viernes, septiembre 19, 2014

RUTA DE DOS DÍAS: TORRECERREDO Y ALGUN APERITIVO ANTERIOR



13  de septiembre de 2014

Nuestro gran verano montañero termina. Pero de la manera más gloriosa. Después de haber subido al Jucantu, al Gildar, a la Morra de Lechugales, a la canal oeste de la Ubiña Pequeña, al magnífico Yordas, al enhisto Jultayu, a la Torre de Santa María por la Grieta Rubia, glorioso día, al Prau y los Fontanes, en una grandísima jornada, rematando el comienzo de septiembre con la ascensión al Cabezo Llerosos, nos quedaba este fin de semana tan completo para acabar esta sensacional faena montañera, cuajada de cumbres, de compañerismo y de vibrantes sensaciones.

Así que salimos de buena madrugada de la ciudad para encontrarnos a nosotros mismos en el entorno más natural, en la embriagadora belleza de los Picos de Europa. Sobre las 10 nos plantamos en la Curvona de Sotres, con tres autocares maniobrando y varias docenas de coches esperando. Finalmente podemos posarnos y atacamos con valentía la subida a Pandébano. El camino viejo alivia con su buena sombra. La mitad del grupo vamos a la Cueva de hielo de Peña Castil. Así que subimos antes de la Tenerosa por la larga cuesta que accede a la canal de las Moñas. Subida que se atraganta aunque afortunadamente se nubla el sol. Antes de la Horcada Camburero nos llueve intensamente. Afortunadamente dura poco, cosa de un cuarto de hora. Pasamos la Horcada para emprender el camino a media ladera. En cuestión de unos veinte minutos damos vista a la inmensa oquedad.

Bajamos despacio por la empinada y desecha cuesta que remata en un nevero que acaba siendo un lago de hielo azulado. Por la pared se desliza una gran cascada helada, mucho menos gruesa en verano. Es muy bello espectáculo. El secreto de la Cueva de hielo cada vez es más conocido, detrás de nosotros aparecen nada menos que cuatro grupos de personas.

En la siguiente parte de la ruta nos dividimos: la mitad decide subir a Peña Castil, mientras que la otra mitad seguimos al oeste rumbo al Jou del Carnizoso. Llebamos un tiempo muy intrigados Ángel y yo por descubrir el trazado de esta ruta tan poco transitada y que lleva directamente al refugio. Allá vamos. Al llegar al Collado del Agua se abre inmenso a nuestros pies el terriblemente solitario Jou del Carnizoso. Continuamos al Sur por la senda de bajada. Es un lugar pavoroso en su desnudez, tan vacío, puro pedregal. Bajamos mucho y luego hay que remontar una dura cuesta hasta la Horcada del Carnizoso. Hay una gran oquedad a media ladera. La senda no es en absoluto complicada, aunque se hace dura la remontada por las piedrecillas sueltas. El fondo del gran agujero es una difícil horcada entre la Castil y la Torre del Carnizoso. A medida que avanzamos el Picu se hace cada vez mayor, lleno de detalles desde este privilegiado balcón. En la Horcada, por fin. De ahí a la antecima unos fáciles 20 metros y a la cumbre otros tantos. Gran gozada estar aquí arriba, tan cerca de todo y tan lejos del mundo. La pared Noreste del Urriellu tan cerca y tan lejos. Llamo la atención a mis compañeros sobre la inmensa “Y GRIEGA”  sobresaliente en la caliza gris, por debajo de la Gran Cornisa. Justo desde ahí empieza la vía de escalada de Cepeda. Por aquí subieron también Schulze y los Martínez. Parece hasta fácil.

Bajamos a la canal de la Celada. Una pareja sube con dos perros, todos pegados a la pared este del Urriellu. Cuando llegamos al fondo de la canal se oye llorar a uno de los perros. No les gustó el ascenso. Giramos con el arco que traza la canal bordeando el gran diedro asturiano, emblema de todos los escaladores europeos. Tenemos que volver a subir pero el Refugio está a la vuelta de la esquina.

Unas cervecitas para apagar la sed. Ocupamos nuestra habitación para 24, la de “La vía de los Martínez”, ¡qué honor! De los nuestros no hay casi nadie. Un grupo se ha ido con Taboada y las chicas a escalar a la Torre de Pomelo, situada justo encima del Jou de los Boches. Al poco rato les vemos volver tan felices, de haber hecho una escalada arriesgada. Piques sobre quien ha hecho más y quién menos, todo para pasar el rato. Queda una hora para la cena, que aprovechamos para los trámites administrativos con el refugio. Tomás nos acomoda estupendamente en nuestro rincón  habitual del comedor. Cena: sopa, y potaje de garbanzos con algún tropiezo perdido nadando. Como hay hambre no importa. Los de Castil llegaron hace media hora buscando una extraña bajada al Jou Tras el  Picu. Estábamos algo preocupados por la niebla que está cayendo.

Un poco de charla en el exterior y a las once a la cama que mañana hay mucha tela que cortar. Nunca una noche más silenciosa en un refugio. Los edredones cumplen su función aunque allí dentro hace más bien calor. El refugio está hasta los topes y hay gente vivaqueando fuera. El mejor invento que pudieron poner es el de la almohada.

A las seis de la mañana Taboada agita el gallinero: Si queremos desayunar antes de las siete ganamos tiempo al temporal que viene. Naturalmente decimos que cuanto antes. Y efectivamente a menos diez estamos cumplidos con la mochila preparada, el frontal en la cabeza y dispuestos a caminar. Los que han salido un poco antes son pequeñas estelas de luz en la espesa negrura. Hay quién comenta que es de locos salir así. A pesar de todo avanzamos a buen paso, buscando el siguiente paso minuciosamente. Benditos jitos que favorecen nuestra arriesgada aventura. Empieza a asomarse la rosada aurora, un punto brillante de luz entre masas negras nubosas. Estamos subiendo a la Brecha de los Cazadores.

En la esquina ya hay un sol brillante. Lito y sus chicas bajan hacia el camino viejo de Sotres a Tielve. En la Brecha han instalado un cordino, tras el accidente del chaval de Santa Cruz de Mieres que se despeñó por aquí más o menos en el momento que coronábamos la Morra de Lechugales. Luego el camino conocido: La horcada Arenera, el Jou de Cabrones, cerrado por el Neverón de Urriellu (algún día caerá también) y la ya pisada Párdida, luego el pico Boada, junto a la Horcada Don Carlos. ¿Recordáis el casi accidente que vimos aquél día?

Bordeamos el Jou. La aridez es absoluta, nada más solitario, nada más apabullante. Tras el inmenso rodeo que implica bordear su extremo norte o su frontera sur, estamos en la base del Cerredo. Dios. Asusta su altura, su inclinación. La vista recorre una y otra vez la canal de aproximación, y luego la mucho más empinada ladera que va hasta la antecima.

Nos organizamos bien. Subimos diecisiete. Con calma. Sin voces que distraigan, concentrados. La aproximación ya en la ladera va ascendiendo en llambriales pelados, chimeneas y desmontes que hay que trepar. Son buenos los apoyos para las manos. A pesar de todo recomendamos probar cada asidero, siempre asegurando. Estamos en una alta meseta. Queda mucho por subir. Nadie tiene miedo, o no lo cuenta. Los cordinos que llevamos no salen de la mochila. Empieza la trepada de verdad. Esta gente es brava de tres pares de narices. Me asusta verlos con tal seguridad. La subida es una gozada, divertida, variada, ajenos al mundo, ajenos al temporal que rueda sobre nuestras cabezas, sólo atentos al compañero que va delante, siempre pendientes del que viene por detrás. Una nueva chimenea se nos planta en la subida. Superada. Ahora por el gran diedro lateral en el que se intuye que está la antecima. Afortunadamente vamos guiados por gente que ya estuvo aquí: Taboada, Carrete, Miguel, Manuel, Rosa, Roberto…

Hecho una mirada hacia abajo: el patio produce congoja. Mejor tirar para arriba, superamos el último y vertical muro, trepadas del  II+. Llegamos. Felicitaciones. Fotos ante la imagen de la Santina. Vistas de ensueño. No nos gustan las nubes que entran por detrás. El cercano Espigüete engaña a la vista: hay más de cuarenta kilómetros en línea recta. Vamos a bajar. Con orden.

Siempre apoyándonos. La consigna es no tirar piedras. Alguna rueda brevemente. Pero observo que el grupo ha adquirido una gran experiencia en moverse por terrenos inestables. Se baja como se puede, mejor de cara a la pared, pero también algún culiarrastro. Superada la vertical pared, la bajada se me hace muy larga. Llego, como siempre, el último. Qué le vamos a hacer, si la maquinaria funciona a este ritmo pausado. Grito al llegar: ¡CHAPEAU PARA TODOS1¡CHAPAEU PARA EL GRUPO Y LOS QUE NOS ACOMPAÑAN!  Superamos otra prueba en este complicadísimo verano, tan exigente, tan apasionante. No tenemos más remedio que estar enamorados de la montaña.

Nuestro itinerario continúa superando el Jou Negro, el glaciar permanente del Central. Volvemos a bajar, difícil bajada, piedrecilla menuda, poco agarre, volvemos a subir. El Refugio de Cabrones está cerca pero nunca llegamos a él. Superada la loma se ve el brillo de su techo al sol.

Nos tomamos algún refresco. Apurando que la tormenta está anunciada para las cinco. Seguimos a los Traves. Pasamos sin tocar las cuerdas. Uno de los chicos del Bierzo cae. Sin problemas sólo son los piés poco acostumbrados a este abalizamiento. Por fin la deseada collada de descenso. Y la bonita bajada flanqueada por un cordino vertical que tenemos a gala no tocar. Se nos había olvidado la complicación de este camino que va bordeando profundas depresiones y que tiene que continuar a través de llambrias bastante verticales.

Por fin las cabañas de Amuesa. Y a la Canal. Eterna. Al principio muy rápido descenso. Pero al llegar al estrechamente las mil revueltas se hacen eternamente pesadas. >Manuel se queda con el muchacho de Ponferrada que viene ya dolorido y deseando pillar el funicular. Llegamos abajo, se ha hecho eterno. La fuente es un alivio. No paramos en Bulnes porque va entrando un nubarrón negro, negrísimo por el fondo de Peña Main.

Nunca he bajado la Canal del Tejo a esta velocidad. Volamos literalmente. Pero que larga es la condenada. Al final la nube corre más que nosotros y nos pilla cuando nos quedan unos  diez minutos para el puente de la Jaya. Dura poco pero es intenso el chaparrón. En Poncebos ya está todo el mundo. Se ha impuesto el plato de “la abuela”: chorizo, jamón, huevos fritos y patatas. Todo un éxito para calmar nuestro vacío organismo que lleva diez intensas horas caminando sin apenas meter nada de combustible. Hemos terminado otra jornada gloriosa. Nos felicitan por lo organizado que está el grupo, por la experiencia que se tiene en roca, por lo que se apoya a todo el mundo en las grandes escaladas. Orgullo de ser de las Xanas, por si alguien tiene una fe más vacilante.

El próximo sábado tenemos una ruta más que asequible para todo el mundo por el puerto de Vegarada. La subida es al Huevo de Faro y a la Morala. No hace falta hacer todo y supongo que habrá una alternativa más fácil y un grupo de ambiciosos que quieran cubrir todas las cimas desde el Estorbín al Pico Lagunas. Benditos ellos que pueden.

FRESINES

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