jueves, enero 28, 2010

EL PIENZU POR LA BIESCONA Y DESCENSO POR EL BOSQUE DE TEJOS

La sierra del Sueve es un enclave maravilloso para la realización de rutas montañeras, especialmente en esas épocas en las que la Cordillera está cubierta de nieve y a Picos solo nos queda mirarlos desde lejos. Y que mejor mirador que la sierra del Sueve y en particular su máxima altitud, el Pienzu.

Con esas premisas y con la intención de conocer el bosque de La Biescona, el hayedo europeo más cercano al mar, preparamos esta ruta con el aliciente extra de descender por la cara norte, atravesando la mayor mancha forestal de tejos también de Europa.

Así las cosas, el autocar nos deja en lo que fue el bar Casa Julia en la carretera que sube al Fitu desde Gobiendes y a unos 4 kilómetros de este lugar, donde se está reformando y arreglando lo que en su día fue el bar. Un ancho camino se dirige a una cercana cuadra en cuyas inmediaciones comenzamos a pisar el barro que ya no nos abandonaría en toda la ruta hasta retornar a Gobiendes.

Atravesamos un cierre de varales y continuamos por el embarrado camino dejando al poco otro que sigue de frente, continuando por el que sale a la derecha entre zarzas y cotoyas y que poco a poco va ganando altura al tiempo que se adentra en el bosque. Debemos cruzar un arroyo que nos acompaña durante un tramo del camino

Antes de penetrar en lo más umbrío de La Biescona, pasamos entre las ruinas de lo que fue la Mina de La Toya y podemos ver la bocamina a la izquierda del camino. Nuestro sendero continúa y se adentra en la espesura del bosque. Estamos en invierno y los árboles aparecen pelados de hojas y con los troncos cubiertos de musgo que pone la nota de color junto con las hojas secas del suelo.

La luz penetra mal entre las ramas y la humedad es muy alta. No obstante el arroyo que nos acompañaba se sume en las cercanías de la mina y el camino toma su cauce en muchos tramos. Caminamos en un continuo sube y baja entre los árboles y pisando el resbaladizo barro. Cruzamos el cauce seco del arroyo y por el margen izquierdo, nuestra derecha, vamos ascendiendo por la ladera que baja del Babú siguiendo paralelos al río.

La niebla nos acompaña poniendo tintes de misterio y dando le al bosque la apariencia típica de las leyendas de trasgos y xanas. Pero a pesar de todo, no tiene pérdida. El sendero está bien marcado y comenzamos a ver algunos jitos. Vamos poco a poco viendo algo más de luz y nos aproximamos al final de la vallada boscosa. Los árboles se van diseminando y dan paso a las praderas. Pero no obstante aún podemos contemplar un magnífico ejemplar de haya, La Fayona. Se encuentra la derecha del camino muy cerca del cruce con el sendero que proviene del Fitu y a la altura de lo que fue la majada de Presueches, hoy un prado y una cabaña.

Salimos a la majada de Bustacu y damos vista por primera vez al Pienzu, identificable por su enorme cruz. Al mismo tiempo podemos observar las estupendas vistas que desde este punto ya tenemos de la Cordillera y de Picos, con la mole del Cornión completamente nevado.

Seguimos por las verdes camperas de Bustaco hasta su única cabaña en estado ruinoso y allí nos detenemos unos minutos para descansar y recrear la vista con el paisaje que las nubes nos permiten ver. Un mar de nubes cubre toda Asturias y solamente las más altas cumbres sobresalen de él. Las mismas que amenazan con cubrirnos a nosotros, acercándose por el mismo camino por el que nosotros llegamos.

El movimiento de la niebla y el aire frío que corre, nos hacen continuar el camino ascendiendo al norte por las camperas de Bustaco para encontrarnos con la pista que sube al Collado Beluenzu que vemos al oeste. Superada la cuesta y las camperas anteriores al collado, llegamos a la majada de Mergullines en la que hay un abrevadero sin agua y una pequeña cabaña. Desde aquí no resta más que subir los últimos doscientos metros que nos separan del pico.

Algunos senderillos que aparecen y desaparecen, nos ayudan en la ascensión. No es muy complicada, todo es subir con dirección norte, dejando a nuestras espaldas el Collado Beluenzu. De vez en cuando un descanso no está de más y nos sirve para poder contemplar cada vez mayor cantidad de cumbres. Ya vemos todo el Cornión y los Urrieles. Es todo una gran masa de nieve con las nubes a sus pies. Se distinguen Peña Santa, Cantu Cabroneru y Beza, así como el Valdepino. Más a la derecha el Pozalón y el Niajo son una misma cumbre; Tiatordos es una inmensa mole blanca y a su lado el Campigüeños y la Llambria y ya más al oeste, el Vizcares. Si aún miramos mas al oeste, detrás del cercano Mirueñu podemos ver las Ubiñas y el Aramo.

Entre mirada y mirada alcanzamos la cumbre del Pienzu y su gran cruz y el vértice geodésico. Allí están ya hace algún tiempo, nuestros compañeros que subieron desde el Situ. Las nubes que nos cubrieron durante toda la mañana, comienzan a abrirse y unos cálidos rayos de sol vienen en ayuda de nuestros ateridos cuerpos. El mar de nubes lo cubre todo y la costa está desaparecida por su causa.

El lado por el que debemos descender está completamente cubierto de nubes y ya sabemos que la niebla nos va a acompañar el resto de la ruta. Cubrimos la tarjeta y nos hacen unas cuantas fotos antes de emprender el descenso al que en parte somos reacios gracias a la compañía del sol. Pero todo llega a su fin y tras una larga estancia en la cumbre, decidimos adentrarnos en la espesa niebla.

Abandonamos la cumbre por el oeste descendiendo hacia unos árboles que veíamos desde la cumbre. Aquí nos tragó la niebla y comenzaron los conflictos. Ya solo nos queda el GPS para continuar el descenso y así lo hacemos. Poco a poco vamos adentrándonos en le bosque que al principio es de acebos y espinos acompañados de brezos. Pero pronto empezamos a encontrarnos con los tejos. Ellos y los acebos son los únicos árboles con hojas y eso nos ayuda a distinguirlos aún entre la niebla.

Es precisamente la niebla quien le imprime un carácter especial al bosque. Parece que en cualquier momento nos podemos encontrar con los trasgos y las xanas y hasta el cúelebre. Descendemos por intuición y aprovechando los mejores pasos. No hay un camino totalmente definido y si múltiples senderos del ganado. Pero el GPS nos da la dirección y el resto lo pone la experiencia.

Entre tejos y acebos llegamos a la fuente de la Texuca y eso nos demuestra que a pesar de la niebla no estábamos muy descaminados. Desde aquí, en vista de que precisamente lo que menos teníamos eran vistas y la niebla parecía no acabarse nunca, decidimos ir en busca del Pico Sol de Miguel todo lo de frente que nos permitiese el terreno. Y así lo hicimos. Caminamos con dirección noroeste un buen rato descendiendo por los mejores pasos y dejando a la derecha la sombra del Cordobana. Cuando comenzaba a despejarse el bosque nos encontramos con un buen camino que seguimos durante un buen trecho hasta que este desapareció entre la maleza. Pero ya estábamos casi fuera del bosque y alguien que ya había pasado por allí, recordó que poco más abajo había un camino que nos llevaría al Sol de Miguel. Buscamos dicho camino y lo encontramos.

Enseguida apareció ante nuestros ojos la inconfundible figura del Pico Sol de Miguel emergiendo de entre la niebla. Ya el resto era seguir la pista durante cerca de una hora. La ancha pista que baja por la ladera este del Sol de Miguel, atraviesa poco más abajo un cierre metálico para continuar el descenso por un terreno muy embarrado y pasando junto a lo que fue casa de Robazu y adentrándonos a continuación en un bosque de ocalitos tras el cual, tenemos que hacer un tramo cuesta arriba que no agrada a nadie. No es mucho, pero después de una ruta como la que estamos a punto de finalizar, se nota. Alcanzamos las primeras casas de Gobiendes y enseguida el autocar que nos está esperando.

Nos deshacemos como podemos del barro de las botas, aprovechando las fuentes del pueblo y con una mirada le decimos adiós o hasta pronto a la Sierra del Sueve.

El sábado día 30 nos vamos a tierras belmontina para ascender entre otros el Pico Caunedo. La ruta que tenemos preparada es:

Carretera de Belmonte (2 kilómetros antes) (184 m) – Estilleiro (400 m) – Los Collados (878 m) – Pico Caunedo (1.087 m) – Los Collados (878 m) – Pico la Rozada (1.034 m) – Pico Castillo (961 m) – Collado del Muro (735 m) – Dornón (810 m) – Cezana (620 m) – Belmonte (200 m)

Quedan muy pocas plazas para esta ruta. Así que si estás interesad@ en hacerla, no te demores o te quedarás sin plaza. Espero vuestras llamadas.

jueves, enero 21, 2010

PICO GRANDES, O LA DISCULPA PARA VISITAR CASA MENENDEZ

Se trata de una de esas rutas de invierno que de lo bueno que tienen es que no llueva y alguna que otra buena vista de la Cordillera o una bonita majada. Como altitud, 1135 metros, no tiene mucha consistencia y los accesos con una mayoría de pistas, solo se ven salpicados de zonas embarradas que nos obligan a poner los cinco sentidos para evitar mancharnos demasiado.

Vistas así las cosas, sabíamos que el aliciente estaba al final en la comida que habíamos encargado en Casa Menéndez, nuestro segundo hogar por lo bien que nos tratan.


Iniciamos la ruta en la carretera que sube a El Pueblo, una localidad a un par de kilómetros antes de llegar a Piñeres viniendo de Moreda. La estrecha carretera sube endiablada y atraviesa El Pueblo saliendo con dirección a otros dos puntos, Bello y Arteos, lugar en el que abandonamos la carretera (¿) para coger un camino muy embarrado al principio y más seco a tramos.


A todo esto, comenzábamos a tener unas buenas vistas de la Cordillera completamente blanca y abajo, casi en vertical, la carretera de Ujo a San Isidro y los pueblos que habíamos pasado. Tengo que decir que hay muchos caminos y pistas por toda la zona, lo que dificulta en parte el tránsito, pero casi todos se comunican de una u otra forma. Nosotros, para no variar, en un momento determinado dejamos en no se donde el camino y comenzamos a atravesar prados, para evitar el barro y a ascender casi de frente, que en realidad es lo que hay que hacer: subir a lo alto del cordal que tenemos sobre nuestras cabezas, para alcanzar el Collado Espines.


El Collado Espines es una amplia campera entre dos pequeñas cumbres, el Cueto Orgoso y el Pico Gumial, este último en nuestra cartera de cumbres del día. Así que lo mejor es ir al collado propiamente dicho y al dar vista al valle de Turón, ascender por la cuerda al Pico Gumial.


Como no, nosotros lo hicimos sin subir completamente al collado y antes seguimos una pista entre las murias de los prados, en tramos embarrada, otros anegada de agua y los menos secos, para ir rodeando al Gumial por su cara norte y al pasar al otro lado, este, ascender campo a través hasta hoyar su cumbre. En realidad creo que solo Carrete y yo lo hicimos, pues al resto del grupo los vimos caminar hacia el Culladiella directamente.


El Gumial es un grupo de rocas cubiertas de hierba y maleza, con unas muy buenas vistas del Aramo, por el oeste; al sur la Cordillera, mientras por el este aparecen las blancas cumbres de la zona de San Isidro con el Torres en primera línea. Mas al norte vemos Peña Mayor y a nuestros pies, al norte, el valle de Turón con Rubíes como población de mayor entidad de la zona.


Al estar solos, fue poco el tiempo que permanecimos en la cumbre. Unas fotos y a seguir para descender-ascender al collado Cruces, desde donde subimos al Pico Culladiella, también conocido como Navaliego, donde ya nos esperaba el grueso del grupo, rodeando el vértice geodésico que lo corona.


Las vistas casi las mismas, con la excepción de que desde aquí podemos ver nuestra última cumbre, el Pico grandes, que estaba tapada por el Culladiella. También disfrutamos de unas estupendas vistas de Peña Mea a muy poca distancia nuestra, relativamente. Tras las fotos de rigor y la firma de la tarjeta, se formaron dos grupos: uno, ante la presencia de la lluvia, que pronto pararía, optó por descender sin subir al Pico Grandes, mientras que el segundo grupo los acompañaba hasta la Collada Cabeu siguiendo después a la cercana cumbre del Pico Grandes.


Más de lo mismo. Las mismas vistas y poco más. Con esto, solo cubrir la tarjeta y hacer las fotos para seguir camino. Y lo hicimos descendiendo directamente a las ruinas de la majada de Grandes, con todas sus cabañas derruidas, sin tejado. Los prados estaban cuidados y las murias en pie, lo que habla de su utilización para alimento del ganado.


Un sinfín de pistas y caminos nos obliga a tirar del GPS para poder dar con el verdadero. Nuestros compañeros que no subieron al Grandes, nos llaman pidiendo aclaración. Los vemos desde un collado y les decimos que van mal, pero finalmente deciden hacer su ruta particular y descienden por el valle contiguo a la izquierda del que nosotros seguimos.


Por caminos a veces, pistas en otras y campo a través en algunas, vamos descendiendo a buen ritmo guiados en la velocidad por las dos cabras locas que nos preceden. Esa fue la causa de que en vez de bajar por el pueblo de Longalendo que ya veíamos, lo hiciésemos por otro lado hasta llegar a Murias y por carretera a Villar, donde una vecina nos dijo que podíamos bajar por un camino sin falta de ir por la carretera. Así lo hicimos y nos ahorraos unas cuantas curvas de carretera y sin pasar por El Escobio, llegamos a la carretera de San Isidro, muy cerca de la Estación de Piñeres, donde nos esperaba el autocar.


Pero lo bueno del día estaba por suceder. Después de esperar por el resto del grupo que se retrasaron una media hora, entramos al comedor y allí nos dieron una muy rica sopa de marisco, unes fabes con pulpo, escalopines al cabrales con patatas y carne guisada. De postre tarta de queso, riquísima y flan casero. Todo ello bañado con vino y los consabidos cafés y chupitos a tutiplé. ¡¡¡Y todo ello por tan solo por 12 euros!!! ¿Es o no es nuestra segunda casa? Y además nos dieron una camiseta a cada uno. ¿Quién da más?


Ya sin comida pantagruélica, para el próximo sábado día 23 tenemos una muy interesante ruta por el Sueve. Esperemos que el tiempo acompañe, pues queremos subir por la Biescona al Pienzu y bajar a Gobiendes por la tejeda del Sueve, posiblemente una de las últimas veces que se puede hacer este recorrido, ya que la pretensión de los ecologistas es preservarla prohibiendo el paso(¿). La ruta propuesta es:


Casa Julia (cerca de Pie de Potro) (150 m) – Piedrallana (200 m) - Mina de la Toya (250 m) – Bosque de La Biescona – Presueches (605 m) – Bustaco (680 m) – Mergullenes (930 m) – Pico Pienzu (1.161 m) – La Texuca (800 m) – Collado Cordobana (745 m) – Llanu la Cuesta (681 m) – Cueto Sol de miguel (417 m) – El Bazar (335 m) – Robazo (140 m) – Gobiendes (79 m)


Una preciosa ruta en la que podemos tener unas estupendas vistas de Picos completamente nevados. Creo que son suficientes los alicientes de esta ruta para que no te la pierdas, no como otras, Espero vuestras llamadas. Ya quedan pocas plazas.

jueves, enero 14, 2010

LUCHANDO CONTRA EL TEMPORAL DE NIEVE

Lo más lógico y fácil, hubiese sido suspender la ruta de este sábado día 9, en vista de las amenazas climatológicas que toda la prensa especializada o no, nos lanzaban. Pero entonces no seríamos consecuentes con nuestra trayectoria y dejaríamos de ser LAS XANAS y eso nuestros incondicionales no lo llegarían a asimilar.


Por eso, lo que si hicimos, es ser conscientes de que la ruta que teníamos fijada para ese día no la podríamos hacer, no por nosotros, por el autocar, que no podría llegar a terrenos de Belmonte y eso si que nos obligaría a suspender. Así las cosas, decidimos hacer algunos cambios en el calendario y la ruta que estaba prevista para el día 30, con salida en Pendueles y final en Celorio, la cambiamos para este nefasto día y el día 30 haremos la de Belmonte.


Con el cambio: montaña por costa, los problemas estaban reducidos. Digo reducidos, que no desaparecidos. A la hora de salir, en Trubia comenzó a nevar como no lo había hecho en todo el día anterior. Las cosas parece que se complicaban. Me pongo al habla telefónica con Lito y me dice que en Oviedo nieva con intensidad y en el suelo ya hay una buena capa del blanco manto.


Salimos de Trubia con rumbo a Oviedo y aunque había algo de nieve en las cunetas y en los campos contiguos, la carretera estaba transitable. A medida que nos acercábamos a Oviedo la nieve en la carretera aumentaba sobre todo en la zona de La Gruta y en la calle Fuertes Acevedo. De todos modos el conductor no veía mayores problemas y comenzamos a recoger a los valientes que habían permanecido incólumes y esperaban en las distintas paradas. Todos menos uno. Eso dice mucho de los “incondicionales” de LAS XANAS. Hasta gente venida de Avilés, Llanera y Lugones.


Ya todos en el autocar, emprendimos rumbo a Llanes asombrándonos de la gran cantidad de nieve caída, a medida que el día comenzaba a despertar y la luz nos permitía ver la realidad. Prados, tejados, árboles y todo lo que estaba a la intemperie, se encontraba cubierto de nieve. Todo blanco y de una hermosura especial. Javier no paraba de hacer fotos a través de la ventanilla.


Cuando ya más tranquilos estábamos, pasado Villaviciosa, vemos una caravana de coches parada en la autovía. Al no observar ninguna anomalía y siguiendo a dos coches que continuaban camino, seguimos por el carril de la izquierda, vacío y pasamos la caravana. Así fue como nos dimos cuenta que la parada de un camión medio atravesado, hizo parar al resto pero sobre una zona con placas de hielo, lo que hizo que al querer reanudar la marcha, los vehículos comenzaron a patinar sin poder seguir.


Entretanto en el carril de vuelta se sucedían los camiones atravesados. Hasta había un camión completamente perpendicular a la marcha y con la cabina contra el talud de la carretera. Eso fue lo que al día siguiente titularon los periódicos como “el corte de la autovía del Cantábrico a su paso por Colunga”. Pero nosotros pasamos y ya no nos encontramos más inconvenientes.


Ya en Pendueles, comenzamos a caminar por sus calles buscando el indicador de dirección del GR AS-19, con inicio en Bustio, tramo que ya realizamos el año pasado. Esta parte del sendero es la que mejor señalizada se encuentra. Todos los cruces están indicados y en buen estado. Así que no tuvimos ningún problema para encontrar el camino.


La ruta se dirige a la Playa de Vidiago atravesando las instalaciones de un camping. Al llegar a la playa, optamos por seguir la carretera a la derecha subiendo por un sendero habilitado por el camping, hasta una plaza en la que se encuentra el centro neurálgico del camping y desde donde tenemos unas muy buenas vistas de la playa de Vidiago a la izquierda y otro pequeño arenal a la derecha.


Retomamos el camino y seguimos entre prados y con la vista puesta en el Cuera y Peña Llabres, completamente cubiertos de nieve. Pasamos junto al cementerio de Vidiago, único contacto con esta población, para a continuación acercarnos a los Bufones de Arenillas, cuando comienza a granizar fuertemente, hasta el punto de que las rocas de la zona y el camino, quedan completamente cubiertos. A pesar del mal tiempo, esperamos impasibles para ver y oír el bufón bufar.


Continuando la marcha, llegamos a las inmediaciones del Río Purón en su desembocadura, cruzándolo por un bonito puente construido expresamente para la senda. Desde aquí al pueblo de Andrín no hay mucho espacio y pronto nos encontramos en las calles de la población. Dejando a la derecha la carretera que se dirige a la playa, seguimos las indicaciones y alcanzamos la carretera que va a Cue, en la que habilitaron una zona para el sendero. Así llegamos al mirador de la Boriza, cuyo “púlpito” se encuentra un poco más a la derecha y nos ofrece unas estupendas vistas de todo el camino recorrido, de las playas de Andrín y de Ballota y su castro y un poco más a la izquierda, Llanes.


De vuelta a la carretera, la senda sigue a orillas del antiguo aeródromo hoy convertido en campo de golf, desde el que se obtiene una estupenda vista de toda esta parte de la costa. El día está raro y las luces que las tormentas que se acercan nos van dejando sobre el mar, son espectaculares. Los tonos verdes, negruzcos y azul cielo se entremezclan bajo una capa de negras nubes que no barruntan nada bueno.


Cansados de caminar y del mal tiempo y ante la proximidad de Llanes donde vamos a poner punto final a la ruta, decidimos dejar la pista para descender por la ladera al cercano pueblo de Cue y continuar por la carretera hasta la Playa de Toró, donde nos espera el autocar.


Pero no acabaron aquí nuestras peripecias del día. En Oviedo continuó nevando prácticamente todo el día y eso nos estaba esperando al regreso. Tras pasar el túnel de Sariego, volvimos a la cruda realidad con la nieve rodeándonos por todas partes. Desde este punto hasta Oviedo, la nieve lo cubría todo y en Oviedo… el caos y la desolación. Las calles completamente cubiertas de nieve. Coches parados por diversos sitios, calles cortadas, deslizamientos… Más de una hora para atravesar Oviedo, teniendo que dejar a los viajeros en lugares distintos a los de su parada habitual por la imposibilidad de acercarse a algunos sitios.


Ya en la carretera de Trubia, las cosas mejoran y dejamos atrás el jaleo producido por la nieve en Oviedo. Finalizamos así la odisea de salir de monte en un día no hábil para ello, al menos según las gentes de la tele y de la prensa de papel, no según los del Las Xanas.


Para el próximo sábado y si el tiempo no lo impide, tenemos ruta por el concejo de Aller. Nos vamos a las inmediaciones de Piñeres en la carretera de Ujo a San Isidro. La ruta propuesta es:


Piñeres (360 m) – El Pueblo (420 m) – Bello (570 m) – Arteos (680 m) – Collado Espines (917 m) – Pico Gumial (1.046 m) – Collado Cruces (1.063 m) – Pico Culladiella o Navaliego (1.105 m) – Collada Cabeu (1.061 m) – Pico Rebollu (1.123 m) – Pico Grandes (1.135 m) – Grandes (1.000 m) – Longalendo (670 m) – Murias (570 m) – Villar (520 m) – El Escobio (360 m) – Piñeres (360 m)


Lo mejor puede que sea el final, con comida de cuchara, para quien así lo solicite, en Casa Menéndez, la segunda casa de Las Xanas, donde el menú previsto es a base de sopa de marisco y fabes con pulpo, postre, pan, vino, café y licores. Así que los que quieran disfrutar de la ruta y de la comida, que me llame lo antes posible, pues tenemos que dar el número aproximado de comensales. Espero vuestras llamadas.

viernes, enero 08, 2010

CAMBIOS EN LA RUTA DEL SABADO DÍA 9

Debido a las inclemencias climatológicas, nos vemos obligados a cambiar la ruta que teníamos programada para mañana sábado día 9, por tierras de Belmonte.

Así que decidimos realizar la ruta prevista para el día 30 de este mismo mes, por el concejo de Llanes.

La ruta a realizar será:

Pendueles (40 m) - Bufones de Arenillas (24 m) - Andrín (60 m) - Cue (57 m) - Llanes (11 m) - Celorio (20 m)

La hora de salida es a las 7,30 de San Andrés.

La ruta de Belmonte se pospone para el día 30.

martes, enero 05, 2010

LA PRIMERA RUTA DEL AÑO POR CECEDA

Me encuentro esperando ilusionado la llegada de los Reyes Magos de Oriente y para calmar los nervios me sitúo ante el ordenador para tratar de narraros la crónica de esta primera ruta de este, nuestro año, el año de Las Xanas. El XXV aniversario de su fundación.

Pues para empezar este calendario, escogimos una sencilla y suave ruta por las inmediaciones de Nava. Infiesto y Cabranes. Muchos concejos para tan corta ruta. Si, corta. La ruta en sí no da para más de unas tres horas de relajado caminar. Pero hay que estirarla para que el grupo se sienta satisfecho.


Y esto es lo que hicimos. Dejamos el autocar en el aparcamiento de la estación de FEVE en Carancos y desde allí, por la carretera, subimos al bonito pueblo de Ceceda. Enseguida encontramos una pequeña ermita y muy cerca de ella el cartel anunciador del PR AS-147 Senda de Ceceda a Cabranes por la Coroña del Castru.


Siguiendo por la calle de la derecha del cartel, salimos de Ceceda por la carretera que lo une a los pueblos de La Faya y Fresnidiello. La carretera desciende ligeramente por los Pontones, para cruzar el puente sobre el Río Faya e iniciar a continuación una también, ligera subida, llegando al poco a un cruce de caminos señalizado. Por la izquierda la carretera se dirige a La Faya, por donde tenemos previsto hacer el regreso, mientras que por la derecha anuncia el pueblo de Fresnidiello, cuyas casas ya podemos ver.


Pasando junto a la diminuta ermita de Nuestra Señora de los Dolores, en mal estado de conservación y que parece que se encuentra en rehabilitación. Atravesamos por el medio del pueblo, con algunas casas con bonitos corredores con barandas bien torneadas. No son muchas casas y enseguida lo abandonamos dejando ala izquierda la última casa con corredor de buenas hechuras.


La carretera se convierte en ancha pista bordeada de prados y enseguida nos introducimos en el bosque que ya no nos abandonará casi hasta la cumbre de la Coroña de Castru. Primero son los robles y algunos pinos para dar paso a continuación a los ocalitos. Altos, delgados y derechos ocalitos que tocan el cielo con sus copas.


El camino se va empinando poco a poco, pero casi ni nos damos cuenta. Ni que decir tiene, que la ruta está toda ella señalizada, bien con las típicas rayas blanca y amarilla de los senderos de pequeño recorrido, como con flechas verticales en algunas bifurcaciones. Pero debemos tener cuidado dentro del bosque, ya que en un momento determinado, sale a la izquierda una pista en ascenso, que es la que debemos tomar y no la que nosotros llevamos, que comienza a descender y que se encuentra señalizada con una flecha blanca pintada en el tronco de un árbol y las rayas blanca y amarilla en árboles contiguos.


Nosotros hicimos caso a estas indicaciones y dejando la cumbre a nuestras espaldas, llegamos a un punto en el que la pista se divide y comienza a hacer largos recorridos de un lado a otro. Por ello decidimos ascender por un sendero que se metía en el bosque en fuerte ascenso y con tendencia a la izquierda, buscando nuevamente la cumbre.


No fue muy malo el camino tomado y después de alcanzar la parte final del arbolado, llegamos al mismo punto al que deberíamos haber llegado por la pista que dejamos a la izquierda. Aquí la pista se convierte en un cortafuegos que superando la pendiente, alcanza el punto culminante de esta pequeña sierra, donde se encuentra el cartel anunciador de la Coroña de Castru, con sus 461 metros.


Ya tenemos la mitad de la ruta hecha y es muy temprano. Total, que empiezan a salir botellas de vino de las mochilas. Así que nos echamos unos buenos tragos y charlamos para hace tiempo. Preparamos un montón de piedras, que casi no hay, para la tarjeta y hacemos las fotos de rigor, antes de emprender el descenso, por le lado contrario al que llegamos y siguiendo el cortafuegos.


Al poco de comenzar a descender, sale por la derecha una pista señalizada que se dirige al pueblo de La Encrucijada, perteneciente al concejo de Cabranes por el que ahora caminamos. Podríamos haber ampliado la ruta hacia ese lugar, pero tendríamos que volver al este mismo sitio y seguir luego hasta Ceceda, por lo que decidimos alargar la ruta yendo hasta Nava.


Así que seguimos por el cortafuegos que desciende vertiginosamente entre recientes plantaciones de pinos, hasta entroncar con la pista forestal que seguimos por un corto espacio, ya que un indicador nos señala el camino a seguir por un sendero a la derecha y en descenso.


Tras pasar por el canto, donde hay algunas casas, llegamos ala aldea de La Faya y poco más allá a la encrucijada que pasamos a primera hora y en la que cogemos la carretera a la derecha para retornar a Ceceda.


Cruzando el pueblo y tras pasar junto a su iglesia, salimos por la carretera de la derecha con dirección a Nava por la carretera de La Cuesta, donde hay una serie de nuevas viviendas y donde al llegar a una bifurcación, debemos seguir a la izquierda dirigiéndonos a Tresali.


La carreterita circula entre prados y algunas casas hasta hacer su entrada en el pueblo, al lado de la iglesia y de una pequeña plaza con juegos infantiles, que algunas de nuestras compañeras utilizaron. Aquí hicimos un nuevo descanso, para seguir haciendo tiempo y para terminar las últimas botellas de vino. Luego salimos del pueblo siguiendo la carretera que pasa junto a unas escuelas del año 1926 y del cementerio.

Enseguida llegamos a Vegadali, donde hay una ermita dedicada a San Antonio y tras pasar el pueblo, accedemos a la carretera de Nava a Santa Eulalia de Cabranes, por la que continuamos con dirección a Nava, izquierda. Tras pasar por el barrio de El Ventorrillo, cruzamos bajo la carretera N-634 y entramos en Nava, donde nos espera el autocar y donde ponemos punto y final a esta sencilla y agradable ruta.


Para el próximo sábado y si las condiciones meteorológicas reinantes lo permiten, realizaremos una ruta por tierras de Belmonte de Miranda. La ruta es la que sigue:


Corias de Abajo (263 m) – Estilleiro (400 m) – Los Collados (878 m) – Pico Caunedo (1.087 m) – Los Collados (878 m) – Pico La Rozada (1.034 m) – Pico Castillo (961 m) – Collado del Muro (742 m) – Dornon (797 m) – Cezana (615 m) – Belmonte (200 m)


Ya esta abierto el plazo de inscripción, por lo que quedo a la espera de vuestras llamadas. Que los Reyes os traigan muchos regalos.

jueves, diciembre 24, 2009

BELEN DE CUMBRES EN EL LLOSORIU NEVADO

El Belén de Cumbres de este año estaba previsto instalarlo en el Picu Llosoriu, pero tanto los hombres del tiempo como la climatología reinante, se conchabaron para que esto no fuese así. Nuestra idea era subir desde el Alto la Segá, límite de los concejos de Mieres y Lena, pero con la nieve caída durante los días anteriores, era imposible poder subir con el autocar hasta el alto. Por eso y porque no sabíamos como se comportaría el tiempo el propio sábado, salimos de Oviedo sin una idea fija de lo que haríamos.

Con todas las dudas habidas y por haber, llegamos a Mieres a desayunar. Ni llovía ni nevaba, pero el día estaba cerrado y en cualquier momento podía descargar. Como así hizo. Cuando salíamos hacia el autocar, comenzaron a caer las primeras pintas de nieve.

Con todo esto, decidimos acercarnos a Cenera para tratar de hacer algo de ruta. Allí la nevada ya era abundante y con ella emprendimos el camino por la carretera que va a Gallegos. Ni que decir tiene que no pensábamos llegara ningún lado concreto, pues lo que caía era suficiente para ni siquiera salir del autocar.

Salimos de Cenera y el paisaje se volvió totalmente blanco. Campos, árboles, cabañas y caminos estaban cubiertos ya de un buen manto de nieve. Estaba todo precioso. Una tenue bruma difuminaba los contornos negros del tronco de los árboles y parecía que solo había un color, el blanco.

Caminamos primero por la carretera que se dirige a Gallegos. En un cruce optamos por la de la derecha y enseguida cogimos un camino que sale a la izquierda, que nos llevaría a la carretera que habíamos dejado antes a la izquierda. Por ella y atajando por otro camino, llegamos a Cangas de Arriba.

Atravesamos el pueblo y por una buena pista nos dirigimos a la majada abandonada de Meruxedo, de donde hubimos de dar vuelta hasta el cruce de caminos, para seguir subiendo por la pista más empinada. Por esta pista alcanzamos el Collado Pozobal y poco más arriba, la curiosa ermita de la Virgen de la Pastoral, rodeada de cabañas y cercados ganaderos, en los que por cierto, había un buen número de reses pese a la nevada.

Aunque la cosa no estaba muy clara en lo que respecta al tiempo, y aunque la niebla se aliaba con la nieve para dejarlo todo completamente blanco, seguimos subiendo, habida cuenta que nos quedaba muy poco para alcanzar la cima y la mayor parte del camino era por pistas. Pistas que se encontraban completamente cubiertas de nieve en polvo, muy fácil de caminar, pero con cierta dificultad en algunos tramos para encontrarlas.

Según ascendíamos, el cielo comenzó a mejorar y se abrieron los primeros claros. A nuestra derecha muy por debajo, contemplamos el valle de Conforcos y las instalaciones del Pozo Nicolasa. Frente a nosotros se aclaraban las vistas y ya teníamos el Collado la Vara y el Pico Rosón, lo que nos hizo comprender que nos habíamos pasado de camino. Mientras que algunos seguían adelante para subir por el Collado la Vara, el resto dimos media vuelta hasta el entronque de pistas, para coger la más alta que nos dio vista al Llosoriu y por la que subimos a rodear la cumbre por el norte para acceder al vértice geodésico que la corona.

Con el cielo completamente azul y con el sol brillando, comenzaron a salir de las mochilas las botellas de sidra champanada, los turrones, mazapanes, polvorones y un largo etcétera de golosinas navideñas. Los vasos se llenaron y la alegría se hizo dueña de la cumbre del Llosoriu. Al final el Belén no lo pudimos instalar, pues viendo como estaba el día al comenzar a caminar, el encargado de transportarlo hasta la cumbre, creyó más oportuno no hacerlo ante las dudas de que pudiésemos llegar a ninguna parte.

El tiempo era apacible y la compañía buena. Dos ingredientes imprescindibles para pasarlo bien. Tanto es así, que estuvimos por espacio de una hora en la cumbre pisando la nieve que la cubría y que quedó completamente aplastada. Con la helada que se suponía que caería a la noche, esa nieve sería hielo cuasi eterno.

El descenso lo hicimos por el sur, siguiendo el cubierto sendero natural del pico. Luego por la pista fuimos descendiendo hasta el Collado Pozobal, donde en vez de seguir por la pista por la que habíamos subido. Optamos por seguir de frente por el Cordal de Gallegos, hasta cerca de la Campa Rañauriu, donde cogimos la pista de la derecha para bajar a La Tazá. Aquí y por carretera, seguimos bajando hasta el polígono Gonzalín tras pasar por Paxío. Ya solo nos quedaba bajar a las orillas del Río Caudal, donde nos esperaba el autocar.

Para el día 26, sábado después del día de Navidad, tenemos la última ruta del año que como es habitual, la realizamos por nuestra zona natural, los Valles del Trubia. Nos vamos a Villanueva de Santo Adriano, para subir a Castañeu del Monte y por la cresta de la Sierra de Buanga llegar Perlavia para bajar a Trubia. La ruta propuesta es:

Villanueva (175 m) – Castañeu del Monte (550 m) – Pico Plantón (751 m) – Sierra de Buanga – Pico La Bobia (673 m) – Cascada de Buanga (350 m) – Peña Castiellu (396 m) – Perlavia (390 m) – Pienso (300 m) – Trubia (90 m)

Aunque sea a toro pasado, aprovecharemos para colocar el Belén en alguna de las cumbres por las que vamos a pasar. También habrá algo de sidra y algún dulce de los que sobraron. Espero vuestras noticias.

Felices Fiestas a tod@s .

miércoles, diciembre 16, 2009

UNA MIRADA A COVADONGA, DESDE LAS NUBES

Priena es esa picuda montaña que tantas veces observamos desde las inmediaciones de la basílica de Covadonga, en cuya cumbre hay una gran cruz de hierro y a la que se sube por un serpenteante sendero desde la ladera que da a la Santa Cueva.


Y allí es a donde nos dirigimos en este sábado, previo a la hola de frío. Pese a ello, las previsiones meteorológicas dicen que el día será apacible. De momento, las nubes cubren nuestro destino, aunque todo parece que pronto despejará.


El autocar nos deja en el aparcamiento de Casa Asprón, fácil de reconocer por el gran letrero que tiene. El sendero sale de allí mismo y hay un cartel que lo indica al mismo tiempo que las horas previstas para su recorrido: 1 hora y media.


Comenzamos a subir por el sendero entre árboles y maleza. La subida se facilita por medio de apretados zigzag que van recorriendo de izquierda a derecha la ladera de la montaña. Las vistas de la Basílica a través de las ramas de los árboles son preciosas y a medida que vamos tomando altura, las imágenes cambian se hacen más y más fabulosas, lo que obliga a disparar la cámara con mayor frecuencia.


El sendero que nosotros tomamos se va cerrando por momentos, pero sin llegar a perderse nunca. Después de un tramo un poco enrevesado, enlazamos con otro sendero más marcado que viene del lado contrario al que nosotros llevamos y por él continuamos la ascensión.


Algo más adelante otra bifurcación nos hace dudar. Realmente se puede continuar por cualquiera de los dos, pero para seguir los tracks que llevamos en el GPS, tomamos el de la izquierda, más amplio y quizá más cómodo. Caminamos bajo un pétreo paredón y el sol comienza a iluminar nuestro camino.


Tras un par de nuevas curvas, damos vista a la gran cruz que corona la cumbre de Priena. El sendero camina en la dirección contraria por un tiempo, para volver a girar y ya sin más dilación, alcanzar la cumbre de Priena con la cruz y con el vértice geodésico que la coronan.


Las nubes se encuentran ahora bajo nosotros cubriendo la vista sobre Covadonga. Por el contrario, la luz del sol nos deja las cumbres del Cornión y de los Urrieles recortadas sobre el cielo azul. Al lado contrario, la amplia vallada de Corao se abre a nuestros pies. El Sueva a la izquierda, la sierra del Hibeo casi frente a nosotros y la del Cuera más a la derecha, son las alturas que apreciamos por este lado norte.


Las nubes se van disipando y comienzan a aparecer la Basílica, la cueva y todas las instalaciones del espacio denominado Cuna de la Reconquista, de gran raigambre para los asturianos. Las vistas de este santo lugar son espectaculares y vuelven las cámaras a rugir en un intento de apoderarse de las imágenes.


Una hora de reloj permanecimos charlando en este estupendo mirador. Una hora y no fue más por las prisas de algunos, para no se sabe que, pues era muy temprano y la distancia hasta Corao no es muy grande. Sí Corao. La ruta estaba prevista a Teleña, pero para alargarla un poco decidimos hacerla con final en Corao, visitando previamente la iglesia románica de Abamia.


Tras unas comprobaciones, decidimos descender de Priena siguiendo la cresta al oeste, por un sendero señalizado con clásicas líneas paralelas blancas y rojas de un GR. Supongo de la Senda Frassinelli. El caso es que alcanzamos una zona de praderas y posteriormente una pista a la derecha que a su vez desemboca en otra que seguimos a la izquierda para volver a girar a la diestra algo más allá.


Después de un tramo embarrado, la pista desemboca en una carretera por encima de una coqueta casa con cuidado jardín. Estamos en La Cañal y siguiendo la carretera llegamos al cruce de Teleña a la derecha. Nosotros seguimos a la izquierda y enseguida llegamos a las primeras casas de Cuetu Abamia, donde un amable vecino nos explicó la forma de hacer los enverzaos y nos señaló la conocida como Casa del Rey Pelayo, de su propiedad y que poco a poco estaba acondicionando.


Se trata de un edificio de piedra de forma cuadrada con dos huecos en el frente, uno posiblemente la cuadra y otro a la derecha, la vivienda con corredor de madera en el primer y único piso. En la parte baja tiene la entrada.

Tras despedirnos de tan amable persona, continuamos por la carretera atravesando el pueblo hasta la Iglesia Románica de Santa María de Abamia, recientemente restaurada y sumamente criticada dicha restauración. La verdad es que no es para menos ya que el estucado de sus paredes, hace desmerecer la obra de tan ilustre ejemplo del románico a la par que el deterioro del estuco se deja ver por toda la fachada. No sé si las puertas con cristales son aptas para este lugar, pero sirven para poder ver su interior. En este caso poco hay que ver, ya que la iglesia solo tiene los bancos y en no muy buen estado.


De todos modos es de admirar su factura y sobre manera la puerta lateral de doble arco de medio punto, sustentado sobre columnas pareadas, en las que podemos ver imágenes del infierno. Aunque su mayor gloria parece ser la de haber servido de primera tumba al Rey Pelayo y su esposa Gaudiosa, que hoy descasan ambos en la Cueva de Covadonga, trasladados allí, por el Rey Alfonso X.


Tras esta clase de arte e historia, seguimos con el relato y en él, con el camino que nos resta hasta Corao, que no es otro que la propia carretera. Esta la abandonamos en un cruce, siguiendo por la señalizada pista de la izquierda, por la que tras atravesar el puente sobre el río Güeña, alcanzamos la localidad de Corao, fin de nuestra ruta de hoy.


Para el sábado día 19 tenemos ruta al Llosoriu, sobre cuya cumbre depositaremos el Belén de este año. La ruta, que puede tener variaciones de última hora, está previsto realizarla con el siguiente itinerario:


Alto La Segá (787 m) – Collado Pando (706 m) – Campa Felgueras (766 m) – Pico Cuitu (858 m) – Campa Tío Vicente (789 m) – Collado Palmu (783 m) – Pico la Gallina (844 m) – Pico Llosoriu (997 m) – Pico Cueva (855 m) – Collado Pozobal (758 m) – Pico Roiles (695 m) – Pico Siana (671 m) – Mieres (207 m)


El descenso desde el Llosoriu a Mieres es lo que puede cambiar, bajando en su caso, a la zona de Gallegos y Cenera. Pero eso será consensuado sobre la marcha y será en el autocar donde se decida. Ya está el plazo de inscripción abierto y os puedo decir que quedan pocas plazas. Tenemos el bus de 29 plazas y ya hay 20 inscritos. Así que no lo dejéis para última hora u os quedareis en tierra y sin cantar villancicos.

martes, diciembre 15, 2009

DE PASEO POR LA COSTA NORTE

TRAMO EL ESPARTAL – SAN JUAN DE LA ARENA


Aunque la ruta marcada oficialmente tiene su inicio en Arnao y el final en los comienzos del Playón de Bayas, nos resultaba un espacio un poco corto (menos de 10 kilómetros) para desfogar nuestras ansias de caminar. Por eso decidimos comenzar a caminar al principio de la Playa del Espartal en San Juan de Nieva.


El autocar nos deja cerca de la entrada a la Playa del Espartal y comenzamos a caminar por el paseo de madera habilitado en las dunas que cierran la playa por el sur. Pronto nos cansamos de caminar sin ver el mar y abandonando el entablado, accedemos a las dunas y por estas a la playa para acceder a Salinas, donde retornamos al paseo para llegar al túnel que desde la Peñona, donde se encuentra el Museo de Anclas Philippe Cousteau, atraviesa bajo la montaña por lo que fue vía del ferrocarril de la Real Compañía de Minas, hasta las inmediaciones de la fábrica de AZSA.


Por la carretera, dejando la fábrica a nuestra derecha, llegamos a la entrada de la misma, justo donde se inicia el tramos Arnao – Bayas de la Senda Norte. Aquí abandonamos el asfalto para seguir un sendero que da vistas a la recortada costa y por donde, con el tiempo, se realizará la urbanización correspondiente del sendero.

Accedemos a una parte de este sendero en obras y por él, llegamos a la Playa de Arnao, muy despojada de arena. Pasamos junto al antiguo castillete de la mina al final del paseo de la playa, adosado a lo que fue restaurante y que hoy se encuentra en vías de reparación. Nuestro sendero sigue por detrás de este edificio subiendo por un sendero que desemboca en la carretera junto a una casa con una situación envidiable.


Las vistas comienzan a abrirse gracias a la altura y vamos viendo a nuestras espaldas, el camino que llevamos andado. Siguiendo por el marcado sendero arribamos al Mirador de La Ladrona, un islote unido a tierra en la bajamar, que da paso a la Playa de Santa María del Mar. Al otro lado del acantilado vemos las primeras casas de este lugar.


La pista comienza a descender a orillas del acantilado y buscando la dársena de Santa Maria del Mar, que cruzamos por cualquier parte gracias a la bajamar. Si la marea está alta, hay que seguir la pista hasta el final y cruzar la zona de arena seca para subir a la carretera después de cruzar por un puente, el arroyo que desemboca en la playa.


Una vez cruzada la playa en toda su anchura, alcanzamos el paseo marítimo por el que continúa el sendero, que comienza a ascender nuevamente, después de dejar un mirador a la derecha. Alcanzamos un altozano desde el que vemos nuestro próximo destino, el Mirador el Escayu, desde el que tenemos una estupenda vista del camino que dejamos detrás y por donde descendemos a la Playa de Bahinas.


El arenal está también muy mermado de arena y las piedras casi ocupan toda la playa. Restos de residuos escupidos por el mar cubren tanto la playa como el prado que la bordea, en el que hay unas mesas y bancos de madera.


Abandonamos Bahinas subiendo por la carretera hasta el pueblo de Linares donde vemos las huellas a seguir, sin duda pintadas en el asfalto por el dueño de la curiosa casa de la izquierda, cansado quizás, de que le preguntasen continuamente cual es el camino a seguir.


Un camino que sale en ascenso a la derecha, nos introduce en un bosque de altos ocalitos por el que descendemos a la contigua Playa de Munielles, que abandonamos casi nada más entrar, siguiendo la pista que sale por encima del aparcamiento. Algunos siguieron cruzando la playa y aprovechando la bajamar, cruzaron por el pedrero hasta la rocosa playa del Regueru y de allí subir a la Punta Vidrias.


El resto, como digo, seguimos por la carretera en ascenso continuado, caminando entre chalet de verano hoy cerrados. Alcanzamos las primeras casas de Bayas antes de la iglesia abandonamos la carretera para seguir un sendero que sale a la derecha con dirección contraria a la que llevábamos. El sendero se adentra en un nuevo bosque de ocalitos y emprende un pindio descenso minorado por los escalones esculpidos en el terreno.


Cruzamos el reguero que da nombre al pedrero que dejamos a la derecha y comenzamos a subir una vez más, y también entre ocalitos, hasta alcanzar el punto más alto de toda la ruta, la Punta Vidrias, lugar desde el que contemplamos unas estupendas vistas de la mayor isla de la costa asturiana, la Isla de Deva. Por un sendero a la derecha nos podemos acercar a los altos acantilados que sirven de mirador a la isla y a toda la costa a uno y otro lado.

Tras retornar a la pista, continuamos por ella recorriendo la amplia rasa costera de Bayas, dejando las casas de este pueblo a la izquierda. Nos dirigimos a las antiguas dependencias de la Real Compañía Asturiana de Minas que aprovechaba las cuarcitas de la Playa de Malabaxada, para fabricar los crisoles en los que fundía el zinc. Hoy los restos de estas instalaciones duermen el sueño de la desidia y el abandono. Dicen que estaban destinadas a mirador ornitológico y centro de interpretación, pero para lo que sirven es para que los desalmados prueben su puntería contra los cristales de las instalaciones abandonadas.


Seguimos por el llano terreno, dirigiéndonos al vértice geodésico de Bayas que comenzamos a ver al frente. El vértice se encuentra junto a una pequeña casa, y sobre un alto pedestal. Desde aquí y siguiendo en la dirección que llevábamos, oeste, nos acercamos al mirador de Bayas, en el alto de La Granda, desde el que divisamos en toda su extensión la gran mancha de arena formada por las playas de Requexines, Bayas, Sablón y los Quebrantos. Más allá vemos como se introduce en el mar el espigón del Cabo Vidio.


Bordeando el acantilado con dirección sur, bajamos por la carretera y dejando a la derecha el cementerio de Bayas, hasta encontrar una pista que sale también a la derecha y que nos lleva a un espolón sobre la playa de Requexines, desde el que por un embarrado sendero, descendemos a la arena.


Tengo que reseñar que, siendo como somos de Las Xanas, no podíamos hacer la ruta sin algún “contratiempo”. Por eso, cuando llegamos al cementerio, nos introdujimos por la carretera que lleva a su puerta y al final de esta, seguimos un difuminado sendero que sale detrás de un panel indicador de la Senda Norte. Este sendero comienza a descender entre afilados tojos que poco a poco se van haciendo más y más altos, hasta el punto que casi cubrían a Clemente, que nos saca dos cabezas a todos. Visto lo visto, no nos quedó más remedio que dar marcha atrás y abandonar el “atajo” por el que, precisamente Clemente, nos quería hacer llegar al arenal.


Vueltos al redil, bajamos a la playa por donde todos y comenzamos el largo caminar por el desierto, que tal parecía el Playón de Bayas. La neblina cubría el arenal y las nubes nuestras cabezas. Entre unos y otros consiguieron hacer la combinación y las primeras gotas del día comenzaron a caer. La lluvia era muy suave y no nos impidió llegar a l extremo occidental.


La marea, que ya llevaba algunas horas subiendo, comienza a ponernos dificultades. Debemos esquivar las olas que nos cortan el paso. Caminando sobre las rocas y apresurándonos por momentos, conseguimos alcanzar la zona del Furacón y aquí no nos quedó más remedio que ascender por la pindia y estropeada escalera que nos permite alcanzar la Playa de los Quebrantos y desde ella, las calles de San Juan de la Arena, donde ponemos punto y final a esta bonita ruta por una parte de la costa Cantábrica.


Como este relato lo cuelgo muchos días después de hacer la ruta y con la siguiente, la de la Cruz de Prieta, ya realizada, no pondré como en días anteriores, el comentario a dicha ruta. Así que hoy aquí lo dejo, no sin antes daros una dirección en la que podréis obtener una buena información sobre el Conjunto Histórico Industrial, de la Real Compañía Asturiana de Minas, instalada en Arnao:

http://minasderiosa.blogspot.com/2006/05/arnao-conjunto-histrico-industrial.html

jueves, noviembre 26, 2009

LANGREO DESDE LAS ALTURAS

El pasado sábado hicimos una de esas rutas que en principio..., como que no apetecen. Es una zona muy industrial y muy deteriorada por las minas de interior y aún más por las de cielo abierto. Se encuentran un montón de motivos para pasar de ellas. Y sin embargo resultó una bonita ruta muy amena y placentera, aunque un poco larga.


Comenzamos a caminar en Ciaño dejando a nuestra derecha la Casa de la Buelga y siguiendo por la carretera que se dirige a Les Cuestes, hasta encontrarnos con un cartel que marca el inicio de la “Senda Verde Ferrocarril de Carbones de la Nueva”. Continuamos por él y desde este punto la ruta está toda ella señalizada con las marcas blanca y amarilla de los PR. Concretamente nuestro sendero es el AS-44 que en algunos puntos se entremezcla con otros de la zona.


El camino se encuentra limitado por un arroyo a la izquierda y las casas de Les Cuestes a la derecha y al principio caminamos sobre unas losetas de hormigón. Pasamos bajo un túnel que en la parte superior alberga lo que fue la bocamina de La Trechora y poco más allá salimos a la carretera a la entrada del Pozo Samuño. Son pocos los metros que tenemos que hacer de carretera, pues enseguida nos encontramos con el cartel anunciador del Plano inclinado Tilano, donde la abandonamos para seguir por una pista que hay a la izquierda. Antes el camino seguía por las instalaciones del pozo pero ahora ese paso está cortado y nos obliga a hacer un descenso por un tablero de obra. Suponemos que este desvío es provisional, pues de otro modo ese paso no es apto para todo el mundo.


Superado el destrepe, ascendemos por el plano Tilano hasta ganar nuevamente la pista por la que continuamos hasta las inmediaciones del pozo San Luis. Aquí retornamos a la carretera y por ella seguimos hasta el pueblo de La Nueva.


Aquí abandonamos la carretera para seguir por la izquierda por una pista hormigonada que asciende con una importante pendiente, pasando por las casas de La poya y posteriormente alcanza el pueblo del Corralón, entre cuyas casas asciende el camino unas veces por pista y otras hasta por escalones.


Del corralón salimos siguiendo un sendero amplio al principio, que luego se va cerrando de maleza. El sendero, con algo de barro, va subiendo en cerradas ese y lo de cerradas no es solo por lo apretadas, si no por lo cubiertas de vegetación. Así llegamos a la primera casa en obras del precioso y abandonado pueblo de La Texuca. Lo de abandonado no es del todo cierto, lo que ocurre es que solamente se utiliza como fin de semana. En esta ocasión estaba bastante concurrido, pues celebraban un amagüestu.


Salimos de La Texuca por la carretera hasta un cruce en el que seguimos por la derecha y en descenso, hasta un nuevo cruce en el que giramos a la izquierda ya en ascenso hasta llegar a la bonita campera del Mayau Miguel. Aquí realizamos el primer descanso con aperitivo del día, antes de seguir por un camino que sale por la izquierda del montículo que cierra por el sur el mayau.


El sendero bien marcado pasa por encima de una cabaña y va recorriendo toda la crestería de la zona sur de la Sierra de La Espada hasta el Alto de Las Cruces al que se puede subir si las fuerzas aguantan. Nosotros lo pasamos por su cara norte para llegar al Alto de la Faya donde existe un cruce de caminos en el que uno desciende a la izquierda hacia Urbiés; otro, por la derecha está indicado como PR AS-44, pero nosotros lo dejamos para seguir de frente, siguiendo el indicador del San Justo. El viento anunciado por nuestros meteorólogos, sopla con fuerza, haciéndonos perder el equilibrio.


La amplia pista se va acercando al pico que ya veníamos observando desde hace un buen rato. Antes pasamos por el Mirador del Valle de Samuño, donde se encuentra una mesa indicadora de la zona y se obtiene una estupenda vista de todo el valle y del recorrido que ya hicimos y del que aún nos resta. Por la derecha de la pista sale un sendero que se introduce en la maleza y asciende a un primer collado desde el que la ascensión al pico San Justo no existe más remedio que estirar las fuerzas que quedan en las piernas para abrirse camino entre las cotoyas cuesta arriba.


Alcanzada la cumbre, nos encontramos con una cruz de hierro colocada por el Jultayu y un buzón de cumbres instalado en marzo de este año por nuestro compañero Cosme. Las vistas son prácticamente las mismas que desde el mirador anterior, pero con la salvedad de que al sureste tenemos la inconfundible figura de Peña Mea.

El descenso lo hacemos al oeste hacia una campera que cruzamos para seguir en descenso por los prados con dirección norte, hasta confluir nuevamente con la pista, después de cruzar un cierre junto a una cabaña. Se podría seguir por la pista tanto a la izquierda como a la derecha. Nosotros optamos por descender por la derecha y al poco se va cerrando de maleza pero no hay mayores problemas.


Pronto desembocamos en una pista mucho más ancha y cómoda, por la que el descenso se hace más agradable, hasta que alcanzamos la carretera en el pueblo del Cau. Por la carretera seguimos hasta el cercano lugar de La Tiyera, donde además de un buen restaurante, hay un Monumento a la Libertad.


Aquí pusimos fin a la ruta, ya que prácticamente lo que nos quedaba eran unos 6 kilómetros de carretera que no nos hacía ninguna gracia. Así que el resto del camino hasta Lada lo hicimos en el autocar. Todos menos los dos valientes, Maria José y Tino, que siguieron a pie hasta situarse en Lada, donde les esperábamos.


El próximo sábado día 28 no tenemos ruta de caminar. Tenemos pitanza y bailoteo. Celebramos la tradicional Cena de Hermandad en la que la comida y la bebida sustituirán los sudores de la ruta y eso, sudar, lo haremos posteriormente, pero bailando o saltando la ritmo de la música.


Pero para el día 5 de Diciembre volvemos a esos caminos de Dios y en concreto nos vamos a la costa. Desde San Juan de Nieva caminaremos hasta San Juan de la Arena. La ruta que queremos hacer es:


Playa del Espartal (10 m) – Salinas (8 m) – Arnao (20 m) – Santa María del Mar (37 m) – Playa de Bahinas (4 m) – Playa de Munielles (4 m) – Playa del Regueru (4 m) – Cabo Vidrias (50 m) – Bayas (118 m) - Playón de Bayas (4 m) – San Juan de la Arena (10 m)


El plazo de inscripción está ya abierto. Es una bonita y sencilla ruta que nos deparará preciosas vistas de esta parte de la costa asturiana, incluyendo la de la mayor isla de nuestro litoral, la Isla de Deva. Así que ya estoy a la espera de vuestras llamadas.