El Belén de Cumbres de este año estaba previsto instalarlo en el Picu Llosoriu, pero tanto los hombres del tiempo como la climatología reinante, se conchabaron para que esto no fuese así. Nuestra idea era subir desde el Alto la Segá, límite de los concejos de Mieres y Lena, pero con la nieve caída durante los días anteriores, era imposible poder subir con el autocar hasta el alto. Por eso y porque no sabíamos como se comportaría el tiempo el propio sábado, salimos de Oviedo sin una idea fija de lo que haríamos.
Con todas las dudas habidas y por haber, llegamos a Mieres a desayunar. Ni llovía ni nevaba, pero el día estaba cerrado y en cualquier momento podía descargar. Como así hizo. Cuando salíamos hacia el autocar, comenzaron a caer las primeras pintas de nieve.
Con todo esto, decidimos acercarnos a Cenera para tratar de hacer algo de ruta. Allí la nevada ya era abundante y con ella emprendimos el camino por la carretera que va a Gallegos. Ni que decir tiene que no pensábamos llegara ningún lado concreto, pues lo que caía era suficiente para ni siquiera salir del autocar.
Salimos de Cenera y el paisaje se volvió totalmente blanco. Campos, árboles, cabañas y caminos estaban cubiertos ya de un buen manto de nieve. Estaba todo precioso. Una tenue bruma difuminaba los contornos negros del tronco de los árboles y parecía que solo había un color, el blanco.
Caminamos primero por la carretera que se dirige a Gallegos. En un cruce optamos por la de la derecha y enseguida cogimos un camino que sale a la izquierda, que nos llevaría a la carretera que habíamos dejado antes a la izquierda. Por ella y atajando por otro camino, llegamos a Cangas de Arriba.
Atravesamos el pueblo y por una buena pista nos dirigimos a la majada abandonada de Meruxedo, de donde hubimos de dar vuelta hasta el cruce de caminos, para seguir subiendo por la pista más empinada. Por esta pista alcanzamos el Collado Pozobal y poco más arriba, la curiosa ermita de la Virgen de la Pastoral, rodeada de cabañas y cercados ganaderos, en los que por cierto, había un buen número de reses pese a la nevada.
Aunque la cosa no estaba muy clara en lo que respecta al tiempo, y aunque la niebla se aliaba con la nieve para dejarlo todo completamente blanco, seguimos subiendo, habida cuenta que nos quedaba muy poco para alcanzar la cima y la mayor parte del camino era por pistas. Pistas que se encontraban completamente cubiertas de nieve en polvo, muy fácil de caminar, pero con cierta dificultad en algunos tramos para encontrarlas.
Según ascendíamos, el cielo comenzó a mejorar y se abrieron los primeros claros. A nuestra derecha muy por debajo, contemplamos el valle de Conforcos y las instalaciones del Pozo Nicolasa. Frente a nosotros se aclaraban las vistas y ya teníamos el Collado la Vara y el Pico Rosón, lo que nos hizo comprender que nos habíamos pasado de camino. Mientras que algunos seguían adelante para subir por el Collado la Vara, el resto dimos media vuelta hasta el entronque de pistas, para coger la más alta que nos dio vista al Llosoriu y por la que subimos a rodear la cumbre por el norte para acceder al vértice geodésico que la corona.
Con el cielo completamente azul y con el sol brillando, comenzaron a salir de las mochilas las botellas de sidra champanada, los turrones, mazapanes, polvorones y un largo etcétera de golosinas navideñas. Los vasos se llenaron y la alegría se hizo dueña de la cumbre del Llosoriu. Al final el Belén no lo pudimos instalar, pues viendo como estaba el día al comenzar a caminar, el encargado de transportarlo hasta la cumbre, creyó más oportuno no hacerlo ante las dudas de que pudiésemos llegar a ninguna parte.
El tiempo era apacible y la compañía buena. Dos ingredientes imprescindibles para pasarlo bien. Tanto es así, que estuvimos por espacio de una hora en la cumbre pisando la nieve que la cubría y que quedó completamente aplastada. Con la helada que se suponía que caería a la noche, esa nieve sería hielo cuasi eterno.
El descenso lo hicimos por el sur, siguiendo el cubierto sendero natural del pico. Luego por la pista fuimos descendiendo hasta el Collado Pozobal, donde en vez de seguir por la pista por la que habíamos subido. Optamos por seguir de frente por el Cordal de Gallegos, hasta cerca de la Campa Rañauriu, donde cogimos la pista de la derecha para bajar a La Tazá. Aquí y por carretera, seguimos bajando hasta el polígono Gonzalín tras pasar por Paxío. Ya solo nos quedaba bajar a las orillas del Río Caudal, donde nos esperaba el autocar.
Para el día 26, sábado después del día de Navidad, tenemos la última ruta del año que como es habitual, la realizamos por nuestra zona natural, los Valles del Trubia. Nos vamos a Villanueva de Santo Adriano, para subir a Castañeu del Monte y por la cresta de la Sierra de Buanga llegar Perlavia para bajar a Trubia. La ruta propuesta es:
Villanueva (175 m) – Castañeu del Monte (550 m) – Pico Plantón (751 m) – Sierra de Buanga – Pico La Bobia (673 m) – Cascada de Buanga (350 m) – Peña Castiellu (396 m) – Perlavia (390 m) – Pienso (300 m) – Trubia (90 m)
Aunque sea a toro pasado, aprovecharemos para colocar el Belén en alguna de las cumbres por las que vamos a pasar. También habrá algo de sidra y algún dulce de los que sobraron. Espero vuestras noticias.
Felices Fiestas a tod@s .
Con todas las dudas habidas y por haber, llegamos a Mieres a desayunar. Ni llovía ni nevaba, pero el día estaba cerrado y en cualquier momento podía descargar. Como así hizo. Cuando salíamos hacia el autocar, comenzaron a caer las primeras pintas de nieve.
Con todo esto, decidimos acercarnos a Cenera para tratar de hacer algo de ruta. Allí la nevada ya era abundante y con ella emprendimos el camino por la carretera que va a Gallegos. Ni que decir tiene que no pensábamos llegara ningún lado concreto, pues lo que caía era suficiente para ni siquiera salir del autocar.
Salimos de Cenera y el paisaje se volvió totalmente blanco. Campos, árboles, cabañas y caminos estaban cubiertos ya de un buen manto de nieve. Estaba todo precioso. Una tenue bruma difuminaba los contornos negros del tronco de los árboles y parecía que solo había un color, el blanco.
Caminamos primero por la carretera que se dirige a Gallegos. En un cruce optamos por la de la derecha y enseguida cogimos un camino que sale a la izquierda, que nos llevaría a la carretera que habíamos dejado antes a la izquierda. Por ella y atajando por otro camino, llegamos a Cangas de Arriba.
Atravesamos el pueblo y por una buena pista nos dirigimos a la majada abandonada de Meruxedo, de donde hubimos de dar vuelta hasta el cruce de caminos, para seguir subiendo por la pista más empinada. Por esta pista alcanzamos el Collado Pozobal y poco más arriba, la curiosa ermita de la Virgen de la Pastoral, rodeada de cabañas y cercados ganaderos, en los que por cierto, había un buen número de reses pese a la nevada.
Aunque la cosa no estaba muy clara en lo que respecta al tiempo, y aunque la niebla se aliaba con la nieve para dejarlo todo completamente blanco, seguimos subiendo, habida cuenta que nos quedaba muy poco para alcanzar la cima y la mayor parte del camino era por pistas. Pistas que se encontraban completamente cubiertas de nieve en polvo, muy fácil de caminar, pero con cierta dificultad en algunos tramos para encontrarlas.
Según ascendíamos, el cielo comenzó a mejorar y se abrieron los primeros claros. A nuestra derecha muy por debajo, contemplamos el valle de Conforcos y las instalaciones del Pozo Nicolasa. Frente a nosotros se aclaraban las vistas y ya teníamos el Collado la Vara y el Pico Rosón, lo que nos hizo comprender que nos habíamos pasado de camino. Mientras que algunos seguían adelante para subir por el Collado la Vara, el resto dimos media vuelta hasta el entronque de pistas, para coger la más alta que nos dio vista al Llosoriu y por la que subimos a rodear la cumbre por el norte para acceder al vértice geodésico que la corona.
Con el cielo completamente azul y con el sol brillando, comenzaron a salir de las mochilas las botellas de sidra champanada, los turrones, mazapanes, polvorones y un largo etcétera de golosinas navideñas. Los vasos se llenaron y la alegría se hizo dueña de la cumbre del Llosoriu. Al final el Belén no lo pudimos instalar, pues viendo como estaba el día al comenzar a caminar, el encargado de transportarlo hasta la cumbre, creyó más oportuno no hacerlo ante las dudas de que pudiésemos llegar a ninguna parte.
El tiempo era apacible y la compañía buena. Dos ingredientes imprescindibles para pasarlo bien. Tanto es así, que estuvimos por espacio de una hora en la cumbre pisando la nieve que la cubría y que quedó completamente aplastada. Con la helada que se suponía que caería a la noche, esa nieve sería hielo cuasi eterno.
El descenso lo hicimos por el sur, siguiendo el cubierto sendero natural del pico. Luego por la pista fuimos descendiendo hasta el Collado Pozobal, donde en vez de seguir por la pista por la que habíamos subido. Optamos por seguir de frente por el Cordal de Gallegos, hasta cerca de la Campa Rañauriu, donde cogimos la pista de la derecha para bajar a La Tazá. Aquí y por carretera, seguimos bajando hasta el polígono Gonzalín tras pasar por Paxío. Ya solo nos quedaba bajar a las orillas del Río Caudal, donde nos esperaba el autocar.
Para el día 26, sábado después del día de Navidad, tenemos la última ruta del año que como es habitual, la realizamos por nuestra zona natural, los Valles del Trubia. Nos vamos a Villanueva de Santo Adriano, para subir a Castañeu del Monte y por la cresta de la Sierra de Buanga llegar Perlavia para bajar a Trubia. La ruta propuesta es:
Villanueva (175 m) – Castañeu del Monte (550 m) – Pico Plantón (751 m) – Sierra de Buanga – Pico La Bobia (673 m) – Cascada de Buanga (350 m) – Peña Castiellu (396 m) – Perlavia (390 m) – Pienso (300 m) – Trubia (90 m)
Aunque sea a toro pasado, aprovecharemos para colocar el Belén en alguna de las cumbres por las que vamos a pasar. También habrá algo de sidra y algún dulce de los que sobraron. Espero vuestras noticias.
Felices Fiestas a tod@s .
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