendiente para otra vez, junto a la pendiente canal de Llamedo.

La vuelta no tiene más historia. Bajamos por el mismo camino hasta el gran hito de la collada, y a partir de ahí buscamos un camino que nos lleve más directo al pueblo. La senda ya es un barrizal aunque ha dejado de llover. Un paisano, muy informado del tiempo por la radio que está escuchando se apiada de nosotros y con la manguera nos ducha las botas (y el pantalón de paso). Nos hemos quitado un par de kilos de encima. Comemos en nuestro refugio habitual de Tielve, donde hacemos buena provisión del sabrosísimo queso de Cabrales que allí elaboran. Cinco horas de ruta que salvo la mojadura no estuvieron nada mal. La lástima el paisaje que sólo entrevimos.

El próximo sábado andaremos por Caleao porque queremos ascender al Pico María Santinos volviendo luego al mismo origen pero por otro camino, surcando la Foz de los Arrudos. Es una subida de ochocientos metros por la Sierra de Corteguero, cerca del lago Ubales. Puede ser una excursión muy interesante. Además hay alternativa para los que no se sientan con fuerzas. Quiero recordaros, que el autocar sale a las 7,30 de San Andrés de Trubia. Os esperamos.

FRESINES

martes, octubre 05, 2010

NUESTRO CONOCIDO FERREIRÚA

2 de octubre de 2010.

Es una ruta muy conocida. A las diez menos veinte bajábamos del autocar en el Puerto Ventana a 1.587 metros de altitud. Promesa de un día despejado. Sopla un viento racheado que nos obliga a abrigarnos. El día invita a caminar. Nos lo tomamos con toda la calma del mundo. Subimos por encima de las pizarras del puerto (La formación geológica San Emiliano). Están acondicionando la pista que lleva a Trobaniello. En noviembre pisaremos este camino rumbo a la majada de Las Cadenas.

La subida final por las Lombas y Las Coronas (1.883 m.) es entretenida. Cruzamos por la arista. Muy por debajo de nosotros nos contempla una manada de rebecos que disfruta del sol de octubre. En dos horas estamos en la cumbre. Entramos ahora en el terreno de la cuarcita. Todo el roquedo está cubierto de manchas verdes del líquen. La vista es excepcional para una cumbre tan sencilla de subir (sólo hay 400 metros de desnivel). Se ve la Peña Orniz, y la Peña Chana, el Cornón al fondo, Los Bígaros y el Muñón más cerca. Los anticlinales que doblan los estratos nos dan una idea de las enormes fuerzas que moldearon los estratos como si estuvieran hechos de plastilina. El Morronegro encima de Torrestío. Muchos pueblos de la Babia. Todo el Macizo de Ubiña, desde la Ubiña Pequeña hasta el modesto Campu Faya. El cordal del Aramo por encima de la bonita aldea de Llanuces. Y una multitud de molinos de viento por las sierras de Tineo. Un auténtico placer para la vista. Todavía hace frío. Pero merece la pena estar allí arriba entre el cielo y la Tierra.

Bajamos por el canalizo jitado que hay a la izquierda de la cumbre. Una bajada que es muy pronunciada y absorbe nuestra atención. Cuatro o cinco subimos al pico Águila que nos pilla de camino. Los demás lo bordean para llegar al puerto de las Navariegas. Bajamos despacio a la majada. Un rebeco solitario atraviesa todo el valle con su elegante carrera. ¡Qué elegancia!

Entramos en la zona de las cabañas y los corros. Curioseamos por allí admirando a aquellos astures que fueron capaces de hacer estas magníficas construcciones con mucha imaginación y mucho esfuerzo. Además están abiertas para refugiarse en caso de inclemencia del tiempo, algo que ya casi no se ve en ninguna parte.

Poco a poco vamos siguiendo la senda del río La Verde que nos emboca al valle de Páramo. Entramos en la magia del bosque. Estamos rodeados por una catedral de hayas, robles, servales y acebos. El río canta debajo de nosotros. Nos acercamos a la cascada del Xiblo que precipita el agua con más de cien metros de caída. Nos parece que las maravillas de Asturias no se dan a conocer al gran turismo.

La senda se hace camino, el camino está empedrado y baja lentamente en dirección a La Focella. A nuestra derecha queda la inmensa mancha arbolada del Monte Grande de Teverga (o Monte La Puerca), una de las mayores de Asturias. Terreno de osos. Aquí había un famoso acechadero de osos en la zona de la Ferviencia.

Al llegar al abrevadero de La Focella el camino se divide. El agua está gélida. Nuestros compañeros que van por delante nos marcan la bajada por el camino de la derecha. Es un magnífico atajo que nos quita tres kilómetros de carretera. Salimos a Páramo sin haber pisado La Focella. Hemos bajado mil doscientos metros desde el pico en siete tranquilas y disfrutonas horas. Bajamos a comer a San Martín de Teverga y tras una larga tertulia en Casa Aladino, nuestro segundo hogar, nos disponemos a volver a casa. Antes Lito nos emplaza para las Jornadas Gastronómicas de noviembre. ¿Nos apuntamos?

La próxima semana tenemos otra ruta de impresión. De nuevo los Picos de Europa, tan pateados este verano. Vamos a Tielve para subir la Peña Crimenda que está por encima de la aldea y bajar a Poncebos por la Canal de Llamedo. No os la podéis perder.


FRESINES