martes, junio 14, 2011

DESDE LA PEÑA CRIMIENDA, NUESTRO PARTICULAR DESCENSO A LOS INFIERNOS

11 de junio de 2011

Decíamos en la crónica anterior que la Canal de Llamedo no defrauda a nadie. ¡Vale!, Si no quieres beber agua... ¡apura la copa hasta la última gota! Que ¿por qué exageramos tanto? Veréis si tuvimos canal bastante o fue un paseín por la senda el Cares.

Llegamos pronto a Tielve. Recogemos a Ángel y Norniella que llevan una semana perdidos por los Picos de Europa. El americano al que guiaron decía a la hora de bajar los tremendos desniveles: “¡Ay, ay, ay, ay...!” ¿Sería un profeta que adivinó lo que nos esperaba?

Nuestra primera parada nos llevó un tiempo para poder hacer un importante repostaje de cabrales. Esta vez no cruzamos la carretera entre charcos helados. Las nubes altas pegadas a lo alto de los picos. ¡Qué fatalidad! El serrote que forman los muchos picos de Portudera siempre nos ha llamado la atención. Su vista desde Camarmeña o el Cuetón es soberbia. Es una larguísima sucesión de cumbres desde Paré Veda (1234) hasta Paré Llaneru y Pica Cuantú. Tan fragorosa es la crestería que no he encontrado dos mapas iguales en toponimia y altitud. Desde Puente Poncebos en sucesión ascendente el Cabezo Matadoiro, Arisco Canal Llagu y el Arisco Sonllano (1258), seguidos del Cabezu Llaneru(1283), de donde arranca la canal de Llamedo oeste. Evoco la sinfonía del Nuevo Mundo al ver el resultado del caótico nacimiento de estas cumbres empujadas por inmensas fuerzas telúricas desde el interior de la tierra.

A las diez y media caminando. Paso rápido por la majada Renduenes, para luego pasar las cabañas de Valfrío y salir por la cabecera del Valle (12h10 , 999m). El antiguo camino de Caoro gira al NO entrando por el Posadoiro que nos pondría en la majada Tordín en un momento. Pasamos junto a uno de los 45 “tornos” o piedras millares que jalonan el camino hasta Arenas. Los romanos necesitaron estos caminos para dominar a los levantiscos cantabros. Sin bajar a Tordín y por terreno conocido, giramos seguidamente a la izquierda hacia la fuente de Las Viñas. De los tres senderos que salen de ella nos interesa el más alto que sigue al Oeste, que por las vegas de La Tilarona, La Bodega y Las Agujas, nos sitúa debajo de la Peña Crimienda.

Antes nos desviamos hacía la Paré Pelliteru (1213 m ó 1228 m, pónganse de acuerdo, ¡caramba!). Entramos debajo del saliente rocoso que sirve de abrigo al ganado. Desde aquí la vista de Tielve es sensacional. Nos convierte en pájaros ansiosos por el vuelo tan cercano. Y hay bajada pindia, pindia por la izquierda. Los lugareños bajaban de ordeñar las cabras por debajo de la plataforma, ¡cargados con 50 litros de leche!

De nuevo en camino entramos en las majadas, repletas de lagunillas o ibones. En un momento estamos bajo de la Crimienda. Este es un triángulo calizo con fácil subida. Alguna breve trepaduca y estamos arriba. Son las 13h50 y estamos a 1292 m. La vista es parcial: sólo se pueden ver los valles porque todo lo demás está tapado por la espesa borrina. Pero estar aquí arriba la compensa todo. Entra niebla a rachas. Hay que seguir.

Antes de las dos y media ya atravesamos la majada Crimienda. Estas manchas verdes entre altos riscos blancos vuelven a recordarme el adagio del Nuevo Mundo: “Mi -sol-sol- mi-re-do, re-mi-sol, mi-re...” Ha nacido un nuevo mundo lleno de equilibrio y belleza. Desde la Collada la Polvorosina nos disponemos a bajar. Pero la niebla nos juega una mala pasada. De los tres caminos nos centramos en el del medio cuando cualquiera de los otros dos nos llevarían por sendero a Llamedo Sur o la Canal de las Palancas desde la collada Las Broqueras, antes de Cabeza Redonda. Entre nieblas adivinamos la escotadura que nos emboca a una tremenda bajada. Son las tres de la tarde.

Empieza otra ruta distinta. Ahora se trata de mantener la vertical el mayor tiempo posible. La cuesta muy inclinada está tapizada por hierba húmeda. Trabajo para los bastones. No pisar lo pisado. Estamos marcando una nueva senda fuera de los mapas. No está muy claro en donde nos hemos metido. Entre nieblas se adivina una pared tremenda a nuestra derecha. “¿Será el Coterín de Marcos?”. De repente una ráfaga de aire nos levanta algo la niebla y vemos el final de esta larguísima canal: el aparcamiento de Obar en la carretera de Poncebos. “Me parece que nos hemos equivocado”. Pero ¿quién rectifica ahora si tenemos a Ángel y a Norniella buscando una salida mucho más abajo? Además ahora la inclinadísima pendiente suaviza un poco y la pedrera nos permite avanzar con más seguridad.

Falsa ilusión. Otra pendiente importante que pone a prueba nuestros brazos. Ha cambiado mi melodía. Ahora el Nuevo Mundo empieza a tocar clarines de aviso: La-si-DO-si-la, la-la-la-mi-mi-la...” Los timbales están entrando en masa. Es una sensación hasta física pues encajonados entre dos peñas la voz retumba con tintes metálicos. El mundo caótico vuelve con fuerza a recordarnos que somos pequeños seres deambulando entre agujas imposibles. Trompetas de alarma. Permitidme una humorada: el chiste del Roto de hace unos días decía: <>. Ahí le has “dao”. Asustados pero firmes en la interminable bajada.

Llevamos hora y tres cuartos continuos, sin un descanso, sin un sendero, resbalando por las hierbas que al mismo tiempo son un asidero seguro. No hay un momento de descanso. Esto marca porque es una sucesión de sensaciones fuertes. Un momento: la gente que va delante se ha parado. –“¿encontrarían un senderín salvador?” ¡Qué va!, hay una cortada inmensa atravesando toda la canal. Están buscando un paso practicable. Si miramos hacia arriba se ven pequeñas cascadas que se sumen en el suelo. Parece el río Llamedo. La riega de la Cojita no puede ser porque está cubierta por la maleza. Una enorme aguja por la izquierda apunta al cielo como un gran jitu vigilante.

Tras un breve descanso continuamos pegados a la roca de la derecha por un pasillo muy estrecho con gran patio de caída. Logramos pasar todos. Un pequeño grupo hace lo propio por el lado sur de la canal. Un casi descansillo horizontal y de nuevo otro pasillo que obliga a dar pasos firmes hasta el serval que nos sirve de apoyo. Decidimos poner nombre a esta sucesión de sustos: Es la canal “Por donde puedas”. Ahora la bajada en una serie de revueltas por un lateral que supera el 50% de inclinación. Chistes y risas para distender un poco el miedo. Permanecemos asustados, pero reímos a pesar de todo. Estamos lanzando un nuevo deporte a escala internacional: el culirrastro se ha convertido en un sistema de “deslicing” eficaz y apabullante. Hay quien deja autopista de doble vía...

La vista que tenemos en la ladera de enfrente baja directamente del Cuetón en lo que nos parece la Canal de la Miel. Nueva sorpresa: ahora entramos directamente en la riega que está formada por enormes piedras desprendidas, formando continuos saltos que no hay más remedio que destrepar. Ahora ya no sólo peleamos con el terreno. También nuestro propio cansancio juega. Más de un bastón roto o torcido. Algunas caídas más o menos serias. Esto no termina nunca. Se está convirtiendo en una tortura. Seguir, seguir... otro paso... otro salto... nuevo destrepe... cuidado con esta piedra movediza... esta resbala... “por donde puedas”...

Miras hacia abajo y trazando con la vista no puede quedar mucho. Ya se ve la cinta de la carretera a Poncebos. ¡Mentira podrida!. Llevamos dos horas y cuarto y lo que nos queda todavía. Más bajada, ningún descanso, ni un momento de descuido, Tere da una vuelta de campana. Afortunadamente no ha pasado nada. Aparece de nuevo el agua en la riega. Forma una serie de maseras amarillentas. Esta parte es mucho más caótica que la superior. Tendrá que terminarse alguna vez.

Avanzados o retrasados todo el mundo bajó. Una pequeña subidita nos sitúa en una majada que está justo encima de las cabañas de Obar. Salimos por la “avenida de las garrapatas” a una plataforma que lleva el agua a la Electra del Viesgo en Arenas. Es justo a la altura de los Túneles Negros. Por fin el aparcamiento de Obar. Dos kilómetros hacia Poncebos y cuatro hasta Arenas. Son las siete y diez de la tarde. Mil metros de una tacada. Se nos aparece un ángel en todo terreno, encarnado en la chica del mesón de Puente Poncebos. Nos baja en dos viajes a unos cuantos, quizá a los más espachurrados. No puede creer lo que contamos y nos mira como si fuéramos una cohorte de enajenados. Ese aspecto debemos tener.

En Puente Poncebos nos espera preocupadísimo Silvino, con el bus de Jano. No hay tiempo ni para comer porque el autocar tiene que salir inmediatamente para poder cumplir el horario. No importa. Ni nos cambiamos, para qué. Las amortiguaciones de las rodillas están rotas. Mañana agujetas en los brazos. El comportamiento del grupo excepcional como siempre. Esta ha sido nuestra segunda prueba en poco tiempo.

Comento: -“Debemos tener un ángel de la guarda que mira por este grupo”.

Respuesta del gracioso de siempre:

-“¡Si!, está claro que hay un ángel velando por nosotros, pero últimamente lo tenemos muy, pero que muy estresado”.

No dejo de destacar, con profunda admiración, la extraordinaria experiencia de este grupo que permite salvar situaciones comprometidas. Hemos salido también de esta, ¡¡y con nota!! Pero no está de más que revisemos las normas de seguridad y socorrismo en montaña que estamos colgando en gmail. Está bajada va a quedar para siempre en nuestra memoria como "LA JODIDA CANAL".

Como no hay ni un fin de semana libre de descanso, este próximo una larga travesía hasta llegar a la vega Cazoli (1637 m) para bajar luego a Arcenorio, subir al Collado Llaete y acabar en Pío, con una bajada de 700 metros. Al lado de la de hoy, agua bendita...

FRESINES

Tengo que agradecer a todo el grupo su ejemplar comportamiento en el descenso de la Canal de Llanedo, en su versión oeste. Tanto a los serpas que nos precedieron buscando los mejores pasos, como al resto de los componentes de la expedición por su entrega y saber estar.

Al mismo tiempo quiero pedir perdon en nombre del Grupo de Montaña, por la equivocación que cometimos entrando en esa canal que no era la prevista. Las circunstancias no nos fueron propicias y una mala interpretación del gps nos hizo descender una canal que... no tenía descenso. Ahora tiene un par de autopistas.

Reitero el agradecimiento a todos los componentes de la expedición su comprensión y confio en que esto sirva de lección para próximas ocasiones en similares circunstancias, y nos lo pensemos un poco antes de iniciar el descenso.

Gracias.

JAFPA

jueves, junio 09, 2011

EURORRANDO 2011

VIAJE A GRANADA

La FEMPA organiza un viaje a Granada para las fechas entre el 12 y el 16 del próximo Octubre (ambos inclusive). La oferta se compone de viaje en autocar y alojamiento en el hotel CAMINO DE GRANADA, en habitación doble en régimen de media pensión (alojamiento, cena y desayuno)

El precio por persona es de 173 euros y no incluye las comidas de los viajes de ida y vuelta.

Si estas interesado/a puedes ponerte en contacto con la Federación en el teléfono 985252362 de lunes a jueves de 10 a 14 horas

(Junio día 12) San Bernardo Menthón El Acebo

A continuación os presento la ruta que el Grupo de Montaña Pielago, ha preparado para la celebración de la festividad de San Bernardo de Menthon, patrono de los montañeros. La ruta se celebrará el próximo domingo día 12 de junio. Para más información se puede acceder a la página web del grupo www.grupompielago.com

DE LA ERMITA LA PILARINA AL SANTUARIO DEL ACEBO

Tipo de ruta :Travesía

Dificultad : Facil

Distancia : 7.2 km

Duración : 2 h.

Itinerario : Ermita de la Pilarina – Veigalapiedra – Santuario del Acebo


Descripción de la ruta.

Comenzamos nuestro paseo en la Ermita de la Pilarina (852m) por un camino que se bifurca a la derecha. En este tramo podemos ir contemplando en primer termino la Sierra de Santa Isabel, detrás el puerto del Palo, la Sierra de los Lagos, el Pico de Cazarnosa y parte de los concejos de Pola de Allande y Tineo; seguimos el camino girando lentamente hasta cruzar la carretera, dirigiéndonos hacia la vertiente contraria, donde tenemos unas espléndidas vistas del partido de Sierra: entre los numerosos pueblos podemos distinguir Llamas del Mouro muy conocida por su cerámica negra; la Fana de Genestaza, Los Cadavales y parte del valle de Xunqueras que limita con el vecino concejo de Somiedo.

Continuamos caminando y llegamos al pueblo de Villanueva, donde nos desviamos por un camino a la derecha cambiando de ladera dando vista a los valles del Coto, Rengos, Naviego, Cibea…. proseguimos nuestro camino hasta llegar a Veigalapiedra (917m), tradicional parada donde los romeros que suben andando al Acebo descansan y reponen fuerzas, seguimos por carretera con dirección al Acebo para mas adelante desviarnos a nuestra derecha cogiendo el atajo que campo a través nos lleva hasta el final de la travesía el Santuario de Nuestra Sra. del Acebo (1165m).

Si el día esta claro y despejado es aconsejable abandonar el atajo en el ultimo tramo donde cruza la carretera y seguir por esta para acceder a los tres miradores (1097m) desde donde se puede ver un majestuoso paisaje de montañas y valles. Los miradores, muestran ante nuestra vista todo el valle donde se asienta la villa de Cangas, y el valle de Naviego. Se sitúan en primer término las sierras de Santa Isabel y El Pando, al fondo las del Valledor y Los Lagos. Al sur, la silueta del Cueto de Arbas. Desde esta zona también se puede ver Caniellas(1.921m), Pico del Cuervo (1.309m), Peña Ventana (1.375m), Cazarnosa (1.385m) y si el día está muy claro se ve Tineo.

miércoles, junio 08, 2011

DESDE EL VISU LA GRANDE, GRAN ATALAYA SOBRE REDES

4 de junio de 2011

Extraordinaria salida la que hicimos este sábado. Llegamos pronto a la Felguerina. Según la Wikipedia “uno de sus célebres vecinos fue José González, afamado cazador de Brañafría que fue contratado por el rey Carlos IV como cazador real y vivió en la corte de Madrid, pero añorando los bosques y las montañas casinas, renunció a todas las comodidades para volver a su tierra. También vivió otro singular personaje, Manolín de Balquemau, inventor del cordero a la estaca, especialidad que trajo de Argentina en los años 30, amén de Enrique el de la Gaita que amenizó muchos bailes del concejo, otro vecino importante por lo que significó en el impulso de la vaca casina, ganando infinidad de concursos con sus reses fue Eladio el del Pandu”.

Comenzamos por la monótona pista hasta llegar a Les Collades en donde hay una buena mayada. Luego torciendo hacia la derecha y un poco más arriba llegamos a La Gallera, donde paramos hace tiempo para refugiarnos de la cellisca que arreciaba y de la que escapamos por el colláu Incós. Los amplios horizontes se dejan ver entre praderías bien cuidadas, montes verdes y blanca caliza. La foz que forman la Peña’l Casar y la Peña Blanca cierra todo el horizonte. Seguimos a muy buen ritmo de marcha camino del Visu. La Xerra L’Canalina es una larguísima pared de roca que va de norte a sur hasta La Pelacera donde se dobla 90º para formar el Serrote de Brañapiñueli.

Dos personas se atreven con El Cuervu (1581). Una pared bastante vertical, que cae directamente a La Gobia. El resto del grupo (los veintidós al completo) están ya por encima del colláu La Xistra (1530) y en cómoda subida llegamos al Visu la Grande (1709 metros). Dos horas y media para salvar los novecientos metros de desnivel. Los pueblos desde aquí arriba parecen un belén que inspira tranquilidad. La vista circular es completísima desde Ten y Pileñes, El Tiatordos y el Campigüeños y la afilada arista de la Llambria. En medio lo que nos parece Sen de los Mulos. A lo lejos la Peña Santa almena de un castillo firme. Por el otro lado el Torres, triángulo negro, con el Pierzu, y la Cabeza l’Arcu, encima de Caleao. Soberbia vista. Decenas de cumbres. Decía el geógrafo francés Franz Schrader (dibujante de mapas, pirineista destacado, inventor del orógrafo en 1874 con el que dibujar “tours d’horizon”), viendo un día unas puesta de sol en el horizonte que “Cuando la montaña os ha robado el corazón todo viene de ella y todo conduce a ella”. Este es el mejor balcón para completar y admirar el parque de Redes. Literalmente sentimos que la montaña nos ha vuelto a robar el alma y los sentimientos...

De nuevo en camino. Nuestro próximo objetivo la Becerrera de Atambos. Una profunda garganta marca un vertiginoso descenso al valle Llinde la Gobia. Rodeamos la Peña Gain que Gelu también sube (bravo por sus cinco de hoy). Atacamos por la cara oeste la sinuosa senda trazada por buena roca. En la cumbre un chulo farol de mina que hace las veces de buzón montañero. Para los que sabéis asturiano de verdad “atambo” parece significar sitio u oquedad que sirve de abrigo. Fotos de rigor. Por “semeyas” que no quede. Buena vista de pájaro sobre la majada Atambos, llena ya de ganado. Todo esta vestido por la generosa primavera. Arrebatos líricos de un poeta que nos acompaña y quiere confundirse con el vacuno habitante de este miniparaíso. Bajada entretenida entre gorbizos. El grupo se divide: la mitad decide subir a La Pelacera y el resto gira hacia la Felguerina pues la ruta hoy es circular.

La Pelacera (1709) nos la dejamos en el tintero para una mejor ocasión cuando atravesamos desde el lago Ubales por la Canalina. Una pared inmensa, cortada, difícil. Desde la majada hay fuerte aunque breve subida por el sur hacia un canalizo entre los dos picos. Hay que echar las manos para superar el canal y luego hacia la izquierda está la cumbre. Pasamos arrimados al canto entre dos buenos precipicios. Pero nos ha tocado el premio gordo: tenemos a la vista el Canto del Oso y Brañagallones y estamos literalmente encima de la braña Piñueli. A finales de este mes contamos con coronar el Canto del Oso. ¡Si es que no nos podemos perder ni una!¡Vaya calendario este año! Las consabidas fotos. Poco espacio para moverse. Hacemos un descenso tranquilo por la canal procurando asegurar los pasos. Hay gritos de satisfacción por la adrenalina liberada.. Empezamos el descenso a buen ritmo, ya que el resto del grupo está ya cerca de la aldea.

Nuestro propósito es evitar lo que podamos de pista. Bajamos a través de la pradería por un senderillo que nos tiene que llevar a la majada Les Campes donde está instalada la piscina- azud de recogida de agua para incendios. El camino cada vez mejor marcado. Por extraño que parezca no dejamos de extrañar la escasez de barro. Parece que no estamos en nuestro medio natural. “¡Cachiparros, vamos a por vosotros!”. Alivio rápido en la fuente. Bajamos por el antiguo camino a través del bosque siguiendo el río Truebanones. Nuevas cabañas, la senda se hace camino. Desembocamos en la pista. Atentos a los cruces para no acabar en La Infiesta. Se hace largo el recorrido. Vista de la Felguerina desde un recodo del monte. Llegaremos pronto. Un último esfuerzo que la pista acaba en cuesta arriba.

Una cerveza bien ganada en el centro social-bar, antiguas escuelas. Los dueños se las enseñaron muy amablemente a nuestros compañeros, y todos quedaron admirados por el impecable estado del aula. Vamos a merendar junto al embalse de Tanes, y es siempre un placer intercambiar impresiones del día y preparar las próximas ascensiones por Picos con gente tan competente.

En la semana que viene otra imprescindible: La subida a la Peña Crimienda desde Tielve y la bajada por la pindia canal de Llamedo hasta Poncebos. Hay que ascender trescientos cincuenta metros y bajar unos ochocientos hasta La Trapa. Si el tiempo nos acompaña como hoy, las vistas pueden ser inmejorables. Dicen los que han hecho la Canal de Llamedo que no defrauda a nadie.

FRESINES

martes, mayo 31, 2011

LA SILLA DE CABESTREDO ENTRE NIEBLA Y BARRO

28 de mayo de 2011

Después de las emociones de las semanas pasadas nos merecíamos un día tranquilo. Y lo tuvimos hasta un poco de más pues la niebla en las tres primeras horas fue nuestra constante compañera.

El día se resume fácilmente: empezamos en Monasterio. Con indecisión sobre el mejor paso a tomar. Los habitantes del lugar nos dieron opiniones contradictorias: se puede subir a la Silla de Cabestredo por la majada Ovia pero puede estar muy tomada. Un grupo sigue este sendero. La mayoría subimos por la parte alta del pueblo hacia el barrizal que nos está esperando. Es nuestra segunda salida de Monasterio después de dudar sobre el verdadero camino. Cosas de la niebla. Seguimos hasta llegar a la carretera: hoy es mejor opción seguirla hasta la Collada Llomena tal como está el suelo.

Seguimos el tradicional camino del Pierzu, desviándonos a la derecha a los dos kilómetros para seguir monte arriba al Calderón de la Arena. Contento general de las garrapatas, siempre acechando sangre fresca. Bordeamos sin ver a penas nada el Pico Valeru, subimos hacia el serrote y sin darnos cuenta estamos en la Silla de Cabestredo. Mucha humedad. Tres horas escasas y 569 metros ascendidos. Breve parada de repostaje.

Un poco más abajo, en el Collado Trecho salimos de debajo de la nube que nos envolvía. Se ve el valle de Carmenero. Una larga bajada. Cinco compañeros deciden subir al Carria por la Collada Carriá, entrando por un profundo canalizo. Bravo por ellos. Más que caminar vuelan porque llegan media hora después de los últimos al autocar.

Desde Trecho pasamos al concejo de Amieva. Una larga bajada entre helechos y ortigas gigantes. El camino algo desdibujado a ratos y barro, lodo en su categoría más pegajosa. Al fin acertamos a pasar junto a una cabaña y siguiendo el camino antiguo vamos paralelos al río Carmenero al que oímos cantar muy por debajo nuestro. En el fondo del valle, casi cubiertos por la vegetación, varios corros de piedra pequeños y perfectos.

Seguimos camino, ahora por el espeso bosque. Esta es una auténtica catedral vegetal con sus arcos enramados cruzándonos por encima. En las ventanas que deja la pared verde asoma ahora soleado el Pierzu y al otro lado del valle el Teyeu en la Peña Siña, que intentamos hace poco. La cabecera del valle es un denso bosque que baja desde las alturas del Pierzu y el Cabezo Boes. Por algún vericueto oculto tiene que estar la majada Dobru desde la que suben algunos aventureros al Pierzu por su difícil cara este.

Bajamos por senderos de bosque, un buen descenso. Descansamos un poco en un saliente de la Peña Praniella. En nuestro frente el Collado Valleyu y la Cuesta las Verdes de la Peña Siña. Continuamos nuestra pelea con el barro, pero a partir de aquí la senda se hace pista y el tránsito es mucho más cómodo y seco. Buenas conversaciones acortan lo largo del camino. Las botas hoy pesan lo suyo.

Cumplidas las seis horas entramos en Argolibio. En total llevamos seis horas caminadas en un descenso de novecientos veinte metros. Esperamos una media hora a que aparezcan los marchosos del Carriá. Tiempo aprovechado para quitar barro de las botas y tomar un poco el sol. Charlamos con la gente de Argolibio. El suceso del ahorcado en el Porro Moneru les ha impactado. La vista del Cornión nevado siempre reconforta.

Sin más novedades bajamos al Bodegón del Dobra, cuyas mesas en el prado invitan a una comida muy agradable, con buen tiempo ahora, buenas viandas y mejor compañía. Para remate de esta tranquila sobremesa, se nos muestra el Pierzu atravesando la nube que lo bordea. Como en los cuentos.

El sábado 4 de junio la excursión que vamos a realizar es la siguiente: La Felgerina (817 m.) –La Gallera (1.225 m.)- VISU LA GRANDE (1.709 M.) y vuelta a La Felguerina. La salida comienza a las 7,30 en San Andrés y esta vez no se admiten gafes que atraigan el mal tiempo.

FRESINES

jueves, mayo 26, 2011

¿COMO EVITAMOS LOS RIESGOS EN LA MONTAÑA?

Andar por las calles de una ciudad, implica riesgos. Conducir por una carretera, implica riesgos. La mayoría de los trabajos que realizamos, implican riesgos. El simple hecho de plantearse una escapada por el monte ya implica riesgos. ¿Debemos dejar de realizar todas estas cosas?

Siempre he dicho que no se deben asumir riesgos gratuitamente, pero no por eso debemos dejar de realizar aquello que tenemos o queremos hacer. Los riesgos conocidos se deben evitar, pero ¿Qué hacemos con los riesgos que no vemos hasta que nos encontramos en su interior?

La vida en su contexto es un riesgo. Nacemos y no sabemos nada de lo que va a ocurrir en el transcurso del tiempo. Y no por ello dejamos de vivirla. Lo que hacemos es tratar de evitar todas aquellas cosas que nos pueden producir un accidente o un contratiempo y que vemos de cara. El resto son obstáculos que se nos presentan y que no nos queda más remedio que superarlos de la mejor forma posible.

Es lo que nos ocurre en las rutas que semanalmente realizamos. Tratamos de evitar todo lo que conocemos como peligroso. No intentamos aquellas rutas o pasos que están fuera de nuestras posibilidades técnicas o físicas. Pero siempre nos quedan esos pasos o esos puntos que no conocemos y que pueden ser un obstáculo para nuestro transcurrir. Lo más importante es saber resolver los problemas que se nos presentan. Y sábado tras sábado lo hacemos de la mejor forma posible.

En la ocasión que nos ocupa, los obstáculos físicos se salvaron sin percances en todos los casos menos en uno. Ya sé que conocíamos las circunstancias personales que se daban. Pero desconocíamos las físicas, las de la naturaleza. Una es evitable y la otra no lo era para nuestras pretensiones.

¿Que debemos hacer en este caso? ¿Dejamos de hacer la ruta por no conocer todos y cada uno de los pasos o circunstancias que nos acechan? O bien, ¿debemos limitar la participación de las personas subjetivamente por lo que pueda pasar? Me gustaría que alguien me respondiese, pues es una duda que hace tiempo que me ronda por la cabeza y no me encuentro capacitado para responderla yo solo, pues estamos hablando de un colectivo: el Grupo de Montaña.

Mi opinión particular en el caso que provoca esta meditación, es que actuamos mejor de lo que se podía esperar. Ya se que se corrieron riesgos y que quizá había alguna otra solución más drástica y rápida. Pero cuando se trata de personas, no siempre es fácil hacer uso de ellas. A lo que me refiero es a que supimos buscar medios materiales para salir del atolladero. Quizá faltó un líder que encabezase las acciones y con lo que ganaríamos tiempo muchas veces. Pero no estoy descontento del trabajo de ninguno de los que participamos en el evento. Supimos resolver un problema que se nos presentó sin esperarlo y logramos vencerlo. Quizá había otras formas, pero la que empleamos fue satisfactoria.

Ya desde la tranquilidad de los hechos alejados, os vuelvo a plantear la pregunta que me ronda por la cabeza hace tiempo: ¿Cómo evitamos estos casos? ¿Hacemos solo rutas conocidas y sin riesgos? ¿Limitamos la participación? Y si es así, ¿con que criterio?

Como uno de los responsables tanto de la búsqueda de rutas, como del control de los participantes, me gustaría que me respondieseis a ellas. Para evitar problemas técnicos que algunos pueden tener, esas respuestas se pueden enviar al correo electrónico del grupo. Pueden ser respuestas anónimas, pero me gustaría conocer a la persona que las hace. Quizá podamos encontrar ese líder que nos falta. Saludos.

JAFPA

miércoles, mayo 25, 2011

LA PASADA DEL TOYU Y UN RESCATE A PIE DE CARRETERA: DOS EXPERIENCIAS PARA NO OLVIDAR

21 de mayo de 2011

Un día de montaña casi perfecto. Grupo seleccionado de montañeros con ganas de conocer los pasos entre sierras. Esta vez, siendo ambiciosos como somos, teníamos pensado atravesar desde la Collada Nochendi hasta Viego por los vericuetos trazados entre rocas.

La Senda Degüera nos aguarda. Subimos con ritmo. El gracioso de turno afirma que “vamos a limpiar de garrapatas el monte”. Será mejor dejarlas en el sitio, digo yo. El primer tramo es fatigoso pero afortunadamente el día está algo encapotado. En la ladera opuesta al desfiladero de los Beyos vemos el camino del Derrabau que intentamos el año pasado. En una hora subimos trescientos sesenta metros y tenemos Biamon a la vista. Una ventana nos deja contemplar la zona del Derrabau y el Jucantu. Intenta despejar. A ver si hay suerte.

Una casa habitada. Un pueblo fantasma rodeado de nieblas. Entre casas continúa la senda que en sucesivas terrazas nos va acercando a la collada. Restos de cabañas centenarias. El único hórreo beyusco que queda en pie, parece hacerlo por poco tiempo. A las dos horas, con la niebla tapando el paisaje, estamos en Nochendi (643 m. subidos). Un cuarto de hora más tarde decidimos subir a Peña Salón que debe estar a nuestra izquierda. El cielo sólo se pinta de gris de niebla. Para casi todos es una ascensión inédita por esta cara de la montaña.

El hayedo es centenario. Los ejemplares son estatuas vivas en este museo natural que visitan los animales del bosque y pocas gentes más. Salimos a una zona más abierta y con un sencillo faldeo hacemos cumbre en Peña Salón. ¡Premio! Se está despejando y podemos ver una enorme extensión de terreno: Desde Peña Subes y Sen de los Mulos, pasando por el Zorru, el Recuenco, el Tiatordos, la Llambria y el Pierzu. Más a la derecha la Silla de Cabestredo que queremos pisar la próxima semana y a continuación la altiva silueta del Carria. Por el este aparece la montaña de Amieva y Pnga, con la Sierra de Beza. Entre el Valdepino y el Cantu Cabroneru, la inconfundible silueta de la Peña Santa. Bajo la cruz que corona la cumbre de Peña Salón, la inmensa caída a Víboli, el furacu en la cumbre... experiencias ya vividas y siempre dignas de ser repetidas. Este rato en el pico en tan buena compañía es otro tesoro que acumulamos en nuestro recuerdo. Llegan los del Pulide en plan invasión. Vamos a dejarles sitio. Foto y abajo. Al norte, a volver al Camín de la Tobera que era nuestro programa de hoy.

Bajamos por el bosque doscientos metros. En un momento embocamos el embudo que forma el Canto del Toyu, formidable espolón que baja desde Peña Salón y que debemos atravesar. El paso baja directamente a la Cueva del Toyu. Impresionante paisaje. La oquedad está tallada en escalones que facilitan el paso. La humedad que venimos padeciendo durante toda la ruta, se acrecienta en esta cavidad y nos obliga a poner todos los sentidos al atravesarla. Al salir al otro lado (la cueva se atraviesa en pocos segundos) nos quedamos literalmente sin aliento: Una pared blanca y gris, veteada en naranja, precipitándose hacia el valle. El sedo cruza debajo del roquedo como pidiendo perdón por molestar a los señores de las cumbres. Abajo vemos el resto del grupo que no quiso subir a Salón. Ellos deciden seguir hasta el camino que une Viego con Viboli, para bajar por la pista. El resto nos aventuramos por las playas herbosas que descienden paralelas a la Sierra del Toyu. Es una bajada de enorme entidad: una larguísima ladera que primero es bosque y luego pedrero. Es la Canal de Tuba, impresionante y silenciosa. Por el bosque alta hierba húmeda, no pisada nos obliga a afianzar los pasos. Luego la piedra suelta a ratos “esquiable”. En muchos tramos es más segura la zona herbosa. Pero ¿no estamos en los Picos de Europa? Muchos recordamos la Canal de Piedra Bellida.

Al final de largo pedrero hay que tirar hacia la izquierda. Estamos terminando la ruta tras cinco horas intensas. Hay un sendero que sigue hacia una torre eléctrica que se encuentra ya en la carretera. La dejamos a la derecha siguiendo algo similar a un sendero oculto por la maleza. La senda se interrumpe bruscamente en una bajada algo extraplomada pero con buenos apoyos y agarres. Una rama de árbol ayuda. Para más seguridad tendemos un cordino doble a modo de pasamanos.

Pero alguien se atasca y no es capaz a bajar. Los nervios pueden. Deslizándote por el senderillo estás en la remozada carretera a Viego en dos minutos. Hay problemas arriba. Tratamos de buscar una alternativa, que no es fácil. Recorremos de nuevo el bosque repleto de abrazadores espinos. Subir al acantilado para bajar bruscamente por una especie de embudo puede ser la solución. Pero ahora hay que salvar un doble desnivel: el primero del bosque a la plataforma y luego de la inclinada plataforma a la carretera. Han traído una escalera del pueblo. Puede valer. Con ayuda del cordino y la escalera salvamos fácilmente el primer desnivel. El segundo es mucho más complicado pues aquella meseta está repleta de piedras de tamaño considerable y todo parece muy inestable. Hay muchos nervios en la preparación. Cae un derrubio de piedras. Los que aguantan la escalera tienen su mérito. La primera persona es “descolgada” para caer literalmente encima de la escalera, que ahora se ha convertido en móvil como las de las estaciones.

Aplausos de alivio. Los seis “rescatadores” bajan en rapel sin especial dificultad. La escalera ha sido la clave de la airosa bajada. Nadie lesionado. Dos horas muy intensas. ¿Merece la pena poner en riesgo a tanta gente? La ruta ha sido una maravilla, pero se ha complicado en su tramo final de un modo que nadie podía prever. En Viego todo son comentarios sobre la experiencia vivida.” ¿Qué grupo de montaña dices que nos ha pedido una escalera de madera? Cosas veredes, amigo Sancho....

La semana que viene partimos de Viego y esperamos que sin ninguna clase de sobresaltos podamos llegar a Argolibio por la margen derecha del río Carmenero, después de pasar por la cima de la Silla de Cabestredo. ¡Que todos tengamos una feliz excursión!

FRESINES