30 de agosto de 2014
Muy buena manera de rematar este
mes tan montañero que llevamos. Cambiamos de cordal desplazándonos esta vez a
nuestra queridas Ubiñas, nuestros pequeños Alpes Suizos, que no desmerecen de
otras grandes montañas. No hay más que
recorrer las canales de subida y la de bajada para admitir que podrían ser
comparables con cualquiera de las de Picos. Empezamos en Torrebarrio a las nueve
y diez. Nos acompañan Julio y tres aguerridos montañeros llegados desde
Ponferrada. Hora y veinte de pista para bordear el choco donde termina la
misma, ascendiendo el cerro de la Loma Verde más a la derecha. Nos quedan más
de cuatrocientos metros de intenso sufrir.
De lejos se ve la canal de
aproximación, pegada al paredón de roca de las caídas del Crestón. Una canal
que termina en una zona diagonal de color amarillo. No es buena elección entrar
por ella. A pesar de eso entran Miguel y alguno más por ella, no siendo una
ascensión cómoda. El resto giramos a la izquierda al llegar al primer murallón,
para bordearlo ascendiendo en terrazas. El camino oficial sigue todavía más
bajo y más hacia el puerto de Ventana. Pero, siguiendo grandes jitos, vamos
girando por la alomada ladera, bastante pendiente, de mal piso y mucha piedra
suelta. Hay que agarrarse en algún momento para superar pequeños desplomes.
Seguimos subiendo por la
aterrazada ladera, mejor por fuera del camino en cómodos escalones. En un
pequeño descanso esperamos a una rezagada del grupo de nuestros amigos
leoneses, que no viene muy bien. Otra nueva subida por la lomera, bastante
inclinada, larga, pero no difícil, para salir por fin al Collado del Prau,
donde volvemos a encontrarnos todos, incluso a los que no habíamos visto durante
toda la subida, ¡qué prisa llevaban! Muy agradable estancia en la cumbre, al
buen sol de Castilla.
La Babia vista en escorzo.
Cientos de cumbres. El lejano macizo del Cornión. Por allí anduvimos la semana
pasada. Foto de cumbre, tarjeta, avituallamiento y a seguir. La literatura
sobre el pasillo a los Fontanes es algo escabrosa: hacemos una llamada para
pasarlo todos juntos. Así que salimos en descenso hacia el farallón de caída
del Prau que cae abruptamente sobre la Loma Verde. Bajamos bastante para empezar
a remontar en una breve canal que hay que subir trepando a 2031 m. de altitud.
Luego hay un pequeño rellano seguido de un pasillo más bien ancho y con mucho
patio por la izquierda. Pero el bloque de roca es sólido y tiene donde
agarrarse. Cuando salimos de este tubo el comentario unánime es que dónde
estaba la temida dificultad.
Subimos de nuevo hasta alcanzar
la rota cima del Fontán Norte girando algo a la izquierda. Alcanzamos la cota
más alta de las Ubiñas. Apenas cabemos en la abigarrada cima. Encontramos a
Francisco Javier del Vetusta, del que enseguida nos hacemos amigos. Tanto que
está dispuesto a venir al refugio de Urriellu con nosotros. Estrecha foto de
cumbre. Mucha gente en la Ubiña grande. Maravillosas vistas sobre el Jou Longo,
Socellares y los Puertos de Agüeria, todavía verdes.
No sé por qué pero parece que la
gente, hecha la foto, tiene prisa por descender. Un grupillo nos dirigimos al
Fontán Sur, mientras los más se bajan corriendo a buscar el Canalón del Buey.
Nos despedimos de dos de los amigos ponferradinos, a los que muy probablemente
volvamos a ver en el refugio de Urriellu. Buscamos la canal de bajada. Como
volvemos a salir a la fachada de Torrebarrio me despisto pensando que la canal
de bajada tiene que estar inmediata al Fontán Sur. Cuando se lo anuncio medio
en broma hay rebelión en la flota. Ojo que por aquí subió Toño Huerta cuando
escribió el libro. Les tranquilizo; no bajamos porque la verdad es que mete
miedo.
Así que bordeando la cima, y
descendiendo por el pequeño corredor embocamos el embudo de inicio de la canal.
Empezamos el vertiginoso descenso. Se oye continuo ruido de piedras al caer.
Pero sin consecuencias. Ya sabéis lo que es el ski-piedra tan practicado en
estas montañas. Salimos del primer desfiladero pegados a la pared de la
izquierda. Luego, ya con toda la caída por debajo hay quien opta por tirarse de
frente por el marcado senderillo de piedras. Los más seguimos pegados a la
pared de la derecha que por lo menos permite apoyarse en muchos momentos en los
que la pendiente supera el 40%. Mal que bien, despacio o corriendo llegamos
abajo, con las botas cargadas de piedrecillas. La Pasada del Siete por la que
recomendábamos pasar a Julio y sus muchachos, es una enorme e inclinadísima
veta de nieve-hielo, peligrosísima, a mi juicio. Y me alegro enormemente que se
hayan dado la vuelta por donde subimos. La rimaya de nieve tiene unos tres
metros de altura.
Nos esperan en la Forqueta del
Portillín como es tradición en el grupo. Y, después del vinillo enfriado en el
nevero, bajamos a muy buen paso al Meicín, que no se que tiene porque siempre
se ve pero nunca se alcanza. Todo llega, podemos saludar a los refugieros Tania
y Lionel, que ya nos conocen de otras aventuras.
Son las cuatro y diez cuando
salimos del Meicín. Las existencias de cervezas han quedado muy mermadas. En
Tuiza entramos a las cinco menos diez. Y El invento de los inventos: han puesto
seis duchas en el aparcamiento del centro de interpretación. Precarias pero
eficaces. Los varones vamos de cabeza. La caliente no funciona muy bien. Ellas
fueron más pudorosas. Hoy olemos mejor nosotros. La gente se niega a terminar
en bares que no tengan duchas. A partir de ahora hay que espabilar para incluir
el duchado de rigor en el calendario. Que si no, la gente se enfada. Comemos
fuera. Algunos el plato del día con contundente picadillo. Planes para el
refugio. Tenemos todas las plazas llenas y una pequeña lista de reserva. A ver
cómo lo negociamos.
Una buenísima excursión por la
alta montaña, muy exigente, muy solitaria, enormemente bella. En la primera de
septiembre una clásica del grupo: subir a Cabezo lloroso desde Los Lagos, por
las escondidas y abandonadas majadas de altura, para bajar por Ondón y la canal
de la Bobia a Poncebos. Dura pero maravillosa salida.
FRESINES
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