Con algunas dudas en la meteorología al final el día fue abriendo. El valle de Tuiza despertó prácticamente con nosotros y fue levantando la cortina de
nubes bajas tras las que se ocultaba. Fantástico amanecer con las siluetas de los picos recortándose a contraluz. Con toda la calma del mundo empezamos a subir hasta el Collado del Visu. Decidimos que el mejor camino para salvar el desnivel de Peña Foxón era darle la vuelta por detrás siguiendo el marcado sendero de acceso a la Vega el Forcau, que sube a media altura. Acertamos, pues por las otras vertientes el desnivel era muy marcado.
Dos rebecos en una canal hicieron nuestra delicia con su delicado y rápido trotar peña arriba. Hacia el oeste todo el roquedo de las Ubiñas y los Fontanes fue el telón de fondo de esta subida sencilla y agradable. Una vez en el pico ¡qué vista, señores! Vaya mirador hemos esco
gido. Bajo el Tapinón, el pico Foxón no se amilana y nos reserva unas magníficas perspectivas, incluida en el fondo por el este La Peña Santa. Debajo de nosotros la Braña de Foxón, junto a la que hemos pasado un montón de veces sin verla porque esta pegada a la peña. Todas las vistas están enmarcadas por agujas calizas que despuntan alto en la Peña Foxón. Estamos flotando encima de las nubes. Por debajo de nosotros vuelan los cuervos y algunas águilas. Es un placer verles evolucionar en las corrientes ascendentes sin hacer apenas esfuerzos.
Hora y media en el pico, se está muy a gusto. Las máquinas de fotos están recalentadas. Foto de grupo y a bajar hacia la Braña de Pidival camino de Xomezana. Efectivamente hay una enorme losa apoyada contra un muro de lo que queda de la cabaña. El bosque empieza a tener todos los colores del mundo, mientras que los abundantes acebos conservan su verde intenso sazonado con los frutos rojos del otoño. Qué bien se está aquí. El día está resultando grandioso. El sol empieza a apretar y hay que quitarse abrigo. Bajamos por el camino antiguo, en vez de por la moderna pista, mucho más larga. 
Nos espera una sorpresa en forma de pegajoso barro que, removido por las vacas primero y por las ruedas después, cubre prácticamente tramos enteros del camino. El bosque es precioso y el río baja cantando a nuestra izquierda. Pero sólo vemos barro, y más barro. Encima alguna vaca algo suelta ha ido dejando una estela que enturbia más este camino. Optimistas algunos lavamos las botas en el primero cruce de un riachuelo. Al fin este camino va a dar a las cabaña
s de las Bobias y acaba desembocando en la pista que en poco tiempo nos baja a Xomezana d’Arriba. ¿Por qué dejaran esos enormes desmontes tan feos junto a las pistas? Con un poco de esfuerzo se volvía a dejar todo tapado.
Comemos en el mismo bar de Xomezana, contemplando la autopista del Huerna como una hendidura en me
dio del monte. Pero como dice Manolo, mejor una gran carretera que seis carreteras pequeñas por el mismo valle. Como vamos muy bien de tiempo tenemos que parar en Mieres a tomar unas sidras de La Viuda de Angelón. El día invita a ello. Al salir de la sidrería nos fijamos en una cita de José Hierro, el poeta: “Hay tres lugares en el mundo donde uno puede encontrarse realmente a gusto porque supieron no perder
su sabor a pueblo: las isla de Maniatan en Nueva York, el barrio romano del Trastévere y la Plaza de Requexu de Mieres”. No se puede decir mejor, no se puede sentir más.
El sábado que viene, día 30, (no 31 como pone en el calendario de rutas) a perdernos por los terrenos de Ponga, la comarca de ensueño, para subir a la Peña Mora por la que pasamos cerca este año un par de veces, y acabar en Polvoredo. Ruta muy interesante: el bosque otoñal de Sajambre se va a desplegar ante nuestros ojos para que lo guardemos en nuestra memoria. Nos vemos chic@s.
FRESINES
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