martes, abril 28, 2009

UNA TRAVESIA DEL ARAMO

A pesar de los malos augurios que los inefables hombres y mujeres del tiempo, nos daban para la jornada del pasado sábado día 25, conseguimos realizar sin problemas la ruta que teníamos prevista en el Aramo. La disculpa era hacer cumbre en el Barriscal, pero para ello pretendíamos hacer una travesía de este a oeste, de la muchas veces olvidada por cercana, Sierra del Aramo.


Con muchas nubes por todas partes pero sin agua, iniciamos el corto viaje hasta el alto de la Cobertoria, comenzando a bajar hacia Pola de Lena, hasta enlazar con la carretera que sube al repetidor de TV instalado en el Gamoniteiro. Abandonamos el cobijo del autocar y pertrechados para sufrir las inclemencias del tiempo, iniciamos la ruta carretera arriba.


La primera parte se nos hace monótona al no tener vistas a causa de las nubes que lo tapaban todo. De vez en cuando sobre nuestras cabezas se abrían pequeños claros de un intenso azul y algunos rayos de sol nos calentaban en la fría mañana. Ni para Lena ni para Quirós teníamos vistas. Solo la base de Peña Rueda y los pueblos del valle, Muriellos, Llanuces, se nos hacen visibles.


Llegando a la altura de la laguna de Veneros, comenzamos a ver manchas de nieve a la orilla de la carretera. Las praderas de Veneros están salpicadas de blancos cercos. Algo más arriba notamos la tenue capa de nieve caída por la noche. Y más arriba aún, la nieve se hace más ostensible. Aparecen las coloreadas columnas del repetidor de televisión. Aún nos falta mucho para llegar. Tras de nosotros las nubes, negras y anunciando lluvia.


Por fin llegamos al repetidor de TV. No es necesario subir hasta las instalaciones, salvo para contemplar el resto de la ruta.. Poco antes una pista completamente llena de nieve, sale en descenso por la izquierda y en varias eses, va perdiendo altura hasta las inmediaciones de una antigua majada, La Bola, con las cabañas ya derruidas. Aquí se nos presentan dos opciones: seguir el camino que se dirige al Angliru y que pasa por la base sur del Barriscal, o tirar de frente a la cumbre de este, por un sendero menos marcado pero fácil de seguir, por la zona sur de la montaña.


Nosotros optamos por la segunda opción y nos introdujimos en la vallada a la izquierda de la sierra que finaliza en el Barriscal, siguiendo un marcado sendero que ese día se perdía a causa de la nieve, por lo que después de un tramo, decidimos faldear y ganar el collado anterior al Pico Robles, para continuar unas veces por la izquierda y otras por la derecha, hasta alcanzar el collado entre el Barriscal y el Robles, desde el que accedimos cómodamente a nuestro objetivo del día, el Barriscal (1.719 m).


Su centrada posición nos permite gozar de unas estupendas vistas de casi toda la Sierra del Aramo, desde el Gamoniteiro a La Gamonal. Lástima que las nubes no nos permiten ver más allá de los confines de la sierra. Cercano a nosotros por el oeste, el Moncuevu y el camino que más tarde debemos seguir; más a la derecha la inconfundible silueta del La Gamonal con su antena y caseta. A nuestras espaldas este, muy cerca, el Robles y más allá La Xistras y el Gamoniteiro. Y poco más. La niebla avanza y ya cubre la cima del Gamoniteiro. Pronto nos tapará a nosotros. A toda prisa cubrimos la tarjeta de cumbres y hacemos las fotos de rigor, para seguir camino por la ladera opuesta a nuestra llegada, descendiendo al valle que por la izquierda desciende al Alba por las Morteras de Salcedo. Nuestro camino, que ya vimos desde la cumbre, muy marcado, comienza en los prados bajo la cumbre del Moncuevu y con dirección suroeste, para poco después hacer un brusco giro al norte, ganando el collado que se forma a la derecha del Moncuevu.. La pista continúa hacia el norte, para dirigirse al Angliru, pero como se encontraba completamente tapada por la nieve, decidimos abandonarla cortando al oeste y bajar directamente por la ladera, hasta alcanzar el camino que por la derecha llega al aparcamiento del Angliru y por la izquierda, por donde nosotros continuamos, se dirige a tierras de Quirós.


Aún estando tapado el sendero por la nieve, es fácil de seguir ya que se encuentra cerrado dentro del valle, con pocas posibilidades de salirse de él. Pasamos junto a una cueva de boca grande pero sin profundidad alguna y tras atravesar una pradera con un porro en el medio, alcanzamos los límites quirosanos de la sierra, dando vista al embalse de Valdemurio, la sierra del Cuetu Mar y la Forcada y a la Airua Naval o Peña Tene, separado todo ello de nosotros, por un gran abismo en cuyo fondo vemos las diseminadas cabañas de Bramonte, Airuga, Linares, Mollendo... que se desparraman valle abajo hasta las inmediaciones de Bermiego, nuestro próximo objetivo.


El camino sigue a la derecha, norte, a buscar la collada de Pando de la Mortera, pero nosotros oímos decir que se podía bajar de frente y así lo hacemos. La inclinación de la ladera es grande pero el descenso se hace sin problemas, gracias a las terracillas que se forman y que a modo de sendero, nos permiten perder altura cómodamente. Abajo vemos la Ermita de la Merced, pero nuestro camino va a terminar más a la derecha de su situación. Cuando ya bajo nuestros pies tenemos terreno algo más llano, aparece un marcado sendero que nos lleva a una cabaña, no sin antes obligarnos a pisar barro casi por primera vez en el día. Pasada la cabaña, el camino desciende entre matorrales y con mucho barro y agua, lo que nos obliga a pasar al prado que tenemos a nuestra derecha, continuando por él hasta alcanzar el cierre por el que salimos ya a la pista que baja de Pando de La Mortera y que ya sin pérdida nos conduce al bonito pueblo de Bermiego, conocido por su afamado texu y por el roblón que con su gran corpulencia, languidece junto a la capilla de San Antonio, en el medio del pueblo.


Así ponemos punto y final a una bonita ruta después de 7 horas de haber comenzado en el ya lejano Alto de la Cobertoria. El tiempo nos respetó y hasta nos permitió cambiarnos de ropa antes de ponerse a llover, como viene siendo costumbre en los últimos días.


Para el próximo sábado día 2 de mayo, tenemos ruta por tierras de Sellaño. Nos vamos a este pueblo de Ponga para ascender al Pico Macicón por las orillas del Sameldón y el Collado Llimes, regresando nuevamente a Sellaño. La ruta que queremos hacer es:


Sellaño (235 m) – Puente Cureño (250 m) – Puente Sota del Cándano (250 m) – Prau de Roque (400 m) – Valle del Cordal – Collado Llimes (750 m) – Pico Macicón (899 m) – Collado Llimes (750 m) – Valle Tobaos – Sota Tobaos (290 m) – Sellaño (235 m)


Una bonita ruta por terreno ya conocido pero que merece siempre la pena: estaremos en Ponga, con lo que esto significa. Ya estoy esperando vuestras llamadas para reservar plaza. No dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy. Igual llegas tarde.

martes, abril 21, 2009

UN BALCON SOBRE PONGA

Me he dado un día de asueto antes de ponerme a relataros la ruta del pasado sábado, con el fin de pacificar las neuronas que estaban un poco alteradas de las estupendas vista que tuvimos los privilegiados que subimos el sábado pasado a La Conia.

Ahora, con el tiempo como mediador, me dispongo a relataros la ruta, una de las mejor calificadas hasta el momento, que creo que fue de la satisfacción de todos. Tanto los que subimos al pico como de los que solo hicieron la Senda del Arcediano.

El tiempo que nos esperaba era incierto. Toda la semana estuvo lloviendo por las tardes y para ese día no se auguraba mejores condiciones. Pero por lo pronto, cuando el autocar nos dejó en Soto de Sajambre, las condiciones eran ideales. El sol brillaba y un cielo azul, enmarcado de algodonosas nubes blancas, era un marco incomparable para las primeras fotos del día, en las que la protagonista era la Peña Santa cubierta de nieve.

La ruta no tiene pérdida, ya que se trata de un GR bien señalizado y con indicadores de dirección. Salimos por la parte alta del pueblo, junto al bar-tienda que nos quedará a la derecha. La pista en buenas condiciones, va ascendiendo cómodamente, marcando grandes curvas. Las vistas hacia los Moledizos y Peña Santa, aunque de vez en cuando cubiertos por las nubes, animan para soportar el esfuerzo. Enseguida aparece en toda su majestuosidad la gran mole de Peña Beza, que como un gigante inexpugnable se muestra ante nosotros.

Un árbol caído en medio de la pista, nos obliga a seguir por entre la maleza, pero enseguida volemos a la pista unos cuanto metros más arriba. Poco más allá, las praderas hoy cubiertas de nieve de Pandamones, nos proporcionan nuevas vistas. Por el oeste aparecen todas las grandes cumbres de Ponga y también nuestro objetivo del día, La Conia, como vértice final de la muralla que nos cierra el paso por el norte.

Rodeamos el Jurcuetu y nos adentramos en la vallada del Candal, cerrada por la derecha por el Jurcueto y por la izquierda por la muralla de La Silla y La Conia, hasta alcanzar los Puertos de Beza. Una gran cantidad de nieve cubre el camino y solo los postes verticales quedan a la vista. Aparece el Cantu Cabronero. Llegamos a la fuente de Beza y subiendo por la izquierda, alcanzamos la Portillera de Beza, límite entre las provincias de León y Asturias.

Aquí nos dividimos en dos grupos. Unos seguirían de frente en descenso por la Senda del Arcediano hasta Amieva, mientras que el resto continuábamos subiendo a la izquierda por el límite provincial, para alcanzar la cumbre de La Conia, tras pasar por La Silla y de bordear el Pozo Las Grajas. Según subíamos, un pequeño grupo de rebecos se asustó ligeramente por nuestra presencia. Los vimos como se hundían en la nieve en el lado contrario del Pozo de Las Grajas, para seguir su camino, lejos del contacto humano.

Alcanzada la cumbre de La Conia, se abre todo un mundo nuevo. Un abismo lleno de picachos, valles, foces y hasta carreteras. Allí abajo, casi a nuestros pies, vemos el bar de Puente Huera u pequeño trozo de la Carretera de los Beyos. Por encima, las diminutas casas de Casielles, reconocible por la cinta plegada de su carretera. Mas a la derecha llegamos a distinguir Biamón y por encima Peña Salón y después Biboli, con la cerrada cicatriz de la Foz de los Andamios dándole salida.

Pero al otro lado, más a la izquierda, otra estrecha foz, la del Río Mojizo que recoge las aguas de Peloño y por donde pasaremos próximamente. Casi llegamos a ver Tolivia y Llué, dos de nuestros objetivos y tratábamos de adivinar el sedo que desde Tolivia conduce al Puente Vaguardo.

Bajo nuestros pies, subiendo desde Puente Huera, una estrecha y píndia canal plagada de picachos a modo de tótenes. Y ya al fondo, todas las grande cumbres de la Cordillera cubiertas de nieve: El Mampodre, Ten y Pileñes; Tiatordos, Collao Zorro, Pierzu, Carria... Y en el lado contrario: Cantu Carbonero, Beza, Valdepino... ¡Para quedarse allí para siempre!

Pero el tiempo se nos echa encima y aún nos queda una buena pateada hasta Amieva. Así que nos olvidamos con pena de las vistas y tras hacer la foto de rigor y cubrir la tarjeta de cumbres, emprendemos la marcha con rumbo norte hacia el Collado de Pasa, a los pies del Valdepino. Hay mucha nieve y se nos antoja que tardaremos más subiendo y bajando las múltiples tachuelas que nos separan del collado, que bajando directamente a Toneyo, tratando de esquivar el Pozo Los Parapetos, muy cargado de nieve. De todos modos el descenso es bastante lento debido a las condiciones del terreno y a la nieve que está blanda y propicia los resbalones.

Casi hora y media tardamos en bajar a Toneyo y ya desde aquí, disparados, por la Senda del Arcediano agobiados por las prisas de la hora y de la amenaza de lluvia que se cierne sobre nuestras cabezas. Poco después de pasar por Sahugo, una preciosa majada con bastantes cabañas arregladas, comenzamos a oír truenos y al poco empezó a granizar. Más adelante el granizo se trocó en agua para dejarnos bien pulidas las piedras de la senda. El cielo se cerró de forma total y la lluvia a buen ritmo, nos fue empapando a todos. Poco pudimos disfrutar ya del Arcediano. Es la segunda vez que lo hago y casi en las mismas condiciones. Así que solo puedo contaros que el piso es de piedras y que si llueve estas se ponen como de cera, provocando los resbalones, por lo que hay que tener mucho cuidado. Con esto, estábamos deseando que llegase el hormigón. Y así fue. En el Collado de Angón abandonamos el piso empedrado para cambiarlo por hormigón que al menos no resbala.

En media hora alcanzamos las primeras casas de Amieva. Recorriendo sus empinadas calles, alcanzamos la iglesia y junto a ella se encontraba nuestro autocar. El porche de la iglesia nos sirvió de improvisado cambiador, donde quitarnos las empapadas vestimentas antes de dar buena cuenta de nuestras provisiones en el acogedor bar del pueblo.

Para el próximo sábado, en el que esperamos que el mal tiempo nos de una tregua, tenemos ruta por el Aramo. Partiremos del Alto de la Cobertoria para subir al Gamoniteiro y desde allí alcanzar la cumbre del Barriscal, desde donde descenderemos a Bermiego tras pasar junto a la Ermita de la Merced. La ruta que pretendemos hacer es:

Alto de la Cobertoria (1.140 m) – Collado del Fresno (1.221 m) – Collado del Medio (1.275 m) – Los Veneros (1.335 m) – Gamoniteiro (1.791 m) – La Bola (1.529 m) – Pico del Barriscal (1.719 m) –Collado Tamparón (1.483 m) – Anglero (1.550 m) – Xosmenin (1.500 m) – Ermita de la Merced (1.080 m) – Bermiego (760 m) – Las Agüeras (360 m)

La semana pasada tuvimos que dejar gente en tierra por falta de plazas. Si no quieres que esto te ocurra, reserva tu plaza lo antes posible. Espero vuestras llamadas.

lunes, abril 13, 2009

AGUA, NIEBLA, NIEVE… MÁS DE LO MISMO

La climatología es implacable con nosotros y nos ataca cada fin de semana. Pero nuestra voluntad es insuperable y semana tras semana nos enfrentamos a los elementos como la Armada Invencible, pero en ocasiones, con más éxito.


Una vez más, los agoreros del tiempo en las cadenas televisivas nos deparaban un día aciago con agua al empezar, por la mitad y al final, pero sus malos deseos no llegaron del todo al cielo y este nos permitió hasta tomar el sol por unos momentos.


Después de un largo viaje, Larón se encuentra enclavado en el fin del mundo mundial, posamos nuestros pies en el suelo y comenzamos a caminar por la carreterita que une Larón con La Viliella, un pequeño pueblo muy cuidado con sus calles adoquinadas y hormigonadas, adornadas con los dibujos de las hojas de los árboles autóctonos. Las casas, todas con su nombre, se colocan a los lados de las calles, colgadas de la ladera. Tras atravesar el bonito pueblo, salimos por la parte alta por una pista bien marcada al principio y que más adelante se va cerrando por el abandono y la maleza. De todos modos se sigue bien y solo el agua que contienen las ramas que nos deja pintando a las primeras de cambio. Una menuda lluvia nos acompaña, pero sin mayores problemas, al igual que la niebla que tiene tendencia a levantar.


El camino se sigue perfectamente y solo tenemos que tener la precaución de seguir siempre en ascenso, dejando los cruces que nos salen por la izquierda, que se dirigen a la Braña de La Viliella, más abajo que nuestro destino. La primera parte de la pista asciende sin contemplaciones hacia el Alto Cochao, primer punto de descanso de la dura subida. Un pequeño hombro desde el que divisamos una buena parte del camino que debemos seguir, aunque no podemos ver nuestro destino por causa de la niebla.


Vamos caminando por una pista algo más limpia y atravesando un bosque de robles completamente pelado a estas alturas de la primavera, pero con la gracia de la blanca nieve caída por la noche, cubriendo sus peladas ramas. La subida es ahora menos dura y caminamos con tranquilidad. De vez en cuando la nieve cae sobre nuestras cabezas y ya llevamos un buen rato pisándola. A nuestra izquierda podemos ver los prados de la Braña de La Viliella cuando las ramas del bosque nos lo permiten. Y así, poco a poco, vamos ascendiendo hasta alcanzar la abierta collada de La Chana, completamente cubierta de un blanco manto y en la que el sol nos da la bienvenida.


El sol y la nieve, pues está nevando y haciendo sol al mismo tiempo. Son los mejores momentos de lo que llevamos andando y cuando las vistas se abren un poco a lo lejos. Algo más allá vemos el Fingudin o lo que nosotros entendemos que es nuestro destino y hacia él encaminamos nuestros pasos. Un sendero lo bordea por el sur hasta que desaparece y nos tenemos que meter en el escobal. Afortunadamente, las escobas están cubiertas de nieve y tumbadas, lo que nos permite caminar sobre ellas y alcanzar la cumbre del Fingudin o Altos de Bliella, como dice el topográfico.


Las nubes nos rodean y tan pronto vemos a lo lejos como se cierra y nos deja sin vistas. Sobre nuestras cabezas el sol nos permite hacer un pequeño alto en el camino para comer y beber algo y hacer la foto de rigor. No dejamos tarjeta por falta de lugar donde depositarla. La nieve lo cubre todo y bajo ella las matas de las escobas.

Por el lado contrario a nuestra llegada, este, iniciamos el descenso también sobre las tumbadas escobas, metiendo el pie de vez en cuando en las trampas que estas nos ponen. Alcanzamos nuevamente la collada L Chana y seguimos en la misma dirección recorriendo el cordal. Un sendero casi imperceptible guía nuestros primeros pasos. Luego se pierde y decidimos seguir por la cumbrera entre los arbolillos que la cubren. Se hace pesado el caminar teniendo que esquivar los árboles y la maleza, pero vamos encontrando paso. Las lomas se suceden una tras otra y el paso es cada vez más complicado. Estamos manteniéndonos en la altura de los 1500 metros y apenas descendemos un poco para volver a subir. Por fin el terreno se despeja y abajo a nuestra derecha vemos los negros tejados de Larón y la carretera y nuestro autocar. Lo que nos queda por caminar está más abierto y tras un descenso entre la maleza, alcanzamos terreno de mejor caminar para llegar al fin a una buena pista desde la que alcanzamos en pocos minutos la carretera en el alto del Puerto de Rañadoiro, donde ya nos está esperando Ana con el autocar.


Casi no nos da tiempo a cambiarnos las mojadas ropas cuando comienza a llover con cierta fuerza. De esta nos libramos.


Para el próximo sábado, día 18, si el tiempo lo permite, realizaremos una ruta en las inmediaciones de Soto de Sajambre. Subiremos a la Conia para rematar con la Senda del Arcediano hasta Amieva. La ruta que queremos hacer es:


Soto de Sajambre (925 m) – Portillera de Beza (1.498 m) – La Siella (1.573 m) – Pico La Conia (1.654 m) – Collada de Pasa (1.501 m) – Sahugu (1.145 m) – Monte Trasbustiello (1.100 m) – Vega La Llana (1.080 m) – Monte Valleyes (900 m) – Collado Angon (815 m) – Amieva (650 m)


Una ruta que promete y que realmente es una verdadera belleza aunque solo hagamos la Senda del Arcediano. Espero vuestras llamadas. Si os descuidáis, os quedareis sin plaza para esta bonita excursión.

lunes, abril 06, 2009

MONOTONIA EN EL PAISAJE: LA NIEBLA

Una vez más, el tiempo no nos acompañó a la ruta del pasado sábado. Nuestra intención era hacer el recorrido de la antigua calzada romana del Sellón, con ascensión a la Sierra del Faceu, para dejar nuestra tarjeta en ese pico, terminando la ruta en Infiesto. Pero el tiempo no quiso ser nuestro aliado en esta empresa y desde el primer momento, cuando el autocar nos dejó abandonados a nuestra suerte en la Collada de Arnicio.


La niebla cubría la parte alta y cuando iniciamos nuestro caminar por las praderas de la derecha en dura subida hacia La Muezca, un nuevo ramalazo de niebla entrando desde abajo, terminó de taparnos las pocas vista que aún teníamos. Seguimos adelante guiados por el GPS de Tino, pero cuando este se cansó de llevarnos tras de sí, nuestro destino no fue otro que terminar perdiéndonos al no saber donde nos encontrábamos.


Entonces fue cuando nuestra buena preparación, serenidad y saber hacer entró en liza. Tirando de brújula, que no es una brujóbula con escóbula, si no un artilugio para orientarse, y haciendo buen uso del plano que llevábamos de la ruta, intentamos buscar la antigua calzada romana que desde Tarna se dirige a la costa, pasando por el Sellón. Dándole muchas vueltas a la brújula y al mapa, conseguimos encontrar un marcado sendero que nos fue bajando de la cresta en la que nos encontrábamos, hasta unas praderas desde las que aprovechando un momento que la niebla se esparció, pudimos vislumbrar el ancho piso de la ansiada calzada.


Lo primero que hicimos al llegar a ella, fue celebrarlo libando el puro néctar de las uvas, acompañado de higos pasos, maní, galletas, chocolate y cualquier cosa comestible que pasaba ante nuestro ojos. El avituallamiento suele ser bueno en el grupo y nunca escaso.


Aplacados los nervios con el vino y las vituallas, seguimos camino con los ojos puestos en el “camino”, no por miedo a perderlo, si no más bien por no tener otro sitio donde mirar, ya que la niebla seguía rodeándonos y al mismo tiempo empapando nuestros ropajes. Por otro lado, las losas de la calzada, que los romanos colocaron según cuentan, no era el mejor piso para pisar en esas condiciones de humedad y los resbalones estaban a la orden del día. Por eso mirábamos para el suelo.


Pateando sin ver nada a diestra y siniestra y con una buena mojadura, alcanzamos el Sellón, la collada Llamosa, donde entroncamos con la pista que viene del Moro y donde pudimos contemplar los restos del viejo y seco tronco que servía de indicación del GR y que recordábamos de otros paso por este lugar. Más viejo que nunca se encontraba partido por el centro y entregándose como abono en el final de su vida. Le dijimos adiós con la certeza de que no lo volveríamos a ver más y continuamos ruta tomando el sendero medio cubierto por la hierva, el que parte a nuestra izquierda, bajo los contrafuertes del Pico La Ceniza que hoy suponíamos se encontraba sobre nuestras cabezas, si es que no se había ido a pasear, aprovechando que nadie le veía.


Más de lo mismo. Niebla, agua, barro, piedras resbalosas y nuestras cabezas mirando al suelo. Al fin después de una buena caminata, aparecen las primeras vistas. Estamos a la altura del Roblosa y podemos ver las casas de San Martina y Arenas. Delante nuestro, una bonita composición con el Pico los Espinos rodeado de árboles con hojas nuevas y una cabaña que nos sirve de referencia, pues junto a ella pasa nuestro camino, ahora medio cubierto por la maleza y completamente embarrado. Dejamos la cabaña atrás y alcanzamos de nuevo la pista, ya en mejor estado, por la que llegamos a San Vicente. Cruzamos el pueblo por entre sus abigarradas casas y ya por pista de hormigón alcanzamos el asfalto junto a la ermita del Santo del mismo nombre.


Ya carretera adelanta bajo la insistente lluvia, bajamos atravesando pueblos: La Parada, Lozana, Otero,... Hasta que a las afueras de este último nos recoge el autocar, evitándonos tener que hacer los tres kilómetros que aún nos separan de Infiesto.


Un mal día para caminar. Sobre todo teniendo en cuenta que toda la semana hizo bueno y que precisamente fue el sábado cuando comenzó a llover. Otra ruta que deberemos repetir para poder saber por donde estuvimos caminando.


Pero no hay descanso. Ya estamos pensando en la próxima ruta. En esta ocasión cambiamos de zona y nos vamos a tierras de Cangas de Narcea, en las inmediaciones del Bosque de Muniellos, para intentar la ascensión del Fingudin. La ruta propuesta es:


Larón (840 m) – La Viliella (812 m) – Collada Chana (1.443 m) – Altos de Bliella (1.502 m) – Pico Fingudin (1.457 m) – Collada Mozo de Piedra (1.237 m) – Puerto de Rañadoiro (1.176 m)


La inscripción para esta ruta ya está abierta y os ruego que os apuntéis lo antes posible, pues con las fiestas de Semana Santa, Tenemos que concertar el autocar antes del jueves, ya que jueves y viernes es fiesta y no se trabaja. Espero vuestras llamadas.

lunes, marzo 30, 2009

EL SAN JUSTO Y ¿LA ÚLTIMA NEVADA?

Parece que la ruta del San Justo no la teníamos que realizar. No se nos presentaron más que impedimentos. La teníamos programada para 7 de marzo y hubo que suspenderla a causa de la nieve y el temporal que nos acompañó en esas fechas. El pasado sábado casi tampoco podemos salir, primero a causa de la huelga del transporte, y desconvocada esta, a causa de la meteorología una vez más.


Pero la huelga se desconvocó y nosotros partimos con rumbo al Puerto de San Isidro. Por la zona de Felechosa ya comenzamos a ver la nieve bastante baja y nos temíamos lo peor. Junto a nosotros subía para el puerto una máquina quita- nieves, pero la carretera estaba completamente limpia. Por ello, la llegada a nuestro punto de partida, Isoba, no tuvo ningún inconveniente.


El día estaba raro y en Isoba había mucha nieve en los caminos. Abandonamos el resguardo del autocar y comenzamos a caminar por detrás del primer bar que se encuentra según se llega de La Raya. Fijándose bien, podemos seguir con la vista lo que debía de ser una pista, pero que estaba completamente tapada por una buena capa de nieve. Tanto es así, que al clavar el bastón para hacer apoyo, este se hunde hasta la empuñadura.


Seguimos las trazas de la pista ascendiendo cómodamente, pisando el blanco manto caído hace unas horas, durante la noche. Se camina bien, en algunos lugares nos hundimos más de lo normal, pero no hay mayores problemas. Delante nuestro adivinamos la silueta del San Justo, casi cubierto por la niebla.


Después de atravesar el arroyo Pinzón, alcanzamos el valle del Pinzón y vamos siguiendo las estacas de un PR, que se encuentran casi tapada por la nieve. A nuestra derecha, un reguero nos separa de la mole del San Justo, cuya cumbre no vemos. Estamos en el camino de la Collada del Pinzón, pero antes de alcanzarla, lo abandonamos para comenzar a subir por la, en muchos puntos, helada ladera del San Justo.


Vamos buscando los mejores pasos evitando el hielo y ayudándonos por las fallas del terreno. De otro modo, la ascensión se hace muy dura. El día comienza a cambiar y un fuerte viento de costado, acompañado por la nieve nos azota, haciéndonos perder el equilibrio en algunos momentos.


Ya casi no vemos a los que van algo más adelantados, a causa de la niebla y la ventisca. Las condiciones van empeorando poco a poco y el frío nos atenaza. La ascensión se hace más y más dura.


Con estas condiciones los ánimos van decayendo y se comienza a pensar en la retirada. La cosa parece que va a peor y al fin, el grupo más retrasado decidimos abandonar la subida y regresar sobre nuestros pasos. Carrete sigue subiendo para avisar a los de arriba y el resto comenzamos a bajar, tratando de seguir por la misma huella de la subida, pero prácticamente ha desaparecido por la ventisca.


Entre la niebla y la ventisca las condiciones visuales son malas, y más para mi que se me tapan los cristales de las gafas con la nieve. Medio a trompicones y buscando los mejores pasos vamos descendiendo hacia el valle, evitando las placas de hielo que van apareciendo en nuestro camino.


Por fin alcanzamos el valle y vemos una de las estacas del PR. Estamos en el buen camino. Tratando de seguir por el mismo camino por el que hacía poco habíamos llegado, vamos recorriendo metros en busca de las huellas de subida, pero es muy difícil verlas. Prácticamente fueron borradas por el aire. Mejora un poco la visibilidad y podemos seguir las estacas de PR ya sin problemas. Así alcanzamos una pequeña loma y debajo, vemos los tejados de Isoba. Un poco más allá el camino de subida es distingue perfectamente. Una vez en Isoba, como es muy temprano y tenemos que esperar por los que siguieron subiendo, cogemos la carretera con dirección León y nos acercamos al Lago de Isoba.


Gracias al indicador y a haber estado en otras ocasiones en el lugar, podemos distinguir donde debía de estar el lago, pues este se encuentra completamente cubierto por el hielo y la nieve y solamente se ve una llanura blanca. Nos hacemos unas fotos y regresamos por donde habíamos venido, al encuentro del resto de la expedición.

Un segundo grupo abandonó también la ascensión después de llegar al collado que se forma a 1734 metros, al oeste del pico. Parece que aún se recuerda lo ocurrido en Maravio. Nos contaron que las condiciones empeoraban según iban ganando altura y decidieron bajar.


El resto, ocho aguerridos montañeros, continuaron en su empeño y lograron hacer cumbre, un poco gracias a la leve mejoría que tuvieron. Hicieron cumbre y tomaron las de Villadiego, pues la cosa no estaba para más florituras.


Damos por cubierta esta ruta que parecía que se nos negaba y ya estamos pensando en la próxima: El camín Real del Sellón. Una bonita ruta entre Caso y Piloña, sin muchas dificultades aunque un poco larga. Cambiamos el desnivel por la longitud. La ruta que queremos realizar es:


Collada de Arniciu (916 m) – Collada La Muezca (1.088 m) – Altu la Biseca (1.160 m) – Collado La Parada (1.111 m) – Negros de Colladiella (1.156 m) – La Colladiella (1.104 m) – Negros de Faceu (1.222 m) – Pico Faceu (1.228 m) – El Forcau (947 m) – Cerro Braña o Cuguruta (975 m) – El Sellón – Collada Llamosa (805 m) – Pico La Ceniza (889 m) – Muezca Blanca (831 m) – Cantu Les Cadenes (847 m) – La Venta Viñero (438 m) – San Vicente (370 m) – Lozana (335 m) – Otero (335 m) – Santianes (274 m) – Infiesto (176 m)


El que esté dispuesto a realizar este camino con historia, que me llame lo antes posible. Luego puede ser tarde.


Desde hoy tenéis en la página del blog, RELATOS DE MONTAÑA, un escrito que encontré por internet sobre esta ruta. Así sabréis por donde os vais a mover el próximo sábado.


También están ya publicados los relatos correspondientes a las rutas del próximo mes de abril, en la página NUESTRAS PRÓXIMAS RUTAS.


Pues nada más por hoy. Quedo a la espera de vuestras llamadas.

lunes, marzo 23, 2009

¿FRUSTRACIÓN?

Es posible que eso sea lo que teníamos al final de la ruta del pasado sábado día 21: frustración de no haber hecho cumbre.


Pero hay un dicho en la montaña que asevera que lo más importante es saber renunciar. Y eso es lo que hicimos. No abandonamos, lo dejamos para mejor ocasión.


Es cierto que el tiempo era inmejorable y que la ocasión parecía única, sobre todo después del abandono del pasado año a causa de la lluvia y la nieve. Pero en este caso fueron otros los imponderables que nos obligaron a tomar esa decisión. Pero vayamos por partes.


La mañana despertó húmeda. Un fino orvallo nos acompañó durante los primeros kilómetros, pero pronto desistió y el sol se adueño del cielo azul. A lo lejos pudimos contemplar la preciosa silueta del Cornión cubierto de azúcar glasé, al decir de alguno. El día prometía.


El autocar nos dejó en el medio del pueblo de La Hermida, repleto de coches debido al puente de San José, del que gozaron algunas de las autonomías colindantes. Caminando unos metros por la carretera, hacia Panes, casi al final del pueblo, un camino hormigonado que sube a una casa, es nuestro punto de partida. Luego de la casa el hormigón desaparece y un buen camino que pronto se cubre de piedra, comienza a ascender en dura pendiente, marcando apretadas curvas. Un bosquecillo de avellanos, alisos y zarzas nos acompaña por la Canal de Osina, proporcionándonos una agradable sombra, que agradecemos, pues la subida es dura y el sol ya comienza a apretar.


En una de las revueltas nos aproximamos a la peña y podemos contemplar el agujero que forma el Joraco de Tresorao. Por encima de este, el Cueto de Trecerreu y más arriba, las empinadas paredes del Cueto Dave.


En otra curva nos topamos con la lisa pared de la roca en la que vemos los restos de una especie de estalactita. Caminamos un tiempo junto a la muralla que se desprende del Cueto Dave. El camino enconchado se convierte por unos momentos en pedrera, pero pronto volvemos al característico piso de los caminos que conocemos como romanos. Lisas piedras asentadas unas junto a otras que van formando una buena calzada.


Más arriba el camino se bifurca. Nosotros seguimos de frente en fuerte subida, siguiendo unos jitos y dejando el de la izquierda que se dirige a una cabaña en ruinas. Estamos en El Fresno. El camino se convierte en sendero ancho y recibe por la izquierda otro que viene de la cabaña anterior. Sobre nosotros y a la izquierda, comenzamos a ver algunas cabañas al tiempo que la vegetación disminuye y el espacio comienza a abrirse.


Unas cuantas revueltas más y al fin desembocamos en una bonita campera: La Collada de Osina, enmarcada por la derecha por la imponente mole del Cuetu Dave. Frente a nosotros, al otro lado del valle por el que discurre el Río Urdón, la cántabra aldea de Tresviso parece colgada de la ladera de la montaña. Poco antes, el zigzagueante camino por el Balcón de Pilatos, casi único nexo de unión con Cantabria, ya que la carretera que le da acceso rodado, pertenece y circula por Asturias. Por la izquierda las nevadas cumbres de La Samelar y el Mancondiu, nos recuerdan otras rutas realizadas.


Descanso, foto y agrupamiento en la Collada de Osina, antes de atacar las pedreras que se descuelgan del Cuetu Dave. No lo comenté antes, pero no está de más hacerlo ahora. Para esta excursión hemos batido el record de participación. Treinta y seis aguerridos montañeros formamos la expedición. De ellos, 23 nos preparamos para atacar nuestro objetivo. ¿Qué porqué hago esta mención matemática? Más adelante lo comprobaremos.


Tras el descanso y después de dejar las mochilas a buen recaudo para que las ovejas no se entretuviesen en revolverlas, iniciamos decididos, pero sin demasiadas referencias, la subida al Cuetu Dave. Puedo decir que la subida se realiza por un senderillo que primero parte de la pradera, junto a unos árboles a la izquierda, para pronto volver a la derecha subiendo a un pequeño bosquecillo que se ve sobre nuestras cabezas. Debemos ascender hasta alcanzar la pared y es entonces cuando se debe seguir a la izquierda hacia un hombro que se desgaja de la peña. Así lo hicieron nuestros serpas pero al llegar allí comprobaron que no había posibilidad de seguir subiendo. Una cortada lo impedía. Entonces decidimos seguir un sendero de las cabras, que continuaba ascendiendo hacia un circo en el que decidimos esperar una nueva investigación de la avanzadilla.


Hasta este punto, la subida se hace lenta, ya que la ladera es bastante vertical y los pasos no son firmes. Un piso de gravilla suelta y piedra, que no da seguridad. Además hay que tener cuidado con los agarres, pues las piedras en muchas ocasiones se nos quedaban en las manos.


Tras las pesquisas realizadas por nuestras tropas más avanzadas, comprendimos que tampoco era este el camino del Sendero Bermejo. Había posibilidades de acceder a la cresta con una más o menos fácil, pero expuesta trepada, pero decidimos dejarlo. En el descenso se volvió a comprobar el primer lugar de nuestras pesquisas, el hombro y si que, tras un delicado descenso de unos cuatro metros por un canalizo, nuestro serpa alcanzó el Sendero Bermejo. Un estrecho pasillo pegado a la pared por la derecha y con caída libre por la izquierda. Al final del sendero, se abre una playa de maleza de la que parte una canal por la que se accede a una horcada en la que más tarde vimos un pequeño árbol. Ese es el paso hacia la cara norte del pico, donde se contacta con la subida que viene de Urdón y por la que ya más cómodamente se alcanza la cumbre del Cuetu Dave.


Pero para nosotros ya se había hecho un poco tarde para intentarlo. La hora no era la más propicia y tras la descripción del camino comprendimos que éramos demasiados para intentarlo en esta ocasión. Por eso, de común acuerdo, decidimos abortar la subida y dejarla para otro día, ya con más datos de por donde debemos acometerla.


En el descenso no podíamos despistarnos. Ya dije que el terreno no era bueno para caminar y éramos muchos, lo que propiciaba la posible caída de piedras. Por eso, lentamente, fuimos descendiendo evitando soltar nada sobre los que nos precedían. Alcanzada la collada, un sentimiento de fracaso se quiso apoderar de nosotros. Pero poco a poco fuimos comprendiendo que la montaña seguiría en su sitio y nos daría más oportunidades para lograr su conquista.


El resto de la ruta es coser y cantar. Atravesamos la pradera a ganar la cresta de la Sierra de Beges, que es el serrote que sale de la collada con dirección suroeste y está cubierta de árboles. Desde la mencionada cresta parte un sendero que se pierde en algunos momentos. Alcanzamos una primera cabaña y siguiendo el cordal, pasaremos junto a unas cuantas más. El camino se sigue fácilmente y casi no hay pérdida si no abandonamos la cresta hasta llegar al Collado de Hoja, un importante nudo de comunicación de esta zona. Aquí alcanzamos un cruce de pistas en el que la que sigue ascendiendo hacia el suroeste se dirige a Andara y la que desciende al este baja a Beges, cuyos tejados podemos ver a nuestros pies.


Al poco de empezar a bajar por la pista la abandonamos para descender más rápidamente por un sendero al borde de los prados. El sendero se encuentra casi tapado más abajo, lo que nos obliga a salir a la pradera para poder llegar a Beges.


En Beges nos dijeron que el camino de la Canal de Pebe estaba muy cerrado y que no podríamos bajar por ella, con lo que dada la hora que era y los malos informes del camino, nos decidimos a bajar por la pista-carretera, contemplando el profundo cañón que forma el Río Corvera. Entre tanto, hubo un pequeño grupo que descendió por la Canal de Pebe y que posteriormente nos comento que si que era practicable, aunque en algunos puntos se encontraba perdido el camino. Por fin alcanzamos nuevamente la carretera en la Hermida, donde pusimos el punto y final a la ruta de la Canal de Osina.


Para el próximo sábado día 28, último del mes de marzo, tenemos ruta por San Isidro. Haremos la ruta del Pico San Justo, que nos vimos obligados a cambiar a causa de las fuertes nevadas que se dieron en la primer semana del mes. Como digo, haremos el Pico San Justo desde Isoba y el itinerario no puede ser más sencillo:


Isoba (1.370 m) – Pico San Justo (1.956 m) – Isoba (1.370 m)


Dependiendo de las condiciones climáticas y una vez situados en la zona, trataremos de alargar un poco la ruta, bien buscando paso hacia el Lago Isoba, o bien bajando al Collado Pinzón en busca del camino que rodeando el Pico Pinzón por el norte, nos devuelve a Isoba tras pasar por Las Hazas


Los que estén dispuestos a realizar el paseo que menciono más arriba, que me llamen a los teléfonos de costumbre. Queda abierto el plazo de inscripción. Espero vuestras llamadas.

lunes, marzo 16, 2009

¡¡¡Y TODO QUEDÓ EN UN SUSTO!!!

En esta ocasión no hay relato de ruta, ya que a la que el grupo realizó el pasado sábado día 14, no pude asistir y por tanto no puedo hacer una crónica de algo que no hice.


Por ello, desde estas líneas, apelo a la amabilidad de alguno de los que participaron en la ruta, para que nos cuente todo, y digo ¡todo!, lo que pasó ese día, que fue más de lo que parece.


Simplemente y para dar hilo a lo que a continuación escribiré, os comento lo que me contaron. La ruta propuesta por Maravio, ascendiendo a las Peñas Sala y Gradura para bajar posteriormente a Las Ventas por Fabar, no tiene ninguna complicación desde el punto de vista montañero y además es una ruta conocida por un buen número de participantes en la misma. El tiempo fue bueno, por lo que desde Gradura casi se ve toda la bajada. El caso es que por un despiste, uno de los componentes del grupo se metió sin darse cuente ni él ni nadie, en el Valle Cerezales, que desciende vertiginosamente a la carretera de Teverga, a la altura de los túneles previos a Entrago. En un momento determinado, no pudiendo seguir con el descenso por las circunstancias que fuesen y encontrándose también sin posibilidades de dar marcha atrás, comenzó a pedir ayuda a las gentes que pasaban por abajo, por la Senda del Oso, con la buena fortuna de que una pareja que transitaba por allí le oyó y dio aviso a la Guardia Civil para que preparasen el rescate. Se avisó al 112 y un helicóptero se desplazó a la zona y en un alarde de manejo de la máquina y valentía del piloto, consiguió depositar a dos aguerridos rescatadores que ayudaron el montañero a subir al helicóptero, dando fin así, a un accidente que quedó en potencialmente grave, ya que no se produjeron heridos de ninguna clase.


Hasta aquí el relato somero de lo que pudo ser una desgracia y que quedó afortunadamente en un susto.


Y yo me pregunto: ¿Hemos aprendido algo? ¿Sacaremos algunas conclusiones positivas de este percance? Me gustaría responder que si, pero tengo muchas dudas. Las cosas se olvidan fácilmente. Quizá durante unos días, pero no más, nos acordaremos de este asunto, pasándolo posteriormente a esa memoria interna que tenemos y que pocas veces utilizamos.


En este episodio se cometieron varias imprudencias que son muy normales en los grupos de montaña y que deberían desterrarse para evitar precisamente lo que aquí ocurrió


Nunca, bajo ningún motivo, se puede dejar a nadie atrás y siempre debe haber alguien pendiente de quienes por cualquier circunstancia se retrasan o se tienen que apartar del camino para realizar alguna necesidad perentoria.

Tampoco nadie debe salir de la ruta que sigue el grupo sin avisar de que lo va a hacer, para que, bien todo el grupo, o bien una parte de este le espere. Nunca hay que seguir caminos que no se conocen y siempre hay que estar dispuesto a dar la vuelta antes de que el problema sea inevitable.


¿Os dais cuenta de mi obsesión por llevar al grupo lo más agrupado posible? ¿Comprendéis ahora porque me desespero cuando la mayoría escapa corriendo? ¿Os dais cuenta de la necesidad de hacer paradas intermedias para agruparse? ¿Comprendéis que no se finaliza una ruta hasta que todos llegan al autocar?


Podría seguir haciendo preguntas pero no creo que sea necesario. En el fondo todos conocemos las respuestas pero no las aplicamos y eso es lo que nos pierde. No hay peor cosa que la confianza. ¿Os dais cuenta que este problema se produce en una ruta sencilla y conocida por la mayoría? Eso es por la confianza y es esa confianza la que nos da los mayores disgustos. Nunca hay que despreciar al enemigo por ser pequeño. Muchas veces desconocemos sus armas ocultas.


Un despiste en un momento determinado lo puede tener cualquiera y cuando se quiere dar cuenta es tarde para enmendarlo. Por eso es importante no quedar nunca solo y si por alguna circunstancia esto ocurre, hay que hacérselo saber al resto del grupo. De ahí la importancia de llevar un teléfono móvil, o un simple silbato con el que alertar a los que van delante, de que alguien tiene algún problema.


Pero lo más importante es que el grupo esté cohesionado y que alguien esté pendiente de donde se encuentran todos. Y esta última no es una labor de unos pocos, es de todo el grupo.


No pretendo daros una lección de moralina y si así lo veis lo siento. Lo que quiero es que comprendáis que estas cosas ocurren y que debemos evitarlas por todos los medios y la respuesta es muy simple: Salimos en grupo y tenemos la obligación de llegar en grupo.


Quiero desde estas líneas dar las gracias a los miembros del 112 que participaron en el arriesgado rescate, felicitándolos al mismo tiempo, por la magnífica maniobra realizada, para que el helicóptero pudiese dejar a los rescatadores y recogerlos posteriormente. Muchas gracias.


Para el próximo sábado tenemos una ruta que nos quedó pendiente el año pasado por culpa de la nieve. Nos vamos a Cantabria con la intención de subir al Cueto Dave por la Canal de Osina. La Ruta que queremos hacer es:


La Hermida (110 m) – El Fresno (450 m) – Collado de Osina (556 m) – Sendero Bermejo (685 m) – Cueto Dave (828 m) – Collado de Osina (556 m) – Sierra de Bejes (850 m) – Collado de Hojas (822 m) – Bejes (590 m) – Barrio de Quintana (550 m) – Collado de Pebe (699 m) – El Castillo (430 m) – Los Mollares (290 m) – La Hermida 110 m)


Por todo lo acaecido enla ruta anterior, poara esta ruta no tengo a nadie apuntado de los participantes en la ruta anterior, con lo que aquellos que quieran ir al Cuetu Dave, tienen que llamarme o bien apuntarse por correo electrónico, jafpa51@gmail.com.


Espero vuestras noticias.

martes, marzo 10, 2009

¡QUE BLANCA ESTABA LA PEÑA BLANCA!

A causa de las últimas nevadas caídas sobre las cumbres de nuestra cordillera, tuvimos que sustituir la ruta programada para el sábado día 7 al Puerto de San Isidro, para hacer el Pico San Justo, por la imposibilidad de acceder por carretera hasta Isoba. Por ello, preparamos la ruta que teníamos para el día 28 por tierras de Caso, para ascender a Peña Blanca.

El autocar nos llevó hasta el punto de partida, un puente a la izquierda de la carretera que une Covalles con Caleao, unos 800 metros después de pasar el puente sobre el inicio del embalse de Tanes. Nada más pasar el puente, dejamos la pista que sale a la derecha para seguir por la de la izquierda que rápidamente gira en ascenso a la derecha, junto a una riega, que debido a la gran cantidad de agua que transportaba, nos obligó a buscar un paso por el lateral, ya que la pista se encontraba totalmente inundada.

El camino, con bastante barro, asciende vertiginosamente permitiéndonos ver entre el ramaje, la importante altura que en pocos metros ya teníamos sobre el punto de partida. Poco a poco nos vamos introduciendo en el bosque del monte de Coto Covalles y al volver la vista atrás, contemplamos algunas de las casas del pueblo que le da la titularidad, Covalles.

Un nuevo cruce de caminos y seguimos a la derecha nuevamente, encontrándonos al poco la primera cabaña a nuestra izquierda. Desde aquí en adelante iremos encontrando cabañas de mayor o menos porte a lo largo de todo el camino, unas veces a la derecha y otras a nuestra izquierda. Algunos sendero y hasta caminos parte del nuestro, pero debemos dejarlos todos y seguir ascendiendo siempre. El camino se empina cada vez más dando vueltas y revueltas. A nuestra derecha tenemos la riega de Cuevas con abundante caudal de agua y nosotros ya pisamos nieve en abundancia. El camino discurre tal como se narra en el relato que publicamos en la página NUESTRAS PROXIMAS RUTAS de este mismo blog.

Alcanzamos una torrentera por donde primero debía seguir el camino y en medio de ella, observamos una empalizada. Cruzamos la torrentera y seguimos subiendo por los prados hasta encontrar nuevamente el camino por encima de la empalizada. Nos costó un poco encontrarlo debido a la nieve y una parte de esta ascensión, la realizamos campo a través, hasta que la pista, que va por la izquierda del arroyo, se hizo más evidente. Así llegamos al Collau La Bandera, una isla, el sábado blanca, entre la arboleda.

La niebla no nos permitía ninguna contemplación a lo lejos y solo el camino a seguir a la izquierda de nuestra entrada en la collada, introduciéndonos nuevamente en un precioso fayeu, eso si, muy empinado. Algunos jitos nos marcaban el camino a seguir y alcanzando una tras otra las sucesivas terrazas, llegamos por fin a la cresta de la sierra. Aquí giramos a la izquierda. La niebla nos echó una mano, pues tapaba a nuestros ojos la profundidad de los abismos que teníamos a uno y otro lado. Grandes rocas se nos presentaban cual fantasmas obligándonos a vadearlas por la empinada ladera de nuestra derecha. De esta forma y tras cruzar una cresta herbosa y un nuevo paseo por la ladera nevada, retornamos por un momento al bosque de nuestra izquierda para alcanzar un colladito desde el que por fin ganamos la cumbre de la Peña Blanca.

Por todas partes nos rodeaban abismos infranqueables en las condiciones que teníamos. Mucha nieve y una inclinación muy importante. Además, la niebla impedía que pudiésemos contemplar lo que había más abajo. Con todos estos inconvenientes, decidimos retornar por el mismo camino por el que habíamos venido. Así que, tras cubrir la tarjeta de cimbres y hacernos la foto de rigor, emprendimos el descenso siguiendo las huellas de nuestros propios pasos.

Ni que decir tiene que el descenso fue un poco más delicado que la subida. La nieve y la resbaladiza hierba que se escondía debajo, hizo que más de uno diera con sus posaderas sobre el blanco manto. Pero poco a poco fuimos ganando cada uno de los puntos por los que habíamos pasado unas horas antes y alcanzamos la collada La Bandera donde hicimos un pequeño alto. Lo que nos restaba ya era camino muy definido y si que teníamos el engorroso barro de la última parte, donde la nieve desaparecía, pero el resto del descenso fue un poco más rápido.

Poco antes de llegar al puente aprovechamos le abundante agua de la torrentera que ocupaba el camino para limpiar botas y polines y presentarnos así un poco más pulcros para subir al autocar. Un poco de espera en el puente, ya que el autocar se encontraba en La Encruceyá y fin de la ruta.
Para el próximo sábado día 14, la ruta se desarrolla por nuestra zona. Los Puertos de Maravio serán el escenario de nuestras próximas correrías. Además, parece ser que con buen tiempo. La ruta propuesta es:

Ermita de Santa Ana (1.000 m) – Cantu Padiella (1.090 m) – Peña Sala (1.226 m) – Collada la Mucherina (1.057 m) – Peña Gradura (1.159 m) – Lago de Vega Castro (1.012 m) – Cogollo (700 m) – Fabar (500 m) – Las Ventas (240 m)

Ese día comienzan unas jornadas gastronómicas en Teverga, lugar al que se baja a comer. Por ello, aquellos que quieran hacer la ruta y disfrutar de un menú a base de fabes con jabalí, caldereta de cabritu y un buen postre de avellana, que se acuerden de decírmelo a la hora de apuntarse. También os tengo que decir que a esta ruta no puedo asistir y que el plazo para apuntarse a mi teléfono (985 78 51 10) finaliza el jueves. Los que se quieran apuntar el viernes, si quedan plazas, deberán hacerlo a los teléfonos de Lito (985 78 67 75 y 669 18 95 69)

No lo dejéis para última hora que os podéis quedar sin plaza.

lunes, marzo 02, 2009

POR EL PROFUNDU HACIA PEÑA CABRERA

Definitivamente, es preferible caminar por los desolados vericuetos de Picos antes que por las carreteritas y pistas del estilo a la que hicimos el pasado sábado. Una ruta sencilla sobre el papel, pero complicada en la práctica. En esta ruta se unen por algún tiempo dos PR: el 51, el nuestro, de la Peña Cabrera y el 173 de los Molinos del Profundu. De aquí que sea un poco complicado el inicio y con muchas posibilidades de confusión.

Comenzamos a caminar en el aparcamiento de Villaviciosa, poniendo rumbo a Amandi por la carretera que sale hacia Santa Olaya de Cabranes. Enseguida comenzamos a ver la grande y preciosa iglesia románica de San Juan de Amandi a cuyo lado pasamos para poder contemplarla con más detalle.

Seguimos por una carreterita que sale a la derecha de la iglesia y que entre casas solariegas va ascendiendo un poco, pasando por Lugarín y Los Campos. Algunas marcas del PR, rayas amarilla y blanca, nos indican el buen camino.

Sin abandonar la carretera, llegamos a una bifurcación con un indicador que nos direcciona a la derecha hacia Vitienes o Bitienes, de las dos formas lo veremos escrito. Siguiendo las indicaciones del PR cogeremos un camino que se dirige a una finca, pero antes de llegar a ella, debemos bajar a la derecha por un sendero muy cerrado, que más parece una riega que un camino. La acción del vendaval que nos visitó recientemente, la veremos a lo largo de buena parte del camino, con los numerosos árboles arrancados y partidos. Por este camino, que un poco más abajo mejora, alcanzamos por fin el Río de la Ría, como lo nombra el topográfico, que más adelante será el Río del Profundu. Aquí podemos contemplar los restos del Molín de Griselda.

Llegamos a una amplia bifurcación de caminos con carteles indicadores. A la derecha el camino se dirige a Valbucar, inicio del PR de Los Molinos de Profundu y a la izquierda, nuestra dirección, se dirige a Buslaz, pasando por el Caserío de La Vega, fácilmente reconocible, además de por el letrero que hay en la casa, por los dos perros que no cesarán de ladrarnos hasta que nos alejemos del lugar. El camino, ancho y embarrado, transcurre paralelo al río por su margen derecho, el río a nuestra derecha, cuando no por encima suyo. Hay que tener precaución con la temporada, pues en caso de lluvias abundantes, seguramente que en más de un lugar será difícil pasar, pues debido al abandono de este camino, los márgenes del río perdieron sus defensas y este encuentra mejor paso por la pista.

Si nos fijamos, podremos contemplar los restos de algunos molinos con el indicador de su nombre. Hay que prestar atención, pues la maleza casi tapa las cuatro piedras que aún se conservan de pie. El camino nos transporta de nuevo a la carretera que habíamos abandonado en Vitienes y por ella alcanzamos la buena finca o caserío de Villaverde a nuestra izquierda.

Aquí se debe dilucidar el camino a tomar. Si nos fijamos bien, más o menos a la altura de la finca y a nuestra derecha, veremos un pequeño puente de madera. Si lo cruzamos, un sendero en el que iremos encontrando algunas marcas, nos introduce en un bosque del que saldremos a la carretera de Lugás, justo al enlace entre la que sube al monasterio de Santa Maria y el que se dirige al pueblo. El camino no está muy bien conservado, pero cuando yo lo realicé se podía seguir sin mayores problemas. Hay al final, una dura subida por un sendero terroso que posiblemente sea lo peor de este recorrido. Es algo más corto que el que a continuación describiré.

Nosotros optamos por cruzar el río después de pasar el caserío y tras atravesar una portilla que da acceso aun prado por el que se llega a un puente de hormigón. Por el otro lado, un buen sendero se adentra junto al río en una cerrada y bonita foz. El sendero está señalizado y en algunos lugares tiene barandillas de madera y hasta escaleras para vencer los desniveles. También hay algunos árboles caídos que interrumpen el paso. Es muy entretenido y bonito pese a la suciedad del río, que da la sensación se emplea como desagüe de los pueblos y fincas colindantes. En sus márgenes seguimos contemplando algunos molinos como el del Profundu, Trabanco o el Pitu. Precisamente a la altura de este último debemos hacer un cambio de dirección. En este punto tenemos varios indicadores y uno de ellos nos llevó a error, pues dirige el PR 51 por detrás de él, izquierda hacia arriba, donde precisamente hay un sendero que nosotros cogimos, pero que tras una larga ascensión por buen terreno, nos lleva al barrio de Callao del pueblo de Coro, desde donde podemos contemplar al otro lado, derecha, la Peña Cabrera. Allí nos sacaron de nuestro error indicándonos que lo que teníamos que hacer era cruzar el río hacia el molino del Pitu y pasando tras de él, cruzar una pequeña riega que da acceso a un prado y por la izquierda buscar un camino que se empina para subir al cercano pueblo de Lugás, concretamente al barrio de Arrabal.

Ya en Lugás, debemos buscar las indicaciones que por la derecha del pueblo nos van subiendo entre las remozadas casas, hasta llegar a una pista maderera que suele tener bastante barro. Por ella y ya casi sin pérdida si seguimos las indicaciones del PR, iremos ganando altura entre ocalitos y algunos robles. Pasamos junto a la casa del Veyu, que nos queda un poco por debajo de nuestro camino a la derecha y llegaremos a una zona que estaba recién levantada y talada. El camino describe una amplia curva a la derecha y se produce una bifurcación de tres pistas. Debemos abandonar la que sigue de frente para seguir por la izquierda y dejando otra que sale en ascenso a la derecha. Veremos las marcas primero en un árbol y un poco más allá en una piedra en el suelo. La pista desciende un poco para volver a ascender más adelante y ya enseguida alcanzaremos la carretera que sube desde Viñón y Niao, al Área Recreativa de Peña Cabrera.

Desde los miradores del norte del área podremos contemplar toda la rasa costera de Villaviciosa con las abigarradas casas de la villa y buena parte de nuestro recorrido. Mientras por el sureste, si el tiempo lo permite, tendremos unas bonitas vistas de Picos, cosa que no ocurrió en esta ocasión, ya que la espesa bruma nos privó de gozar de las buenas vistas.

Tras un merecido descanso, reemprendimos la marcha siguiendo los indicadores del PR, para dirigirnos hacia el este, sobre el pueblo de Niao, por un marcado sendero que pasa bajo la redondeada loma de la Peña Cabrera en la que hay un vértice geodésico. Alcanzamos la pequeña cumbre para dejar la tarjeta y hacernos las fotos y continuar luego camino en la misma dirección, siguiendo los indicadores. Bordeamos por la izquierda el bosque de Cotobellera.

La pista, en muy buen estado, pasa por Brisandi y entre prados y bosques comienza a descender por el caserío de Argamia y Sendín, hasta finalizar en las calles de la capital de Cabranes, Santa Olaya. Junto a la magnífica iglesia y no menos magnífico restaurante sidrería La Lonja, donde nos atendieron estupendamente.

Para el día 7 de marzo tenemos ruta por San Isidro. Veremos que es lo que podemos hacer. Nuestra intención es subir al Pico San Justo desde Isoba, pero las inclemencias del tiempo y el estado de la nieve serán quienes digan la última palabra. La descripción de la ruta no puede ser más sencilla:

Isoba (1.370 m) – Collado Pinzón (1.525 m) – Pico San Justo (1.956 m) – Isoba (1.370 m)

Si el tiempo acompaña, podremos disfrutar de un agradable día en la nieve y si no es así, disfrutaremos de la compañía de los miembros del grupo, que tampoco es mala cosa.

Espero vuestras llamadas.

Por cierto, que ya están publicadas las descripciones de las rutas que tenemos para este mes de marzo. Las podréis consultar en el apartado NUESTRAS PRÓXIMAS RUTAS.

lunes, febrero 23, 2009

CONTEMPLANDO EL CORNION

Gracias a la persistencia del anticiclón, los augurios meteorológicos para el día 21 eran halagüeños y por la pinta que tenía el amanecer parecía que se presentaba un buen día de montaña. Y así fue.

Variamos un poco la ruta a causa de que el autocar de 55 plazas no puede entrar en Aballe y por eso iniciamos la ruta en Caño, cruzando el río por el puente sobre el que transita la carreterita que se dirige, al igual que nosotros a Andrín.

Unos buenos repechos que nos sirvieron para ir abriendo boca, pensando en lo que nos esperaba. Gracias a la carretera y a que la temperatura era agradable, cubrimos el desnivel hasta Andrín sin mayores problemas y casi sin sudar. Andrín es un pequeño y coqueto pueblo de amables moradores y con unas vistas de ensueño. Pronto, entre la niebla que trataba de disiparse, iban apareciendo las recortadas siluetas del Carria, Pierzu, Cantu Cabroneru y Beza y por fin, como haciéndose de rogar, la inconfundible silueta de la Torre de Santa Maria con las Cebolledas.

Abandonamos Andrín donde finaliza la carretera, y seguimos por una pista que sigue ascendiendo entre prados y pequeños bosques, dejando algunas cabañas a ambos lados. Pasamos junto a los restos de una cabaña de piedra donde una amable mujer del pueblo nos había dicho que deberíamos seguir en ascenso, pero no nos dimos cuenta y continuamos por un sendero en la misma dirección que llevábamos. Más tarde nos dimos cuenta que teníamos que haber seguido otro sendero casi perdido, que ascendía junto a la cabaña a nuestra derecha. Pero el caso es que seguimos de frente hasta la altura de un collado, Camperina de Coroña, que dejamos a nuestra izquierda. Aquí el sendero casi desaparece y optamos por ascender por la dura ladera de nuestra derecha, sin camino definido entre las gorbizas.

La ascensión se hace penosa a pesar de que un sendero del ganado nos va guiando casi hasta la cumbre, desde la que contemplamos, abajo, en la otra vertiente, el lugar por el que debíamos haber pasado, el Collau les Espines. Pero lo que si teníamos claro es que nuestro próximo objetivo se encontraba ya cerca. A nuestra izquierda, sur, teníamos el Pico Caxigu al que accedimos traspasando la cuerda que nos unía a él.

Desde esta atalaya la vista se abre y aparecen el Tiatordos, Maciedome y la Llambria. Y al este, medio cubierto por la bruma y la mala situación de la luz del sol, el pastel de merengue que hoy es el Cornión. Bajo nosotros, al sur, La Fresneda y un buen número de apretados retales verdes con su cabaña correspondiente. Por el oeste, al otro lado de una profunda y bonita vallada, el cordal por el que pasaríamos unas horas más tarde, en el que reconocíamos el Pico Cormelón al sur, seguido de la Cruz de Fanu y más a la derecha el Cogolla. Un bonito paisaje que nos acompañaría durante toda la ruta.

Tras las consabidas fotos y luego de dejar la tarjeta de cumbres, continuamos camino descendiendo un poco hacia el Jorcau Caxigos dejando el Cantu la Muezca y el Cantu de Dobros a nuestra izquierda. No se si hubiese sido mejor seguir por la cumbrera de estos dos cantos, ya que la ladera por la que transitamos era sumamente inclinada, lo que nos obligó a caminar con muchas precauciones, haciendo más lenta la marcha.

El caso es que alcanzamos el Collado Tebrandi, al decir de los lugareños o Trebandi, como lo nombra el Mapa Topográfico Nacional. Un marcado sendero por la ladera norte del Cerro Espino y por la sur del Canto Tebrandi, nos permite llegar al Collado Cormelon sin necesidad de ascender a ninguna de las dos tachuelas mencionadas, cosa que algunos del grupo si que hicieron.

Desde la collada Cormelon en corta ascensión ganamos el pico del mismo nombre. Las vista son casi las misma que las del Caxigo, pero la luz del sol está mejor colocada para poder apreciar la majestuosa figura del Cornión y del Central, completamente blancos por la nieve. Más cerca de nosotros y al otro lado del valle, vemos nuestro recorrido hasta el momento, con el Caxigu bien identificado. Hacia el norte vemos en primer término el Pico la Cruz de Fanu con un sendero por su ladera oeste, por el que se puede acceder a la Collada Moandi, nuestro próximo objetivo.

Tras hacer las fotos y cubrir las tarjetas, descendemos más o menos por el mismo sitio por el que minutos antes habíamos subido, hasta la collada Cormelone. Luego por el sendero que vimos desde la cumbre, llegamos fácilmente al Collado Moandi, del que desciende un camino a una cabaña situada al oeste del Pico Cogolla, al que nosotros ascendemos por lo que parece un sendero del ganado. El pico tiene poca superficie y casi está ocupada por el vértice geodésico. El tiempo de estancia fue el imprescindible para cubrir la tarjeta y comprobar la mejor forma de descender.

Siguiendo con dirección norte, descendemos del pico buscando el mejor paso entre las cotoyas para acceder a un bosquecillo que atravesamos para llegar a la pista que veíamos desde el Cogolla. Solo resta continuar por la pista en descenso. Alcanzamos una especie de collado donde la pista hace una pequeña subida y desde allí contemplamos una vez mas las preciosas vistas del Cornión.

Luego caminamos un rato entre pinos y cuando ya vemos muy cerca la ciudad de Cangas, la pista da un giro a la izquierda después de dejar una bifurcación por la derecha. Intuyendo que ese giro nos aleja mucho de nuestro destino, optamos por cruzar una alambrada y descender por un prado bajo el que nos encontramos con un camino. Lo seguimos a la derecha y pasamos junto a una cabaña para introducirnos en un bosque por el que discurre un sendero que al final termina en una pista. Seguimos por ella y alcanzamos una urbanización de chales desde la que por unas escaleras bajamos justo al Puente Romano de Cangas de Onís. Tras cruzar el puente, nos dirigimos a la estación de autobuses, donde se encuentra nuestro transporte esperándonos, después de siete horas y cuarenta minutos de ruta.

Ruta larga y de cierta dureza, compensado todo por las magníficas vista que tuvimos y la benignidad de clima. Nos apuntamos a que todas las rutas que nos quedan sean tan satisfactorias como esta.