miércoles, abril 30, 2014

DEL CRUDO INVIERNO A LA AMABLE PRIMAVERA EN LOS BÍGAROS



26 de abril de 2014

Volvemos a Torrestío y a Teverga con los que el Grupo se siente muy identificado a base de volver por allí numerosas veces. Tenemos que ser pesimistas: Desde que se estrenó la mañana está lloviendo y en forma. Pero salimos igual, todo sea por el espíritu deportivo.

Así que llegamos a Torrestío que ofrece un aspecto casi desértico. Y es que aunque la temperatura no es baja, está bastante desapacible. Subimos por el Valle de las Partidas. Tenemos enfrente el objeto de nuestros deseos: Los Bígaros y el Muñón. Al principio de este mes subimos por esta misma pista para atacar El Ferreirúa, cargadísimo de nieve. Pasado este tiempo la nieve ha caído mucho aunque se conserva en las laderas norteñas.

Al llegar al collado se desatan todas las furias, porque además de la copiosa lluvia se ha desatado un viento desaforado que te deja pasmado. Un grupo animoso de seis, ya sabéis María José y compañía, se aventuran monte arriba y es una gozada verles subir con tal decisión por la empinada ladera.

Pasamos la línea divisoria y comienza a despejar. El fuerte viento se está llevando todos los nubarrones hacia el mar. El camino, de continuar rectos, nos metería a la Foz de los Arroxos, uno de los recorridos más inolvidables que uno puede efectuar en Somiedo. Bajamos a la braña de Torce o Aguil y aquello es un remanso en medio de las furias. La majada fue importante a juzgar por el número de restos de cabañas y corros. Los tres corros que quedan en pie son notables por su construcción y por su aspecto exterior blanquecino. Recostados contra una cabaña que nos protege del viento del oeste pasamos un rato muy a gusto, al primer solecillo de la mañana. Nuestros arrojados compañeros ya crestean por el Muñón. Les esperamos un rato largo, pero todavía tienen que desandar mucho. Así que cogemos la buena vereda que nos llevará a Torce, muchísimos metros más abajo.

Bajamos en revueltas continuas . El piso está sembrado de piedras arrancadas del buen empedrado que se mantuvo hasta hace poco. Todavía hay zonas enteras perfectas para los carros del país. La bajada se mete pronto por el bosque, mofoso hayedo joven, muy grato de caminar. Metidos en la hondura de la ladera. Desde la braña se podían distinguir muchos pueblos: Carrea, Sobrevilla…, hasta la lejana Ubiña, La Salguera, La Siella, La Lloral, El L’Obiu, El Caldoveiro. También veíamos bien desde arriba esta mancha verde que es la Braña de las Segadas, a la que ahora estamos llegando. Como no hemos hecho ninguna cumbre subimos a un agudo pico menor, debajo del empinadísimo Peña Negra, y desde donde podemos contemplar a nuestras anchas los valles de Teverga y Yernes. Nos alcanzan en la cima los que venían detrás.

Seguimos paralelos al riachuelo, escondido, transparente, henchido de agua al que acompañamos en su curso hacia el río siguiente. La pista no se acaba nunca. Hay muchos metros que descender para llegar a meta. Saltamos arroyos, se atraviesan vaguadas, se cruza bajo pequeñas cascadas. Por fin una muria, signo de civilización. Todavía medía hora larga para llegar a las primeras casas del pueblo.

Cuando llegamos a Torce el reloj ha corrido hasta seis horas desde que empezamos. Sufrimos los rigores del invierno y en este valle cerrado nos espera un prometedor verano. Estos cambios de clima acaban con nosotros. En Torce me maravilla al pasar un banco de la plaza de esos de listones, por en medio de los cuales está brotando pujante un pequeño jardín florido. Lo más romántico que vi en muchos años. Lástima de cámara de fotos.

Tras cambiarnos bajamos raudos a San Martín, al hotel, que Aladino está hoy a rebosar. Comemos muy tranquilos y a la sombra y resguardo de los vientos. Después de comer Pablo nos comunica que nos abandona por razones de trabajo. Con su persistencia habitual ha encontrado una digna ocupación, similar a la que venía haciendo en la Universidad de Oviedo, y que le llevará a vivir en tierras escocesas. En cuanto pueda se llevará a Alicia de profe por allí. Perdemos dos montañeros, pero es bueno tener amigos por el mundo. Cualquier día aparece Las Xanas a hacer montaña por los barrancos de Escocia. Lo que importa, amigo Pablo, amiga Alicia, es que habéis dejado un hueco en nuestro corazón y que echaremos de menos nuestras muchas horas de conversación. Y naturalmente tus agudos comentarios chistosos, irónico Pablo.

El calendario continúa impertérrito y estrenamos mayo con la más clásica de las clásicas rutas astur-leonesas: La travesía de la Divina Garganta del Cares, empezando en Posada de Valdeón para atravesar Cain y llegar finalmente a Puente Poncebos. No por conocida deja de ser de una belleza extraordinaria. Aprovechémosla para disfrutar a tope.

FRESINES

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