martes, septiembre 30, 2008

RETORNO DE LAS VACACIONES

Como pudisteis comprobar por la ausencia de noticias en el blog, me he tomado unas cortas vacaciones y aunque tenía previsto colgar alguna cosa, no pude hacerlo por falta de conexión a internet.

Pero el tiempo pasa y ya estoy de regreso. Me he informado y parece que las rutas que me perdí, fueron del agrado de la inmensa mayoría de participantes, de lo cual me alegro.

Espero que también os guste la próxima ruta por la Sierra de Peña Mayor. Es una ruta a la que el grupo tenía ganas desde hace algún tiempo y sobremanera, desde que pasamos por la campera de Espines en aquella ruta perteneciente al Camino de Covadonga, que pasamos por ella cubierta por un precioso manto blanco de nieve. La ruta propuesta es:

La Casilla (634 m) - La Vauga (850 m) - Campa Gües (850 m) - Peña Mayor (1.144 m) - Peña Ortigal (1.092 m) - Pico Texu (1.253 m) - Pico de Tremes (1.271 m) - Collado LLagos (1.229 m) - Pico Triguero (1.293 m) - Ferrera (550 m).

Ya estoy esperando vuestras llamadas para apuntaros a esta ruta. Si os descuidáis un poco os quedareis sin plaza.

lunes, septiembre 15, 2008

EL COLLAU ZORRO

Al fin conseguimos poner pie en el Collar zorro sin inclemencias meteorológicas adversas. Era la tercera intentona. En la primera, en la que si que alcanzamos la cumbre, no sabemos en realidad donde estábamos, ya que subimos con una fuerte ventisca, acompañada de nieve como es natural, y una cerrada niebla. En el segundo intento, la climatología era muy similar, aunque no nevaba, pero si que había niebla, y entonces hicimos como alternativa, un paseo por el bosque de Peloño.

Pero en esta ocasión, a pesar de los malos presagios del “hombre del tiempo”, el cielo azul nos acompañó casi durante toda la ruta, permitiéndonos contemplar, con alguna nube lejana, el basto paisaje que esta cumbre enseña.

El autocar, conducido por nuestra entrañable “conduttrice” Puri, nos subió hasta Les Bedules, ahorrándonos una media hora de caminata. Allí tomamos la pista que conduce a Peloño que camina casi en llano hasta la Curva de Pierva, donde abandonamos la pista principal para seguir por otra a la derecha que nos lleva por las laderas de La mota, con algunos duros recuestos y bastante barro, pasando por Biforco donde hay alguna cabaña, hasta alcanzar las verdes y amplias praderas de la majada de Les Llampes, en la que vemos algunas cabañas prácticamente derruidas, entre las que pastan las vacas.

El sendero continua por la parte alta de la pradera y se mete entre el arbolado pasando junto a dos fuentes antes de alcanzar el Collado Caldes a los pies del Recuencu, que venimos viendo durante todo el camino. El Collado Caldes está formado por dos colladas contiguas. Desde la más cercana al Recuencu, derecha, se asciende a este bonito pico que tiene su caída oeste sobre los tejados de Sobrefoz. Los más fuertes del grupo aprovecharon este paso para alcanzar su cumbre.

El resto continuamos por la collada mas al este, izquierda, para alcanzar al poco una nueva collada, Pumerín, esta a los pies del Pico Luengo y desde donde es posible ascender al Pico Zorro, tomando a la derecha de los peñascos del Luengo un pasadizo, no muy recomendable si está mojado, que pasa a la vertiente oeste del pico y por el que se alcanza con facilidad el Collado Les Bárboli por el que se sube al Zorro superando una vertical ladera herbosa.

Nosotros seguimos el marcado camino que por la vertiente de Peloño pasa bajo los derrumbes del Luengo, permitiéndonos contemplar unas estupendas vistas del bosque, así como de Peña Subes, Sen de los Mulos, el Niajo y el Pozalón, amén de la situación de Picos de Europa, en esta ocasión tapados por las nubes. El sendero, muy entretenido, pasa casi en horizontal por la ladera del Pico Luengo, para adentrarse al final en una especie de canalizo que da paso al bonito Valle del Antiguo que desciende desde la ladera este del Zorro a las profundidades del Monte de Peloño, por donde circula la pista que une Collado Granceno con Collada Guaranga y esta a su vez con Arcenorio.

Alcanzado el Valla del Antiguo, podemos seguir buscando el collado que vemos a nuestra derecha y a la izquierda del Pico Zorro, o bien seguir a media altura hasta el fondo de la pradera siguiendo un sendero del ganado que luego tuerce a la izquierda para ascender a un collado en el  que volvemos a girar esta vez a la derecha, para acercarnos a las paredes que descienden del Zorro y por las que vamos ganando altura aprovechando los múltiples senderos que el ganado vacuno van haciendo año tras año, para buscar los mejores pastos. De esta forma alcanzamos la ladera sur del Zorro, desde la que es fácil crestear siguiendo el marcado sendero que nos eleva hasta la cumbre.

La pedregosa cumbre del Collau Zorro está coronada por una cruz con buzón de cumbres y es un estupendo mirador de la montaña de Ponga. Al norte tenemos el cercano Recuencu y todo nuestro recorrido hasta la cumbre. Un poco al oeste, la pétrea figura del Tiatordos, cubierta su cumbre por las nubes, al igual que el Maciedome más a la izquierda y unido a este por los Collados de Pandellanza. Por el Sur las estribaciones del Mampodre se van uniendo, según seguimos girando, con la zona del Ten y Pileñes. Más cercano a nosotros, el camino recorrido hace unos meses cuando fuimos desde la Uña al Sabañón, pasando por el Porrón de Viaño, que veíamos muy cercano. Siguiendo al este, el Pozalón, el Niajo, la cortada del Río Mojizo que lo separa del Sen de los Mulos y de Peña Subes. Por encima de ellos, las estribaciones del Pre-Cornión y del Cornión, hoy totalmente cubierto de nubes.

Después del merecido descanso y de cubrir la tarjeta de cimbres y hacer las fotos pertinentes, iniciamos el descenso por el mismo sitio por el que subimos, para ir bajando por el valle que se forma a la derecha y que se dirige a la Majada de Fana. Alcanzamos primero una colladita que se ve según vamos descendiendo, para dirigirnos a otra de mayores dimensiones y en la que había un buen número de reses pastando al lado de las cabañas. Era Fana.

Aquí comenzaron los problemas. El sendero se introduce en el bosque y pronto lo perdemos. Nosotros salimos de Fana con dirección norte y quizá teníamos que haber buscado un buen camino algo más al noreste ya que el que seguimos, más cercano al borde del serrote que separa el Monte Fana del valle de Ventaniella, por donde discurre la pista que la une con Sobrefoz. Sea como fuere, después de seguir por un tiempo un sendero medio tapado por la maleza, decidimos descender más hacia la riega del Vallizón, atravesando un bonito bosque de fayas, hasta que encontramos una zona más abierta de prados. Atravesando estos desde la portilla superior hasta la inferior, dimos con el sendero que deberíamos haber tomado arriba y por el que seguimos descendiendo tras cruzar el Río Vallizón, hasta entroncar con la Pista de Ventaniella por la que finalizamos el recorrido, al alcanzar el pueblo de Sobrefoz, después de unas seis horas de caminata.

La próxima ruta la tenemos en Redes, partiendo del casín pueblo de Orlé, para alcanzar la cumbre de La Crespa o Peña Los Tornos. La ruta es:

Orlé (660 m) – Ríu del Medio – La Felguera (1.210 m) – Mayada Piedrahita (1.395 m) – Collaos de Boqueriza (1.425 m) – La Crespa (1.553 m) – Foz de Moñacos – Puente El Patín (635 m) – Degoes (535 m) – La Pesanca (410 m) – Riofabar (330 m)

Las inscripciones para esta bonita ruta están abiertas y si te descuidas te puedes quedar sin plaza. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Espero tu llamada.

martes, septiembre 09, 2008

EN EL SANTUARIO DE BALLESTEROS

Nuestro recorrido en esta ocasión, pasa por los intrincados vericuetos por los que se introdujeron, según don Claudio Sánchez Albornoz, los retos del ejército árabe tras la derrota de la batalla de Covadonga, en su huída hacia Cosgaya donde finalmente fueron aniquilados. La canal de Piedra Bellida fue de mucho tiempo, paso de los pastores de la zona para alcanzar las praderías de Amuesa. Nosotros hoy, lo recorrimos en descenso después de llegar a Amuesa por Bulnes, tras ascender la siempre dura Canal de Amuesa.

El día no presagiaba tranquilidad, climatológicamente hablando. Las nubes se adueñaban de las altas cumbres del Central y los pequeños claros que se abrían por el Cornión, no parecían suficientes para tranquilizarnos. De todos modos al llegar a Poncebos, la cosa parecía querer aclarar y nos embarcamos en la aventura propuesta.

Mientras algunos del grupo cruzaban el Puente de Torbanes para subir a Bulnes con el engendro mecánico del funicular, el resto descendimos a orillas del Cares, para cruzarlo por el Puente La Jaya e iniciar el ancestral camino de Las Salidas, que asciende por la Canal de Tejo y que fuera el único nexo de unión de los bulniegos con la civilización, por esta parte de Picos. Enseguida cruzamos por un nuevo puente, el del Jardu, pero en esta ocasión sobre las bravas aguas del Río Bulnes que bajan a unirse al Cares.

Abandonamos el río y comienza la subida por buen camino labrado en la piedra en muchos tramos y armado en otros. Las vueltas y revueltas se suceden casi sin darnos tregua y poco a poco vamos dejando el Río Bulnes en el fondo del valle a muchos metros de distancia. A nuestras espaldas, por la abertura que dejan el Murallón de Amuesa por un lado, y las estribaciones de Peña Maín por el otro, vemos la serpenteante carretera que se retuerce para alcanzar las casas de Camarmeña.

Paso a paso vamos tomando altura y cuando nos queremos dar cuenta arribamos al Puente Colines donde la senda enllana, para bifurcarse siguiendo, sin cruzarlo, hacia Bulnes La Villa y traspasando el puente volver a ascender por un senderillo casi cubierto de maleza, hasta Bulnes El Castillo, barrio de arriba de este renombrado pueblo de Picos.

En El Castillo dejamos la cuidada casa de piedra con una pequeña ventana medieval a nuestra izquierda y continuamos por un buen camino que se dirige sin pérdida a los Llanos del Torno, una especie de pradería prácticamente abandonada y cerrada por la izquierda por el Monte del Acebuco y por la derecha por el Murallón de Amuesa y como única salida la dura pendiente de la Canal de Amuesa que tenemos enfrente. Una buena fuente nos servirá para avituallarnos, pues es la última que encontraremos hasta Pando Culiembro. Hay otra fuente cerca del final de la canal pero suele estar seca. Caminamos por esta zona más o menos llana y nos acercamos al inicio de la canal. Un marcado sendero asciende con múltiples vueltas dejando a la derecha una pedrera y ascendiendo por el centro hasta su parte intermedia, en la que el sendero se acerca a las paredes del Murallón para retornar nuevamente al centro. Si nos giramos contemplaremos el desnivel ganado y en el fondo del bonito valle, los tejados del pueblo de Bulnes. Por encima de este, las verdes praderas de Pandebano y entre ambos, las cabañas de los Invernales de Arnandes.

Tras pasar junto a una fuente seca, enseguida coronamos en el Collado Cima, con la majada de Amuesa a la derecha. A nuestra izquierda se yerguen los Traves y la temible Cuesta del Trave en el camino del refugio de Cabrones. Se impone un merecido descanso esperando por los más rezagados, antes de reemprender la marcha siguiendo un senderillo que recorre las praderas hacia le oeste, en busca del borde de la meseta que se precipita hacia el Cares. Un conjunto de árboles pertenecientes a lo más alto del Monte Acebuco nos marca el camino. Atravesamos esta pequeña mancha boscosa y el panorama comienza a abrirse. Alcanzamos así, lo que dimos en denominar el Santuario de Ballesteros, el Collado Cerredo.

Aquí se acaba la tierra y comienza el abismo. Al otro lado, en el fondo de la terrible cortada, está el Cares sin que lo podamos ver. En la orilla contraria el Cornión con la insigne Peña Santa y las múltiples canales que se rinden en la Garganta Divina. Una inmensa muralla con un sinfín de cumbres y de nombres, por andados, conocidos: Mesones, Caín, Jultayu, Hierbas Altas, Ario, Canal de Trea, Ostón, Canal de Culiembro, Canal de la Raya, Jascal, Llerosos, Ondón... y tantos y tantos nombres que la cabeza ya no retiene.

Nuestras miradas estaba fijas en el Cornión, pero de vez en cuando se nos escapaban en busca de un paso que nos condujese al inicio de la canal que intuíamos pegada a las paredes rocosas de nuestra izquierda. Pero ese paso no aparecía. La ladera a nuestros pies era bien inclinada y de mal piso. Piedras sueltas y tierra deslizante y un abismo muchos metros más abajo. Algunos se decidieron a dar los primeros pasos y alguien gritó que había un sendero. Nuestros tímidos pasos se encaminaron por aquel mal terreno hacia donde indicaban la existencia del sendero. Caminamos hacia la izquierda descendiendo poco a poco siguiendo los mejores pasos. Cuando nos sentíamos un poco más seguros, descendíamos algo más, hasta dar con el seudo sendero anunciado. Este se dirigía sin dilación hacia las paredes de la izquierda, transformándose en un camino de tierra algo resbaladizo después de atravesar una pedrera. Dicho sendero desciende ahora adentrándose en la canal que cada vez se hace más evidente. Altas paredes a ambos lados y agudos cuetos a nuestras espaldas nos abocan a deslizarnos por la pindia canal. Después de varios metros de descenso por la terrosa senda, alcanzamos una pedrera que nos relaja un poco. El camino se hace algo más cómodo y descendemos más rápido. Por debajo de la pedrera vemos una amplia mancha verde. Es Pando Culiembro y cerca de una única cabaña visible, vemos a los más adelantados del grupo que nos observan. Poco antes de llegar a ellos alcanzamos una fuente abrevadero en la que manaba un fino hilo de agua que sirvió para saciar momentáneamente nuestra sed. Estando allí, mirando hacia atrás, pudimos contemplar la Cueva Negra o Cuañegra que menciona Ballesteros.

Después del descanso proseguimos nuestro camino atravesando hacia la derecha por la alta hierba para descender a las inmediaciones de la destartalada cabaña de Pando Culiembro donde digo que nos esperaban el resto del grupo. Hicimos unas fotos con la canal al fondo y proseguimos el descenso casi campo a través, ya que las altas hierbas no nos permitían ver el sendero. Recuperado este, nos adentramos en una zona boscosa buscando el paso por la derecha y pasando entre las ruinas de algunas cabañas con la maleza muy alta y con el sendero que se pierde por momentos. Poco más abajo lo recuperamos y ya por una pindia pradera de alta hierba fuimos descendiendo en tornos interrumpidos a veces por algunos árboles caídos pero sin pérdida ninguna, hasta embocar en un canalizo de resbaladizas llambrias, en el que El Parque tuvo a bien instalar un “pasamanos” de cuerda que da confianza en este peligroso tramo que desciende casi vertical hacia la Puente Vieya o Puente Culiembro, también remozado, y por el que cruzamos el Cares para emprender la dura subida hasta la senda que cubre la distancia entre Caín y Poncebos, justo donde finaliza la Canal de Culiembro.

Solo nos resta, nada menos, que seguir la Senda de Cares, hoy con abundante clientela, sufriendo una vez más las rampas de Los Collaos, que hacen mella en nuestras castigadas piernas, para alcanzar el paraíso en La Trapa, a donde llegamos después de 8 horas y media de caminata.

Ayer lunes, Día de Asturias y festividad de Nuestra Señora de Covadonga, realizamos la anunciada excursión en honor de los socios del Grupo de Montaña, haciendo una visita al complejo de las minas de oro de Las Médulas, donde los romanos deshicieron las montañas para extraer el preciado mineral. Paseamos un par de horas por los marcados senderos que conducen hasta La Cuevona y La Encantada, dos cuevas, la segunda visitable, por las que hacían descender el agua que al deshacer la tierra desprendía el mineral precioso. Luego retornamos la pueblo de Las médulas y nos fuimos a Astorga para degustar el típico Cocido Maragato que como ya todo el mundo debe saber, se come al revés, comenzando por el compango compuesto de costillas, oreja, tocino, lacón, morros, chorizo, carne, todo ello de cerdo, para continuar luego con los garbanzos acompañados de patatas y verdura y terminar con la sopa, en esta ocasión de dos formas distinta: una de pan y otra de fideos. De postre natillas con bizcocho y para digerirlo todo, un café con chupito. Tras la comida dimos una vuelta por la bonita ciudad de Astorga para hacer algunas compras y contemplar su espléndida catedral y el cercano Palacio Arzobispal realizado por la magnífica imaginación del insigne Antoni Gaudí. Desde aquí retornamos a Trubia con una parada antes en Mieres para despedirnos tomando unas sidras, de nuestros compañeros de la Felguera que se quedaban allí.

Para el próximo sábado proponemos una ruta ya realizada hace unos años, pero con muy mal tiempo. Nos vamos a tierra de Ponga para ascender el Collau Zorro desde el Cabañón y con descenso a Sobrefoz por el Monte Recabada y La Faeda. La ruta a seguir es:

El Cabañón (915 m) – Les Bedules (1.083 m) – El Biforcu (1.180 m) – Les Llampes (1.387 m) – Collada Caldes (1.415 m) – Collado Pumerin (1.515 m) – Valle del Antiguo (1.500 m) – Collado Les Barboli (1.730 m) – Pico Zorro (1.844 m) – Collado Piesco (1.750 m) – Las Fuentes (1.500 m) – La Bustariega (1100 m) – La Faeda (990 m) – Sobrefoz (330 m)

Los interesados pueden empezar a llamar para poder hacer esta ruta. Espero vuestras llamadas.

lunes, septiembre 01, 2008

UN ABISMO SOBRE EL RÍO DEVA

La Sierra del Agero es una extensión hacia el noreste del Macizo Oriental de los Picos de Europa, que se desprende de la zona de la Samelar por las Verdianas, perdiendo altura hasta morir en el Cueto Agero en caída libre sobre el Río Deva.

Yendo por la Hermida hacia Potes, la sierra del Agero es la que cierra el desfiladero por el oeste, derecha, poco antes de llegar al ensanchamiento de la foz que se abre en Lebeña. Antes del cruce de este pueblo nos encontramos otro a la derecha que indica Allende y por su pendiente carretera ascendemos menos de un kilómetro hasta las primeras casas del pueblo, donde finaliza el asfalto.

Una mirada a la derecha según llegamos, nos hace comprender el esfuerzo que nos espera. Arriba vemos la canal vigilada por la enhiesta cumbre del Cueto Agero. Entre nosotros y este, un cerrado bosque de encinas y un desnivel de 696 metros que nos parece casi vertical. Comenzamos a caminar por la parte alta del pueblo cogiendo una ancha pista hormigonada y con fuerte desnivel. Pronto se cambia el hormigón por la tierra y nos adentramos en el bosque de encinas.

En una curva a la izquierda junto a una caseta con antena, abandonamos la pista para ascender entre árboles por un sendero marcado que nos lleva a otra pista que desciende hacia la derecha. Cruzamos la pista y continuamos subiendo por sendero serpenteante. Dejamos otros senderos que salen a derecha e izquierda para continuar siempre por el principal.

A nuestra izquierda y algo más abajo, veremos una cabaña en un pequeño collado. El sendero nos saca nuevamente a la pista y a los pocos pasos tomamos un nuevo sendero a la derecha señalizado con un jito, que nos lleva a pasar junto a unas cabañas medio derruidas para retornar nuevamente a la pista que ya no abandonamos hasta llegar a un cierre de alambre, ya fuera del bosque y con el inicio de la canal encima de nosotros.

El camino serpentea armado en algunos lugares y va ascendiendo por la ancha canal, bajo la atenta mirada del Cueto Agero a nuestra derecha. Gracias al camino, se sube bien y al llegar a Encimalacanal el paisaje se abre hacia una verde meseta rodeada de cumbres calizas. Al norte, y en descenso, vemos las praderas del Llano Agero y algunas cabañas diseminadas. A la izquierda, noroeste, unas redondeadas cumbres calizas cierran la meseta. La más alta, son las estribaciones del Cueto La Fontaniella.

Al este se levanta la pedregosa ladera del Cueto Agero. Dicen las descripciones que se debe rodear un poco al este para buscar los mejores pasos. Son todos malos. Se trata de una ladera de bloques calizos rodeados de hierbas y matorrales en los que es fácil meter el pie en algún hoyo. Por ello, y sea cual sea el camino que tomemos, hay que extremar las precauciones. Nosotros después de dejar las mochilas, subimos de frente buscando los mejores pasos hasta que entroncamos con la zona jitada, que tampoco nos mejoró demasiado el camino, pero nos permitía subir sin casi necesidad de andar buscando pasos buenos.

Alcanzada la cumbre, da miedo moverse entre los peñascos ya que la caída hacia el Río Deva es completamente vertical. Bajo nuestros pies vemos el bosque que hace poco atravesábamos y más abajo Allende y la carretera que se dirige a Potes. Al otro lado la iglesia de Santa María de Lebeña y el pueblo del mismo nombre y sobre él, la majestuosa mole de Peña Ventosa. Hacia el sureste las estribaciones del Macizo de Andara y al oeste nuestro próximo reto, la cumbre del Cueto La Fontaniella.

Después del descanso y de cubrir la tarjeta y hacer algunas fotos, emprendimos el descenso siguiendo los jitos hasta Encimalacanal. Recuperamos las mochilas y reiniciamos la marcha con rumbo al Fontaniella. Para ello hay que descender un poco para seguir luego un sendero del ganado que sube con algunos tornos por una vaguada. Vamos ganando terrazas por entre la hierba sirviéndonos de senderos de las vacas y las ovejas y con la dirección puesta en una canal verde a la izquierda del Cueto Fontaniella. Superada esta canal herbosa, alcanzamos una especie de hoya en la que no se ve ningún paso cómodo. Giramos a la derecha y comenzamos a subir la ladera final del cueto entre bloques calizos y matorral. Llegamos a lo alto de la cresta y siguiendo un poco más a la derecha por ella, alcanzamos la cumbre del Cueto La Fontaniella.

Las vistas se abren desde esta atalaya y podemos contemplar una vez más las cercanas cumbres del Oriental con la inconfundible silueta de La Samelar. Bajo nuestros pies, el Collado de pelea con la serpenteante cicatriz de la pista que baja al pueblo de Cabañes y por la que nosotros debemos coger la que nos devuelva a Allende. Más a la derecha otra pista conocida: la que baja del Casetón de Andara hasta Beges y aún más a la derecha, la que une Sotres con Tresviso, cuyo caserío podemos contemplar. Al girarnos hacia nuestras espaldas, contemplamos el recortado contorno de la Sierra y al otro lado, Peña Ventosa. Más a la derecha de esta, el valle de la Liébana se abre y podemos ver hasta las primeras casas de Potes.

Recuperadas las fuerzas y tras hacer las fotos pertinentes, descendemos un poco a la izquierda buscando un sendero que nos lleve a la terraza inferior formada por verdes praderas y que se encuentre cerrada por un par de cumbres, una delas cuales, la que se encuentra más a la izquierda y coronada por un vértice geodésico, es el Pico Agero o Pico Joyo Diaz. Atravesamos las camperas con rumbo al collado que se abre entre las dos cumbres mencionadas y en el que vemos unas ovejas que se guarecen del fuerte calor reinante. Alcanzado el collado, vemos toda la ladera que debemos descender para llegar a la pista de Cabañes y también podemos ver donde se realiza la bifurcación de esta con la que sigue a Allende. Mas a la izquierda vemos un prado cerrado con muro y una cabaña y hacia él dirigimos nuestros pasos, buscando el mejor camino que no es otro que el descenso por la ladera, procurando hacerlo en zigzag y tendiendo en principio hacia un saliente herboso del que posteriormente seguiremos bajando a la izquierda para por una cárcava descender definitivamente a la pista cerca de la cabaña antes mencionada.

Ya el camino no tiene pérdida. Siguiendo la polvorienta pista siempre en descenso, entroncamos con la que unas cuantas horas antes nos sirvió para el ascenso y enseguida las primeras casas de Allende, donde nos espera el autocar.

Comenzamos nuevo mes y para la primera ruta de setiembre tenemos retorno a Picos y además a una de sus canales emblemáticas. Nos vamos a Poncebos para subir por la Canal del Tejo hasta Bulnes El Castillo donde accedemos a la endiablada Canal de Amuesa, para descender nuevamente al Cares por la Canal de Piedra Bellida. Ruta de paso de las huestes sarracenas después de la Batalla de Covadonga, al decir de nuestro insigne historiador Claudio Sánchez Albornoz. La ruta a seguir es:

Poncebos (218 m) – Bulnes El Castillo (715 m) – Canal de Amuesa – Majada de Amuesa (1.386 m) – Collado Cerredo (1.454 m) – Canal de Piedra Bellida – Pando Culiembro (645 m) – Puente Vieya (335 m) – Culiembro (430 m) – Los Collaos (450 m) – Poncebos (218 m)

Ya está abierto el plazo de inscripción para esta ruta en la que espero que habrá participación masiva, por su belleza. Así que el que esté interesado en hacerla, que no lo deje para última hora, so pena de tener que quedarse en casa.

lunes, agosto 25, 2008

HIERBAS ALTAS, O CAÍN A VISTA DE PÁJARO

Por fin llegó el día de la ruta a Hierbas Altas, antiguo camino que los cainejos utilizaban para ir a Ario y el recorrido que realizó Gregorio Perez de María, El Cainejo, para reunirse en Ario con el Marqués, un par de días antes de la primera ascensión al Urriellu, pero él realizó esta ruta de noche, aunque eso si, con “buena luna”.

Nosotros la realizamos de día y con buen sol. Más que bueno: fuerte y caluroso. El viaje hasta Cordiñanes se hizo sumamente penoso y lento, con lo que comenzamos a caminar a las 10,15 con rumbo a Caín. Pasamos por el Mirador del Tombo y por caminos, llegamos a Corona, pasando junto a su remozada capilla, así como las cabañas colindantes. Por esta zona no nos apretaba el calor, gracias a que caminábamos bajo los árboles, pero al salir a la carretera en Santijan, comenzamos a notar el aumento de temperaturas que nos anunciaban los hombres del tiempo.

Por cierto que la carretera la están arreglando y ensanchando. Ensanche que ya pudimos observar en la zona de la foz, ganando terreno haciéndola volar sobre el abismo por cuyo fondo circula el Cares. Llegamos a Caín ya con mucha animación y bien entrado el día. Eran las 11,20 cuando nos reunimos para seguir ruta pasando junto a la iglesia por una calle hormigonada que sube hacia el cementerio. La calle da una vuelta a la derecha mientras que un ancho camino de tierra continúa de frente con rumbo a Caín de Arriba. Camino que por confusión, nosotros seguimos, teniendo que dar la vuelta cuando ya nos aproximábamos a las primeras casas de este barrio.

Vueltos a la curva del cementerio, seguimos por la carretera hasta donde se termina el hormigón. Pocos metros antes de llegar al cementerio, hay como tres escalones de piedra a la izquierda, que dan paso a un marcado sendero que asciende entre hierbas. Pronto se introduce en un pequeño bosque por el que llegamos a una amplia cabaña de piedra y madera, encastrada en la roca. Estamos en la majada de Las Boas.

Tras recuperar fuerzas, continuamos por la derecha de la cabaña a salir a una pradera abierta desde la que podíamos contemplar la masa rocosa de Táranos por cuya ladera trascurre nuestro sendero, dando giros para suavizar la subida. El camino se dirige a la parte izquierda de la roca, llegando a una caseta con una antena pintada de rojo, muy visible desde Caín.

En este punto, la hierba nos tapa el sendero pero pronto lo recuperamos siguiendo a la izquierda en busca de la riega de Hojas. El sendero, en descenso, se pega a la ladera que cae hacia la riega para luego ascender a un pequeño collado coronado por un inconfundible picacho. Estamos en la Horcadina de Picachel. La continuidad de nuestro camino pasa por realizar otro pequeño descenso también pegado a las aún más inclinadas paredes que caen hacia la riega de Hojas, pasando unos cuantos metros por encima de una pulida y húmeda llambria que se desploma hacia la riega.

El siguiente hombro al que accedemos es el Posadoiro, donde hay una piedra muy a propósito para realizar un descanso, antes de continuar la dura subida que nos resta. Seguimos por entre felechos y con el sendero casi tapado por las hierbas, muy pegados a la riega. Poco a poco nos vamos introduciendo en una canal hasta que llegamos a los pies de una muralla de piedra, en la que por la izquierda continúa una estrecha canal que sube a Tremospandos.

Nuestro camino sigue por la derecha, casi imperceptible debido a la espesura de la maleza. Se interna en el bosque del Monte de Hojas. Se sigue bien pues está bastante marcado. El calor nos obliga a realizar frecuentes paradas para hidratarnos. Al fin salimos al Prado de Hojas, una zona descubierta desde la que ya podemos ver la collada de Hierbas altas. A nuestra izquierda los paredones que caen del Jultayu cuya cumbre se encuentra muchos metros más arriba.

Nos resta una fuerte subida en diagonal siguiendo los jitos para alcanzar una zona aún más vertical, con terreno suelto y en el que hay que tener cuidado con las piedras que caen fácilmente. Tras pasar esta zona alcanzamos el verde y estrecho collado de Hierbas Altas. Se trata de una franja de terreno con dos laderas: una por la que subimos e inmediatamente la otra en fuerte descenso hacia la Bersolina, cuyo Travieso vemos claramente desde el collado. Cuando llegamos aquí son la 14:30. El calor y la necesidad de asegurar el paso, nos están retrasando mucho y aún nos resta un buen trecho para finalizar la ruta prevista. Es necesario tomar una decisión y ante las circunstancias, optamos por descansar y volver por el mismo camino hasta Caín.

Aprovechamos para ascender a la masa rocosa de nuestra derecha que cae perpendicular sobre Caín y desde donde podemos contemplar estupendamente todo el Central. La inmensidad de la Canal de Dobresengos; la verde y pindia canal de Moeño; la zona del Llambrión más a la derecha; Por la izquierda el Torrecerredo, Cabrones y Dobresengos y en el fondo el Cares. A nuestras espaldas el Jultayu, Peña Blanca, Piedra Lluenga, dando paso a Peña Santa que se alza sobre los Basares; luego el Cueto de los Cabritos y Cueto Agudo, para caer nuevamente al Cares. Y abajo, lleno de coches y gentes que van de uno a otro lado, Caín.

A las 3 de la tarde comenzamos el descenso por el mismo sitio por el que subimos, bajando el primer tramo, ese de las piedras sueltas, con mucho cuidado, para luego caminar algo más rápidos por el resto de terreno de mejor composición y sin tantos problemas. Descendemos rápido y en una hora nos encontramos buscando taxi para que nos lleve a Cordiñanes. Poro hoy no hay taxis disponibles y muy a nuestro pesar, no nos queda más remedio que coger la carretera con rumbo a Cordiñanes, bajo un solo de justicia y siempre en subida.

Al fin conseguimos llegar y finalizar esta dura ruta, más por el calor casi por el esfuerzo de las duras subidas.

En el fondo quedamos un poco frustrados por no poder hacer la ruta al completo y ya proyectamos repetirla, pero buscando alternativas que no nos obliguen a comenzar a caminar tan tarde, para así no tener que subir con todo el calor, ya que la ruta es dura por la pendiente y el calor acaba con algunos. Y tenemos que tener en cuenta los horarios de los conductores del autocar, con lo que no podemos retrasarnos demasiado, so pena de quedar en el punto de recogida.

La verdad es que merece la pena por su gran vistosidad. Es un mirador estupendo del Central y creo que tenemos que conseguir realizarla completa. Lo volveremos a intentar.

Para el próximo sábado, último del mes de agosto, tenemos una ruta por tierras de Cantabria. Nos vamos a Allende en la Luébana, para ascender al Cueto Agero por su canal. La ruta propuesta es:

Allende (320 m) – Canal de Agero – Collado Encimalacanal (912 m) – Cueto Agero (1.016 m) - Collado Encimalacanal (912 m) – Cueto La Fontaniella (1.3826 m) – Pico Joyo Diaz o Pico Ajero (1.351 m) – Canal de la Vallejona – Coterón del Cueto (772 m) – Allende (320 m)

También quiero recordaros, que en la Asamblea General de este año, se aprobó hacer una excursión gratuita para los socios y un acompañante, a realizar el próximo día 8 de setiembre, festividad de la Virgen de Covadonga. Aunque aún no está decidido el destino, de momento tenemos dos propuestas. La primera y más probable, es a la mina de oro de Las Médulas, cerca de Ponferrada. La otra opción es las Cuevas de Valporquero. Cualquiera que sea al final el destino, necesito saber ya quienes están interesados en participar. Ya digo que el viaje es gratuito para los socios y los no socios que estén interesados podrán acceder a las plazas que queden vacantes. También se organizará una comida para los que estén interesados. Si se va a Las Médulas, se haría el recorrido o parte, de la Mina. Completo son unos 11,5 kilómetros y dicen que en días de lluvia, puede haber barro.

Espero vuestras llamadas para la ruta del Agero y para la excursión, posiblemente a Las Médulas. No os retraséis ni para una ni para la otra. Luego será tarde.

lunes, agosto 18, 2008

NOS VAMOS A HIERBAS ALTAS, ¿QUIERES VENIR?

El pasado sábado no pude ir a la ruta programada por Somiedo, así que en esta ocasión no puedo narrar lo acaecido. Si algún participante en ella quiere describir la ruta y algunas anécdotas de la misma, tiene la posibilidad de hacerlo cuando quiera. Bien directamente o bien enviándome esa descripción para que yo la publíque.

Pero aunque no fui a esa ruta si que pienso ir a la siguiente. No me perderé la ruta de Hierbas Altas. Hierbas Altas es un enclave, una collada, colgada sobre el Cares, en medio de un antiguo camino que los cainejos utilizaban para ir a Ario. Trataremos de realizar la ruta que Francisco Ballesteros describe en uno de sus libros sobre el Cares y sus Canales y cuyo relato transcribimos en la página "Nuestras Próximas Rutas" de este blog. Para ello tendremos que desplazarnos a Caín y a este bonito pueblo no pueden acceder autocares, por lo que no nos quedará más remedio que comenzar a caminar en Cordiñanes. La ruta propuesta es la siguiente:

Cordiñanes (860 m) - Mirador del Tombo (800 m) - Puente Barrejo (750 m) - Pontones (750 m) - Ermita de Corona (650 m) - Santijan (590 m) - Caín (460 m) - Las Boas (650 m) - Pandiella Vaqueriza (770 m) - Horcadina El Picachel (800 m) - Posadorio (815 m) - Tremospandos (1.078 m) - Monte de Hojas - Hierbas Altas (1.035 m) - La Bersolina (970 m) - Canal de La Teja - Callejo Torno (1.015 m) - Collado Torno (1.040 m) - Monte Plegamones - Cuarroble (915 m) - Puente Bolin (430 m) - Caín (460 m)

Una muy interesante ruta que no debe perderse quien esté interesado en conocer los intrincados pasos de la Canal Divina y poder contemplar y fotografiar sus espléndidas vistas, así que no te descuides y llama lo antes posible para reservar plaza, o te quedarás en tierra para hacer la Ruta del Oso.

martes, agosto 12, 2008

DOS DIAS EN PICOS, Y UNA NOCHE EN “EL NIDO DEL AGUILA”

La salida de dos días de este año, resultó todo un éxito tanto en lo deportivo como en lo climático. No recuerdo que en ninguna de las anteriores rutas con pernocta tuviésemos un tiempo tan estupendo como en esta. Nos habíamos planteado una ruta ambiciosa, dura y hasta un cierto punto difícil. Nuestra intención era ascender a La Palanca el domingo desde el refugio de Collado Jermoso y bajar luego al Hoyo Grande Bajero para descender a Caín por la majestuosa Canal de Dobresengos. Al final no fue así, pero creo que si no todos, la mayoría de los componentes de la expedición quedaron más que satisfechos con la ruta realizada. Pero pasemos a relatarla.

El día se presento despejado y con visos de que el sol iba a calentar. Después de un largo viaje por carretera, llegamos al Puerto de Pandetrave donde abandonamos la comodidad (¿) del autocar para colocarnos a la espalda las pesadas mochilas que nos habíamos preparado, y comenzar a patear por la terrosa pista que sale de lo alto del puerto a la derecha, con respecto a Santa Maria de Valdeón. La pista, surcada de vez en cuando por algunos todoterreno y algún que otro quad levantando el polvo, nos llevó hasta el Caben de Remoña u Horcada de Valcavao, donde se nos une por la derecha, la pista procedente de Fuente Dé.

Aún continúa un poco más allá la pista, hasta el Alto de Valdeón, del que sale por la izquierda un camino señalizado que baja a Posada de Valdeón. La pista se convierte en sendero en el Sedo de Remoña y comienza a ascender en busca del inicio de la Canal de Pedabejo, una pindia cicatriz que se abre entre el Tiro de Pedabejo por la derecha y la Torre de Salinas por la izquierda.

Remontamos la canal ascendiendo por sus múltiples tornos, para alcanzar el Alto de la Canal donde se abre la vista a las verdes praderas de las Vegas de Liordes. Nos tomamos un merecido descanso en esta magnífica terraza desde la que pudimos contemplar a nuestros pies la amplia vega con el chozo; enfrente la muralla de cumbres empezando por la Padierna a la derecha, siguiendo hacia la izquierda con el San Carlos, la Torre del Hoyo Oscuro, Madejuno, Tiro Llago, el laberinto del grupo del Llambrión, La Palanca, la Torre de Peñalba y bajo ella, camuflado de verde, el Refugio de Collado Jermoso. A nuestro lado tenemos por la derecha el Tiro de Pedabejo y a la izquierda, un poco más alejada, la Torre de Salinas.

Tras el descanso retomamos el camino y mientras una parte del grupo descendían a las inmediaciones del chozo de Liordes, el resto seguimos por un sendero marcado a nuestra izquierda, que entre praderas y roquedos nos fue llevando casi en llano, hasta el inicio del Sedo de la Padierna donde nos encontramos con el resto de la expedición.

El camino se empina para continuar en travesía sobre el cortado por cuyo fondo a nuestra izquierda, discurre el camino de la Canal de Asotín y a su lado, el casi seco Llagu Bajero. Las vistas de la Peña Santa coronando el Macizo Occidental, son estupendas. El camino comienza a descender dando paso a un terreno en el que se mezclan tramos de piedras con otros de tierra y hasta de hierba. Estamos en Las Colladinas, antesala del refugio, que son un rompepiernas con sus constantes subidas y bajadas. Cada vez que ascendíamos una collada nos hacíamos la ilusión de que al otro lado veríamos el refugio. Vana ilusión. Lo que había era un nuevo descenso seguido de otra subida para marcarnos una vez más el deseo. Me parecieron un ciento de colladas. Pero por fin avistamos el refugio, aunque aún faltaba un nuevo descenso y un alargado sendero para llegar a él.

La visión del enclave en el que se encuentra el Refugio Diego Mella, perteneciente a la federación leonesa, nos hizo recordar un nido de águila. Está situado en una inclinada ladera herbosa colgada sobre la pindia canal del Argayo Congosto y a los pies de la Torre de Peñalba, último bastión por el oeste, del circo formado por las altas cumbres del grupo del Llambrión. Visto desde la penúltima colladina, da la sensación de que el refugio se está deslizando para precipitarse por el canalón de Congosto.

Un nuevo descenso seguido de una corta subida para volver a descender siguiendo el sendero que pasa bajo los derrumbes del Hoyo del Llambrión y llegamos al destino deseado: el Refugio Diego Mella en el Collado Jermoso.

Entretanto tenemos a algunos componentes del grupo, que se habían adelantado al resto, intentando la conquista del Llambrión, meta que a la postre no consiguieron por una equivocación al abandonar las marcas amarillas que llevan a la cumbre más alta de León, dirigiéndose al Tiro Callejo desde donde no pudieron progresar hasta la ya cercana cumbre.

Tras la presentación al guarda del refugio, Pablo Sedano, la tarde transcurrió tranquila. Algunos ascendieron a la cercana Torre del Llaz y otra en las inmediaciones del refugio, mientras otros nos dedicábamos a hacer fotos del precioso entorno en el que nos encontrábamos.

Así entretenidos, nos dieron las ocho de la noche y con ello la hora de cenar: Lentejas estofadas y macarrones en ensalada con bonito en aceite y como postre, melocotón en almíbar.

A continuación y mientras que preparaban el café, subimos a la Torre Jermosa para contemplar la puesta del sol, aprovechando la bonanza del día. Mientras Peña Santa se volvía negra por efectos de la luz solar al esconderse tras de ella, junto a nosotros el Llambrión se ponía rojo por el mismo efecto. Entre bromas y fotos el tiempo pasa y regresamos al refugio para tomar el café y unos chupitos de los licores que varios componentes del grupo acarrearon durante toda la ruta para que todos pudiesen disfrutar. En algunos casos con más fervor que otros.

Llega la hora, muy tarde, de acostarse y quien pudo durmió mientras otros velaban con paseos del dormitorio a la calle y viceversa.

A las seis de la mañana la mitad del grupo estaba ya levantada. A las siete y media nos pusieron el desayuno: café con leche, pan, galletas, mantequilla y mermelada.

Después de algunas conversaciones mantenidas en la sobremesa después de la cena, llegamos a la conclusión de que no todos estaban dispuestos a subir a la Palanca y que tampoco había mucho interés en subir con la pesada mochila, por lo que se preparó un grupo que sin ascender a la Palanca, bajarían a Cordiñanes por la Canal de Asotín. Por otro lado se consultó para ver si había alguien con especial interés en subir a la Palanca y bajar por Dobresengos como teníamos previsto de inicio, lo que conllevaba el tener que subir la mochila. La otra opción era subir sin mochila y volver a las inmediaciones del refugio para descender también a Cordiñanes por la Asotín. Esta última propuesta tuvo una buena acogida por la mayoría y eso fue lo que iniciamos cuando eran las ocho de la mañana.

Tras pagar la estancia y despedirnos de Pablo y sus amables compañeros, emprendimos todos ruta por donde habíamos llegado la tarde anterior, rumbo a las Colladinas. Después de pasar el cruce de la Canal de Congosto y junto a una señal indicadora del camino del Llambrión, el grupo se dividió en dos y mientras unos continuaban rumbo a Liordes, el resto ascendimos un poco para dejar las mochilas al lado de una rocosa pared y por el marcado sendero, bien señalizado con marcas amarillas y jitos, comenzamos a subir ganando altura rápidamente. El camino en esta primera parte no tiene pérdida y es conjunto para el Llambrión y La Palanca.

Al alcanzar el Hoyo del Llambrión, los senderos se separan y mientras las marcas amarillas siguen a la derecha, los jitos continúan por la izquierda. Y este último es el camino que nosotros seguimos. A partir de este punto debemos estar atentos a los jitos que serán nuestra única indicación del buen camino. Hay posibilidades de ir por otros sitios, pero en el refugio nos recomendaron seguir bajo los paredones de las Torres de Peñalba y Diego Mella y evitando subir por el pedrero que es lo que parece más evidente. Sin embargo los jitos nos trasportan por la roca ascendiendo unas veces pequeñas canales y otras las pasamos de soslayo. Vamos ganando altura y poco a poco el camino se va haciendo menos complicado. La subida es una sucesión de terrazas hasta llegar a la última y anterior a la cumbre, en la que se forma un marcado sendero con dirección este, casi llano al principio y que gira al norte ya en un último esfuerzo para llegar a la cumbre de La Torre de la Palanca.

Al otro lado, salvando el inmenso abismo que forman los Hoyos Grande Cimero y Bajero, las emblemáticas cumbres de Los Urrieles nos contemplan. El Urriellu parece un fantasma aún sin iluminar y en tono oscuro al igual que Horcados Rojos, Peña Vieja y Tesorero. Sin embargo Torrecerredo y Cabrones ya reciben los primeros rayos de sol. Abajo, la Canal de Dobresengos asusta por su grandiosidad. La erosionada cresta de La Palanca lleva nuestra vista hacia el grupo de La Celada que cierra la canal por la izquierda. Todo un mundo inmenso de piedra nos rodea. Al sur, allí abajo, el pequeño punto verde del Refugio de Jermoso nos da la sensación de la altura a la que nos encontramos. Veinte minutos estuvimos en la cumbre. Tiempo suficiente para recuperar el resuello, hacer algunas fotos de recuerdo y preparar la tarjeta de cumbres. Luego iniciamos el descenso por el mismo camino por el que subimos.

Lo que primero fueron trepadas se convierten ahora en destrepes con mayor o menor dificultad. Punto principal es el evitar la caída de piedras. Después de subir y bajar esta cumbre podemos decir que no es difícil, pero si que hay que fijarse en el trazado del camino y no intentarla nunca con poca visibilidad. Cuando alcanzamos las mochilas habían pasado exactamente tres horas desde que las dejamos. Con lo que la ascensión la realizamos en 1 hora y 20 minutos. Otros 20 minutos en la cumbre y el resto, otra hora y 20 minutos, para el descenso.

Tras un descanso reanudamos la marcha por el camino de las Colladinas, subiendo y bajando lo que habíamos ya hecho el día anterior pero en distinta dirección. Pasamos nuevamente por el Sedo de la Padierna viendo nuestro camino posterior a la derecha, muchos metros más abajo. Alcanzamos las praderas de Liordes y girando a la derecha, iniciamos el descenso hacia la Canal de Asotín.

El sendero se mueve sin pérdida y señalizado con marcas amarillas, por pequeñas praderas y casi en llano al principio, hasta alcanzar la inmensa pedrera que forma la canal. Al fondo la Peña Santa y toda la masa caliza del Cornión, nos contempla.

Después de una primera parte con pequeños sube y baja, comenzamos a descender con más inclinación y nos metemos en la pedrera de la canal. Un sinfín de revueltas nos facilitan el cansado descenso, siempre con la vista puesta e las praderas de la Vega de Asotin, abajo y la Peña Santa arriba.

Alcanzada la ansiada vega donde poder dar un pequeño descanso a los maltrechos pies y recuperar un poco el resuello, continuamos descendiendo por un sendero muy señalizado, adentrándonos en un bosque de fayas que atravesamos de derecha a izquierda, saliendo a los inicios de un sedo, La Rienda de Asotín.

El inverosímil sendero recorre a media altura las verticales paredes de la Torre Cantodota y la Peña del Porracho. Abajo en el abismo, vemos la carretera que se dirige a Caín y el Río Cares. El sendero, muy estrecho, tiene las piedras muy desgastadas por el uso y es un continuo sube y baja. Hay que tener mucha precaución en los descensos a causa del estado de la piedra. Con agua no es nada recomendable su utilización. Tras un recodo, damos vista a las casas de Cordiñanes y después de un par de subidas y bajadas, iniciamos el descenso final que nos deja en el deseado destino de nuestra ruta de esta semana, donde nos aguardaba Puri, nuestra choferessa, con un barreño lleno de botellas de sidra y cerveza, bollos preñaos y empanada. Un detalle que nunca le podremos agradecer lo suficiente.

Se pasó la ansiada ruta de dos días y la experiencia fue buena para todos, tal como se podía ver en las caras una vez llegados a Cordiñanes. Y como agua pasada no mueve molino, ya estamos pensando en la próxima ruta. El día 16 nos vamos a tierras somedanas, a La Cueta. Desde allí realizaremos una fácil ruta pasando por los cercanos Picos Blancos para bajar a Muriastxongas y continuar hasta Valle del Lago. La ruta es:

La Cueta (1.442 m) – Bustusil (1.600 m) – Pico La Llama (1.925 m) – Picos Blancos (2.064 m) – Pico Cebolleo (1.985 m) – Collado La Pereidina (1.734 m) – Muriastxongas (1.600 m) – Sobrepeña (1.377 m) – Brañas de Fueja (1.290 m) – L’Auterio (1.280 m) – Valle de Lago (1.280 m)

Los que estén interesados en hacer esta bonita y cómoda ruta, ya pueden apuntarse en los teléfonos de costumbre. El de Peña estará disponible solo hasta el miércoles día 13 inclusive, luego tendréis que llamar a los otros teléfonos. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

martes, agosto 05, 2008

NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA

A fecha de hoy, martes 5 de agosto a la 8 de la mañana, hay tres plazas libres para la ruta de dos días del próximo fin de semana, días 9 y 10, a la Torre de la Palanca, con pernocta en el refugio de Collado Jermoso.
Si alguien está interesado en hacer esta ruta, debe ponerse en contacto con PEÑA al teléfono 985 78 51 10, antes del próximo jueves día 7.
El jueves por la tarde comunicaré al refugio el número exacto de participantes a dicha ruta.

lunes, agosto 04, 2008

LA TORRE DE LUEJE COMO DISCULPA

El sábado nos pusimos de disculpa, para hacer la ruta, el subir a la Torre de Lueje, un bonito y factible promontorio en el serrucho, de serrar, que forman Los Argaos, en las inmediaciones de la Torre de Santa María. Sin embargo nuestras intenciones eran otras un poquito más insanas, por la dureza de la ruta, y pretendíamos descubrir una parte poco visitada del Cornión: el Resecu.

Así fue como comenzamos esta ruta montañera: El autocar nos dejó como casi siempre, en el Collado Les Valeres, al lado del Lago Enól. Transitamos por el conocido camino que se dirige al Refugio de Vegarredonda, caminando por la pista que atraviesa Vega de Enól y Vega La Cueva hasta Pan de Carmen, donde se divide en dos, para continuar por la derecha hacia el Mirador del Rey y por la izquierda en descenso, llegamos al repleto aparcamiento (¿) donde finaliza la pista. Aquí ésta se torna por un sendero denominado el Camino del Parque, que atraviesa el Río Pomperi por la Vega del Huerto, en un lugar denominado el Pozo del Alemán.

El camino pista comienza a ascender con algunas revueltas, para situarnos en la bonita majad de Vega la Piedra, haciendo honor a la enorme piedra seguramente desprendida de los Gurbiñales, que preside la majada. El camino continúa su ascensión entre praderas a los pies de la muralla de los Gurbiñales para acercarnos a la Vega Canraso, extensa pradería hoy repleta de ganado vacuno interpretando alguna canción de su ídolo del momento. Realmente la paz brillaba por su ausencia con el mugir de las vacas.

A todo esto no os estoy relatando las imágenes que la bonanza del día nos estaba ofreciendo. Al decir de Jorge, el Cornión estaba más guapo que nunca y las vistas que teníamos tardaríamos mucho en volver a disfrutarlas. Realmente la caliza de la Torre de Santa María y sus compañeras, tenía un color especial bañada por los matinales rayos solares. Así es que la ascensión al Refugio de Vegarredonda se me hizo eterna. Nunca había tardado tanto en hacerla, por las múltiples paradas a fotografiar una vez más, lo que tantas y tantas veces ya fotografié. Pero siempre se obtiene algo distinto.

Tras atravesar entre las cabañas de La Rondiella y el esfuerzo para alcanzar el Collado Gamonal, dimos vista al refugio, a cuyas inmediaciones llegamos tras un corto descenso. Aquí nos encontramos con una simpática y joven pareja de aficionados a la montaña, venidos desde Vitoria y a los que les propusimos acompañarnos en nuestra aventura, a lo que accedieron gustosos. No sé bien si al final se acordaron de nosotros por la paliza que les dimos caminando.

El camino continúa pasando junto al Refugio Viejo y poco más arriba por Cuerria Benita, para afrontar la dura cuesta que con la ayuda de varias revueltas, nos sitúa en Llampa Cimera, lugar en el que los caminos se bifurcan: por la derecha continúa a pasar bajo los desplomes del Porru Bolu y acceder, entre otros, al Requexón y a las praderas de Las Merinas, con acceso a la Horcada de Santa María y al Jou Las Pozas. Nosotros seguimos a la izquierda caminando bajo las paredes de La Altiquera y ascendiendo por el canchal a alcanzar el Collado La Fragua, encajonado entre la mencionada Altiquera por la izquierda y el Primer Argao por la derecha.

Un pequeño descanso para recuperar fuerzas y contemplar el paisaje que se abre hacia el Jou Sin Tierri y por el que deberemos pasar más tarde. Pero primero está la Torre de Lueje. Para su ascensión continuamos por el camino que se adentra hacia Las Barrastrosas y el Jou Santu y a la falda este de los Argaos. Pronto vemos sobre nuestras cabezas, a la derecha, la cresta de la Torre de Lueje y entre esta y el Primer Argao, la colladita a la que debemos subir. Algunos jitos marcan el inicio del poco marcado sendero de subida a esta collada, pero no es complicado alcanzarla casi por cualquier sitio. Ya en el collado, seguimos a la izquierda por la cresta en la que en algún momento tocamos la caliza con las manos, más para ayudarnos en la subida que por necesidad de hacerlo. Enseguida nos situamos en la cortada arista de la Torre de Lueje, coronada por dos buzones de cumbres.

Las vistas son espectaculares. Al sur la alargada y afilada cresta de los Argaos continúa hasta perderse entre las Cebolledas. Un poco a la izquierda la majestuosa mole de la Torre de Santa María con la compañía de la afilada Aguja de Enól. Más allá, las Torres de la Canal Parda y Los Traviesos, dan paso al alargado cordal que finaliza en el Jultayu, en tierras de Ario. Por el Oeste, más despejado, la cercanía del Porru Bolu y el Requexón. Un poco más allá, Los Tres Poyones y el Cotalva. Ya en el norte vemos muy abajo el refugio de Vegarredonda y el Lago Ercina. Toda la maraña de jous y canales por la que debemos bajar y que corresponden a las distintas rutas que por ese lado se pueden seguir: por Justillagar o por el Resecu.

Unas nubes que se desprenden del Cuera nos hace apurarnos para cubrir la tarjeta y hacer la foto de recuerdo antes de iniciar el descenso. Bajamos por el mismo sitio de subida sin problema alguno. Ya en el Collado la Fragua, descendemos a la derecha por un sendero que primero nos sitúa en la entrada de la amplia cueva de Los Romanos donde existió una fragua que da nombre al Collado. El sendero desciende al Jou Sin Tierri sin llegar al fondo. Lo bordea por la izquierda y comienza a ascender, llegando a un lugar en el que hay restos de antiguas construcciones de piedra y donde los jitos se bifurcan. Estamos en La Chabola. Por la izquierda un sendero se dirige a la vertiente oeste del Cantulimpou y por La Jorcadiella a Justillagar. Nosotros seguimos los jitos de la derecha por las inmediaciones del Porro Perullu.

Aquí comienza mi calvario. Por razones que no vienen a cuento, no había desayunado y comenzaba a sentirme débil, por lo que propuse a los que me acompañaban hacer una pequeña parada para comer algo y apagar al tiempo la sed. Así lo hicimos, pero el remedio fue peor que el problema y el estómago comenzó a darme la lata. A partir de este punto casi ni recuerdo por donde anduve. Iba como sonámbulo tropezando en las piedras, y había muchas. Las fuerzas me abandonaron y casi no podía ni caminar. Cada dos pasos debía parar y así lo que estaba haciendo era retrasar al resto del grupo.

Nuestro grupo es un conjunto de compañeros y amigos de verdad. Como algunos dicen, una verdadera familia. Cuando algún miembro lo pasa mal, todos se desviven por ayudarlo. Y así ocurrió. Me quitaron la mochila, la cámara.. todo lo que podía pesar. Me dieron agua con sales, pastillas de glucosa, más agua con otros productos, fruta... Al final tuve que pedirles que no me diesen nada más, que ya era suficiente. La verdad es que lo fue, pues al poco tiempo comencé a notar mejoría aunque aún por un buen trecho mantuve pendiente de mis pasos a mi ángel de la guarda particular del día, a quien agradezco al igual que al resto de mis compañeros y amigos, el magnífico comportamiento que tuvieron conmigo.

Aunque no sé muy bien por donde anduve, sé que seguimos por los abundantes jitos y marcas en la piedra, pasando por las llambrias de Llampa Mala hasta llegar al Canalón del Cojurtao, creo que algo más altos de lo que debíamos. Luego descendimos por este canalón que nos dio paso a otro, el de las Perdices, pasando junto a la cueva del mismo nombre, para llegar a las verdes praderas de los Joos del Resecu, donde contactamos con quien nos acompañaría el resto de la ruta: El Resecu.
Tengo que decir que el camino se sigue perfectamente casi sin pérdidas. En algunas camperas hay que fijarse un poco más pero al ser un valle cerrado, no tiene escapatoria y solo hay una dirección a seguir. Además el cauce seco del río es la más de las veces el propio camino. De todos modos no es una ruta que deba intentarse si no hay visibilidad. La niebla aquí puede hacer estragos, sobretodo en la zona de Llampa Mala y el Cojurtao.

Con una mirada atrás, aunque ya las nubes que habíamos visto sobre el Cuera nos hacían compañía, pudimos ver la cicatriz que forma el canalón del Resquilón o Canalón de les Llampes, por el que también es posible bajar desde las inmediaciones de Llampa Mala.

En una fuente bebedero de frías aguas, cerca del nacimiento del Resecu, nos refrescamos y aprovisionamos del líquido elemento, para continuar por el sendero, que a veces se pierde, y que sigue el seco recorrido del río, salvando algunos de sus saltos por las laderas de la izquierda. En Resecu Cima encontramos los restos de lo que fue la majada. Seguimos descendiendo o casi llaneando por un tiempo, siguiendo el sendero y el cauce del río hasta una pradera redonda que bordeamos por cualquiera de sus lados, para evitar la chamuerga que en ella se forma. Luego el sendero pasa a la margen derecha del río y comienza a ascender sobre el cauce de este. Unas pozas con escasa agua es lo que queda del río, en lo profundo del valle.

Aquí hubo una discrepancia de criterios y mientras unos continuaron descendiendo al cauce del río, otros pretendimos seguir los tracks que teníamos y seguimos subiendo hacia la Sierra del Toyu, buscando un camino que nos bajase a la Vega del Bricial, muy cerca de Las Reblagas. Pero las condiciones climáticas ya no eran buenas y la visibilidad había empeorado y con esto y la falta de un camino seguro para seguir, optamos por volver atrás y continuar como hicieron nuestros compañeros, por el cauce del río y cruzar a la margen izquierda de este, por un sendero que se introduce en el bosque y que nos llevó a realizar un empinado descenso por un resbaladizo sendero cubierto de hojas. Así alcanzamos la amplia Vega del Bricial, otrora el tercer lago de la zona y hoy seco y cubierto de verde hierba.

Aquí nos despedimos de nuestros improvisados compañeros de ruta, la pareja vasca, indicándoles el camino que debían seguir para llegar al lago Enól donde tenían el coche. Para ello les bastó con subir a la Majada del Bricial que veíamos al otro lado de la Vega y seguir por el camino marcado y señalizado a la izquierda y llegar así en poco tiempo a la Vega de Enól.

Nosotros lo hicimos por el camino contrario, derecha, subiendo la loma y alcanzando el sendero que por este lado se dirige a las cabañas de Las Reblagas a orillas del Lago Ercina. El camino, señalizado como PR, sigue por la izquierda del lago, entre este y la ladera del Pico del Bricial, hasta entroncar con la subida a Entrelagos, una loma alargada que separa al Enól del Ercina. Descendemos por la cara opuesta y enseguida alcanzamos el aparcamiento de Bufarrera, poniendo fin a una larga ruta de unas 9 horas, casi sin paradas.

Quiero desde esta página reiterar una vez mas mi agradecimiento a los amigos del Grupo de Montaña por su inestimable ayuda sin la que no podría haber concluido esta ruta. Sé que me van a poner de vuelta y media por la insistencia, pero que sepan que les estoy muy agradecido y que espero poder corresponderles algún día.

Para la próxima semana tenemos salida de dos días, con pernocta en el Refugio Diego Mella de Collado Jermoso. Subiremos a él desde Pandetrave, para al día siguiente ascender a la cumbre de la Torre de La Palanca y bajar luego por la Canal de Dobresengos a Caín. La ruta es:

Día 9 : Puerto de Pandetrave (1.558 m) – Horcada de Valcavao (1.778 m) – Caben de Remoña (1.771 m) – Sedo de Remoña – Alto de la Canal de Pedabejo (2.030 m) – Collado de la Padierna (1.971 m) – Las Colladinas – Refugio Diego Mella en Collado Jermoso (2.046 m) (Pernocta)

Día 10: Refugio Diego Mella (2.046 m) – Torre de La Palanca (2.614 m) – Collado de La Celada (2.470 m) – Hoyo Grande Bajero (2.070 m) – La Gargantada (1.903 m) – Canal de Dobresengos – Jascal de Dobresengos (1.820 m) – Canalón de San Ligiesto (1.255 m) – Hoyo de San Ligiesto – Majada de San Ligiesto (1.065 m) – Sedo Mabro (700 m) – Caín (450 m)

ara esta ruta ya comenzamos a reservar plazas a primeros de año y actualmente hay 26 plaza cubiertas, lo que quiere decir que tenemos una plaza libre. Si alguien está interesado en asistir a esta ruta, debe llamar lo antes posible a los teléfonos de contacto.

lunes, julio 28, 2008

POR LAS CANALES DE LAS UBIÑAS

La ruta de esta semana la realizamos por las entrañas del Macizo de Ubiña, con una modesta(¿) cumbre, el Pico Colines (2.211 m) y una profunda y caótica canal, el Canalón Bajero. Nos movimos por pedregales inhóspitos rodeados de cumbres de más de 2000 metros, para alcanzar las placenteras praderías de los Puertos de Agüeria.

Comenzamos a caminar a las 9 y 20 minutos de la mañana, en el pueblo leonés de Torrebarrio. A esas horas, por efecto del sol, las Ubiñas son un paredón negro que vemos al final del pueblo en dirección noreste. Una muralla aparentemente infranqueable ya vista desde lejos y que no da la sensación de poder ser traspuesta tampoco cuando te acercas a sus muros.

Digo que salimos de Torrebarrio por la terrosa pista señalizada como “Ruta por el Entorno de Ubiña”, que nada más salir del pueblo comienza a empinarse y lo continúa haciendo hasta poco más arriba de Llandanay, que enllana un poco y donde se produce la bifurcación de la ruta normal a Peña Ubiña, a través del Collado del Ronzón, continuación de la “Ruta por el Entorno de Ubiña”.

Seguimos subiendo con un poco menos de inclinación, pero solo por un corto espacio de tiempo, ya que enseguida vuelve a empinarse la pista para pasar por La Cueña, donde casi tocamos a la Peña Ubiña y desde donde pasamos ya a los Llanos del Fontán. Una verde campera de la que brota una buena fuente, la última en este lado de las Ubiñas.

Aún seguimos durante un tiempo la pista, hasta un punto en el que un sendero sale por la derecha a remontar con rumbo a una zona terrosa de color oscuro que tenemos enfrente. El sendero e ganado camina con clara dirección norte y con el Colines puesto en el punto de mira. Poco más arriba el sendero se pierde o confunde con otros caminos de vacas pero nosotros no abandonamos la orientación en ningún momento.

Salvamos un pliegue del terreno, precisamente aquel terroso que veíamos antes de abandonar la pista y continuamos subiendo en oblicuo bajo las paredes de los Fontanes. Pasamos por debajo de la canal de acceso al Prau y la pedrera que se forma entre este y los antes mencionados Fontanes. No es necesario subir mucho. Vasta con continuar la línea que nos trazamos cuando veíamos la pica del Colines.

Pasamos bajo unas llambrias de caliza que se desprenden del Prau y comenzamos a ver la canal que baja de la Muezca del Colines, collado que se forma entre este y el Prau. Si nos paramos un poco podemos ver bajo nosotros y un poco al sur y al final de la pista, el Chozo, una cabaña situada en una pradera cerca de un bloque de piedra. Luego más a la derecha de este, un amplio collado perpendicular a las paredes de los Fontanes y poco más arriba el final de la pedrera que desciende de la Muezca del Colines. Pues bien, ese es otro de los itinerarios válidos para subir al Colines desde el lado leonés. Pero nosotros preferimos iniciar antes la subida para no tener que penar luego en la canal, compuesta de piedra suelta y fina.

Ya con la collada del Colines a la vista, vamos buscando el mejor terreno para acercarnos siempre con las miras puestas en la collada, a la pedregosa canal, que cuando nosotros la cogemos, se convierte en un repecho de hierbas y piedras fácil de superar.

Al otro lado se abre un mundo distinto. A nuestra izquierda la vertical pared del Prau y las agrestes caídas de este a los Joyos del Colines. Luego al fondo, la silueta medio cubierta por la niebla de Peña Rueda y los verdes campos de los Puertos de Agüeria a sus pies.

Pero no acaba aquí nuestro cometido de hoy y continuamos subiendo a la izquierda por la buena caliza del Colines, superando la cresta que se eleva desde la collada hasta el pico y que en ningún momento presenta dificultad alguna, salvo la derivada de la ascensión. Así conseguimos conquistar esta cumbre en la que un jito de piedras marca su cúspide.

Son estupendas las vista que tenemos desde este gran mirador. Al sur, la inmensa llanura de la Babia y las tierras leonesas. Al oeste contemplamos todo Somiedo y el sinfín de cumbres que lo cubren, Orníz, los Bígaros, Ferreirua, Ventana,... Por el norte, Los huertos del Diablo, el Ranchón, la Cigacha, Peña Rueda, los Puertos de Agüeria y Peña Arpín. Y cerrando el círculo, por el este el Prau, impresionante y en primer término, los dos Fontanes, los Foyos, el Pie Ferreru y el Fariñentu.

Nos mantenemos un buen rato contemplando el paisaje y aprovechando la buena temperatura que tenemos en esta bonita cumbre. Pero el camino que aún nos queda es largo. Cubrimos las tarjetas y realizamos las fotos de rigor y emprendemos el descenso por la cresta que desciende al noreste, dejando a nuestra derecha el profundo hueco de los Joyos del Colines. El descenso es sencillo, facilitado algún sendero del ganado que haciendo eses disminuye la fuerte inclinación. En poco tiempo nos ponemos en las praderas de la Vega del Rebezu, una explanada rodeada de altas cumbres en la que la paz y el sosiego nos invade a pesar del buen grupo de vacas que pastan en ella. Antes de llegar a la vega, giramos un poco a la derecha para ir en dirección al collado que se forma a los pies de la Cigacha, la mole rocosa que tenemos de frente y que es la última del cordal de los Huertos del Diablo. En ese lugar hay unas rocas y en ellas una mancha de pintura roja nos marca el inicio de la bajada al Canalón Bajero.

Solo tenemos que seguir los jitos para no encontrarnos con ninguna dificultad. El camino comienza en descenso girando a la izquierda y comenzando a subir un pequeño tramo. No hay problema si se quiere evitar esa subida siguiendo de frente a bajar por una factible cortada desde la que vemos el sendero que baja del punto al que los jitos nos enviaban. El sendero atraviesa un estrechamiento y continúa descendiendo bajo los paredones que se desprenden de los Joyos del Colines.

El camino está muy bien señalizado y aunque no es recomendable hacerlo si hay niebla, fijándose bien, tampoco tendría ningún problema. Al llegar a una pequeña hondonada el camino se pone vertical y debemos acometer una fuerte subida y una larga travesía entre profundas simas que se abren a ambos lados. Un sinfín de flores y plantas cubren las pedreras por las que caminamos, cubriendo el ambiente de múltiples fragancias. Hay muchas plantas de hinojo que al paso de nuestros pies se parten desprendiendo sus típicos aromas anisados, tornando el acre olor de la piedra con su dulzor.

Después de la larga travesía bajo las altas paredes de Colines y Prau, alcanzamos la parte final del Joyo Longo, profunda hondonada que se forma entre el Prau y los Fontanes y que es el abismo que contemplamos desde arriba, cuando cruzamos entre estos dos colosos. Aquí a nuestra izquierda se forma El Canalón Bajeru, profundo corte entre la Cigacha y Peña Redonda. Entre medias, al fondo del canalón y muchos metros más abajo ya vemos las verdes camperas de Agüeria.

El descenso del canalón es sencillo. Algunos lo complican ligeramente descendiendo una parte directamente deslizándose por la pedrera. Pero la bajada normal, por camino, se encuentra pegada a la pared de Peña Redonda y baja haciendo un sinfín de zigzag que parece que no se terminan nunca. Aunque se sigue sin dificultad, hay que fijarse bien, pues en algunos sitios la maleza vegetal y en otros los deslizamientos de grandes piedras, cubren tramos del sendero produciendo la confusión. Algunos jitos nos ayudan a seguirlo cuando las huellas del mismo se hacen menos patentes.

A pesar de que no es dura la bajada, se agradece llegar a las camperas. Mirando atrás podremos contemplar lo mucho que acabamos de descender.

Frente a nosotros se forma una zona más o menos cárstica que debemos evitar, pues se camina muy mal por ella. Es preferible dar un pequeño rodeo a la derecha, siguiendo los caminos empleados por el ganado y que va un poco más alta que esa zona pedregosa. Nuestro destino son las praderas que se ven al otro lado. Es conveniente no perder el camino ya que si esto ocurre es fácil que nos metamos en dificultades, pues la zona está llena de piornales que nos pueden obligar a grandes rodeos, ya que atravesarlos es muchas veces imposible.

Nuestro destino son las orillas del río que atraviesa todo Agüeria de oeste a este y que va recogiendo los múltiples arroyos que se forman a ambos lados, para convertirse primero en el Río de Foix Grande, Río Lindes posteriormente; luego Río Quirós, para finalizar siendo el Río Trubia que más tarde lleva sus aguas al Nalón.

Una vez en el río, solo resta seguir su curso por la orilla izquierda, adentrándonos ya fuera de los límites de Agüeria en un cañón donde debemos cruzar a la orilla derecha si el río va crecido, para continuar por ella hasta un nuevo cruce poco antes de que este se introduzca en la profunda Foz Grande. Como hoy el caudal es escaso, continuamos por la izquierda del río, siguiendo un marcado sendero hasta las cercanías de un bosque donde el sendero cruza el río y ya continua atravesando el bosque por el margen derecho hasta el mencionado cruce.

Una vez cruzado el río por última vez, iniciamos una subida que con lo que ya llevamos caminado, nos parece la más dura del mundo. También comenzamos a encontrar los primeros pasos embarrados. La cuesta finaliza en una pradera donde hay un indicador que señaliza el camino de Manín a nuestra izquierda y el de Lindes, de frente. Continuamos por donde nos indica y comenzamos a meternos en un continuo barrizal, en el que debemos poner todos los sentidos si no queremos perecer atrapados. Unas veces por un lado y otras por otro, vamos pasando de barrizal en barrizal. El camino se nos hace eterno y casi sentimos alivio cuando llegamos al Carrilón, lugar en el que se unen las sendas de Agüeria y Peña Rueda pasando por Manín. Se trata de un canalón de tierra, fuertemente horadado por el agua y el paso del tiempo, que desciende vertiginoso en busca de las primeras casas de Lindes. Cuando el camino enllana, pasamos junto al abrevadero y poco después alcanzamos el pueblo semi-abandonado de Lindes. Pasaba de las cinco de la tarde, con lo que ya se cumplían más de 7 horas y media de caminata.

Para la próxima semana, primer sábado de agosto, tenemos ruta por el Cornión. Nos vamos a Los Lagos parea subir a la Torre de Lueje, con bajada posterior a los Lagos por el Resecu. La ruta es:

Collado les Valeres (1.107 m) – Vega de Enól (1.100 m) – Pan de Carmen (1.087 m) – Vega el Huerto (1.050 m) – Vega la Piedra (1.145 m) – La Rondiella (1.370 m) – Collado Gamonal (1.481 m) – Vegarredonda (1.410 m) – Llampa Cimera (1.850 m) – Collado La Fragua (1.880 m) – Torre de Lueje (2.025 m) – Collado La Fragua (1.880 m) – Jou Sin Tierri (1.769 m) – Llampa Mala (1.710 m) – Canalón del Conjurtau – Joos de Resecu (1.500 m) – Resecu Cima (1.400 m) – Resecu Baju (1.320 m) – Jou la Gocha – Las Reblagas (1.240 m) – Bufarrera (1.063 m)

Ya tengo la lista preparada. El que no quiera quedarse en casa y perderse una bonita ruta por el Cornión, que llame lo antes posible. Después del miércoles no se garantiza que queden plazas libres.