martes, junio 14, 2011

DESDE LA PEÑA CRIMIENDA, NUESTRO PARTICULAR DESCENSO A LOS INFIERNOS

11 de junio de 2011

Decíamos en la crónica anterior que la Canal de Llamedo no defrauda a nadie. ¡Vale!, Si no quieres beber agua... ¡apura la copa hasta la última gota! Que ¿por qué exageramos tanto? Veréis si tuvimos canal bastante o fue un paseín por la senda el Cares.

Llegamos pronto a Tielve. Recogemos a Ángel y Norniella que llevan una semana perdidos por los Picos de Europa. El americano al que guiaron decía a la hora de bajar los tremendos desniveles: “¡Ay, ay, ay, ay...!” ¿Sería un profeta que adivinó lo que nos esperaba?

Nuestra primera parada nos llevó un tiempo para poder hacer un importante repostaje de cabrales. Esta vez no cruzamos la carretera entre charcos helados. Las nubes altas pegadas a lo alto de los picos. ¡Qué fatalidad! El serrote que forman los muchos picos de Portudera siempre nos ha llamado la atención. Su vista desde Camarmeña o el Cuetón es soberbia. Es una larguísima sucesión de cumbres desde Paré Veda (1234) hasta Paré Llaneru y Pica Cuantú. Tan fragorosa es la crestería que no he encontrado dos mapas iguales en toponimia y altitud. Desde Puente Poncebos en sucesión ascendente el Cabezo Matadoiro, Arisco Canal Llagu y el Arisco Sonllano (1258), seguidos del Cabezu Llaneru(1283), de donde arranca la canal de Llamedo oeste. Evoco la sinfonía del Nuevo Mundo al ver el resultado del caótico nacimiento de estas cumbres empujadas por inmensas fuerzas telúricas desde el interior de la tierra.

A las diez y media caminando. Paso rápido por la majada Renduenes, para luego pasar las cabañas de Valfrío y salir por la cabecera del Valle (12h10 , 999m). El antiguo camino de Caoro gira al NO entrando por el Posadoiro que nos pondría en la majada Tordín en un momento. Pasamos junto a uno de los 45 “tornos” o piedras millares que jalonan el camino hasta Arenas. Los romanos necesitaron estos caminos para dominar a los levantiscos cantabros. Sin bajar a Tordín y por terreno conocido, giramos seguidamente a la izquierda hacia la fuente de Las Viñas. De los tres senderos que salen de ella nos interesa el más alto que sigue al Oeste, que por las vegas de La Tilarona, La Bodega y Las Agujas, nos sitúa debajo de la Peña Crimienda.

Antes nos desviamos hacía la Paré Pelliteru (1213 m ó 1228 m, pónganse de acuerdo, ¡caramba!). Entramos debajo del saliente rocoso que sirve de abrigo al ganado. Desde aquí la vista de Tielve es sensacional. Nos convierte en pájaros ansiosos por el vuelo tan cercano. Y hay bajada pindia, pindia por la izquierda. Los lugareños bajaban de ordeñar las cabras por debajo de la plataforma, ¡cargados con 50 litros de leche!

De nuevo en camino entramos en las majadas, repletas de lagunillas o ibones. En un momento estamos bajo de la Crimienda. Este es un triángulo calizo con fácil subida. Alguna breve trepaduca y estamos arriba. Son las 13h50 y estamos a 1292 m. La vista es parcial: sólo se pueden ver los valles porque todo lo demás está tapado por la espesa borrina. Pero estar aquí arriba la compensa todo. Entra niebla a rachas. Hay que seguir.

Antes de las dos y media ya atravesamos la majada Crimienda. Estas manchas verdes entre altos riscos blancos vuelven a recordarme el adagio del Nuevo Mundo: “Mi -sol-sol- mi-re-do, re-mi-sol, mi-re...” Ha nacido un nuevo mundo lleno de equilibrio y belleza. Desde la Collada la Polvorosina nos disponemos a bajar. Pero la niebla nos juega una mala pasada. De los tres caminos nos centramos en el del medio cuando cualquiera de los otros dos nos llevarían por sendero a Llamedo Sur o la Canal de las Palancas desde la collada Las Broqueras, antes de Cabeza Redonda. Entre nieblas adivinamos la escotadura que nos emboca a una tremenda bajada. Son las tres de la tarde.

Empieza otra ruta distinta. Ahora se trata de mantener la vertical el mayor tiempo posible. La cuesta muy inclinada está tapizada por hierba húmeda. Trabajo para los bastones. No pisar lo pisado. Estamos marcando una nueva senda fuera de los mapas. No está muy claro en donde nos hemos metido. Entre nieblas se adivina una pared tremenda a nuestra derecha. “¿Será el Coterín de Marcos?”. De repente una ráfaga de aire nos levanta algo la niebla y vemos el final de esta larguísima canal: el aparcamiento de Obar en la carretera de Poncebos. “Me parece que nos hemos equivocado”. Pero ¿quién rectifica ahora si tenemos a Ángel y a Norniella buscando una salida mucho más abajo? Además ahora la inclinadísima pendiente suaviza un poco y la pedrera nos permite avanzar con más seguridad.

Falsa ilusión. Otra pendiente importante que pone a prueba nuestros brazos. Ha cambiado mi melodía. Ahora el Nuevo Mundo empieza a tocar clarines de aviso: La-si-DO-si-la, la-la-la-mi-mi-la...” Los timbales están entrando en masa. Es una sensación hasta física pues encajonados entre dos peñas la voz retumba con tintes metálicos. El mundo caótico vuelve con fuerza a recordarnos que somos pequeños seres deambulando entre agujas imposibles. Trompetas de alarma. Permitidme una humorada: el chiste del Roto de hace unos días decía: <>. Ahí le has “dao”. Asustados pero firmes en la interminable bajada.

Llevamos hora y tres cuartos continuos, sin un descanso, sin un sendero, resbalando por las hierbas que al mismo tiempo son un asidero seguro. No hay un momento de descanso. Esto marca porque es una sucesión de sensaciones fuertes. Un momento: la gente que va delante se ha parado. –“¿encontrarían un senderín salvador?” ¡Qué va!, hay una cortada inmensa atravesando toda la canal. Están buscando un paso practicable. Si miramos hacia arriba se ven pequeñas cascadas que se sumen en el suelo. Parece el río Llamedo. La riega de la Cojita no puede ser porque está cubierta por la maleza. Una enorme aguja por la izquierda apunta al cielo como un gran jitu vigilante.

Tras un breve descanso continuamos pegados a la roca de la derecha por un pasillo muy estrecho con gran patio de caída. Logramos pasar todos. Un pequeño grupo hace lo propio por el lado sur de la canal. Un casi descansillo horizontal y de nuevo otro pasillo que obliga a dar pasos firmes hasta el serval que nos sirve de apoyo. Decidimos poner nombre a esta sucesión de sustos: Es la canal “Por donde puedas”. Ahora la bajada en una serie de revueltas por un lateral que supera el 50% de inclinación. Chistes y risas para distender un poco el miedo. Permanecemos asustados, pero reímos a pesar de todo. Estamos lanzando un nuevo deporte a escala internacional: el culirrastro se ha convertido en un sistema de “deslicing” eficaz y apabullante. Hay quien deja autopista de doble vía...

La vista que tenemos en la ladera de enfrente baja directamente del Cuetón en lo que nos parece la Canal de la Miel. Nueva sorpresa: ahora entramos directamente en la riega que está formada por enormes piedras desprendidas, formando continuos saltos que no hay más remedio que destrepar. Ahora ya no sólo peleamos con el terreno. También nuestro propio cansancio juega. Más de un bastón roto o torcido. Algunas caídas más o menos serias. Esto no termina nunca. Se está convirtiendo en una tortura. Seguir, seguir... otro paso... otro salto... nuevo destrepe... cuidado con esta piedra movediza... esta resbala... “por donde puedas”...

Miras hacia abajo y trazando con la vista no puede quedar mucho. Ya se ve la cinta de la carretera a Poncebos. ¡Mentira podrida!. Llevamos dos horas y cuarto y lo que nos queda todavía. Más bajada, ningún descanso, ni un momento de descuido, Tere da una vuelta de campana. Afortunadamente no ha pasado nada. Aparece de nuevo el agua en la riega. Forma una serie de maseras amarillentas. Esta parte es mucho más caótica que la superior. Tendrá que terminarse alguna vez.

Avanzados o retrasados todo el mundo bajó. Una pequeña subidita nos sitúa en una majada que está justo encima de las cabañas de Obar. Salimos por la “avenida de las garrapatas” a una plataforma que lleva el agua a la Electra del Viesgo en Arenas. Es justo a la altura de los Túneles Negros. Por fin el aparcamiento de Obar. Dos kilómetros hacia Poncebos y cuatro hasta Arenas. Son las siete y diez de la tarde. Mil metros de una tacada. Se nos aparece un ángel en todo terreno, encarnado en la chica del mesón de Puente Poncebos. Nos baja en dos viajes a unos cuantos, quizá a los más espachurrados. No puede creer lo que contamos y nos mira como si fuéramos una cohorte de enajenados. Ese aspecto debemos tener.

En Puente Poncebos nos espera preocupadísimo Silvino, con el bus de Jano. No hay tiempo ni para comer porque el autocar tiene que salir inmediatamente para poder cumplir el horario. No importa. Ni nos cambiamos, para qué. Las amortiguaciones de las rodillas están rotas. Mañana agujetas en los brazos. El comportamiento del grupo excepcional como siempre. Esta ha sido nuestra segunda prueba en poco tiempo.

Comento: -“Debemos tener un ángel de la guarda que mira por este grupo”.

Respuesta del gracioso de siempre:

-“¡Si!, está claro que hay un ángel velando por nosotros, pero últimamente lo tenemos muy, pero que muy estresado”.

No dejo de destacar, con profunda admiración, la extraordinaria experiencia de este grupo que permite salvar situaciones comprometidas. Hemos salido también de esta, ¡¡y con nota!! Pero no está de más que revisemos las normas de seguridad y socorrismo en montaña que estamos colgando en gmail. Está bajada va a quedar para siempre en nuestra memoria como "LA JODIDA CANAL".

Como no hay ni un fin de semana libre de descanso, este próximo una larga travesía hasta llegar a la vega Cazoli (1637 m) para bajar luego a Arcenorio, subir al Collado Llaete y acabar en Pío, con una bajada de 700 metros. Al lado de la de hoy, agua bendita...

FRESINES

Tengo que agradecer a todo el grupo su ejemplar comportamiento en el descenso de la Canal de Llanedo, en su versión oeste. Tanto a los serpas que nos precedieron buscando los mejores pasos, como al resto de los componentes de la expedición por su entrega y saber estar.

Al mismo tiempo quiero pedir perdon en nombre del Grupo de Montaña, por la equivocación que cometimos entrando en esa canal que no era la prevista. Las circunstancias no nos fueron propicias y una mala interpretación del gps nos hizo descender una canal que... no tenía descenso. Ahora tiene un par de autopistas.

Reitero el agradecimiento a todos los componentes de la expedición su comprensión y confio en que esto sirva de lección para próximas ocasiones en similares circunstancias, y nos lo pensemos un poco antes de iniciar el descenso.

Gracias.

JAFPA

No hay comentarios: