lunes, noviembre 08, 2010

INTENTAMOS LA PEÑA MORA

(Hay días en los que uno no está en lo que celebra. Creia haber puesto ya la crónica de Peña Mora y hoy me di cuenta de que estaba sin publicar. Espero que Fernando y todos los lectores, sepan perdonarme este decuido.)

30 de octubre de 2010.

Nos habían avisado de que estaba preparada una cortina de agua para nosotros.

Efectivamente la lluvia nos estaba esperando ya nada más bajar del autocar. A las 10 estábamos en La Uña. El cielo cerrado y comenzando un ligero aguacero que poco a poco fue a más. El bosque increíble vestido de todos los colores del otoño. Poco a poco subimos por la pista hasta el Collado Mascaredo. Pingábamos agua. Los paraguas dejaron de ser útiles porque las rachas de viento eran fuertes. Nevaba a ratos. Nos quedábamos helados al esperarnos para agruparnos. En medio de aquella ventisca había que tomar una decisión. Lo sensato era volver. Pues, no. La tercera de las “aventuras arriesgadas”. La primera ya estaba hecha: no quedarnos en casa. La segunda también: no salir del autocar. Íbamos a por la tercera: seguir subiendo, primero a los Puertos de la Funfría y luego por la cresta, alcanzando nada menos que los 1882 metros, para bajar a posteriori al Collado de Valdemagán, a 1.737 metros de altura, por un sendero con trazas de nieve, con una ventisca que nos azotaba la cara y unas ráfagas de viento racheado que literalmente nos movían del camino. La cuesta comenzó a empinarse y todo lo teníamos en contra. Nos acordábamos de Amundsen en su solitario viaje por el Polo Norte. Dejamos la cumbre para mejor ocasión.

En fin, logramos bajar aquella pendiente tan resbaladiza, con las manos heladas a pesar de los guantes y seguimos por todo el valle de Villahormas. Al coger de nuevo la pista ¡un refugio de montaña!. Bien por el que pensó que allí era algo necesario. Nos refugiamos allí un buen rato para entrar de nuevo en calor, ayudados por algunos caldos generosos.

Luego ya sólo hubo que continuar pista abajo hasta Polvoredo donde pudimos ponernos ropa seca en el atrio de la iglesia. Cinco horas y media de ruta y no dejó de llover ni un momento. Bien por la calefacción del autocar que por la mañana nos sobraba. Bajamos Tarna, entre hayedos encendidos. Encima y para recochineo en Asturias no había caído ni gota de agua e incluso había ráfagas de Sol. Y luego dicen que en Asturias llueve mucho. Hasta Casa Linares donde nos acogieron bien como siempre, y donde pudimos comer callos calientes y picantones que nos devolvieron la temperatura.

El próximo sábado visitamos la majada Las Cadenas entrando por el puerto Ventana y atravesando el bosque en su momento de mayor esplendor. Acabaremos en Páramos y luego con las Jornadas Gastronómicas en Casa Aladino, terminaremos con buenos alimentos y “tarta” una gloriosa jornada montañero. Por favor que son ochenta y dos... ¡Ah! Y los encargados de la ruta ponerla esta vez por donde no llueva ¡por favor!.

FRESINES

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