29 de marzo de 2014
Nos libramos la semana pasada de
la tormenta. Esta vez todavía lo ponían peor. Un temporal amenaza la península
y nos vamos a mojar hasta los huesos. Pues no, día magnífico en lo meteorológico,
nublado a ratos, soleado otros, nubes negras casi todo el tiempo. Hoy los
protagonistas van a ser el Carriá, por supuesto, pero también el fuerte viento
y la copiosa nieve que ha pintado de blanco toda la cumbre.
Empezamos en Puente Pombayón por
ser la ladera más asequible. Estamos a 250 m. de altitud. La cumbre que no se
ve desde aquí está a 1432. Nos espera una dura remontada. Todas las cumbres del
desfiladero de los Beyos están cubiertas desde una cierta altura marcada por la
línea donde descargó la tormenta de la noche pasada. La carretera muy arreglada
llega a San Ignacio o Beyo Bajo que está a 380 m. de altitud. Empleamos menos
de diez minutos en llegar, y es que hay ganas de andar, la temperatura algo
fresquilla invita a ello. Característicos horreos beyuscos a dos aguas.
Enfilamos a Canisqueso orgulloso
en su decadencia. Vamos superando bancales, cultivados hasta hace muy poco,
cuando la gente no tenía más solución para sacar cuatro hierbas que aterrazar
el terreno. Subimos uno, otro y otro más. Sólo se ve de lejos la meta primera
que es el collado del Pico Roble. Si miramos hacia el desfiladero no hay mejor
mirador que este: enfrente tenemos el Canillín y su subida por la cascada del
Rio Redondo y el Sedo La Cruz. La cascada de Aguasalió y la subida del
Derrabau, que también tenemos este año, están a continuación a la derecha. Algo
más allá el mal llamado Frailón y sus cuatro Monxines, y La Conia, y otra
sucesión vertiginosa de picos que se harán dentro de un rato muy modestos
cuando aparezcan el Cotalba, el Canto Cabronero y la Peña Santa.
Cada grupo busca su senda más
cómoda. Superadas las terrazas unos por el costillar, otros atravesando un
bosquejo, o metiendo la directísima atacamos en dirección a la Collado Cabrios.
Allí asoma la nieve. Llegamos a ella, está a 1050 m. La superamos en unas dos
horas de duro ataque. La gente está refugiada en la cara Norte al abrigo del viento
muy racheado que te deja helado en un momento. Hacemos acopio de fuerzas.
Quedan 380 metros muy intensos.
Rodeamos por la fachada norte,
superando el Pico Roble. El rodeo no deja de ser complicado pues la nieve está
muy resbaladiza, el terreno muy inclinado y el riesgo de resbalar es grande.
Pero finalmente pasamos hasta el Collado Roble para seguir bordeando la larga
ladera del pico. Hay más de treinta centímetros, el avance cuesta. Miramos con
respeto la larguísima pala de nieve por debajo nuestro. Otro grande en el
horizonte: El Pierzu llena toda la visual al frente. La nieve está mucho más
practicable que la del Collado Cabrios, pero a pesar de todo el avance es
lento. El amago de lluvia quedó en nada. Por la crestería o por el bosque, con
esfuerzo y mucha dedicación vamos superando todos los obstáculos para encarar
la arista final. Arriba hace hasta bueno. Las negras nubes pasan a velocidad
por encima de la Mota Cetín en dirección al Cornión. Los pueblecitos: Amieva,
San Román, Vega de Cien, como de cuento.
Estamos un buen rato en la
cumbre, no hace mucho frío y el viento se ha parado. Estar aquí arriba es como
elevarse sobre las cosas, sentirse pájaro, acercarse al cielo. Los problemas se
quedan pequeños y todo se relativiza. En fin hay que marcharse y antes fijar el
recuerdo en unas fotos. Larga bajada primero por el costillar de la cumbre y
luego ladera adelante. La nieve facilita/estorba las cosas. Es nieve primavera
fácil de pisar y que te frena bien, pero también oculta traicioneros hoyos y
pequeños escalones. Descenso vertiginoso hasta la primera cabaña que se veía
desde arriba. Está a 880 metros y le dedicamos una buena hora en la extensa
bajada.
Junto a esta gran choza nace una
pista pequeña que va a dar a otra mayor que baja en una sucesión monótona de
toboganes. Para hacerla más llevadera cortamos algunas de estas lazadas por el
monte. En uno de estos saltos Miguel pierde la cámara con las fotos de la
cumbre incluidas. Vaya por Dios. Cerca del pueblo ya sale un sendero antiguo
que en parte es un riachuelo y que por una estrecha trocha acorta mucho el
camino de bajada. El empedrado camino muy húmedo y resbaladizo. Por fin salimos
a la carretera de Argolibio y en muy poco tiempo atravesamos Vega de Cien para
buscar el autocar que está al otro lado de la carretera de los Beyos. Seis
horas y media largas. La nieve nos ha causado pesar pero ha sido un aliciente
más en esta magnífica jornada montañera. Nos ganamos una cervecita en el bar de
la carretera.
Para la primera de abril otro
grande: El Ferreirúa con subida desde Torrestío por el Camín de la Mesa y
bajada a Asturias para salir a Ortigosa.
Sólo contamos con los más valientes.
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