jueves, abril 03, 2014

EL CARRIÁ NEVADO, UN AUTÉNTICO PLACER



29 de marzo de 2014

Nos libramos la semana pasada de la tormenta. Esta vez todavía lo ponían peor. Un temporal amenaza la península y nos vamos a mojar hasta los huesos. Pues no, día magnífico en lo meteorológico, nublado a ratos, soleado otros, nubes negras casi todo el tiempo. Hoy los protagonistas van a ser el Carriá, por supuesto, pero también el fuerte viento y la copiosa nieve que ha pintado de blanco toda la cumbre.

Empezamos en Puente Pombayón por ser la ladera más asequible. Estamos a 250 m. de altitud. La cumbre que no se ve desde aquí está a 1432. Nos espera una dura remontada. Todas las cumbres del desfiladero de los Beyos están cubiertas desde una cierta altura marcada por la línea donde descargó la tormenta de la noche pasada. La carretera muy arreglada llega a San Ignacio o Beyo Bajo que está a 380 m. de altitud. Empleamos menos de diez minutos en llegar, y es que hay ganas de andar, la temperatura algo fresquilla invita a ello. Característicos horreos beyuscos a dos aguas.

Enfilamos a Canisqueso orgulloso en su decadencia. Vamos superando bancales, cultivados hasta hace muy poco, cuando la gente no tenía más solución para sacar cuatro hierbas que aterrazar el terreno. Subimos uno, otro y otro más. Sólo se ve de lejos la meta primera que es el collado del Pico Roble. Si miramos hacia el desfiladero no hay mejor mirador que este: enfrente tenemos el Canillín y su subida por la cascada del Rio Redondo y el Sedo La Cruz. La cascada de Aguasalió y la subida del Derrabau, que también tenemos este año, están a continuación a la derecha. Algo más allá el mal llamado Frailón y sus cuatro Monxines, y La Conia, y otra sucesión vertiginosa de picos que se harán dentro de un rato muy modestos cuando aparezcan el Cotalba, el Canto Cabronero y la Peña Santa.

Cada grupo busca su senda más cómoda. Superadas las terrazas unos por el costillar, otros atravesando un bosquejo, o metiendo la directísima atacamos en dirección a la Collado Cabrios. Allí asoma la nieve. Llegamos a ella, está a 1050 m. La superamos en unas dos horas de duro ataque. La gente está refugiada en la cara Norte al abrigo del viento muy racheado que te deja helado en un momento. Hacemos acopio de fuerzas. Quedan 380 metros muy intensos.

Rodeamos por la fachada norte, superando el Pico Roble. El rodeo no deja de ser complicado pues la nieve está muy resbaladiza, el terreno muy inclinado y el riesgo de resbalar es grande. Pero finalmente pasamos hasta el Collado Roble para seguir bordeando la larga ladera del pico. Hay más de treinta centímetros, el avance cuesta. Miramos con respeto la larguísima pala de nieve por debajo nuestro. Otro grande en el horizonte: El Pierzu llena toda la visual al frente. La nieve está mucho más practicable que la del Collado Cabrios, pero a pesar de todo el avance es lento. El amago de lluvia quedó en nada. Por la crestería o por el bosque, con esfuerzo y mucha dedicación vamos superando todos los obstáculos para encarar la arista final. Arriba hace hasta bueno. Las negras nubes pasan a velocidad por encima de la Mota Cetín en dirección al Cornión. Los pueblecitos: Amieva, San Román, Vega de Cien, como de cuento.

Estamos un buen rato en la cumbre, no hace mucho frío y el viento se ha parado. Estar aquí arriba es como elevarse sobre las cosas, sentirse pájaro, acercarse al cielo. Los problemas se quedan pequeños y todo se relativiza. En fin hay que marcharse y antes fijar el recuerdo en unas fotos. Larga bajada primero por el costillar de la cumbre y luego ladera adelante. La nieve facilita/estorba las cosas. Es nieve primavera fácil de pisar y que te frena bien, pero también oculta traicioneros hoyos y pequeños escalones. Descenso vertiginoso hasta la primera cabaña que se veía desde arriba. Está a 880 metros y le dedicamos una buena hora en la extensa bajada.

Junto a esta gran choza nace una pista pequeña que va a dar a otra mayor que baja en una sucesión monótona de toboganes. Para hacerla más llevadera cortamos algunas de estas lazadas por el monte. En uno de estos saltos Miguel pierde la cámara con las fotos de la cumbre incluidas. Vaya por Dios. Cerca del pueblo ya sale un sendero antiguo que en parte es un riachuelo y que por una estrecha trocha acorta mucho el camino de bajada. El empedrado camino muy húmedo y resbaladizo. Por fin salimos a la carretera de Argolibio y en muy poco tiempo atravesamos Vega de Cien para buscar el autocar que está al otro lado de la carretera de los Beyos. Seis horas y media largas. La nieve nos ha causado pesar pero ha sido un aliciente más en esta magnífica jornada montañera. Nos ganamos una cervecita en el bar de la carretera.

Para la primera de abril otro grande: El Ferreirúa con subida desde Torrestío por el Camín de la Mesa y bajada a Asturias  para salir a Ortigosa. Sólo contamos con los más valientes.

FRESINES

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