martes, octubre 27, 2009

TODO EL DIA MIRANDO AL TIATORDOS

Efectivamente, eso es lo que hicimos durante prácticamente toda la ruta del pasado sábado, desde de que llegamos a Collada Llomena. Y así nos lució el pelo, que no hicimos otra cosa que equivocarnos de camino.


Ya desde el inicio nos propusimos hacer las cosas mal. Salimos corriendo de la Collada Llomena, y mientras esperábamos a los retrasados, el grueso del pelotón, sin ánimo de faltar a nadie, puso pies en polvorosa y trotó, también sin faltar, por la cómoda pista de acercamiento al Pierzu.


Mientras, Jorge y yo, nos entreteníamos mirando y fotografiando al Tiatordos, que estaba precioso en las primeras horas de la mañana. Alguna ojeada a Picos, pero estos se encontraban algo oscuros y daban menos juego.


Cuando nos quisimos dar cuenta, habíamos dejado atrás la bifurcación a la derecha que teníamos que tomar. Dimos aviso a los más adelantados que debían estar ya en las inmediaciones del Pierzu y desanduvimos lo andado hasta el camino que teníamos que coger, que no es otro que el primero que sale a la derecha, justo donde se encuentra un depósito de agua y un indicador de la ruta del Pierzu.


Ya todos unidos y con menos ansias por correr, vistos los malos resultados, caminamos por la nueva pista casi en llano y viendo a nuestra derecha el pueblo de Viego, hasta el Collado de Ovia, donde encontramos primero una pista que sigue a la derecha y que baja a Viego y de frente y tras pasar una estrecha horcada, el que en descenso sigue a la Majada de Ovia. Aquí abandonamos la comodidad de la pista y comenzamos a subir por un poco marcado sendero a la derecha que nos aúpa por los empinados prados del pico Valeru.


Seguimos por el marcado sendero que circula casi en horizontal bajo las estribaciones del Valeru y del Calderón de la Arena, a cuya altura comienza a desdibujarse. Un sendero se acerca en un recodo a la peña y da la sensación de que sube por una empinada canal. Pero no la vimos muy factible y optamos por buscar un paso mejor.


El camino se encuentra unos metros más abajo y hacia él encaminamos nuestros pasos. Continúa con algunos sube y baja y por fin se adentra en una estrecha canal por la que zigzaguea hasta situarse en lo alto de la Collada Boquera. A la derecha vemos los agrestes peñascos que forman el Calderón de la Arena y frente a nosotros la imponente figura del Carria. Por medias la nada significativa cumbre cónica de la Silla de Cabestredo. Y claro, a nuestras espaldas la omnipresente Copa del Tiatordos que por lo que luego veremos en las fotos, nos acompañó durante todo el día.


Aquí se forman dos grupos: los que quieren subir al Carria y los que deciden descender directamente a Vega de Cien. Los primeros siguen por la cresta ascendiendo a la Silla de Cabestredo, mientras que los segundos continúan por la ladera norte de esta, casi uniéndose nuevamente al otro lado, en el Collado del Trecho.


Los del Carria seguimos las indicaciones del GPS de Ángel y caminamos por un sendero alto que nos acerca a la peña. Los otros van algo más bajos pero con la misma dirección. En un momento determinado hacemos un giro a la derecha encaminándonos a la cara sur del Carria, cosa que no me pareció muy buena idea. Comprobado después el GPS, pudimos constatar que no estaban metidos los tracks de la cumbre del Carria, con lo que dimos la vuelta para seguir con la misma altura, un sendero muy desdibujado que va paralelo a la larga cresta norte del Pico.


Este sendero cada vez se va complicando más y casi ni se distingue. Se encuentra cubierto por altas hierbas que junto con las pocas gotas de agua que cayeron hace un momento, lo convierte en un resbaladizo camino con importantes caidas. Decidimos descender al camino que llevan nuestros compañeros y la cosa se complica. Entre la verticalidad de la playa y lo resbaladizo de las hierbas, casi nos deslizamos directamente sobre nuestras posaderas. Poco a poco y con gran esfuerzo, vamos descendiendo hasta colocarnos en el buen camino, donde nos espera parte del resto del grupo.


Por un cerrado canalón ascendemos a la ladera norte del Carria ya metidos en el espeso bosque que se forma en el Valle de Oria. Desde este punto es desde donde se puede ascender al Carria sin más dificultad que la dura pendiente y los más de doscientos metros de desnivel que hay que salvar para coronar el pico. Pero nuestras fuerzas están ya muy mermadas por el esfuerzo realizado en el descenso de nuestra segunda equivocación del día y el tiempo perdido además, nos obligan a optar por abandonar la ascensión y decidimos descender con el resto del grupo.


Y no fue mala decisión. El descenso nos depararía un sobreesfuerzo que unido al que debíamos hacer para subir, nos llevaría a un alargamiento, en tiempo, muy importante de la ruta. Así, que descendimos por el bosque del Valle de Oria utilizando cuando podíamos, los senderos medio perdidos y campo a través el resto del tiempo.

De esta forma llegamos a un buen prado con cabaña, del que pasamos a otro un poco más abajo, este con dos cabañas. Después el sendero, ya más marcado, penetra en una zona de matorral muy tupido que nos obligó a caminar medio agachados y sufriendo los múltiples pinchazos de los hartos y los golpes de las ramas.


Por fin conseguimos salir a la pista de hormigón que ya llevábamos un tiempo viendo y que parecía que cada vez se alejaba más de nosotros. Pasamos junto a una casa y después de unas cuantas revueltas alcanzamos el puente sobre el Sella, alcanzando la carretera y el bar que se encuentra a mano izquierda, donde comimos tras dar por concluida la ruta del día.


El próximo sábado, último del mes de octubre, tenemos ruta por Cabrales. Nos vamos a las cercanías de Trescares, concretamente al Puente la Vidre, por el que atravesaremos el río Cares para ascender por la Garganta del Río Rubó. La ruta es:


Puente La Vidre (90 m) – Sobremolino – Fuente Recuenco – Pontigo Rubó – Cueva Negra –(345 m) – Los Cuajucos – Canal de Sobrevina – Cabaña de Sobrevina (680 m) – Collado Trespandiu (789 m) – Llueva (730 m) – Fuente Las Retuertas (515 m) – El Jorcao (376 m) – Monte Gorrinoso – Puente La Vidre (90 m)


Una bonita ruta, continuación de la que hicimos el año pasado y que titulamos Nacimiento del Río Rubó. Las inscripciones para esta ruta ya empezaron y si lo dejas para muy tarde igual te quedas sin plaza y claro está, sin poder disfrutar de la ruta y de la agradable compañía del Grupo de Montaña LAS XANAS. (Si nadie nos hace la propaganda, nos la tenemos que hacer nosotros mismos). Esta semana sigue apuntando Jorge, por lo que las llamadas se las podéis hacer al teléfono 680 35 84 04. Yo sigo rebajado de empleo y sueldo y hasta la próxima ruta no me haré cargo del grupo.


En otro orden de cosas, a los socios os pediré que no dejéis para muy tarde el envío del voto para el premio al componente del grupo más destacado de este año, así como la notificación de la participación o no, en la Cena de Hermandad. Espero vuestras noticias, tanto en el papel que se os entregó, como también por correo electrónico, pero no utilicéis para ello el correo del grupo. A la cena pueden asistir también los simpatizantes que lo deseen.


Y por último y esto para socios y simpatizantes, como todos los años el grupo de montaña jugará a la Lotería Nacional del próximo día 22 de Diciembre, Navidad, con lo que aquellas personas que estén interesadas en adquirir algún décimo, deben comunicarlo a los miembros de la Junta Directiva, por alguno de los medios habituales: teléfono, correo electrónico o de palabra al final de las rutas.


Y nada más por hoy. Quedo a la espera de vuestras noticias.


Mi correo es: jafpa51@gmail.com

martes, octubre 20, 2009

SE ACABARON LAS VACACIONES

Las vacaciones ya están finiquitadas y hay que volver al tajo. Por eso, aquí estoy, nuevamente, a daros la paliza con mis escritos. En esta ocasión no puedo poneros nada de la ruta de la Braña Piñueli, pues no la hice por encontarme ausente, pero espero poder narraros las peripecias del grupo el próximo sábado, por tierras de Ponga.

Si, nos vamos a Ponga para ascender, si la climatología lo permite, a La Silla de Cabestredo y al Carria. La ruta que tenemos prevista es:

Collada Llomena (993 m) - Collado Ovia (1.029 m) - Silla de Cabestredo (1.269 m) - Pico Carria (1.431 m) - Collado Robles (1.268 m) - Vega de Cien (299 m)

Las inscripciones están abiertas pero al teléfono de Jorge; 680 35 84 04. No os la perdáis. la ruta promete y es de las que dejan huella.

Nos vemos el sábado.

miércoles, septiembre 30, 2009

ESTOY DE VACACIONES, PERO...

Si, estoy de vacaciones pero tengo tiempo para poneros las rutas del próximo mes, que ya está en marcha.

Siento mucho no haberos puesto el relato de la ruta de Peña Soanciu, pero quedé un poco tocado con la belleza de la zona y la poca aceptación que tuvo la ruta. Por eso no me dio la gana de describirla. Quizá algún día lo haga.

Tampoco puse nada dela ruta del pasado sábado al Cazarnoso, pues no fuy por causas de fuerza mayor: las vacaciones.

Pero si que pienso ir ala de sábado que viene al Mocoso del páramo. Para ese día 3 de Octubre, tenemos la siguiente ruta:

La Peral (1.280 m) - Fanas del Fuexo (1.800 m) - El Mocoso (1.988 m) - Enfestiella (1.685 m) - La Pornacal (1.170 m) - Villar de Vildas (860 m)

Se trata de una ruta fácil y de poco desnive, apta para casi todo el mundo. Además. quien crea que es muy dura, siempre puede hacer alguna alternativa. No se cuantas plazas quedarán libres, pero ya sabeis, hay que llamar a Lito y a Jorge.

miércoles, septiembre 16, 2009

CAMINANDO ENTRE CASO Y PONGA

El pasado sábado hicimos una bonita ruta por los límites de los Parques de Redes y Ponga, en las inmediaciones del Tiatordos. Fue la primera de las dos que tenemos programadas, para circunvalar la gran masa pétrea del Tiatordos.


El autocar, conducido por nuestra amiga Puri, nos dejó en el pueblo casín de Pendones, punto de partida de muchas preciosas rutas montañeras. Atravesando el pueblo con dirección norte. Comenzamos a caminar siguiendo las marcas del sendero de Pequeño Recorrido PR-AS.65, que se dirige a la cumbre del Tiatordos. Dejamos un camino que sale por la izquierda y tras atravesar un puente, hacemos lo mismo con los que nos salen a izquierda y derecha, para continuar de frente, con la vista puesta ya en el coloso.


El camino circula entre árboles y sin demasiada pendiente. Dejamos una nueva bifurcación que por la izquierda se dirige a una cabaña y enseguida llegamos al cruce, bien señalizado, de la Foz de Palombar, donde abandonamos el camino para seguir por un sendero que sale a la izquierda.


Comenzamos aquí la parte más dura de todo el recorrido. Una estrecha foz con importante pendiente, que se abre paso entre matorrales, piedras y árboles. El sendero en muchos tramos es el cauce del Arroyo de Palombar, que en esta ocasión bajaba seco. Vamos ascendiendo como en escaleras ganando altura rápidamente. El camino es fácil de seguir y de vez en cuando las marcas del PR nos indican que vamos en buena dirección.


Alcanzamos una pequeña majada, el Pláganu, en la que no queda una sola cabaña en pie. Un solitario bebedero, aparentemente de nueva construcción, es lo único que denota la presencia de humanos en la zona.


Seguimos subiendo, ahora por el bosque de hayas y escobas, para salir a una zona despejada desde la que tenemos unas estupendas vistas de la montaña de San Isidro y de las más cercanas de La Quemada, La Senda, Campigüeños y Soanciu.


Caminamos ahora por terreno de las escobas hasta alcanzar las verdes praderas de la Majada de Tiatordos, limitadas por el norte por la caliza que forma la parte final de la montaña del mismo nombre.


Las vistas se abren y el cercano Maciedome aparece, unido por los Collaos de Pandellanza al Tiatordos. Tras él asoman las cumbres del Mampodre. Y ya a la derecha, las zonas de Tarna y San Isidro, de donde distinguimos con facilidad las cumbres de la Peña el Viento, El Cantu del Oso y el Torres. A nuestras espaldas el Tiatordos por cuya pared caliza vemos ascender algunos montañeros, entre los que se encuentra nuestro compañero Tino, ya a punto de hacer cumbre.


Tras un largo descanso, para algunos de hasta una hora, para recuperar fuerzas y reagruparnos, continuamos nuestra andadura atravesando al este toda la majada y pasando muy cerca de las derruidas cabañas que la formaban. Descendemos a una vallada y dejamos un marcado camino que sube a un collado muy cerca de las paredes del Tiatordos. Nosotros seguimos un sendero de ganado que entre brezos se dirige a una horcada por encima de los Collaos de Pandellanza. Cuando llegamos a la horcada se impone una reflexión, ya que las posibilidades son muchas y hay que pensar cual de los caminos tomamos.


Al final nos decidimos por descender por toda la pradera que tenemos enfrente, dirigiéndonos a las cabañas de la Majada de Brañadosu, visibles en las cercanías de una cornisa calcárea que se desprende de la Nariz de Malhome, muy cerca de la pétrea columna conocida como el Fusu la Muyer. De todos modos la parada estaba justificada. Las vistas se abren y aparece el Cordal del Collau Zorro y la inconfundible imagen del Cornión con su característica forma de locomotora, con la Peña Santa como máquina. Hasta las nubes parece que quieren recrear la figura, poniendo un penacho de humo a la locomotora.


Atravesamos la campera en la que se encuentran las pocas cabañas que quedan en pie, de la vistosa Majada de Brañadosu y nos dirigimos a la franja de caliza, atravesándola por una horcada a la que llega el sendero que sale de la majada. Desde este punto damos vista a San Juan de Beleño además de la imagen que ya nos acompaña desde hace rato, del Cornión.


El terreno se hace algo más incómodo de caminar hasta que enlazamos con un antiguo camino armado que se introduce en el bosque de hayas y delimitado por altas paredes calizas. Algunas formaciones también calizas nos causan asombro, como una especie de columna que vemos entre los árboles. El camino es ancho y cubierto de hojas secas, con lo que nos obliga a prestar más atención para evitar las ramas que entre ellas se esconden, ya que el descenso es algo pronunciado.


Cruzamos el bosque y al otro extremo nos espera una inclinada ladera que debemos atravesar casi en horizontal, siguiendo el sendero medio cubierto por la hierba y los helechos. Mirando atrás volvemos a ver el Fusu la Muyer. A nuestra derecha la inconfundible figura del Recuencu y algo más atrás el Collau Zorro, hacen compañía al Cornión y a las casas de San Juan de beleño.


Alcanzamos así la Collada Forada y con ello damos vista al circo formado por la copa del Tiatordos, cuya cumbre se cubre de nubes a nuestra llegada. Un rápido y resbaladizo descenso nos coloca en poco tiempo en el fondo del amplio circo, donde nos encontramos una pista que sigue bajando por la derecha de un arrollo. Nosotros cruzamos ese arroyo y tras atravesar la pradera que tenemos enfrente y una zona de maleza, alcanzamos un sendero que atraviesa una zona boscosa y que poco a poco y cada vez por mejor terreno, nos lleva a las primeras casas de Tanda.


Atravesamos el pueblo y por la carretera seguimos bajando hasta Mestas, lugar en el que nos espera el autocar por deseo expreso de algún componente del grupo. Cuando llegamos a Tanda, se cumplían las seis horas de recorrido, contando también las paradas, que fueron bastantes.


Para el día 19 tenemos la segunda parte de esta circunvalación del Tiatordos y el punto de partida será el mismo, Pendones. La ruta que queremos hacer es:


Pendones (782 m) – La Collaina (1.060 m) – Braña Maida (1.220 m) – Piedrafita (1.460 m) – Fitos de Piedrafita (1.550 m) – Picu Soanciu (1.726 m) – Collar Llagu’l Pino (1.541 m) – Vega Entregüe (1.435 m) – Majada Entregüe (1.435 m) – Camperas de Sonsierra (1.280 m) – Majada Fresnu (1.030 m) – Foz de la Escalada – Taranes (560 m)


Espero vuestras llamadas para reservar plaza para esta estupenda y vistosa ruta. El que se la pierda lo sentirá enormemente. No seas tú.

miércoles, septiembre 09, 2009

VIEJOS CAMINOS DE PASTORES.

Los caminos perduran, lo que ya no hay son los pastores. Era una ruta que no teníamos totalmente clara y había más dudas que luces. Pero todo fue mejor de lo esperado y conseguimos hacer la ruta propuesta sin más dificultades que las que las sucesivas pendientes nos ponían.

Partimos de Poncebos a toda prisa ya que teníamos el tiempo tasado para poder hacer la ruta y comer a nuestra llegada. El camino de Bulnes casi ni tiempo nos dio para contemplarlo y en poco más de una hora estábamos en El Castillo, barrio alto de Bulnes. De aquí parte el sendero que sube a la bonita majada de Amuesa. Más que camino es una dura cuesta que discurre por el centro de la canal del mismo nombre y bajo los paredones del Murallón de Amuesa.

Nada más llegas a Bulnes El Castillo, subiendo por el sendero que sale del Puente Colines, y ya en la primera casa del pueblo, continuamos por un camino señalizado dejando unas casas a la izquierda. Este camino nos lleva a la fuente del Torno donde nos abastecemos de agua ya que la fuente que hay llegando a Amuesa, en el mes de agosto acostumbra a estar seca.

Caminamos por los pastos de los Llanos del Torno con la vista puesta en la dura ascensión que nos espera. La Canal de Amuesa es una cuesta indómita que va a poner a prueba nuestras piernas. Abandonamos la parte verde y casi llana de los Tornos y comenzamos a ascender en un sinfín de vueltas, unas veces sobre piedra, otras sobre hierba y algunas sobre agua de la fuente que hay arriba. Poco a poco y duramente, vamos ganando altura y echando la vista atrás contemplamos la hermosura del paisaje, único aliciente de la dura subida. Aparece Pandebano y las cabañas que jalonan el camino de descenso a Bulnes. También Bulnes se une al paisaje. Primero El Castillo y más tarde La Villa. El sendero tan pronto circula por la derecha, pegado a las altas paredes del Murallón de Amuesa, como se desplaza a la izquierda. Alcanzamos la fuente, que en esta ocasión aún manaba un hilo de agua y poco más arriba llegamos al Collado Cima, dando vista a la derecha, a las cabañas de la majada de Amuesa. Tengo que decir, que toda esta subida se encuentra marcada con las típicas rayas blanca y amarilla del circuito de pequeño recorrido.

El descanso es obligado para recuperar fuerzas y para contemplar con deleite las estupendas vistas que este alto lugar nos proporciona.

Pero las prisas nos obligan a ponernos nuevamente en marcha y lo hacemos a la izquierda del collado, ascendiendo por el sendero que se dirige por las Cuestas del Trave con dirección al refugio de Cabrones. La pendiente es dura pero también corta, ya que es suficiente con alcanzar el primer collado que aparece a nuestra izquierda. Abajo a nuestra espalda queda la charca de Amuesa.

El collado es una pradera de la que parte un sendero que se dirige a las dos únicas cabañas que quedan en pie de la majada de Orandi. Pasamos junto a ellas para iniciar un obligado descenso, tras el cual debemos subir por una empinada cuesta cubierta de hierba, hasta ganar la horcada superior. Desde este punto, hay varias opciones factibles y por tanto, el grupo se dividió en tres. Unos querían descender a Camburero por la majada Acebuco y Los Collaos, con lo que descendieron a buscar un marcado camino que se dirige a esta desaparecida majada. Un segundo grupo también descendió para recorrer en parte el sendero de Acebuco, pero abandonándolo para seguir otro que circulaba un poco más alto. Al final y tras varios sube y baja, no tuvieron más remedio que recuperar altura para poder llegar a la Collada Ties. El resto cogimos un poco marcado sendero que mantenía la altura y que por zona herbosa se caminaba bien. Además coincidía casi al completo con las marcas que teníamos en el GPS.

Este sendero se perdía por momentos pero lo volvíamos a encontrar más adelante. Por el GPS sabíamos que estábamos algo altos, pero eso no es malo: a bajar siempre hay tiempo. Bien es verdad que en algún tramo no nos quedó más remedio que descender algo para poder salvar las repisas de caliza que se desprenden del Albo, pero fueron pequeños tramos recorridos sobre una roca de muy buen agarre y que no supusieron mayores dificultades. Desde nuestra posición seguíamos perfectamente con la vista, los derroteros que tomaban el resto del grupo más abajo.

El paisaje era fabuloso. Nosotros colgados en la ladera entre el Albo y el Monte Acebuco y allí abajo, a nuestra izquierda, la Canal de Amuesa, por la que veíamos transitar a algunos de los compañeros del grupo que optaron por hacer la ruta alternativa. Frente a nosotros, un poco a la izquierda, seguíamos viendo las verdes praderas de Pandebano salpicadas de cabañas, y la casi horizontal raya del camino de Collado Vallejo que se dirige a Vega Urriellu. También a la izquierda y al otro lado de la tajadura de la Canal de l Tejo, la inmensa mole de Peña Main contemplaba nuestros pasos.

Plegándonos a la ondulante superficie de la ladera por la que caminábamos y prácticamente en horizontal, muy cerca de los 1600 metros de altitud, fuimos haciendo el recorrido de acercamiento a la Collada Ties. Primero pudimos ver mucho más abajo, los restos de la majada de Acebuco y la medialuna de Los Collaos a donde se dirigía Manolo y los suyos. Algo más arriba, Mariano capitaneaba el segundo grupo y comenzaban a subir por un amplio canalón de hierbas y piedras. Nosotros, un poco más retrasados, no veíamos aún ese canalón pero pronto llegamos a él.

Por nuestra parte comenzamos a descender hasta volver a encontrar el sendero que algunos metros más atrás habíamos perdido. Ya sin nuevas pérdidas, alcanzamos el mencionado canalón dando vista a nuestros compañeros y también a la Collada Ties, una lengua de terreno verde por el que debíamos hace la última ascensión del día y un collado, también verde, entre dos vigías de roca. El de la derecha de mayores proporciones. Mucho más arriba, el Albo contemplaba nuestros pasos.

Tras el último esfuerzo ascendente, coronamos la collada y se nos encogió un poco el alma. Al otro lado más hierba y nada. Una impresionante caída libre hacia los restos de lo que fue la Majada de Cambuerero. Ni rastro de sendero. La alta hierba lo tapizaba todo. Solo la figura del Picu que contemplamos al acercarnos a la peña de la izquierda, nos hizo abandonar los malos presagios. Allí estaba, erguido y desafiante. La cámara de fotos comenzó a sonar y ese pequeño ruido me quitó de la mente el abismo que había visto unos minutos antes.

Entre tanto, nuestros serpas Mariano y Ángel, ya se aprestaban a buscar una salida factible de aquel colgado lugar. Y la había. Esa noticia nos tranquilizó un poco a todos y nos permitió reunirnos en lo alto de la collada para inmortalizar nuestra estancia allí, con la figura del Urriellu como inmejorable fondo.

Tras el descanso y una vez recuperada la confianza, iniciamos el descenso casi pegados a la roca de la izquierda, hasta un pequeño resalte unos pasos más abajo. Por la derecha abandonamos ese resalte para pasar bajo él y continuar el descenso agarrados a las altas hierbas, en muchos lugares acompañadas de pinchos y hasta de alguna que otra ortiga. Vamos descendiendo poco a poco por los lugares que nos parecen más codos pero siempre con tendencia a la izquierda. De ese modo alcanzamos una lomera u hombro, en la que da la sensación de que hay que seguir bajando por la derecha. Pero no es así. Debemos introducirnos en un angosto espacio que queda entre la pared rocosa de la izquierda y el herboso hombro. Una canal también herbosa, por la que acostumbra a circular el agua, es nuestro lugar de descenso.

Un descenso delicado por la humedad que lo hace sumamente resbaladizo. Pero la ayuda de las hierbas a las que nos agarramos con fuerza y el apoyo de las posaderas en el terreno, hacen que realicemos el descenso sin mayores dificultades. Pasado el canalizo y llegados a una zona de piedras sueltas, la inclinación disminuye y nos permite caminar de pies, pero sin bajar la guardia, pues las hierbas son traicioneras y en cualquier momento podemos tener un resbalón, de menores consecuencias que las que podíamos tener más arriba, pero aún indeseables.

Poco a poco vamos disminuyendo el espacio entre nosotros y la Majada de Camburero y echando la vista atrás comprobamos la fuerte inclinación de la canal que acabamos de descender. Al fin la Collada Ties fue vencida y aunque dicen que por ella pasaban las vacas, todos tenemos nuestras dudas salvo que las vacas de entonces fuesen mucho más alpinista que las de ahora. Sea como fuese y pasasen o no las vacas, nosotros conseguimos emular al Marques y al Cainejo en su caminar hacia Camburero, la noche antes de la gloriosa conquista del Urriellu. Precisa y tristemente hoy publica la prensa la dolorosa noticia de la muerte de un lenense, Francisco Pérez Corteguera, al precipitarse desde una altura de 500 metros, cuando casi coronaba el Urriellu por la vía Pidal Cainejo. Esta noticia del primer fallecido en la parte asturiana de Picos en este año, empaña la noticia de la finalización de la que parece ser la vía más difícil del mundo, Vía Orbayu, a cargo de los hermanos Pou. Valla desde estas letras nuestro más sentido pésame a los familiares de Francisco y a toda la familia montañera.

Una vez en la Majada de Camburero ya todo es coser y cantar, sin olvidarnos donde estamos y sin relajarnos, cosa que posiblemente le ocurrió al fallecido. La relajación en la montaña hay que practicarla cuando se llega al destino final. Mientras tanto hay que mantener la concentración para evitar males mayores. De todos modos y como digo, el resto del descenso por la Canal de Camburero, el Jou Bajo, La Garganta y Balcosín, realizada no hace muchas fechas, no supuso ya nada especial después del descenso de la Collada Ties. El consumo de adrenalina fue allí y el resto del descenso hasta Poncebos ya no tiene trascendencia. La ruta en total, nos ocupó unas ocho horas. A algunos algo menos.

Con esta ruta nos despedimos de Picos por este año, pero eso no quiere decir que se acabaron las rutas interesantes. Sin ir más lejos, para este próximo sábado día 12, tenemos una muy interesante ruta por las inmediaciones del Tiatordos. Con ella y con la que haremos el sábado siguiente, pretendemos efectuar la circunvalación del Tiatordos, cuya ascensión oficial dejamos para el próximo año. Con esto, la ruta que proponemos es al siguiente:

La Ponticiella (720 m) - Pendones (782 m) – Foz de la Palombar – El Pláganu – Majada Tiatordos (1.540 m) – Majada Brañadosu (1.200 m) – Collada Mostayera (1.320 m) – Collada Forada (1.195 m) – Tanda (550 m)

El plazo de inscripción ya está abierto y las plazas libres pueden desaparecer de un momento a otro. El que no está vivo, se las pierde y luego vienen las lamentaciones. Para evitarlo, llámame rápidamente y te aseguras una plaza para esta interesante ruta. Espero vuestras llamadas.

martes, septiembre 01, 2009

EL MALTRECHO CIRCO DE ANDARA

Andara es una de las zonas de Picos más deterioradas por la acción de la mano del hombre. Las explotaciones mineras en esta zona, han dejado rastros importantes que aún hoy son fácilmente reconocibles. De todos modos, la zona merece la pena de ser visitada por sus características especiales de erosión y por las magníficas vistas que nos proporcionan de toda la zona de la Liébana.


El pasado sábado nos dirigimos hacia allí para realizar la visita a La Junciana, último de los picos importantes que nos faltaba por conquistar de este circo.


El autocar nos dejó en el Jito de Escarandi, en la carretera que une Sotres con el pueblo cántabro de Tresviso y único nexo de unión motorizada que tiene este bonito lugar. Allí nos estaba esperando la niebla y un aire gélido que nos obligó a ponernos las prendas de abrigo que portábamos.


Pero eso duró poco. La pista que se dirige al refugio de montaña de Andara tiene la suficiente dureza como para hacernos sudar y además, antes de llegar al refugio ya pudimos contemplar la cónica figura del Mancondiu luchando primero con la niebla y al poco en todo su esplendor recortado sobre un precioso cielo azul.


Antes de llegar al refugio cogimos un sendero a la derecha tras una pequeña trepadilla para acceder a la parte superior del muro por el que discurre. Enseguida enlaza con una de las múltiples pistas que hay en la zona y que en poco tiempo nos lleva al Collado de Aldea, nudo de comunicación para emprender distintas rutas.


La nuestra continúa por la izquierda a buscar la Collada Tresmancondiu, punto de inicio de la ascensión a ese pico. Dejando el Mancondiu a la izquierda, continuamos en descenso hasta alcanzar la pista que por la izquierda proviene del refugio y que nosotros seguimos a la derecha. Al poco dejamos la bifurcación que continúa por la derecha para seguir en ascenso hasta la fuente de Escalera o de Odriozola, donde nos aprovisionamos de agua.


De este punto, salimos por la izquierda de la fuente a subir por un sendero poco marcado que atraviesa la pradera hasta la collada que se ve más arriba. Allí volvemos a la pista que ya no abandonaremos hasta llegar al Collado de San Carlos. Desde este espectacular mirador, contemplamos el camino realizado hasta el momento y el que aún nos resta, así como las primeras vistas de la Liébana, aún medio cubierta por los últimos retazos de niebla.


Desde aquí tenemos dos opciones. La primera es ascender por la cresta hasta culminar en el vértice geodésico del Pico San Carlos o Sagrado Corazón, por la imagen que hace años se instaló en la cumbre, o bien seguir el sendero que en horizontal parte de la collada y se dirige casi sin elevarse, hasta las laderas que descienden del Alto del Hoyo Oscuro. Desde esta hondonada ascendemos por la dura ladera de La Junciana, siguiendo un sendero que nos lleva a los contrafuertes que se desgajan de la cumbre y por los que accedemos fácilmente con una sencilla trepada por un canalizo, a lo alto de este mirador de la Liébana.


Las vistas merecen el esfuerzo realizado. El San Carlos nos muestra los derrumbes que miran a Potes y siguiendo la cresta que sube a nuestra cumbre, comprobamos las impresionantes caidas que tenemos hacia la Liébana. Si seguimos con la mirada hacia la derecha, la imponente pared e la Rasa de la Inagotable y la cresta que la une al Castillo del Grajal, de la que sobresalen altivos los lejanos Picos Albos y hasta la parte superior del Torrecerredo. A la Izquierda de la Rasa, La silla de Caballo Cimero da paso a la zona de la Morra de Lechugales en un sinfín de aristas pétreas. Al norte, el circo que forman las Vegas del Hoyo Oscuro y de Andara, cerradas por el omnipresente cono del Mancondiu.


Tras el descanso, el disfrute de las vistas y el consumo de una botella de buen vino y después de cubrir la tarjeta de cumbres y hacer la foto justificante de nuestra estancia en La Junciana, iniciamos el descenso hacia el Collado de La Rasa, por una pindia ladera terrosa. Acabada esta, un mundo de caliza se forma a nuestros pies. No hay un camino definido y hay que ir buscando los mejores y más cómodos pasos. La piedra tiene buen agarre y se pega a la suela de nuestras botas. Pero hay que estar muy atento para evitar resbalones que puedan dar con nuestras posaderas en el suelo. Posaderas que más de una vez habremos de colocar para facilitarnos los pasos de uno a otro nivel del descenso. Pero todo termina al alcanzar la parte verde por la que el caminar es más armonioso y menos precario.


Nos dirigimos a los derrumbes que bajan del Castillo del Grajal, donde encontramos nuevamente la pista minera por la que retornamos nuevamente al Collado de Aldea y desde aquí, por el mismo camino recorrido en el ascenso, bajamos hasta el Jito de Escarandi donde nos espera el autocar. En esta ruta empleamos un total de 6 horas, incluyendo las paradas.


Para el próximo sábado día 5 y primero del mes de setiembre, tenemos una bonita ruta por antiguos caminos de pastores y viejos montañeros. Pretendemos pasar desde Amuesa a la Majada de Camburero atravesando la Collada Ties, tal como hicieron el Cainejo y el Marques la tarde antes de su gran gesta: la conquista del Picu. Venían de hacer la Peña Santa como entrenamiento y prueba de la cuerda y las zapatillas con las que se iban a enfrentar al Urriellu. Atravesaron el Cares y ascendieron a Amuesa y posteriormente a la Collada Ties para dormir en Camburero. Al día siguiente abrirían la historia del Picu y del alpinismo en España.


Nuestra ruta será mucho menos exigente, pero no exenta de dureza y vistosidad. Trataremos de seguir el siguiente recorrido:


Poncebos (218 m) – Bulnes el Castillo (712 m) – Canalón de Amuesa – Majada de Amuesa (1.386 m) – Cuesta del Trave – Orandi (1.600 m) – El Bobiu – Collada Ties (1.457 m) – Majada Camburero (1.335 m) – Canal de Camburero – Jou Bajo (1.110 m) – La Garganta (1.100 m) – Canal de Balcosin – Voluga Castisierra (800 m) – Bulnes La Villa (647 m) – Poncebos (218 m)


Si nos quieres acompañar en esta nueva aventura, date prisa en reservar tu plaza, que no sabemos si podremos conseguir un autocar grande para esta ruta y ya hay bastante gente apuntada. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, so pena de que te quedes en tierra. Espero vuestras llamadas.

lunes, agosto 24, 2009

RUTA PARA EL DÍA 29

Como este sábado no pude ir a la ruta de la Pasada de la Puerta de Arco, tampoco puedo describiros esa ruta aunque casi me la se de memoria, pero no estaba allí en esta ocasión.


Pero lo que si puedo hacer, es deciros que para el último sábado de este mes de agosto, nos vamos a caminar por el Oriental y más concretamente a La Junciana, muy cerca del Sagrado Corazón o San Carlos. La ruta que queremos hacer es la siguiente:


Jito de Escarandi (1.291 m) – Casetón de Andara (1.789 m) – Collada de Aldea (1.807 m) – Minas de la Providencia (1.892 m) – Cuesta dela Escalera (1.900 m) – Collado San Carlos (2.052 m) – Pico Sagrado Corazón (2.214 m) – Alto del Hoyo Oscuro (2.104 m) – La Junciana (2.267 m) – Collado de la Rasa (2.202 m) – Vegas del Hoyo Oscuro (1.900 m) – Minas de Mazarrasa (1.838 m) – Collada de Aldea (1.807 m) – Casetón de Andara (1.798 m) – Jito de Escarandi (1.291 m)


Una bonita ruta para conocer Los Llambriales Amarillos o La Junciana, que por ambos nombres se le conoce. Los que quieran hacer esta ruta, solo tienen que llamar a los teléfonos de costumbre. Espero vuestras noticias.

lunes, agosto 17, 2009

LA GARGANTA DIVINA, DIVINA TAMBIÉN DE NOCHE

Al fin cumplimos el viejo sueño de algunos componentes del grupo, poco cuerdos, al decir de la mayoría. Lo cumplimos y con nota muy alta y unas enormes ganas de volver a repetir. No fueron muchos los que se atrevieron a intentar la locura de caminar por la Ruta del Cares en plena noche y en encarnizada lucha contra Morfeo. Solo un pequeño grupo de intrépidos y no los más asiduos, probaron lo que es pasarse una noche en blanco, mejor dicho, en negro, para imaginar, más que ver, el oscuro paisaje del Cares.


La verdad es que los que no hicieron la ruta, no se podrán ni imaginar lo que se pedieron. Por mucho que trate de explicar las sensaciones vividas, siempre me faltará algo para haceros comprender lo que cada uno de los participantes percibimos esa noche. No son sentimientos comunes. Cada cual vivió esos momentos de forma diferente. Las sensaciones a cada curva del camino eran distintas para unos y para otros. Os puedo asegurar que el ir abriendo paso en esa noche mágica, tenía un no sé que de morbosidad y desasosiego que te resecaba la garganta y cortaba la respiración. Al salir de un túnel no sabías si el camino giraba a uno u otro lado o bien descendía a la negrura del abismo. Luego la duda se despejaba y continuabas seguro hasta la siguiente curva. ¿Qué me encontraré detrás? Las sensaciones se agolpan y el más mínimo ruido te hace buscar el porque.


Ya sé que no lo entendéis, pero no sé explicarlo de otro modo. Por eso pasaré de haceros comprender los sentimientos y me dedicará a narraros la aventura.


Después de un importante retraso motivado por el cambio de autocar, salimos a de Oviedo a las 8,45 de la tarde con rumbo a Posada de Baldeón, sin paradas. Bueno, con una para repostar gasoil, en Arriondas. A las 12 de la noche entrábamos en Posada. Cenamos escuchando los comentarios que nos hacían los lugareños: “Estos asturianos están locos. ¡A quien se le ocurre hacer el Cares de noche! Mañana el helicóptero tendrá que ir a buscarlos”.


Sin hacerles demasiado caso, a las 12,30 nos poníamos en camino por la carretera que une Posada con Cordiñanes, por donde pasamos a la 1,05 sin ver ni a un alma y en completa calma. Solo nuestras voces y comentarios rompían el silencio. En el Mirador del Tombo hicimos una corta parada para hacernos una foto de grupo al pie del Rebeco. Utilizando el mapa allí grabado, intentamos imaginarnos la situación de la Torre de la Palanca y del Llambrión. Luego continuamos ruta por la destartalada carretera que se encuentra en plenas obras de ensanche.


Junto al Chorco de los Lobos de Corona circulábamos a la 1,35. Allí Manolo nos explicó el funcionamiento de la singular trampa utilizada para la caza del lobo. Una hora más tarde efectuábamos la entrada en Caín. Solo nuestras voces en sordina y el ruido de nuestros pasos rompían el silencio que reinaba en el pueblo. Las amarillas luces que lo iluminan, le daban aire de irreal. En el portal de la iglesia dormitaban algunos y otros lo hacían al final del pueblo bajo el manto de estrellas que poblaban el cielo.


Después de una media hora de descanso reemprendimos la marcha cruzando el puente los Pinderos sobre el Cares, para pasar a la orilla derecha por donde circula el apretado sendero hasta llegar a la presa, donde el ruido del agua al precipitarse, se hace ensordecedor. No sé si fue esto o bien la impresión de metérnos en los túneles de inicio del sendero, el caso es que enmudecimos todos y solo nuestros pasos, apagados por el fuerte rumor del agua, denotaban que estábamos allí.


Al salir de los túneles donde las luces de las linternas se concentraban y formaban un ambiente más iluminado, la oscuridad se apoderó de nosotros y solo el pequeño círculo luminoso a nuestros pies destacaba de la inmensa negritud. Poco a poco comenzamos a acostumbrarnos a la oscuridad y el espacio se hacía más amigable. Las siluetas de las altas paredes que conforman la estrechura de la canal se recortaban sobre el estrellado cielo y las formas ante nuestros pasos dejaban de sernos extrañas. Pero de todos modos, algo percibíamos en nuestras almas. Algo que nos hizo ser mudos caminantes un buen trayecto. Nadie se atrevía a hablar y solo algunos susurros servían de aviso de alguna dificultad en el camino. Abajo, cruzando el río, el puente de Casielles se dirige a la Canal de Dobresengos.


Cuando antes decía que sería difícil haceros comprender a los que no estabais allí, nuestros sentimientos de esa noche, supongo que quería referirme especialmente a estos momentos del inicio de la garganta, donde lo que nos rodea ya no era tan familiar. No hay casas, solo piedras y formas extrañas en la oscuridad. Caminábamos rumbo a lo desconocido a pesar de conocer bien toda la senda. Pero era otro mundo. El mundo de las tinieblas que no nos es familiar. Quizá por esa falta de familiaridad es por lo que esta experiencia nos es propicia. Cualquier día, cualquier ruta, se nos puede complicar y alargarse en el tiempo hasta tener que terminarla de noche. Y esta experiencia de hoy, nos puede servir en ese futuro.


A las 3,20 en completo silencio y en fila india, cruzábamos el Puente de los Rebecos. Una hilera de pequeñas luces tintineantes era lo que se veía al echar la vista atrás. Diez minutos más tarde retornábamos a la orilla izquierda por el Puente Bolín, para no abandonarla ya hasta el final del viaje.


Tras un recodo del camino alcanzamos la Casa de Trea y la senda que por esa canal se dirige a la Vega de Ario. Todos lugares conocidos pero que vemos con ojos nuevos. Una pequeña parada para reagruparnos y al mismo tiempo dar rienda suelta a las palabras que se encontraban mudas en el interior de nuestras almas. Comenzábamos ya a encontrarnos en un ambiente menos hostil. La oscuridad no se nos hacía tan extraña y pasaba a ser amiga.


Junto a la cabaña de la Sota hicimos otra corta parada. Eran las 3,45 y teníamos mucho tiempo sabiendo que hasta cerca de las doce de la mañana no podríamos salir de Poncebos, debido a las horas de descanso reglamentario del conductor. Así que cualquier punto conocido del camino, era motivo suficiente para un pequeño descanso. De todos modos dejábamos para Culiembro la parada de mayor tiempo.


Y a Culiembro llegábamos a alas 4,05, después de pasar por las Rozas. En las piedras que invaden el camino junto al muro de la canal, montamos nuestro campamento y Manolo descorchó una botella de buen vino. Apagamos los frontales y con la única luz de las estrellas, contemplamos las alturas que nos rodeaban. Mentalmente dibujábamos la Canal de Piedra Bellida y las praderas de Pando Culiembro que sabíamos que estaban frente a nosotros. A nuestras espaldas las silueta inconfundible de la Peña de Ostón parece observarnos. De vez en cuando una estrella fugaz cruza el trozo de cielo que vemos. No sé si por el vino o por haber perdido ya la extraña sensación que atenazaba nuestras lenguas, las conversaciones se multiplican y supongo que los moradores de estos lugares se sentirían extrañados de las voces que rompían el silencio de la noche. Quizá alguno debería después de esto, acudir a un hipotético loquero de animales para tratarse el trauma de creer que era de día y encontrarse a oscuras.


Cuarenta y cinco minutos duró nuestra acampada en Culiembro. Volvíamos nuevamente al silencio y a la oscuridad. La hilera de luces que formábamos daba un ambiente irreal al lugar. Viejas historias de brujas y aquelarres; la santa Compaña... Cualquier cosa menos la Ruta del Cares. Supongo que si alguien no avisado nos viese en ese momento pensaría que padecía de alucinaciones.


Por la Viña transitábamos a las 5,20 y al inicio de la subida a los Collaos llegábamos a las 5,55. Cinco minutos de parada para hacernos a la idea de que teníamos que subir y para arriba. Solo fueron otros cinco minutos más los que tardamos en alcanzar los Collaos. El cielo comenzaba a ser menos negro. Los primeros atisbos del amanecer se hacían patentes. Comenzamos el largo descenso hacia Poncebos por el empedrado sendero. Las siluetas se nos eran conocidas. Al fondo las primeras luces no pertenecientes a nuestras linternas. Era Poncebos. Final de trayecto. Hora, siete de la madrugada.


Poco a poco el cielo se transfiguraba y lo que antes era negro se tornó en azul. Azul cielo. Las estrellas desaparecieron y los primeros rayos de sol entraban por las canales. En lo alto de la Canal del Tejo, el techo del Picu, viejo amigo, nos saludaba. Poncebos vacío de gente aunque con unos cuantos coches. Los bancos y las mesas del bar eran buenos lugares para pigazar un poco. Una mujer salió del hotel extrañada de que ya hubiésemos llegado. Nos estaban esperando, pero para las ocho de la mañana. Para entonces tenían previsto abrirnos l bar y darnos el desayuno. Así fue. A las ocho de la mañana nos entraron por la puerta del hotel y nos dieron de desayunar. Caliente café con leche, pan tostado, mantequilla y mermelada, que nos supieron a gloria. Un muy buen comportamiento por su parte.


También nos dijeron que el conductor había llegado a las 2 de la mañana al lugar, con lo que la partida no podía ser antes de las 11 u 11,30. Así que se imponía buscar que hacer en ese tiempo de espera. Algunos optaron por seguir carretera abajo hasta Arenas. Otros prefirieron quedarse en Poncebos y otro pequeño grupo nos decidimos a subir a Camarmeña.


Desde el Mirador del Urriellu contemplamos la iluminada figura del Picu al final de la Canal del Tejo. Una buena cantidad de fotos, casi todas ya repetidas múltiples veces. Luego nos dirigimos al bar del pueblo para tomarnos una birras, antes de volver a Poncebos, casi justo para emprender el regreso a casa, donde llegamos hacia las dos de la tarde, después de una parada en Nava para tomar el vermú.


El próximo sábado día 22 la ruta, ya diurna, la realizaremos por tierras entre Asturias y León, por las Ubiñas. Pretendemos hacer la Pasada de la Puerta de Arco, junto a los Castillines primero y segundo, para descender luego a tierras satures y por la ancestral Senda de las Merinas, ir a comer a la Casa Mieres. La ruta que queremos realizar tiene un final distinto al que está programado en el calendario oficial y es:


Torrebarrio (1.243 m) – Llandanay (1.450 m) – La Cueña (1.650 m) – Llanos del Fontán (1.700 m) – Canal de la Puerta de Arco (1.950 m) - Pasada de la Puerta de Arco (2.157 m) – Primer Castillín (2.252 m) – Segundo Castillín (2.299 m) – Pasada de la Puerta de Arco (2.157 m) – Joyos de la Cabra (2.050 m) – Senda de las Merinas – Alto de Terreros (1.892 m) – Fuente la Panalona (1.820 m) – Puertos de Riotuerto – El Estrecho (1.780 m) – Los Ollones (1.678 m) – Vega Candioches (1.698 m) – La Casa Mieres (1.600 m)


Espero las llamadas de los que tuvieron miedo a la ruta nocturna. Esta ya es por le día y no veréis fantasmas ni brujas. Así que daros prisa en solicitar vuestra reserva o podéis quedaros sin plazas para esta bonita ruta por el Macizo de Ubiña.

martes, agosto 11, 2009

JUSTILLAGAR SE NOS RESISTE

Todos los malos presagios que durante la semana nos hablaban del mal tiempo que tendríamos el sábado, se cumplieron a rajatabla. El Lago Enól nos recibió en un ambiente gris y con la Peña del Bricial tocada con velo de nubes. Nuestros primeros pasos del día nos abocaban a una ruta fracasada, para alegría de quienes en esa fecha, no pudieron acompañarnos.


Con pocas posibilidades de cumplir con nuestro cometido, nos pusimos en marcha en el Collado Les Veleres, para seguir la pista de tierra que atraviesa las verdes camperas de la Vega de Enól, alargándose después por Vega la Cueva y Pan de Carmen.


Dejando a la derecha el ramal que se dirige al Mirador del Rey, descendemos hasta el abarrotado aparcamiento en el que los menos madrugadores dormitaban envueltos en sus sacos y nos dirigimos a la Vega el Huerto para atravesar el Río Pomperi y ascender a la majada de Vega la Piedra.


El Camino del Parque nos transporta por el Collado la Prida a la bonita Vega Canraso, completamente encharcada de agua, ¡en pleno mes de agosto! Pero la verdad es que con el verano que estamos teniendo, no es de extrañar que no exista en toda Asturias un prado agostado. El agua corría por toda la vega y el barro ocupaba el camino.


Algún atisbo de posible mejoría nos animaba a seguir caminando, pero pronto desaparecieron los ánimos. Las nubes comenzaron a rodearnos y ya por la Rondiella las visuales en la distancia se acortaban. Desde el Collado Gamonal no veíamos más allá de los 8 o 10 metros y solo el murmullo de voces de los compañeros que nos precedían, nos hacía percatarnos de la cercanía del refugio de Vegarredonda.


El descenso del Collado Gamonal se encuentra en un estado lamentable. Los grandes surcos formados en el camino, junto con el barro y la humedad existentes, lo hacen sumamente peligroso para el tránsito de personas. Creo que se hace necesario el relleno de esta zona del camino para evitar males mayores. Son muchas las personas que pasan por él al cabo del año y en algunos punto se hace muy peligroso en caso de una caída.


Vegarredonda solo con la compañía de nuestro grupo en pleno mes de agosto, se hace impensable. Hace frío y los alrededores se encuentran totalmente cubierto de niebla. Vemos con resignación que este es el fin de nuestro día de montaña por hoy y tras beber algunas cervezas y charlar un poco con la guardesa del refugio, emprendemos la retirada por el mismo camino de subida. En Los lagos llueve suavemente, mientras los ALSA continúan subiendo a algunos excursionistas a la decepción de no ver nada. Nosotros al menos disipamos la tristeza comiendo y bebiendo en alegre tertulia, olvidando el fracaso (¿) de la expedición.


Para el próximo sábado día 15 de, hasta ahora, este mal mes de agosto, pretendemos, si el tiempo no lo impide, realizar nuestra primera ruta nocturna, recorriendo la Garganta del Cares. Saldremos a las 7 de la tarde de San Andrés de Trubia, con rumbo a Posada de Valdeón, para hacer el siguiente recorrido:


Posada de Valdeón (939 m) – Los Llanos (938 m) – Cordiñanes (860 m) – Cain (460 m) – Puente los Rebecos – Puente Bolín – Casa de Trea – La Sota – Las Rozas – Culiembro – La Viña – Los Collaos – Poncebos (218 m)


El plazo de inscripción está abierto para aquellos que quieran vivir una nueva experiencia en un marco incomparable como es la Ruta del Cares. Os espero.

miércoles, agosto 05, 2009

DOS DIAS Y UNA NOCHE EN VEGABAÑO

Este fin de semana pasado compartimos casa con Nuria, Julián, Dobra y Vega, como anfitriones, en la preciosa isla verde de Vegabaño, rodeados de bosque por todas partes y tratando, sin conseguirlo, contemplar el Cornión en la distancia.


Fue una muy grata estancia a pesar de la mala climatología que padecimos, pero la compañía era buena y eso es suficiente para considerar que no se perdió el tiempo. Y así fue. Lo que estaba previsto se cumplió en un 99%, porcentaje más que satisfactorio para, como digo, el tiempo que tuvimos.


El autocar nos dejó en el Puerto de Panderruedas, pasado el puerto del Pontón y cogiendo la desviación que se dirige a Posada de Baldeón. Nada más bajarnos del autocar comenzó a llover y así empezamos la ruta.


Tras atravesar el área de descanso con dirección oeste, tomamos un camino señalizado que pronto se bifurca en dos. Seguimos por lemas bajo, derecha y enseguida alcanzamos el Mirador de Piedrashitas, en el que las vistas no eran muy buenas a causa de las nubes que todo lo cubrían. Seguimos camino en la misma dirección entre árboles y dando vista por la derecha a la zona del Gildar, que nos quedó por hacer el año pasado, también a causa de la mala meteorología.


El camino está bien marcado y es fácil de seguir. No tiene muchas bifurcaciones y en ellas hay carteles indicadores de la dirección. Vamos pasando sucesivamente por el Collado de la Rocha, Collado Viejo y seguir bajo los escarpes de la Peña Centenal y de los puertos de la Guadaña, desde donde tenemos unas estupendas vistas del Central y del Cornión, con la Peña Santa en primer término.


Después de una suave subida alcanzamos las Colladinas de Cobros desde donde ya se puede descender a Vegabaño. Nosotros seguimos a la izquierda, oeste, a pasar a los pies de la Pica Samaya, dejándola a nuestra derecha, para continuar por la cara norte de los Picos de Valdelafuente. Aquí comienza a llover y el grupo se divide. Parte optan por seguir la ruta y subir al Jario, mientras que otros dejamos esa ascensión para mejor momento y comenzamos a bajar por el Collado los Anoyos a buscar las verdes praderas de Llareya, donde se nos unen los que subieron al Jario, que descienden rápidamente debido al frío y la lluvia. Juntos descendemos a una cabaña al borde del bosque. Es temprano y al dejar de llover, decidimos quedar un tiempo en este bonito lugar.


Luego nos introducimos en el bosque a la derecha de la cabaña, para encontrar una buena pista que procede de la Vega de Cobros y que nos lleva entre grandes fayas cargadas sus ramas de barbas de capuchino, hasta las inmediaciones del Reguero Truegano, junto al que llegamos al Refugio de Vegabaño.


Vegabaño o Vega de Abaño es un lugar idílico de un verdor explosivo festoneado de viejos bosques por todo su contorno. Aquí nace el Río Dobra y de aquí parten algunas de las más afamadas rutas de montaña de Picos de Europa. El refugio es acogedor y sus guardas, Nuria y Julián, padres de dos simpáticos chiquillos, Dobra y Vega, nos recibieron y atendieron estupendamente.


Después de comer parecía que el tiempo se estabilizaba y comenzamos a prepararnos para caminar un poco. Queríamos ir a la Cotorra de Escobaño, pero cuando no habíamos hecho más que salir del refugio, comenzó a llover, llevándose al traste todos nuestros deseos. No hubo otro remedio que permanecer en el refugio toda la tarde.


Tras la estupenda cena y como viene siendo costumbre en estas salidas del grupo, la fiesta se fue entonando gracias ala calor de la bebida y comenzaron los cánticos y las risas. Cuando la hora se fue haciendo propicia, abandonamos la juerga para rendirnos, los que pudieron, en los brazos de Morfeo.


Al día siguiente amaneció muy parecido a como terminó el día anterior, aunque al menos no llovía. Tras el opíparo desayuno que Nuria nos sirvió y queriendo ver que el tiempo trataba de abrir, nos decidimos a ponernos en marcha para intentar al menos llegar a Vega Huerta. Dejamos los bártulos más pesados en el refugio y tras despedirnos de algunos miembros del grupo que se quedaban, comenzamos a caminar.


Tras cruzar los cierres de fincas al norte del refugio, tomamos el sendero señalizado a la derecha, pasando las varias riegas que bañan esta parte de la verde pradera, hasta llegar a la Vega Salambre, donde por un puente de hormigón cruzamos un arroyo y comenzamos a subir por el bosque, siguiendo un buen sendero.


Entre los apretados árboles destaca sobre manera uno de grandes dimensiones pegado al sendero. Es el Roblón de Cuesta Fría, muy renombrado y visitado. El camino sigue en ascenso y tras cruzar un regato, llegamos a La Fuentina, un manantial de frías aguas donde podemos llenar nuestras cantimploras. El camino sigue subiendo en apretados zigzag hasta el Collado del Cueto, abandonando el bosque.


A pesar de abandonar la espesura del bosque, seguimos sin ver nada, pues la niebla nos lo impide. De todos modos el camino no tiene pérdida, sigue ascendiendo aunque un poco más moderadamente, a la derecha, este, entre los brezos y piornos. La niebla entra y sale dándonos la esperanza de que pronto nos abandonará. Alcanzamos el Collado del Frade y comenzamos a ascender por el retorcido sendero que nos eleva en varios zigzag a la Cimera del Frade, a los pies de los Moledizos.


Aquí el camino entra en una pedrera, la Canal del Perro y sube vertiginosamente al Collado del Burro donde la caliza se hace dueña y señora del paisaje. Si estuviese descubierto de nubes, aquí tendríamos el primer contacto con la peña santa. Pero hoy no es posible por la niebla que aún cubre las alturas, aunque nosotros ya estamos en terreno despejado. Nos tomamos un respiro para recuperarnos de la dura subida de la Canal del Perro y luego continuamos por el señalizado camino de Vega Huerta. El sendero recorre la caliza en un sube y baja, dando vista al Central medio cubierto por la niebla. Poco a poco nos acercamos a la gran montaña, Peña Santa. Por la izquierda contemplamos un poco lo que queremos bajar: una inmensa canal que nace casi donde nos encontramos, para descender al río Dobra. Pero seguimos adelante hasta Vega Huerta.


Vega Huerta, lugar en el que nunca había estado, es una campera verde y preciosa, montada en un bonito valle a los pies de la Peña Santa que parece que comienza a desperezarse. Los últimos ramalazos de nubes abandonan la cumbre y nos permite hacer algunas buenas fotos de este lugar encantado. Abajo, en el medio del valle, una solitaria y diminuta tienda de campaña rompe la graciosa monotonía del verde. Un corto descenso y estamos pisando sobre Vega Huerta.


Hace frío. Vemos corretear por los alrededores a varias manadas de rebecos con sus crías del año. ¡Quien pudiera subir las pedreras como ellos! Buscamos la fuete. Se encuentra al sur, muy cerca de por donde entramos a la campera, un poco a la derecha, este. Después de cargar agua, decidimos continuar con el descenso de la Duernona. Al oeste parte un sendero que se dirige a la Aguja del Corpus Christi y al Jou las Pozas. Por debajo de él, se abre una horcada con algunos jitos, que da paso al primero de los jous que forman la Duernona.


Descendemos por lo que queremos ver como un sendero muy difuso y con un giro a la izquierda bajamos al fondo del jou relleno de grandes piedras. Salvamos este tramo de mal caminar cruzando a la izquierda y cogiendo un sendero que recorre toda la longitud del jou por una ladera de piedras por la que se camina bien. Al final una nueva horcada que da paso al segundo jou y vuelta a lo mismo: seguir el sendero que también por la izquierda, recorre toda la longitud del jou hasta la siguiente horcada.


Y hasta aquí la descripción de la ruta. Prácticamente fue en este punto donde nos tapo la niebla y ya no vimos más allá de unos metros de nuestros pies. Las cosas comienzan a complicarse. Estamos en una zona bastante abierta. La canal se ensancha. Por la derecha hay una pedrera muy amplia y por la izquierda se abre una canal secundaria. Siguiendo las indicaciones del GPS descendemos por la izquierda, pero enseguida comenzamos a separarnos de los puntos marcados. Tratamos de rectificar y lo conseguimos ya que las canales se unen más abajo.


Seguimos guiándonos por las coordenadas que tenemos en el GPS y vamos descendiendo a veces por canales herbosas y otras entre piedras. Pasamos por Las Pandiellas, según nos indica el GPS, pero nos desviamos ala izquierda nuevamente. Tratamos de corregir el rumbo pero una cortada nos lo impide. Los serpas comienzan a actuar y descendiendo un poco más por la herbosa y muy pendiente canal en la que estamos, conseguimos girar a la derecha para seguir por una ladera que cuelga sobre otra canal de piedras mucho más abajo. Los que van delante nos animan cuando nos dicen que un sendero desciende a la canal de abajo. Es precisamente el sendero que perdimos más arriba.


Ya en la canal de piedra, vemos que esta desemboca en una pendiente horcada. Por el GPS debemos seguir un poco más a la derecha subiendo por una zona herbosa para descender más adelante a la izquierda por un buen camino jitado. Estamos en la canal de piedra anterior, pero por debajo de la cortada que veíamos antes. Seguimos toda esta canal por un sendero con jitos y terminamos por desembocar en ¡Valdecarombo! ¡Terreno conocido! ¡Estamos ya en el buen camino!


Un descanso en la cabaña de Valdecarombo para recuperar fuerzas y tranquilizar el espíritu y seguimos ya por un sendero marcado con las típicas rayas blancas y amarillas de los senderos de pequeño recorrido. Cruzamos el Dobra y la Riega de Robellada y comenzamos a subir la dura cuesta del Monte la Texa. Son 300 metros de desnivel hasta el Puerto de Barcinera. Esto acaba con las pocas fuerzas que nos quedaban.


En el puerto cogemos la amplia pista que bien señalizada nos lleva a las verdes praderas de Vegabaño. Nos dirigimos al refugio a recoger los bártulos que habíamos dejado allí. Nos despedimos de Nuria y Julián y volvemos sobre nuestros pasos para coger la pista que desciende a Soto de Sajambre. Cuarenta y cinco minutos después, llegamos a destino. Soto de Sajambre pone el punto y final a una ruta que el tiempo nos complicó. Pero volvemos con la moral alta tras conseguir vencer a los elementos.


Para el próximo sábado día 8 tenemos ruta por el Cornión. Desde los Lagos ascenderemos por Vegarredonda hasta el Collado la Fragua, para ascender a la Altiquera y volver nuevamente a los Lagos por las camperas de Justillagar. La ruta que queremos hacer es:


Collado Les Valeres (1.107 m) – Vega de Enol (1.100 m) – Pan de Carmen (1.087 m) – Pozo del Alemán (1.040 m) – Vega la Piedra (1.130 m) – Collado la Prida (1.130 m) – Vega Canraso (1.200 m) – La Rondiella (1.370 m) – Collado Gamonal (1.491 m) – Vegarredonda (1.470 m) – Cuerria Benita (1.490 m) – Llampa Cimera (1.760 m) – Collado La Fragua (1.880 m) – La Altiquera (1.947 m) – Jou Sin tierra (1.769 m) – La Chabola (1.780 m) – Cantu Limpou (1.782 m) – Jorcadiella (1.650 m) – Vega Justillagar (1.430 m) – Vega Orrial (1.340 m) – Monte Palomero – Vega Enol (1.100 m) – Sohornin (1.087 m)


Se trata de una bonita ruta por caminos de pastores. Otra forma de subir o bajar de la zona del Jou Santu. El que quiera disfrutar de esta ruta tiene que darse prisa. Quedan ya pocas plazas y si no nos apresuramos a completar el autocar, luego habrá problemas para conseguir uno mayor. Espero vuestras llamadas.