La salida de dos días de este año, resultó todo un éxito tanto en lo deportivo como en lo climático. No recuerdo que en ninguna de las anteriores rutas con pernocta tuviésemos un tiempo tan estupendo como en esta. Nos habíamos planteado una ruta ambiciosa, dura y hasta un cierto punto difícil. Nuestra intención era ascender a La Palanca el domingo desde el refugio de Collado Jermoso y bajar luego al Hoyo Grande Bajero para descender a Caín por la majestuosa Canal de Dobresengos. Al final no fue así, pero creo que si no todos, la mayoría de los componentes de la expedición quedaron más que satisfechos con la ruta realizada. Pero pasemos a relatarla.
El día se presento despejado y con visos de que el sol iba a calentar. Después de un largo viaje por carretera, llegamos al Puerto de Pandetrave donde abandonamos la comodidad (¿) del autocar para colocarnos a la espalda las pesadas mochilas que nos habíamos preparado, y comenzar a patear por la terrosa pista que sale de lo alto del puerto a la derecha, con respecto a Santa Maria de Valdeón. La pista, surcada de vez en cuando por algunos todoterreno y algún que otro quad levantando el polvo, nos llevó hasta el Caben de Remoña u Horcada de Valcavao, donde se nos une por la derecha, la pista procedente de Fuente Dé.
Aún continúa un poco más allá la pista, hasta el Alto de Valdeón, del que sale por la izquierda un camino señalizado que baja a Posada de Valdeón. La pista se convierte en sendero en el Sedo de Remoña y comienza a ascender en busca del inicio de la Canal de Pedabejo, una pindia cicatriz que se abre entre el Tiro de Pedabejo por la derecha y la Torre de Salinas por la izquierda.
Remontamos la canal ascendiendo por sus múltiples tornos, para alcanzar el Alto de la Canal donde se abre la vista a las verdes praderas de las Vegas de Liordes. Nos tomamos un merecido descanso en esta magnífica terraza desde la que pudimos contemplar a nuestros pies la amplia vega con el chozo; enfrente la muralla de cumbres empezando por la Padierna a la derecha, siguiendo hacia la izquierda con el San Carlos, la Torre del Hoyo Oscuro, Madejuno, Tiro Llago, el laberinto del grupo del Llambrión, La Palanca, la Torre de Peñalba y bajo ella, camuflado de verde, el Refugio de Collado Jermoso. A nuestro lado tenemos por la derecha el Tiro de Pedabejo y a la izquierda, un poco más alejada, la Torre de Salinas.
Tras el descanso retomamos el camino y mientras una parte del grupo descendían a las inmediaciones del chozo de Liordes, el resto seguimos por un sendero marcado a nuestra izquierda, que entre praderas y roquedos nos fue llevando casi en llano, hasta el inicio del Sedo de la Padierna donde nos encontramos con el resto de la expedición.
El camino se empina para continuar en travesía sobre el cortado por cuyo fondo a nuestra izquierda, discurre el camino de la Canal de Asotín y a su lado, el casi seco Llagu Bajero. Las vistas de la Peña Santa coronando el Macizo Occidental, son estupendas. El camino comienza a descender dando paso a un terreno en el que se mezclan tramos de piedras con otros de tierra y hasta de hierba. Estamos en Las Colladinas, antesala del refugio, que son un rompepiernas con sus constantes subidas y bajadas. Cada vez que ascendíamos una collada nos hacíamos la ilusión de que al otro lado veríamos el refugio. Vana ilusión. Lo que había era un nuevo descenso seguido de otra subida para marcarnos una vez más el deseo. Me parecieron un ciento de colladas. Pero por fin avistamos el refugio, aunque aún faltaba un nuevo descenso y un alargado sendero para llegar a él.
La visión del enclave en el que se encuentra el Refugio Diego Mella, perteneciente a la federación leonesa, nos hizo recordar un nido de águila. Está situado en una inclinada ladera herbosa colgada sobre la pindia canal del Argayo Congosto y a los pies de la Torre de Peñalba, último bastión por el oeste, del circo formado por las altas cumbres del grupo del Llambrión. Visto desde la penúltima colladina, da la sensación de que el refugio se está deslizando para precipitarse por el canalón de Congosto.
Un nuevo descenso seguido de una corta subida para volver a descender siguiendo el sendero que pasa bajo los derrumbes del Hoyo del Llambrión y llegamos al destino deseado: el Refugio Diego Mella en el Collado Jermoso.
Entretanto tenemos a algunos componentes del grupo, que se habían adelantado al resto, intentando la conquista del Llambrión, meta que a la postre no consiguieron por una equivocación al abandonar las marcas amarillas que llevan a la cumbre más alta de León, dirigiéndose al Tiro Callejo desde donde no pudieron progresar hasta la ya cercana cumbre.
Tras la presentación al guarda del refugio, Pablo Sedano, la tarde transcurrió tranquila. Algunos ascendieron a la cercana Torre del Llaz y otra en las inmediaciones del refugio, mientras otros nos dedicábamos a hacer fotos del precioso entorno en el que nos encontrábamos.
Así entretenidos, nos dieron las ocho de la noche y con ello la hora de cenar: Lentejas estofadas y macarrones en ensalada con bonito en aceite y como postre, melocotón en almíbar.
A continuación y mientras que preparaban el café, subimos a la Torre Jermosa para contemplar la puesta del sol, aprovechando la bonanza del día. Mientras Peña Santa se volvía negra por efectos de la luz solar al esconderse tras de ella, junto a nosotros el Llambrión se ponía rojo por el mismo efecto. Entre bromas y fotos el tiempo pasa y regresamos al refugio para tomar el café y unos chupitos de los licores que varios componentes del grupo acarrearon durante toda la ruta para que todos pudiesen disfrutar. En algunos casos con más fervor que otros.
Llega la hora, muy tarde, de acostarse y quien pudo durmió mientras otros velaban con paseos del dormitorio a la calle y viceversa.
A las seis de la mañana la mitad del grupo estaba ya levantada. A las siete y media nos pusieron el desayuno: café con leche, pan, galletas, mantequilla y mermelada.
Después de algunas conversaciones mantenidas en la sobremesa después de la cena, llegamos a la conclusión de que no todos estaban dispuestos a subir a la Palanca y que tampoco había mucho interés en subir con la pesada mochila, por lo que se preparó un grupo que sin ascender a la Palanca, bajarían a Cordiñanes por la Canal de Asotín. Por otro lado se consultó para ver si había alguien con especial interés en subir a la Palanca y bajar por Dobresengos como teníamos previsto de inicio, lo que conllevaba el tener que subir la mochila. La otra opción era subir sin mochila y volver a las inmediaciones del refugio para descender también a Cordiñanes por la Asotín. Esta última propuesta tuvo una buena acogida por la mayoría y eso fue lo que iniciamos cuando eran las ocho de la mañana.
Tras pagar la estancia y despedirnos de Pablo y sus amables compañeros, emprendimos todos ruta por donde habíamos llegado la tarde anterior, rumbo a las Colladinas. Después de pasar el cruce de la Canal de Congosto y junto a una señal indicadora del camino del Llambrión, el grupo se dividió en dos y mientras unos continuaban rumbo a Liordes, el resto ascendimos un poco para dejar las mochilas al lado de una rocosa pared y por el marcado sendero, bien señalizado con marcas amarillas y jitos, comenzamos a subir ganando altura rápidamente. El camino en esta primera parte no tiene pérdida y es conjunto para el Llambrión y La Palanca.
Al alcanzar el Hoyo del Llambrión, los senderos se separan y mientras las marcas amarillas siguen a la derecha, los jitos continúan por la izquierda. Y este último es el camino que nosotros seguimos. A partir de este punto debemos estar atentos a los jitos que serán nuestra única indicación del buen camino. Hay posibilidades de ir por otros sitios, pero en el refugio nos recomendaron seguir bajo los paredones de las Torres de Peñalba y Diego Mella y evitando subir por el pedrero que es lo que parece más evidente. Sin embargo los jitos nos trasportan por la roca ascendiendo unas veces pequeñas canales y otras las pasamos de soslayo. Vamos ganando altura y poco a poco el camino se va haciendo menos complicado. La subida es una sucesión de terrazas hasta llegar a la última y anterior a la cumbre, en la que se forma un marcado sendero con dirección este, casi llano al principio y que gira al norte ya en un último esfuerzo para llegar a la cumbre de La Torre de la Palanca.
Al otro lado, salvando el inmenso abismo que forman los Hoyos Grande Cimero y Bajero, las emblemáticas cumbres de Los Urrieles nos contemplan. El Urriellu parece un fantasma aún sin iluminar y en tono oscuro al igual que Horcados Rojos, Peña Vieja y Tesorero. Sin embargo Torrecerredo y Cabrones ya reciben los primeros rayos de sol. Abajo, la Canal de Dobresengos asusta por su grandiosidad. La erosionada cresta de La Palanca lleva nuestra vista hacia el grupo de La Celada que cierra la canal por la izquierda. Todo un mundo inmenso de piedra nos rodea. Al sur, allí abajo, el pequeño punto verde del Refugio de Jermoso nos da la sensación de la altura a la que nos encontramos. Veinte minutos estuvimos en la cumbre. Tiempo suficiente para recuperar el resuello, hacer algunas fotos de recuerdo y preparar la tarjeta de cumbres. Luego iniciamos el descenso por el mismo camino por el que subimos.
Lo que primero fueron trepadas se convierten ahora en destrepes con mayor o menor dificultad. Punto principal es el evitar la caída de piedras. Después de subir y bajar esta cumbre podemos decir que no es difícil, pero si que hay que fijarse en el trazado del camino y no intentarla nunca con poca visibilidad. Cuando alcanzamos las mochilas habían pasado exactamente tres horas desde que las dejamos. Con lo que la ascensión la realizamos en 1 hora y 20 minutos. Otros 20 minutos en la cumbre y el resto, otra hora y 20 minutos, para el descenso.
Tras un descanso reanudamos la marcha por el camino de las Colladinas, subiendo y bajando lo que habíamos ya hecho el día anterior pero en distinta dirección. Pasamos nuevamente por el Sedo de la Padierna viendo nuestro camino posterior a la derecha, muchos metros más abajo. Alcanzamos las praderas de Liordes y girando a la derecha, iniciamos el descenso hacia la Canal de Asotín.
El sendero se mueve sin pérdida y señalizado con marcas amarillas, por pequeñas praderas y casi en llano al principio, hasta alcanzar la inmensa pedrera que forma la canal. Al fondo la Peña Santa y toda la masa caliza del Cornión, nos contempla.
Después de una primera parte con pequeños sube y baja, comenzamos a descender con más inclinación y nos metemos en la pedrera de la canal. Un sinfín de revueltas nos facilitan el cansado descenso, siempre con la vista puesta e las praderas de la Vega de Asotin, abajo y la Peña Santa arriba.
Alcanzada la ansiada vega donde poder dar un pequeño descanso a los maltrechos pies y recuperar un poco el resuello, continuamos descendiendo por un sendero muy señalizado, adentrándonos en un bosque de fayas que atravesamos de derecha a izquierda, saliendo a los inicios de un sedo, La Rienda de Asotín.
El inverosímil sendero recorre a media altura las verticales paredes de la Torre Cantodota y la Peña del Porracho. Abajo en el abismo, vemos la carretera que se dirige a Caín y el Río Cares. El sendero, muy estrecho, tiene las piedras muy desgastadas por el uso y es un continuo sube y baja. Hay que tener mucha precaución en los descensos a causa del estado de la piedra. Con agua no es nada recomendable su utilización. Tras un recodo, damos vista a las casas de Cordiñanes y después de un par de subidas y bajadas, iniciamos el descenso final que nos deja en el deseado destino de nuestra ruta de esta semana, donde nos aguardaba Puri, nuestra choferessa, con un barreño lleno de botellas de sidra y cerveza, bollos preñaos y empanada. Un detalle que nunca le podremos agradecer lo suficiente.
Se pasó la ansiada ruta de dos días y la experiencia fue buena para todos, tal como se podía ver en las caras una vez llegados a Cordiñanes. Y como agua pasada no mueve molino, ya estamos pensando en la próxima ruta. El día 16 nos vamos a tierras somedanas, a La Cueta. Desde allí realizaremos una fácil ruta pasando por los cercanos Picos Blancos para bajar a Muriastxongas y continuar hasta Valle del Lago. La ruta es:
La Cueta (1.442 m) – Bustusil (1.600 m) – Pico La Llama (1.925 m) – Picos Blancos (2.064 m) – Pico Cebolleo (1.985 m) – Collado La Pereidina (1.734 m) – Muriastxongas (1.600 m) – Sobrepeña (1.377 m) – Brañas de Fueja (1.290 m) – L’Auterio (1.280 m) – Valle de Lago (1.280 m)
Los que estén interesados en hacer esta bonita y cómoda ruta, ya pueden apuntarse en los teléfonos de costumbre. El de Peña estará disponible solo hasta el miércoles día 13 inclusive, luego tendréis que llamar a los otros teléfonos. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
El día se presento despejado y con visos de que el sol iba a calentar. Después de un largo viaje por carretera, llegamos al Puerto de Pandetrave donde abandonamos la comodidad (¿) del autocar para colocarnos a la espalda las pesadas mochilas que nos habíamos preparado, y comenzar a patear por la terrosa pista que sale de lo alto del puerto a la derecha, con respecto a Santa Maria de Valdeón. La pista, surcada de vez en cuando por algunos todoterreno y algún que otro quad levantando el polvo, nos llevó hasta el Caben de Remoña u Horcada de Valcavao, donde se nos une por la derecha, la pista procedente de Fuente Dé.
Aún continúa un poco más allá la pista, hasta el Alto de Valdeón, del que sale por la izquierda un camino señalizado que baja a Posada de Valdeón. La pista se convierte en sendero en el Sedo de Remoña y comienza a ascender en busca del inicio de la Canal de Pedabejo, una pindia cicatriz que se abre entre el Tiro de Pedabejo por la derecha y la Torre de Salinas por la izquierda.
Remontamos la canal ascendiendo por sus múltiples tornos, para alcanzar el Alto de la Canal donde se abre la vista a las verdes praderas de las Vegas de Liordes. Nos tomamos un merecido descanso en esta magnífica terraza desde la que pudimos contemplar a nuestros pies la amplia vega con el chozo; enfrente la muralla de cumbres empezando por la Padierna a la derecha, siguiendo hacia la izquierda con el San Carlos, la Torre del Hoyo Oscuro, Madejuno, Tiro Llago, el laberinto del grupo del Llambrión, La Palanca, la Torre de Peñalba y bajo ella, camuflado de verde, el Refugio de Collado Jermoso. A nuestro lado tenemos por la derecha el Tiro de Pedabejo y a la izquierda, un poco más alejada, la Torre de Salinas.
Tras el descanso retomamos el camino y mientras una parte del grupo descendían a las inmediaciones del chozo de Liordes, el resto seguimos por un sendero marcado a nuestra izquierda, que entre praderas y roquedos nos fue llevando casi en llano, hasta el inicio del Sedo de la Padierna donde nos encontramos con el resto de la expedición.
El camino se empina para continuar en travesía sobre el cortado por cuyo fondo a nuestra izquierda, discurre el camino de la Canal de Asotín y a su lado, el casi seco Llagu Bajero. Las vistas de la Peña Santa coronando el Macizo Occidental, son estupendas. El camino comienza a descender dando paso a un terreno en el que se mezclan tramos de piedras con otros de tierra y hasta de hierba. Estamos en Las Colladinas, antesala del refugio, que son un rompepiernas con sus constantes subidas y bajadas. Cada vez que ascendíamos una collada nos hacíamos la ilusión de que al otro lado veríamos el refugio. Vana ilusión. Lo que había era un nuevo descenso seguido de otra subida para marcarnos una vez más el deseo. Me parecieron un ciento de colladas. Pero por fin avistamos el refugio, aunque aún faltaba un nuevo descenso y un alargado sendero para llegar a él.
La visión del enclave en el que se encuentra el Refugio Diego Mella, perteneciente a la federación leonesa, nos hizo recordar un nido de águila. Está situado en una inclinada ladera herbosa colgada sobre la pindia canal del Argayo Congosto y a los pies de la Torre de Peñalba, último bastión por el oeste, del circo formado por las altas cumbres del grupo del Llambrión. Visto desde la penúltima colladina, da la sensación de que el refugio se está deslizando para precipitarse por el canalón de Congosto.
Un nuevo descenso seguido de una corta subida para volver a descender siguiendo el sendero que pasa bajo los derrumbes del Hoyo del Llambrión y llegamos al destino deseado: el Refugio Diego Mella en el Collado Jermoso.
Entretanto tenemos a algunos componentes del grupo, que se habían adelantado al resto, intentando la conquista del Llambrión, meta que a la postre no consiguieron por una equivocación al abandonar las marcas amarillas que llevan a la cumbre más alta de León, dirigiéndose al Tiro Callejo desde donde no pudieron progresar hasta la ya cercana cumbre.
Tras la presentación al guarda del refugio, Pablo Sedano, la tarde transcurrió tranquila. Algunos ascendieron a la cercana Torre del Llaz y otra en las inmediaciones del refugio, mientras otros nos dedicábamos a hacer fotos del precioso entorno en el que nos encontrábamos.
Así entretenidos, nos dieron las ocho de la noche y con ello la hora de cenar: Lentejas estofadas y macarrones en ensalada con bonito en aceite y como postre, melocotón en almíbar.
A continuación y mientras que preparaban el café, subimos a la Torre Jermosa para contemplar la puesta del sol, aprovechando la bonanza del día. Mientras Peña Santa se volvía negra por efectos de la luz solar al esconderse tras de ella, junto a nosotros el Llambrión se ponía rojo por el mismo efecto. Entre bromas y fotos el tiempo pasa y regresamos al refugio para tomar el café y unos chupitos de los licores que varios componentes del grupo acarrearon durante toda la ruta para que todos pudiesen disfrutar. En algunos casos con más fervor que otros.
Llega la hora, muy tarde, de acostarse y quien pudo durmió mientras otros velaban con paseos del dormitorio a la calle y viceversa.
A las seis de la mañana la mitad del grupo estaba ya levantada. A las siete y media nos pusieron el desayuno: café con leche, pan, galletas, mantequilla y mermelada.
Después de algunas conversaciones mantenidas en la sobremesa después de la cena, llegamos a la conclusión de que no todos estaban dispuestos a subir a la Palanca y que tampoco había mucho interés en subir con la pesada mochila, por lo que se preparó un grupo que sin ascender a la Palanca, bajarían a Cordiñanes por la Canal de Asotín. Por otro lado se consultó para ver si había alguien con especial interés en subir a la Palanca y bajar por Dobresengos como teníamos previsto de inicio, lo que conllevaba el tener que subir la mochila. La otra opción era subir sin mochila y volver a las inmediaciones del refugio para descender también a Cordiñanes por la Asotín. Esta última propuesta tuvo una buena acogida por la mayoría y eso fue lo que iniciamos cuando eran las ocho de la mañana.
Tras pagar la estancia y despedirnos de Pablo y sus amables compañeros, emprendimos todos ruta por donde habíamos llegado la tarde anterior, rumbo a las Colladinas. Después de pasar el cruce de la Canal de Congosto y junto a una señal indicadora del camino del Llambrión, el grupo se dividió en dos y mientras unos continuaban rumbo a Liordes, el resto ascendimos un poco para dejar las mochilas al lado de una rocosa pared y por el marcado sendero, bien señalizado con marcas amarillas y jitos, comenzamos a subir ganando altura rápidamente. El camino en esta primera parte no tiene pérdida y es conjunto para el Llambrión y La Palanca.
Al alcanzar el Hoyo del Llambrión, los senderos se separan y mientras las marcas amarillas siguen a la derecha, los jitos continúan por la izquierda. Y este último es el camino que nosotros seguimos. A partir de este punto debemos estar atentos a los jitos que serán nuestra única indicación del buen camino. Hay posibilidades de ir por otros sitios, pero en el refugio nos recomendaron seguir bajo los paredones de las Torres de Peñalba y Diego Mella y evitando subir por el pedrero que es lo que parece más evidente. Sin embargo los jitos nos trasportan por la roca ascendiendo unas veces pequeñas canales y otras las pasamos de soslayo. Vamos ganando altura y poco a poco el camino se va haciendo menos complicado. La subida es una sucesión de terrazas hasta llegar a la última y anterior a la cumbre, en la que se forma un marcado sendero con dirección este, casi llano al principio y que gira al norte ya en un último esfuerzo para llegar a la cumbre de La Torre de la Palanca.
Al otro lado, salvando el inmenso abismo que forman los Hoyos Grande Cimero y Bajero, las emblemáticas cumbres de Los Urrieles nos contemplan. El Urriellu parece un fantasma aún sin iluminar y en tono oscuro al igual que Horcados Rojos, Peña Vieja y Tesorero. Sin embargo Torrecerredo y Cabrones ya reciben los primeros rayos de sol. Abajo, la Canal de Dobresengos asusta por su grandiosidad. La erosionada cresta de La Palanca lleva nuestra vista hacia el grupo de La Celada que cierra la canal por la izquierda. Todo un mundo inmenso de piedra nos rodea. Al sur, allí abajo, el pequeño punto verde del Refugio de Jermoso nos da la sensación de la altura a la que nos encontramos. Veinte minutos estuvimos en la cumbre. Tiempo suficiente para recuperar el resuello, hacer algunas fotos de recuerdo y preparar la tarjeta de cumbres. Luego iniciamos el descenso por el mismo camino por el que subimos.
Lo que primero fueron trepadas se convierten ahora en destrepes con mayor o menor dificultad. Punto principal es el evitar la caída de piedras. Después de subir y bajar esta cumbre podemos decir que no es difícil, pero si que hay que fijarse en el trazado del camino y no intentarla nunca con poca visibilidad. Cuando alcanzamos las mochilas habían pasado exactamente tres horas desde que las dejamos. Con lo que la ascensión la realizamos en 1 hora y 20 minutos. Otros 20 minutos en la cumbre y el resto, otra hora y 20 minutos, para el descenso.
Tras un descanso reanudamos la marcha por el camino de las Colladinas, subiendo y bajando lo que habíamos ya hecho el día anterior pero en distinta dirección. Pasamos nuevamente por el Sedo de la Padierna viendo nuestro camino posterior a la derecha, muchos metros más abajo. Alcanzamos las praderas de Liordes y girando a la derecha, iniciamos el descenso hacia la Canal de Asotín.
El sendero se mueve sin pérdida y señalizado con marcas amarillas, por pequeñas praderas y casi en llano al principio, hasta alcanzar la inmensa pedrera que forma la canal. Al fondo la Peña Santa y toda la masa caliza del Cornión, nos contempla.
Después de una primera parte con pequeños sube y baja, comenzamos a descender con más inclinación y nos metemos en la pedrera de la canal. Un sinfín de revueltas nos facilitan el cansado descenso, siempre con la vista puesta e las praderas de la Vega de Asotin, abajo y la Peña Santa arriba.
Alcanzada la ansiada vega donde poder dar un pequeño descanso a los maltrechos pies y recuperar un poco el resuello, continuamos descendiendo por un sendero muy señalizado, adentrándonos en un bosque de fayas que atravesamos de derecha a izquierda, saliendo a los inicios de un sedo, La Rienda de Asotín.
El inverosímil sendero recorre a media altura las verticales paredes de la Torre Cantodota y la Peña del Porracho. Abajo en el abismo, vemos la carretera que se dirige a Caín y el Río Cares. El sendero, muy estrecho, tiene las piedras muy desgastadas por el uso y es un continuo sube y baja. Hay que tener mucha precaución en los descensos a causa del estado de la piedra. Con agua no es nada recomendable su utilización. Tras un recodo, damos vista a las casas de Cordiñanes y después de un par de subidas y bajadas, iniciamos el descenso final que nos deja en el deseado destino de nuestra ruta de esta semana, donde nos aguardaba Puri, nuestra choferessa, con un barreño lleno de botellas de sidra y cerveza, bollos preñaos y empanada. Un detalle que nunca le podremos agradecer lo suficiente.
Se pasó la ansiada ruta de dos días y la experiencia fue buena para todos, tal como se podía ver en las caras una vez llegados a Cordiñanes. Y como agua pasada no mueve molino, ya estamos pensando en la próxima ruta. El día 16 nos vamos a tierras somedanas, a La Cueta. Desde allí realizaremos una fácil ruta pasando por los cercanos Picos Blancos para bajar a Muriastxongas y continuar hasta Valle del Lago. La ruta es:
La Cueta (1.442 m) – Bustusil (1.600 m) – Pico La Llama (1.925 m) – Picos Blancos (2.064 m) – Pico Cebolleo (1.985 m) – Collado La Pereidina (1.734 m) – Muriastxongas (1.600 m) – Sobrepeña (1.377 m) – Brañas de Fueja (1.290 m) – L’Auterio (1.280 m) – Valle de Lago (1.280 m)
Los que estén interesados en hacer esta bonita y cómoda ruta, ya pueden apuntarse en los teléfonos de costumbre. El de Peña estará disponible solo hasta el miércoles día 13 inclusive, luego tendréis que llamar a los otros teléfonos. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
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