martes, septiembre 02, 2014

VOLAMOS POR ENCIMA DE LOS ALPES SUIZOS: EL PRAU Y LOS FONTANES



30  de agosto de 2014

Muy buena manera de rematar este mes tan montañero que llevamos. Cambiamos de cordal desplazándonos esta vez a nuestra queridas Ubiñas, nuestros pequeños Alpes Suizos, que no desmerecen de otras grandes montañas.  No hay más que recorrer las canales de subida y la de bajada para admitir que podrían ser comparables con cualquiera de las de Picos. Empezamos en Torrebarrio a las nueve y diez. Nos acompañan Julio y tres aguerridos montañeros llegados desde Ponferrada. Hora y veinte de pista para bordear el choco donde termina la misma, ascendiendo el cerro de la Loma Verde más a la derecha. Nos quedan más de cuatrocientos metros de intenso sufrir.

De lejos se ve la canal de aproximación, pegada al paredón de roca de las caídas del Crestón. Una canal que termina en una zona diagonal de color amarillo. No es buena elección entrar por ella. A pesar de eso entran Miguel y alguno más por ella, no siendo una ascensión cómoda. El resto giramos a la izquierda al llegar al primer murallón, para bordearlo ascendiendo en terrazas. El camino oficial sigue todavía más bajo y más hacia el puerto de Ventana. Pero, siguiendo grandes jitos, vamos girando por la alomada ladera, bastante pendiente, de mal piso y mucha piedra suelta. Hay que agarrarse en algún momento para superar pequeños desplomes.

Seguimos subiendo por la aterrazada ladera, mejor por fuera del camino en cómodos escalones. En un pequeño descanso esperamos a una rezagada del grupo de nuestros amigos leoneses, que no viene muy bien. Otra nueva subida por la lomera, bastante inclinada, larga, pero no difícil, para salir por fin al Collado del Prau, donde volvemos a encontrarnos todos, incluso a los que no habíamos visto durante toda la subida, ¡qué prisa llevaban! Muy agradable estancia en la cumbre, al buen sol de Castilla.

La Babia vista en escorzo. Cientos de cumbres. El lejano macizo del Cornión. Por allí anduvimos la semana pasada. Foto de cumbre, tarjeta, avituallamiento y a seguir. La literatura sobre el pasillo a los Fontanes es algo escabrosa: hacemos una llamada para pasarlo todos juntos. Así que salimos en descenso hacia el farallón de caída del Prau que cae abruptamente sobre la Loma Verde. Bajamos bastante para empezar a remontar en una breve canal que hay que subir trepando a 2031 m. de altitud. Luego hay un pequeño rellano seguido de un pasillo más bien ancho y con mucho patio por la izquierda. Pero el bloque de roca es sólido y tiene donde agarrarse. Cuando salimos de este tubo el comentario unánime es que dónde estaba la temida dificultad.

Subimos de nuevo hasta alcanzar la rota cima del Fontán Norte girando algo a la izquierda. Alcanzamos la cota más alta de las Ubiñas. Apenas cabemos en la abigarrada cima. Encontramos a Francisco Javier del Vetusta, del que enseguida nos hacemos amigos. Tanto que está dispuesto a venir al refugio de Urriellu con nosotros. Estrecha foto de cumbre. Mucha gente en la Ubiña grande. Maravillosas vistas sobre el Jou Longo, Socellares y los Puertos de Agüeria, todavía verdes.

No sé por qué pero parece que la gente, hecha la foto, tiene prisa por descender. Un grupillo nos dirigimos al Fontán Sur, mientras los más se bajan corriendo a buscar el Canalón del Buey. Nos despedimos de dos de los amigos ponferradinos, a los que muy probablemente volvamos a ver en el refugio de Urriellu. Buscamos la canal de bajada. Como volvemos a salir a la fachada de Torrebarrio me despisto pensando que la canal de bajada tiene que estar inmediata al Fontán Sur. Cuando se lo anuncio medio en broma hay rebelión en la flota. Ojo que por aquí subió Toño Huerta cuando escribió el libro. Les tranquilizo; no bajamos porque la verdad es que mete miedo.

Así que bordeando la cima, y descendiendo por el pequeño corredor embocamos el embudo de inicio de la canal. Empezamos el vertiginoso descenso. Se oye continuo ruido de piedras al caer. Pero sin consecuencias. Ya sabéis lo que es el ski-piedra tan practicado en estas montañas. Salimos del primer desfiladero pegados a la pared de la izquierda. Luego, ya con toda la caída por debajo hay quien opta por tirarse de frente por el marcado senderillo de piedras. Los más seguimos pegados a la pared de la derecha que por lo menos permite apoyarse en muchos momentos en los que la pendiente supera el 40%. Mal que bien, despacio o corriendo llegamos abajo, con las botas cargadas de piedrecillas. La Pasada del Siete por la que recomendábamos pasar a Julio y sus muchachos, es una enorme e inclinadísima veta de nieve-hielo, peligrosísima, a mi juicio. Y me alegro enormemente que se hayan dado la vuelta por donde subimos. La rimaya de nieve tiene unos tres metros de altura.

Nos esperan en la Forqueta del Portillín como es tradición en el grupo. Y, después del vinillo enfriado en el nevero, bajamos a muy buen paso al Meicín, que no se que tiene porque siempre se ve pero nunca se alcanza. Todo llega, podemos saludar a los refugieros Tania y Lionel, que ya nos conocen de otras aventuras.

Son las cuatro y diez cuando salimos del Meicín. Las existencias de cervezas han quedado muy mermadas. En Tuiza entramos a las cinco menos diez. Y El invento de los inventos: han puesto seis duchas en el aparcamiento del centro de interpretación. Precarias pero eficaces. Los varones vamos de cabeza. La caliente no funciona muy bien. Ellas fueron más pudorosas. Hoy olemos mejor nosotros. La gente se niega a terminar en bares que no tengan duchas. A partir de ahora hay que espabilar para incluir el duchado de rigor en el calendario. Que si no, la gente se enfada. Comemos fuera. Algunos el plato del día con contundente picadillo. Planes para el refugio. Tenemos todas las plazas llenas y una pequeña lista de reserva. A ver cómo lo negociamos.

Una buenísima excursión por la alta montaña, muy exigente, muy solitaria, enormemente bella. En la primera de septiembre una clásica del grupo: subir a Cabezo lloroso desde Los Lagos, por las escondidas y abandonadas majadas de altura, para bajar por Ondón y la canal de la Bobia a Poncebos. Dura pero maravillosa salida.

FRESINES
           
             

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