martes, junio 09, 2009

EL MARATON DE LAS XANAS

Hemos vuelto a recuperar una ruta clásica del Grupo de Montaña LAS XANAS, la antigua SAN LORENZO – SAN ANDRES, convertida esta vez en San Lorenzo – Castañeu del Monte, pero no por ello exenta de ese halo de dificultad que tiene, por los muchos kilómetros de su recorrido.


Se trata de una ruta historiada, ya que forma parte del Camín Real de la Mesa en su bifurcación hacia Oviedo. Caminos antiguos hoy reconvertidos y en parte contaminados ya por la automoción, aún incipiente, pero con visos de convertirse en mucho más. Hemos visto como se está construyendo una carretera por sus dimensiones, desde Vicenturo a Maravio, con bifurcación a la braña del Pividal. Una cicatriz que creemos va a terminar siendo de hormigón, con caja de unos cinco metros de ancho. Una verdadera pena, pues se trata de un entorno de gran belleza.


Todo nuestro recorrido está señalizado por dos GR (Senderos de Gran Recorrido) el GR 101, que es el correspondiente al Camín Real de la Mesa y el GR 101.1 que es la bifurcación que nosotros debemos seguir desde cerca de Cueiro hasta el final en Castañeu del Monte. Debemos fijarnos bien y cambiar en el momento exacto, para no ir a parar a donde no queremos.


Iniciamos este largo recorrido en lo alto del Puerto de San Lorenzo, límite entre los concejos de Teverga y Somiedo. Un frío viento nos recibió e hizo que nuestros pasos se aceleraran en el comienzo, buscando el resguardo. El día no se presentaba muy católico y todos presagiábamos mojadura. Pero entre las nubes de vez en cuando, aparecía un entrañable rayo de sol.


Con dirección oeste comenzamos a caminar por la senda del Camín Real de la Mesa, casi paralelos a la carretera que baja a la Riera, pero por encima de ella. Transitamos por la ladera suroeste de la Sierra de la Verde, bajo las alturas principales como el Alto del Caspio, La Mirandiella o el Pico de las Abejas. Pasamos junto a la Fuente del camino, situada encima de Orderias, pueblo que vemos bajo nuestros pies, atravesado por la sinuosa carretera que hace poco abandonamos.


Seguimos casi en llano por la ancha senda tapizada de hierba y en algunos puntos de barro, hasta alcanzar la Collada La Tartulla, a los pies del cuerno de la Pena el Home, que venimos divisando ya desde la salida y en cuyas laderas podemos ver la soleada braña de Braniella. Abandonamos aquí la agreste vallada del Río Somiedo, caminando entre los límites de Teverga y Somiedo nos acercamos al Llano Fasquero, bonito lugar de verdes praderas, donde el sendero se difumina. Caminamos ahora con dirección norte para alcanzar el altozano de la Cuendia la Celada, que nos da paso a las praderas que suavemente descienden a Cueiro.


Cueiro fue uno de los enclaves importantes en la historia de este camino, donde aún se conservan las ruinas de su capilla y ermita que estaba dedicada a Santa María o la Virgen de Cueiro. En ese elevado lugar ubicado al pie del pico Alto de La Casa y ligado a los municipios de Somiedo, Belmonte y Teverga, se celebra actualmente y en el mes de septiembre una fiesta campestre que reúne a los lugareños de las comarcas limítrofes.


Seguimos nuestro camino dejando a nuestra izquierda las laderas del Alto la Casa, para adentrarnos en las praderas de la Campa Cueiro, lugar en el que aún podemos ver algunos restos de lo que fue la calzada romana. A la Campa Cueiro le sigue la Pousa la Sal, lugar donde abandonamos el Camín Real, que continúa a la izquierda junto al pico La Berza, con rumbo a tierras belmontinas.


Esta es una de las partes más bonitas del camino. Las verdes praderas se suceden, jalonadas de cabañas, la mayoría en ruinas y llenas de vida animal. Vacas y caballos son los moradores de estas tierras, aunque no es difícil ver algún zorro merodeando por estos contornos. Como digo, las camperas se suceden y nosotros debemos cruzar a la derecha pasando por un puente de reciente construcción, para evitar las chamuergas que pueblan. Tras cruzar el puente continuamos a la izquierda evitando la pista que desciende por la derecha a Taja.

Casi sin darnos cuenta alcanzamos las vegas de Vicenturo fáciles de reconocer por la presencia ala izquierda del Pico Redondo, una modesta cumbre (1.414 m), fácil de ganar y dominante de toda la extensión que lo circunda. Una característica corona pétrea forma su cumbre.


Dejando el Redondo a nuestra izquierda y tras atravesar un paso entre las rocas, descendemos a una pista que podemos seguir a la derecha (sureste), para después girar al oeste y continuar por la vallada que se forma, o bien ascender la ladera que tenemos al norte, alcanzando poco después una nueva pista que nos desciende al mismo valle. Aquí nace una pista de nueva construcción que más que pista parece carretera, por sus dimensiones. Todo hace suponer que en poco tiempo el piso será de hormigón. Por ella alcanzamos la Collada Santa Cristina, dejando a la izquierda las brañas de Santa Cristina y el Pividal. En Santa Cristina hubo ermita hoy convertida en cabaña ganadera. Esta collada nos da paso a los Puertos de Maravio.


El descenso por la vieja pista, hoy muy mejorada y que seguramente también terminará hormigonada, nos lleva a la carretera, muy cerca de la salida hacia Villabre y Grado. Nosotros debemos ir a la derecha y después de pasar el indicador del PR del Pico Caldoveiro y poco antes de la Casa Don Pablo, tomar un sendero que sale a la izquierda y que pronto comienza a subir entre cabañas. Estamos en el Camín Francés, un sendero bien señalizado y fácil de seguir, que en vueltas y revueltas nos aúpa a un collado a los pies del Pico Caldoveiro, que dejamos a nuestra izquierda.


El camino desciende entonces a las inmediaciones de la Laguna de la Tambaina y continúa todo derecho a subir al Alto Santiago en las inmediaciones del Pico Cadupo y límite de los concejos de Yernes y Tameza, Teverga y Proaza. Este collado nos transporta una nueva sucesión de praderas en las que podremos ver varios lagos, siendo el más grande el primero que nos encontramos. Son los Lagos de la Barrera.


Siguiendo las marcas del GR y tras pasar por la zona conocida como pata la mula, llegamos a una pradera en la que hay una casa muy arreglada y con cierre. A ambos lados de la puerta tiene las siluetas de dos toros de Osborne. Poco más allá a la izquierda, hay restos de una braña. El camino asciende ligeramente para situarnos en la parte alta de Cuallagar, con el Pico Loral frente a nosotros.


Ya el cansancio va haciendo mella y aún nos falta lo peor: la pista y la carretera. A ellas llegamos. Entroncamos con la pista de tierra por la que pasamos por la Portilla Guanón y dando vista a las tierras de Proaza, caminamos por encima del pueblo de Sograndio, reconociendo las sierras de La Verde y del Gorrión.


Por la pista llegamos al alto de La Cruz de Linares, reconocible por unas antenas y cogemos la carretera que en menos de dos kilómetros nos deposita en Linares. Aquí tenemos dos opciones: seguir por la carretera hasta Castañeu o continuar por las marcas el GR por el camino antiguo que unía Linares con Castañeu y Villanueva. La mayoría optaron por la carretera, pero un pequeño grupo seguimos el sendero. No fue una buena idea. En el principio había algo de barro, pero el camino se seguía bien. Pero más tarde comenzó a cubrirse de maleza y en algunos tramos tuvimos que emplearnos a fondo para poder pasar. Luego volvió a abrirse, pero en la primer oportunidad que tuvimos, retornamos ala carretera. Ya nos quedaba muy poco y enseguida avistamos Castañeu del Monte, a cuyas callejuelas llegamos en pocos minutos.


Una gran ruta en la que empleamos unas nueve horas, con la suerte de que el tiempo nos respetó. Cayeron algunas gotas en distintas partes de la ruta, pero no fueron suficientes para minar nuestros ánimos. Le sobró, eso si, la parte de carretera final. Pero siempre se termina de un modo u otro en una carretera. Es nuestro sino.


El próximo sábado día 13 nos vamos a tierras de Somiedo para coronar su segunda máxima altitud, el Cornón de la Muzarra, de 2.188 m. Una ruta sencilla y más corta que la que acabamos de relatar. La ruta que proponemos es:


Santa Maria del Puerto (1.486 m) – Prados de la Campa (1.564 m) – Fuente Cerezalina (1.730 m) – La Almozarra (1.785 m) – Los Pollos (1.927 m) – El Cornón (2.188 m) – Collada Entrepicos (1.848 m) – La Almozarra (1.790 m) – Navariegos (1.550 m) – El Albergue (1.480 m) – Lumajo (1.370 m).


Ya está abierta la inscripción para esta ruta clásica donde las halla. Es una cumbre que no se puede dejar de visitar. La máxima altitud de Somiedo y un buen mirador de la cordillera. Además es posible que aún encontremos algo de nieve en su cumbre o en las inmediaciones. Espero vuestras llamadas.

miércoles, junio 03, 2009

EL MEJOR MIRADOR DEL URRIELLU

Un magnífico día de sol para una ruta en un marco incomparable. Era la segunda vez que intentábamos la conquista del Cuetón de Llerosos y en la anterior ocasión la niebla nos impidió alcanzar esta cota y disfrutar de sus estupendas vistas del Central y el Occidental. Pero en esta ocasión, el cielo quiso pagarnos con creces el duro esfuerzo realizado y puso en todo lo alto al brillante astro sol, para que disipara todo atisbo de nube que pudiera empañar la magnífica visión.

El día amaneció limpio y el sol reinaba en el cielo desde las primeras horas de la mañana. El viaje hasta Inguanzo era alegre, pensando en que la ruta estaba segura. Salimos de Inguanzo con una buena temperatura para la hora que era. El camino lo conocemos de memoria, pues las Foces del Burdio son como nuestra casa, de tantas veces como las hicimos ya. Pero no nos cansamos de contemplarlas y en esta ocasión, probablemente con la mejor luz de todas. Salimos por la parte alta del pueblo, pasando junto a la iglesia, para seguir por una pista hormigonada que se dirige al este con la Sierra de Dobros como telón de fondo. Gracias a la buena luz existente, pudimos contemplar las múltiples revueltas que hace el camino minero que desciende desde el Portillo Busnuevo, por donde bajamos la última vez que estuvimos en estos lares.

La pista gira al oeste y se bifurca al sur para en fuerte ascenso, llegar a las inmediaciones de una cabaña donde finaliza. Unos metros antes del cierre de la cabaña, sale un sendero a la izquierda por el que se asciende hasta el hombro en el que se inicia el paso del desfiladero formado por el Río Burdio. Lo más interesante del desfiladero es el inverosímil sedo tallado en la roca, que permite su recorrido hasta la fuente del nacimiento, llamada del Hombre Muerto.

Se trata de un sendero ganado a las paredes que descienden del Toraco Jurao y del Pico Sal de la Piedra, que camina al principio en ascenso para a poco más de la mitad del recorrido hacer un fuerte descenso, donde se encuentra el único paso de cierto peligro si la piedra está mojada, ya que hay que descender una llambria muy pulida, de un par de metros, pero con buenos agarres. Luego se vuelve a empinar suavemente dando salida a Las Camperas donde se encuentra la mencionada fuente.

Por verdes praderas continúa el camino parea alcanzar la Vega Sal de la Piedra, donde nos encontramos con una bifurcación. Por la derecha, oeste se abre un ancho valle en cuyos inicios podemos ver un grupo de cabañas. Es la majada de Ternás. Nuestro camino sigue por la izquierda y en ascenso, por el Recuesto la Espina, entre las lomas que descienden del Pico Las Coronas y las paredes rocosas del Campillon. Pasamos junto a los Jous de Ardaboso y enfilamos la subida final al Collado Carraceda, desde donde se asciende con facilidad al Pico Las Coronas.

Por la izquierda se desciende a la Majada Maneda y al Portillo Busnuevo, mientras que a la derecha, nuestro camino bien marcado, asciende suavemente a la abandonada majada de Dubriello, donde solo quedan algunas paredes de lo que fueron sus cabañas. El camino empedrado va ascendiendo en revueltas con un desnivel cómodo de seguir, surcando las camperas del Monte Adabosos, hasta alcanzar el borde la profunda depresión de La Canal, a la altura del Paré Corvo.

El camino gira a la izquierda y llega a l a bonita majada de Ostandi con sus cabañas diseminadas alrededor de una pequeña laguna y con un abrevadero y fuente, que en esta ocasión no pudimos aprovechar por lo caliente que salía el agua. De Ostandi se sale por la izquierda de la fuente, siguiendo un sendero, probablemente del ganado, que nos lleva a una nueva campera más arriba, Vega las Salgueras, en la que da un rodeo primero hacia el este para girar luego al oeste, llegando a un hombro en el que el sendero se difumina, con dirección norte para situarnos en la cresta de los Picos de la Vega de los Carros, donde damos por fin vista al Central y al Occidental, con el Urriellu en uno y la Peña Santa en otro, como máximos exponentes.

Tras un respiro contemplativo de toda la inmensidad de cumbres que se nos presentan, continuamos por la cresta hacia el este, ascendiendo un primer promontorio tras el que se encuentra a pocos metros nuestro objetivo, el Cuetón de Llerosos, coronado por un buzón de cumbres con forma de piolé, instalado por el Grupo de Montaña ENSIDESA.

Las vistas son prácticamente las mismas que hace un momento, ampliadas con las de las zonas norte y este, que antes no veíamos. Al norte todo Cabrales con infinidad de pueblos. La Pica Peñamellera se asoma en un resquicio entre otras cumbres. El Cuera en toda su extensión. Más cercano, al otro lado del Río Cares, Los Puertos de Era con un sinfín de afiladas agujas. Ya por el sur, en la entalladura de la Canal del Tejo, aparece Bulnes El Castillo. A nuestros pies, asomándonos al precipicio, la Majada de Ondón y enfrente, Peña Castíl, el altivo Urriellu, el Albo, Torrecerredo, Cabrones, Cuetos del Trave y por delante Amuesa. Por el este, los reflejos de Caín, La Bermeja, El Jultayu, Cuvicente, Peña Blanca, Peña Santa, La Verdilluenga, Los Traviesos, La Canal Parda, Torre de Santa María y cerrando la panorámica, el Cabezo Llerosos.

Un ramillete de cumbres por las que merece la pena el esfuerzo realizado, más de 1.300 metros de desnivel con un recorrido de muy pocos kilómetros.

La temperatura es muy agradable y las vistas estupendas, pero tenemos que pensar en seguir, pues la ruta aún tiene muchos pasos pendientes. Cubierta la tarjeta y hechas las preceptivas fotos de grupo, iniciamos el descenso, bajando por el mismo sitio por el que habíamos llegado, hasta poco antes del lugar donde habíamos accedido a la cresta. Allí, un sendero desciende hacia el sur con bastante inclinación, pero sin problemas. La verdad es que en algún momento perdimos el buen camino y no nos quedó otro remedio que buscar la mejor forma de llegar a la pradera que se veía abajo, por la que discurre el sendero que viene del Llerosos. El descenso sin camino tampoco fue complicado gracias a que la visibilidad era estupenda.

Ya en el camino de Llerosos, nuestra dirección toma rumbo este hasta una pequeña pradera en la que el rumbo varía a la izquierda para seguir por una pedrera haciendo un gran círculo para volver a la derecha, este, descendiendo a la campera anterior a Ondón, en la que hay una fuente. De aquí a Ondón es un momento.

Si las vistas desde el Cuetón eran buenas, las de Ondón tienen además las cabañas como contraste de profundidad. La majada estaba llena de tranquilas vacas rumiando. Una nueva ráfaga de fotos a la “diva” del día, el Urriellu. Un descanso y a seguir hacia la canal de La Bobia.

El sendero hacia el este, bien marcado, nos lleva directos al comienzo de la larga y empinada canal. Abajo, muchos metros más allá, vemos los coches del aparcamiento del tren de Bulnes. Y Bulnes, el Castillo, también es visible en el fondo de la Canal del Tejo. Y por encima, el Urriellu.

El descenso de la canal de La Bobia no es difícil. Tiene un marcado camino zigzagueante pero con tramos bastante inclinados. Lo que sí tiene es que se hace pesada sobre todo al final de una ruta. También el calor hace mella por lo cerrada que está. De todos modos siempre tiene el aliciente delas vistas sobre el Picu y sus “posados” fotogénicos.

La primera parte del descenso se hace por el centro de la canal y va tendiendo ligeramente a la derecha, para retornar nuevamente al centro y llegar a la altura de la cabaña de Esmenadoiro, donde hay un sendero que sale a la derecha y se dirige a Pregüeles y Los Collaos, en la Senda del Cares, pasando por Pan de Espines. Nuestro camino continúa por debajo de la solitaria cabaña y por el centro de la canal. Pronto veremos más abajo otra cabaña rodeada de verdes camperas. Es entonces cuando el sendero se arrima a las altas paredes de la izquierda, para pasar junto a una cueva y dejando la cabaña a la derecha.

La maleza tapa la visión del camino y entre las ortigas continuamos el descenso ya con la mirada puesta en los tejados del ansiado pueblo de Camarmeña. La fatiga comienza a hacer mella y el calor insoportable. Por fin llegamos a la fuente de Camarmeña. El agua fría nos alivia y nos da fuerza para continuar descendiendo. Aún nos queda un buen rato.

Caminamos ahora por las hormigonadas callejas de este bonito pueblo montañero. Pasamos junto al Mirador del Urriellu, pero con la cantidad de vistas y fotos que llevamos de él, ni nos acercamos en esta ocasión. Para bajar a Poncebos se puede hacer por dos sitios: por el antiguo camino, hoy cerrado a causa de un argallo o por la carretera. Por causa del temporal no nos queda otro remedio que seguir por la carretera, tras pasar junto a la iglesia del pueblo desde donde nos despedimos del Picu con una postrera foto.
Un par de kilómetros de asfalto con un sinfín de revueltas y damos con nuestros cansados huesos en un hervidero de gentes que es hoy Poncebos. Fueron ocho horas y media de ruta, con cuarenta minutos de parada en el Cuetón y alguna parada más por el camino de ascenso. Pero ocho horas que damos por bien empleadas por las gratificantes vistas de las que disfrutamos en esta preciosa ruta montañera.

Para esta semana tenemos una ruta histórica del Grupo de Montaña Las Xanas, que ya hace algunos años que no hacemos. Se trata de la clásica San Lorenzo – San Andrés, que en esta ocasión pretendemos terminar en Castañeu del Monte. La ruta para el día 6 es:

Puerto San Lorenzo (1.350 m) – Las Troncadas (1.494 m) – Llanu Fasqueru (1.446 m) – Campa Cueiro (1.386 m) – Vicenturo (1.235 m) – Collada Santa Cristina (1.281 m) – Puertos de Maravio (1.000 m) – Casa Don Pablo (970 m) – Camín Francés – Collado Caldoveiro (1.240 m) – La Tambaina (1.158 m) – Altu Santiago ( 1.241 m) – Lagos de la Barrera (1.104 m) – Pata La Mula (1.128 m) – Cuallagar (1.100 m) – Cantu La Flecha (1.132 m) – Portilla El Guanón (1.070 m) – Mortera Candeales (950 m) – La Cruz de Linares (848 m) – Linares (767 m) – Castañeu del Monte (530 m)

Una larga pero entretenida ruta que apenas tiene desniveles y que casi toda ella es en descenso. Apta para valientes que no tenga miedo a caminar. Espero vuestras llamadas.

lunes, mayo 25, 2009

YA ESTOY DE VUELTA

De regreso de la Ciudad de la Luz, contacto nuevamente con vosotros pero sin comentarios a la última ruta realiza por tierras de Cangas de Narcea, para coronar el Rabo de Asno.


En estos momentos desconozco todo lo concerniente a esa ruta, ya que no he contactado con nadie y no sé si siquiera la pudieron hacer, pues creo que las condiciones meteorológicas no fueron buenas en este pasado fin de semana.


Pero como ya hay que preparar la ruta del próximo sábado día 30, aquí estoy para comentaros que iremos a Inguanzo para subir al Cuetón de Llerosos o Alto la Peña, pasando por la las Foces del Burdio y con descenso por Ondón y Camarmeña a Poncebos. La ruta que proponemos es:


Inguanzo (310 m) – Foces del Burdio (650 m) – Majada de Maneda (1.136 m) – Dubriello (1.170 m) - Ostandi (1.408 m) – El Cuetón (1.651 m) – Ondón (1.340 m) – La Rasuca (1.000 m) – Camarmeña (426 m) – Poncebos (218 m)


Se trata de una ruta exigente con un desnivel a salvar de unos 1.340 m de subida y 1.430 m de bajada, para lo que emplearemos unas 8 horas. Por lo que dicen los meteorólogos, vamos a tener buen tiempo, pues se acerca un anticiclón que despejará las nubes que ahora nos cubren. Para entrar en Inguanzo tenemos que llevar el autocar de 29 plazas, lo que quiere decir que el que no se dé prisa en apuntarse, se quedará en casa. Espero vuestras llamadas.

martes, mayo 19, 2009

LA NIEBLA UNA VEZ MÁS

En estos momentos me encuentro sobrevolando la zona de Somiedo. Abajo veo los lagos de Saliencia y a su alrededor un sinfín de montañas con penachos de nieve aún. Todo lo contrario de lo que nos ocurrió el pasado sábado por tierras de Amieva. Por segunda vez se nos puso gafa la ruta del Bescoba y Priniellu y ya fueron muchas las voces que se oyeron clamando por un nuevo intento.


El autocar nos dejó en Vega de Pervis después de atravesar media Asturias lloviendo. Al menos aquí no llovía. Pero las n uves muy bajas, comenzaban a cubrir toda la parte alta, tapando hasta La Fresneda. Iniciamos la caminata subiendo por la carretera de Vís hasta este bonito pueblo colgado sobre la Hoya de San Vicente. Aquí algunos indicadores verticales nos marcan el camino a seguir que no es otro que la Senda del Arcediano en su parte final.


La pista, fácil de seguir si no nos equivocamos en alguno de los cruces a la salida de Vis, nos conduce en ascenso a la zona oeste de la sierra, dando vista a la carretera en la que hace poco hemos dejado el autocar. Abajo podemos ver, a pesar de la niebla, las casas de Pervis. A partir de este lugar, las cabañas de Posadoiro, dejamos de ver a ambos lados. La niebla lo cubría todo. Solo el camino bordeado de árboles y cabañas diseminadas. Así, casi sin darnos cuenta, llegamos a lo que el GPS nos marcaba como el Collado Sañín. Punto en el que debíamos iniciar la ascensión al Porru Bescoba o Porru Cantu la Cueva.


Se imponía tomar una decisión ante las condiciones climatológicas. Algunos optaban por continuar por la pista hasta Amieva, mientras que otros eran reacios a abandonar, manteniendo la esperanza de una apertura de claros que nos permitiera hacer la ruta propuesta. Así las cosas, el grupo terminó dividiendo se en dos bandos: Unos siguieron por la pista y el resto iniciamos, sin ver nada, la ascensión al Bescoba.


En la misma collada y guiados por el GPS, tomamos un sendero que comenzaba a subir en diagonal con dirección sureste hasta un hombro que apareció ante nosotros como un fantasma y en el que comenzamos a derivar primero ascendiendo al norte, y luego más al noroeste. El sendero se hacía cada vez menos patente y solo los rastros del ganado nos indicaban los mejores pasos. En un momento determinado, decidimos iniciar lo que creíamos la ascensión final al Bescoba, girando a la derecha y subiendo de forma más vertical. Alcanzamos así una plataforma desde la que un nuevo cambio de rumbo, noreste, nos encumbró en el Porru Altu la Cueva, como reza la placa de su buzón de cumbres.


Las vistas… cero patatero. Si nos separábamos un poco unos de otros, solo veíamos sombras en movimiento. Además hacía frio y solo al resguardo del aire pudimos descansar un poco mientras cubríamos la tarjeta de cumbres y nos hacíamos la foto de rigor. Poco tiempo estuvimos allí. Reemprendimos la marcha, una vez más guiados por el GPS, para seguir con rumbo este por la sierra, en busca de un lugar donde iniciar el descenso nuevamente a la pista.


No sabemos exactamente por donde pasamos, pero creo que hicimos el Viscoba después de recorrer les Boleres de Bescoba por una especie de sendero entre la piedra. Descendimos a Voz de Pozu Reondu y más tarde a Voz de Parriellu, donde hubo una nueva asamblea decisoria. Algunos continuaron ruta hacia el Priniellu, entre la niebla, mientras que el resto decidíamos descender a la pista a la altura de la Collada de Amieva, para desde allí seguir a Amieva donde poner fin a esta ruta, no sin antes recibir una pequeña mojadura, ya que desde Voz de Parriellu no dejó de llover hasta que nos metimos en el bar de Amieva a dar buena cuenta de nuestras viandas. Como media hora después, llegó el resto de la expedición, luego de hacer cumbre en el Priniellu.


Mal día para caminar por el monte, pero una ruta más a nuestras espaldas. Creo que las magníficas vistas que esta ruta nos puede ofrecer, bien merecen un nuevo intento.


Ya en pleno vuelo rumbo a París, Os animo a realizar la ruta del próximo sábado. Nuevamente por tierras de Cangas de Narcea, para en esta ocasión caminar desde el Santuario de Nuestra Señora del Acebo, hasta Genestoso, pasando previamente por el Rabo de Asno. Ra ruta que yo me pierdo es:


El Acebo (1.205 m ) - Cabornín (1.200 m) – Collada Trabanco (1.400 m) – Collada Turria (1.590 m) – Rabo de Asno (1.894 m) – Collada la Bobia (1.684 m) – Xenestoso (1.160 m)


Una bonita ruta para disfrutar de estupendas vistas de toda la sierra del Acebo y de la sierra de Genestoso. También se podrán contemplar parte de las vistas que hace quince días tuvimos en la ruta del Sieiro.


Para esta ruta los teléfonos de contacto son los de LITO: Hasta las 4 de la tarde al número 985786775 y después de esa hora al número 985220027. También podéis llamar a Jorge al teléfono 680358404.


Espero que os lo paséis muy bien. Yo me acordaré de vosotros pateando la Ciudad de la Luz.

lunes, mayo 11, 2009

LA FE MUEVE LAS NUBES

Como siempre, predicciones para el sábado: inestabilidad; chubascos aislados; muy nublado... Es nuestro sino. No nos dan una alegría ni por equivocación.

Así emprendimos el largo viaje a Vallado, en las cercanías del Puerto de Leitariegos. Y cuando llegamos, no llovía pero las nubes eran dueñas y señoras de todo el ambiente.

Comenzamos a caminar sin ver nada a causa de la niebla, a la entrada del pueblo, junto al muro de un antiguo caserón, por una carretera de tierra con el indicador de Sieiro. La ancha pista, válida para cualquier tipo de automóvil, comienza con una ligera ascensión, con plantaciones de cerezos a ambos lados, hasta llegar una cerrada curva a la derecha. Poco más allá, sale un sendero a la izquierda, medio cubierto por la maleza, que es el que debíamos coger para subir al Collado Maticha, pero ante la imposibilidad de saber a ciencia cierta donde nos encontrábamos, optamos por continuar por la carretera a la espera de que levantase la niebla.

Sin posibilidad de pérdida alguna y sin ver nada, alcanzamos la Ermita de San Francisco a la entrada del pueblo de Sieiro. Poco antes dejamos a nuestra derecha una pista señalizada por el sendero PR-AS 112, RUTA DEL VALLE DE CIBEA, que veníamos siguiendo desde Vallado. Cruzamos un arrollo en el que vimos un antiguo molino y un poco más allá, cogimos la pista que sale a la izquierda, con la intención de subir al Collado La Laguna en la esperanza de que el día abriese y nos permitiera hacer al menos parte de la ruta propuesta.

La pista va subiendo entre buenas praderas de pasto muriadas con llábanas con unos cierra de tablas de madera encajadas en los surcos practicados a dos llábanas, una a cada lado. Según subíamos comenzamos a notar el calor del sol que luchaba por filtrase entre la espesa capa de nubes. Cuando después de cincuenta minutos de subida por la nueva pista, alcanzamos el Collado La Laguna, ser abrió el cielo y los espesos nubarrones se convirtieron en manchas azules que cada vez ocupaban mayor extensión.

El Collado La Laguna, llamado así por la lagunilla que la preside, es una pradera surcada por un par de pistas, desde la que se tiene unas estupendas vistas del valle por el que circula la carretera de Leitariegos y de toda la cordillera de esa zona, presidida por la inconfundible silueta del Cuetu Arbás. A la izquierda, este, tenemos Peña Furada que desde este lugar no es más que una loma de escasa altura. Por el oeste se extiende una pradera que nosotros atravesamos para llegar a una caseta con antena. Estamos en El Forno y poco más allá vemos el cuerno que forma la cumbre del Pico Sieiro, cubierto de escobas por todas partes.

Por la izquierda de la caseta encontramos un sendero que se adentra entre las escobas y que va dando vuelta al cuerno del Sieiro por el oeste, para después subir casi de frente a la cumbre, sin mayores dificultades. La cumbre es un pequeño espacio volado, desde el que se obtienen unas estupendas vistas de toda la cordillera y del valle, a la vez que se contempla toda la Sierra de Sieiro que nosotros pretendíamos caminar desde Vallado. Por el este vemos al Sierra de Genestoso con el Rabo de Asno, que intentaremos dentro de quince días. Al sur, el Cuetu Arbás se muestra imponente con su gran corpulencia. Por el oeste tenemos la Sierra de Caniellas, con las figuras inconfundibles del Cueto Roguero, Caniechas y el Cueto del Fraile.

Para el descenso seguimos un sendero que por el este del pico desciende y se adentra entre las escobas, para despejarse poco más abajo y llegar así a la parte trasera de la caseta de la antena. Una vez en la campera de El Forno, descendimos al sur, por una buena pista, dando vista a la abigarrada Braña de la Linde, a nuestra derecha abajo. En una cerrada curva de la pista, dejamos atrás un sendero que nos debería conducir a la Braña de Caldevilla. Cuando nos dimos cuenta, nos encontrábamos bajando a la carretera, así que enmendamos el error siguiendo a campo través por entre prados abandonados, para alcanzar los cierras de las antiguas huertas de la braña, y ascender a la pista que veíamos más arriba. Alcanzada la pista algo más al este de las cabañas de la Braña de Caldevilla, caminamos por ella hasta casi en llano, hasta que esta comienza a descender. Una antigua pista sale a la izquierda, dirigiéndose a una cuadra de tejado nuevo y posteriormente a la Braña del Otero. Nuevamente la tendencia es descender, pero nosotros continuamos subiendo al cercano collado Matiecha a los pies de una loma en la que hay una antena. Por la derecha del collado y en llano, sale una nueva pista que va faldeando el Pico Matiecha. Dejamos la pista que sale a la derecha y desciende rápidamente, para continuar de frente hasta alcanzar una alambrada que cierra un bosque de escobas. Cruzamos la alambrada y entre las escobas pronto encontramos un buen sendero que comienza a descender con dirección a Vallado. El sendero nos lleva a la carretera de tierra por la que comenzamos la ruta por la mañana y siguiendo a la derecha, pronto llegamos al punto de partida donde nos espera el autocar. Al poco de coger la carretera, hay un camino a la izquierda que también nos lleva al mismo sitio.

Para el Sábado día 16 de mayo, tenemos ruta por tierras de Amieva. Pretendemos realizar una ruta que hace años no pudimos hacer por causa de la nieve y la niebla. Queremos recorrer la parte occidental de la Sierra del Amieva, partiendo de Pervís. La ruta propuesta es:

Pervís (130 m) – Vis (320 m) – Posadorio (500 m) – El Balagar (590 m) – Collado de la Cueva (630 m) – Collada de Sañin (710 m) – Peña Bescoba (1.073 m) – Voz de Pozo Redondo (1.036 m) – Porrón de San Román (1.077 m) – Voz de Parriellu (1.041 m) – Pico Priniellu (1.230 m) – Voz de Parriellu (1.041 m) – Collada de Amieva (801 m) – La Bauga (680 m) – Amieva (580 m)

Una bonita ruta con posibilidad de alternativas varias para un recorrido de unos 13 kilómetros contemplando fantásticos paisajes de Amieva, Ponga y Picos. Así que todos a apuntarse. Si lo dejáis para tarde os quedareis sin sitio. Espero vuestras llamadas.

martes, mayo 05, 2009

EL MACICON COMO ATALAYA

Volvemos una vez más a las orillas del Semeldón para casi repetir la ruta del año pasado al Pico Pondio, pero en esta ocasión la ascensión la realizaremos al Pico Macicón, con el fin de otear posibles rutas por la zona de Cuadramoño y Corina.


Con un bonito día de primavera y buenas perspectivas climatológicas, salimos de Sellaño por la carretera que se dirige a Sevares. A los pocos metros un indicador a la izquierda, nos anuncia el PR de la ruta entre Sellaño y Semeldón. Se trata de un sendero que une los dos lugares mencionados utilizando para ello, la caja de un antiguo ferrocarril maderero hoy desaparecido, en parte por la destrucción de los puentes que el río Semeldón se llevó por delante.


El indicador de la ruta se encuentra en el inicio de un camino que discurre entre árboles y prados. Alguna cabaña diseminada y el único inconveniente de la ruta, el cruce del arroyo de Los Lladeros, cuyo puente se encuentra en muy malas condiciones y nos obliga a cruzar por el río, cosa complicada en caso de que este venga crecido. Traspasada la casi única pega de todo el recorrido, debemos cruzar el cierre de una buena pradería, saltando por encima de los maderos que lo forman, para lo cual existe una saltadera que casi nadie utiliza.


Caminamos ahora sobre la hierba pero por la caja del ferrocarril mencionado, que en este punto se hace muy evidente. Al otro lado de la finca una nueva saltadera nos ayuda a pasar un nuevo cierra para volver al camino.

Si nos fijamos, por nuestra izquierda y más debajo de nuestro camino, veremos un puente de madera que cruza el Río Semeldón. Algo más allá, al dar una curva a la izquierda, encontraremos otro puente, Puente Cureño, con una portilla al final y por el que debemos seguir para pasar a la otra orilla.


El camino continúa ahora entre avellanos y a la altura del río. Por encima de nosotros, a la izquierda, veremos otro camino que más adelante se unirá al nuestro y que proviene de Tribierto, pueblo cercano a Sellaño y cuya carretera sale del centro de este último pueblo. Es una alternativa para evitar el cruce del Arroyo de Los Lladeros.


Llegaremos a una nueva bifurcación casi imperceptible, ya que el camino que nosotros seguiremos queda de frente, mientras que el otro gira a la derecha y se acerca al Puente de la Sota del Cándano, por el cual se vuelve a la otra orilla del Semeldón, para seguir la ruta marcada en el PR. Como digo, nosotros dejamos el puente a la derecha y seguimos por el sendero de enfrente, que se va cerrando y comienza a ascender entre matorrales y brezos. Está muy marcado y no tiene pérdida.


El ganar altura sobre el río nos permite poder contemplar la otra orilla por la que vemos el ancho camino que se dirige a Semeldón. También veremos el se le une procedente de Ambigüe, cuyas casas empezamos a contemplar.


Nosotros seguimos ascendiendo poco a poco teniendo siempre a nuestra izquierda las escarpadas laderas del Pico Pondio y a la derecha las caidas hacia el Río Semeldón que no las apreciamos gracias a la espesa maleza. Al otro lado vemos la franja herbosa que se descuelga de las alturas del Porru La Escrita. Es el Valle de Viores que tiene continuidad por nuestra orilla donde se forma el Valle del Cordal, al que pronto llegaremos.


Primero nos encontramos con la Casa Roque, una cabaña grande de buena factura, con el único pero de un par de uralitas que cierran su tejado. Algo más allá y con entrada desde la cabaña, un inclinado prado en el que hoy pacen unas vacas. El camino sigue por encima de la cabaña y del prado, adentrándose en el bosque. Vemos varios cierres de antiguas fincas que festonean el camino que comienza a marcar amplias curvas para vencer el desnivel del Valle del Cordal en cuyo comienzo nos encontramos.


Pasamos junto a algunas destartaladas cabañas que nos hablan de otros tiempos en los que estos, hoy desolados parajes, eran ollados por muchos pies y patas. Ahora solo el ganado, que creemos entra por el contiguo Valle de Tobaos y algunos pastores, son, junto a locos como nosotros, los únicos perturbadores de la paz que reina en estos lares.


El camino poco a poco se va difuminando entre el arbolado y la abundancia de piedras y maleza, nos lleva a buscar los limpios prados que tenemos a nuestra izquierda. Al llegar a la pradera amanece y vemos la cruda realidad de lo que aún nos falta por subir para alcanzar el Collado Llimes que adivinamos sobre nuestras cabezas. Nunca mejor expresado. El Prau de Roque es una inclinada franja verde que se extiende entre las agrestes caídas del Pondio y el bosque que acabamos de abandonar. A nuestras espaldas se adivina en el fondo, el río y al otro lado otro muro como el que nosotros tratamos de vencer, en el ya mencionado Valle de Viores.


Poco a poco, con cansino y empecinado caminar, vamos ganando altura y acercándonos a nuestro primer destino. Una buena cabaña nos da la bienvenida al alto Collado Llimes, formado por las rocosas paredes del Pondio por la izquierda y la ladera cubierta de brezo, del Macicón. Enfrente, altivo y sereno, el Pierzu nos saluda irguiendo sus formas sobre las verticales cortadas de La Huérfana. Un ramalazo de blancura a la izquierda del Pierzu, nos marca la posición de la Torre de Santa María. Y bajo nuestros pies, otra vertical pared, esta en descenso, formada por el Valla Tobaos, que desciende vertiginosamente al Río Ponga y a la carretera que une Sellaño con la capital del concejo, San Juan de Beleño.


Dos horas y media nos llevó llegar a este precioso y vistoso lugar. El día está estupendo y no hay prisas. Descansamos cómodamente esperando la llegada de todos los componentes del grupo. Nos hacemos fotos con distintos fondos y una vez recuperados del esfuerzo, iniciamos la ascensión a nuestra tachuela del día, el Pico Macicón.


Por detrás de la cabaña y junto a un árbol, adivinamos un sendero que se introduce entre el brezo. No hay mayores problemas. Todo es caminar por el mejor sitio posible. El sendero aparece y desaparece como el agua del Guadiana, pero la subida no tiene pérdida: siempre hacia arriba. Ganamos un primer hombro, el que veíamos desde el collado, y en poco tiempo alcanzamos la poco espaciosa cumbre del Macicón. Un poco más allá, descendiendo a un resalte de la ladera opuesta, podemos contemplar el Collado el Inobiu, la otra posible subida desde Semeldón a esta cumbre.


El Macicón, de tan solo 899 metros de altitud, nos proporciona unas estupendas vistas de la intrincada zona de Ponga en los alrededores del mítico Valle Moro, cuyas casas cimeras podemos contemplar desde nuestra atalaya. Partiendo del collado Llimes, con el Pondio al otro lado y girando en sentido de las agujas del reloj, vamos desgranando el rosario de cumbres que podemos abarcar. Peña Siña y su collado, la ya mencionada blanca y pura Torre de Santa Maria que trata de esconderse vergonzosa, tras la mole oscura del Pierzu; la Huérfana a su lado nos da pie para contemplar las también blancas laderas del Recuencu y Collao Zorro. Por detrás de ellos, el Pileñes y la mole blanca de Peña Ten. Saltando el valle por el que discurren el Río Ponga y la Carretera de Beleño, nos encontramos con otro grande de nuestras montañas, el Tiatordos que abre su copa en un brindis que esperamos compartir este año, ganando su cumbre. A su lado, majestuosa la Peña Taranes y la contigua Llambria, forman un muro inexpugnable sobre la suave loma del Collado Llues y Cuadramoñu. Siguiendo a la derecha y también con algo de nieve, Peña Crespa nos da paso a la inconfundible parda silueta del Maoñu. Bajo su cono, la Bolera los Moros y Vallemoro. Volviendo arriba, otro cono inconfundible, el Vízcares. Vemos la Cuesta de la Morena, el Porrón de los Lagos, el Cunio. Por delante de este último desciende el Valle de Viores y a su lado el Porru La Escrita. Siguiendo, allí abajo, vemos Ambigüe y cerrando el círculo, allá a lo lejos, la inconfundible silueta del Pienzu elevándose sobre la Sierra del Sueve.


Pocas veces 899 metros de desnivel nos pueden dar una imagen tan amplia. Eso solo mencionando las cumbres circundantes. No mencionamos para nada los cerrados valles y las profundas foces como la cercana y gratamente conocida riega de Les Cuerries. Al igual que el vecino Pondiu, el Macicón es una estupenda atalaya de esta zona virgen, y esperemos que por muchos años, de Ponga. No somos capaces de abandonar este estupendo balcón. Cubrimos tarjeta, hicimos fotos con fondos variados, contemplamos y enumeramos una a una todas las cumbres y los lugares más o menos conocidos, pero allí seguíamos. Por fin, alguien se movió y comenzamos el descenso. Ya queda poco de ruta y es temprano. Bajamos despacio apurando la visión de lo que nos rodea.


Una vez en el collado Llimes, nuevo descanso y más tertulia. Ya por fin nos decidimos a bajar por la amplia y serpenteante pista del Valle Tobaos, pero sin prisa. Comentando posibles rutas por la zona y contemplando las múltiples caras del Pierzu a medida que vamos perdiendo altura. Ya en la Sota Tobaos, en la carretera, podemos dar por concluida la ruta. Un par de kilómetros nos separan del alargado pueblo de Sellaño, que parece no acabarse nunca. Llegamos al autocar y cerramos la ruta que cinco hora y media antes, habíamos iniciado el mismo lugar. Cinco horas que ya digo empleamos con mucho tiempo de parada tanto en el Collado Llimes como en la cumbre del Macicón.


Para el próximo sábado volvemos a tierras de Cangas de Narcea, esta vez en los dominios del Puerto de Leitariegos. Nos vamos a Vallado para hacer otra ruta circular con ascensión a Peña Furada y al Pico Sieiro. La ruta a realizar es:


Vallado (1.000 m) – Foncaisera (1.240 m) – Collado Maticha (1.251 m) – Teisera (1.332 m) – Campu Muniechos (1.314 m) – Peña Furada (1.421 m) – Collado La Laguna (1.397 m) – El Forno (1.455 m) – Pico Sieiro (1.501 m) – Brañas de la Linde (1.160 m) – Brañas de Caldevilla (1.220 m) – Brañas del Otero (1.190 m) – Collado Maticha (1.251 m) – Foncaisera (1.240 m) – Vallado (1.000 m)


Os advierto que de momento tenemos asignado el autocar de 26 plazas, así que el que se duerma puede quedarse sin poder realizar esta ruta. Espero vuestras llamadas.

martes, abril 28, 2009

UNA TRAVESIA DEL ARAMO

A pesar de los malos augurios que los inefables hombres y mujeres del tiempo, nos daban para la jornada del pasado sábado día 25, conseguimos realizar sin problemas la ruta que teníamos prevista en el Aramo. La disculpa era hacer cumbre en el Barriscal, pero para ello pretendíamos hacer una travesía de este a oeste, de la muchas veces olvidada por cercana, Sierra del Aramo.


Con muchas nubes por todas partes pero sin agua, iniciamos el corto viaje hasta el alto de la Cobertoria, comenzando a bajar hacia Pola de Lena, hasta enlazar con la carretera que sube al repetidor de TV instalado en el Gamoniteiro. Abandonamos el cobijo del autocar y pertrechados para sufrir las inclemencias del tiempo, iniciamos la ruta carretera arriba.


La primera parte se nos hace monótona al no tener vistas a causa de las nubes que lo tapaban todo. De vez en cuando sobre nuestras cabezas se abrían pequeños claros de un intenso azul y algunos rayos de sol nos calentaban en la fría mañana. Ni para Lena ni para Quirós teníamos vistas. Solo la base de Peña Rueda y los pueblos del valle, Muriellos, Llanuces, se nos hacen visibles.


Llegando a la altura de la laguna de Veneros, comenzamos a ver manchas de nieve a la orilla de la carretera. Las praderas de Veneros están salpicadas de blancos cercos. Algo más arriba notamos la tenue capa de nieve caída por la noche. Y más arriba aún, la nieve se hace más ostensible. Aparecen las coloreadas columnas del repetidor de televisión. Aún nos falta mucho para llegar. Tras de nosotros las nubes, negras y anunciando lluvia.


Por fin llegamos al repetidor de TV. No es necesario subir hasta las instalaciones, salvo para contemplar el resto de la ruta.. Poco antes una pista completamente llena de nieve, sale en descenso por la izquierda y en varias eses, va perdiendo altura hasta las inmediaciones de una antigua majada, La Bola, con las cabañas ya derruidas. Aquí se nos presentan dos opciones: seguir el camino que se dirige al Angliru y que pasa por la base sur del Barriscal, o tirar de frente a la cumbre de este, por un sendero menos marcado pero fácil de seguir, por la zona sur de la montaña.


Nosotros optamos por la segunda opción y nos introdujimos en la vallada a la izquierda de la sierra que finaliza en el Barriscal, siguiendo un marcado sendero que ese día se perdía a causa de la nieve, por lo que después de un tramo, decidimos faldear y ganar el collado anterior al Pico Robles, para continuar unas veces por la izquierda y otras por la derecha, hasta alcanzar el collado entre el Barriscal y el Robles, desde el que accedimos cómodamente a nuestro objetivo del día, el Barriscal (1.719 m).


Su centrada posición nos permite gozar de unas estupendas vistas de casi toda la Sierra del Aramo, desde el Gamoniteiro a La Gamonal. Lástima que las nubes no nos permiten ver más allá de los confines de la sierra. Cercano a nosotros por el oeste, el Moncuevu y el camino que más tarde debemos seguir; más a la derecha la inconfundible silueta del La Gamonal con su antena y caseta. A nuestras espaldas este, muy cerca, el Robles y más allá La Xistras y el Gamoniteiro. Y poco más. La niebla avanza y ya cubre la cima del Gamoniteiro. Pronto nos tapará a nosotros. A toda prisa cubrimos la tarjeta de cumbres y hacemos las fotos de rigor, para seguir camino por la ladera opuesta a nuestra llegada, descendiendo al valle que por la izquierda desciende al Alba por las Morteras de Salcedo. Nuestro camino, que ya vimos desde la cumbre, muy marcado, comienza en los prados bajo la cumbre del Moncuevu y con dirección suroeste, para poco después hacer un brusco giro al norte, ganando el collado que se forma a la derecha del Moncuevu.. La pista continúa hacia el norte, para dirigirse al Angliru, pero como se encontraba completamente tapada por la nieve, decidimos abandonarla cortando al oeste y bajar directamente por la ladera, hasta alcanzar el camino que por la derecha llega al aparcamiento del Angliru y por la izquierda, por donde nosotros continuamos, se dirige a tierras de Quirós.


Aún estando tapado el sendero por la nieve, es fácil de seguir ya que se encuentra cerrado dentro del valle, con pocas posibilidades de salirse de él. Pasamos junto a una cueva de boca grande pero sin profundidad alguna y tras atravesar una pradera con un porro en el medio, alcanzamos los límites quirosanos de la sierra, dando vista al embalse de Valdemurio, la sierra del Cuetu Mar y la Forcada y a la Airua Naval o Peña Tene, separado todo ello de nosotros, por un gran abismo en cuyo fondo vemos las diseminadas cabañas de Bramonte, Airuga, Linares, Mollendo... que se desparraman valle abajo hasta las inmediaciones de Bermiego, nuestro próximo objetivo.


El camino sigue a la derecha, norte, a buscar la collada de Pando de la Mortera, pero nosotros oímos decir que se podía bajar de frente y así lo hacemos. La inclinación de la ladera es grande pero el descenso se hace sin problemas, gracias a las terracillas que se forman y que a modo de sendero, nos permiten perder altura cómodamente. Abajo vemos la Ermita de la Merced, pero nuestro camino va a terminar más a la derecha de su situación. Cuando ya bajo nuestros pies tenemos terreno algo más llano, aparece un marcado sendero que nos lleva a una cabaña, no sin antes obligarnos a pisar barro casi por primera vez en el día. Pasada la cabaña, el camino desciende entre matorrales y con mucho barro y agua, lo que nos obliga a pasar al prado que tenemos a nuestra derecha, continuando por él hasta alcanzar el cierre por el que salimos ya a la pista que baja de Pando de La Mortera y que ya sin pérdida nos conduce al bonito pueblo de Bermiego, conocido por su afamado texu y por el roblón que con su gran corpulencia, languidece junto a la capilla de San Antonio, en el medio del pueblo.


Así ponemos punto y final a una bonita ruta después de 7 horas de haber comenzado en el ya lejano Alto de la Cobertoria. El tiempo nos respetó y hasta nos permitió cambiarnos de ropa antes de ponerse a llover, como viene siendo costumbre en los últimos días.


Para el próximo sábado día 2 de mayo, tenemos ruta por tierras de Sellaño. Nos vamos a este pueblo de Ponga para ascender al Pico Macicón por las orillas del Sameldón y el Collado Llimes, regresando nuevamente a Sellaño. La ruta que queremos hacer es:


Sellaño (235 m) – Puente Cureño (250 m) – Puente Sota del Cándano (250 m) – Prau de Roque (400 m) – Valle del Cordal – Collado Llimes (750 m) – Pico Macicón (899 m) – Collado Llimes (750 m) – Valle Tobaos – Sota Tobaos (290 m) – Sellaño (235 m)


Una bonita ruta por terreno ya conocido pero que merece siempre la pena: estaremos en Ponga, con lo que esto significa. Ya estoy esperando vuestras llamadas para reservar plaza. No dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy. Igual llegas tarde.

martes, abril 21, 2009

UN BALCON SOBRE PONGA

Me he dado un día de asueto antes de ponerme a relataros la ruta del pasado sábado, con el fin de pacificar las neuronas que estaban un poco alteradas de las estupendas vista que tuvimos los privilegiados que subimos el sábado pasado a La Conia.

Ahora, con el tiempo como mediador, me dispongo a relataros la ruta, una de las mejor calificadas hasta el momento, que creo que fue de la satisfacción de todos. Tanto los que subimos al pico como de los que solo hicieron la Senda del Arcediano.

El tiempo que nos esperaba era incierto. Toda la semana estuvo lloviendo por las tardes y para ese día no se auguraba mejores condiciones. Pero por lo pronto, cuando el autocar nos dejó en Soto de Sajambre, las condiciones eran ideales. El sol brillaba y un cielo azul, enmarcado de algodonosas nubes blancas, era un marco incomparable para las primeras fotos del día, en las que la protagonista era la Peña Santa cubierta de nieve.

La ruta no tiene pérdida, ya que se trata de un GR bien señalizado y con indicadores de dirección. Salimos por la parte alta del pueblo, junto al bar-tienda que nos quedará a la derecha. La pista en buenas condiciones, va ascendiendo cómodamente, marcando grandes curvas. Las vistas hacia los Moledizos y Peña Santa, aunque de vez en cuando cubiertos por las nubes, animan para soportar el esfuerzo. Enseguida aparece en toda su majestuosidad la gran mole de Peña Beza, que como un gigante inexpugnable se muestra ante nosotros.

Un árbol caído en medio de la pista, nos obliga a seguir por entre la maleza, pero enseguida volemos a la pista unos cuanto metros más arriba. Poco más allá, las praderas hoy cubiertas de nieve de Pandamones, nos proporcionan nuevas vistas. Por el oeste aparecen todas las grandes cumbres de Ponga y también nuestro objetivo del día, La Conia, como vértice final de la muralla que nos cierra el paso por el norte.

Rodeamos el Jurcuetu y nos adentramos en la vallada del Candal, cerrada por la derecha por el Jurcueto y por la izquierda por la muralla de La Silla y La Conia, hasta alcanzar los Puertos de Beza. Una gran cantidad de nieve cubre el camino y solo los postes verticales quedan a la vista. Aparece el Cantu Cabronero. Llegamos a la fuente de Beza y subiendo por la izquierda, alcanzamos la Portillera de Beza, límite entre las provincias de León y Asturias.

Aquí nos dividimos en dos grupos. Unos seguirían de frente en descenso por la Senda del Arcediano hasta Amieva, mientras que el resto continuábamos subiendo a la izquierda por el límite provincial, para alcanzar la cumbre de La Conia, tras pasar por La Silla y de bordear el Pozo Las Grajas. Según subíamos, un pequeño grupo de rebecos se asustó ligeramente por nuestra presencia. Los vimos como se hundían en la nieve en el lado contrario del Pozo de Las Grajas, para seguir su camino, lejos del contacto humano.

Alcanzada la cumbre de La Conia, se abre todo un mundo nuevo. Un abismo lleno de picachos, valles, foces y hasta carreteras. Allí abajo, casi a nuestros pies, vemos el bar de Puente Huera u pequeño trozo de la Carretera de los Beyos. Por encima, las diminutas casas de Casielles, reconocible por la cinta plegada de su carretera. Mas a la derecha llegamos a distinguir Biamón y por encima Peña Salón y después Biboli, con la cerrada cicatriz de la Foz de los Andamios dándole salida.

Pero al otro lado, más a la izquierda, otra estrecha foz, la del Río Mojizo que recoge las aguas de Peloño y por donde pasaremos próximamente. Casi llegamos a ver Tolivia y Llué, dos de nuestros objetivos y tratábamos de adivinar el sedo que desde Tolivia conduce al Puente Vaguardo.

Bajo nuestros pies, subiendo desde Puente Huera, una estrecha y píndia canal plagada de picachos a modo de tótenes. Y ya al fondo, todas las grande cumbres de la Cordillera cubiertas de nieve: El Mampodre, Ten y Pileñes; Tiatordos, Collao Zorro, Pierzu, Carria... Y en el lado contrario: Cantu Carbonero, Beza, Valdepino... ¡Para quedarse allí para siempre!

Pero el tiempo se nos echa encima y aún nos queda una buena pateada hasta Amieva. Así que nos olvidamos con pena de las vistas y tras hacer la foto de rigor y cubrir la tarjeta de cumbres, emprendemos la marcha con rumbo norte hacia el Collado de Pasa, a los pies del Valdepino. Hay mucha nieve y se nos antoja que tardaremos más subiendo y bajando las múltiples tachuelas que nos separan del collado, que bajando directamente a Toneyo, tratando de esquivar el Pozo Los Parapetos, muy cargado de nieve. De todos modos el descenso es bastante lento debido a las condiciones del terreno y a la nieve que está blanda y propicia los resbalones.

Casi hora y media tardamos en bajar a Toneyo y ya desde aquí, disparados, por la Senda del Arcediano agobiados por las prisas de la hora y de la amenaza de lluvia que se cierne sobre nuestras cabezas. Poco después de pasar por Sahugo, una preciosa majada con bastantes cabañas arregladas, comenzamos a oír truenos y al poco empezó a granizar. Más adelante el granizo se trocó en agua para dejarnos bien pulidas las piedras de la senda. El cielo se cerró de forma total y la lluvia a buen ritmo, nos fue empapando a todos. Poco pudimos disfrutar ya del Arcediano. Es la segunda vez que lo hago y casi en las mismas condiciones. Así que solo puedo contaros que el piso es de piedras y que si llueve estas se ponen como de cera, provocando los resbalones, por lo que hay que tener mucho cuidado. Con esto, estábamos deseando que llegase el hormigón. Y así fue. En el Collado de Angón abandonamos el piso empedrado para cambiarlo por hormigón que al menos no resbala.

En media hora alcanzamos las primeras casas de Amieva. Recorriendo sus empinadas calles, alcanzamos la iglesia y junto a ella se encontraba nuestro autocar. El porche de la iglesia nos sirvió de improvisado cambiador, donde quitarnos las empapadas vestimentas antes de dar buena cuenta de nuestras provisiones en el acogedor bar del pueblo.

Para el próximo sábado, en el que esperamos que el mal tiempo nos de una tregua, tenemos ruta por el Aramo. Partiremos del Alto de la Cobertoria para subir al Gamoniteiro y desde allí alcanzar la cumbre del Barriscal, desde donde descenderemos a Bermiego tras pasar junto a la Ermita de la Merced. La ruta que pretendemos hacer es:

Alto de la Cobertoria (1.140 m) – Collado del Fresno (1.221 m) – Collado del Medio (1.275 m) – Los Veneros (1.335 m) – Gamoniteiro (1.791 m) – La Bola (1.529 m) – Pico del Barriscal (1.719 m) –Collado Tamparón (1.483 m) – Anglero (1.550 m) – Xosmenin (1.500 m) – Ermita de la Merced (1.080 m) – Bermiego (760 m) – Las Agüeras (360 m)

La semana pasada tuvimos que dejar gente en tierra por falta de plazas. Si no quieres que esto te ocurra, reserva tu plaza lo antes posible. Espero vuestras llamadas.

lunes, abril 13, 2009

AGUA, NIEBLA, NIEVE… MÁS DE LO MISMO

La climatología es implacable con nosotros y nos ataca cada fin de semana. Pero nuestra voluntad es insuperable y semana tras semana nos enfrentamos a los elementos como la Armada Invencible, pero en ocasiones, con más éxito.


Una vez más, los agoreros del tiempo en las cadenas televisivas nos deparaban un día aciago con agua al empezar, por la mitad y al final, pero sus malos deseos no llegaron del todo al cielo y este nos permitió hasta tomar el sol por unos momentos.


Después de un largo viaje, Larón se encuentra enclavado en el fin del mundo mundial, posamos nuestros pies en el suelo y comenzamos a caminar por la carreterita que une Larón con La Viliella, un pequeño pueblo muy cuidado con sus calles adoquinadas y hormigonadas, adornadas con los dibujos de las hojas de los árboles autóctonos. Las casas, todas con su nombre, se colocan a los lados de las calles, colgadas de la ladera. Tras atravesar el bonito pueblo, salimos por la parte alta por una pista bien marcada al principio y que más adelante se va cerrando por el abandono y la maleza. De todos modos se sigue bien y solo el agua que contienen las ramas que nos deja pintando a las primeras de cambio. Una menuda lluvia nos acompaña, pero sin mayores problemas, al igual que la niebla que tiene tendencia a levantar.


El camino se sigue perfectamente y solo tenemos que tener la precaución de seguir siempre en ascenso, dejando los cruces que nos salen por la izquierda, que se dirigen a la Braña de La Viliella, más abajo que nuestro destino. La primera parte de la pista asciende sin contemplaciones hacia el Alto Cochao, primer punto de descanso de la dura subida. Un pequeño hombro desde el que divisamos una buena parte del camino que debemos seguir, aunque no podemos ver nuestro destino por causa de la niebla.


Vamos caminando por una pista algo más limpia y atravesando un bosque de robles completamente pelado a estas alturas de la primavera, pero con la gracia de la blanca nieve caída por la noche, cubriendo sus peladas ramas. La subida es ahora menos dura y caminamos con tranquilidad. De vez en cuando la nieve cae sobre nuestras cabezas y ya llevamos un buen rato pisándola. A nuestra izquierda podemos ver los prados de la Braña de La Viliella cuando las ramas del bosque nos lo permiten. Y así, poco a poco, vamos ascendiendo hasta alcanzar la abierta collada de La Chana, completamente cubierta de un blanco manto y en la que el sol nos da la bienvenida.


El sol y la nieve, pues está nevando y haciendo sol al mismo tiempo. Son los mejores momentos de lo que llevamos andando y cuando las vistas se abren un poco a lo lejos. Algo más allá vemos el Fingudin o lo que nosotros entendemos que es nuestro destino y hacia él encaminamos nuestros pasos. Un sendero lo bordea por el sur hasta que desaparece y nos tenemos que meter en el escobal. Afortunadamente, las escobas están cubiertas de nieve y tumbadas, lo que nos permite caminar sobre ellas y alcanzar la cumbre del Fingudin o Altos de Bliella, como dice el topográfico.


Las nubes nos rodean y tan pronto vemos a lo lejos como se cierra y nos deja sin vistas. Sobre nuestras cabezas el sol nos permite hacer un pequeño alto en el camino para comer y beber algo y hacer la foto de rigor. No dejamos tarjeta por falta de lugar donde depositarla. La nieve lo cubre todo y bajo ella las matas de las escobas.

Por el lado contrario a nuestra llegada, este, iniciamos el descenso también sobre las tumbadas escobas, metiendo el pie de vez en cuando en las trampas que estas nos ponen. Alcanzamos nuevamente la collada L Chana y seguimos en la misma dirección recorriendo el cordal. Un sendero casi imperceptible guía nuestros primeros pasos. Luego se pierde y decidimos seguir por la cumbrera entre los arbolillos que la cubren. Se hace pesado el caminar teniendo que esquivar los árboles y la maleza, pero vamos encontrando paso. Las lomas se suceden una tras otra y el paso es cada vez más complicado. Estamos manteniéndonos en la altura de los 1500 metros y apenas descendemos un poco para volver a subir. Por fin el terreno se despeja y abajo a nuestra derecha vemos los negros tejados de Larón y la carretera y nuestro autocar. Lo que nos queda por caminar está más abierto y tras un descenso entre la maleza, alcanzamos terreno de mejor caminar para llegar al fin a una buena pista desde la que alcanzamos en pocos minutos la carretera en el alto del Puerto de Rañadoiro, donde ya nos está esperando Ana con el autocar.


Casi no nos da tiempo a cambiarnos las mojadas ropas cuando comienza a llover con cierta fuerza. De esta nos libramos.


Para el próximo sábado, día 18, si el tiempo lo permite, realizaremos una ruta en las inmediaciones de Soto de Sajambre. Subiremos a la Conia para rematar con la Senda del Arcediano hasta Amieva. La ruta que queremos hacer es:


Soto de Sajambre (925 m) – Portillera de Beza (1.498 m) – La Siella (1.573 m) – Pico La Conia (1.654 m) – Collada de Pasa (1.501 m) – Sahugu (1.145 m) – Monte Trasbustiello (1.100 m) – Vega La Llana (1.080 m) – Monte Valleyes (900 m) – Collado Angon (815 m) – Amieva (650 m)


Una ruta que promete y que realmente es una verdadera belleza aunque solo hagamos la Senda del Arcediano. Espero vuestras llamadas. Si os descuidáis, os quedareis sin plaza para esta bonita excursión.

lunes, abril 06, 2009

MONOTONIA EN EL PAISAJE: LA NIEBLA

Una vez más, el tiempo no nos acompañó a la ruta del pasado sábado. Nuestra intención era hacer el recorrido de la antigua calzada romana del Sellón, con ascensión a la Sierra del Faceu, para dejar nuestra tarjeta en ese pico, terminando la ruta en Infiesto. Pero el tiempo no quiso ser nuestro aliado en esta empresa y desde el primer momento, cuando el autocar nos dejó abandonados a nuestra suerte en la Collada de Arnicio.


La niebla cubría la parte alta y cuando iniciamos nuestro caminar por las praderas de la derecha en dura subida hacia La Muezca, un nuevo ramalazo de niebla entrando desde abajo, terminó de taparnos las pocas vista que aún teníamos. Seguimos adelante guiados por el GPS de Tino, pero cuando este se cansó de llevarnos tras de sí, nuestro destino no fue otro que terminar perdiéndonos al no saber donde nos encontrábamos.


Entonces fue cuando nuestra buena preparación, serenidad y saber hacer entró en liza. Tirando de brújula, que no es una brujóbula con escóbula, si no un artilugio para orientarse, y haciendo buen uso del plano que llevábamos de la ruta, intentamos buscar la antigua calzada romana que desde Tarna se dirige a la costa, pasando por el Sellón. Dándole muchas vueltas a la brújula y al mapa, conseguimos encontrar un marcado sendero que nos fue bajando de la cresta en la que nos encontrábamos, hasta unas praderas desde las que aprovechando un momento que la niebla se esparció, pudimos vislumbrar el ancho piso de la ansiada calzada.


Lo primero que hicimos al llegar a ella, fue celebrarlo libando el puro néctar de las uvas, acompañado de higos pasos, maní, galletas, chocolate y cualquier cosa comestible que pasaba ante nuestro ojos. El avituallamiento suele ser bueno en el grupo y nunca escaso.


Aplacados los nervios con el vino y las vituallas, seguimos camino con los ojos puestos en el “camino”, no por miedo a perderlo, si no más bien por no tener otro sitio donde mirar, ya que la niebla seguía rodeándonos y al mismo tiempo empapando nuestros ropajes. Por otro lado, las losas de la calzada, que los romanos colocaron según cuentan, no era el mejor piso para pisar en esas condiciones de humedad y los resbalones estaban a la orden del día. Por eso mirábamos para el suelo.


Pateando sin ver nada a diestra y siniestra y con una buena mojadura, alcanzamos el Sellón, la collada Llamosa, donde entroncamos con la pista que viene del Moro y donde pudimos contemplar los restos del viejo y seco tronco que servía de indicación del GR y que recordábamos de otros paso por este lugar. Más viejo que nunca se encontraba partido por el centro y entregándose como abono en el final de su vida. Le dijimos adiós con la certeza de que no lo volveríamos a ver más y continuamos ruta tomando el sendero medio cubierto por la hierva, el que parte a nuestra izquierda, bajo los contrafuertes del Pico La Ceniza que hoy suponíamos se encontraba sobre nuestras cabezas, si es que no se había ido a pasear, aprovechando que nadie le veía.


Más de lo mismo. Niebla, agua, barro, piedras resbalosas y nuestras cabezas mirando al suelo. Al fin después de una buena caminata, aparecen las primeras vistas. Estamos a la altura del Roblosa y podemos ver las casas de San Martina y Arenas. Delante nuestro, una bonita composición con el Pico los Espinos rodeado de árboles con hojas nuevas y una cabaña que nos sirve de referencia, pues junto a ella pasa nuestro camino, ahora medio cubierto por la maleza y completamente embarrado. Dejamos la cabaña atrás y alcanzamos de nuevo la pista, ya en mejor estado, por la que llegamos a San Vicente. Cruzamos el pueblo por entre sus abigarradas casas y ya por pista de hormigón alcanzamos el asfalto junto a la ermita del Santo del mismo nombre.


Ya carretera adelanta bajo la insistente lluvia, bajamos atravesando pueblos: La Parada, Lozana, Otero,... Hasta que a las afueras de este último nos recoge el autocar, evitándonos tener que hacer los tres kilómetros que aún nos separan de Infiesto.


Un mal día para caminar. Sobre todo teniendo en cuenta que toda la semana hizo bueno y que precisamente fue el sábado cuando comenzó a llover. Otra ruta que deberemos repetir para poder saber por donde estuvimos caminando.


Pero no hay descanso. Ya estamos pensando en la próxima ruta. En esta ocasión cambiamos de zona y nos vamos a tierras de Cangas de Narcea, en las inmediaciones del Bosque de Muniellos, para intentar la ascensión del Fingudin. La ruta propuesta es:


Larón (840 m) – La Viliella (812 m) – Collada Chana (1.443 m) – Altos de Bliella (1.502 m) – Pico Fingudin (1.457 m) – Collada Mozo de Piedra (1.237 m) – Puerto de Rañadoiro (1.176 m)


La inscripción para esta ruta ya está abierta y os ruego que os apuntéis lo antes posible, pues con las fiestas de Semana Santa, Tenemos que concertar el autocar antes del jueves, ya que jueves y viernes es fiesta y no se trabaja. Espero vuestras llamadas.