cubierta de nieve y a Picos solo nos queda mirarlos desde lejos. Y que mejor mirador que la sierra del Sueve y en particular su máxima altitud, el Pienzu. Con esas premisas y con la intención de conocer el bosque de La Biescona, el hayedo europeo más cercano al mar, preparamos esta ruta con el aliciente extra de descender por la cara norte, atravesando la mayor mancha forestal de tejos también de Europa.
Así las cosas, el autocar nos deja en lo que fue el bar Casa Julia en la carretera que sube al Fitu desde Gobiendes y a unos 4 kilómetros de este lugar, donde se está reformando y arreglando lo que en su día fue el bar. Un ancho camino se dirige a una cercana cuadra en cuyas inmediaciones comenzamos a pisar el barro que ya no nos abandonaría en toda la ruta hasta retornar a Gobiendes.
Atravesamos un cierre de varales y continuamos por el embarrado camino dejando al poco otro que sigue de frente, continuando por el que sale a la derecha entre zarzas y cotoyas y que poco a poco va ganando altura al tiempo que se adentra en el bosque. Debemos cruzar un arroyo que nos acompaña durante un tra
mo del camino
Antes de penetrar en lo más umbrío de La Biescona, pasamos entre las ruinas de lo que fue la Mina de La Toya y podemos ver la bocamina a la izquierda del camino. Nuestro sendero continúa y se adentra en la espesura del bosque. Estamos en invierno y los árboles aparecen pelados de hojas y con los troncos cubiertos de musgo que pone la nota de color junto con las hojas secas del suelo.
La luz penetra mal entre las ramas y la humedad es muy alta. No obstante el arroyo que nos acompañaba se sume en las cercanías de la mina y el camino toma su cauce en muchos tramos. Caminamos en un continuo sube y baja entre los árboles y pisando el resbaladizo barro. Cruzamos el cauce seco del arroyo y por el margen izquierdo, nuestra derecha, vamos ascendiendo por la ladera que baja del Babú siguiendo paralelos al río.
La niebla nos acompaña poniendo tintes de misterio y dando le al bosque la apariencia típica de las leyendas de trasgos y xanas. Pero a pesar de todo, no tiene pérdida. El sendero está bien marcado y comenzamos a ver algunos jitos. Vamos poco a poco viendo algo más de luz y nos aproximamos al final de la vallada boscosa. Los árboles se van diseminando y dan paso a las praderas. Pero no obstante aún podemos contemplar un magnífico ejemplar de hay
a, La Fayona. Se encuentra la derecha del camino muy cerca del cruce con el sendero que proviene del Fitu y a la altura de lo que fue la majada de Presueches, hoy un prado y una cabaña.
Salimos a la majada de Bustacu y damos vista por primera vez al Pienzu, identificable por su enorme cruz. Al mismo tiempo podemos observar las estupendas vistas que desde este punto ya tenemos de la Cordillera y de Picos, con la mole del Cornión completamente nevado.
Seguimos por las verdes camperas de Bustaco hasta su única cabaña en estado ruinoso y allí nos detenemos unos minutos para descansar y recrear la vista con el paisaje que las nubes nos permiten ver. Un mar de nubes cubre toda Asturias y solamente las más altas cumbres sobresalen de él. Las mismas que amenazan con cubrirnos a nosotros, acercándose por el mismo camino por el que nosotros llegamos.
El movimiento de la niebla y el aire frío que corre, nos hacen continuar el camino ascendiendo a
l norte por las camperas de Bustaco para encontrarnos con la pista que sube al Collado Beluenzu que vemos al oeste. Superada la cuesta y las camperas anteriores al collado, llegamos a la majada de Mergullines en la que hay un abrevadero sin agua y una pequeña cabaña. Desde aquí no resta más que subir los últimos doscientos metros que nos separan del pico.
Algunos senderillos que aparecen y desaparecen, nos ayudan en la ascensión. No es muy complicada, todo es subir con dirección norte, dejando a nuestras espaldas el Collado Beluenzu. De vez en cuando un descanso no está de más y nos sirve para poder contemplar cada vez mayor cantidad de cumbres. Ya vemos todo el Cornión y los Urrieles. Es todo una gran masa de nieve con las nubes a sus pies. Se distinguen Peña Santa, Cantu Cabroneru y Beza, así como el Valdepino. Más a la derecha el Pozalón y el Niajo son una misma cumbre; Tiatordos es una inmensa mole blanca y a su lado el Campigüeños y la Llambria y ya más al oeste, el Vizcares. Si aún miramos mas al oeste, detrás del cercano Mirueñu podemos ver las Ubiñas y el Aramo.
Entre mirada y mirada alcanzamos la cumbre del Pienzu y su gran cruz y el vértice geodésico. Allí están ya hace algún tiempo, nuestros compañeros que subieron desde el Situ. Las nubes que nos cubrieron durante toda la mañana, comienzan a abrirse y unos cálidos rayos de sol vienen en ayuda de nuestros ateridos cuerpos. El mar de nubes lo cubre todo y la costa está desaparecida por su causa.
El lado por el que debemos descender está completamente cubierto de nubes y ya sabemos que la niebla nos va a acompañar el resto de la ruta. Cubrimos la tarjeta y nos hacen unas cuantas fotos antes de emprender el descenso al que en parte somos reacios gracias a la compañía del sol. Pero todo llega a su fin y tras una larga estancia en la cumbre, decidimos adentrarnos en la espesa niebla.
Abandonamos la cumbre por el oeste descendiendo hacia unos árboles que veíamos desde la cumbre. Aquí nos tragó la niebla y comenzaron los conflictos. Ya solo nos queda el GPS para continuar el descenso y así lo hacemos. Poco a poco vamos adentrándonos en le bosque que al principio es de acebos y espinos acompañados de brezos. Pero pronto empezamos a encontrarnos con los tejos. Ellos y los acebos son los únicos árboles con hojas y eso nos ayuda a distinguirlos aún entre la niebla.
Es precisamente la niebla quien le imprime un carácter especial al bosque. Parece que en cualquier momento nos podemos encontrar con los trasgos y las xanas y hasta el cúelebre. Descendemos por intuición y aprovechando los mejores pasos. No hay un camino totalmente definido y si múltiples senderos del ganado. Pero el GPS nos da la dirección y el resto
lo pone la experiencia.
Entre tejos y acebos llegamos a la fuente de la Texuca y eso nos demuestra que a pesar de la niebla no estábamos muy descaminados. Desde aquí, en vista de que precisamente lo que menos teníamos eran vistas y la niebla parecía no acabarse nunca, decidimos ir en busca del Pico Sol de Miguel todo lo de frente que nos permitiese el terreno. Y así lo hicimos. Caminamos con dirección noroeste un buen rato descendiendo por los mejores pasos y dejando a la derecha la sombra del Cordobana. Cuando comenzaba a despejarse el bosque nos encontramos con un buen camino que seguimos durante un buen trecho hasta que este desapareció entre la maleza. Pero ya estábamos casi fuera del bosque y alguien que ya había pasado por allí, recordó que poco más abajo había un camino que nos llevaría al Sol de Miguel. Buscamos dicho camino y lo encontramos.
Enseguida apareció ante nuestros ojos la inconfundible figura del Pico Sol de Miguel emergiendo de entre la niebla. Ya el resto era seguir la pista durante cerca de una hora. La ancha pista que baja
por la ladera este del Sol de Miguel, atraviesa poco más abajo un cierre metálico para continuar el descenso por un terreno muy embarrado y pasando junto a lo que fue casa de Robazu y adentrándonos a continuación en un bosque de ocalitos tras el cual, tenemos que hacer un tramo cuesta arriba que no agrada a nadie. No es mucho, pero después de una ruta como la que estamos a punto de finalizar, se nota. Alcanzamos las primeras casas de Gobiendes y enseguida el autocar que nos está esperando.
Nos deshacemos como podemos del barro de las botas, aprovechando las fuentes del pueblo y con una mirada le decimos adiós o hasta pronto a la Sierra del Sueve.
El sábado día 30 nos vamos a tierras belmontina para ascender entre otros el Pico Caunedo. La ruta que tenemos preparada es:
Carretera de Belmonte (2 kilómetros antes) (184 m) – Estilleiro (400 m) – Los Collados (878 m) – Pico Caunedo (1.087 m) – Los Collados (878 m) – Pico la Rozada (1.034 m) – Pico Castillo (961 m) – Collado del Muro (735 m) – Dornón (810 m) – Cezana (620 m) – Belmonte (200 m)
Quedan muy pocas plazas para esta ruta. Así que si estás interesad@ en hacerla, no te demores o te quedarás sin plaza. Espero vuestras llamadas.
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