martes, octubre 05, 2010

NUESTRO CONOCIDO FERREIRÚA

2 de octubre de 2010.

Es una ruta muy conocida. A las diez menos veinte bajábamos del autocar en el Puerto Ventana a 1.587 metros de altitud. Promesa de un día despejado. Sopla un viento racheado que nos obliga a abrigarnos. El día invita a caminar. Nos lo tomamos con toda la calma del mundo. Subimos por encima de las pizarras del puerto (La formación geológica San Emiliano). Están acondicionando la pista que lleva a Trobaniello. En noviembre pisaremos este camino rumbo a la majada de Las Cadenas.

La subida final por las Lombas y Las Coronas (1.883 m.) es entretenida. Cruzamos por la arista. Muy por debajo de nosotros nos contempla una manada de rebecos que disfruta del sol de octubre. En dos horas estamos en la cumbre. Entramos ahora en el terreno de la cuarcita. Todo el roquedo está cubierto de manchas verdes del líquen. La vista es excepcional para una cumbre tan sencilla de subir (sólo hay 400 metros de desnivel). Se ve la Peña Orniz, y la Peña Chana, el Cornón al fondo, Los Bígaros y el Muñón más cerca. Los anticlinales que doblan los estratos nos dan una idea de las enormes fuerzas que moldearon los estratos como si estuvieran hechos de plastilina. El Morronegro encima de Torrestío. Muchos pueblos de la Babia. Todo el Macizo de Ubiña, desde la Ubiña Pequeña hasta el modesto Campu Faya. El cordal del Aramo por encima de la bonita aldea de Llanuces. Y una multitud de molinos de viento por las sierras de Tineo. Un auténtico placer para la vista. Todavía hace frío. Pero merece la pena estar allí arriba entre el cielo y la Tierra.

Bajamos por el canalizo jitado que hay a la izquierda de la cumbre. Una bajada que es muy pronunciada y absorbe nuestra atención. Cuatro o cinco subimos al pico Águila que nos pilla de camino. Los demás lo bordean para llegar al puerto de las Navariegas. Bajamos despacio a la majada. Un rebeco solitario atraviesa todo el valle con su elegante carrera. ¡Qué elegancia!

Entramos en la zona de las cabañas y los corros. Curioseamos por allí admirando a aquellos astures que fueron capaces de hacer estas magníficas construcciones con mucha imaginación y mucho esfuerzo. Además están abiertas para refugiarse en caso de inclemencia del tiempo, algo que ya casi no se ve en ninguna parte.

Poco a poco vamos siguiendo la senda del río La Verde que nos emboca al valle de Páramo. Entramos en la magia del bosque. Estamos rodeados por una catedral de hayas, robles, servales y acebos. El río canta debajo de nosotros. Nos acercamos a la cascada del Xiblo que precipita el agua con más de cien metros de caída. Nos parece que las maravillas de Asturias no se dan a conocer al gran turismo.

La senda se hace camino, el camino está empedrado y baja lentamente en dirección a La Focella. A nuestra derecha queda la inmensa mancha arbolada del Monte Grande de Teverga (o Monte La Puerca), una de las mayores de Asturias. Terreno de osos. Aquí había un famoso acechadero de osos en la zona de la Ferviencia.

Al llegar al abrevadero de La Focella el camino se divide. El agua está gélida. Nuestros compañeros que van por delante nos marcan la bajada por el camino de la derecha. Es un magnífico atajo que nos quita tres kilómetros de carretera. Salimos a Páramo sin haber pisado La Focella. Hemos bajado mil doscientos metros desde el pico en siete tranquilas y disfrutonas horas. Bajamos a comer a San Martín de Teverga y tras una larga tertulia en Casa Aladino, nuestro segundo hogar, nos disponemos a volver a casa. Antes Lito nos emplaza para las Jornadas Gastronómicas de noviembre. ¿Nos apuntamos?

La próxima semana tenemos otra ruta de impresión. De nuevo los Picos de Europa, tan pateados este verano. Vamos a Tielve para subir la Peña Crimenda que está por encima de la aldea y bajar a Poncebos por la Canal de Llamedo. No os la podéis perder.


FRESINES

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