miércoles, junio 08, 2011

DESDE EL VISU LA GRANDE, GRAN ATALAYA SOBRE REDES

4 de junio de 2011

Extraordinaria salida la que hicimos este sábado. Llegamos pronto a la Felguerina. Según la Wikipedia “uno de sus célebres vecinos fue José González, afamado cazador de Brañafría que fue contratado por el rey Carlos IV como cazador real y vivió en la corte de Madrid, pero añorando los bosques y las montañas casinas, renunció a todas las comodidades para volver a su tierra. También vivió otro singular personaje, Manolín de Balquemau, inventor del cordero a la estaca, especialidad que trajo de Argentina en los años 30, amén de Enrique el de la Gaita que amenizó muchos bailes del concejo, otro vecino importante por lo que significó en el impulso de la vaca casina, ganando infinidad de concursos con sus reses fue Eladio el del Pandu”.

Comenzamos por la monótona pista hasta llegar a Les Collades en donde hay una buena mayada. Luego torciendo hacia la derecha y un poco más arriba llegamos a La Gallera, donde paramos hace tiempo para refugiarnos de la cellisca que arreciaba y de la que escapamos por el colláu Incós. Los amplios horizontes se dejan ver entre praderías bien cuidadas, montes verdes y blanca caliza. La foz que forman la Peña’l Casar y la Peña Blanca cierra todo el horizonte. Seguimos a muy buen ritmo de marcha camino del Visu. La Xerra L’Canalina es una larguísima pared de roca que va de norte a sur hasta La Pelacera donde se dobla 90º para formar el Serrote de Brañapiñueli.

Dos personas se atreven con El Cuervu (1581). Una pared bastante vertical, que cae directamente a La Gobia. El resto del grupo (los veintidós al completo) están ya por encima del colláu La Xistra (1530) y en cómoda subida llegamos al Visu la Grande (1709 metros). Dos horas y media para salvar los novecientos metros de desnivel. Los pueblos desde aquí arriba parecen un belén que inspira tranquilidad. La vista circular es completísima desde Ten y Pileñes, El Tiatordos y el Campigüeños y la afilada arista de la Llambria. En medio lo que nos parece Sen de los Mulos. A lo lejos la Peña Santa almena de un castillo firme. Por el otro lado el Torres, triángulo negro, con el Pierzu, y la Cabeza l’Arcu, encima de Caleao. Soberbia vista. Decenas de cumbres. Decía el geógrafo francés Franz Schrader (dibujante de mapas, pirineista destacado, inventor del orógrafo en 1874 con el que dibujar “tours d’horizon”), viendo un día unas puesta de sol en el horizonte que “Cuando la montaña os ha robado el corazón todo viene de ella y todo conduce a ella”. Este es el mejor balcón para completar y admirar el parque de Redes. Literalmente sentimos que la montaña nos ha vuelto a robar el alma y los sentimientos...

De nuevo en camino. Nuestro próximo objetivo la Becerrera de Atambos. Una profunda garganta marca un vertiginoso descenso al valle Llinde la Gobia. Rodeamos la Peña Gain que Gelu también sube (bravo por sus cinco de hoy). Atacamos por la cara oeste la sinuosa senda trazada por buena roca. En la cumbre un chulo farol de mina que hace las veces de buzón montañero. Para los que sabéis asturiano de verdad “atambo” parece significar sitio u oquedad que sirve de abrigo. Fotos de rigor. Por “semeyas” que no quede. Buena vista de pájaro sobre la majada Atambos, llena ya de ganado. Todo esta vestido por la generosa primavera. Arrebatos líricos de un poeta que nos acompaña y quiere confundirse con el vacuno habitante de este miniparaíso. Bajada entretenida entre gorbizos. El grupo se divide: la mitad decide subir a La Pelacera y el resto gira hacia la Felguerina pues la ruta hoy es circular.

La Pelacera (1709) nos la dejamos en el tintero para una mejor ocasión cuando atravesamos desde el lago Ubales por la Canalina. Una pared inmensa, cortada, difícil. Desde la majada hay fuerte aunque breve subida por el sur hacia un canalizo entre los dos picos. Hay que echar las manos para superar el canal y luego hacia la izquierda está la cumbre. Pasamos arrimados al canto entre dos buenos precipicios. Pero nos ha tocado el premio gordo: tenemos a la vista el Canto del Oso y Brañagallones y estamos literalmente encima de la braña Piñueli. A finales de este mes contamos con coronar el Canto del Oso. ¡Si es que no nos podemos perder ni una!¡Vaya calendario este año! Las consabidas fotos. Poco espacio para moverse. Hacemos un descenso tranquilo por la canal procurando asegurar los pasos. Hay gritos de satisfacción por la adrenalina liberada.. Empezamos el descenso a buen ritmo, ya que el resto del grupo está ya cerca de la aldea.

Nuestro propósito es evitar lo que podamos de pista. Bajamos a través de la pradería por un senderillo que nos tiene que llevar a la majada Les Campes donde está instalada la piscina- azud de recogida de agua para incendios. El camino cada vez mejor marcado. Por extraño que parezca no dejamos de extrañar la escasez de barro. Parece que no estamos en nuestro medio natural. “¡Cachiparros, vamos a por vosotros!”. Alivio rápido en la fuente. Bajamos por el antiguo camino a través del bosque siguiendo el río Truebanones. Nuevas cabañas, la senda se hace camino. Desembocamos en la pista. Atentos a los cruces para no acabar en La Infiesta. Se hace largo el recorrido. Vista de la Felguerina desde un recodo del monte. Llegaremos pronto. Un último esfuerzo que la pista acaba en cuesta arriba.

Una cerveza bien ganada en el centro social-bar, antiguas escuelas. Los dueños se las enseñaron muy amablemente a nuestros compañeros, y todos quedaron admirados por el impecable estado del aula. Vamos a merendar junto al embalse de Tanes, y es siempre un placer intercambiar impresiones del día y preparar las próximas ascensiones por Picos con gente tan competente.

En la semana que viene otra imprescindible: La subida a la Peña Crimienda desde Tielve y la bajada por la pindia canal de Llamedo hasta Poncebos. Hay que ascender trescientos cincuenta metros y bajar unos ochocientos hasta La Trapa. Si el tiempo nos acompaña como hoy, las vistas pueden ser inmejorables. Dicen los que han hecho la Canal de Llamedo que no defrauda a nadie.

FRESINES

martes, mayo 31, 2011

LA SILLA DE CABESTREDO ENTRE NIEBLA Y BARRO

28 de mayo de 2011

Después de las emociones de las semanas pasadas nos merecíamos un día tranquilo. Y lo tuvimos hasta un poco de más pues la niebla en las tres primeras horas fue nuestra constante compañera.

El día se resume fácilmente: empezamos en Monasterio. Con indecisión sobre el mejor paso a tomar. Los habitantes del lugar nos dieron opiniones contradictorias: se puede subir a la Silla de Cabestredo por la majada Ovia pero puede estar muy tomada. Un grupo sigue este sendero. La mayoría subimos por la parte alta del pueblo hacia el barrizal que nos está esperando. Es nuestra segunda salida de Monasterio después de dudar sobre el verdadero camino. Cosas de la niebla. Seguimos hasta llegar a la carretera: hoy es mejor opción seguirla hasta la Collada Llomena tal como está el suelo.

Seguimos el tradicional camino del Pierzu, desviándonos a la derecha a los dos kilómetros para seguir monte arriba al Calderón de la Arena. Contento general de las garrapatas, siempre acechando sangre fresca. Bordeamos sin ver a penas nada el Pico Valeru, subimos hacia el serrote y sin darnos cuenta estamos en la Silla de Cabestredo. Mucha humedad. Tres horas escasas y 569 metros ascendidos. Breve parada de repostaje.

Un poco más abajo, en el Collado Trecho salimos de debajo de la nube que nos envolvía. Se ve el valle de Carmenero. Una larga bajada. Cinco compañeros deciden subir al Carria por la Collada Carriá, entrando por un profundo canalizo. Bravo por ellos. Más que caminar vuelan porque llegan media hora después de los últimos al autocar.

Desde Trecho pasamos al concejo de Amieva. Una larga bajada entre helechos y ortigas gigantes. El camino algo desdibujado a ratos y barro, lodo en su categoría más pegajosa. Al fin acertamos a pasar junto a una cabaña y siguiendo el camino antiguo vamos paralelos al río Carmenero al que oímos cantar muy por debajo nuestro. En el fondo del valle, casi cubiertos por la vegetación, varios corros de piedra pequeños y perfectos.

Seguimos camino, ahora por el espeso bosque. Esta es una auténtica catedral vegetal con sus arcos enramados cruzándonos por encima. En las ventanas que deja la pared verde asoma ahora soleado el Pierzu y al otro lado del valle el Teyeu en la Peña Siña, que intentamos hace poco. La cabecera del valle es un denso bosque que baja desde las alturas del Pierzu y el Cabezo Boes. Por algún vericueto oculto tiene que estar la majada Dobru desde la que suben algunos aventureros al Pierzu por su difícil cara este.

Bajamos por senderos de bosque, un buen descenso. Descansamos un poco en un saliente de la Peña Praniella. En nuestro frente el Collado Valleyu y la Cuesta las Verdes de la Peña Siña. Continuamos nuestra pelea con el barro, pero a partir de aquí la senda se hace pista y el tránsito es mucho más cómodo y seco. Buenas conversaciones acortan lo largo del camino. Las botas hoy pesan lo suyo.

Cumplidas las seis horas entramos en Argolibio. En total llevamos seis horas caminadas en un descenso de novecientos veinte metros. Esperamos una media hora a que aparezcan los marchosos del Carriá. Tiempo aprovechado para quitar barro de las botas y tomar un poco el sol. Charlamos con la gente de Argolibio. El suceso del ahorcado en el Porro Moneru les ha impactado. La vista del Cornión nevado siempre reconforta.

Sin más novedades bajamos al Bodegón del Dobra, cuyas mesas en el prado invitan a una comida muy agradable, con buen tiempo ahora, buenas viandas y mejor compañía. Para remate de esta tranquila sobremesa, se nos muestra el Pierzu atravesando la nube que lo bordea. Como en los cuentos.

El sábado 4 de junio la excursión que vamos a realizar es la siguiente: La Felgerina (817 m.) –La Gallera (1.225 m.)- VISU LA GRANDE (1.709 M.) y vuelta a La Felguerina. La salida comienza a las 7,30 en San Andrés y esta vez no se admiten gafes que atraigan el mal tiempo.

FRESINES

jueves, mayo 26, 2011

¿COMO EVITAMOS LOS RIESGOS EN LA MONTAÑA?

Andar por las calles de una ciudad, implica riesgos. Conducir por una carretera, implica riesgos. La mayoría de los trabajos que realizamos, implican riesgos. El simple hecho de plantearse una escapada por el monte ya implica riesgos. ¿Debemos dejar de realizar todas estas cosas?

Siempre he dicho que no se deben asumir riesgos gratuitamente, pero no por eso debemos dejar de realizar aquello que tenemos o queremos hacer. Los riesgos conocidos se deben evitar, pero ¿Qué hacemos con los riesgos que no vemos hasta que nos encontramos en su interior?

La vida en su contexto es un riesgo. Nacemos y no sabemos nada de lo que va a ocurrir en el transcurso del tiempo. Y no por ello dejamos de vivirla. Lo que hacemos es tratar de evitar todas aquellas cosas que nos pueden producir un accidente o un contratiempo y que vemos de cara. El resto son obstáculos que se nos presentan y que no nos queda más remedio que superarlos de la mejor forma posible.

Es lo que nos ocurre en las rutas que semanalmente realizamos. Tratamos de evitar todo lo que conocemos como peligroso. No intentamos aquellas rutas o pasos que están fuera de nuestras posibilidades técnicas o físicas. Pero siempre nos quedan esos pasos o esos puntos que no conocemos y que pueden ser un obstáculo para nuestro transcurrir. Lo más importante es saber resolver los problemas que se nos presentan. Y sábado tras sábado lo hacemos de la mejor forma posible.

En la ocasión que nos ocupa, los obstáculos físicos se salvaron sin percances en todos los casos menos en uno. Ya sé que conocíamos las circunstancias personales que se daban. Pero desconocíamos las físicas, las de la naturaleza. Una es evitable y la otra no lo era para nuestras pretensiones.

¿Que debemos hacer en este caso? ¿Dejamos de hacer la ruta por no conocer todos y cada uno de los pasos o circunstancias que nos acechan? O bien, ¿debemos limitar la participación de las personas subjetivamente por lo que pueda pasar? Me gustaría que alguien me respondiese, pues es una duda que hace tiempo que me ronda por la cabeza y no me encuentro capacitado para responderla yo solo, pues estamos hablando de un colectivo: el Grupo de Montaña.

Mi opinión particular en el caso que provoca esta meditación, es que actuamos mejor de lo que se podía esperar. Ya se que se corrieron riesgos y que quizá había alguna otra solución más drástica y rápida. Pero cuando se trata de personas, no siempre es fácil hacer uso de ellas. A lo que me refiero es a que supimos buscar medios materiales para salir del atolladero. Quizá faltó un líder que encabezase las acciones y con lo que ganaríamos tiempo muchas veces. Pero no estoy descontento del trabajo de ninguno de los que participamos en el evento. Supimos resolver un problema que se nos presentó sin esperarlo y logramos vencerlo. Quizá había otras formas, pero la que empleamos fue satisfactoria.

Ya desde la tranquilidad de los hechos alejados, os vuelvo a plantear la pregunta que me ronda por la cabeza hace tiempo: ¿Cómo evitamos estos casos? ¿Hacemos solo rutas conocidas y sin riesgos? ¿Limitamos la participación? Y si es así, ¿con que criterio?

Como uno de los responsables tanto de la búsqueda de rutas, como del control de los participantes, me gustaría que me respondieseis a ellas. Para evitar problemas técnicos que algunos pueden tener, esas respuestas se pueden enviar al correo electrónico del grupo. Pueden ser respuestas anónimas, pero me gustaría conocer a la persona que las hace. Quizá podamos encontrar ese líder que nos falta. Saludos.

JAFPA

miércoles, mayo 25, 2011

LA PASADA DEL TOYU Y UN RESCATE A PIE DE CARRETERA: DOS EXPERIENCIAS PARA NO OLVIDAR

21 de mayo de 2011

Un día de montaña casi perfecto. Grupo seleccionado de montañeros con ganas de conocer los pasos entre sierras. Esta vez, siendo ambiciosos como somos, teníamos pensado atravesar desde la Collada Nochendi hasta Viego por los vericuetos trazados entre rocas.

La Senda Degüera nos aguarda. Subimos con ritmo. El gracioso de turno afirma que “vamos a limpiar de garrapatas el monte”. Será mejor dejarlas en el sitio, digo yo. El primer tramo es fatigoso pero afortunadamente el día está algo encapotado. En la ladera opuesta al desfiladero de los Beyos vemos el camino del Derrabau que intentamos el año pasado. En una hora subimos trescientos sesenta metros y tenemos Biamon a la vista. Una ventana nos deja contemplar la zona del Derrabau y el Jucantu. Intenta despejar. A ver si hay suerte.

Una casa habitada. Un pueblo fantasma rodeado de nieblas. Entre casas continúa la senda que en sucesivas terrazas nos va acercando a la collada. Restos de cabañas centenarias. El único hórreo beyusco que queda en pie, parece hacerlo por poco tiempo. A las dos horas, con la niebla tapando el paisaje, estamos en Nochendi (643 m. subidos). Un cuarto de hora más tarde decidimos subir a Peña Salón que debe estar a nuestra izquierda. El cielo sólo se pinta de gris de niebla. Para casi todos es una ascensión inédita por esta cara de la montaña.

El hayedo es centenario. Los ejemplares son estatuas vivas en este museo natural que visitan los animales del bosque y pocas gentes más. Salimos a una zona más abierta y con un sencillo faldeo hacemos cumbre en Peña Salón. ¡Premio! Se está despejando y podemos ver una enorme extensión de terreno: Desde Peña Subes y Sen de los Mulos, pasando por el Zorru, el Recuenco, el Tiatordos, la Llambria y el Pierzu. Más a la derecha la Silla de Cabestredo que queremos pisar la próxima semana y a continuación la altiva silueta del Carria. Por el este aparece la montaña de Amieva y Pnga, con la Sierra de Beza. Entre el Valdepino y el Cantu Cabroneru, la inconfundible silueta de la Peña Santa. Bajo la cruz que corona la cumbre de Peña Salón, la inmensa caída a Víboli, el furacu en la cumbre... experiencias ya vividas y siempre dignas de ser repetidas. Este rato en el pico en tan buena compañía es otro tesoro que acumulamos en nuestro recuerdo. Llegan los del Pulide en plan invasión. Vamos a dejarles sitio. Foto y abajo. Al norte, a volver al Camín de la Tobera que era nuestro programa de hoy.

Bajamos por el bosque doscientos metros. En un momento embocamos el embudo que forma el Canto del Toyu, formidable espolón que baja desde Peña Salón y que debemos atravesar. El paso baja directamente a la Cueva del Toyu. Impresionante paisaje. La oquedad está tallada en escalones que facilitan el paso. La humedad que venimos padeciendo durante toda la ruta, se acrecienta en esta cavidad y nos obliga a poner todos los sentidos al atravesarla. Al salir al otro lado (la cueva se atraviesa en pocos segundos) nos quedamos literalmente sin aliento: Una pared blanca y gris, veteada en naranja, precipitándose hacia el valle. El sedo cruza debajo del roquedo como pidiendo perdón por molestar a los señores de las cumbres. Abajo vemos el resto del grupo que no quiso subir a Salón. Ellos deciden seguir hasta el camino que une Viego con Viboli, para bajar por la pista. El resto nos aventuramos por las playas herbosas que descienden paralelas a la Sierra del Toyu. Es una bajada de enorme entidad: una larguísima ladera que primero es bosque y luego pedrero. Es la Canal de Tuba, impresionante y silenciosa. Por el bosque alta hierba húmeda, no pisada nos obliga a afianzar los pasos. Luego la piedra suelta a ratos “esquiable”. En muchos tramos es más segura la zona herbosa. Pero ¿no estamos en los Picos de Europa? Muchos recordamos la Canal de Piedra Bellida.

Al final de largo pedrero hay que tirar hacia la izquierda. Estamos terminando la ruta tras cinco horas intensas. Hay un sendero que sigue hacia una torre eléctrica que se encuentra ya en la carretera. La dejamos a la derecha siguiendo algo similar a un sendero oculto por la maleza. La senda se interrumpe bruscamente en una bajada algo extraplomada pero con buenos apoyos y agarres. Una rama de árbol ayuda. Para más seguridad tendemos un cordino doble a modo de pasamanos.

Pero alguien se atasca y no es capaz a bajar. Los nervios pueden. Deslizándote por el senderillo estás en la remozada carretera a Viego en dos minutos. Hay problemas arriba. Tratamos de buscar una alternativa, que no es fácil. Recorremos de nuevo el bosque repleto de abrazadores espinos. Subir al acantilado para bajar bruscamente por una especie de embudo puede ser la solución. Pero ahora hay que salvar un doble desnivel: el primero del bosque a la plataforma y luego de la inclinada plataforma a la carretera. Han traído una escalera del pueblo. Puede valer. Con ayuda del cordino y la escalera salvamos fácilmente el primer desnivel. El segundo es mucho más complicado pues aquella meseta está repleta de piedras de tamaño considerable y todo parece muy inestable. Hay muchos nervios en la preparación. Cae un derrubio de piedras. Los que aguantan la escalera tienen su mérito. La primera persona es “descolgada” para caer literalmente encima de la escalera, que ahora se ha convertido en móvil como las de las estaciones.

Aplausos de alivio. Los seis “rescatadores” bajan en rapel sin especial dificultad. La escalera ha sido la clave de la airosa bajada. Nadie lesionado. Dos horas muy intensas. ¿Merece la pena poner en riesgo a tanta gente? La ruta ha sido una maravilla, pero se ha complicado en su tramo final de un modo que nadie podía prever. En Viego todo son comentarios sobre la experiencia vivida.” ¿Qué grupo de montaña dices que nos ha pedido una escalera de madera? Cosas veredes, amigo Sancho....

La semana que viene partimos de Viego y esperamos que sin ninguna clase de sobresaltos podamos llegar a Argolibio por la margen derecha del río Carmenero, después de pasar por la cima de la Silla de Cabestredo. ¡Que todos tengamos una feliz excursión!

FRESINES

jueves, mayo 19, 2011

EN EL PICO MURCIA ENTRE JIRONES DE NIEBLA

14 de mayo de 2011

Madrugón para ir a tierras palentinas, que se encuentran lejos. Mucha ilusión por hacer la ascensión a uno de los grandes del Parque Natural de Fuentes Carrionas. Por algo la montaña palentina tiene los tres picos más altos de la Cordillera Cantábrica, Picos de Europa aparte. Hoy queremos ascender a uno de los tres. Orvallo durante el recorrido asturiano. Malas previsiones meteorológicas y viaje larguísimo.

Por fin entramos en el valle de Cardaño. La gente se acuerda de este y aquel recorrido. Nos espera desde hace una hora Mingo, nuestro guía montañero palentino, acompañado de Kio, fiero can que resultó ser un auténtico gourmet. A las once menos veinte siguiendo el río Valcabe por el camino tradicional. Pasamos tres puentes. El río burbujea de cascada en cascada. El Pico Murcia asoma evidente en cuanto doblamos hacia el oeste. Es una inmensa pirámide de buena cuarcita. Está flanqueado por el cuchillar inmenso de Los Cutulillos que forman un semicirco glaciar con grandes manchas de nieve. Un grupo de corzos se refresca en el hielo.

Vamos a atacar por la cara este del pico. Pronto estamos sobre el Collado Muslares. (1 hora y 246 metros de subida). La cima está envuelta en nieblas. El sendero está muy bien jitado y asciende en cómodas lazadas. Cuarenta minutos después hemos subido otros doscientos cincuenta metros. Esta subida tiene que ser un horno en verano. Hoy la brisa es bastante fresca. La roca esta formada por areniscas y pudingas redondeadas. Nunca perdemos la referencia de la larga subida.

Giramos a la derecha para entrar por la fachada suroeste. Ahora se adivina la cima limpia de nubes. El sendero discurre junto a un inmenso nevero. Cima a la una y media (Dos horas cincuenta minutos, no está mal para saltar 950 m.y 6 kilómetros). El Aire sopla fuerte y frío del nordeste. Las nubes circulan a gran velocidad a ambos lados del pico. Curiosamente este permanece limpio. El buzón de cumbres es una artística composición del Grupo Torquilla de Guardo.

La vista debe ser inmensa. Nos la han tapado. No se puede tener todo. Pero hay buen ambiente. En un momento de despeje se ve el embalse de Camporredondo. Asoma la falda del Espigüete. Hace frío. Las nubes de tormenta circulan a gran velocidad. Es momento para irse. Espera, ahora vemos nuestro destino: El valle de Valverde de la Sierra parece al alcance de la mano. (9,8 Km.: de Cardaño a Valverde en línea recta). También se ve entre masas de nubes el embalse de Riaño, cruzado por un inmenso puente. Una pena no haber divisado la inmensa vista que podíamos haber disfrutado. Enumero: Velilla, Torres, Mampodre, Ten, Tiatordos, Beza, Peña Santa de Castilla, Friero, Coriscado, Tresmares, Cuartas, Peña Prieta, Curavacas, Vallejo, Embalse de Aguilar... (a falta de vista, bueno es internet: vista circular en http://www.rutas-fuentescarrionas.tk/, luego pinchar en GESTOR DE RUTAS y allí buscar la ruta 4, ASCENSIÓN AL PICO MURCIA)

Bajamos por el lapiaz. Por el alto de Cutulillos nos despedimos de Mingo que vuelve por Mazobres, valle de hermosísimas cascadas. Quedamos en vernos pronto, en otros rincones perdidos. Subimos hacia el Alto de Martín Vaquero (2.070 m). Llegamos a una cañada de difícil salida. Un grupo sube a la prominencia que tenemos delante para bajar luego por un lateral hacia el sur. La mayoría del grupo entramos en una canal verdosa que parece imposible desde arriba. Pero tiene buen paso para salvar el desnivel. Estamos todavía a 2.102 m. de altitud. Seguimos hasta el Collado Arra ahora con casi toda la falda norte del Espigüete despejada. Desde aquí subiríamos en una hora por el espolón Noroeste.

Ahora la ruta esta muy clara: está marcada por el río Grande y los muchos arroyos que lo alimentan en el embudo de Los Caladillos. Pronto encontramos la pista que baja a Valverde. A las seis entramos en el pueblo. Tal como esperábamos el bar-centro social no abre hasta dentro de quince días. Hoy el grupo hace un nuevo experimento para ver que tal nos sienta: se trata de ver el efecto del agua natural en nuestro estado de ánimo. Como hasta las nueve menos cuarto no puede arrancar el autocar por una cosa llamada tacómetro, nos vemos obligados a hacer intenso turismo por el pueblo. Hay unas 75 casas, con unos cincuenta habitantes permanentes. Nos da tiempo a charlar con algunos. La iglesia está dedicada a San Vicente, es un edificio grande en lo alto de una colina. Como cosa curiosa os contaré varias anécdotas: el principal oficio de este pueblo además de la ganadería, era el de los “neveros”: gente que subía a buscar nieve a una cueva natural bajo el Espigüete, la bajaba de noche en costales e iba a venderla a Palencia y Valladolid. También era oficio corriente el de los carboneros picones. La inauguración del embalse de Riaño supuso un cambio brusco en las formas tradicionales de vida, pues muchos valverdinos emigraron a mejores tierras.

Hablando de emigración otra anécdota curiosa.: El abuelo de Felipe González era natural de este pueblo. Luego emigró a una ganadería a Bilbao donde se casó con la hija del dueño y se trasladó a otra ganadería que el mismo dueño tenía en Sevilla. Se ve que todos los mandamases de un lado del espectro tienen gotas cazurras en sus venas.

Otra historia más. Todos estos pueblo se llaman de la Reina por la influencia de una dama, Doña Constanza Enriquez, que señoreaba esta comarca, y no siendo reina, así se lo parecía a los habitantes de la región.

La última: en 2002 una explosión provocada destruyó la casa de un concejal del PP que afortunadamente vivía en Bilbao. Que cosas.

Tras larga estancia en el pueblo, aprovechando el último sol de la tarde en tertulia en la plaza del Marqués, viendo la mole blanca del Espigüete brillante al último rayo de sol, aguantando el bajón de temperatura (10º en mi cacharro) por fin damos la salida oficial. El cielo se ha convertido hacia el oeste en una sucesión de nubes doradas colocadas por un caprichoso pintor de paisaje. A pesar de todo seguimos “namoraos”.

Próxima ruta, que no te puedes perder: La subida desde Puente Vidosa por la Senda Degüera, antes Senda del Cartero, hacia Biamon. Desde allí vamos a pasar a la Collada Nochendi y vamos a bajar por la Cueva del Toyu y la Canal de Tuba a Viego. Caminos de herradura antiguos que hay que grabar en nuestra memoria antes de que todo se convierta en selva.

FRESINES