TRAMO EL ESPARTAL – SAN JUAN DE LA ARENA
Aunque la ruta marcada oficialmente tiene su inicio en Arnao y el final en los comienzos del Playón de Bayas, nos resultaba un espacio un poco corto (menos de 10 kilómetros) para desfogar nuestras ansias de caminar. Por eso decidimos comenzar a caminar al principio de la Playa del Espartal en San Juan de Nieva.
El autocar nos deja cerca de la entrada a la Playa del Espartal y comenzamos a caminar por el paseo de madera habilitado en las dunas que cierran la playa por el sur. Pronto nos cansamos de caminar sin ver el mar y abandonando el entablado, accedemos a las dunas y por estas a la playa para acceder a Salinas, donde retornamos al paseo para llegar al túnel que desde la Peñona, donde se encuentra el Museo de Anclas Philippe Cousteau, atraviesa bajo la montaña por lo que fue vía del ferrocarril de la Real Compañía de Minas, hasta las inmediaciones de la fábrica de AZSA.
Por la carretera, dejando la fábrica a nuestra derecha, llegamos a la entrada de la misma, justo donde se inicia el tramos Arnao – Bayas de la Senda Norte. Aquí abandonamos el asfalto para seguir un sendero que da vistas a la recortada costa y por donde, con el tiempo, se realizará la urbanización correspondiente del sendero.
Accedemos a una parte de este sendero en obras y por él, llegamos a la Playa de Arnao, muy despojada de arena. Pasamos junto al antiguo castillete de la mina al final del paseo de la playa, adosado a lo que fue restaurante y que hoy se encuentra en vías de reparación. Nuestro sendero sigue por detrás de este edificio subiendo por un sendero que desemboca en la carretera junto a una casa con una situación envidiable.
Las vistas comienzan a abrirse gracias a la altura y vamos viendo a nuestras espaldas, el camino que llevamos andado. Siguiendo por el marcado sendero arribamos al Mirador de La Ladrona, un islote unido a tierra en la bajamar, que da paso a la Playa de Santa María del Mar. Al otro lado del acantilado vemos las primeras casas de este lugar.
La pista comienza a descender a orillas del acantilado y buscando la dársena de Santa Maria del Mar, que cruzamos por cualquier parte gracias a la bajamar. Si la marea está alta, hay que seguir la pista hasta el final y cruzar la zona de arena seca para subir a la carretera después de cruzar por un puente, el arroyo que desemboca en la playa.
Una vez cruzada la playa en toda su anchura, alcanzamos el paseo marítimo por el que continúa el sendero, que comienza a ascender nuevamente, después de dejar un mirador a la derecha. Alcanzamos un altozano desde el que vemos nuestro próximo destino, el Mirador el Escayu, desde el que tenemos una estupenda vista del camino que dejamos detrás y por donde descendemos a la Playa de Bahinas.
El arenal está también muy mermado de arena y las piedras casi ocupan toda la playa. Restos de residuos escupidos por el mar cubren tanto la playa como el prado que la bordea, en el que hay unas mesas y bancos de madera.
Abandonamos Bahinas subiendo por la carretera hasta el pueblo de Linares donde vemos las huellas a seguir, sin duda pintadas en el asfalto por el dueño de la curiosa casa de la izquierda, cansado quizás, de que le preguntasen continuamente cual es el camino a seguir.
Un camino que sale en ascenso a la derecha, nos introduce en un bosque de altos ocalitos por el que descendemos a la contigua Playa de Munielles, que abandonamos casi nada más entrar, siguiendo la pista que sale por encima del aparcamiento. Algunos siguieron cruzando la playa y aprovechando la bajamar, cruzaron por el pedrero hasta la rocosa playa del Regueru y de allí subir a la Punta Vidrias.
El resto, como digo, seguimos por la carretera en ascenso continuado, caminando entre chalet de verano hoy cerrados. Alcanzamos las primeras casas de Bayas antes de la iglesia abandonamos la carretera para seguir un sendero que sale a la derecha con dirección contraria a la que llevábamos. El sendero se adentra en un nuevo bosque de ocalitos y emprende un pindio descenso minorado por los escalones esculpidos en el terreno.
Cruzamos el reguero que da nombre al pedrero que dejamos a la derecha y comenzamos a subir una vez más, y también entre ocalitos, hasta alcanzar el punto más alto de toda la ruta, la Punta Vidrias, lugar desde el que contemplamos unas estupendas vistas de la mayor isla de la costa asturiana, la Isla de Deva. Por un sendero a la derecha nos podemos acercar a los altos acantilados que sirven de mirador a la isla y a toda la costa a uno y otro lado.
Tras retornar a la pista, continuamos por ella recorriendo la amplia rasa costera de Bayas, dejando las casas de este pueblo a la izquierda. Nos dirigimos a las antiguas dependencias de la Real Compañía Asturiana de Minas que aprovechaba las cuarcitas de la Playa de Malabaxada, para fabricar los crisoles en los que fundía el zinc. Hoy los restos de estas instalaciones duermen el sueño de la desidia y el abandono. Dicen que estaban destinadas a mirador ornitológico y centro de interpretación, pero para lo que sirven es para que los desalmados prueben su puntería contra los cristales de las instalaciones abandonadas.
Seguimos por el llano terreno, dirigiéndonos al vértice geodésico de Bayas que comenzamos a ver al frente. El vértice se encuentra junto a una pequeña casa, y sobre un alto pedestal. Desde aquí y siguiendo en la dirección que llevábamos, oeste, nos acercamos al mirador de Bayas, en el alto de La Granda, desde el que divisamos en toda su extensión la gran mancha de arena formada por las playas de Requexines, Bayas, Sablón y los Quebrantos. Más allá vemos como se introduce en el mar el espigón del Cabo Vidio.
Bordeando el acantilado con dirección sur, bajamos por la carretera y dejando a la derecha el cementerio de Bayas, hasta encontrar una pista que sale también a la derecha y que nos lleva a un espolón sobre la playa de Requexines, desde el que por un embarrado sendero, descendemos a la arena.
Tengo que reseñar que, siendo como somos de Las Xanas, no podíamos hacer la ruta sin algún “contratiempo”. Por eso, cuando llegamos al cementerio, nos introdujimos por la carretera que lleva a su puerta y al final de esta, seguimos un difuminado sendero que sale detrás de un panel indicador de la Senda Norte. Este sendero comienza a descender entre afilados tojos que poco a poco se van haciendo más y más altos, hasta el punto que casi cubrían a Clemente, que nos saca dos cabezas a todos. Visto lo visto, no nos quedó más remedio que dar marcha atrás y abandonar el “atajo” por el que, precisamente Clemente, nos quería hacer llegar al arenal.
Vueltos al redil, bajamos a la playa por donde todos y comenzamos el largo caminar por el desierto, que tal parecía el Playón de Bayas. La neblina cubría el arenal y las nubes nuestras cabezas. Entre unos y otros consiguieron hacer la combinación y las primeras gotas del día comenzaron a caer. La lluvia era muy suave y no nos impidió llegar a l extremo occidental.
La marea, que ya llevaba algunas horas subiendo, comienza a ponernos dificultades. Debemos esquivar las olas que nos cortan el paso. Caminando sobre las rocas y apresurándonos por momentos, conseguimos alcanzar la zona del Furacón y aquí no nos quedó más remedio que ascender por la pindia y estropeada escalera que nos permite alcanzar la Playa de los Quebrantos y desde ella, las calles de San Juan de la Arena, donde ponemos punto y final a esta bonita ruta por una parte de la costa Cantábrica.
Como este relato lo cuelgo muchos días después de hacer la ruta y con la siguiente, la de la Cruz de Prieta, ya realizada, no pondré como en días anteriores, el comentario a dicha ruta. Así que hoy aquí lo dejo, no sin antes daros una dirección en la que podréis obtener una buena información sobre el Conjunto Histórico Industrial, de la Real Compañía Asturiana de Minas, instalada en Arnao:
http://minasderiosa.blogspot.com/2006/05/arnao-conjunto-histrico-industrial.html
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