Un magnífico día de sol para una ruta en un marco incomparable. Era la segunda vez que intentábamos la conquista del Cuetón de Llerosos y en la anterior ocasión la niebla nos impidió alcanzar esta cota y disfrutar de sus estupendas vistas del Central y el Occidental. Pero en esta ocasión, el cielo quiso pagarnos con creces el duro esfuerzo realizado y puso en todo lo alto al brillante astro sol, para que disipara todo atisbo de nube que pudiera empañar la magnífica visión.
El día amaneció limpio y el sol reinaba en el cielo desde las primeras horas de la mañana. El viaje hasta Inguanzo era alegre, pensando en que la ruta estaba segura. Salimos de Inguanzo con una buena temperatura para la hora que era. El camino lo conocemos de memoria, pues las Foces del Burdio son como nuestra casa, de tantas veces como las hicimos ya. Pero no nos cansamos de contemplarlas y en esta ocasión, probablemente con la mejor luz de todas. Salimos por la parte alta del pueblo, pasando junto a la iglesia, para seguir por una pista hormigonada que se dirige al este con la Sierra de Dobros como telón de fondo. Gracias a la buena luz existente, pudimos contemplar las múltiples revueltas que hace el camino minero que desciende desde el Portillo Busnuevo, por donde bajamos la última vez que estuvimos en estos lares.
La pista gira al oeste y se bifurca al sur para en fuerte ascenso, llegar a las inmediaciones de una cabaña donde finaliza. Unos metros antes del cierre de la cabaña, sale un sendero a la izquierda por el que se asciende hasta el hombro en el que se inicia el paso del desfiladero formado por el Río Burdio. Lo más interesante del desfiladero es el inverosímil sedo tallado en la roca, que permite su recorrido hasta la fuente del nacimiento, llamada del Hombre Muerto.
Se trata de un sendero ganado a las paredes que descienden del Toraco Jurao y del Pico Sal de la Piedra, que camina al principio en ascenso para a poco más de la mitad del recorrido hacer un fuerte descenso, donde se encuentra el único paso de cierto peligro si la piedra está mojada, ya que hay que descender una llambria muy pulida, de un par de metros, pero con buenos agarres. Luego se vuelve a empinar suavemente dando salida a Las Camperas donde se encuentra la mencionada fuente.
Por verdes praderas continúa el camino parea alcanzar la Vega Sal de la Piedra, donde nos encontramos con una bifurcación. Por la derecha, oeste se abre un ancho valle en cuyos inicios podemos ver un grupo de cabañas. Es la majada de Ternás. Nuestro camino sigue por la izquierda y en ascenso, por el Recuesto la Espina, entre las lomas que descienden del Pico Las Coronas y las paredes rocosas del Campillon. Pasamos junto a los Jous de Ardaboso y enfilamos la subida final al Collado Carraceda, desde donde se asciende con facilidad al Pico Las Coronas.
Por la izquierda se desciende a la Majada Maneda y al Portillo Busnuevo, mientras que a la derecha, nuestro camino bien marcado, asciende suavemente a la abandonada majada de Dubriello, donde solo quedan algunas paredes de lo que fueron sus cabañas. El camino empedrado va ascendiendo en revueltas con un desnivel cómodo de seguir, surcando las camperas del Monte Adabosos, hasta alcanzar el borde la profunda depresión de La Canal, a la altura del Paré Corvo.
El camino gira a la izquierda y llega a l a bonita majada de Ostandi con sus cabañas diseminadas alrededor de una pequeña laguna y con un abrevadero y fuente, que en esta ocasión no pudimos aprovechar por lo caliente que salía el agua. De Ostandi se sale por la izquierda de la fuente, siguiendo un sendero, probablemente del ganado, que nos lleva a una nueva campera más arriba, Vega las Salgueras, en la que da un rodeo primero hacia el este para girar luego al oeste, llegando a un hombro en el que el sendero se difumina, con dirección norte para situarnos en la cresta de los Picos de la Vega de los Carros, donde damos por fin vista al Central y al Occidental, con el Urriellu en uno y la Peña Santa en otro, como máximos exponentes.
Tras un respiro contemplativo de toda la inmensidad de cumbres que se nos presentan, continuamos por la cresta hacia el este, ascendiendo un primer promontorio tras el que se encuentra a pocos metros nuestro objetivo, el Cuetón de Llerosos, coronado por un buzón de cumbres con forma de piolé, instalado por el Grupo de Montaña ENSIDESA.
Las vistas son prácticamente las mismas que hace un momento, ampliadas con las de las zonas norte y este, que antes no veíamos. Al norte todo Cabrales con infinidad de pueblos. La Pica Peñamellera se asoma en un resquicio entre otras cumbres. El Cuera en toda su extensión. Más cercano, al otro lado del Río Cares, Los Puertos de Era con un sinfín de afiladas agujas. Ya por el sur, en la entalladura de la Canal del Tejo, aparece Bulnes El Castillo. A nuestros pies, asomándonos al precipicio, la Majada de Ondón y enfrente, Peña Castíl, el altivo Urriellu, el Albo, Torrecerredo, Cabrones, Cuetos del Trave y por delante Amuesa. Por el este, los reflejos de Caín, La Bermeja, El Jultayu, Cuvicente, Peña Blanca, Peña Santa, La Verdilluenga, Los Traviesos, La Canal Parda, Torre de Santa María y cerrando la panorámica, el Cabezo Llerosos.
Un ramillete de cumbres por las que merece la pena el esfuerzo realizado, más de 1.300 metros de desnivel con un recorrido de muy pocos kilómetros.
La temperatura es muy agradable y las vistas estupendas, pero tenemos que pensar en seguir, pues la ruta aún tiene muchos pasos pendientes. Cubierta la tarjeta y hechas las preceptivas fotos de grupo, iniciamos el descenso, bajando por el mismo sitio por el que habíamos llegado, hasta poco antes del lugar donde habíamos accedido a la cresta. Allí, un sendero desciende hacia el sur con bastante inclinación, pero sin problemas. La verdad es que en algún momento perdimos el buen camino y no nos quedó otro remedio que buscar la mejor forma de llegar a la pradera que se veía abajo, por la que discurre el sendero que viene del Llerosos. El descenso sin camino tampoco fue complicado gracias a que la visibilidad era estupenda.
Ya en el camino de Llerosos, nuestra dirección toma rumbo este hasta una pequeña pradera en la que el rumbo varía a la izquierda para seguir por una pedrera haciendo un gran círculo para volver a la derecha, este, descendiendo a la campera anterior a Ondón, en la que hay una fuente. De aquí a Ondón es un momento.
Si las vistas desde el Cuetón eran buenas, las de Ondón tienen además las cabañas como contraste de profundidad. La majada estaba llena de tranquilas vacas rumiando. Una nueva ráfaga de fotos a la “diva” del día, el Urriellu. Un descanso y a seguir hacia la canal de La Bobia.
El sendero hacia el este, bien marcado, nos lleva directos al comienzo de la larga y empinada canal. Abajo, muchos metros más allá, vemos los coches del aparcamiento del tren de Bulnes. Y Bulnes, el Castillo, también es visible en el fondo de la Canal del Tejo. Y por encima, el Urriellu.
El descenso de la canal de La Bobia no es difícil. Tiene un marcado camino zigzagueante pero con tramos bastante inclinados. Lo que sí tiene es que se hace pesada sobre todo al final de una ruta. También el calor hace mella por lo cerrada que está. De todos modos siempre tiene el aliciente delas vistas sobre el Picu y sus “posados” fotogénicos.
La primera parte del descenso se hace por el centro de la canal y va tendiendo ligeramente a la derecha, para retornar nuevamente al centro y llegar a la altura de la cabaña de Esmenadoiro, donde hay un sendero que sale a la derecha y se dirige a Pregüeles y Los Collaos, en la Senda del Cares, pasando por Pan de Espines. Nuestro camino continúa por debajo de la solitaria cabaña y por el centro de la canal. Pronto veremos más abajo otra cabaña rodeada de verdes camperas. Es entonces cuando el sendero se arrima a las altas paredes de la izquierda, para pasar junto a una cueva y dejando la cabaña a la derecha.
La maleza tapa la visión del camino y entre las ortigas continuamos el descenso ya con la mirada puesta en los tejados del ansiado pueblo de Camarmeña. La fatiga comienza a hacer mella y el calor insoportable. Por fin llegamos a la fuente de Camarmeña. El agua fría nos alivia y nos da fuerza para continuar descendiendo. Aún nos queda un buen rato.
Caminamos ahora por las hormigonadas callejas de este bonito pueblo montañero. Pasamos junto al Mirador del Urriellu, pero con la cantidad de vistas y fotos que llevamos de él, ni nos acercamos en esta ocasión. Para bajar a Poncebos se puede hacer por dos sitios: por el antiguo camino, hoy cerrado a causa de un argallo o por la carretera. Por causa del temporal no nos queda otro remedio que seguir por la carretera, tras pasar junto a la iglesia del pueblo desde donde nos despedimos del Picu con una postrera foto.
Un par de kilómetros de asfalto con un sinfín de revueltas y damos con nuestros cansados huesos en un hervidero de gentes que es hoy Poncebos. Fueron ocho horas y media de ruta, con cuarenta minutos de parada en el Cuetón y alguna parada más por el camino de ascenso. Pero ocho horas que damos por bien empleadas por las gratificantes vistas de las que disfrutamos en esta preciosa ruta montañera.
Para esta semana tenemos una ruta histórica del Grupo de Montaña Las Xanas, que ya hace algunos años que no hacemos. Se trata de la clásica San Lorenzo – San Andrés, que en esta ocasión pretendemos terminar en Castañeu del Monte. La ruta para el día 6 es:
Puerto San Lorenzo (1.350 m) – Las Troncadas (1.494 m) – Llanu Fasqueru (1.446 m) – Campa Cueiro (1.386 m) – Vicenturo (1.235 m) – Collada Santa Cristina (1.281 m) – Puertos de Maravio (1.000 m) – Casa Don Pablo (970 m) – Camín Francés – Collado Caldoveiro (1.240 m) – La Tambaina (1.158 m) – Altu Santiago ( 1.241 m) – Lagos de la Barrera (1.104 m) – Pata La Mula (1.128 m) – Cuallagar (1.100 m) – Cantu La Flecha (1.132 m) – Portilla El Guanón (1.070 m) – Mortera Candeales (950 m) – La Cruz de Linares (848 m) – Linares (767 m) – Castañeu del Monte (530 m)
Una larga pero entretenida ruta que apenas tiene desniveles y que casi toda ella es en descenso. Apta para valientes que no tenga miedo a caminar. Espero vuestras llamadas.
El día amaneció limpio y el sol reinaba en el cielo desde las primeras horas de la mañana. El viaje hasta Inguanzo era alegre, pensando en que la ruta estaba segura. Salimos de Inguanzo con una buena temperatura para la hora que era. El camino lo conocemos de memoria, pues las Foces del Burdio son como nuestra casa, de tantas veces como las hicimos ya. Pero no nos cansamos de contemplarlas y en esta ocasión, probablemente con la mejor luz de todas. Salimos por la parte alta del pueblo, pasando junto a la iglesia, para seguir por una pista hormigonada que se dirige al este con la Sierra de Dobros como telón de fondo. Gracias a la buena luz existente, pudimos contemplar las múltiples revueltas que hace el camino minero que desciende desde el Portillo Busnuevo, por donde bajamos la última vez que estuvimos en estos lares.
La pista gira al oeste y se bifurca al sur para en fuerte ascenso, llegar a las inmediaciones de una cabaña donde finaliza. Unos metros antes del cierre de la cabaña, sale un sendero a la izquierda por el que se asciende hasta el hombro en el que se inicia el paso del desfiladero formado por el Río Burdio. Lo más interesante del desfiladero es el inverosímil sedo tallado en la roca, que permite su recorrido hasta la fuente del nacimiento, llamada del Hombre Muerto.
Se trata de un sendero ganado a las paredes que descienden del Toraco Jurao y del Pico Sal de la Piedra, que camina al principio en ascenso para a poco más de la mitad del recorrido hacer un fuerte descenso, donde se encuentra el único paso de cierto peligro si la piedra está mojada, ya que hay que descender una llambria muy pulida, de un par de metros, pero con buenos agarres. Luego se vuelve a empinar suavemente dando salida a Las Camperas donde se encuentra la mencionada fuente.
Por verdes praderas continúa el camino parea alcanzar la Vega Sal de la Piedra, donde nos encontramos con una bifurcación. Por la derecha, oeste se abre un ancho valle en cuyos inicios podemos ver un grupo de cabañas. Es la majada de Ternás. Nuestro camino sigue por la izquierda y en ascenso, por el Recuesto la Espina, entre las lomas que descienden del Pico Las Coronas y las paredes rocosas del Campillon. Pasamos junto a los Jous de Ardaboso y enfilamos la subida final al Collado Carraceda, desde donde se asciende con facilidad al Pico Las Coronas.
Por la izquierda se desciende a la Majada Maneda y al Portillo Busnuevo, mientras que a la derecha, nuestro camino bien marcado, asciende suavemente a la abandonada majada de Dubriello, donde solo quedan algunas paredes de lo que fueron sus cabañas. El camino empedrado va ascendiendo en revueltas con un desnivel cómodo de seguir, surcando las camperas del Monte Adabosos, hasta alcanzar el borde la profunda depresión de La Canal, a la altura del Paré Corvo.
El camino gira a la izquierda y llega a l a bonita majada de Ostandi con sus cabañas diseminadas alrededor de una pequeña laguna y con un abrevadero y fuente, que en esta ocasión no pudimos aprovechar por lo caliente que salía el agua. De Ostandi se sale por la izquierda de la fuente, siguiendo un sendero, probablemente del ganado, que nos lleva a una nueva campera más arriba, Vega las Salgueras, en la que da un rodeo primero hacia el este para girar luego al oeste, llegando a un hombro en el que el sendero se difumina, con dirección norte para situarnos en la cresta de los Picos de la Vega de los Carros, donde damos por fin vista al Central y al Occidental, con el Urriellu en uno y la Peña Santa en otro, como máximos exponentes.
Tras un respiro contemplativo de toda la inmensidad de cumbres que se nos presentan, continuamos por la cresta hacia el este, ascendiendo un primer promontorio tras el que se encuentra a pocos metros nuestro objetivo, el Cuetón de Llerosos, coronado por un buzón de cumbres con forma de piolé, instalado por el Grupo de Montaña ENSIDESA.
Las vistas son prácticamente las mismas que hace un momento, ampliadas con las de las zonas norte y este, que antes no veíamos. Al norte todo Cabrales con infinidad de pueblos. La Pica Peñamellera se asoma en un resquicio entre otras cumbres. El Cuera en toda su extensión. Más cercano, al otro lado del Río Cares, Los Puertos de Era con un sinfín de afiladas agujas. Ya por el sur, en la entalladura de la Canal del Tejo, aparece Bulnes El Castillo. A nuestros pies, asomándonos al precipicio, la Majada de Ondón y enfrente, Peña Castíl, el altivo Urriellu, el Albo, Torrecerredo, Cabrones, Cuetos del Trave y por delante Amuesa. Por el este, los reflejos de Caín, La Bermeja, El Jultayu, Cuvicente, Peña Blanca, Peña Santa, La Verdilluenga, Los Traviesos, La Canal Parda, Torre de Santa María y cerrando la panorámica, el Cabezo Llerosos.
Un ramillete de cumbres por las que merece la pena el esfuerzo realizado, más de 1.300 metros de desnivel con un recorrido de muy pocos kilómetros.
La temperatura es muy agradable y las vistas estupendas, pero tenemos que pensar en seguir, pues la ruta aún tiene muchos pasos pendientes. Cubierta la tarjeta y hechas las preceptivas fotos de grupo, iniciamos el descenso, bajando por el mismo sitio por el que habíamos llegado, hasta poco antes del lugar donde habíamos accedido a la cresta. Allí, un sendero desciende hacia el sur con bastante inclinación, pero sin problemas. La verdad es que en algún momento perdimos el buen camino y no nos quedó otro remedio que buscar la mejor forma de llegar a la pradera que se veía abajo, por la que discurre el sendero que viene del Llerosos. El descenso sin camino tampoco fue complicado gracias a que la visibilidad era estupenda.
Ya en el camino de Llerosos, nuestra dirección toma rumbo este hasta una pequeña pradera en la que el rumbo varía a la izquierda para seguir por una pedrera haciendo un gran círculo para volver a la derecha, este, descendiendo a la campera anterior a Ondón, en la que hay una fuente. De aquí a Ondón es un momento.
Si las vistas desde el Cuetón eran buenas, las de Ondón tienen además las cabañas como contraste de profundidad. La majada estaba llena de tranquilas vacas rumiando. Una nueva ráfaga de fotos a la “diva” del día, el Urriellu. Un descanso y a seguir hacia la canal de La Bobia.
El sendero hacia el este, bien marcado, nos lleva directos al comienzo de la larga y empinada canal. Abajo, muchos metros más allá, vemos los coches del aparcamiento del tren de Bulnes. Y Bulnes, el Castillo, también es visible en el fondo de la Canal del Tejo. Y por encima, el Urriellu.
El descenso de la canal de La Bobia no es difícil. Tiene un marcado camino zigzagueante pero con tramos bastante inclinados. Lo que sí tiene es que se hace pesada sobre todo al final de una ruta. También el calor hace mella por lo cerrada que está. De todos modos siempre tiene el aliciente delas vistas sobre el Picu y sus “posados” fotogénicos.
La primera parte del descenso se hace por el centro de la canal y va tendiendo ligeramente a la derecha, para retornar nuevamente al centro y llegar a la altura de la cabaña de Esmenadoiro, donde hay un sendero que sale a la derecha y se dirige a Pregüeles y Los Collaos, en la Senda del Cares, pasando por Pan de Espines. Nuestro camino continúa por debajo de la solitaria cabaña y por el centro de la canal. Pronto veremos más abajo otra cabaña rodeada de verdes camperas. Es entonces cuando el sendero se arrima a las altas paredes de la izquierda, para pasar junto a una cueva y dejando la cabaña a la derecha.
La maleza tapa la visión del camino y entre las ortigas continuamos el descenso ya con la mirada puesta en los tejados del ansiado pueblo de Camarmeña. La fatiga comienza a hacer mella y el calor insoportable. Por fin llegamos a la fuente de Camarmeña. El agua fría nos alivia y nos da fuerza para continuar descendiendo. Aún nos queda un buen rato.
Caminamos ahora por las hormigonadas callejas de este bonito pueblo montañero. Pasamos junto al Mirador del Urriellu, pero con la cantidad de vistas y fotos que llevamos de él, ni nos acercamos en esta ocasión. Para bajar a Poncebos se puede hacer por dos sitios: por el antiguo camino, hoy cerrado a causa de un argallo o por la carretera. Por causa del temporal no nos queda otro remedio que seguir por la carretera, tras pasar junto a la iglesia del pueblo desde donde nos despedimos del Picu con una postrera foto.
Un par de kilómetros de asfalto con un sinfín de revueltas y damos con nuestros cansados huesos en un hervidero de gentes que es hoy Poncebos. Fueron ocho horas y media de ruta, con cuarenta minutos de parada en el Cuetón y alguna parada más por el camino de ascenso. Pero ocho horas que damos por bien empleadas por las gratificantes vistas de las que disfrutamos en esta preciosa ruta montañera.
Para esta semana tenemos una ruta histórica del Grupo de Montaña Las Xanas, que ya hace algunos años que no hacemos. Se trata de la clásica San Lorenzo – San Andrés, que en esta ocasión pretendemos terminar en Castañeu del Monte. La ruta para el día 6 es:
Puerto San Lorenzo (1.350 m) – Las Troncadas (1.494 m) – Llanu Fasqueru (1.446 m) – Campa Cueiro (1.386 m) – Vicenturo (1.235 m) – Collada Santa Cristina (1.281 m) – Puertos de Maravio (1.000 m) – Casa Don Pablo (970 m) – Camín Francés – Collado Caldoveiro (1.240 m) – La Tambaina (1.158 m) – Altu Santiago ( 1.241 m) – Lagos de la Barrera (1.104 m) – Pata La Mula (1.128 m) – Cuallagar (1.100 m) – Cantu La Flecha (1.132 m) – Portilla El Guanón (1.070 m) – Mortera Candeales (950 m) – La Cruz de Linares (848 m) – Linares (767 m) – Castañeu del Monte (530 m)
Una larga pero entretenida ruta que apenas tiene desniveles y que casi toda ella es en descenso. Apta para valientes que no tenga miedo a caminar. Espero vuestras llamadas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario