jueves, octubre 21, 2010

BIEN ESTÁ LO QUE BIEN ACABA

Este título de una comedia se acopla perfectamente a nuestra ruta del pasado día 16 al Pico María Santinos en las inmediaciones de Caliao. Pero aunque me tachen de aguafiestas, ya que como un grato y entretenido acontecimiento lo celebramos al terminar, el descenso que realizamos de dicha cumbre fue imprudente y nada meditado.

Si en el transcurso del descenso se pone a llover, algo nada extraño tal y como estaba el día climatológicamente hablando, los problemas se nos hubiesen multiplicado y las posibilidades de un accidente también. Tampoco meditamos con que personal realizábamos la acción y pudimos tener un importante inconveniente si alguien sufre cualquier contratiempo de índole físico, como una torcedura o un tirón. La dificultad que de por sí ofrecía el camino seria aún mayor.

Estoy de acuerdo que es un poco nuestra forma de ser, digo de nuestro grupo. Pero no pensamos muchas veces que también nos acompañan otras personas que no tienen nuestros mismos gusto o nuestras mismas ganas de aventura o nuestro mismo ritmo. Pienso que estas cosas las debemos dejar para cuando no hay más remedio. Aquellas ocasiones, que las hay, en las que por un error o equivocación en el trayecto, cambiamos la ruta prevista y no nos queda otro remedio que apechar con lo que nos encontramos en el camino. Pero nunca buscarlo alegremente. Es jugar con fuego. Y en este caso pareció que lo que se pretendía era ahorrar tiempo y distancia. El tiempo desde luego, no lo ahorramos.

Todo terminó bien y nuestro espíritu se siente alegre por el desafío cumplido y por el consumo de adrenalina. El descenso fue interesante y muy, muy entretenido. No nos quedó tiempo para pensar en ninguna otra cosa. Las llambrias se sucedían unas a otras y cuando la piedra se acababa, la sustituían las hiervas y las gorbizas. Los canalizos por los que suele bajar el agua en torrentera, los ocupamos nosotros para descender la pindia ladera, agarrados a las escobas y a las punzantes cotoyas si hacía falta y utilizando las posaderas a modo de freno eléctrico. No es de extrañar que los lugareños nos mirasen con cara extraña cuando se enteraban por donde habíamos descendido del María Santinos. Todos decían que el descenso directo a La Fontona era imposible y se quedaban meditando si les decíamos o no, la verdad. Al final, todos estamos contentos tras la “hazaña” y dispuestos para lo que sea. Pero no por ello debemos bajar la guardia y dejarnos llevar por nuestros sueños de aventura.

Una vez más, es mi sino, me toca hacer de Pepito Grillo dentro del grupo. Yo también disfruté y también soy culpable de lo realizado. En mi caso por permitirlo. Pero me gustaría que no tomemos esto como algo natural y que pensemos antes de emprender una aventura de este estilo. Es suficiente cuando ocurre sin buscarlo. Los accidentes están detrás de cualquier árbol o cualquier piedra. Seamos conscientes.

JAFPA

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que mayor.....

EL LLOCU LA VEGA DEL REBEZU dijo...

Examen de conciencia;
perdon de los pecados;
y proposito de la enmienda.