miércoles, abril 09, 2014

NUEVA AVENTURA EN EL FERREIRUA. SUBIDA ESFORZADA, BAJADA FÁCIL(¿?), TRAVESÍA DEL BOSQUE COMPLICADA



5 de abril de 2014

Vamos al Ferreirua, ¿cuánta nieve puede acumular?. Sólo hay una manera de saberlo. Subimos Ventana. Los Huertos están muy cargados. La Ubiña escondida entre nubarrones. En teoría hoy va a hacer muy malo ¿nos libraremos también esta semana?

El comienzo lo tenemos en Torrestío. Subir por el Camín de la Mesa hasta un cierto punto en el que retrocedemos hacia atrás siempre subiendo. Aquí ya pisamos nieve. ¿Cuánta? “Algo más de un metro escaso”, dice Javier que dijo el gallego. ¿Lo entendeís? El caso es que nieve hay. Saltamos por encima del arroyo casi invisible. El aspecto del Morronegro es terrible. El Ferreirúa de momento no es más que una silueta afilada y algo lejana. Llegamos a la Collada Refuexo. Es un sitio interesante. La vista de los montes que rodean el Boquerón de Ventana es muy admirable.

Un grupo de cinco decide bajar. Los demás atacamos collado arriba para buscar la siguiente colladina que está casi empotrada en la temible ladera. El Ferreirúa ha decidido no mostrar ninguna cara amable, más bien lo contrario. A pesar de todo atacamos. Manuel, Miguel, Hugo, Clemente, Emilio y Carrete, lo quieren hacer difícil de verdad y emprenden la subida por toda la arista, trepando por la húmeda y helada cuarcita. Tienen buenos agarres, pero a pesar de todo arriesgan. Angel con el resto emprende el camino más lógico que es avanzar al este para atacar por la ladera más fácil. Es un camino más largo pero infinitamente más seguro. Se trata de evitar sobre todo el fondo del valle que tiene una profunda capa de nieve.

La subida es bastante agotadora, especialmente para el primero. Hay que darle duro a las piernas para superar los hoyos, los resbalones, las piedras ocultas. Subimos con fuerza pero la montaña logra atemperarnos. Por fin estamos en la ladera misma de la montaña. El avance es más lento porque todo está sembrado de profundos hoyos que comen piernas enteras.

A golpe de bastón y con buena decisión llegamos a la cumbrera. Quien más y quien menos resbaló más de una vez. (Hasta Silvio, ¡oigan!). Salimos a la primera cima que parece incluso más alta que el propio pico. Para llegar a él hay que  atravesar un estrecho  corredor muy afilado y con gran patio en sus dos aristas sobre todo en la Norte. Mejor no mirar para abajo. Terminado el corredor, una breve trepada en la roca nos sitúa en la cima donde están esperándonos hace rato. Hacemos un par de fotos rápidas. Y nos vamos con prisa. Yo no quisiera estar aquí más tiempo porque estamos en una especie de isla meteorológica rodeados de densos nubarrones que ya están descargando hacia Teverga, y hacia el lejano Estorbín. Durante un ratito vemos la Ubiña, y Peña Saleras. Bajamos.

La bajada con esta nieve es mucho menos complicada que la subida. Ya suponéis, nieve primavera, nieve que acolcha las pisadas. A cambio un aguarón en cada bota. Creo que no se libró nadie de la terrible humedad en los piés. Casi estamos llegando a la colladina segunda cuando una llamada de teléfono (¿dónde estaban hoy los walkies, Fernando?) nos avisa que Lito, Javier Lavín y otros dos están en apuros en una ladera y no aciertan a pasar. Aceleramos el paso, en la medida que se puede, al tiempo que se nos acelera también el corazón. Creemos poder llegar a Refuexo en un cuarto de hora que en la realidad se convierte en media hora. Desde aquel alto vemos a todo el grupo (rescatados y rescatadores) en un grupo compacto abajo. Llega el aviso telefónico descafeinando la alarma. Parece que subieron más de la cuenta y por evitar un pala de nieve se metieron en una ladera inclinada por la que no se atrevieron a bajar hasta que llegó Cris a hacerles una huella en escalones. Un veterano rescata a otros dos. Bien por la experiencia.

Ya reunificado el grupo, menos Manuel y Hugo que gozan de mucha prisa, empezamos la segunda parte de esta aventura. Y aventura es porque nos estamos metiendo en la bajada a La Puerca por el río Ortigosa. ¿Habéis cruzado esta riega en verano? Un juego de niños, pero tal como está hoy hay que pensárselo antes de saltar. El río baja por el camino, el camino se ha convertido en río, todo se ha confabulado para hacernos el paso más bien dificultoso: primero una cascada que sale por la derecha, luego una serie de escalones que sobre el lecho de roca ha descubierto el río dificultando la pisada. Luego hay que descender por un pequeño barranco resbaladizo, los escayos se encargan de hacerlo todo complicado. Es agotador. Habrá que reconocerlo, perdimos el camino que debe ir por el otro lado del río.

Seguimos bajando. “La gran muralla de vegetación, una exuberante masa de troncos…”, describe Conrad, y es que la infinita curiosidad de enfrentarse a lo desconocido, de luchar contra la Naturaleza virgen hace valorar más la gratuidad y la inutilidad de nuestro considerable esfuerzo. Por fin damos con el camino. El bosque no deja de ser digno de toda nuestra admiración. Las hayas más nudosas que hayamos visto nunca. Todavía hay que sortear los troncos de una altísima haya caída a golpes de temporal. El camino se hace más liviano, saltamos a la pradería, por acortar, y volvemos al camino cien metros más abajo. Estamos junto a la carretera del puerto. A ella salimos bajando un kilómetro y pico que nos vale para comentar las incidencias del día y cómo uno puede meterse en un embolado en un momento y LO IMPORTANTE ES QUE EL GRUPO, TODO EL GRUPO, ESTÉ PENDIENTE DE ACUDIR DONDE HAYA PROBLEMAS PORQUE ESTA ES LA PRINCIPAL GARANTÍA DE NUESTRA SEGURIDAD Y EL TRIUNFO DEL COMPAÑERISMO.

El día 12 la ruta que nos marca el calendario es la del Canillín. La subida la empezaremos en Cenella para atacar casi mil metros hasta el Collado Ordes y desde ahí descender al Canillín. Luego bajaremos hasta Puente Vidosa. Recordad la subida que hace dos semanas veíamos desde el Carriá. Otra emocionante aventura nos espera.

FRESINES

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